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JRF

Un blog reaccionario

«Verum, Bonum, Pulchrum»

El CO2 es un gas prodigioso (III)

En la primera entrega https://joseramonferrandis.es/el-co2-es-un-gas-prodigioso-i/ hemos visto cómo las élites globalistas y sus medios asociados quieren hacernos creer que el aumento del CO2 de origen humano, que es una pequeña parte del total, estaría llevándonos a la catástrofe. Salvando esa irremontable inverosimilitud, resulta que el CO2 de la economía de mercado es letal, pero el procedente de China, India, Rusia y otros países no lo es, y el que no lo crea, sea anatema. Es mucho pedir, ¿no les parece?

En la segunda entrega https://joseramonferrandis.es/el-co2-es-un-gas-prodigioso-ii/ hemos conocido hasta dónde puede llegar la temperatura de la atmósfera por razón de la elevación del peso relativo del CO2 (natural y antropogénico) en el conjunto de los gases de efecto invernadero. Los límites fisicoquímicos del calentamiento son claros.

En esta tercera entrega vamos a ver parte de la gran cantidad de efectos positivos que tiene el CO2 sobre el clima, la vegetación y los seres vivos. Son tantos y tan diversos que llama poderosamente la atención que se oculten sistemáticamente. O yendo un poco más allá, cuando tanto neomalthusiano profetiza una inminente catástrofe planetaria debida a las emisiones de dióxido de carbono antropogénico, se ignora sistemáticamente que el volumen de la vegetación en la Tierra aumenta desde hace al menos 30 años. Lo vamos a ver ahora mismo.

Los humanos no existiríamos si no hubiera CO2 en la atmósfera. El dióxido de carbono atmosférico es la materia prima básica a partir de la cual las plantas fabrican sus tejidos[1], que a su vez son los materiales a partir de los cuales nosotros y los animales construimos los nuestros. Así que, con los pasos implícitos, los humanos – y el resto de la biosfera – somos seres de carbono[2]. En buena lógica, cuanto más CO2 haya en la atmósfera, mejor para todos.

La concentración actual de 420 ppm es baja en relación con la media de los pasados 300 millones de años, oscilante entre 1.000 y 1.200 ppm, por lo que la aproximación a esa media tiene que ser beneficiosa para el crecimiento de las plantas. Tiene que serlo y lo es. La historia del clima muestra que cuando ha habido más CO2 en la atmósfera, en la Tierra ha habido más vida.

En 2016, la NASA publicó[3] los resultados de medidas satelitales efectuadas entre 1982 y 2015[4]. La vegetación del mundo[5] ha crecido un 15% en 35 años, debido esencialmente al incremento de concentración del CO2[6]. Eso equivale a un aumento en hojas[7] de plantas y árboles de dos veces la superficie de los EE. UU. contiguos[8].

Este resultado no se debe sólo al CO2, responsable en un 70% del efecto reverdecimiento. A ello cabe sumar el nitrógeno depositado sobre la tierra, originado por la quema de combustibles fósiles, el pequeño calentamiento de la atmósfera, una levemente mayor pluviometría y a los cambios de uso de la tierra[9].

vegetation-net-productivity-increase.png (720×308) (wordpress.com)

En otros estudios[10] se verificó que “aproximadamente el 61% de la zona con vegetación entre los paralelos 40° y 70° norte[11], en Eurasia, mostró un aumento persistente en la temporada de crecimiento”. Esa franja tiene una longitud de unos 6.000 Km. El reverdecimiento ocurre prácticamente en todas partes[12], pero sobre todo en una en la que estamos acostumbrados a leer que se está desertificando, el Sahel. Los datos contradicen frontalmente los mitos. Se ha producido en esa zona un claro aumento de la vegetación entre 1982 y 2003.

clip_image005.jpg (627×342) (wordpress.com)

Lo cierto es que los bosques se han expandido[13] en todo el mundo[14] debido, en parte, al aumento del CO2, y ello a pesar de la salvaje deforestación materializada en enormes áreas africanas, amazónicas o indonesias. Pero no creamos que el CO2 afecta sólo a los bosques o a las praderas. Lo verdaderamente trascendente es que multiplica los rendimientos de las cosechas. Todos los países de mundo baten incesantemente sus propios récords de producción. El apocalipsis tendrá que esperar.

Veamos el caso del trigo, alimento básico para el 35% de la población mundial. Tras un año de incertidumbre derivada de la invasión rusa de Ucraina, la producción de trigo ha vuelto a incrementarse. En el Reino Unido se espera un alza de 450.000 Tm. respecto de la anterior. Lo mismo ocurre en Zimbawe, China, incluso en la India, donde se espera una cosecha récord de todos los tiempos de 112 millones de Tm.[15]. Una temperatura más alta y mayores períodos de crecimiento, junto con mayores concentraciones de CO2, han ayudado a las plantas a realizar la fotosíntesis con mayor eficiencia[16] y de ahí los resultados, que alimentan a cada vez mayores poblaciones.

Vean el gráfico con unos cuantos países.

Record Agricultural Yields Should Allay Climate Fear | Watts Up With That?

¿Y qué ocurre con otras producciones? ¿Se comportan como el trigo? Vean el gráfico al pie.[17]

Temperatures and Yields | Watts Up With That?

Las cosechas se han venido incrementando, con sus dientes de sierra, desde 1960. Se entiende que el aumento del CO2 atmosférico ha contribuido sustancialmente al mayor rendimiento de las cosechas de todas las especies cultivadas[18]. Un mayor porcentaje de CO2[19] estimula el crecimiento de las plantas y reduce su necesidad de agua[20]. Su productividad crece.

Mas no hablemos sólo de cifras de producción. Los efectos de un aumento de la concentración del CO2 son muchos más. Les voy a mostrar sólo unos pocos.

El aumento del dióxido de carbono atmosférico es un antídoto contra los daños biológicos de rayos UV-B incidentes sobre la superficie del planeta que se deben al debilitamiento de la capa de ozono. Además, el enriquecimiento de CO2 atmosférico estimula el crecimiento de las cosechas, plantas leñosas y especies halófitas[21] que se desarrollan en condiciones de alta salinidad.

Mayores concentraciones de CO2 atmosférico refuerzan las bacterias beneficiosas del suelo y de los entornos líquidos anaeróbicos en su secuestro de carbono y nitrógeno, lo que estimula los ecosistemas. Al incrementarse la fijación del nitrógeno en la mayoría de las leguminosas[22], eso conduce a una mayor disponibilidad de nitrógeno en el suelo, a mayores cosechas y a una creciente productividad natural de los ecosistemas. Los suelos originalmente bajos en nitrógeno que han sido enriquecidos por CO2 adicional suministrado a las plantas que crecen en ellos, continúan proporcionando durante muchos años suficiente nitrógeno para mantener el crecimiento de las plantas que se registró originalmente[23].

