por José-Ramón Ferrandis | 17 May 2023 | Otros artículos
Antony Flew[2] fue un filósofo de nacionalidad británica, famoso en su día por ser el máximo referente del ateísmo filosófico anglosajón, que murió en 2010. A lo largo de su vida escribió muchos textos. Uno de ellos, elaborado en colaboración con Roy Abraham Varghese (2008), se titula There is a God. How the world’s most notorious atheist changed his mind[3].
Durante toda su vida, Flew se cuestionó abiertamente y sin prejuicios sobre la existencia de Dios. Según fue viendo argumentos en favor y en contra, se decantó finalmente por la hipótesis del creyente. No lo hizo por fe sino convencido por la razón. Fue un largo y complejo proceso de transformación, que relata con detalle en el libro mencionado.
Pero en realidad no quería yo tanto hablar del buen libro de Flew cuanto de cómo resume éste una conocida anécdota.
La relata Flew en torno a su último debate público, que tuvo lugar en la New York University, en mayo de 2004. Participaron el científico israelí Gerald Schroeder, el filósofo escocés John Haldane y el propio Flew.
La conclusión del simposio se resume en que los desarrollos de la ciencia moderna parecían apuntar a la existencia de una Inteligencia más alta: de todos los descubrimientos de la ciencia moderna, el mayor era Dios.
Para Flew, su giro personal se debía casi enteramente a las investigaciones sobre el ADN. Para entender la casi increíble complejidad de las estructuras que son necesarias para producir vida, alguna inteligencia ha debido participar en el ensamblaje de esos elementos extraordinariamente diversos. Asombra la enorme complejidad del número de elementos y la enorme sutileza de las formas en que cooperan. La probabilidad de que todos esos elementos hayan podido encontrarse por casualidad en el momento adecuado es simplemente minúscula.
A Flew le impresionó especialmente la meticulosa refutación de Schroeder de lo que llamó “el teorema del mono”. Esta idea defiende la posibilidad de que la vida surja por azar recurriendo a la analogía de un grupo de monos que aporrean durante mucho tiempo los teclados de unos ordenadores y terminan escribiendo un soneto de Shakespeare.
Schroeder se refirió en primer lugar a un experimento realizado por el British National Council of Arts, que describió de la siguiente manera. Se introdujo un ordenador en una jaula en la que había seis monos. Después de torturar su teclado durante un mes, los monos produjeron cincuenta páginas mecanografiadas, pero ni una sola palabra. Schroeder señaló que los monos ni siquiera habían conseguido acertar con las palabras más cortas del idioma inglés, que contienen una sola letra (a o i). A es una palabra sólo si va flanqueada por dos espacios en blanco. Si tenemos en cuenta que el teclado del ordenador contiene treinta caracteres (las veintiséis letras y otros símbolos), la probabilidad de conseguir una palabra de una sola letra es de 30 veces 30 veces 30, es decir, de una entre 27.000.
Schroeder aplicó a continuación el cálculo de probabilidades al soneto de Shakespeare. “¿Cuál es la probabilidad de conseguir por azar un soneto de Shakespeare?”, preguntó. Y argumentó: «Todos los sonetos tienen la misma extensión. Constan de catorce versos. Escogí el soneto cuyo primer verso recordaba de memoria: Shall I compare thee to a summer’s day? (¿Te compararé con un día de verano?). Conté el número de letras; resulta que hay 488 letras en ese soneto. ¿Cuál es la probabilidad de obtener las 488 letras en la secuencia correcta – como en Shall I compare thee to a summer’s day – tecleando al azar? Para encontrarla, es preciso multiplicar 26 por sí mismo 488 veces: 26 elevado a la 488ª potencia. Dicho de otra forma, en base 10, equivale a 10 elevado a 690.
El número de partículas del universo —no el número de granos de arena, sino el de protones, electrones y neutrones— es de 10 elevado a 80. Diez elevado a 80 es un 1 seguido de 80 ceros. Diez elevado a 690 es un 1 seguido de 690 ceros. No hay bastantes partículas en todo el universo para agotar las apuestas, es decir, los ensayos necesarios para escribir el soneto por casualidad. El universo se queda corto en un factor de 10 elevado a 600[4].
Olvidémonos ahora de los monos. Si tomáramos todo el universo y lo convirtiéramos en chips de ordenador, cada uno de los cuales pesara la millonésima parte de un gramo, y cada chip fuera capaz de hacer 488 intentos a una velocidad de un millón de veces por segundo; si transformáramos todas las partículas del universo en tales microchips y estos chips escribieran letras al azar un millón de veces por segundo, el número de intentos que habría habido tiempo de realizar desde el principio de los tiempos habría sido de 10 elevado a 90. De nuevo, nos estaríamos quedando cortos por un factor de 10 elevado a 600. Nunca se podrá conseguir un soneto por casualidad.
El universo tendría que ser 10 elevado a 600 veces más grande de lo que es. Y, sin embargo, la gente cree que los monos pueden conseguirlo[5]. Si el teorema de los monos no funciona para un solo soneto, es simplemente absurdo sugerir que algo mucho más difícil que escribir un soneto, como es la aparición de la vida, pueda haberse producido por casualidad”.
Flew era metódico, sistemático, honrado consigo mismo, con sus coetáneos y también con los planteamientos que desarrollaba. Tan es así que recomendaba comportarse en el proceso de intelección como Sócrates propugnaba con su proverbial sencillez, entereza y alta conciencia moral: “seguir la argumentación hasta dondequiera que lleve”. A Flew le llevó a aceptar la existencia de Dios.
Otros preferirán el azar.
[1] Lo esencial de este artículo fue publicado en el marco de una Carta de los martes del año 2021.
[2] https://es.wikipedia.org/wiki/Antony_Flew (sin que sirva de precedente, Wikipedia aporta una visión razonable de los planteamientos de Antony Flew).
[3] Harper Collins. ISBN 9780061335303. El subtítulo está en letra más pequeña.
[4] 610, para ser exactos.
[5] Es difícil encontrar en cualquier época y país gente que quiera molestarse en hacer los cálculos. Prefieren por lo común creer a los políticos, en el supuesto de que puedan.
por José-Ramón Ferrandis | 12 May 2023 | Cambio climático
Como hemos indicado en la primera entrega https://joseramonferrandis.es/el-palo-de-hockey-y-los-jugadores-tramposos-primera-entrega/, se puso de relieve desde la aparición del trabajo de Mann el hecho de que en ninguno de los gráficos divulgados se encontraban reflejados ni el Óptimo Climático Medieval ni tampoco la Pequeña Edad de Hielo, los dos documentados y, por tanto, imprescindibles. Ambos períodos habían desaparecido de toda representación gráfica de Mann.
La tesis quedaba clara desde el primer momento, e incluso antes: las emisiones de CO2 procedentes de la actividad industrial y agraria de los seres humanos en el proceso de desarrollo de sus sociedades, sobre todo en los últimos 50 años, habían elevado la temperatura de la atmósfera terrestre vertiginosamente.
Esa es la afirmación clave de cuanto acontece desde hace décadas en las políticas que lanza, retoma, refuerza y financia la ONU en materia climática. La esencia, el núcleo canónico de la teoría del calentamiento global antropogénico[1] (AGW[2]), responsabiliza y culpabiliza única y exclusivamente al CO2, pero no cualquier dióxido de carbono, sino sólo al CO2 emitido por el ser humano[3] en su actividad económica.
