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JRF

Un blog reaccionario

«Verum, Bonum, Pulchrum»

¡Un brindis por Milutin Milanković! (y II)

por | 12 Jun 2023 | Cambio climático

En la anterior entrega https://joseramonferrandis.es/un-brindis-por-milutin-milankovic-i/ hablamos de los trabajos de Milutin Milankovich, no tanto pionero cuanto genial demostrador del nexo que existe entre las fuerzas que rigen el comportamiento de la Tierra en su singladura celeste y el clima de nuestro planeta. Los tres tipos de cambios que experimenta la Tierra en relación con la irradiación solar se habían revelado capitales a la hora de entender la razón subyacente a las glaciaciones del hemisferio Norte (Europa, fundamentalmente) en el Cuaternario.

Es hora de bajar de las Musas al teatro. Milankovich adelantó las conexiones causales[1] y ahora vamos a ver los resultados en la práctica.

En primer lugar, el gráfico al pie muestra (para un período de 400.000 años), las elevaciones y descensos de temperaturas en la atmósfera terrestre y sus correlatos consecuenciales, las glaciaciones[2]. Las temperaturas que en él aparecen se han estimado a partir de los núcleos de hielo en EPICA[3], que evidencian la reiteración con que se producen fenómenos alternativos de calentamiento y enfriamiento por causas naturales.

Además de las procedentes de los núcleos de hielo de la Antártida, se han extraído muestras sedimentarias de los lechos de los océanos. Los primeros concluyeron que la respuesta climática documentada en el hielo fue inducida por la insolación del hemisferio norte, tal como propuso la hipótesis de Milankovich[4]. los segundos confirmaron lo avanzado por el hielo, revalidando las teorías del serbio. Aunque “Science is never settled[5]”, la correcta aproximación de Milankovich a la realidad fue un gran paso adelante.

De entre los ciclos de Milankovich, la oblicuidad (mucho más que la precesión, que regula la insolación en el período de verano) está estrechamente relacionada con las oscilaciones del clima en la Tierra; esa afirmación es abundante e inequívoca[6]. Varias son las evidencias que la sustentan. La primera, que las temperaturas están perfectamente en fase con la oblicuidad[7]. La segunda, que los cambios en las temperaturas, concretamente las de los períodos interglaciales, muestran una duración que es consistente con los ciclos de la oblicuidad[8]. Eso permite afirmar que precesión y excentricidad juegan un papel secundario.

Por su parte, la excentricidad contribuye con una cantidad de energía que se halla un orden de magnitud por debajo de la aportada por los demás elementos componentes de la órbita y, sin embargo, desencadena la mayor respuesta climática[9], lo que hace que el ciclo glacial sea el resultado de una interacción entre dos ciclos operando simultáneamente, el ciclo de oblicuidad de 41.000 años y el ciclo de 100.000 años que obedece a la excentricidad. Por ser más precisos aún, la evidencia nos muestra que el ciclo de 100.000 años determina la acumulación inicial de hielo, mientras que el ciclo de 41.000 años determina los interglaciales. Están relacionados, pero son independientes[10].

En resumen, la observación de los datos de los últimos 2,6 millones de años muestra que, en su mayor parte, las glaciaciones han tenido lugar a intervalos de 41.000 años[11]. Esa cifra es precisamente coincidente con los cambios en la oblicuidad, como decíamos en el artículo anterior[12] y hace un par de párrafos. Y eso ocurre porque la Tierra (y todo planeta) se demora más en su recorrido cuanto más lejos está del Sol[13]. El efecto del cambio de insolación entre el afelio y el perihelio es de apenas el 6,4%. Y el total de insolación media anual cambia menos del 0,2% debido a la excentricidad.

Ya, pero, ¿qué pasa si nos remontamos no ya a 2,6 millones de años, ni siquiera a 26 millones de años, sino a 60 millones de años? Ese es el inicio de la Era Cenozoica, antes llamada Terciario. Analicemos lo ocurrido desde entonces hasta casi ahora mismo[14], tras el final del Cenozoico y el inicio del Cuaternario, que tuvo lugar precisamente hace 2,6 millones de años.

Pues veamos lo que pasaba, lo que pasó[15]. Expliquémoslo. En el gráfico que ven al pie se aprecia la Era Cenozoica y sus épocas: Paleoceno, Eoceno, Oligoceno, Mioceno, Plioceno y Pleistoceno, ésta última ya coincidente con el Cuaternario[16]. Es un período largo. Y en ese cuadro, dejando de lado por un momento los Ciclos de Milankovich en el Olimpo, vamos a descender a la arena. Vamos a ver el comportamiento del CO2. Vale que en nuestros días no hay ni correlación ni causación entre CO2 y temperaturas de la atmósfera, pero ¿qué ocurrió justo tras la desaparición de los dinosaurios de la capa de la Tierra?