Mayores concentraciones de CO2 atmosférico aumentan la biodiversidad; menores concentraciones la reducen. Mayores concentraciones de CO2 elevan la resistencia de las plantas a las enfermedades a través de cambios en su anatomía, su morfología y su fisiología[24]. Además, reducen o incluso anulan el daño que el ozono troposférico causa en las células de las plantas. Adicionalmente, reduce el stress que el calor induce en las plantas y las ayuda a recuperarse.

Lo dejo aquí, pues parece ser suficiente. La conclusión es que el CO2 debe ser visto como lo que es, el fundamento de la vida en la Tierra.

[1] Los animales superiores se alimentan de ellos (granos, vegetales, frutos) y también de otros que se alimentan de ellos (aves, rumiantes). Ya hemos hablado de la cadena trófica.

[2] Si esto recuerda al lector la obsesiva descarbonización que nos rodea y acucia, tiene sentido. Aborto y eutanasia proliferan a la vez, no por casualidad. Recuerden a Henry Kissinger, aún entre nosotros.

[3] https://www.nasa.gov/feature/goddard/2016/carbon-dioxide-fertilization-greening-earth

[4] Los detalles se encuentran en el libro “Crimen de Estado”, ya mencionado con anterioridad https://www.unioneditorial.net/libro/crimen-de-estado/ . Presento aquí una ilustración distinta de la que aparece en el libro, efectuada por la propia NASA, que es muy voluminosa.

[5] No sólo la vegetación, sino su calidad: más CO2 en la atmósfera incrementa la densidad de la madera en los árboles, mejorando sus propiedades.

[6] En un artículo publicado el 26 de abril de 2016 en Nature – Climate Change. Los investigadores Zhu y Myneni fueron los principales autores. El título es Greening of the Earth and its drivers

[7] Las hojas verdes utilizan la energía del sol a través de la fotosíntesis para combinar químicamente CO2 obtenido del aire, junto con agua y nutrientes del suelo, para producir azúcares, que son la fuente principal de alimento, fibra y energía para la vida en la Tierra. El aumento del CO2 refuerza la función clorofílica y, por lo tanto, potencia el crecimiento y la producción neta de biomasa.

[8] 7.825.268,25 Km² X 2 = 15.650.536,5 Km².

[9] Fertilización y riego donde sea de aplicación.

[10] En la edición de septiembre de 2001 de la revista Journal of Geophysical Research se publicó un artículo, (Liming Zhou, autor principal) relatando la primera teledetección (en el infrarrojo) desde satélite de las variaciones de vegetación en el hemisferio norte, entre 1981 y 1999.

[11] El paralelo 40º corresponde a Madrid. En China pasa cerca de Beijing. El paralelo 70º se sitúa al norte de Escandinavia.

[12] El calentamiento detectado ha permitido a las plantas colonizar espacios más al norte y más al sur de sus hábitats habituales, expandiendo la vegetación y tendiendo a vencer a los desiertos. Las plantas son más eficientes, más resistentes a temperaturas extremas y requieren menos agua, lo que les permite un mayor desarrollo vegetativo en las regiones con problemas de aridez. Tengamos en cuenta que el 90% de las especies de seres vivos prospera en los trópicos y menos del 1% sobrevive difícilmente en los polos. Lógico: las especies encuentran menores problemas y mayores facilidades donde hay más calor ambiental.

[13] Matt Ridley se lo cuenta aquí. Ridley estudió zoología en la Universidad de Oxford. Desde los años 80 desarrolló una labor de comentarista científico en la BBC, The Economist y The Times.

[14] Phillips y otros, 1998

[15] Obviamente, no es sólo debido al CO2; variedades más productivas, ingeniería genética, fertilizantes y tecnologías avanzadas tienen su parte en el éxito.

[16] Si el lector tiene 2 minutos 13 segundos a su disposición, puede ver este vídeo demostrativo El CO2 ayuda a crecer

[17] Cebada, mandioca, maíz, palma, colza, arroz, sorgo, soja, caña de azúcar y de nuevo, trigo.

[18] Sigue habiendo quien no está de acuerdo. El más relevante es el IPCC, cómo no. Vean lo que afirma. Para eso les pagan: Declines in yields and crop suitability are projected under higher temperatures, especially in tropical and semi-tropical regions. Heat stress reduces fruit set and speeds up development of annual vegetables, resulting in yield losses, impaired product quality, and increasing food loss and waste. … All models project an increase in the risk of hunger, with the median projection of an increase in the population at risk of insufficient energy intake by 6%, 14%, and 12% in 2050 for SSPs 1, 2 and 3 respectively. (La negrita es del autor).

[19] Nada nuevo: en horticultura, el crecimiento de las plantas es estimulado sistemáticamente incrementando el nivel de CO2 en los invernaderos industriales hasta multiplicar por 3 el nivel medio de la atmósfera, es decir, hasta ~1.200 ppm.

[20] Mayores concentraciones de CO2 reducen el número de estomas de las plantas por unidad de superficie en las hojas, o bien los estomas tienden a cerrarse cuando aumenta el CO2 del aire. A través de los estomas, las plantas ingieren CO2 y ceden agua y oxígeno al aire. Tener menos estomas implica menor evapotranspiración, menor sensibilidad a la contaminación y mayor resistencia al frío y al calor. En otras palabras, mayor eficiencia. Ese es un efecto positivo más del aumento de CO2 en la atmósfera.

[21] Las plantas halófitas viven en contacto con el agua salada a través de sus raíces. Crecen en marismas, playas y manglares.

[22] Las leguminosas crean relaciones simbióticas con bacterias que fijan el nitrógeno en el suelo.

[23] Los alarmistas climáticos afirman que los crecimientos de las plantas plurianuales inducidos por el aumento del CO2 son efímeros. Sí, las plantas crecerían al principio, pero ese efecto desparecería con el paso del tiempo, al agotarse el nitrógeno. La teoría se denomina Progresiva Limitación del Nitrógeno. Es falsa.

[24] Hace más: un mayor porcentaje de CO2 aumenta la producción de carbohidratos, proteínas, grasas, aminoácidos y fibras en diversas plantas. En el caso de la alcaravea, por poner un ejemplo, aumentaron los contenidos de minerales, vitaminas, fenoles y sus capacidades antioxidantes y antibacterianas.

El CO2 es un gas prodigioso (II)

En la anterior entrega https://joseramonferrandis.es/el-co2-es-un-gas-prodigioso-i/ hemos hablado de cómo las élites globalistas y sus medios asociados quieren hacernos creer que el incremento del CO2 de origen humano, que constituye una pequeña fracción del total, estaría llevándonos a la catástrofe. Salvando esa irremontable inverosimilitud, resulta que el CO2 producido por los países occidentales de economía de mercado es letal, pero el procedente de China, India, Rusia y otros países no lo es, y el que no lo crea, sea anatema.

En esta segunda entrega vamos a ver hasta dónde puede llegar la temperatura de la atmósfera por razón de la elevación de la concentración del CO2 (natural y antropogénico, no lo olvidemos ni por un momento) en el conjunto de los gases de efecto invernadero. Hablaremos de los límites al calentamiento.

