por José-Ramón Ferrandis | 1 Nov 2023 | Cambio climático
Parece quedar claro y estar probado que el CO2 de origen humano no es ni puede ser motor de cambio climático alguno. También es (cada vez más) evidente que las medidas que adoptan las entidades supranacionales (me refiero a la Unión Europea) y los Estados son enormemente dañinas para las economías occidentales, es decir, para la mayoría de sus ciudadanos.
Lo que no resulta tan evidente es quién empezó con esta historia del “calentamiento global antropogénico” luego rebautizada. Ni se suele conocer por qué y para qué se hizo. En ese ámbito del conocimiento no hay tanta información, pero tiene que haberla porque es fundamental para entender cómo hemos llegado hasta aquí. Vamos a ello.
Todo empezó[2], probablemente[3], con Rachel Carson[4]. La autora de “La primavera silenciosa” (1962) falseó la realidad para que se prohibiera la fabricación del Dicloro Difenil Tricloroetano (DDT). Este compuesto químico había demostrado sobradamente ser capaz de acabar con la malaria al bloquear el ciclo reproductivo[5] del vector transmisor de la enfermedad, el mosquito Anopheles. El DDT se deposita como una fina capa de grasa sobre la superficie de las aguas estancadas, impidiendo a las larvas salir a la superficie y cortando el problema de raíz. ¿Resuelto? Al principio, sí, con gran éxito. Pero entonces se publicó el opúsculo de Carson, “La primavera silenciosa”.
Su argumento era catastrofista: el mundo se iba a quedar sin avecillas canoras. El mecanismo era el siguiente: los insecticidas (el DDT, básicamente) utilizados para acabar con algunas plagas iban a debilitar la cáscara de los huevos de las aves. Rota la cáscara prematuramente, los pájaros no nacerían y la primavera perdería sus cantos.
Detrás de esa hipótesis había datos incorrectamente agrupados, argumentos científicos inconsistentes y una voluntad clara de culpabilizar a los productos químicos y a la industria.
Que las muertes por malaria se dispararan (desde 1972, fecha de prohibición del DDT) en todo el mundo, sobre todo en África Negra, no importaba. Sigue sin importar. Son millones de muertos por malaria. Lo importante para los sedicentes amantes del planeta por encima de todo, lo trascendente, fue la emergencia del movimiento medioambientalista y la creación de la EPA[6] (1970). Era presidente de los Estados Unidos Richard Nixon.
También en 1970 se celebró una conferencia para el estudio de asuntos medioambientales críticos (o que parecían serlo), como el problema (inexistente) que los escapes de los motores de los aviones supersónicos iban a suponer para la capa de ozono y para la vida en la Tierra. Argumentos científicos no había, pero $ 21 M para estudiar el asunto, sí los hubo. En 1971, el Congreso de los EE. UU. rechazó toda ulterior financiación, pero ya se había dado un paso más en el proceso de concienciación.
En 1974, Paul Crutzen[7], Mario Molina[8] y F. Sherwood Rowland[9] publicaron un documento en el que denunciaban que los clorofluorocarbonos (CFCs) destruían la capa de ozono. Tras miles de estudios hasta mediados de los 80s y frente al descubrimiento del llamado “agujero de ozono” sobre extensas áreas del polo Sur, se firmó en 1987 el Protocolo de Montreal, que prohibía la fabricación y uso de los CFCs[10]. La industria se adaptó, los costes extra pasaron al precio final, pero al menos, el problema existía realmente. Eso sí, el agujero de ozono no termina de cerrarse.
Tras estos asuntos medioambientales pioneros vinieron el invierno nuclear[11], la lluvia ácida, los alimentos genéticamente modificados, los efectos secundarios de las vacunas, el glifosato[12]… . Todos los problemas eran parecidos en lo esencial: no constituían una grave amenaza, o ni siquiera existía tal cosa, como en el caso del invierno nuclear. Los argumentos científicos eran discutibles, pero como todo era por el bien de la Humanidad, ello condujo a fortalecer un movimiento medioambientalista ya convertido en fuerza social y política.
El escenario así establecido viró hacia la energía a lomos de los enfrentamientos entre los grupos de presión relacionados con el carbón y la energía nuclear[13], en un entorno marcado por los intolerables (pero tolerados) embargos de crudo del cártel de la OPEP (1973 y 1979), cuyas consecuencias han sido y son enormes.
Frente a todos estos asuntos, instituciones de variado pelaje subieron al escenario. La primera actuación notable fue la del Club de Roma, fundado en 1968[14] por miembros del Grupo Morgenthau en Bellagio (Italia), en una de las residencias de John Rockefeller. Organizada por Aurelio Peccei[15], sugirió buscar soluciones para la paz y la prosperidad del mundo[16], que requerirían el establecimiento de un orden nuevo[17].
La segunda reacción provino del Massachusetts Institute of Technology (MIT), que con un estudio coetáneo firmado por Jay Forrester[18], presentó las terribles consecuencias del incremento de la población que se daba en el mundo, la reducción (sic) de la producción agraria, el agotamiento (sic) de los recursos no renovables, la creciente producción industrial y la contaminación. Además, ofreció al Club de Roma modelizar sus planteamientos globales.
Con la ayuda de Forrester, el Club de Roma[19] elaboró modelos computacionales para demostrar que los recursos (de todo orden) estaban próximos al agotamiento[20], lo que llevaría a una profunda alteración de los sistemas económicos vigentes. Estos hallazgos se publicaron en 1972 bajo el título de “Los límites al crecimiento”, que se vendió muy bien[21], pero despertó asimismo fuertes críticas.
En tercer lugar, ese mismo año de 1968, Bert Bohlin[22] sugirió a la ECOSOC[23] convocar una conferencia para tratar sobre la interacción del ser humano con el medio ambiente. La Asamblea General de la ONU decidió celebrarla en 1972. En su preparación se gastaron $ 30 M. Asistieron 115 países y tuvo lugar en Estocolmo. Se la conoce por The United Nations Conference on the Human Environment. En las actas de esa reunión consta que se dijeron cosas como: “Vemos a nuestro alrededor creciente evidencia del daño antropogénico en muchas regiones de la Tierra: peligrosos niveles de contaminación en el agua, el aire, el suelo y los seres vivientes; grandes e indeseables alteraciones en la balanza ecológica de la biosfera; destrucción y agotamiento de recursos irreemplazables, dañinos efectos para la salud física, mental y social del Hombre en el entorno creado por el Hombre, particularmente en el residencial y el laboral”.
“El vertido de sustancias tóxicas y de otro tipo y la emisión de calor a la atmósfera, en cantidades tales que exceden la capacidad del medio ambiente de desactivarlas, debe cesar para asegurar que no se inflijan daños serios o irreversibles en los ecosistemas”.
La Conferencia de Estocolmo estableció el medio ambiente como parte de la agenda del desarrollo internacional. Ello condujo a la creación, ese mismo año 1972, del UNEP (United Nations Environment Programme), con sede en Nairobi (Kenia). Maurice Strong[24], su director ejecutivo, convocó la primera reunión del grupo de expertos en cambio climático.
Vayamos a 1988. Ese año, James Hansen[25] (NASA) depuso ante distintos comités del Congreso de los EE. UU.[26], afirmando que las emisiones antropogénicas de gases se correlacionaban con el calentamiento de la Tierra. Propuso medidas para limitar su impacto[27].
En 1991, el Club de Roma produjo su segundo informe[28], cuyo objetivo declarado era “diseñar una estrategia para movilizar a los gobiernos en favor de la seguridad medioambiental y la energía limpia para transformar al mundo de una economía militar (sic) en una civil, deteniendo el calentamiento global y resolviendo el problema de la energía; enfrentando la pobreza del mundo y las disparidades entre los hemisferios norte y sur”.
En el informe se hacía hincapié en el supuesto calentamiento atmosférico por razón del CO2, pero lo importante eran estas perlas: “Parecería como si los seres humanos necesitaran una motivación, un adversario común, para organizarse y actuar juntos en el vacío; hay que encontrar tal motivación para unir a las naciones divididas frente a un enemigo exterior, sea real o inventado[29]. El enemigo común de la Humanidad es el Hombre”.
“En busca de ese nuevo enemigo surgió la idea de que la contaminación, la amenaza del calentamiento global, la escasez de agua, las hambrunas y asuntos similares cuadran entre sí. Todos esos peligros son causados por la intervención humana y sólo las superaremos cambiando actitudes y comportamientos. El enemigo real es la Humanidad misma”.
“Las viejas democracias han funcionado razonablemente bien los últimos 200 años, pero parecen encontrase en una fase de estancamiento autocomplaciente sin liderazgo ni capacidad innovadora”. “La democracia no es una panacea. No lo puede organizar todo y no es consciente de sus limitaciones. Hay que reconocerlo. Aunque suene sacrílego, la democracia no sirve[30] para lo que hemos de enfrentar. La complejidad y la naturaleza técnica de muchos de los problemas actuales no siempre permite a los representantes elegidos tomar decisiones adecuadas a tiempo”.
Al año siguiente, 1992, la ONU organizó la Conference on Environment and Development (The Rio Summit), que llevó a la United Nations Framework Convention on Climate Change, (UNFCCC), con Maurice Strong como secretario general. Lean esta frase del discurso de apertura:
“¿Y si un grupito de líderes mundiales decidiera que el principal peligro para la Tierra procede de las acciones de los países ricos? … Para salvar el planeta, el grupo decide, ¿no es la única esperanza para el planeta que las civilizaciones (sic) industrializadas colapsen? ¿no es nuestra responsabilidad hacerlo posible”?[31] https://www.azquotes.com/author/14256-Maurice_Strong
Pues hay más. Veamos, por ejemplo, el Protocolo de Kioto[32], cuya creación fue propiciada en 1997 por ENRON[33] y British Petroleum, con apoyo de la Presidencia de los EE. UU. (Bill Clinton).
El Protocolo de Kioto se estableció sobre la estructura institucional de la Rio UNFCCC[34] con el fin de obtener el compromiso de los estados-parte para reducir los GEI, sobre todo el C02. El negociador en jefe de los EE. UU., Timothy Wirth, afirmó: “Tenemos que ocuparnos del asunto del calentamiento global. Incluso si la teoría es falsa haremos lo correcto en términos de política económica y medioambiental”.
Yendo más allá, Ottmar Edenhofer[35], copresidente del Grupo de Trabajo III del IPCC, dijo en 2010, sin ambages: “uno tiene que desprenderse de la ilusión de que la política climática internacional es política medioambiental. Por el contrario, la política del cambio climático trata sobre cómo redistribuimos de facto la riqueza del mundo”. “La política climática no tiene casi nada que ver con la protección medioambiental. La COP en Cancún[36] es una cumbre económica durante la que se negociará la distribución de los recursos mundiales (https://www.azquotes.com/author/30831-Ottmar_Edenhofer).
Christiana[37] Figueres, secretaria ejecutiva de la UNFCCC, dijo algo similar: “Esta es la primera vez en la historia de la Humanidad en que nos proponemos la tarea de cambiar el modelo de desarrollo económico que ha prevalecido como poco durante los últimos 150 años, desde la Revolución Industrial” (https://www.azquotes.com/author/32264-Christiana_Figueres)
Como colofón, vean de qué manera enlaza Richard Lachmann, de los Socialistas Democráticos de América, el llamado “cambio climático” con la agenda socialista global (2019): “El cambio climático es un asunto en torno al cual la gente puede unirse sin fronteras, oponiéndose tanto a fascistas como a neoliberales. (El cambio climático) provee un marco en el cual los socialistas pueden unificar las políticas internas e internacionales, lo ideológico y lo práctico, lo personal y lo político… El cambio climático abre una brecha para las políticas socialistas rompiendo el enlace entre crecimiento capitalista y legitimación política” (https://www.dsausa.org/democratic-left/climate-solidarity-and-resistance/)
Supongo que, a estas alturas, el lector ya no albergará más dudas sobre quién está detrás de este cuento de la calentología. Parece estar claro: o acabamos con la Organización de Naciones Unidas[38], o la Organización de Naciones Unidas acabará con nosotros.
[1] Complot, según la primera acepción de la RAE, es “1. m. Conjuración o conspiración de carácter político o social”. Proviene del francés complot.
[2] Este relato está recogido en lo fundamental dentro del Capítulo 9 del libro “Crimen de Estado” https://www.unioneditorial.net/libro/crimen-de-estado/
[3] Seguiré los pasos del Dr. Paul Rossiter (doctor en Física por la Monash University, donde fue responsable del Departamento de Ingeniería de materiales. Es además consultor, miembro de distintos Institutos de Física e Ingeniería en Australia). https://wattsupwiththat.com/2019/10/02/understanding-the-climate-movement-part-2-noble-cause-corruption/
[4] Es posible profundizar en el fenómeno desencadenado por Rachel Carson al culpabilizar al DDT de diversos daños a la Naturaleza y al Hombre. Para ello, pueden leer el libro de José Ramón Ferrandis titulado “Globalización y generación de riqueza” https://www.unioneditorial.net/libro/globalizacion-y-generacion-de-riqueza-un-mundo-mas-prospero-mas-eficiente-y-mas-justo-merced-al-comercio-internacional-y-a-la-inversion-extranjera-directa/
[5] El mosquito pasa por las fases de huevo, larva, pupa y adulto. En las dos intermedias, se ve obligado a salir del agua (donde la hembra pone los huevos) para respirar. Ahí opera la fina capa que el DDT extiende sobre las aguas, impidiendo la respiración.
[6] Environmental Protection Agency de los EE. UU. Ha crecido hasta los 14.581 empleados, con un presupuesto de US $ 9.559.485.000. (2022)
[7] Profesor Paul Crutzen, Max-Planck-Institute for Chemistry, Mainz, Federal Republic of Germany).
[8] Profesor Mario Molina, Department of Earth, Atmospheric and Planetary Sciences and Department of Chemistry, MIT, Cambridge, MA, USA.
[9] Profesor F. Sherwood Rowland, Department of Chemistry, University of California, Irvine, CA, USA.
[10] Algunos datos no estaban comprobados, los modelos no se correspondían con las observaciones y no se tomaron en consideración fluctuaciones de carácter natural.
[11] En aquel tiempo, la Unión Soviética todavía existía y sus misiles y los de los EE. UU. se apuntaban mutuamente, en un escenario apocalíptico. La doctrina MAD (Mutually Assured Destruction) acabó con la materialización del riesgo de una guerra destructiva para ambos … y para todos los demás, probablemente.
[12] El glifosato es un herbicida de amplio espectro desarrollado para eliminar hierbas y arbustos de entre los cultivos. Es absorbido por las hojas. Es el producto más utilizado en la actualidad, tanto en agricultura como en jardinería. Hace más de 20 años que la patente es libre. Es barato y se degrada con bastante rapidez. Sin embargo, ha sido calificado por la OMS como “probablemente cancerígeno”. La OMS está compuesta por diversos grupos de estudio, de los cuales cuatro se han pronunciado sobre el glifosato. Mientras tres de ellos aseguran que no es probablemente cancerígeno, sólo uno, la International Agency for Research of Cancer (IARC), lo incluye en el grupo 2A, el de las sustancias probablemente cancerígenas. En este segmento encontramos, además del glifosato, agentes como la carne roja, las bebidas calientes o trabajar de peluquero, que están al mismo nivel que este herbicida en cuanto a su posible impacto sobre el cáncer.
[13] Acaso el lector recuerde la machacona consigna financiada por la URSS de “Nucleares no”, que buscaba reducir la importancia (otro día hablaremos de los “tontos útiles” y de los “compañeros de viaje”, conceptos ambos muy bien conocidos en los partidos comunistas de todo el mundo) de la energía atómica en Occidente. Que la propia URSS la utilizara ampliamente es irrelevante para el análisis.
[14] Por ponerlo en perspectiva, en 1968 la URSS invadió Checoslovaquia para aniquilar el experimento del Partido Comunista Checoslovaco de implantar un socialismo de rostro humano.
[15] Peccei fue un industrial italiano muy influyente en Fiat y luego en Olivetti.
[16] Un mundo que nunca había disfrutado de mejores niveles de vida. Sin embargo, recuérdese que Europa estaba sumida en el caos del “Mayo del 68”, esa pueril erupción nihilista que ponía en cuestión el orden capitalista sin tocar un ápice del comunista.
[17] Ya que hablaban del nuevo orden, precisamente en Italia se desempeñaba por entonces un movimiento neofascista llamado Ordine Nuovo.
[18] Jay Wright Forrester (1918-2016) fue un ingeniero informático norteamericano, profesor en la MIT Sloan School of Management.
[19] Dirigido por el matrimonio compuesto por Dennis y Donnella Meadows. Dennis L. Meadows (1942) es un científico estadounidense, antiguo director del Institute for Policy and Social Science Research en la Universidad de New Hampshire. Donella H. Meadows (1941-2001) estudió Química en el Carleton College y obtuvo un doctorado en Biofísica en la Universidad de Harvard.
[20] De hecho, aquí nace el neomalthusianismo de nuestros días.
[21] Unos 30 millones de ejemplares.
[22] Bert Bolin, meteorólogo sueco, fue el primer presidente del IPCC entre 1988 y 1997.
[23] United Nations Economic and Social Council.
[24] Maurice Frederick Strong fue un empresario canadiense del sector petrolero, así como diplomático, que fue Vicesecretario General de Naciones Unidas. En los primeros años 70´s fue secretario general de la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y luego fue el primer director ejecutivo del United Nations Environment Programme. https://en.wikipedia.org/wiki/Maurice_Strong.
[25] James Edward Hansen (1941) es físico (Universidad de Iowa) y climatólogo estadounidense, profesor adjunto en el Departamento de Ciencias Terrestres y Ambientales de la Columbia University. Dirigió el Instituto Goddard para Estudios Espaciales de la NASA (Nueva York).
[26] James Hansen desencadenó el temor al calentamiento global en su testimonio ante el Congreso de los EEUU.testimony before Congress in 1988
[27] Ese mismo año 1988 se creó el IPCC, con el concurso de dos organizaciones de Naciones Unidas: UNEP y la Organización Meteorológica Mundial. Sus estatutos le asignan la tarea de “proporcionar al mundo una visión objetiva y científica del cambio climático y sus impactos políticos y económicos”. Al poco (2003), por influencia de la UNEP, esa tarea cambió a “entender la base científica de los riesgos del cambio climático inducido por el hombre, sus potenciales impactos y las opciones de adaptación y mitigación”. El IPCC proporcionó la plataforma ideal para ONGs como Greenpeace, WWF, Amigos de la Tierra y otras para desarrollar sus agendas rojiverdes, bien por presión o a través de su personal. El Primer Informe de Evaluación del IPCC es de 1990. El resumen para políticos decía claramente “estar seguro de que las emisiones resultantes de actividades humanas están aumentando sustancialmente las concentraciones atmosféricas de gases de efecto invernadero, resultando como media en un calentamiento adicional de la superficie terrestre”.
[28] Titulado “La primera revolución global”. Sus autores fueron Alexander King y Bertrand Schneider.
[29] El subrayado es del autor.
[30] Negrita del autor.
[31] Negrita del autor.
[32] Ha fracasado por completo. EE. UU. nunca lo firmó. Rusia Canadá y Japón (donde está Kioto, para más INRI) se salieron. China e India no estaban afectados. Sólo implicaba a ciertos países europeos. Y sin ninguna aparente conexión con los GEI, el Protocolo de Kioto recomendó la llamada sostenibilidad agraria y la reducción de las ineficiencias del mercado, por supuesto sin mencionar en absoluto las ineficiencias del Estado, que son inherentes a su mera existencia.
[33] ENRON Corporation empleaba a más de 21.000 personas muy cualificada en 2001. Por sus técnicas contables fraudulentas, sus acciones comenzaron a caer rápidamente. ENRON entró en bancarrota.
[34] Río UNFCCC. La United Nations Framework Convention on Climate Change (UNFCCC) entró en vigor en 1994. La CMNUCC (en español, Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático) es una de las convenciones sometidas a la firma de los países miembros en la «Cumbre de la Tierra de Río. Las otras dos convenciones que salieron de Río son el Convenio de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica y la Convención de Lucha contra la Desertificación. Las tres están interrelacionadas y vinculadas por un Grupo de Enlace. ¿Que cuál es el objetivo de Rio UNFCCC? Pues “La prevención de la interferencia humana «peligrosa» en el sistema climático”.
[35] Ottmar Georg Edenhofer (1961, República Federal de Alemania) es un experto en política energética. Economista y exjesuita, es profesor de cambio climático en la Universidad de Berlín. Es director y economista jefe del Potsdam Institute for Climate Impact Research y es director del Mercator Research Institute on Global Commons and Climate Change (MCC).
[36] La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP) nº 16 de orden se celebró en Cancún, México, en diciembre de 2010.
[37] Cristina era su nombre propio no hace tanto.
[38] Una institución obsoleta, inútil, gravosa, antioccidental e intervencionista.
por José-Ramón Ferrandis | 25 Oct 2023 | Cambio climático
3. Los gases de efecto invernadero
En este tercer texto de la serie hablaremos de los gases de efecto Invernadero (GEI), que son los que catalizan parte del vital calentamiento de la atmósfera terrestre, ya veremos cómo. Los GEI son esencialmente el vapor de agua (H2O), el dióxido de carbono (CO2), el metano (CH4), el óxido nitroso (NO2), los hidrofluorocarbonos y perfluorocarbonos y el hexafluoruro de azufre (SF6), si bien uno de ellos (los clorofluorocarbonos) es en realidad toda una familia de distintos gases. De entre los GEI, los más importantes son dos: el vapor de agua y el CO2 o dióxido de carbono. Del primero apenas se habla y del segundo se hace sin parar. ¿Es ese un comportamiento científicamente razonable? Vamos a verlo.
La atmósfera de la Tierra está compuesta por gases, unos en cantidades fijas y otros en cantidades variables. Entre los primeros hay un 78,084% (por volumen) de nitrógeno, un 20,946% de oxígeno y un 0.934% de argón. Ninguno de ellos es un gas de efecto invernadero. Entre los tres suman el 99.964% de la atmósfera.