Una red de instituciones, partidos políticos, ONGs y particulares peculiares han decidido que el fenómeno es peligroso para la vida en la Tierra y que ello es razón suficiente para pararlo. Y pararlo significa detener considerablemente los procesos de industrialización a través de la transformación de las energías disponibles, es decir, aniquilar las economías. Con ello se anula el crecimiento de las sociedades, su bienestar y su riqueza, pues no se libraría sector económico alguno: la energía es transversal a todos ellos.
La teoría AGW postula que las emisiones humanas de gases de efecto invernadero están causando un incremento catastrófico de temperaturas. El cómo ya lo conocen: la energía del sol llega a la atmósfera terrestre y la atraviesa. Parte es absorbida y parte es reflejada, en forma de calor, al espacio exterior. Algunos gases de efecto invernadero (GEI) absorben esa energía reflejada y con ello aumentan la temperatura de la atmósfera mucho más de lo que lo hubiera hecho si los GEI no estuvieran presentes. Ese proceso es llamado climate forcing[4] o forzamiento climático.
Los partidarios de la teoría AGW (calentólogos, para los amigos) afirman que el crecimiento en la emisión de CO2 por parte del ser humano (quemando combustibles fósiles – carbón e hidrocarburos – y reduciendo la superficie boscosa, que absorbe el CO2) ha llegado a ser del 50% y ha calentado peligrosamente el planeta[5]. La tendencia sigue y ello llevará a ulteriores incrementos de dióxido de carbono que exacerbarán el fenómeno en un bucle retroalimentado sin fin.
La teoría AGW excluye de la ecuación todo otro factor en el calentamiento observado en el último siglo, pero incluye variadas retroalimentaciones positivas, que multiplicarían el efecto del CO2 entre dos y cuatro veces. En otras palabras, cualquier aumento de temperaturas creará mayor evaporación, lo que recalentará la atmósfera, produciendo más evaporación, deshielo, reducción del albedo[6] y salida a la atmósfera de más metano, que tiene un efecto forzativo[7] muy superior al del CO2.
El consenso de los seguidores de la teoría AGW, capaces de ver el futuro, estima que, al ritmo de crecimiento del CO2, la temperatura habrá subido hasta 5°C para 2100[8], aunque esa cifra estimada no para de elevarse. Para ello utilizan abundantes modelos informáticos de todo tipo[9]. Lo vienen haciendo desde hace más de 25 años.
Y aquí viene lo mollar: los efectos de este calentamiento, dicen, serán muy negativos en todos los órdenes. Esto de las profecías da para mucho, pero estamos hablando del “palo de hockey”, sus supuestos de partida y los GEI. Otro día.
Vamos a los datos. ¿Qué parte del CO2 es originada por la actividad humana? Es fundamental determinarlo, porque si el CO2 no fuera esencialmente de origen humano, las recetas de los partidarios de la AGW serían inútiles, además de lo contraproducentes que ya son. Conocer con exactitud el origen del CO2 es una empresa compleja, que debe quedar en manos de la Ciencia y no de una opinión publicada gravemente sesgada.
Veamos los datos del IPCC[10] al respecto. Como ven en el gráfico al pie, en 1990, el porcentaje de CO2 antropogénico era del 2,9 % del total. Y de creer a los calentólogos, este porcentaje nimio, ya que no despreciable, es el responsable de todos nuestros males.

Por favor, dediquen un minuto a ver los porcentajes de CO2. Así que la teoría del AGW, aunque sólo fuera por eso, es por completo inverosímil, es decir, falsa.
Sigamos, porque la farsa es mucho mayor de lo que hemos visto hasta ahora. Sí, porque hasta ahora hemos hablado sólo del CO2, como si no hubiera otros GEI. Esa es la otra parte de la manipulación.
La cara oculta de la manipulación, su aspecto más llamativo, es que no tiene en cuenta el vapor de agua. Por supuesto, eso se hace deliberadamente, pues así se minimiza el factor más importante (con mucho) del forzamiento natural, el cual no se puede utilizar políticamente. Al omitir el vapor de agua, se da un protagonismo aplastante al CO2, como corresponde a los intereses de los calentólogos. Esta es la herramienta que los defensores del AGW necesitan: si no se considera el vapor de agua, el CO2 se lleva el 99,438 % de la responsabilidad de las contribuciones[11] al conjunto de GEI, no importa su origen humano o natural, que de eso se ocupan luego. Los roles de los GEI en el calentamiento cambian sustancialmente.
¿Qué ocurre cuando incorporamos el vapor de agua al análisis, como es debido si lo que se quiere es actuar correctamente? Lo vemos en este cuadro que corresponde al Departamento de Energía de los EE. UU.

Como se puede apreciar, el vapor de agua es responsable del 95 % del calentamiento. En el gráfico inmediatamente posterior se aprecia de un vistazo:

Así que el CO2 atmosférico, no importa su origen, representa tan sólo el 3,618 % de los GEI. Nada que ver con los 72,369 % que se pretende establecer como verdad absoluta. Esta es la evidencia que se pretende esconder, porque su sola existencia desmonta al complot de los partidarios del AGW.
Pero hay más; en los cuatro GEI más importantes, el factor humano (el origen humano del correspondiente gas, quiero decir) es muy pequeño, cuando no irrelevante. Despreciable es el porcentaje de origen humano en el vapor de agua (0,001 %), irrelevante en el caso del CO2 (3,225 %), de similar importancia es en el caso del óxido nitroso (4,993 %) y algo mayor en el caso del metano (18,338 %). Tan sólo cuando hablamos de clorofluorocarbonos y otros el peso del origen humano (65,771 %) es determinante[12].
Esos son los datos. La interpretación a su favor por parte de la teoría del AGW requiere ocultación. Sus seguidores pretenden evitar que se conozca la verdad. Pero si lo que se busca encontrar la verdad, como la Ciencia postula, habremos de arrojar más luz sobre el fenómeno.
Tomemos ahora el peso relativo del CO2 en el total de los GEI y multipliquémoslo[13] por el origen humano del mismo. El resultado es cuánto afecta el CO2 generado por el hombre al efecto invernadero. La cifra es irrisoria: 0,117 %. En otras palabras, la actividad humana afecta a las temperaturas en aproximadamente 1/1.000 de su incremento. Para este viaje no hacían falta alforjas. Francamente.
¿Qué cree el lector que hacen los calentólogos? Evidente, no tomarlo en consideración, aunque el vapor de agua es el GEI más importante. Cierto: es responsable del 95% del efecto calentamiento propio de los GEI. “Como sabe todo negociador, quien establece el marco de análisis en cualquier ámbito de la vida social tiene ya media negociación ganada”.[14]
Para que se hagan a la idea visual inmediata de la ponderación de cada GEI en la atmósfera terrestre, nada mejor que el gráfico que aparece más abajo, donde lo expresado en los párrafos anteriores aparece en un vistazo.

El gráfico lo evidencia: el vapor de agua contribuye al calentamiento con el 95 % de todos los gases de efeto invernadero. Y de todo el vapor de agua existente, el 99,999 % es de origen natural. ¿Es posible gravar, limitar total o parcialmente o castigar la utilización de lo que viene dado naturalmente y nada tiene que ver con la acción del hombre? La respuesta es que no, que es imposible. El vapor de agua no sirve para el objetivo buscado, así que los calentólogos prescinden de él.