En la tercera entrega, enumeraré la enorme cantidad de efectos positivos que tiene el CO2 sobre el sistema (clima, vegetación) como un todo. Y en la cuarta hablaremos sobre el eventual impacto que el CO2 podría tener sobre la salud del ser humano.

Vamos sin más dilación con los límites objetivos al calentamiento derivado de incrementos de concentración del CO2 en la atmósfera terrestre.

Seguro que usted, lector, ha oído decir, o acaso leído, que al ritmo actual de crecimiento del CO2, la temperatura de la atmósfera en 2100 se incrementará n[1] grados. La idea que subyace a esta afirmación es la de amedrentar y facilitar. “Amedrentar para mejor dominar” es una máxima de la ingeniería social vigente a lo largo del tiempo. Recuerden el COVID 19, cuando el terror se hacía dueño y señor de nuestras vidas porque así lo propiciaban quienes decían gestionar en bien de todos los efectos de la pandemia china[2]. Amedrentar es lo primero.

Y subsiguientemente, facilitar la adopción de medidas descabelladas y autodestructivas en unas sociedades que ya están con el susto en el cuerpo viene justo a continuación. Es un crimen, sí, pero un crimen de Estado[3].

Todo esto es falso. Completamente falso. Lo es que el CO2 eleve en solitario las temperaturas. Lo es que sea el CO2 antropogénico, en solitario también. Lo es que sea el CO2 antropogénico, pero sólo el emitido por las economías de mercado. Los demás países emiten colonia, ya se sabe.

En esa estela fragante, vamos ahora a analizar un gráfico que van a ver en seguida, cuyo título es “Disminución logarítmica del efecto calentamiento del CO2 atmosférico”. Pero primero, unas pequeñas salvedades para facilitar su lectura.

En el eje de abscisas está representada la concentración de CO2 en la atmósfera, en ppm. En el eje de ordenadas están las temperaturas, en grados centígrados.

Hay cuatro líneas de puntos verticales, dos frases explicativas y una curva que expresa cómo el calentamiento inducido por el CO2 disminuye según la concentración de ese GEI en la atmósfera aumenta. Lo esencial es la frase en el recuadro, que traduzco, aunque seguramente no lo necesita el lector: la sensitividad aproximada por pasar de 410 a 820 ppm (es decir, doblar el nivel de concentración de CO2 cuando se efectuó el cálculo, n. del t.) es de + 0,35 °C[4], cosa que al ritmo actual llevará 150 años[5].

Hay algún otro dato de interés, como la concentración de CO2 en la que las plantas mueren (150 ppm), la existente en la última Edad de Hielo[6], el nivel preindustrial y el “actual”, es decir, el correspondiente al año 2020, fecha de elaboración del gráfico.

Screenshot 2021-06-07 at 11.43.50.png

https://edmhdotme.wordpress.com/the-diminishing-effect-of-increasing-concentrations-of-atmospheric-carbon-dioxide-on-temperature/

Poco más hay que decir en lo referido al cuadro, salvo la obviedad (que quizá, a lo que se ve, no lo es tanto) de que mayores concentraciones de CO2 en la atmósfera mejoran la productividad de las plantas. Lo importante es que no alcanzaremos más allá de 0,35°C adicionales en el año 2170 por razón CO2, sea antropogénico, natural o mediopensionista. Cualquier cifra por encima de esos 0,35°C sólo busca acogotar, controlar y destruir.

En resumen, que como decía el título del gráfico, la efectividad del CO2 como GEI disminuye logarítmicamente conforme aumenta su concentración[7]. En otras palabras, el dióxido de carbono ejerce un efecto cada vez menor en el calentamiento según aumenta su concentración[8] ¿A dónde nos lleva esto? Pues a que, si alguna vez se alcanzan las 1.000 ppm, el efecto invernadero extra correspondiente al CO2 será absolutamente despreciable. Y es que el CO2 no pinta prácticamente nada, y el antropogénico, menos que nada. El clima está conducido por la radiación solar, los ciclos de Milankovich[9] y la circulación termohalina[10].

Tiene sentido. El CO2, como GEI, tiene 0,01333. de la efectividad del vapor de agua, Expresado en un quebrado, 1/75. Poca cosa, muy poca cosa. Y nos lo quieren vender como si el CO2 fuera el malo de la película … cuando es nuestro ángel guardián. Y no interviene más que muy marginalmente en las variaciones del clima, esas que han tenido lugar siempre.

Por cierto, no crean que el efecto invernadero es algo fatal. Nada de eso. Si no fuera por ese fenómeno natural, la temperatura de la atmósfera de la Tierra sería de 33°C más baja de lo que es gracias a los GEI, alcanzando los 18 °C bajo cero[11]. La Tierra sería inhabitable por el frío reinante. Conviene poner las cosas en perspectiva[12] [13].

Como ya han visto en el grafico más arriba, por debajo de una concentración de CO2 de 200 ppm, las plantas luchan por sobrevivir. Vean lo que el fundador de Greenpeace, Patrick Moore, dice al respecto[14]. Como saben, Moore abjuró del activismo tramposo de la organización que contribuyó a fundar.

Como han podido apreciar, los intentos de limitar (pero sólo en una parte del mundo, eso sí) las emisiones de CO2 que realiza el ser humano organizado en sociedades, dejando de lado la mayoría de las emisiones antropogénicas (que tienen lugar en otra parte del mundo que goza de bula para ello, como si el CO2 no circulara libremente por la atmósfera) sólo pueden tener, en el mejor de los casos, un efecto despreciable, marginal. Son irrelevantes para la finalidad sedicentemente[15] perseguida.

El mejor curso de acción, el menos dañino y costoso, es no hacer nada. Nada en absoluto. Porque el CO2 ya ha perdido casi toda su capacidad de calentamiento. Y porque el CO2 antropogénico no es sino una pequeña parte del que se emite a la atmósfera.

Eso sí, vaya y dígaselo a un intervencionista. A un calentólogo. A un alarmista. A un seguidor de esta nueva fe laica. Le mirará como si estuviera usted loco. Como el peligroso sujeto que puede dar al traste con sus extrabeneficios. Como si el réprobo no fuera él.

[1] Escribo n porque cualquier cifra es posible. Cualquier programa de ordenador, cualquier estimación probabilística, cualquier exageración política caben en esta n que indico. La más común es de 2°C. La más elevada que he leído es de 5°C. A partir de ahí, juzguen ustedes mismos, teniendo en cuenta que, muy probablemente, ninguno de los que leemos esto ahora estará aquí para contarlo cuando el plazo llegue a cumplirse. Por eso, entre otras cosas, lo fían a tan largo.

[2] Si quieren disfrutar de un relato actualizado, omnicomprensivo y veraz sobre el COVID 19, lean esto. https://www.fpcs.es/desde-wuhan-una-epidemia-de-mentiras/

[3] https://www.unioneditorial.net/libro/crimen-de-estado/

[4] De acuerdo con la media probable.

[5] 410 ppm había en la atmósfera en 2020. Así, la previsión de 150 años nos situaría en 2170.

[6] Hace 18.000 años, durante la última glaciación, el nivel de C02 atmosférico cayó al nivel más bajo nunca conocido. Fue de 180 ppm. Demasiado cerca del nivel de extinción de las plantas, que es de 150 ppm.