https://www.ambientum.com/enciclopedia_medioambiental/atmosfera/composicion-de-la-atmosfera.asp
Además de los gases fundamentales, podemos encontrar en la atmósfera los llamados Gases de Efecto Invernadero (GEI), presentes en forma de trazas. Son el vapor de agua (H20), el dióxido de carbono (CO2), el metano (CH4), el óxido nitroso (NO2), los hidrofluorocarbonos, los perfluorocarbonos y el hexafluoruro de azufre (SF6).
Veamos cómo opera el llamado efecto invernadero. La energía solar de onda corta entra en la atmósfera terrestre y llega a la superficie. Parte es absorbida y parte es reflejada de vuelta hacia el espacio, esta vez en forma de ondas largas. Y esas ondas largas son retenidas por los GEI, que actúan como si fueran mantas, preservando el calor[1]. Así, esa radiación de longitud de onda larga calienta la atmósfera. Ese es el mecanismo conocido como “efecto invernadero”, operando de manera análoga a como si la Tierra se hallara dentro de un gigantesco invernadero[2], constituido por los GEI en lugar de por cristales.
Esa es la clave: los GEI absorben parte de una radiación que, de otra manera, desaparecería. Con ello, incrementan la temperatura global. El efecto invernadero contribuye al calentamiento con 153 Watios/m². De éstos, 150 W corresponden al vapor de agua y los 3 W restantes al agregado de CO2, metano y los otros gases mencionados más arriba.
El más abundante de los GEI, con mucho y a gran distancia del siguiente, es el vapor de agua, seguido por el CO2 y el metano y otros. No obstante, esa abundancia de cada gas, medida en volumen, no explica por sí sola el forzamiento, es decir, la capacidad de calentar la atmósfera de cada molécula de cada GEI, pues no todos los gases tienen el mismo potencial de calentamiento. El factor multiplicador del CO2 es 1, en tanto el del metano es 28 y el del óxido nitroso es 300.
En este primer cuadro refleja cómo cada GEI contribuye al calentamiento registrado. Ambos son del Departamento de Energía de los Estados Unidos. Su contenido está traducido al español por el autor. Son datos. Con ellos hay que trabajar.
Cuadro 1
U.S. Department of Energy, (October, 2000)
Papel de los GEI atmosféricos (naturales y antropogénicos) como % de su contribución relativa al efecto invernadero
| Basado en concentraciones (ppb) ajustadas por sus características de retención del calor |
Porcentaje del total |
Porcentaje del total, ajustado para el vapor de agua |
| Vapor de agua |
—- |
95.000% |
| Dióxido de carbono (CO2) |
72.369% |
3.618% |
| Metano (CH4) |
7.100% |
0.360% |
| Óxido nitroso (N2O) |
19.000% |
0.950% |
| CFC’s (y otros gases diversos) |
1.432% |
0.072% |
| Total |
100.000% |
100.000% |
Esto es lo que hay. Es evidente que el CO2 se puede considerar un alfeñique en términos de presencia en la atmósfera[3] y de capacidad para caldearla.
¿Qué ocurre en el relato predominante, sin embargo? El relato impone desde altas instancias nacionales e internacionales la hipótesis del calentamiento global antropogénico, en su acrónimo inglés AGW[4]. Es la doctrina[5] canónica. Afirma que las emisiones humanas de gases de efecto invernadero (GEI), sobre todo dióxido de carbono (CO2), metano y óxido nitroso, están causando un incremento catastrófico de temperaturas en la atmósfera terrestre. Del vapor de agua nada dicen. Y entonces se producen cuadros como éste:
CUADRO 2
GEI más importantes (excepto vapor de agua) U.S. Department of
Energy, (October, 2000)
| (Concentraciones expresadas en partes por mil millones, ppmm) |
Base preindustrial |
Adiciones naturales |
Adiciones de origen
humano |
Concentración total (ppmm) |
Porcentaje del total |
| Dióxido de carbono (CO2) |
288,000 |
68,520 |
11,880 |
368,400 |
99.438% |
| Metano (CH4) |
848 |
577 |
320 |
1,745 |
0.471% |
| Óxido nitroso (N2O) |
285 |
12 |
15 |
312 |
0.084% |
| Gases varios (CFCs, etc.) |
25 |
0 |
2 |
27 |
0.007% |
| Total |
289,158 |
69,109 |
12,217 |
370,484 |
100.00% |
Como ven, la diferencia entre tomar en consideración al vapor de agua o no hacerlo altera fundamentalmente la comprensión del fenómeno del efecto invernadero.
Vayamos ahora a la procedencia del CO2. El origen real del CO2 está claro y se encuentra establecido desde hace mucho tiempo. Hay que repetirlo constantemente: de todo el CO2 existente, el CO2 de origen humano es el 2, 9% del total. No es despreciable, pero es muy inferior al de origen natural, que lógicamente tiene que ser (y es) el 97,1% del total. Es lo que afirma este cuadro del IPCC datado en 2001.