El origen del CO2 está claro y se encuentra establecido; el gráfico que encabeza esta entrega afirmaba que el CO2 natural era el 97,1 % del total, dejando un 2,9 % el porcentaje para el humano. Posteriores mediciones establecen que el CO2 de origen humano es el 3,225 % del total. No es despreciable, pero sigue siendo muy inferior al de origen natural, que lógicamente tiene que ser (y es) el 96,775 % del total.
Pero estábamos hablando del “palo de hockey”, ese que afirma que es la emisión de CO2 antropogénico la responsable de un calentamiento que aparece en el artículo de Nature de 1988. ¿Cómo pudieron llegar Mann y los suyos a esa conclusión?
Continuará.
[1] Permítaseme una digresión sobre el escaso acierto de los responsables de mercadotecnia de este movimiento pseudorreligioso. Inicialmente se le llamó calentamiento global, porque, según el “palo de hockey”, la atmósfera se calentaba. Pero como sabe el lector de este blog, hace mucho tiempo (desde 1998) que el calentamiento se ha detenido, salvo en 2016, y ello merced a un fenómeno debido a un evento relacionado con el calentamiento del Océano Pacífico ecuatorial oriental. A la vista del ridículo incurrido, el movimiento pasó a llamarse disrupción climática, pero eso de disrupción, como que era poco popular y se abandonó por el conocidísimo cambio climático. Pero el clima cambia constantemente, claro está, así que, tras muchas vacilaciones, ahora parece extenderse una nueva denominación, crisis climática, por aquello de asustar a la gente. No están finos.
[2] AGW por Anthropogenic Global Warming, que es como lo verá escrito el lector.
[3] Tampoco es exacto. El ser humano culpable es el occidental. Los demás seres humanos emiten más CO2, en concreto los que residen en la RP China, pero estos seres angélicos están exentos. Imaginen por qué.
[4] El término forzamiento del clima se refiere a los cambios en el equilibrio radiativo que provocan cambios al alza o a la baja en las temperaturas, usualmente a lo largo de décadas.
[5] Hay que estar constantemente diciendo que es la atmósfera del planeta y no el planeta, pero estas buenas gentes no suelen cuidar esos detalles.
[6] Albedo es la refracción producida por las superficies claras, típicamente las heladas, que como se sabe son por lo general de color blanco. Dicho de otra forma, es el porcentaje de luz solar que se refleja y se pierde en el espacio.
[7] En román paladino, cada molécula de metano es capaz de generar más efecto invernadero que cada molécula de CO2. (Pero no lo digan muy alto…)
[8] En realidad, es una cifra controvertida, que cambia (al alza siempre) según la digan unos u otros. Compiten en celo malthusiano.
[9] No importa que los modelos fracasen siempre en sus predicciones. Lo mejor que tiene la Fe (creer en lo que no se ve), tan lejos de la Ciencia, es que resulta inasequible al desaliento.
[10] El IPCC es el principal defensor de la teoría del AGW. Recurro a él para que no se subleven los calentólogos.
[11] La contribución al calentamiento global de cada uno de los GEI se obtiene a través de su conversión, basada en multiplicar su concentración por su multiplicador (forzamiento o forcing), en relación con el CO2. Así se obtiene su contribución al efecto invernadero.
[12] No todos los gases tienen el mismo potencial de calentamiento (o forzamiento). El factor multiplicador del CO2 es 1, en tanto el del metano es 23 y el del óxido nitroso es 310.
[13] Es decir, multiplicamos 3,618 por 3,502 y lo dividimos por 100 para hallar el porcentaje.
[14] Frase literal que aparece en el libro Crimen de Estado, https://www.unioneditorial.net/libro/crimen-de-estado/ del que tomo estos datos.
por José-Ramón Ferrandis | 9 May 2023 | Autores invitados, Globalización
Me refiero al artículo publicado en este blog el 30 de abril de 2023 titulado “El dólar se encoge” https://joseramonferrandis.es/el-dolar-se-encoge/
Sobre la argumentación no pienso que, hablando seriamente, se puedan plantear objeciones: el autor hace hablar a los hechos y los hechos son los que él indica.
Más atrás quedan un sinfín de preguntas que, siendo causadas por comportamientos más o menos ideológicos – a los cuales el artículo también hace referencia -, encuentran respuestas que no se pueden afianzar en la lógica.
Ideología por ideología, me quedo con la frase, que comparto totalmente, sobre la RP China, un «tigre de papel», expresión con la que concluye el artículo citado.
Mi «momento ideológico» en este asunto consiste en considerar que, a largo plazo, el factor determinante de toda historia es la correspondencia de la actividad humana con la Libertad de la Persona Humana, o sea, a la correspondencia con el Derecho Natural.
Si dicha correspondencia no se produce (por lo menos como tendencia), todo sistema humano (político, económico, religioso, lo que sea), antes o después (y lo subrayo, hablo de un antes o después histórico que, para el individuo puede perfectamente definirse a largo, mejor dicho, a muy largo plazo), está destinado a derrumbarse.
Voy más allá: cuanto más se ponga un sistema contra el Derecho Natural, tanto más veloz será su derrumbe.
Allí están los «estados fallidos», pero hacia el mismo derrumbe van sistemas – a mi parecer la UE es un caso emblemático – que a lo largo de no muchos años se han trasformado ya en sistemas que cada día más contrastan claramente con el Derecho Natural.
De hecho, se está poniendo de moda ahora en la UE citar el Manifiesto de Ventotene (1941).
En Ventotene, pequeña isla en frente de la costa del Lazio (mar Tirreno), durante el periodo fascista en Italia, se confinaba a políticos adversarios de régimen.
En el 1941 un grupo de hombres allí retenidos redactó clandestinamente (y clandestinamente hizo circular), un escrito que tomó el nombre de la pequeña isla: era el Manifiesto de Ventotene. Sus inspiradores y redactores fueron Altiero Spinelli, Ernesto Rossi y Eugenio Colorni.
El objetivo del Manifiesto era poner las bases para un movimiento federalista europeo. Tras analizar superficialmente la situación de Europa en la época, en el Capítulo 1º se dibujan las directrices para la “construcción” de la Europa de la posguerra de una manera prolija y densa. En el 2º Capítulo se destaca la necesidad de la Unidad Europea dentro de un sistema federal, que el Manifiesto no detalla, a la espera de la situación que se diera al finalizar la Segunda Guerra Mundial. En el Capítulo 3º se dibuja una reforma de la sociedad cuyas bases serían la abolición de la propiedad privada y la “reducción” a la esfera personal de la religión católica, fijando de manera irrevocable la supremacía del Estado federado sobre la vida civil. Se propicia una crisis revolucionaria en sentido igualitario para eliminar las clases parasitarias (sic) y se exige el control de la Educación por parte del Estado (Órganos Centrales de la Federación).
El Derecho Natural no se menciona en parte alguna del Manifiesto.
Altiero Spinelli tuvo una larga vida dentro y junto al PCI, llegando a altos niveles en los órganos de la Comunidad Europea. En marzo de 1945 organizó en París la 1ª Conferencia Federalista Europea, a la que invitó a Emmanuel Mounier, con quien estrechó relaciones.
Ernesto Rossi era un declarado anticlerical, que intentaba (según los principios cavourianos de “libre iglesia en libre estado” en el sentido de limitar (como afirma el Manifiesto) la actividad religiosa a la esfera estrictamente personal.