[7] Ese efecto de disminución logarítmica es muy probablemente la razón de que no se haya producido calentamiento catastrófico alguno por razón del CO2 hace centenares de millones de años, cuando los niveles de CO2 atmosférico estaban en el rango de miles de ppm.

[8] En este momento, su curva de incidencia está prácticamente plana: una mayor cantidad de CO2 en la atmósfera apenas generará calentamiento adicional. Al actual nivel de 420 ppm, aproximadamente el 88% de la efectividad del CO2 como GEI se ha agotado ya.

[9] Tenemos que hablar de esto pronto. Es fundamental. Lo explico en detalle en el libro “Crimen de Estado”, pero creo de interés subir al blog un breve resumen.

[10] El término es oceanográfico. De refiere a parte de la circulación oceánica, que está determinada por los gradientes de densidad globales, a su vez producto del calor en la superficie y los flujos de agua dulce. Es muy importante por su significativa participación en el flujo neto de calor que circula desde las regiones tropicales hacia las polares, lo que a su vez determina el clima terrestre.

[11] La temperatura media actual de la atmósfera terrestre es de 15°C, 33°C más de los que había en ausencia de “efecto invernadero”.

[12] Por concretar cuán marginal sería una concentración de CO2 que alcanzara 1.000 ppm, este nivel podría llegar a incrementar la temperatura en aproximadamente 0,49°C de media, desarrollando a cambio una vegetación espectacular. Y nadie puede afirmar con certeza que esa temperatura sería objetivamente peor que la actual. Siempre podemos preguntarnos: ¿constituye la temperatura actual el óptimo climático? ¿Por qué?

[13] Y por cierto, el mundo se ha estado enfriando durante los últimos 3 milenios, es decir, desde aproximadamente el año 1000 antes de Cristo. De Jesucristo, sí.

[14] Greenpeace co-founder pens treatise on the positive effects of CO2 – says there is no crisis

[15] Sedicentemente, porque la finalidad verdadera, ya saben, es muy otra.

El CO2 es un gas prodigioso (I)

Sin duda han oído ustedes hablar de que el CO2 es el culpable de (casi) todos los males que nos acucian. De (casi) todos, sí, porque el CO2 producido por el hombre en sus actividades productivas, según afirman ternes quienes defienden la teoría del calentamiento global antropogénico, incrementará la temperatura de la atmósfera terrestre y ésta derretirá los hielos de los polos y de Groenlandia[1]; la subsiguiente elevación del nivel del mar anegará las costas del mundo, donde se hallan la mayoría de las grandes ciudades y conurbaciones; de ello se seguirá una mortandad nunca vista en términos cuantitativos.

Será algo parecido al Apocalipsis, dicen. Lo que no dicen es cuándo ocurrirá, ni siquiera cuándo tendremos ante nuestros ojos los prolegómenos que han de abocarnos a este final. Bien. Veamos.

Empecemos por el principio, cosa que suele ser razonable.

¿Por qué se habla tanto del CO2? Por el efecto invernadero. El efecto invernadero es el fenómeno que se produce cuando las emisiones de energía de onda corta procedentes del sol inciden sobre una superficie en un sistema dado y, cuando son reflejadas al espacio exterior, parte de su capacidad calorífica es retenida por los llamados gases de efecto invernadero (GEI) e irradiada en todas direcciones, con lo que resulta una elevación de la temperatura del sistema.

Uno de los GEI es el CO2. Pero no es el único. Hay varios más. El más importante es el vapor de agua. También están el metano, el óxido nitroso (N2O) y los clorofluorocarbonos (CFC). Cada uno de ellos tiene una concentración distinta en la atmósfera, así como diferentes capacidades de calentamiento, o forzamiento. Grosso modo[2], el porcentaje en que el vapor de agua se halla representado en los GEI de la atmósfera es el 95% del total. Le sigue el CO2 con un 3,6 %. Después vienen el N2O (0,95%), el metano (0,36%), y los CFCs, en lo esencial. Entre ellos cubren prácticamente el 100% de todos los GEI.

Así que el vapor de agua es, con enorme diferencia, el GEI más importante por su presencia en la atmósfera. Es prácticamente constante. Es el responsable del ciclo del agua que gobierna el clima desde siempre. Es un gas natural en su práctica totalidad.

El CO2, o dióxido de carbono, es natural en un 97% del total. El 3%[3] restante es responsabilidad del ser humano, debido a la quema de residuos, a la agricultura, a la respiración de los organismos aeróbicos dependientes del ser humano en general, a la producción industrial, a la quema de combustibles y a alguna otra razón que tiene que ver con la población[4]. Y eso se pone en el debe del 3% del total del CO2, que a su vez es el 3% del total de los GEI. Así que 0,03 X 0,03: el CO2 de origen humano es el 0,0009 del total de los GEI.

De creer a los partidarios de la teoría del calentamiento global antropogénico y a sus seguidores, resulta que el 0,09% de los GEI que emite el hombre es responsable de todo el efecto invernadero y que, por tanto, hay que suspender las emisiones, o al menos, mantener el nivel actual para que no se produzca el apocalipsis tantas veces anunciado.

Sería estúpido si no fuera criminal[5]. Pero el caso es que la estupidez, a fuer de repetirla, está en la mente de una gran parte de la población, que al parecer no hace cálculos. En general, se repite la jaculatoria de que “¡la concentración de CO2 en la atmósfera ya está en 420 partes por millón[6]!”, como si eso significara algo más que una frase vacua cuya importancia real ignora el 99% de quienes la repiten.

Igual al lector no avisado le parece mucho eso de 420 partes por millón (ppm). Pues no, no es mucho. La atmósfera de la Tierra, a lo largo de su historia, ha presentado una concentración de CO2 muy por encima de la cifra actual, 420 ppm. Y aquí estamos. No sólo eso; cuanto más alto es el porcentaje de CO2 en la atmósfera, mayor es la riqueza vegetal de la Tierra, por evidentes razones asociadas a la fotosíntesis[7] y al crecimiento de las plantas. El problema sería el contrario: que el CO2 estuviera presente en la atmósfera en un porcentaje[8] demasiado bajo. Si las plantas no pudieran realizar la función clorofílica, morirían y con ella, todos nosotros, al desmoronarse la cadena trófica[9].

Sepa ese lector o lectores (igual quedan uno o dos: ¡va por ellos!) que el CO2 no es un gas contaminante. No sólo es incoloro, inodoro[10] e insípido, sino que no daña a ningún ser vivo mientras los pormillonajes no sean monstruosos[11]. Por supuesto, a los mamíferos no sólo no nos daña, sino que es un subproducto de nuestra respiración. Y si a ese lector o lectores le parece que el CO2 a 420 ppm es una enormidad, sepa que la concentración de CO2 en sus pulmones es de 40.000 ppm. Y aquí estamos, tan frescos.