Este dato es esencial, porque desmonta de raíz las pretensiones de que es el CO2 antropogénico el que genera calentamiento. Con independencia de cuánto calentamiento produzca, cosa que luego veremos, el de origen humano sería el 3% del total.
El principal GEI, el vapor de agua (H2O), juega en su propia liga. Su porcentaje en la atmósfera varía en función de la altitud y la temperatura. A baja altura y 30°C, sobre el mar, puede alcanzar el 4,35%. A gran altura y – 10°C, su valor es casi cero. Se estima que su porcentaje medio en la atmósfera se halla entre un 1% y un 2%.
Como es menos denso que el aire, asciende hasta que se condensa y forma nubes. En un momento dado, dependiendo de varias circunstancias, cae sobre tierras y aguas en forma de precipitación.
El vapor de agua es un GEI muy potente, con gran efecto radiativo[6]. En los trópicos y sobre los océanos, donde su concentración es alta, actúa poderosamente. Sobre las masas de tierra y en latitudes altas, su capacidad es mínima. En general, los científicos reconocen cada vez más la importancia del vapor de agua en el clima. Para algunos concretos, como en el caso de Wallace Broecker[7], gran parte del calentamiento de los últimos 10.000 años se puede deber a incrementos en la concentración de vapor de agua en la atmósfera en nuestro actual período interglacial.
Para sintetizar el funcionamiento del vapor de agua, veamos en un gráfico (magnífico[8]) el funcionamiento del ciclo del agua. Es el agua la que mueve el clima.

https://descargas.intef.es/cedec/proyectoedia/biologia_geologia/contenidos/investigando_la_hidrosfera/el_agua_en_continuo_movimiento.html
Me permito acompañar el gráfico en español que acaban de ver con este otro en inglés. Transmiten informaciones complementarias y puede ser de utilidad disponer de ambos.

https://descargas.intef.es/cedec/proyectoedia/biologia_geologia/contenidos/investigando_la_hidrosfera/el_agua_en_continuo_movimiento.html
- El dióxido de carbono o CO2 y los demás GEIs distintos del vapor de agua
El CO2 es un gas incoloro, inodoro, insípido, incombustible y no tóxico. En 2023, el dióxido de carbono (CO₂) ocupa el 0.0424%[9] de la atmósfera. Está mejor distribuido que el vapor de agua.
Las emisiones humanas de CO₂ constituyen apenas el 3% del total de emisiones de CO2 a la atmósfera. El resto (97,1%) procede de fuentes naturales: océanos (ahí está el 93% de todo el CO2), respiración de animales y bacterias, volcanes y descomposición y/o quema de plantas o combustibles fósiles. De acuerdo con datos de la EPA[10] referidos a la década de los años 90, las emisiones procedentes de la quema de combustibles fósiles supusieron el 3% del total emitido a la atmósfera. De ese 3%, el 50% fue absorbido por el entorno ambiental, es decir, los océanos, las plantas y las algas. Es lógico: recordemos que el CO2 es un fertilizante.
Mucho se habla de las 424 ppm de CO₂ que están en este momento presentes en la atmósfera. Pongamos esto en perspectiva: eso es el 0,0424% de la atmósfera. Se sabe que las concentraciones atmosféricas de CO₂ en el pasado geológico fueron muchísimo mayores de lo que son hoy en día, lo que hizo que la vida prevaleciera con fuerza. Por lo demás, el CO2 se ha incrementado a una tasa superior durante este Siglo XXI que en la última parte del Siglo XX (2,1 ppm/año frente a 1,5 ppm/año), pero las temperaturas no han ido a la par (0,0165°C/año frente a 0,0188°C/año). Ese tipo de contradicciones no las resuelve la teoría del AGW … porque no puede.
Según la Scripps Institution of Oceanography, el gráfico que ven a continuación está formado con los datos mensuales de concentración de dióxido de carbono en la atmósfera de Mauna Loa[11] desde 1958. Las cifras corresponden a la concentración mensual del mes de junio de los años terminados en 0 y en 5. El conjunto es la llamada Keeling curve[12], ampliamente conocida en esta u otra configuración.
Curva de Keeling, que muestra el incremento del CO2 desde 1958 (Observatorio de Mauna Loa, Hawái)

https://es.euronews.com/green/2021/06/09/el-nivel-de-co2-alcanza-maximos-historicos-en-el-observatorio-de-mauna-loa-en-hawai
En este sentido, cabe traer a colación este estudio de la NASA[13], que proporciona evidencia satelital de que las regiones tropicales de la Tierra fueron la causa de los mayores incrementos anuales en las concentraciones de CO2 experimentadas en los últimos 2.000 años[14].
Ya hemos visto que el efecto invernadero contribuye al calentamiento con 153 W/m². De éstos, 150 W corresponden al vapor de agua y 3 W a la suma de CO2, metano y otros GEI. Además, sólo una pequeñísima parte del CO2 es antropogénico. ¿De verdad es el CO2 de origen humano[15] (precisemos: de origen chino, sobre todo) el responsable de algún calentamiento de la atmósfera? Vean el gráfico a continuación.[16] Creo que no es preciso explicarlo con muchas palabras porque es bastante claro, pero algo les avanzaré, no obstante.
El gráfico propiamente dicho contabiliza el impacto o influencia del CO2 sobre la temperatura (su forzamiento) y sus efectos. En ordenadas vemos las temperaturas en grados centígrados. En abscisas, la concentración de CO2 en la atmósfera (partes por millón).
Con porcentajes (ppm) inferiores a 150, las plantas mueren[17], y nosotros con ellas. Entre 150 y 200 ppm, la situación de la vegetación es mala, pero las plantas no mueren[18]. Esto pone de relieve una vez más que el CO2 NO ES un gas contaminante.
Hay cuatro líneas verticales de puntos. Las tres primeras indican el CO2 prevaleciente en determinados momentos históricos. La cuarta, situada en 820 ppm, refleja el incremento del 100 % sobre el nivel prevaleciente en 2020, que era de 410 ppm. Su idea es hacer visible cuánto se incrementaría la temperatura al duplicarse el porcentaje de CO2 en la atmósfera[19]. De camino a ese punto, la curva[20] va siguiendo una trayectoria progresivamente decreciente. Lo hace para representar gráficamente la disminución logarítmica del calentamiento atmosférico por CO2[21].
Vaya por delante que la disminución logarítmica opera reduciendo los incrementos de temperaturas que se derivan de idénticos crecimientos sucesivos de CO2. Dicho de otra forma, cuanto más crece el CO2, menor es el incremento de temperatura que de ello se deriva. En la curva se puede apreciar.
Y ya con cifras, cuando el CO2 atmosférico se duplique[22], la temperatura de la Tierra debido al efecto del CO2 NO SE DUPLICARÁ, sino que se elevará tan sólo en 0,35°C. No tema el lector que se vaya a producir una ebullición, como gustaba declarar enfáticamente el secretario general de Naciones Unidas en agosto de 2023.