Leamos el gráfico desde la izquierda, con 500 ppm de CO2[17] y temperaturas entre 3° C y 4°C superiores a las actuales. A lo largo del tiempo, el CO2 y la temperatura siguieron caminos distintos, experimentando ascensos y descensos sin asociación alguna. Hace 35 millones de años, con en torno a 1.000 ppm de CO2, la temperatura empezó a ascender fuertemente (y mucho después el CO2 subió rápidamente). Se desarrollaron enormemente las plantas, lo que estabilizó primero y redujo después el nivel de CO2, mientras las temperaturas se hallaban en una meseta de 25 millones de años de duración.

La conclusión es que temperatura y CO2 están claramente desacoplados[18]. Y si nos concentramos en el Holoceno, es decir, en los últimos 11.000 años hasta este momento, los fenómenos observables se comportan igual. Vamos a verlo.[19]

Como se puede observar, nada más salir de la última glaciación, el CO2 subió muy rápidamente (para descender con fuerza acto seguido), las temperaturas bajaron (para subir después) y el metano se fue desplomando primero y se elevó después, a su aire. Nada es como el IPCC dice que debería ser. Nada. ¡Vaya por Dios!

De aquí concluimos que, en los últimos 60 millones de años, el CO2 no influyó apreciablemente en la temperatura de la Tierra. No lo ha hecho, no lo hace y no lo hará. No esperen que lo reconozcan quienes afirman que sí lo hace, pero ya que no aceptan la realidad, deberán aceptar nuestro rechazo de sus planteamientos.

Entonces, ¿cuál fue el papel del CO2 en el ciclo glacial? Está demostrado que los descensos de temperatura preceden en centurias, y hasta en milenios, a los descensos de CO2. Por ejemplo, hay períodos concretos en los que las temperaturas en la Antártida[20] decrecieron 4 °C en 8.500 años (entre los hitos anuales 123500 y 115000), sin que variara en absoluto el nivel de CO2. Así, tenemos que confirmar, basándonos en los datos, que el CO2 juega un papel despreciable durante los ciclos glaciales y su máxima capacidad de calentamiento en las fases terminales de éstos no alcanza siquiera el 17% del total. El cambio de concentración de CO2 que se ha podido medir es demasiado pequeño como para este GEI pueda afectar a los cambios de temperatura detectados.

La disparidad existente entre aumentos de CO2 y de temperatura al final de la última glaciación asegura que no hubo protagonismo del CO2 en el final de la glaciación. En esa línea, parece razonable concluir que tampoco tendrán papel protagonista alguno en la próxima etapa glacial.

Adicionalmente, como sabemos, el CO2 existente en la atmósfera se absorbe cada vez más mediante sumideros de carbono, de manera que cuanto más se produce, más se absorbe y se retira de la atmósfera. Ese dato opera adicionalmente en contra de la hipótesis del calentamiento desde los actuales niveles atmosféricos de CO2.

Termino. El efecto de los ciclos de Milankovich en la periodicidad del clima fue recibido con recelo en su día; sin embargo, desde los años 70 diversos estudios han venido a avalar el modelo y las predicciones del serbio, mostrando que tanto los datos geológicos de estratos antiguos como los registros fósiles de ciertos organismos son compatibles con fluctuaciones en el clima que pueden explicar la periodicidad de las glaciaciones cada 100.000 años.

Tras estos dos artículos sobre Milutin Milankovich, sus tesis y sus demostraciones, podemos llegar a unas claras conclusiones:

  1. La constante interacción entre oblicuidad y excentricidad guía los cambios de clima más relevantes reflejados en la temperatura de la atmósfera de la Tierra. Milankovich tenía razón.
  2. El CO2 juega un papel muy menor en las variaciones del clima, y esto sólo en algunas fases dispersas y con determinadas concentraciones.
  3. La temperatura hace subir al CO2, siempre.
  4. El CO2 no eleva la temperatura, salvo en circunstancias muy excepcionales.
  5. El IPCC es un organismo dedicado exclusivamente a falsear la realidad y las perspectivas de la temperatura de la atmósfera terrestre y sus variaciones.

[1] Parece ser buen momento para significar que, en sí misma, “correlación no implica causación”. En el caso de los movimientos de la Tierra, sí hay correlación y sí hay causación, es decir, el Sol y sus variaciones en la incidencia de la energía recibida por la Tierra. Es el Sol quien causa el cambio climático (esta vez es correcto: “cambios climáticos” como caracterización de los incesantes cambios en el clima de la Tierra). Las glaciaciones ocurren por eso. En cambio, en el caso del CO2 y las temperaturas, geológicamente hay correlación, pero no hay causación: el CO2 se incrementa entre 400 y 800 años DESPUÉS de que lo hayan hecho las temperaturas. Los hay que extienden el plazo a miles de años.