“Oiga – me dirán esos lectores recién llegados a la realidad -, si esto es como dice, ¿por qué los calentólogos de guardia[12] no cesan de afirmar que el responsable del calentamiento global[13]es el CO2 antropogénico y que hay que suprimirlo? Vaya, me alegro de que me haga esa pregunta.

Pues miren, porque han montado dos gigantescos negocios[14] a la vez. Uno, el negocio asociado a los derechos de emisión, por valor de decenas de miles de millones de dólares (y de euros), que se conectan a su vez a segmentos enteros de nuevas industrias generadoras de energía (solar y eólica). Por supuesto, los escribas y sacerdotes de la cultureta[15] asociada entran en la categoría de miembros del negocio.

Y otro, el proceso de destrucción de la economía de mercado, sistema natural en el que agentes económicos libres (empresas e individuos) llegan libremente a acuerdos entre sí que generan riqueza para todos y beneficios para los que los realizan, salvo errores que dan al traste con las operaciones[16]. Es la vieja aspiración socialista y comunista, tantas veces intentada y tantas veces fracasada. En esta ocasión la embestida es fuerte y cuenta con el apoyo del globalismo dirigido por Naciones Unidas con la participación del partido demócrata norteamericano, la escoria universitaria de los EE. UU. y su ideología woke, además de los apasionados burócratas de la Unión Europea[17]. Si logran destruir el fundamento de nuestra riqueza, los socialistas y comunistas de todos los partidos aprovecharán el caos para imponer su en tantas ocasiones[18] fracasado sistema. Y costará generaciones desandar el camino de destrucción que plantean.

Y para que los dos negocios medren, se tiene que organizar una enorme estructura impositiva que habilite dos cosas: una, recursos financieros en cantidades enormes, que los estados canalizan en beneficio de sus élites. Otra, la segregación y ostracismo de los recursos energéticos derivados de los hidrocarburos, que han permitido la industrialización y el desarrollo de un sector servicios eficiente y el desarrollo económico y social del mundo hasta cotas nunca alcanzadas, pero que hay que destruir para poder alimentarse de su cadáver. Matan así dos pájaros de un tiro.

Pero el responsable de los cambios de temperatura es el vapor de agua, evidentemente.

¿Puede ser gravado el vapor de agua? No, queridos niños, no puede ser. Está ahí desde siempre, no es antropogénico y es elusivo. No les sirve. Se trata de poner impuestos a las emisiones de CO2, que es lo que puede primero controlar, después destruir y tercero poner el sistema en manos de las élites gobernantes. Mediante una imposición injustificada, obsesiva y holística, el CO2 tiene que ser destruido y para ello, la economía de Occidente debe ser desmontada[19].

No crea el lector que aquí hay error alguno. Los sumos sacerdotes saben perfectamente que el CO2 no tiene palo que tocar y que esto es una impostura. Es una maquinación criminal de élites progres que van a recoger los ricos escombros de la destrucción del sistema, con los que pagarán – como ya hacen – a medios de comunicación de masas que expanden esta mentira por todo el orbe. Bueno, la mentira es un arma revolucionaria y estamos en el atrio de la revolución.

Me dirá el lector no avisado, “¿Y esto, afecta a todo el mundo? No, querido amigo, sólo a Occidente y a los países pobres que no pueden permitirse la independencia económica y necesitan préstamos que están condicionados por la religión calentológica[20]. China e India, por decir algunos[21], no se consideran obligadas en la práctica, aunque hayan firmado y ratificado. Y a fe que se ve en los gráficos.

Es fácil apreciar en él cómo tiende al alza de manera vertiginosa la emisión de CO2 en China, de lejos el primer país en hacerlo, y cómo la India se encarama al tercer puesto. He recurrido a Our World in Data. El resultado es pasmoso.

https://ourworldindata.org/grapher/annual-co2-emissions-per-country

También he acudido a otras fuentes, que muestran la situación de otra manera, por ejemplo, en la tarta que ven al pie.

Países con mayores tasas de emisiones por año 2019

https://es.ucsusa.org/recursos/emisiones-de-co2-por-pais

La lectura es evidente: la RP China emite lo que quiere y lo va a seguir haciendo. En marzo de 2023, sin ir nada lejos, se ha sabido que el país construye dos centrales térmicas a la semana alimentadas por carbón. A ese ritmo siguen y seguirán mientras les convenga. La India continúa fuertemente al alza, y sus líderes se mofan de los países de Occidente, al tiempo que les previenen contra cualquier intervención en su proceso de crecimiento económico con utilización de energía barata, es decir, proveniente del carbón[22].

En otras palabras, que el suicidio de Occidente del que les he informado en anteriores artículos no serviría de nada, siempre según el patrón metodológico de los partidarios del calentamiento global antropogénico, que supone serviría para algo relacionado con las temperaturas de la atmósfera.

Esta tendencia acabará con nosotros en manos de la RP China, no les quepa duda.

En la siguiente entrega les comentaré cuáles son los límites del calentamiento que puede inducir el CO2, sea natural o antropogénico[23]. Me limitaré a ilustrar un conocido (aunque no lo suficiente) gráfico, que se explica solo, pero siempre es bueno precisar.

Finalmente, en la tercera entrega, les hablaré de la enorme cantidad de efectos positivos que tiene el CO2 sobre nosotros, los seres humanos, y sobre el sistema (clima, vegetación) como un todo. El CO2 es un gas prodigioso.

[1] Hay que ver estos vikingos noruegos, mira que llamar “tierra verde”, Grønland, a una Isla que es claramente blanca por estar cubierta de hielo… . Claro que, bien mirado, igual cuando la descubrieron allá por el Siglo X, era verde.

[2] Es para no poner los decimales que, siendo más ajustados a la realidad, distraen un poco. Los pueden ver en detalle en el libro Crimen de Estado, junto con otras muchas cosas respecto a la farsa del llamado cambio climático. https://www.unioneditorial.net/libro/crimen-de-estado/

[3] Por simplificar los cálculos y hacerlos claramente visibles.

[4] Si el lector se pregunta quién lo dice, lo dice el IPCC, Organismo de Naciones unida que analiza el impacto del ser humano en el llamado cambio climático. Intergovernmental Panel on Climate Change, Climate Change 2001: the Scientific Basis (Cambridge, UK Cambridge University Press, 2001, Figure 3.1, p.188.

[5] Se puede ser estúpido y criminal, como vemos a diario en España, pero habitualmente no era el caso.

[6] Es decir, 0,00042 del total.

[7] “Proceso químico que se produce en las plantas, las algas y algunos tipos de bacterias cuando se exponen a la luz del sol. Durante la fotosíntesis, el agua y el dióxido de carbono se combinan para formar carbohidratos (azúcares) y se desprende oxígeno”.

[8] Pormillonaje, en realidad.

[9] Por debajo de 150 ppm, las plantas mueren.

[10] El metano tiene otras características; por ejemplo, que no es inodoro.

[11] Cuando llevábamos las mascarillas a toda hora por obligación, la concentración de CO2 en el interior de las mascarillas (es decir, el aire que respirábamos) alcanzaba 10.000 ppm.