Eugenio Colorni fue eliminado por la policía del régimen fascista en Roma el 30.05.1944, poco antes de que las tropas aliadas entrasen en la Ciudad Eterna.
El 2021, a los 80 años de la redacción del Manifiesto de Ventotene, la UE le otorgó el Sello del Patrimonio Europeo.
No sé cuántos de los que se llenan la boca con él lo habrán leído. Leerlo es escalofriante y mucho más pensar que hoy pueda ser el argumentario ideológico de la dichosa UE justamente contra la cual, tal y como es hoy, hay que oponer, desde mi punto de vista, todas las fuerzas disponibles.
Martin Penn* (07.05.2023)
* Martin Penn es un recalcitrante luchador y defensor de la Verdad.
por José-Ramón Ferrandis | 6 May 2023 | Cambio climático
En España[1] jugamos (no mucho, ciertamente) a hockey sobre patines. Es un deporte de trazas vertiginosas, que enfrenta a cinco jugadores contra otros cinco, Se utilizan patines de ruedas, palos de jockey curvos y una bola de material duro, que se intenta introducir en porterías de pequeñas dimensiones. Todo ello sobre un suelo firme, sintético, de cemento o de madera.
En Norteamérica (básicamente en Canadá y los Estados del norte de los EE. UU., además de en Rusia, los países nórdicos y Chequia, sobre todo), se juega a otro hockey. Cinco contra cinco también, pequeñas porterías igualmente, pero se hace sobre hielo[2] y no se utiliza pelota, sino un puck[3], así como patines para hielo, con una afilada guía. Es un deporte brutal, pues el impacto entre jugadores, que se desplazan a gran velocidad, está permitido. Las peleas son habituales. Parece cosa de bárbaros.
El palo de hockey no es curvo, sino plano, para así poder impulsar el puck con más seguridad. Y ya he llegado a donde quería, ustedes perdonen la larga introducción. En nuestros días, cuando se habla de “palo de hockey”, sólo vagamente se piensa en el deporte que lo utiliza. En el imaginario colectivo, la expresión se refiere a un constructo que tres científicos dedicados a analizar anillos de árboles[4], Michael E. Mann[5], Raymond S. Bradley y Malcolm K. Hughes publicitaron hace años. ¿Y qué dijeron estos tres señores en un artículo publicado en Nature[6] en 1988?
Pues, tras estudiar los anillos de algunos árboles sitos en las Montañas Rocosas de los EE. UU., la tesis fue que el incremento de CO2[7] iba paralelo al crecimiento de las temperaturas en el mundo. No sólo era correlativo, sino que – afirmaron – había una causación entre el CO2 (sus emisiones, para ser exactos) y el alza en la temperatura de la atmósfera del hemisferio norte desde el año 1400 hasta finales del Siglo XX. Seguro que les suena[8].
¿Cómo pudieron llegar a esa conclusión? Por un lado, los autores efectuaron una inferencia o cálculo aproximado de las temperaturas previas a las medidas instrumentalmente a finales del Siglo XIX. Luego las conectaron con las temperaturas medidas científicamente en la era instrumental. Así construyeron una serie larga. Para interpretar las cifras de temperaturas referidas al período entre el Siglo XV y finales del XIX (ambos inclusive), hubieron de utilizar variables indirectas o proxy[9].
Ese método de reconstrucción de temperaturas fue diseñado por Michael Mann. Los datos procedentes del análisis de los anillos de crecimiento de los árboles fueron tratados estadísticamente y eso permitió a los autores establecer aproximadamente la temperatura que se dio, en el área donde crecían esos árboles, en el período considerado.
Dos de las especies de árboles utilizadas en el análisis son significativas por su fuerte ponderación en el estudio que efectuó Mann. Se trata del Bristlecone Pine, Pinus Aristata[10] o pino del Colorado y el Limber Pine, Rocky Mountain White Pine o Pinus flexilis. Muchos de los datos utilizados por Mann y su equipo fueron preparados por Keith Briffa[11].
La construcción de Michael Mann aboca a una conclusión simple: desde la primera fecha considerada hasta los inicios del Siglo XX, los autores muestran – en un gráfico ampliamente publicitado, el famoso “palo de hockey” – que la línea de las temperaturas es prácticamente plana a lo largo del tiempo, hasta que, en el Siglo XX, la línea asciende abruptamente.
¿Cuál es el significado de esta alza en la temperatura, a sus ojos? La respuesta es clara: la Tierra se calienta. Y la interpretación no tardó en llegar, aunque en realidad de eso se trataba: se calienta porque las emisiones de CO2 producidas por el ser humano así lo posibilitan. ¿Y cómo lo consiguen? Pues a través del mecanismo conocido como “efecto invernadero”, que básicamente consiste en que la energía solar de onda corta entra en la atmósfera y, al rebotar, queda capturada por los gases de efecto invernadero[12] (GEI) que se encuentran en ella, produciendo el calentamiento de la atmósfera terrestre, de manera análoga a como si se hallara dentro de un gigantesco invernadero[13]. De ahí se seguía (en la tesis de Mann et al.) que el aumento del porcentaje de dióxido de carbono de origen humano se asociaba causalmente con el aumento de las temperaturas de la atmósfera.
El trabajo fue ilustrado con un gráfico que recibió el nombre de “palo de hockey” [14], por la forma de la línea de las temperaturas en los últimos 600[15] años. El “palo de hockey” fue utilizado durante la reunión de presentación del Tercer Informe de Evaluación del IPCC[16] (2001) como ejemplo de la opinión dominante entre los climatólogos sobre las razones del incremento de temperaturas a partir de 1950. Este que ven al pie es el segundo gráfico, que corresponde al segundo trabajo de reconstrucción de las temperaturas globales, entre el año 1000 y el 2000 (Mann, Bradley y Hughes, 1999[17]). Tiene un aspecto algo más profesional que el primero, así que prefiero utilizar éste.

https://www.google.es/search?q=Northern+Hemisphere+Temperatures+During+the+Past+Millennium%3A+Inferences%2C+Uncertainties&hl=es&tbm=isch&sxsrf=APwXEdcbgBaSPlIEo00c9jY0UTcRrNlkmQ%3A1682950320360&source=hp&biw=1366&bih=649&ei=sMhPZMCHFN3ZkdUPk9KfyAg&iflsig=AOEireoAAAAAZE_WwNIfAB2iKSdiBGnF3Y8Hz2YAU2Z4&ved=0ahUKEwjAn5LAptT-AhXdbKQEHRPpB4kQ4dUDCAc&uact=5&oq=Northern+Hemisphere+Temperatures+During+the+Past+Millennium%3A+Inferences%2C+Uncertainties&gs_lcp=CgNpbWcQAzIHCCMQ6gIQJzIHCCMQ6gIQJzIHCCMQ6gIQJzIHCCMQ6gIQJzIHCCMQ6gIQJzIHCCMQ6gIQJzIHCCMQ6gIQJzIHCCMQ6gIQJzIHCCMQ6gIQJzIHCCMQ6gIQJ1DTDliuLGDhPmgBcAB4AIABAIgBAJIBAJgBAKABAqABAaoBC2d3cy13aXotaW1nsAEK&sclient=img#imgrc=A1gIl-zBS06tQM
El área en color gris representa la varianza de los datos, es decir, la incertidumbre.