(https://edmhdotme.wordpress.com/the-diminishing-effect-of-increasing-concentrations-of-atmospheric-carbon-dioxide-on-temperature/ )
Por todo lo visto, los incrementos de CO2 en la atmósfera, por fuertes y prolongados que sean, sólo pueden inducir un pequeño nivel de calentamiento adicional, que en todo caso no es nada catastrófico ni peligroso. Esto no es nuevo. Uno de los científicos más conocidos en este ámbito, Knut Ångström[23], realizó en 1900 un famoso experimento del que obtuvo un resultado concluyente: doblar el CO2 atmosférico no dobla, ni mucho menos, la temperatura. Lo hace de manera muy menor[24].
Mas no sólo es eso. Por el lado asertivo, el porcentaje óptimo para el crecimiento de las plantas está en torno a las 1000 ppm, nivel que se ha mantenido en el tiempo a lo largo de los pasados 300 millones de años. Lo suyo es esperar alcanzar un nivel similar, en la seguridad de que no va a repercutir en las temperaturas.
Para terminar con esta tercera entrega, hagamos un pequeño resumen de los demás gases de efecto invernadero, ya mencionados al principio de este artículo[25]. El metano (CH4) ocupa el 0.0001785% aproximadamente (en porcentaje variable) de la atmósfera. Además, ese es un valor medio, porque se distribuye irregularmente: sobre áreas pantanosas con mucha vegetación y en zonas de granjas pecuarias, llega a tener un porcentaje más alto, pero en general, su peso relativo se aproxima a cero. El metano es muy reactivo, pero por otro lado desaparece rápidamente: permanece en la atmósfera unos 9 años. La concentración de metano en la atmósfera, como hemos visto, alcanzaba las 1,785 ppmm a finales de 2019. Pero como su potencial de forzamiento es 28 veces mayor que el del dióxido de carbono, su capacidad de calentamiento es considerable. Luego, el 90% del metano se oxida o se destruye en la baja atmósfera, al reaccionar con radicales hidroxilo. El resto se destruye en el suelo y en la troposfera.
El óxido nitroso (N2O)[26] ha sido bastante recientemente incorporado al elenco de los GEI relevantes por el IPCC[27]. Es un gas procedente sobre todo de procesos de agricultura intensiva[28] (70% del total) sobre todo en China e India, así como de la quema de combustibles fósiles, de biomasa, de la utilización de fertilizantes nitrogenados y de la deforestación en general. Adicionalmente surge de procesos biológicos de suelos y océanos y de la desnitrificación del estiércol en los suelos. También puede proceder de fenómenos tormentosos y de erupciones volcánicas.
Su concentración en la atmósfera es mínima (0.0000331% en 2018[29]), pero es un GEI muy reactivo[30]. Es destruido rápidamente en la alta atmósfera por la radiación solar, pero en la baja atmósfera, su permanencia media es de 116 años. Es extremadamente versátil. Sobre ese gas, la información procedente del IPCC es contradictoria. En la página 468 del WG1 AR5, el IPCC admite que el N2O incrementa la absorción del CO2 (sobre todo a través del crecimiento de las plantas), es decir, que reduce el efecto invernadero. También se comenta con frecuencia su capacidad para destruir la capa de ozono.
Pues con esto, ya les he presentado brevemente a los gases de la atmósfera, distintos del vapor de agua, que tienen capacidad de calentarla.
Conclusiones:
Ya conocemos los principales gases de efecto invernadero o GEI. El más prevaleciente y más relevante de todos ellos, con diferencia, es el vapor de agua. A gran distancia le siguen el dióxido de carbono o CO2, el metano y el óxido nitroso. Tanto el vapor de agua (H20) como el CO2 son muy predominantemente de origen natural, cosa que en el caso del vapor de agua lo es casi en su totalidad. Sin embargo, se hace hincapié sólo en el CO2 y en su origen antropogénico que, según datos del IPCC de 2001, es sólo el 2,9% del total.
Sea cual sea su origen, la capacidad de calentamiento del CO2 ha alcanzado prácticamente su límite máximo, lo que genera una situación de gran optimismo: las temperaturas apenas subirán por su causa, no importa cuánto se eleve su porcentaje en la atmósfera, pero la producción vegetal se multiplicará, en beneficio de todos.
[1] De no ser por los GEI, la temperatura media de la superficie terrestre sería 33°C más baja. Con ellos es de 13,9°C.
[2] Es bien conocido que el efecto invernadero es el que posibilita la vida en la Tierra; como ya hemos visto, de no haber atmósfera y, por tanto, de no existir ese efecto invernadero, la temperatura media anual seria de – 19°C. Sin el efecto invernadero, el planeta estaría helado y sería inhabitable.
[3] En términos absolutos y relativos: el CO2 está presente con 424 partes por millón de unidades, un porcentaje muy menor.
[4] Anthropogenic Global Warming.
[5] ¡Doctrina!¡en materia científica!
[6] Es decir, que emite radiaciones, que irradia calor sometido a influjos externos.
[7] Dr. Wallace Broecker, geoquímico en el Columbia’s Lamont-Doherty Earth Observatory: » sólo puedo ver un elemento en el sistema climático capaz de generar estos rápidos cambios globales, es decir, cambios en la atmósfera tropical que conducen a cambios en el inventario del GEI más poderoso de la Tierra: el vapor de agua”.
[8] A pesar de algunos errores mínimos de traducción.
[9] Esa es la concentración de CO2 en la atmósfera.
[10] Environmental Protection Agency de los EE. UU.
[11] El Observatorio de Mauna Loa se encuentra en la cara norte del volcán activo Mauna Loa en la isla más grande del archipiélago de Hawái. Se yergue a 3.397 metros sobre el nivel del mar. Sus condiciones (aire limpio, ubicación remota e influencias mínimas de vegetación y actividad humana) son aparentemente idóneas. Su objetivo es desarrollar mediciones continuas, que puedan ofrecer un valor histórico. Eso sí, los satélites realizan esa función con mucha mayor precisión en nuestros días.
[12] La curva de Keeling es una gráfica que muestra los cambios en la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera desde 1958. Se basa en las mediciones incesantes tomadas en Mauna Loa bajo la supervisión de Charles David Keeling. De ahí su nombre.
[13] https://www.nasa.gov/press-release/nasa-pinpoints-cause-of-earth-s-recent-record-carbon-dioxide-spike
[14] Aunque el lector puede verlo en el enlace inmediato anterior, copiopego y traduzco lo esencial: en 2015 y 2016, el satélite OCO-2 registró incrementos de CO2 atmosférico 50 % superiores a la media observada con antelación. La National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) llegó a las mismas conclusiones. Ese aumento fue de 3 partes por millón de CO2 por año. Antes, la media había sido de cerca de 2 partes por millón. Esos incrementos récord tuvieron lugar aunque las emisiones antropogénicas en 2015-16 fueron aproximadamente las mismas.
[15] Decir ”origen humano” es eufemístico y desorientador. El mayor emisor del mundo es la RP China, seguido de los EE. UU., que cederán en breve su lugar a la India. Si el responsable de algo debe pagar por ello, aquí hay un problema con China. Otro problema más, en realidad.
[16] https://edmhdotme.wordpress.com/the-diminishing-effect-of-increasing-concentrations-of-atmospheric-carbon-dioxide-on-temperature/
[17] La columna en color gris ilustra ese hecho.
[18] Hace 18.000 años, durante el punto álgido de la más reciente glaciación, el nivel de CO2 cayó al nivel más bajo nunca registrado, 180 ppm, muy peligroso para las plantas que, como ya sabemos, por debajo de 150 ppm mueren.
[19] Ese es el concepto de sensitividad, pero no nos hace falta desarrollarlo ahora.
[20] Que inicialmente es negra, luego verde oscuro y después verde progresivamente más claro.
[21] Que es precisamente la traducción del título del gráfico.
[22] Cosa que se estima acontecerá en torno al año 2170, es decir, dentro de 147 años.
[23] Knut Johan Ångström (1857–1910) fue un científico sueco, miembro de la Real Academia sueca de Ciencias en 1893. Investigó la radiación del sol, las emisiones terrestres nocturnas y su absorción por la atmósfera terrestre.
[24] Svante Arrhenius (1859-1927), asimismo sueco, premio Nobel de Química, pero un gran investigador científico en Física asimismo, era de otra opinión, más en línea con los planteamientos alarmistas de hoy en día. Arrhenius fue el primero en utilizar los principios de la química física para calcular en qué medida el aumento de dióxido de carbono en la atmósfera contribuía al alza de temperaturas en la Tierra.
[25] No de todos. Los CFCs y el hexafluoruro de azufre, o tienen su lugar en otras entregas, o son técnicamente despreciables.
[26] El N2O es un gas volátil, incoloro, de olor dulce y algo tóxico. En las personas provoca alucinaciones y un notable estado de euforia, por lo que ha sido utilizado como droga.
[27] Tiene sentido. Está provocado por el hombre, que para el IPCC es el principal responsable del calentamiento de la atmósfera.
[28] Los responsables son procesos microbianos en el suelo. Un favorecedor de estos procesos es el nitrógeno, que se utiliza en forma de abono.
[29] La búsqueda de datos más actualizados se ha revelado inútil.
[30] Y por buenas razones: se trata del combustible de los cohetes espaciales. Es asimismo un aditivo para la gasolina. Tiene 300 veces el potencial de calentamiento del CO2.
por José-Ramón Ferrandis | 18 Oct 2023 | Cambio climático
El 4 de octubre de 2023, el Papa publicó su último documento[1] oficial[2]. Alabemos a Dios es su título, aunque es justo reconocer que no habla mucho de Dios[3]. Habla, mire usted por dónde, del cambio climático[4].
El Papa puede hablar de lo que le plazca, sólo faltaba. Ya sorprendió hace ocho años con la encíclica Laudato Si y lo vuelve a hacer ahora, esta vez de manera mucho menos nebulosa. No importa que la función y objetivo tradicional del papado sea tratar de asuntos de Fe y de Moral, en los que el Papa es la máxima autoridad entre los católicos y cuyas afirmaciones han de ser seguidas por los fieles. Más allá de eso, el Papa puede decir lo que quiera. Eso sí, al hacerlo en ámbitos que no le son propios, se somete a la crítica de los ciudadanos, y de entre ellos, de los cristianos, y si se me permite, de los católicos que no reconocemos en Su Santidad (SS) autoridad de ninguna índole en materia climática.
No la tiene, pero además, al utilizar su púlpito universal[5] equivocándose técnicamente de manera tan evidente y hasta grosera, está infligiendo a la Iglesia que visiblemente encabeza un gran daño reputacional.
Errando. Muchas veces. Veámoslo por orden de aparición en el texto.
1ª …” es indudable que el impacto del cambio climático perjudicará de modo creciente las vidas y las familias de muchas personas. Sentiremos sus efectos en los ámbitos de la salud, las fuentes de trabajo, el acceso a los recursos, la vivienda, las migraciones forzadas, etc.” SS yerra, en el fondo y en la forma. No intente amedrentar a sus ovejas, SS. Las variaciones de temperatura que siempre han tenido lugar y siempre lo tendrán no generarán efectos negativos en un plazo que le permita verlo. Ni a SS ni probablemente a ninguno de los presentes en el mundo hoy en día. Ni por frío ni por calor. Y los ámbitos y sectores que menciona no tienen nada que ver. Nada que ver.
2ª “Nadie puede ignorar que en los últimos años hemos sido testigos de fenómenos extremos, períodos frecuentes de calor inusual, sequía y otros quejidos de la tierra que son sólo algunas expresiones palpables de una enfermedad silenciosa que nos afecta a todos”. No, SS. Lo que usted dice es falso. No hay nada de eso. Ninguno de esos fenómenos se está produciendo extraordinariamente. Ni calores, ni sequías, ni inundaciones, ni huracanes, ni hambrunas[6], ni migraciones[7], ni extinciones de especies, ni desaparición de islas, ni subida del nivel del mar[8], ni nada similar. SS, se le supone ignorante[9] de los hechos, pero el responsable de esta exhortación es usted.
3ª “ … sabemos que cada vez que aumente la temperatura global en 0,5 grados centígrados, aumentarán también la intensidad y la frecuencia de grandes lluvias y aluviones en algunas zonas, sequías severas en otras, calores extremos en ciertas regiones y grandes nevadas en otras.” Ya sabemos, por el pie de página, que esta afirmación la ha hecho el IPCC, cuya credibilidad está muy menoscabada[10], pero como es falsa, como si la ha hecho – perdone SS la libertad que me tomo – el sursum corda.
4ª “Si llega a superar los 2 grados, se derretirían totalmente las capas de hielo de Groenlandia y de buena parte de la Antártida, con enormes y gravísimas consecuencias para todos” [11]. SS, esto no lo sabe usted, ni nadie. Es un brindis al sol. Por otra parte, le veo, si me lo permite, poco caritativo. Está usted, SS, queriendo atemorizar a la gente, aunque dada esta expresión de su rostro, no me sorprende, en realidad.