[12] Son legión. En el Nuevo Testamento se relata un encuentro en el que Jesús, mientras viajaba, sanó a un hombre de Gadara poseído por demonios. El Evangelio de Marcos (5:9) lo describe así: “Y Él (Jesús) le preguntó (al hombre): ¿Cuál es tu nombre? Y éste le respondió diciendo: Mi nombre es Legión, pues somos muchos”.

[13] Término que mutó en “cambio climático” cuando dejó de calentarse la atmósfera, en 1998. Desde esa fecha hasta ahora mismo, la atmósfera, con excepción de en 2016, no se ha calentado. Vean aquí https://joseramonferrandis.es/wp-admin/post.php?post=900&action=edit

[14] Viene a cuento explicar ahora la etimología del término “negocio”. El término negocio deriva de las palabras latinas nec y otium, es decir, lo que no es ocio. Otium era lo que se hacía en el tiempo libre, por lo que no se recibía recompensa; negocio, por tanto, era lo que se hacía por dinero.

[15] En realidad, toda una nueva religión laica.

[16] Y que pagan los agentes involucrados, a diferencia de las empresas estatales, que cargan las pérdidas al erario, es decir, al ciudadano.

[17] No son todos, pero lo dejo ahí para no extenderme en demasía.

[18] ¿En cuántas ocasiones? ¡En todas! Siempre que lo han intentado han fracasado, porque no puede ser de otra manera. Pero esta vez, el ataque es masivo y sibilino.

[19] Igual está feo que les recuerde que esto y otras muchas cosas estña explicado en el libro Crimen de Estado, pero con todo, corro el riesgo.

[20] Esta imposición lleva años en marcha. La inició el Banco Mundial, que se negó a financiar una planta de generación de energía eléctrica por carbón en la República Sudafricana. Entonces, la RSA debió exportar ese carbón a la RP China, que sí puede quemarlo en sus plantas de generación de energía eléctrica.

[21] Cuya población agregada triplica la suma de las que se hallan en el Occidente todo.

[22] Igual, querido lector, cree usted que el precio del carbón es alto. Su precio es alto porque los criminales que controlan los procesos gravan su consumo para convertirlo en caro y forzar a utilizar energía eléctrica procedente de la generación solar y eólica. Su coste de extracción es bajo.

[23] Las moléculas son idénticas y sus mínimos efectos, también.

¿Cuándo se jostidió[1] Europa[2]?

Si les digo que “en el principio fue el Verbo”, ustedes saben que estamos hablando de la palabra de Dios, y que Él nos indica el origen de todo cuanto es. No hay otro caso de infalibilidad absoluta referida al principio de cualquier cosa.

Europa es un convencionalismo. Sabemos de qué solemos hablar al referirnos a ella, pero sus límites son difusos, cuando no contradictorios o contestados. No obstante, vamos a convenir que se extiende desde Islandia a las Islas Canarias, pasando por Gibraltar, Ceuta y Melilla, Chipre, la antigua Tracia, los Urales y las Islas Svalbard. Rusia está dentro, pero sólo en parte. Turquía está definitivamente fuera.

La historia de la descomposición progresiva de Europa viene de atrás, de muy atrás. Ciertamente, antes tuvo que componerse, y lo hizo a partir de pequeñas estructuras de poder mejor o peor constituidas. No es el momento ahora, sin embargo: este es un pequeño ensayo sobre su muerte, no sobre su nacimiento.

A finales del Siglo XIX, Europa Occidental era el crisol de la primacía económica, financiera, demográfica, técnica y cultural del mundo. Los EE. UU. y Japón empezaban a despuntar. La tensión entre varios de los estados europeos era fuerte. Se había generado un tejido de alianzas defensivas que fueron esenciales en los acontecimientos por venir.

La carrera por controlar territorios en áreas del globo distintas de la propia Europa llevó a una considerable expansión colonial en África y Asia, acelerada a raíz de la Conferencia de Berlín de 1884, sobre todo entre Francia, Gran Bretaña y Alemania. Tuvo tintes económicos, desde luego, pero también geoestratégicos y políticos. Los choques fueron inevitables. Los avances tecnológicos comenzaron a cambiar el orden de prelación de los imperios. Alemania empezó a asumir el liderazgo comercial, financiero, industrial y naval que el Reino Unido venía ostentando desde la Revolución Industrial.

Antes de julio de 1914, los países integrantes de Europa Occidental[3] habían logrado[4], tras siglos de choques armados, una estabilidad razonable en la determinación de las respectivas fronteras y un cierto ten con ten en sus relaciones mutuas, con la excepción de Alemania y Francia, permanentemente enfrentadas[5]. El Reino Unido estaba más orientado hacia sus posesiones ultramarinas, una vez perdido el control sobre los EE. UU. La Europa del Sur era menos relevante. En Europa Oriental, dos imperios, el austrohúngaro y el ruso, se repartían lo esencial del territorio. La descomposición del Imperio otomano iba dejando un rastro de nuevas naciones, todas deseosas de asentar su existencia por cualquier medio.

La primera guerra intraeuropea reciente, prolegómeno de los graves enfrentamientos del Siglo XX, tuvo lugar entre Francia y Alemania. Se la conoce como guerra franco-prusiana, con su corolario: la anexión de Alsacia-Lorena por Alemania en 1871.

El caldo de cultivo social y político antecesor de la I Guerra Mundial era denso: en el caso de Francia, desde 1870 había ansias de venganza contra Alemania en su ejército y gran parte de la población. Desde 1895, la carrera armamentista inicialmente desencadenada entre Reino Unido y Alemania se extendió a todos los países europeos. Los gastos militares se multiplicaron entre 1870 y 1913, hasta incrementarse en un 300% en Reino Unido y Alemania y en un 200% en Francia.

La prensa y los intereses militares e industriales estimularon un nacionalismo excluyente que caló en las sociedades respectivas. Sus gentes terminaron odiándose. Como sabemos, Austria-Hungría y Rusia (en realidad, la Triple Alianza[6] y la Triple Entente[7]) entraron en guerra tras el asesinato del heredero del imperio austrohúngaro en Sarajevo. Y con ellos, sus aliados. Los países desencadenantes creyeron que se trataría de una guerra corta, seguida de una victoria fácil para ellos y demoledora para sus rivales. Se equivocaron, pues la guerra fue larga y la victoria, pírrica.

Los acontecimientos bélicos comenzaron a perder primacía en marzo de 1917 con la caída del gobierno ruso y la firma de un acuerdo de paz entre la Rusia de los soviets y las Potencias Centrales en marzo de 1918. El 3 de noviembre de 1918, el Imperio austrohúngaro firmó dos armisticios. Alemania, en plena revolución, firmó el armisticio el 11 de noviembre de 1918 en un vagón de ferrocarril situado en el bosque de Compiègne. Ese mismo día, a las 11 de la mañana, entró en vigor el alto el fuego[8].

Tras seis meses de negociaciones en la Conferencia de Paz de París, el 28 de junio de 1919 los países aliados firmaron el Tratado de Versalles con Alemania, y otros a lo largo del siguiente año con cada una de los Estados derrotados.