El palo de hockey se convirtió en trending topic, como se dice ahora de algo que se repite incesantemente en los medios. Y aparecieron versiones más pintureras y coloristas. Como ésta que ven más abajo, la más divulgada. El trazo en color azul muestra las temperaturas del hemisferio norte. La franja azul pálido refleja el rango de incertidumbre. Los puntos verdes son una reconstrucción (realizada posteriormente, en 2013) de las temperaturas por períodos de 30 años. El trazo rojo muestra las temperaturas globales medias entre 1850 y 2013, origen HADCRUT[18]. Su último tramo es una proyección.

https://www.google.es/search?q=Northern+Hemisphere+Temperatures+During+the+Past+Millennium%3A+Inferences%2C+Uncertainties&hl=es&tbm=isch&sxsrf=APwXEdcbgBaSPlIEo00c9jY0UTcRrNlkmQ%3A1682950320360&source=hp&biw=1366&bih=649&ei=sMhPZMCHFN3ZkdUPk9KfyAg&iflsig=AOEireoAAAAAZE_WwNIfAB2iKSdiBGnF3Y8Hz2YAU2Z4&ved=0ahUKEwjAn5LAptT-AhXdbKQEHRPpB4kQ4dUDCAc&uact=5&oq=Northern+Hemisphere+Temperatures+During+the+Past+Millennium%3A+Inferences%2C+Uncertainties&gs_lcp=CgNpbWcQAzIHCCMQ6gIQJzIHCCMQ6gIQJzIHCCMQ6gIQJzIHCCMQ6gIQJzIHCCMQ6gIQJzIHCCMQ6gIQJzIHCCMQ6gIQJzIHCCMQ6gIQJzIHCCMQ6gIQJzIHCCMQ6gIQJ1DTDliuLGDhPmgBcAB4AIABAIgBAJIBAJgBAKABAqABAaoBC2d3cy13aXotaW1nsAEK&sclient=img#imgrc=nWlI34H9GUhMAM
La idea del “palo de hockey” parece estar clara. Si el lector no ha notado la forma de palo de hockey que reviste la curva, vean la figura siguiente, del propio Michael Mann, como puede verse en el interior de la caja. Es necesario subrayar que el gráfico se refiere sólo a los pinos, lo que circunscribe el análisis a una zona concreta del Noroeste de los EE. UU.[19].

http://climatereview.net/ChewTheFat/wp-content/uploads/2012/01/2000-Years-of-Temperature-The-Hockey-Stick.jpg
Por último, los efectos de esta entrega, en otra reconstrucción de temperaturas efectuada por Michael Mann (en rojo), ésta se superpone a la concentración de CO2 (en azul)[20]. La gráfica orienta evidentemente hacia una interpretación única: la emisión de gases de efecto invernadero (sobre todo el CO2) procedente de la actividad industrial humana[21] es la única variable que se correlaciona con la temperatura. Verde y con asas.

https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/9/90/CO2-Temp.png/800px-CO2-Temp.png
Es cierto que desde el principio se criticó que en ninguno de los gráficos divulgados se encontraran reflejados ni el conocido Período Cálido Medieval[22], también llamado Óptimo Climático Medieval, ni tampoco la igualmente datada Pequeña Edad de Hielo[23] que tuvo lugar acto seguido. Ambas habían desaparecido por completo. Pero esto no es sino algo evidente, que no necesita de ulteriores demostraciones. Habrá más.
Esta es, en síntesis, la historia del “palo de hockey”. Creo que con estos gráficos queda suficientemente claro el planteamiento de Michael Mann. En próximas entregas vamos a ver qué hay de cierto en ello.
[1] Así como en Italia, Portugal y Argentina, fundamentalmente.
[2] Son países fríos, y originalmente se jugaba sobre superficies heladas en la naturaleza invernal.
[3] El puck es un disco duro de cierto grosor que alcanza grandes velocidades al ser impulsado sobre el hielo,
[4] Hay una ciencia que recoge ese saber. Se llama dendroclimatología.
[5] Michael Evan Mann (1965) es un climatólogo norteamericano, licenciado en matemáticas aplicadas y física (1989) y licenciado en Física en la Yale University (1991). Es doctor en Geología y Geofísica en la Yale University (1998). Es conocido por su contribución a la interpretación del cambio climático basado en el análisis de variables proxy asociadas a las temperaturas de los últimos 1.000 años. Fue uno de los ocho autores del trabajo «Observed Climate Variability and Change» del Capítulo correspondiente al Third Scientific Assessment Report del Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC) en 2001. El IPCC afirmó que ese trabajo había contribuido a que el conocido político del partido demócrata, Al Gore obtuviera el Premio Nobel de la Paz de 2007, al alimón con el propio IPCC, “Por sus esfuerzos para construir y difundir un mayor conocimiento sobre el cambio climático provocado por el hombre, y para sentar las bases de las medidas que son necesarias para contrarrestar ese cambio”.
[6] Mann, Michael E.; Bradley, Raymond S.; Hughes, Malcolm K. (23 April 1998), «Global-scale temperature patterns and climate forcing over the past six centuries» (PDF), Nature, 392 (6678): 779–787, Bibcode:1998 Nature.392.779M, doi:10.1038/33859. Corrigendum: Mann, Bradley & Hughes 2004. En 1999 apareció otro artículo, ampliando los plazos considerados, en Geophysical Research Letters.
[7] He dado un salto lógico (como es habitual en esta historia del palo de hockey), pero vuelvo sobre mis pasos. Cuanta más lluvia, concentración de CO2, orientación al sol y frecuencia de insolación recibe un árbol, más crecen sus anillos. Año seco, anillos estrechos. Año cálido, anillos anchos. Más CO2, más anchos son los anillos. Y así.
[8] Esta tesis del palo de hockey ha sido decisiva en el conjunto de hitos calentológicos. Es, probablemente, el referente más importante para toda una generación. Mann ha pasado a la Historia sólo por eso. Aproximadamente como Lysenko pasó en su día al enfrentarse a la Ciencia y generar un desastre productivo en la URSS por mor de las políticas del PCUS,.
[9] Proxy se utiliza en su sentido de indicador indirecto, del cual se puede inferir el comportamiento de otra variable. En paleoclimatología, un proxy climático es un registro natural que conserva características físicas del pasado, las cuales permiten medir por analogía condiciones meteorológicas y climáticas de otros momentos de la historia de la Tierra. En este caso, la anchura de los anillos de ciertos árboles se usa en climatología para inferir cambios en precipitaciones y temperaturas del pasado. Una variable proxy es, pues, una variable indirecta, que permite aventurar con algún grado de precisión la evolución de determinados componentes cuyo comportamiento no es posible medir directamente.
[10] El Pinus Aristata o pino de Colorado es la segunda especie de más lento crecimiento de todas las coníferas. Es nativo de los Estados Unidos, donde se encuentra en las Montañas Rocosas en Colorado y la parte norte de Nuevo México, con una población aislada en los San Francisco Peaks de Arizona. Se encuentra a unas altitudes muy elevadas, entre 2.500 y 3.700 m., en condiciones de clima subalpino frío y seco, a menudo en el límite del arbolado, aunque también forma agrupaciones a alturas menores. El Pinus aristata es un árbol duradero, aunque no llega a la longevidad del Great Basin Bristlecone Pine (Pinus longaeva) la especie más duradera de la que se tiene noticia, que crece en el Mount Evans de Colorado. Se ha confirmado el hallazgo de un ejemplar cuyos anillos indicaban una edad de 2.435 años.