Pope Francis warns planet ‘may be nearing the breaking point’ (cnbc.com)
4ª … “tanto los lagos que se secan como las poblaciones arrasadas por maremotos o desbordes, tienen en definitiva el mismo origen”. Por favor, SS. Por favor. Los maremotos tienen como origen los terremotos, que por lo que sabemos, no se relacionan con el clima. Los lagos, como el Aral (por poner un ejemplo en la memoria de casi todos), no se secan porque haga más o menos calor, sino por las políticas agrarias de la URSS. Conviene releer los textos antes de firmarlos.
5ª “Pero la realidad es que un bajo porcentaje más rico del planeta contamina más que el 50% más pobre de toda la población mundial”. Vamos por partes. Usted, SS, habla del CO2 a lo largo de todo el texto. Se puede interpretar que también lo hace aquí. Y el error es palmario: el CO2 no contamina. El CO2 es un gas de efecto invernadero (GEI) cuya existencia, junto con los demás GEI, posibilita la vida en la Tierra, como seguro que SS conoce. Cierto que el CO2 de origen humano es sólo el 3% del total del CO2 en la atmósfera[12] y que el CO2 no tiene mucho que hacer frente al vapor de agua, que sólo él supone el 95% de los GEI existentes. Pero sea como sea, el CO2 no contamina. Lo tiene SS dentro, como todos: 40.000 partes por millón (ppm), mucho más de las 424 ppm atmosféricas actuales. Y en cuanto a que un bajo porcentaje más rico[13] del planeta emite (porque SS quería decir emite) más que el 50% más pobre de toda la población, está claro: para ser rico hay que consumir energía. O, dicho de otra manera, sin energía, los países no salen de pobres. Así que los ricos emiten más CO2 que los pobres. Es de cajón.
6ª “Lo que ocurre es que millones de personas pierden su empleo debido a las diversas consecuencias del cambio climático: tanto el aumento del nivel del mar como las sequías y muchos otros fenómenos que afectan al planeta, han dejado a mucha gente a la deriva”. Son falsas las premisas, son falsas las conclusiones, son falsas las relaciones causales esgrimidas. Todo aquí (y no sólo aquí, lamentablemente) es erróneo. Observo una novedad, sin embargo: hemos pasado del descarte a la deriva. Menos tabernario, sin duda. Me alegro.
7ª “Al mismo tiempo verificamos que en los últimos cincuenta años la temperatura aumentó con una velocidad inédita, sin precedentes en los últimos dos mil años.” Esto es directamente falso. Desde 1998 hasta 2023, con un breve hiato en 2016, las temperaturas no se incrementaron en absoluto. Se lo digo a título de ejemplo. Y a partir de aquí, voy a tirar de recursos de la NOAA[14], que al menos en el área de los EE. UU.[15] mantiene bases de datos que se pueden consultar con facilidad[16]. Las cifras han sido actualizadas el 12 de octubre de 2023. Mire, SS:

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Este gráfico muestra las anomalías en las temperaturas medias observadas en los estados norteamericanos contiguos[17] entre enero de 2005 y septiembre de 2023. No hay nada. No se ve nada de lo SS afirma. Es más, en al menos 4 años[18], las anomalías han sido superiores a las actuales.
Por si pareciera que el plazo considerado es corto, vemos los datos en tramos trimestrales desde hace más tiempo. Concretamente, desde 1895.

image-36.png (975×975) (wp.com)
Esta vez nos referimos a las temperaturas máximas registradas. Tampoco parece que la cosa sea para asustar a nadie. Vea, SS, cómo caen las temperaturas máximas en 2023.
8ª “Los glaciares se retraen, disminuye la cobertura nevosa y sube constantemente el nivel del mar”. “Una abrumadora mayoría de científicos especializados en clima sostienen esta correlación y sólo un ínfimo porcentaje de ellos intenta negar esta evidencia.” Estas dos frases no son sucesivas en la exhortación, pero casi. Está muy próximas entre sí y pueden ser tratadas al unísono. Las tres afirmaciones de la primera son completas falsedades[19]. Y sobre todo, SS, que haya científicos que aseveren que hay correlación entre crecimiento de gases de efecto invernadero y crecimiento de temperaturas no prueba nada. Recurre SS al argumento del consenso, que en materia científica vale tanto como el criterio de SS en materia climática. Mezcla SS sin cuidado el vapor de agua, dominante en un 95% en el espectro de los gases de efecto invernadero, con el metano, el óxido nitroso, los clorofluorocarbonos y el CO2. Y olvida deliberadamente decir que de todo el CO2 existente en 2001, que es cuando el IPCC lo puso de relieve en un famoso cuadro, el 97,1% es natural. No viene de la mano del hombre sino de la mano de Dios. Qué cosas, ¿verdad?
9ª “No es posible ocultar la coincidencia de estos fenómenos climáticos globales con el crecimiento acelerado de la emisión de gases de efecto invernadero sobre todo desde mediados del siglo XX.” Recuerde, Santidad, “correlación no implica causación”. Más aún, asegúrese, por favor, de que la relación causa-efecto es la que usted espera que sea.
10ª “Los elementos de origen natural que suelen provocar calentamiento, como las erupciones volcánicas” ¡Cáspita, Santidad! ¿Qué le han hecho decir sus asesores en materia climática? Es bien conocido que las erupciones volcánicas lanzan a la atmósfera muchos elementos diferentes, pero sobre todo cenizas, las cuales, en las grandes erupciones de superficie recientes (Laki (Islandia, 1783), Tambora (Indonesia, 1815), Krakatoa (Indonesia, 1883), Monte Pinatubo (Filipinas, 1991)), … impiden parcialmente el acceso a la Tierra de las radiaciones solares de onda corta y hace que se enfríe sustancialmente la atmósfera, además de dificultar la agricultura y desencadenar hambrunas por esa razón. Se suele hablar de años sin verano… y sin cosechas. Y van sus equipos de trabajo y le escriben lo contrario, probablemente pensando en el CO2[20] que estas erupciones emiten (también) a la atmósfera. ¡Vaya por Dios! Por favor, llámeles la atención[21] en nombre de todos.
11ª Refiriéndose a personas que aceptaron la cercanía de un cementerio nuclear, SS afirma: “Basta pensar en el efímero entusiasmo del dinero que se recibió a cambio de depositar en un lugar residuos nucleares. La casa que se pudo comprar con ese dinero se convirtió en una tumba a causa de las enfermedades que se desencadenaron”. Esto Santidad, es falso. Daré un paso más, es mentira[22]. Se presenta como una fabulación interesada[23]. Su lectura en un texto papal provoca alipori. ¿Podría SS, por favor, ordenar su retirada?
12ª “Esto me permite repetir dos convicciones en las cuales insisto hasta el cansancio: “todo está conectado…”. Cansancio. Se entiende, tanto repetir las cosas sin éxito alguno debe cansar mucho. Al que las dice y, me temo, Santidad, también al que las escucha. Acaso esa sea la razón por la que Infovaticana acabe de publicar una noticia alarmante sobre el cansancio de los fieles, que desertan de la Plaza de San Pedro cada vez más, dejando imágenes desoladoras como ésta que ven al pie.

Alarma en el Vaticano por los continuos vacíos (infovaticana.com)
Esas imágenes, por repetidas, preocupan profundamente en el Vaticano. Cansancio, sin duda. Hastío.
[1] Entre los documentos papales de carácter pastoral, una exhortación (se sitúa por debajo de las cartas encíclicas, de las epístolas encíclicas y de las constituciones apostólicas, pero por encima de las cartas apostólicas, de las bulas y breves y del motu proprio. Está justo a mitad de camino en los distintos niveles posibles de magisterio.
[2] Laudate Deum: Exhortación Apostólica a todas las personas de buena voluntad, sobre la crisis climática (4 de octubre de 2023) | Francisco (vatican.va) Dado en Roma, en la Basílica de San Juan de Letrán, el 4 de octubre, Fiesta de san Francisco de Asís, del año 2023, décimo primero de mi Pontificado.
[3] O lo hace muy poco: en sus 73 párrafos se menciona a Dios 10 veces. No está mal del todo, aunque si comparamos con las veces que lo hacen las COP o Conferences of the Parties sobre el clima, que aparecen en 12 ocasiones, es extraño.
[4] Entendido como un proceso novedoso provocado por el hombre, que va a repercutir negativamente sobre el clima. No es esa la realidad del concepto, pero así lo ve Francisco, quien se pone en línea con el mainstream progre. No es la primera vez. Con toda humildad le ofrezco mi trabajo, por si lo quiere leer. https://joseramonferrandis.es/guia-para-navegantes-i/
[5] Es decir, católico.
[6] Salvo las inducidas por razones políticas.
[7] Salvo las que tienen lugar por razones políticas o económicas.
[8] Cuya tendencia al alza no sólo no se acelera, sino que recientemente mengua, y eso desde que se mide. Mediados del Siglo XIX.
[9] Parece evidente que no es SS quien ha recabado los datos, redactado el texto, contextualizado el fenómeno y organizado el orden de factores. Pero lo ha firmado, luego es suyo.
[10] Los estatutos fundacionales del IPCC, el Intergovernmental Panel on Climate Change de la ONU, afirman que su función es demostrar que el llamado calentamiento global o cambio climático es responsabilidad única y exclusivamente el ser humano.
[11] Más basura del IPCC. Sus asesores no tienen muchas referencias, ni información, ni formación.
[12] ¿Sabe SS quién afirma eso? El mismísimo IPCC, su principal inspirador.
[13] Reconozca su obsesión con los ricos, Santidad.
[14] National Oceanic and Atmospheric Administration.
[15] Utilizo instituciones de los EE. UU. por su aparente precisión, esperable buen trato de los datos, extensión de los períodos considerados y dimensiones del territorio.
[16] https://wattsupwiththat.com/2023/10/12/noaa-u-s-contiguous-uscrn-temperature-anomaly-september-2023-data-shows-no-climate-emergency/
[17] Todos menos Alaska y Hawái.
[18] 2015, 2019, 2021 y 2022.
[19] La cobertura de nieve en el hemisferio Norte no deja de aumentar, como está probado y es accesible a cualquiera que quiera verlo. Unos glaciares crecen, otros se retraen. Y sobre todo, el nivel del mar medido en Nueva York crece aproximadamente al mismo ritmo desde hace más de 150 años (en otros lugares, no crece en absoluto), con recientes flexiones a la baja.
[20] De origen natural, claro.
[21] Hay una vieja distinción latina entre auctoritas y potestas. Bueno, en realidad se trata de una tríada, a la que falta el imperium para ser completa, pero dejemos este último término al margen. La auctoritas está en poder del que conoce, el que es una autoridad en una materia. Potestas se ejerce desde el poder, conozca o no la materia que desarrolla la institución sobre la que ejerce el poder, sobre la que tiene la fuerza de obligar. Esa sí obra en su poder, Santidad.
[22] En la Iglesia Católica es bien sabido que “mentir es decir lo contrario de lo que se piensa, con intención de engañar”. Más precisamente, en el Catecismo (n. 2482) está recogida la definición de san Agustín sobre la mentira: “La mentira consiste en decir falsedad con intención de engañar” (san Agustín, De mendacio 4, 5).
[23] Hay centenares de cementerios nucleares (muchos de los cuales albergan combustible a reutilizar) en el mundo. No se han dado casos de contaminación mortal salvo en la URSS (Mayak, 1957), hecho que trascendió a pesar de la hermeticidad de la información prevaleciente en la Unión Soviética.
por José-Ramón Ferrandis | 11 Oct 2023 | Cambio climático
2. ¿Por qué se produce el cambio climático?
En este segundo texto de la serie presento las distintas teorías que se plantean como origen del incesante cambio climático. Son diferentes entre sí en alguna medida, de una u otra forma, el astro rey es el motor último del clima y, por tanto, de los cambios en éste. Y así como el origen es el Sol, su herramienta parece ser el ciclo del agua, como es lógico pensar por su importancia en la atmósfera. Pero veamos todo esto en detalle.
La primera de ellas, siquiera por su grandioso enfoque sideral, se refiere es la del movimiento de los planetas del Sistema Solar. Sus oscilaciones y cambios gravitacionales y magnéticos inducen el cambio del clima de la Tierra. El sabio serbio Milutin Milankovich presentó un estudio que vinculaba los movimientos de la Tierra con los ciclos del clima y el cambio climático https://joseramonferrandis.es/un-brindis-por-milutin-milankovic-y-ii/ La mayoría del calentamiento registrado en la última parte del Siglo XX puede ser explicada por las oscilaciones gravitacionales y magnéticas del Sistema Solar sobre el movimiento del planeta Tierra a través del espacio.
El trabajo de Milankovich fue publicado en 1941 y se ha perfeccionado en años posteriores. Se concreta en una elegante y sencilla clave: el perihelio[1] cambia cada 22.000 años y eso afecta al clima. Hay una segunda variable: la excentricidad de la órbita. Ésta varía en ciclos de 100.000 y 400.000 años debido a la influencia de otros planetas (sobre todo Júpiter y Saturno). La tercera variable se refiere a que la Tierra gira sobre un eje que oscila en ciclos de 41.000 años. La coincidencia de estos ciclos lleva, junto con el vapor de agua, a los períodos que conocemos como Edades de Hielo y Períodos interglaciales.
Nicola Scafetta ha estudiado a fondo esta teoría, la ha verificado y ha hallado que las variaciones de temperatura desde 1860 estaban bien reconstruidas por el modelo que utilizaba las tesis de Milankovich. Los partidarios del calentamiento global antropogénico no pueden reproducir las temperaturas del pasado con sus modelos, salvo que hagan trampas y retorcimientos de esos modelos.