[2] Aunque he elegido este gráfico por su apoyatura cromática, el hecho relevante es que los períodos glaciales están claramente definidos. Un vistazo al eje de ordenadas nos da una idea de las temperaturas medias en cada caso.

[3] EPICA, por su acrónimo en inglés, European Project for Ice Coring in Antarctica es un proyecto de investigación entre la Comisión Europea y la European Science Foundation. Por medio de la extracción profunda de muestras de hielo en la Antártida, el proyecto busca obtener información de los registros climáticos y atmosféricos capturada en el perfil de los hielos analizados, obtenida mediante perforación, extracción, análisis de muestras compuesta, y comparación con información semejante de Groenlandia (GRIP y GISP). La evaluación de esos registros proporciona información acerca de la variabilidad climática natural y de los mecanismos de cambios climáticos rápidos durante la última época glaciar. El muestreo se completó en diciembre de 2004, tras alcanzar los 3270,2 metros, 5 antes de tocar el lecho de roca.

[4] De todos los ciclos orbitales, Milankovitch creía que la oblicuidad tenía el mayor efecto sobre el clima, y que lo hacía variando la insolación del verano en las altas latitudes del norte.

[5] El ínclito Al Gore aseveró hace años que “Science is settled”, demostrando así su ignorancia sobre el método científico. Bien es cierto que lo suyo no es acudir a la Ciencia, sino al dinero.

[6] En los primeros 1980s se hipotetizó que el ritmo de los períodos interglaciales estaba determinado por cambios en los picos de insolación causados por las variaciones en la precesión. Ya no es el caso.

[7] El ajuste es tan perfecto que deja pocas opciones a precesión y excentricidad para condicionar la variación temporal de temperaturas. Esos ciclos solo afectarían a la amplitud de la respuesta de las temperaturas a los cambios en la oblicuidad.

[8] La impronta de la oblicuidad en el clima está en todas partes, incluso en los trópicos, donde el efecto de la oblicuidad debería ser muy bajo.

[9] Podríamos darle el papel de detonante.

[10] Durante años, la aparente descoordinación de los ciclos fue motivo de confusión.

[11] Cosa que, en principio, era bastante sorprendente. Se cree que el efecto en los cambios de oblicuidad se refuerza con otros cambios en el gradiente latitudinal.

[12] Se constata que los cambios debidos a la mayor excentricidad, es decir, a una mayor distancia entre el Sol y la Tierra, apenas tienen efectos en la insolación como tal.

[13] Eso es debido a la segunda ley de Kepler, enunciada en 1609, que equivale a la constancia del momento angular, es decir, que cuando el planeta está más alejado del Sol (afelio) su velocidad es menor que cuando está más cercano al Sol (perihelio).

[14] En términos geológicos, quiero decir.

[15] Este gráfico aparece en el libro de Javier Vinós “Climate of the Past, Present and Future. A scientific debate”, 2nd ed. September 2022 Publisher: Critical Science Press ISBN: 9788412586701. El libro obra en mi poder gracias a la gentileza de Ángel Fernández Cancio.

[16] Este enlace es el más claro de cuantos he visitado: https://es.wikipedia.org/wiki/Era_geol%C3%B3gica

[17] Recordemos que en este momento disfrutamos de 420 ppm.

[18] Vea el lector la frase en el texto bajo el gráfico: “no correlation is evident between temperature and CO2 data”

[19] Con mi agradecimiento a Ángel Fernández Cancio, quien ha suministrado el gráfico y los comentarios.

[20] Interpretación efectuada sobre la base de variables indirectas (EPICA Dome C deuterium proxy).

Autor del artículo

<a href="https://joseramonferrandis.es" target="_blank">José-Ramón Ferrandis</a>

José-Ramón Ferrandis

Nacido en Valencia (España) en 1951. Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense. Técnico Comercial y Economista del Estado. Salvo posiciones en Madrid, destinado sucesivamente en Ceuta (España), Moscú (URSS), Washington (EE. UU.), Moscú (Rusia) y Riad (Arabia Saudita). Profesor de Análisis Riesgo País, Análisis de tendencias y Mercados internacionales. Analista. Escritor (Globalización y Generación de Riqueza, África es así, Crimen de Estado). Áreas de especialización referidas a su trayectoria. Con el blog espera poder compartir experiencias y divulgar análisis sobre asuntos de interés general, empezando por el clima y terminando por la Geopolítica; sin dejar de lado la situación de España. Lo completará publicando semanalmente la Carta de los martes, que tiene 4 años de existencia.