[11] Keith R. Briffa (1952/2017) fue un climatólogo británico, subdirector de la Climatic Research Unit, Universidad de East Anglia. Se especializó en dendroclimatología. Estudió biología en la Universidad de East Anglia. Completó su doctorado en la misma Universidad. Briffa lideró la elaboración del Capítulo 6 (Paleoclimatología) del Grupo de Trabajo I del Fourth Assessment Report of the Intergovernmental Panel on Climate Change del IPCC correspondiente a 2007.
[12] Los GEI son varios: el vapor de agua, el CO2 o dióxido de carbono, el CH4 o metano, el N2O u óxido nitroso, los clorofluorocarbonos y trazas de otros gases GEI.
[13] Es bien conocido que el efecto invernadero es el que posibilita la vida en la Tierra; de no haber atmósfera y, por tanto, de no existir ese efecto invernadero, la temperatura media anual seria de aproximadamente – 18°C. Sin el efecto invernadero (que implica ~+33°C), el planeta sería inhabitable.
[14] El término palo de hockey es obra del climatólogo Jerry Mahlman, director del Laboratorio Geofísico de Dinámica de Fluidos de la NOAA, National Oceanic and Atmospheric Administration, en Princeton (EE. UU.). Con esa analogía describió el patrón de las temperaturas que era aparente en el gráfico.
[15] A este artículo inicial de 1998 le siguió otro inmediato posterior que se remontaba hasta el año 1000 después de Cristo.
[16] El IPCC es el Intergovernmental Panel on Climate Change, un organismo de la ONU.
[17] Northern Hemisphere Temperatures During the Past Millennium: Inferences, Uncertainties, and Limitations. Michael E. Mann and Raymond S. Bradley. Copyright 1999 by the American Geophysical Union.
[18] HADCRUT es el acrónimo de Hadley Centre/Climatic Research Unit Temperature. Se refiere al conjunto de datos de mediciones mensuales de temperatura obtenido por combinación de dos tipos de fuentes: las de temperatura de la superficie del mar, compiladas por el Hadley Centre de la Meteorological Office del Reino Unido y las de temperatura del aire de la superficie de las áreas emergidas, compiladas por la Climatic Research Unit (CRU) de la University of East Anglia. Los datos terrestres son proporcionados por una red de estaciones con grandes problemas de homogeneidad y de transformación del entorno a lo largo del tiempo, lo que ha provocado que se hayan elaborado sucesivas versiones: HADCRUT1, HADCRUT2, HADCRUT3 y HADCRUT4. HadCRUT4 es de 2012. Sus modificaciones (referidas a retoques en los sesgos en los ajustes de las temperaturas y a la ampliación de los modelos que describen las incertidumbres en las mediciones) han producido un incremento en las temperaturas medias estimadas para el período 1850/1955, haciendo descender las que se encuentran entre 1925 y 2005.
[19] http://climatereview.net/ChewTheFat/wp-content/uploads/2012/01/2000-Years-of-Temperature-The-Hockey-Stick.jpg
[20] https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/9/90/CO2-Temp.png/800px-CO2-Temp.png
[21] Es fundamental introducir la adjetivación “humana” o antropogénica para cuanto ha venido después.
[22] Que tuvo lugar aproximadamente entre el año 900 y el 1300 después de Cristo.
[23] Que se desarrolló entre los años 1350 y 1850.
por José-Ramón Ferrandis | 4 May 2023 | Autores invitados
Escrito por Walden Fernández Lobo*
Ernest Miller Hemingway nació en eI estado de Illinois (USA) en 1899. Se le considera uno de los novelistas norteamericanos más importantes del siglo XX. Desde bien joven mostró una gran afición por las emociones fuertes; en este sentido no se equivocó naciendo cuando nació, pues tuvo la oportunidad de ser testigo de dos guerras mundiales y otra guerra menor, pero bastante feroz, la guerra civil española. Todas estas experiencias las fue llevando a sus novelas. Así las de la primera guerra mundial le sirvieron de base para su novela A farewell to arms (Adiós a las armas), publicada en 1929. Las de la guerra civil española, como corresponsal, para la que se considera como su novela más famosa, For whom the bell tolls (Por quién doblan las campanas).
Pero su amor por España ya le había venido de antes, pues en 1926 publicó la primera novela que le haría famoso y que se titula The sun also rises (El sol también se levanta), pero que fue traducida a nuestro idioma como Fiesta. Ya llevaba varios años viviendo en París como corresponsal y conviviendo con algunos compatriotas suyos pertenecientes a la generación perdida de los años 20. En 1923 un grupo de ellos se desplazaron a Pamplona para asistir a los sanfermines, durante los cuales se suceden una serie de aventuras amorosas y al final la historia termina en Madrid. Hace, pues, 100 años que Hemingway visitó España por primera vez y se enamoró de nuestro país. Algunos dicen que fue el vino el que le ocasionó este enamoramiento; es cierto que le encantaba el vino de Rioja, pero su gran afición era la fiesta nacional, los toros, y de ahí la traducción libre de Fiesta. Unos cuantos años más tarde, en 1932, publicó Death in the afternoon (Muerte en la tarde), donde analizó las tradiciones de las corridas de toros españolas, así como la naturaleza de la vida y la muerte. Pero volviendo a la novela anterior, que como acabamos de decir concluye en Madrid, es cierto que le impresionó Pamplona, pero Madrid acabó siendo su verdadero amor, la capital del mundo, como la tituló en un cuento. Al final de la novela, el protagonista de esta, Jake Barnes, un periodista norteamericano, se encuentra con su amor, Brett Ashley, en Madrid. Y esto es lo que hicieron al mediodía:
«Almorzamos en Botín, en el comedor de arriba. Es uno de los mejores restaurantes del mundo. Tomamos cochinillo asado y bebimos Rioja alta. Brett no comió mucho. Nunca comía mucho. Yo tomé un buen almuerzo y bebí tres botellas de Rioja alta.»
Que Botín, localizado al lado de la plaza Mayor de Madrid e inaugurado en 1725, siga siendo uno de los mejores restaurantes del mundo es muy cuestionable; pero lo que sí es cierto es que es el restaurante más antiguo del mundo según el Guinness World Records, a punto ya de cumplir 300 años. Y lo que también es un hecho es que 100 años después de que Hemingway comiera allí, todavía siguen viniendo norteamericanos a comer cochinillo asado y visitar la sala donde se sitúa la escena final de la novela. En 1957 fue llevada al cine con Ava Gardner y Tyrone Power como protagonistas.
Pero como ya hemos comentado, la novela más famosa de Hemingway fue Por quién doblan las campanas, localizada también en España durante la guerra civil del 36, que él vivió como corresponsal, siendo publicada en 1940. Cuando leí esta obra, lo hice en el original en inglés. Ya desde el principio me encontré con un problema, pues en el prefacio
aparece una cita de John Donne, un poeta metafísico inglés del siglo XVI; algo parecido a leer a Santa Teresa de Jesús o a San Juan de la Cruz en su idioma original. Esa cita, traducida a nuestro idioma, dice lo siguiente:
«Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo del continente, una parte de la masa…. La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; y por consiguiente nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti.»