https://twitter.com/Armeteo/status/1246130092478210049/photo/1
La segunda teoría es la del comportamiento humano. La hipótesis estriba en que la actividad humana es decisiva: la desaparición inicial[2] de los bosques, la agricultura[3], el regadío de zonas antes desérticas, la urbanización (con las llamadas islas de calor o microclimas asociados), los desarrollos y la urbanización de las costas, los vertidos al mar y otros impactos serían los inductores del calentamiento.
Más de un 33% de la superficie terrestre ha sido modificada por el ser humano. La urbanización acelerada que el mundo experimenta no puede modificar el clima global, pero sí lo hace localmente: edificios, máquinas, asfalto, aire acondicionado, calefacción, vehículos…. Todos ellos generan un microclima que cualquiera de los lectores conoce. Urbanización y agricultura han supuesto un incremento de 0,3°C en el territorio estadounidense. El IPCC, en su informe de 2007, sólo concedía un magro 0,0006 °C cada año del siglo, o sea, un despreciable 0,06°C en todo el Siglo XX. De hecho, Laat & Maurellis (2004)[4] afirman que su efecto térmico es mayor que el causado por las emisiones de CO2.
La deforestación incide sobre los niveles de CO2, tanto al quemar los bosques como al desaparecer los sumideros de CO2 que son las plantas en sí mismas. El IPCC estima que entre un 25% y un 33% del CO2 emitido por el ser humano tiene ese origen. Los desarrollos costeros dañan la línea de costa y los corales. Basuras y sedimentos alteran el funcionamiento de la vida en los océanos. Los aerosoles y el ozono impactan fuertemente en el calentamiento global.
Otra teoría (la tercera) achaca el calentamiento de los últimos 150 años – y dentro de ellos los últimos cincuenta – a variaciones en la circulación termohalina en los océanos, más precisamente en la ralentización de las corrientes oceánicas. Su mayor valedor ha sido William Gray. El argumento, en síntesis, es el siguiente. El agua de los océanos se transfiere constantemente desde las capas superficiales hacia el interior mediante un proceso llamado ventilación. Los océanos se ventilan totalmente cada 1.000 a 2.000 años a través del hundimiento del agua fría salina en las regiones Atlántica y Ártica y el surgimiento en los trópicos de agua menos salina y más caliente en los trópicos. Esta circulación profunda, llamada por sus autores la Meridional Overturning Circulation, se compone de una primaria Atlantic Thermohaline Circulation (THC) y una secundaria Surrounding Antarctica Subsidence. Afirma Gray: “Este pequeño calentamiento es probablemente resultado de las alteraciones naturales en las corrientes oceánicas globales que son impulsadas por las variaciones de salinidad de los océanos. Las variaciones de la circulación del océano se comprenden poco. La especie humana tiene poco o nada que ver con los cambios de temperatura recientes. No somos tan influyentes”. Tras esta aportación estrictamente científica, Gray añade: “Soy de la opinión de que el calentamiento global es uno de los mayores engaños jamás perpetrados contra el pueblo estadounidense[5]”.
El proceso es complejo, pero en resumen, cuando la THC es más fuerte de lo normal, el sistema como un todo experimenta un ligeramente mayor nivel de evaporación/precipitación (en torno al 2%). Cuando el TCH es inferior al normal, la lluvia se reduce en la misma medida. El TCH ha sido débil entre 1910 y 1940 y entre 1970 y 1994, lo que ha reducido la evaporación, la subida de agua fría y el calentamiento superficial, todo ello con los decalajes correspondientes por las masas gigantescas de las que estamos hablando y sus correspondientes inercias.
Según Gray, los cambios en MOC desde 1995 han llevado al cese del calentamiento entre 1998 y 2001 y a la tendencia al enfriamiento desde 2001 hasta 2016.
Gray era escéptico sobre las actuales teorías antropogénicas, que entendía soportadas esencialmente por científicos temerosos de perder sus fondos para investigar y promovidas por políticos y ambientalistas en busca del gobierno mundial. En junio de 2010, Gray escribió a la American Meteorological Society criticando su patrocinio del calentamiento global antropogénico. Dijo que sus miembros seguían una agenda política y no una científica y les acusó de trabajar para intereses específicos más que para los de la comunidad científica. Le costó caro, como sin duda esperaba.
La cuarta, la teoría del biotermostato[6], afirma que la retroalimentación positiva (más calor) que inducirían los gases de efecto invernadero serían contrarrestada parcial o totalmente por procesos biológicos y químicos, quienes actuarían como biotermostatos, manteniendo las temperaturas en equilibrio. Hay seis actores principales que alimentarían el biotermostato. Veamos cuáles serían y cómo operan.
El primero es el secuestro del carbono. Todo incremento de CO2 es inmediatamente absorbido por las plantas y por el suelo en su entorno, equilibrando la balanza. Su mayor defensor es Wolfgang Knorr, del Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Bristol (Reino Unido). Éste asegura que el incremento de CO2 depositado ha crecido fuertemente, a la par que las emisiones de dióxido de carbono, lo que contradice directamente la teoría del calentamiento antropogénico: el CO2 sería secuestrado según se emite. Los modelos canónicos del calentamiento no tienen en cuenta este factor.
El segundo es el del sulfuro de carbonilo, un gas sulfuroso incoloro, inflamable y de olor desagradable. Es el compuesto de azufre más abundante de forma natural en la atmósfera. Es emitido por suelo, océanos, volcanes y fuentes hidrotermales. Se transforma en partículas de aerosol sulfato. Éstas reflejan hacia el espacio la radiación solar y provocan un cierto enfriamiento. El sulfuro de carbonilo ha pasado de 373 ppmm (partes por cada mil millones) entre 1616/1694 a 485 ppmm en 2010, de las que sólo un 25% es de origen antropogénico. Los modelos del IPCC tampoco lo toman en consideración.
La luz difusa es el tercer factor compensador. Cuanto mayor es el porcentaje de CO2 en la atmósfera (y paralelamente la productividad de las plantas), mayor es la emisión gaseosa de éstas, que se convierte en aerosoles. Éstos actúan como condensadores de núcleos nubosos, incrementan la capa de nubes, reflejan más luz incidente y así, enfrían la atmósfera. Según Niyogi y otros, la absorción del CO2 general oscilaría entre un 30 y un 50% por esta vía. El IPCC no recoge nada de esto: no es un factor antropogénico.
El cuarto factor son los compuestos yodados, partículas que se forman a partir de las algas marinas. Contribuyen a crear nubes y éstas reducen la radiación solar que llega a la superficie. Cuanto mayor es la temperatura y el nivel de CO2, mayor es el porcentaje de partículas yodadas. C.D. O´Dowd y otros afirmaron en Nature (2002) que el crecimiento de los compuestos yodados neutralizaría el de los gases de efecto invernadero. Y un manto de silencio cayó sobre él.
Con el mismo origen y mecánica de los compuestos yodados encontramos el quinto factor: el sulfuro de dimetilo, emitido por los océanos tanto más cuanto más alta es la temperatura de su superficie. El sulfuro de dimetilo (SDM) es una fuente importante de desarrollo de la formación de núcleos nubosos y, por tanto, en el incremento del albedo. ¿Cómo influye el SDM en la neutralización de la temperatura que se dice produciría un incremento del CO2? En un estudio publicado en 2000 en el Journal of Geophysical Research se demostró que el incremento de 1 grado centígrado en la temperatura del agua incrementaría la concentración de SDM en un 50%. Ello comportaría automáticamente una retroalimentación negativa del calentamiento supuestamente producido por el CO2. Como en los casos anteriormente mencionados, este efecto no se encuentra recogido en los modelos climáticos auspiciados por Naciones Unidas.
El sexto y último es un conjunto de otros aerosoles, de origen biológico marino, biológico terrestre, antropogénicos no biológicos y naturales no biológicos[7]. Cuando aumenta la concentración de CO2 o cuando aumentan las temperaturas, estos aerosoles abundan más en la atmósfera y reflejan más radiación solar, enfriando la superficie de la Tierra.
La quinta teoría es la de la formación de nubes y el albedo. Sugiere que los cambios en la formación y en el albedo de las nubes crean retroalimentaciones negativas que cancelan todo o casi todo el efecto de los mayores niveles de CO2. Esta teoría está basada en la observación, no en modelos. Es un mecanismo automático comprobado en los trópicos: cuando la temperatura del agua se eleva, evapora más y crea más nubes, que mantienen la temperatura de las aguas en una franja de 2°C. Como un termostato.
Richard Lindzen aportó en 2001 la idea del iris adaptativo infrarrojo, un automatismo que funcionaría como un diafragma alterando la cantidad de nubes altas (cirros) para permitir el reforzamiento del enfriamiento infrarrojo[8]. En 2008. Roy Spencer utilizó datos satelitales para corroborar lo afirmado por Lindzen[9]. En 2009, Lindzen y Yong Sang-Choi comprobaron que, en los trópicos, los flujos de radiación hacia el exterior crecen con el aumento de las temperaturas superficiales del mar. Es una retroalimentación negativa clara. Curiosamente, es todo lo contario de lo que afirman ONCE modelos creados al respecto por otros tantos investigadores. Ante las críticas, Lindzen y Choi presentaron en 2010 un nuevo estudio en el que utilizaban datos de los satélites ERBE[10].Volvieron a encontrar retroalimentación negativa por parte de las nubes en los trópicos, lo que implica que “los modelos exageran la sensitividad del clima”[11].
La sexta teoría es que las variaciones de la intensidad solar son responsables de todo o gran parte del calentamiento del Siglo XX y gobernará la del Siglo XXI con independencia de las emisiones de CO2. Sus partidarios aúnan en realidad dos teorías[12], ambas procedentes del Sol: la formación de nubes, que se deriva directamente de los rayos cósmicos, y los cambios en la circulación termohalina de los océanos, que influyen en las temperaturas del agua y en los patrones de los vientos.
El IPCC atribuye a los cambios en la radiación solar – desde 1750 – un forzamiento radiativo de + 0,12 W/m2, extremadamente inferior al que ese mismo IPCC atribuye al CO2, (que es de 1,66 W/m2). Muchos científicos, en base a variables proxy procedentes de muestras de hielo y otras fuentes, han hallado que el forzamiento del sol es diez veces superior al del CO2[13].
La séptima teoría afirma que son los CFCs o clorofluorocarbonos los responsables del calentamiento experimentado a finales del Siglo XX. Su divulgador es David B. Laing. Analizando las tendencias de incremento del CO2 en detalle, observó que los incrementos de temperatura PRECEDÍAN a los incrementos de CO2. Sorprendido, incluyó los CFCs el análisis. Realizó un desarrollo de 24 años (1975/1998), el período del Siglo XX en el que la elevación de temperatura fue de más de 0,5 grados centígrados. Y halló que los incrementos de temperatura tienen lugar dos meses antes (marzo) de que el CO2 alcance su máximo (junio). Por tanto, no es el CO2 el que eleva las temperaturas. Y si no es el CO2, ¿quién es? Laing insertó los datos de reducción de ozono y halló que culminaban en marzo, al igual que las temperaturas. Su correlación es de 0,92, es decir, muy alta. Eso significa que la probabilidad de que el responsable del calentamiento global sea el deterioro de la capa de ozono es también muy alta. Para reforzar esa hipótesis, Laing expuso que fue precisamente en el período 1975/1998 cuando los CFC o clorofluorocarbonos salieron a la atmósfera masivamente desde sprays y refrigeradores.
La razón es que la clorina y la bromina asociados a los CFCs causan el descenso del ozono atmosférico. La entrada en vigor del Protocolo de Montreal cortó la tendencia al alza de la clorina. La recuperación durará hasta mediados del Siglo XXI, porque muchos de los productos químicos incluidos en el Protocolo de Montreal siguen en la atmósfera, destruyendo catalíticamente las moléculas de ozono.
Para cerrar el círculo es necesario saber cómo la reducción de la capa de ozono causa en gran parte el calentamiento global. Y es porque el ozono protege a la Tierra de los rayos ultravioleta B (UV-B), que son 48 veces más cálidos que la radiación infrarroja de la Tierra. Si descienden las moléculas de ozono, más rayos UV-B entran en la atmósfera terrestre.
Esta explicación cuadra bien tanto con el ascenso de temperaturas en el último tercio del Siglo XX como con la pausa o hiato que se dio (y sobre el que los interesados en culpar al CO2 callaron, pues no tenían ni tienen forma de explicar ese fenómeno) en los primeros 15 años del Siglo XXI. Si es así, ¿por qué empezaron a subir de nuevo las temperaturas en 2015? Bennet recurre a la erupción entre mediados de 2014 y primeros de 2015 del volcán Bardarbunga, la más poderosa desde la del volcán Laki en 1783. Lanzó cloruros y bromuros a la atmósfera en forma de cloruro de hidrógeno y bromuro de hidrógeno, con los mismos efectos que los CFCs de los impelentes y refrigerantes. La situación ha vuelto a la normalidad. Los efectos de la erupción del Bardarbunga han pasado, lo que debería permitir un reequilibrio de las temperaturas.