Las consecuencias de la Gran Guerra fueron enormes, como vamos a ver. El resultado agregado es que con esa guerra se inició el suicidio de Europa.

En el ámbito político, dejaron de existir cuatro grandes imperios: el Imperio alemán, el Imperio ruso, el Imperio austrohúngaro y el Imperio otomano. Se acentuó el período de revueltas y guerras civiles en varios países. La revolución rusa llevó al poder a los bolcheviques, que en 1922 crearon la Unión Soviética. Los EE. UU. se convirtieron en la primera potencia del mundo. Se creó la efímera Sociedad de Naciones, en un cándido intento por imposibilitar futuras guerras. Alemania se deslizó hacia la hiperinflación y posteriormente hacia el nacional socialismo.

En el social, murieron 10 millones de soldados, unos 20 millones fueron heridos y en torno a 8 millones fueron hechos prisioneros y casi siempre recluidos en campos. Unos 7 millones de civiles fueron asesinados. Todo ello produjo un malestar social de larga duración, especialmente entre los huérfanos y viudas. La pandemia de gripe norteamericana (1918), iniciada en un cuartel de Kansas (EE. UU.) y diseminada por los soldados del destacamento norteamericano, se cobró la vida de entre 50 y 100 millones de personas en todo el mundo. Hubo grandes desplazamientos de población al rediseñarse las fronteras europeas. Creció rápidamente la mano de obra femenina al tener que reemplazar a los hombres, que se hallaban en el frente. Se redujo la natalidad. Los años de racionamiento provocaron que la mortalidad de la población civil aumentara. En el caso de Alemania el incremento alcanzó el 37 % en 1918[9].

En el económico, muchos elementos de la infraestructura de los países europeos, en especial vías de comunicación, puentes, puertos y ferrocarriles, quedaron dañados o destruidos. Las estimaciones de costes directos de la guerra ascendieron a entre 180.000 y 230.000 millones de dólares (paridad de poder de compra de 1914). Los indirectos, consecuencia de daños a propiedades, alcanzaron al menos 150.000 millones. Los enormes gastos en que incurrieron los países beligerantes generaron grandes crisis financieras y deudas a largo plazo. Como consecuencia directa de la guerra, se produjo un enorme deslizamiento en favor de la ampliación del poder del Estado (léase del gobierno) en Reino Unido, Francia y Estados Unidos. Se crearon nuevos impuestos que, tras la guerra, no desaparecieron (no todos). La caída del PIB en las Potencias Centrales, Francia, Rusia y el Imperio otomano contrastó con su incremento en los EE. UU., el Reino Unido e Italia.

En el territorial, como consecuencia de los tratados de Brest-Litovsk, Versalles, Saint-Germain, Neuilly, Trianon y Lausana, entre 1918 y 1923, Alemania perdió gran cantidad de territorios europeos y todas sus colonias en África y Oceanía. El Imperio austrohúngaro se descompuso en cuatro Estados independientes: Austria, Checoslovaquia, Hungría y Yugoslavia. El Imperio otomano desapareció y se denominó República de Turquía desde 1923, con una fortísima contracción territorial. El Imperio ruso implosionó y habilitó la independencia de Finlandia, Polonia, Estonia, Letonia y Lituania.

Si lo ocurrido fue dramático y de enorme magnitud, palidece ante lo acontecido entre 1939 y 1945. El lector conoce bien los hechos, por lo que el detalle será innecesario.

Los antecedentes de la Segunda Guerra Mundial se encuentran sin duda en el Tratado de Versalles, claramente lesivo para Alemania. Francia quiso laminar a su vecino y tradicional enemigo por medio de una imposición que fue denunciada desde el principio como incumplible. A ello se unió la idiocia nacionalista norteamericana que, para salir de una crisis provocada por su banca central[10], generó el mayor problema comercial y económico (por este orden) del período de entreguerras: la Smoot-Hawley Act[11]. El epifenómeno de estas crisis fue el nacional socialismo alemán, que junto con el comunismo soviético fueron socavando la paz del período. La Sociedad de Naciones fue inoperante con Japón, Italia, Alemania y la URSS, ésta después del inicio de la segunda Guerra Mundial, por lo que pasó con más pena que gloria.

La Alemania nacionalsocialista, una vez violentado el Tratado de Versalles con la militarización de Renania y la anexión de Austria, obtuvo en 1938 el territorio de los Sudetes. No contenta con ello, tras firmar un tratado con la URSS para repartirse Polonia, atacó este país el 1 de septiembre de 1939. Después de ocupar gran parte de Europa Occidental y someter a Francia tanto por conquista como por pacto con el gobierno que administraba el resto, Alemania atacó a la Gran Bretaña y en junio de 1941, a la URSS. El sur de Europa estaba controlado, en parte, por el acuerdo y coordinación con la Italia de Mussolini. El Norte de África estaba en cuestión. Cuando la fortuna parecía sonreír a Hitler, comenzó a sufrir derrotas en el frente soviético a partir de finales de 1941. El ejército norteamericano había declarado la guerra al Eje tras el ataque japonés a Pearl Harbor. Había entrado en el hinterland alemán por Sicilia en 1943. El ejército alemán comenzó a retroceder. En junio de 1944 se abrió un segundo frente en Normandía, por donde las tropas norteamericanas se precipitaron sobre Francia y el resto de Europa. El 7 de mayo de 1945, Alemania firmó la rendición incondicional ante los EE. UU. y el 8, ante la URSS.

Si los daños humanos y materiales de la I Guerra Mundial fueron enormes, los de la Segunda fueron muy superiores, afectando a la casi totalidad del continente, con la excepción de España, Portugal, Suecia y Suiza.

Se estima que las bajas totales (muertes) fueron próximas a los 70 millones de personas. Los costes económicos se cifran en tres billones de dólares, mucho más valiosos entonces que ahora, ciertamente.

El resultado último de todo lo acontecido fue un tremendo deterioro de las condiciones de vida de las poblaciones involucradas. No sólo eso. La URSS ocupó[12] durante más de 40 años el Este de Alemania y colocó gobiernos títeres en Polonia, Hungría, Checoslovaquia y Bulgaria, sumiéndolos en la subordinación y en la miseria. Además, condicionó los de Rumania y Yugoeslavia. Los EE. UU. Lo hicieron durante bastantes menos años en dos de ellos[13], derrotados en la guerra. Sólo el Plan Marshall y la liberalización de los intercambios pudieron sacar a los países europeos occidentales de la penosa situación en la que habían caído.

Tanto la guerra franco-prusiana, como la Primera y la Segunda Guerra Mundial, hunden muchas de sus raíces en la rivalidad francoalemana, aunque los catalizadores concretos fueran el asesinato del heredero del Imperio Austrohúngaro por un nacionalista serbio y la invasión de Polonia por la Wehrmacht.

Así, los supervivientes europeos de la Segunda Guerra Mundial, con buen criterio, pensaron que una Tercera Guerra Mundial en suelo europeo, motivada por la tradicional enemistad germanofrancesa, era más de lo que podíamos permitirnos (como europeos) y buscaron la manera de conseguir que ambos países fueran del bracete de entonces en adelante.