Hasta que no terminé de leer la novela, no supe a qué venía esta cita que daba el título de ésta. Pero el argumento es el siguiente. El protagonista, Robert Jordan, apodado el inglés, es un estadounidense que colabora como dinamitero de las brigadas internacionales y al que le encargan la voladura de un puente en la sierra de Guadarrama para cerrar el paso a las tropas nacionales durante la ofensiva de Segovia. Al llegar a la zona detrás de las líneas enemigas, se encuentra con el grupo que debe ayudarlo en su trabajo y dentro de este conoce a María, una joven de la que se enamora de inmediato y con la que sueña de poder regresar a Madrid, pues acaba de darse cuenta de lo importante que es la vida cuando uno está enamorado. Pero también es consciente de que la operación que va a emprender es muy arriesgada y probablemente puede morir. Y efectivamente Jordan queda malherido durante la operación y, para que los del grupo puedan huir libremente, decide que es mejor que se quede allí mismo a la merced del enemigo. Pero antes se despide de María; esta es una parte del diálogo que mantiene con ella:
«- Guapa (sic en el original en inglés) -dijo a María, cogiéndole las manos entre las suyas-. Oye, ya no iremos a Madrid.
Entonces ella se puso a llorar.
– No, guapa, no llores. Escucha. No iremos a Madrid ahora; pero iré contigo a todas partes adonde vayas. ¿Comprendes?
Ella no dijo nada. Apoyó la cabeza contra la mejilla de Robert Jordan y le echó los brazos al cuello.
– Oye bien, conejito -dijo-, lo que voy a decirte. – Sabía que era preciso darse prisa y estaba transpirando abundantemente; pero era menester que las cosas fueran dichas y comprendidas. – Tú te vas ahora, conejito, pero yo voy contigo. Mientras viva uno de nosotros, viviremos los dos. ¿Lo comprendes?
– No. Me quedo contigo.
– No, conejito. Lo que hago ahora, tengo que hacerlo solo. No podría hacerlo contigo. ¿Te das cuenta? Cualquiera que sea el que se quede, es como si nos quedáramos los dos.
– Yo quiero quedarme contigo.
– No, conejito, oye. Esto no podemos hacerlo juntos. Cada cual tiene que hacerlo a solas. Pero si te vas, yo me voy contigo. De esa manera, yo me iré también. Tú te vas ahora; sé que te irás. Porque eres buena y cariñosa. Te vas ahora para que nos vayamos los dos.»
Esta escena final es sobre todo una oda a la vida. Pero hasta que uno no llega a este punto, que es ya al final de la novela, no comprende el sentido del prólogo de John Donne. La obra tuvo una gran aceptación desde su publicación en el 40. Y en el 43, en plena segunda guerra mundial, se estrenó la película con el mismo título, protagonizada por Gary Cooper en el papel de Robert Jordan e Ingrid Bergman en el de María, película que tuvo también un rotundo éxito comercial y además nueve nominaciones a los premios Óscar.
Y después de la guerra civil española, la segunda guerra mundial, durante la cual Hemingway actuó también como corresponsal de guerra, asistiendo al desembarco de Normandía y a la liberación de París por los aliados. Pero también siguió viniendo a su querida España, aunque tardó 14 años en volver, es decir, hasta el 53 y lo hizo sabedor de que no iba a tener ningún problema con la España franquista por haber colaborado con las brigadas internacionales durante la contienda. Y así fue. Sorprendentemente no le sucedió lo mismo en su propio país, como veremos en breve. Varios viajes se sucedieron en un breve intervalo y los españoles se habituaron a llamarle cariñosamente don Ernesto. La última vez que estuvo aquí fue en el 59, dos años antes de su muerte, para realizar un reportaje encargado por la revista Life sobre la rivalidad entre los toreros Luis Miguel Dominguín y Antonio Ordóñez -¿a quién sino a Hemingway se lo habrían encargado?-. Y es que el primero de estos diestros, tras su turbulenta relación con Ava Gardner, que tanto exasperó a Frank Sinatra, y su posterior matrimonio con la actriz italiana Lucia Bosè, se había convertido en un personaje preferido por la prensa rosa.
La salud de Hemingway ya se había deteriorado bastante: quedó malherido al final de la primera guerra mundial y en el 54 sufrió dos accidentes aéreos sucesivos en África que lo llevaron a las puertas de la muerte. Como escritor su fama estaba fuera de duda y se lo considera como uno de los mejores novelistas norteamericanos del siglo XX, acaso el más famoso. Su estilo conciso, sobrio y directo le valió el premio Pulitzer en 1953 y el Nobel de literatura el año siguiente. Tras su regreso del último viaje a España, sus problemas de salud se agravaron todavía más. Fue tratado con una terapia electrocompulsiva muy agresiva que lo dejó todavía peor. Bastantes años después de su muerte cayó en mis manos un ejemplar de La Gaceta Ilustrada en el que vi casualmente un artículo sobre los últimos días de Hemingway. Era la primera vez que tenía conocimiento de este personaje. El autor del artículo era un tal A. E. Hotchner, amigo y también el mejor biógrafo de Hemingway. Todavía recuerdo algunos pasajes del artículo. En uno de ellos Hotchner le pregunta a Hemingway por qué quiere morir y este le contesta:
«¿Qué es la vida? Estar fuerte; trabajar duro; comer y beber con los amigos; disfrutar en la cama. Yo no tengo ninguna de esas cosas.» Dicho sea de paso, Hemingway se casó cuatro veces y tuvo tres hijos. También añadió que le frustraba mucho el que, dondequiera que fuera, siempre le preguntaban cuál era el título de su próxima novela, cuando ya casi no era capaz de ordenar lo que había escrito.
En esta última parte de su vida Hemingway se quejaba de que el FBI seguía sus pasos, pero sus familiares y amigos pensaban que esto era una paranoia, una manía persecutoria. Sin embargo, cuando en 1980 esa agencia gubernamental hizo públicos algunos de sus archivos sobre Hemingway, resultó que este sí estaba en lo cierto, para gran sorpresa de Hotchner, y que este seguimiento pudo precipitar el desenlace final. Este desenlace se produjo el 2 de julio de 1961, cuando Hemingway se disparó en la boca con su escopeta preferida 19 días antes de que hubiera cumplido los 62 años.
Parece que el gen suicida anidaba en su familia: su padre se suicidó en 1928 a los 57 años; otros dos hermanos suyos también se suicidaron después de que Ernest lo hiciera; sus hijos vivieron entre la depresión y el alcoholismo; y para rematar, una nieta suya, Margaux Hemingway, que había adquirido cierta fama como actriz, también se suicidó a los 42 años en Santa Mónica (California) en 1996. En resumen: cinco suicidios a lo largo de tres generaciones discontinuas.
Así vivió y así murió este viejo león de la literatura, «Papa» Hemingway, como le solían llamar cariñosamente sus familiares y amigos, un vividor cuya afición innata por las escenas fuertes y violentas acortaron su vida e incluso lo llevaron al borde de la muerte. Aquellos que hemos admirado su obra y, como es mi caso, le estamos agradecidos por habernos ayudado a perfeccionar nuestro nivel de inglés, sentimos mucho la forma en que murió. También le agradecemos el amor que sintió por nuestro país y su cultura. En cierta ocasión dijo que a menudo, cuando se encontraba en su país, se sorprendía de que estuviese hablando consigo mismo en español. Sería una buena idea la de promocionar nuestro idioma como la lengua franca del diálogo interno. Pero volviendo nuevamente a su triste final, ¿cómo es posible que una persona como él, que escribió la oda a la vida que es el diálogo final entre Robert Jordan y María de su famosa novela y que esta historia de amor entre los dos, protagonizada por Gary Cooper e Ingrid Bergman, es en opinión de los entendidos en la materia una de las más bellas de la historia del cine, (cómo es posible) que pusiera punto final a su vida de esa manera? De momento ahí queda la pregunta.