https://www.dcceew.gov.au/environment/protection/ozone/montreal-protocol/graphs
La octava teoría es la del calentamiento global antropogénico. Sus partidarios mantienen que son las emisiones de CO2 por la acción del ser humano las responsables del calentamiento global experimentado en el último siglo y medio. No hace falta insistir.
- ¿Hay un responsable último?
Una de las hipótesis más valoradas por los científicos atribuye directamente al Sol la responsabilidad de las variaciones del clima. Dicho de otra forma, el factor más importante en el clima de la Tierra es la variación en la radiación solar. Es el Sol quien modela el clima. ¿Hay correlación positiva entre actividad y luminosidad solares, por un lado, y calentamiento de la atmósfera terrestre por otro?
La evidencia empírica sustenta que los cambios en la radiación solar recibida en la Tierra afectan a las temperaturas de las áreas terrestre y marítima. A su vez, los cambios en las temperaturas afectan al vapor de agua atmosférico. Y afectan asimismo a los componentes más dinámicos de la insolación ecuador-al-polo y a los gradientes de temperaturas, que varían en escalas temporales que van desde décadas hasta cientos de años.
¿Cómo tiene lugar ese proceso? Veamos el papel de los rayos cósmicos[14], que proceden de la muerte violenta de estrellas gigantescas a lo largo y ancho del Universo. Entran en la atmósfera terrestre y juegan un papel de primera importancia en la formación de los núcleos de condensación y posterior formación de las nubes.
La correlación entre rayos cósmicos y capa de nubes fue comunicada por primera vez por Henryk Svensmark[15] y Eigil Friis-Christensen en 1997. Los electrones proyectados a nuestra atmósfera por los rayos cósmicos de la galaxia estimulan la formación de pequeños núcleos de ácido sulfúrico y moléculas de agua, que son los componentes de los núcleos de condensación de las nubes. En resumen, los rayos cósmicos calientan el vapor de agua y forman nubes. Esas nubes enfrían la atmósfera[16]. Las nubes enfrían más de lo que el CO2 contribuye al calentamiento.
Durante los períodos de mayor actividad magnética solar, el viento solar bloquea parte de los rayos cósmicos y les impide llegar a la baja atmósfera, por lo que se producen menos núcleos de condensación. El resultado es que hay menos nubes de bajo nivel; la consecuencia es que se elevan las temperaturas del aire en la superficie de la Tierra y ésta se calienta.
En agosto de 2016, Svensmark publicó otro estudio en el Journal of Geophysical Research: la Física del espacio sustenta la idea de que existe una importante conexión entre rayos cósmicos y nubes. En esta publicación, los autores hallaron que “la variación de un 3 ó un 4 % de la capa de nubes durante el ciclo solar más reciente está fuertemente correlacionada con el flujo de rayos cósmicos”, inversamente relacionados con la actividad solar.
En esa línea, el Centro Nacional del Espacio (Copenhague)[17] considera probado que el calentamiento experimentado en algunos períodos de la historia del clima está ligado a la disminución de las nubes bajas, que es a su vez consecuencia de la disminución de la radiación cósmica. Nir Shaviv es uno de los científicos que han propuesto la existencia del vínculo entre rayos cósmicos y clima. En un estudio con Ján Veizer (2003) se demostró que la reconstrucción de las temperaturas en el Fanerozoico se correlaciona con el flujo de rayos cósmicos, pero no se correlaciona con la variación del CO2.
En última instancia, es el ciclo del agua quien condiciona, determina y gobierna los cambios en el clima (y no al revés). La hipótesis está demostrada. No sorprende leer al IPCC decir que es el CO2 antrópico quien determina el clima, porque el IPCC se creó para culpabilizar la acción humana, la industrialización, la economía de mercado y la riqueza, pero es científicamente inane.
Voy a extraer los principales argumentos de un ensayo publicado[18] por Steve Goreham.
El ciclo del agua abarca el agua salada de los océanos, el agua dulce de ríos y lagos y el hielo de polos y glaciares. Incluye los flujos entre los océanos y la tierra en forma de evaporación, lluvias y tormentas. Contiene gigantescos flujos de energía que determinan y conforman el clima de la Tierra, las temperaturas y hasta los rasgos superficiales. Los efectos del agua son de varios órdenes de magnitud superiores a los tan cacareados efectos del CO2.
¿Cómo funciona ese ciclo del agua? La luz solar cae con fuerza en los trópicos, donde se absorbe la mayor parte de la energía y con menos fuerza en los polos, donde la energía absorbida es menor. El clima de la Tierra es conducido por la redistribución del calor de los trópicos a los polos. La evaporación crea masivos sistemas tormentosos tropicales. Éstos desplazan la energía a través de los altos niveles de la atmósfera, a latitudes más frías, por medio de los vientos, los frentes tormentosos, los ciclones y las corrientes oceánicas. Este es el ciclo del agua.
El océano Pacífico es la mayor superficie de la Tierra. Cubre un tercio del globo. Supera en dimensiones a la suma de todas las áreas emergidas. A su vez, los océanos constituyen el 70% de la superficie de la Tierra. Multiplican por 250 la masa de la atmósfera y pueden conservar 1.000 veces más energía. De hecho, la masa de sus primeros 10 metros de profundidad equivale a la de toda la atmósfera. Por eso los océanos tienen un efecto tan poderoso sobre el clima de la Tierra. El propio efecto invernadero está dominado por el agua; ya sabemos que más del 95% del efecto invernadero está causado por el vapor de agua y las nubes.
Durante 16 años y luego durante 7 más[19], las temperaturas de la superficie de la Tierra no se han incrementado, a pesar del aumento incesante de dióxido de carbono. Todos los modelos predecían un rápido incremento en las temperaturas, en contradicción con los datos observados. Los modelos son con frecuencia incapaces de predecir el tiempo a dos días vista, así que resulta pretencioso hablar de las tendencias del clima a largo plazo. Durante el período 1998/2015 no tuvo lugar calentamiento alguno según las mediciones satelitales. Es más, la temperatura descendió ligeramente. El fenómeno es conocido por “La Pausa”. Entretanto, las emisiones de CO2 se disparaban. Y eso ocurre porque el efecto invernadero del CO2 es débil, marginal, irrelevante.
Desde finales del Siglo XIX las temperaturas globales han seguido los ciclos de la Oscilación Decenal del Pacífico (PDO)[20] y de la Oscilación Multidecadal del Atlántico[21]. Se los conoce mejor por El Niño y por su némesis, La Niña. El Niño es un fenómeno oceánico ecuatorial durante el cual las aguas frías profundas del Pacífico Oriental dejan de emerger a la superficie. Ésta se recalienta, aumenta la evaporación, calienta el aire y la temperatura media global alcanza un pico alto (Antón Uriarte[22]).
A El Niño se le conoce asimismo por ENSO, es decir El Niño Southern Oscillation. Tanto él como ella son las dos formas que revisten los ciclos oceánicos.
Se ha subrayado la prevalencia de La Niña desde 1998 hasta 2015. Entre 1975 y 1998, cuando las temperaturas se elevaban, el Pacífico experimentó más frecuentes episodios cálidos El Niño que fríos La Niña. La ODP/PDO entró una fase fría. Y con ella, vimos más La Niña. Quizá tantas La Niña sean las responsables de la estabilidad de las temperaturas. Si es el caso, ¿no evidencia ese fenómeno que los océanos y los ciclos del agua son más fuertes que el CO2?
El efecto invernadero contribuye al calentamiento con 153 W/m². De éstos, 150 W corresponden al vapor de agua y 3 W al sumatorio de CO2, metano y otros gases. Además, sólo una muy pequeña parte del CO2 es antropogénico. Visto el panorama, ¿de verdad es el CO2 antrópico el responsable del calentamiento de la atmósfera? Tampoco hay correlación entre CO2 y temperatura. El 40% del calentamiento del Siglo XX se ha producido antes de 1940 y el 80% de los GEI antropogénicos es posterior a 1940. A largo plazo, las modificaciones de la temperatura global se correlacionan con una combinación de fuerzas naturales (actividad solar y temperaturas marinas superficiales), no con los niveles de CO2 de distintos orígenes. ¿Qué más puede decírsele a un zelote[23] para que deje de creer lo que no se ve y crea lo que se ve?
Concluyamos. Podemos resumir este texto de la siguiente manera: La teoría políticamente correcta, y por esa razón canónica, afirma que las variaciones (sólo al alza) de las temperaturas que experimenta la atmósfera terrestre se deben a la acción del CO2 en su condición de gas de efecto invernadero. No hay otras causas. Es sencillo de explicar y más aún de asimilar.
Sin embargo, existen otras teorías, las cuales afirman que existen varias causas concomitantes posibles. Descartan el CO2 antropogénico como causa relevante, aunque una pequeña parte del calentamiento se pueda deber al CO2, del que el producido por el hombre es un 3% aproximadamente. Más crédito les merece el ciclo del agua en las circulaciones oceánicas y la acción del vapor de agua en la atmósfera, cuya presencia en forma de nubes depende de los rayos cósmicos. También influye la posición de la Terra en torno al Sol y las variaciones en éste. Y por supuesto, la acción de hombre en los procesos de urbanización, así como los CFCs y distintos aerosoles.
En último análisis, la mayoría de las causas conducen al Sol, responsable principal.
[1] La máxima proximidad de la Tierra al Sol en su órbita elíptica es el perihelio; la más lejana es el afelio.
[2] Ya no es el caso: la reforestación es un hecho medido, filmado y demostrado.
[3] El regadío, al aumentar la capacidad de absorción de calor del suelo, provoca un aumento de la radiación nocturna y por ende, el incremento de las temperaturas mínimas. De hecho, en el período 1950-2004, un análisis sobre el 71% de las tierras continentales afirma que las temperaturas mínimas han subido más que las máximas: 0,20°C/década frente a 0,14°C/ década.
[4] 2004, Geophysical Research Letters.
[5] Gray habla de las consecuencias para los EE. UU. de las suicidas políticas en materia de generación energética, trufadas de prohibiciones y dificultades. Si es aplicable a los EE. UU., lo es para todo el globo.
[6] Esencialmente extraída del librito titulado “Siete teorías del cambio climático”, agrupadas por Joseph L. Blast, presidente del Heartland Institute, en 2010.
[7] A estos últimos corresponde la emisión de distintos productos en las erupciones volcánicas. Hay una clara correlación entre grandes erupciones y caída de temperaturas, como se ha comprobado con el volcán Huaynaputina (Perú) en 1600, el Tambora (Java) en 1815, el Krakatoa (Java, 1885) y el Pinatubo (Filipinas, 1991). Y si nos remontamos a 73.500 años antes de 1950, la erupción del volcán Toba (Sumatra) provocó gigantescas alteraciones del clima en todo el globo.
[8] La capa de nubes se reduce un 22% por cada incremento de un grado en la temperatura. Son datos, no modelos.
[9] El efecto neto de las nubes durante las oscilaciones tropicales estacionales es enfriar el sistema atmosférico oceánico durante la fase cálida troposférica y calentarla durante la fase fría”.
[10] ERBE por Earth Radiation Budget Experiment, ERBE se sirve de tres satélites orbitales: el NASA Earth Radiation Budget Satellite (ERBS) y dos de la NOAA. Los datos de los tres se utilizan para estudiar el intercambio de energía entre el Sol, la Tierra y el espacio.
[11] Lo que estaba demostrado.
[12] El lector ya se habrá fijado en que las seis primeras teorías se interrelacionan parcialmente, aunándose todas ellas en la importancia última del Sol. Parece una obviedad. De hecho, ES una obviedad, pero no podemos poner impuestos al sol como podemos hacerlo con la emisión de CO2. Y si, de paso, desmontamos las industrias de Occidente en favor de China e India, la jugada es redonda.
[13] Esto no puede extrañar: el tratado constitutivo del IPCC busca culpar al ser humano y sólo al ser humano del calentamiento global.
[14] Los rayos cósmicos que alcanzan la atmósfera son principalmente (98%) protones y partículas alfa de alta energía, que cruzan el universo a velocidades cercanas a la de la luz. El resto está constituido por electrones y partículas pesadas ionizadas, denominadas partículas primarias.
[15] Henryk Svensmark, astrofísico danés en el Danish National Space Center: «Nuestro equipo ha descubierto que los pocos rayos cósmicos que alcanzan el nivel del mar juegan un papel importante en el tiempo de cada día. Contribuyen a generar nubes bajas, que en gran medida regulan la temperatura de superficie de la Tierra. Durante el siglo XX la entrada de los rayos cósmicos disminuyó, con la consiguiente reducción de la nubosidad, lo que permitió que el mundo se calentara. La mayor parte del calentamiento durante el siglo XX se explica por una reducción de la cubierta de nubes bajas».
[16] Unos 20 W/m2, resultante del albedo (50W/m2) menos el 30W/m2 de su propio efecto invernadero. En resumen, durante el día, las nubes protegen del sol y por la noche, evitan el enfriamiento. Seguro que el lector lo ha notado.
[17] El experimento de referencia está datado en 2006. En una cámara instalada en el sótano del Centro, reprodujeron el impacto de los rayos cósmicos en la atmósfera. Los electrones generados, en un proceso ionizante, catalizaron aerosoles (sobre todo, los derivados del azufre) y crearon “núcleos de condensación”, que a su vez potenciaron la creación de nubes. La teoría había quedado demostrada.
[18] En el Washington Times (2013).
[19] Desde 1998 hasta 2015 y desde 2016 a 2023.
[20] Pacific Decadal Oscillation (PDO).
[21] Atlantic Multidecadal Oscillation (AMO).
[22] Antón Uriarte fue doctor en geografía por la Universidad de Zaragoza especializado en climatología. Español y donostiarra, falleció en agosto de 2019 (69 años). Fellow Royal Meteorological Society y miembro de la Sociedad Aranzadi de Ciencias Naturales, fue catedrático en la Universidad del País Vasco. Mantuvo un popular blog sobre el cambio climático (era escéptico) y tenía una gran capacidad de comunicación. Afirmaba que existe un cambio climático, pero mantenía posiciones relativamente contrarias a la influencia que tiene el ser humano en ese cambio: tal influencia no es determinante y el principal causante del aumento de temperaturas no es sólo el dióxido de carbono generado por el hombre (las erupciones volcánicas, los fenómenos de «El Niño» o la «La Niña», el plancton, etc. tienen mucha mayor relevancia). Incluso no consideraba que el CO2 fuera un contaminante, ya que no es tóxico, sino al contrario, un fertilizante necesario para la vida vegetal, por lo que una mayor cantidad favorecerá el crecimiento de las plantas (como ya ha ocurrido en otras épocas). Defendía el uso del carbón.
[23] El término zelote proviene del latín eclesiástico zelōtes, y Éste del griego ζηλωτής (zelotai), que significa sectario.
por José-Ramón Ferrandis | 4 Oct 2023 | Cambio climático
Medios de comunicación de masas de todo el mundo presentan la realidad de manera sesgada, ocultan información, mienten sin rebozo y desconciertan con engaños a quienes deberían servir. Véase.
Seguro que usted, lector, ha oído sin parar un solo día que este mes de agosto (y el de julio[1], si a eso vamos) de 2023 ha sido el más cálido de la historia o afirmación grandilocuente similar. Muchos gráficos de evolución de temperaturas no se han podido ver en los medios[2], pero eso no ha sido óbice para que el bombardeo cejara un solo momento. Siempre había un dato suelto, una ubicación cualquiera, un récord, algo para echarse al coleto. Son así. Siguen instrucciones, no importa lo que haya detrás. La idea es asustar a la población para que acepte lo inaceptable.
Pues echemos un cuarto a espadas por los datos, la verdad y la (fría, como este mes de septiembre, que en materia de temperaturas está muy por debajo de la media, al menos en España. ¿Ha oído usted decir algo a los biempagaos? No, padre.) reflexión. Nada mejor que acceder a una fuente conocida y acaso fiable[3].
Se trata de la NOAA, acrónimo que corresponde a la National Oceanic and Atmospheric Administration de los Estados Unidos. Acaba de publicitar su documento mensual USCRN[4] August Temperature Anomaly for Contiguous U.S.[5], que como sabe el lector, es el gráfico de anomalías[6] de temperatura para el mes de agosto referidas a los EE. UU. contiguos (o sea, todo el territorio federal menos Alaska y Hawái).
El gráfico de casi 20 años, tras incorporar el mes de agosto, es el que ven al pie. En el extremo derecho están los últimos meses. El último corresponde, lógicamente, a agosto de 2023 ¿Ve usted, lector, algo anormalmente alto? No, ¿verdad? Pues será porque no lo hay.