La iniciativa de crear instituciones en el sector del carbón y del acero (CECA, 1953), en el sector del aprovechamiento del “átomo para la paz” (EURATOM, 1956) y en el ámbito del comercio internacional (Mercado Común Europeo, MCE, 1957) fue un acierto fundamental. Parecía que Europa volvía a ser un polo de crecimiento, de belleza, de paz y de cooperación. Pero la fibra moral, el sentimiento de trascendencia, la ley natural y el orden derivado de una ley positiva asociada a la natural habían muerto en las guerras. El nihilismo tomó el lugar del Cristianismo (ya muy difuminado en el comportamiento de las élites) y un difuso complejo de culpa heredado de la pulsión mosaica se enseñoreó del pensamiento, las instituciones y los medios. Sin rival.

En línea con unas pretensiones exageradas y sin fundamento, el MCE devino Unión Europea, víctima de los delirios de grandeza de, sobre todo, Alemania y Francia, que deseaban pasar a un estadio superior, imperial, para constituir un remedo de Europa que ellos manipularían, como elementos centrales de la UE. Y el mecanismo de cooperación fue reemplazado por otro de imposición.

Con todo, la subordinación a los EE. UU. y a la URSS fue un hecho hasta 1991, y desde entonces, China ha tomado el testigo soviético. Europa, confundida a menudo con la UE, se retrasa en múltiples campos, por no decir en todos. Sin entereza, sin ética, sin la prevalencia moral del Cristianismo, sin ventajas comparativas, desangrándose demográficamente a chorros, sometida a una invasión permanente procedente de las antiguas colonias y en manos de verdaderos bastardos de políticos que desde Bruselas lanzan normas que ponen sistemáticamente trabas al funcionamiento de la economía, Europa muere rápidamente.

Y nosotros con ella[14].

[1] Me tomo la libertad de fusionar dos términos de uso común, uno de los cuales es difícilmente aplicable en sentido estricto. No llego al virtuosismo de Jesús Gil y Gil, personaje ben conocido, cuando – inadvertidamente – enriqueció el idioma español con el vocablo ostentóreo, perfecta síntesis de ostentoso y estentóreo, que la Real Academia no ha aprobado todavía. Y en cuanto al título como tal, parafraseo aproximadamente al genial Mario Vargas Llosa en el inicio de “Conversaciones en la Catedral”.

[2] Y con ella, la Cristiandad, pero ese es otro debate.

[3] El término “Europa Occidental” es un recurso geográfico y político.

[4] No hablaré de los enfrentamientos coloniales entre Alemania, Francia y la Gran Bretaña porque desviaríamos la atención.

[5] En mi opinión, el núcleo que con su explosión desencadenó el final de Europa como entidad es la persistente hostilidad francoalemana, permanentemente irresuelta, aunque antes de 1870, en puridad, no podía llamarse así.

[6] El Imperio alemán, el Imperio Austrohúngaro e Italia (ésta, de aquella manera)

[7] Francia, el Reino Unido y el Imperio ruso.

[8] Ya saben, el 11 del 11 a las 11.

[9] Alemania racionó el consumo de productos básicos desde noviembre de 1914. Sus casi 70 millones de habitantes recibieron cada vez menos alimentos según avanzaba la guerra.

[10] La Reserva Federal, creada en 1913.

[11] Que supuso la elevación de más de 20.000 posiciones arancelarias ante su importación. Las represalias destrozaron el comercio mundial y la economía de cada país, tanto más fuertemente cuanto más abierto a los intercambios estaba. El presidente Herbert Clark Hoover tuvo que firmar la ley, estando en contra, a sabiendas de lo que iba a acontecer.

[12] Además de rediseñar las fronteras a su capricho.

[13] Alemania y Austria.

[14] Salvo que una injustificada agresión calificada como exterior desarrolle un efecto unificador y catártico que invierta el orden de las cosas. Sería una novedad.

No quisiera ser pesado… así que, alternativamente, seré breve

El día 16 de febrero de 2023 escribí sobre La Pausa, una vez más. Se han alcanzado más de 100 meses consecutivos sin incrementos de la temperatura de la atmósfera y eso es digno de mención. Pueden ver el artículo aquí: https://joseramonferrandis.es/la-pausa1-sigue-entre-nosotros/

El día 21 de febrero de 2023, en este enlace https://wattsupwiththat.com/2023/02/20/is-noaa-trying-to-warm-the-current-8-year-pause/ aparecía una noticia que no es inhabitual en este mundillo: la NOAA[1] había retocado al alza sus propias comunicaciones referidas a las temperaturas de la atmósfera. Sin explicación. Sin comentarios. En silencio[2]. Vean cómo ocurrió.

El dato de la NOAA conocido el día el 12 de enero de 2023 indicaba que, 8 años largos después de 2015, tras haber sido emitidos a la atmósfera 450.000 millones de TM de CO2[3], la temperatura de esa misma atmosfera había descendido a un ritmo de 0.11°C/década. En otras palabras, por una parte, se incrementa el CO2 antropogénico, pero por otra desciende la temperatura. Vaya, vaya…

Ya de por sí, esta información contradice cuanto dicen que ocurre, pues los partidarios de la teoría antropogénica del calentamiento global[4] afirman que hay una causación por el CO2 antropogénico que provoca el alza de las temperaturas experimentadas en la atmósfera terrestre[5], causación que establecería una correlación entre los datos. Y no es así.

Esa era la información de la NOAA. Pero miren por dónde va la propia NOAA y, al día siguiente, retoca las cifras y su expresión gráfica. Las retoca al alza. Las hace menos frías, o más cálidas si lo prefieren.

Vean lo que Steve Milloy produjo en su Tweet[6], elaborado con una fotografía tomada el 12 de enero de 2023.

Como ven la tendencia que aparece en el gráfico es la del descenso de 0,11°C/década mencionado.

Al día siguiente, 13 de enero de 2023, la imagen en la web de la NOAA era otra. El cambio se hace evidente en las cifras en el gráfico (ángulo superior derecho): de un descenso de 0,11°C/década se pasa, por arte de magia, a un descenso de 0,07°C/década. Sin más. Sin explicación. Sin comentarios.

Ya les dije que iba a ser breve.

[1] National Oceanic and Atmospheric Administration de los Estados Unidos. Agencia Oficial.

[2] El mismo silencio de los medios de comunicación de masas. Cuánto despiste, ¿no?

[3] En otros términos, el 14% de todas las emisiones antropogénicas de CO2 efectuadas hasta el momento.

[4] Huy, perdón, del cambio climático.

[5] Si a eso vamos, las mediciones (no, los modelos no, las mediciones) desde 1998 revelan que la tendencia al calentamiento no llega a 0,1°C en 25 años. Exactamente lo mismo que desde la década de los años 30 del Siglo XX. Richard Lindzen va más allá: establece que el calentamiento en los últimos 200 años es de aproximadamente 1°C.

[6] Que tuvo 13 millones de visitas.