* * *
Violeta del Carmen Parra Sandoval (1917 – 1967) fue una cantante y compositora chilena, una de las principales compositoras folclóricas de América del Sur. Una de sus canciones más famosas se titula Gracias a la vida, versionada por muchos intérpretes, como Joan Báez, María Dolores Pradera, Plácido Domingo, Raphael, Alberto Cortez, Ana Belén, etc. La canción comienza así:
«Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me dio dos luceros, que cuando los abro,
perfecto distingo lo negro del blanco
y en el alto cielo su fondo estrellado
y en las multitudes el hombre que yo amo.»
Se trata de otra oda a la vida que Violeta publicó en 1966. Sin embargo, en una ocasión dijo que uno tenía que decidir el momento de su muerte; que ella decidiría el momento en que quisiera morir. Pues, bien, en 1967, un año después de publicar esta canción y a los 49 años de edad, se disparó en la cabeza como Hemingway.
Nuevamente retomamos la pregunta que nos hemos formulado al final de la semblanza de Hemingway y ahora también de Violeta Parra: ¿cómo es posible que estos autores de tan bellas odas a la vida acabaran suicidándose? Con el respeto que nos merecen los que decidieron poner fin a sus vidas de esta forma, puesto que ellos, encontrándose ya en otro nivel de la existencia, no pueden comunicarse con nosotros, los que nos encontramos deambulando por este valle de lágrimas, vamos a intentar esbozar una explicación.
Todos los cristianos conocen el significado de su logo, la cruz, el símbolo de la redención. Pero esta cruz también encierra otra simbología muy interesante: la de ser una intersección de dos dimensiones, la vertical y la horizontal. La dimensión vertical es la del Ser y va desde el suelo, donde se encuentra la roca inerte, pero que existe, hasta el cielo, que es donde convencionalmente situamos el lugar donde «tiene su residencia» el creador del universo. Por este motivo es la dimensión que otorga el sentido de transcendencia a nuestra vida. La dimensión horizontal es la del mundo de los sentidos que suministran información a nuestra mente, es decir, la dimensión del mundo que percibimos habitualmente. Es cierto que la vida es preciosa, muy bella, y así la cantan poetas y músicos; pero todos nos tenemos que enfrentar en algunos momentos de nuestras vidas a situaciones adversas que nos ponen a prueba y que nos pueden llevar incluso a salidas límite como el suicidio. Si nuestra vida está equilibrada, nos encontraremos en la intersección de las dimensiones vertical y horizontal, es decir, en el centro de la cruz. En este supuesto, aunque nuestra vida nos parezca miserable y sin sentido, también sabemos que estamos conectados con la esfera del Ser y esto nos llevará a a sentir un profundo respeto por la vida, que será como un don sagrado. Cuándo y dónde nacemos, cuándo morimos; todo esto son cosas que emanan de la dimensión del Ser y que otro decide por nosotros, no podemos determinarlo por nosotros mismos. Pero si solo vemos la vida desde la dimensión horizontal, entonces nuestras experiencias negativas nos pueden llevar a salidas extremas y al suicidio, como les sucedió a Hemingway y a Violeta Parra.
* * *
Otro que también está preocupado por el tañido de las campanas es Paul McCartney, el alma de los Beatles, sí, el alma y también la cara bonita de este mítico grupo; John Lennon era el cerebro. Paul nació en Liverpool en 1942, aunque su apellido nos indica que era de origen irlandés (el prefijo Mc- significa lo mismo que nuestro sufijo -ez, como en Gonzál-ez: hijo de…). Compuso muchas canciones con este grupo; la más famosa es una bastante melancólica, Yesterday (ayer), que según el libro Guinness de los records es la canción más radiada de la historia y la más versionada del mundo por intérpretes como Frank Sinatra o Elvis Presley. Es interesante conocer cómo se gestó esta canción. En una mañana de otoño de 1963 Paul se despertó con una melodía rondándole la cabeza y supuso que había debido oírla en alguna parte. Pero a nadie le sonaba ese tema, por lo que decidió componer una canción sobre él; sin embargo, como no le venía a la mente ninguna letra que se acomodarse a la melodía, la tituló «Scrambled eggs» (huevos revueltos) y la dejó en espera. Pasaron dos años así, hasta que en el 65 voló con su novia hacia España para pasar unas vacaciones. Algún tiempo después salieron en coche hacia la costa meridional portuguesa. Mientras su novia dormitaba a su lado, Paul comenzó a darle vueltas a la melodía hasta que de pronto apareció la palabra Yesterday, cuyas tres sílabas encajaban con lo de la «tortilla francesa» y luego le fue viniendo el resto de la letra. Estos son los primeros versos en una traducción libre por nuestra parte:
«Ayer todos mis problemas parecían muy lejos;/ ahora parece como si estuvieran aquí presentes para permanecer/ oh, yo creo en el ayer. / De pronto no soy ni la mitad del hombre que acostumbraba a ser;/ hay una sombra colgando sobre mí/ oh, el ayer llegó de pronto».
Bien, no hay duda de que los paisajes de nuestro país son una buena fuente de inspiración para propios y extraños. Es decir, que los monjes del monasterio de Santo Domingo de Silos plantan un ciprés dentro del claustro y años más tarde lo contempla el poeta Gerardo Diego e inmediatamente compone el famoso soneto:
«Enhiesto surtidor de sombra y sueño / que acongojas el cielo con tu lanza/…Mástil de soledad…»
Pero volvamos a Paul McCartney. En su 14⁰ álbum en solitario, titulado Memory almost full (Memoria casi llena) hay una canción, The end of the end (El fin del fin), en la que Paul se pregunta cómo quisiera ser recordado después de su muerte. Estos son algunos de los versos de esta canción:
«El día en que me muera me gustaría que se contaran chistes/ y que las historias de antaño se extiendan como alfombras/ …El día en que me muera quisiera que sonaran campanas/ y canciones que se cantaron para ser colgadas como mantas/ …»
Parece que Paul se inspiró en una vieja tradición del Irish wake o velatorio irlandés, donde no solo se llora la pérdida de un ser querido, sino que también hay momentos más alegres y se cuentan chistes e historias de antaño, frente a la solemnidad y seriedad del velatorio anglicano. También parece que Paul McCartney está llevando una vida ordenada y que es consciente de la dimensión vertical de esta. Es una persona que ha sido muy afortunada: ya ha cumplido los 80 años y todavía sigue en activo, por lo que es de suponer que esperará pacientemente a que otro decida el momento en que doblen por él las campanas. Que así sea.
* Walden Fernández Lobo nació en el municipio de Aller (Asturias) en 1948. Es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia (1971), Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales (especialidad en Economía general: monetaria, fiscal e internacional) por la universidad complutense de Madrid (1977) y Técnico Comercial y Economista del Estado desde 1981. Además de en Madrid, ha estado destinado, por este orden, en Bruselas, Budapest (Consejero Económico y Comercial en la embajada de España, Alicante (Director Territorial), Badajoz (Director Territorial) y en Lisboa (Consejero Económico y Comercial en la embajada de España).