zc_chart_gy1nfak17gt_1695671654942.pdf
Pero no nos fiemos del ojo, por avisado que esté y entrenado que se halle. Vamos a los datos y mejor aún, a su incardinación en perspectiva. Y nada mejor para ello que el cuadro que viene en el artículo de Wattsupwiththat[7]que me ha permitido en parte escribir este texto.
Como se ve, agosto de 2023 es sólo el 5º mes más cálido desde 2005, que es cuando la NOAA empezó a utilizar USCRN. El que se halla en primer lugar es agosto de 2011. Hace doce años. Y ocurrió dentro de un largo período de pausa[8], es decir, que no significaba nada de forma aislada. Nada.
Nos queda preguntarnos, con el autor del artículo, Larry Hamlin, ¿dónde está la ”emergencia climática”? Está en la mente de los manipuladores.
No sé. Debe haber algo aquí que no termino de pillar. Igual si, en lugar de las anomalías, vemos los datos de temperaturas, ajustados como están al gusto de la administración norteamericana, encontremos algo de interés. Veamos. Hay un gráfico de la NOAA (mismo organismo, misma dependencia) que a lo mejor….
Se refiere, efectivamente, a las temperaturas. A la izquierda, en grados Fahrenheit. A la derecha, en grados Celsius.

Global Boiling Summer In The USA | NOT A LOT OF PEOPLE KNOW THAT (wordpress.com)
A ver….¡caramba, tampoco!¡No puede ser!. Pero si la BBC iba cascando en primera plana esta (des) información tan clara y concisa…[9]

Quizá es que la BBC se ha puesto más hiperbólica que de costumbre…
Ya sé. Vale. No ha hecho más calor que otros años en verano, sea, pero seguro que la sequía ha sido la bomba. ¿Tenemos algún gráfico por ahí? A ver…. ¡Sí, lo tenemos!

Global Boiling Summer In The USA | NOT A LOT OF PEOPLE KNOW THAT (wordpress.com)
Pero hombre, si las precipitaciones están justo en la media desde 1895… . ¡Vaya por Dios! Bien, entonces seguro que hay datos sobre la severidad de la sequía que sufren los estadounidenses.

Global Boiling Summer In The USA | NOT A LOT OF PEOPLE KNOW THAT (wordpress.com)
¡Pues tampoco!¡Qué desastre! ¡No hay emergencia de ningún tipo! A ver si todo se debe a que las mediciones de temperatura no son lo suficientemente amplias. En cuanto encuentre una serie larga, seguro que, al poner los datos en perspectiva, vemos por fin la tan cacareada emergencia.
¡Eureka! ¡Lo encontré! Empieza en 1895. Eso sí, no llega a 2023, pero sí a 2018. No aparecen los últimos 5 años. Por algo será[10].

Where Is The “Climate Emergency”? • Watts Up With That?
Nada, no ha podido ser. Ningún dato avala el alarmismo prevaleciente en los medios de comunicación de todo el mundo. Si no hay datos, lo que hay es ideología.
Esta farsa tiene que acabar ya. Pero ya mismo.
[1] Ya lo denuncié aquí https://joseramonferrandis.es/instituciones-europeas-que-enganan-sin-verguenza/
[2] Pronto sabrán por qué.
[3] Fiable para el gobierno de los EE. UU., lo que automáticamente la convierte en sospechosa, vista la política climática (y alguna otra) de esa administración. Pero nos viene bien, porque si de algo peca la NOAA es de alineada con el pensamiento único o la corrección política, como prefieran, lo que nos pone a salvo de los criticismos por elección de organismo. Así están las cosas.
[4] Por US Climate Reference Network
[5] National Temperature Index | National Centers for Environmental Information (NCEI) (noaa.gov)
[6] Las anomalías se miden por el número de grados con que la temperatura varía respecto de la media. Una anomalía positiva significa que las temperaturas fueron más altas que el valor de referencia y viceversa.
[7] https://wattsupwiththat.com/2023/09/13/noaa-uscrn-august-temperature-anomaly-for-contiguous-u-s-released-wheres-the-climate-emergency/
[8] https://joseramonferrandis.es/la-pausa1-sigue-entre-nosotros/
[9] Si no creen, vean aquí https://www.bbc.co.uk/news/world-us-canada-66195722
[10] Efectivamente, es porque el gráfico está elaborado en 2019.