por José-Ramón Ferrandis | 6 Dic 2022 | Carta de los martes
Queridos amigos:
El 6 de diciembre de 1978 se aprobó la Constitución Española vigente[1]. Tras ser ratificada en referéndum el 6 de diciembre y ser sancionada y promulgada por el rey Juan Carlos I el 27 de diciembre, entró en vigor el 29 de diciembre[2] de 1978, fecha de su publicación en el Boletín Oficial del Estado. Previamente había sido aprobada por las Cortes Generales en sesiones plenarias del Congreso de los Diputados y del Senado celebradas el 31 de octubre de 1978.
La anterior Constitución como tal[3] que rigió en España fue la de 1931, durante la II República. Constituciones de características documentalmente cerradas fueron siete[4] antes de la actual. Durante el período franquista, la Constitución vigente fue un conjunto de Leyes Fundamentales[5] que hacían sus veces. No funcionó de manera distinta por ello, como no lo hace en los países con ordenamiento jurídico anglosajón.
En realidad, la historia constitucional de España tan sólo cubre parte del Siglo XIX, parte del Siglo XX y todo lo que llevamos del Siglo XXI. Su característica fundamental ha sido la inestabilidad que los diversos textos constitucionales, habitualmente de origen partidista, han llevado en su seno – por eso mismo –, contando con escaso apoyo y/o indiferencia en la población.
Echemos un vistazo a las antecesoras de la Constitución de 1978.
- El primer texto, el Estatuto de Bayona[6] de 1808, fue una Carta Otorgada de origen autodescalificante, escasa aplicación y menor plazo de vigencia, enmarcada en un contexto histórico de guerra contra el invasor francés. No la contabilizamos como antecesora.
- Sí lo hacemos con la Constitución de 1812, que aparece como respuesta a la invasión napoleónica[7]. Poseía carácter liberal. Adolecía de un defecto muy habitual en las constituciones continentales europeas: es muy extensa. Su característica distintiva era que la soberanía radicaba directamente en el pueblo. El Rey poseía grandes facultades ejecutivas y poder de veto temporal sobre las decisiones del Poder Legislativo. Fue aplicada entre 1812 y 1814; posteriormente, lo fue entre 1820 y 1823, durante el llamado Trienio Liberal; finalmente, rigió durante un breve lapso temporal en 1836.
- El siguiente texto a contabilizar es la Carta Otorgada de 1834[8]. Conservadora, tenía por objetivo principal la regulación del funcionamiento de la Corona. Introdujo el bicameralismo y la elección directa.
- Tras el motín de La Granja de San Ildefonso[9] y un breve periodo de vigencia de la Constitución de Cádiz, se promulgó la Constitución de 1837. Liberal, suponía la revisión de la Constitución de Cádiz. Se consagraban los principios de soberanía nacional y división de poderes. Se mantenía el veto absoluto del Rey, la elección directa y el bicameralismo parlamentario bajo los nombres de Congreso de los Diputados y Senado. En el Congreso, los diputados eran elegidos por sufragio censitario[10] directo, renovándose un cuarto de la Cámara cada trienio. En el Senado, sus miembros eran elegidos mediante un sistema mixto vía ternas mediante sufragio directo. Luego, el Rey escogía a uno de los tres candidatos.
- Vista la escasa observancia de la Constitución de 1837 por quienes debían hacerlo[11], la Constitución fue reformada tras la mayoría de edad de Isabel II. De ello salió la Constitución de 1845, conservadora. Introducía la soberanía compartida entre el Rey y las Cortes. Se conservaba la división de poderes. El legislativo era bicameral: el Congreso se renovaba en pleno cada cinco años mediante sufragio censitario directo; el Senado se constituía mediante elección regia entre españoles de altísima renta y que además estuviesen comprendidos en un conjunto de altos cargos eclesiásticos, militares y civiles, o bien en la alta nobleza. El inestable período histórico vio un proyecto de nueva Constitución, que nunca llegó a entrar en vigor, llamada Constitución nonata de 1856.
- Tras la Revolución de 1868, la Constitución de 1869 habilitó como rey a Amadeo I[12] y configuró una monarquía parlamentaria, nunca antes posibilitada. Congreso y Senado eran elegidos por sufragio universal masculino y directo[13]. La Constitución bendijo un amplio abanico de derechos fundamentales[14].
- La abdicación de Amadeo I desembocó en la proclamación de la Primera República española. El Proyecto de Constitución Federal de 1873 planteaba un Estado cuyo legislativo se vertebraba a través de un bicameralismo estricto. Junto a la Constitución Federal regirían las constituciones de los diferentes estados de la Nación, que contarían con la mayoría de las competencias, salvo la defensa nacional y la política exterior. El proyecto de Constitución no entró en vigor por el caos absoluto en el que se hallaba España, que abocó al golpe de Estado del general Pavía (1874).
- Tras la Restauración de la monarquía se promulgó la Constitución de 1876, impulsada sobre todos por Antonio Cánovas del Castillo y Manuel Alonso Martínez. El Rey ostentaba el poder ejecutivo y un poder legislativo compartido con las Cortes. Era una monarquía constitucional muy dependiente del Monarca. Por otra parte, su flexibilidad y adaptabilidad[15] le confirió una gran vigencia en el tiempo.
- El final de la Constitución de 1876 fue abrupto, con el advenimiento de la Dictadura del general Miguel Primo de Rivera y la coda del general Dámaso Berenguer. Proclamada la Segunda República española, la Constitución de 1931[16], de carácter fuertemente progresista, establecía una división de poderes en la que el legislativo se organizaba sobre un Parlamento unicameral elegido por sufragio universal directo. La Cámara tenía un calendario fijo de sesiones. El Presidente[17] (que encarnaba el Poder Ejecutivo) de la República podía convocar plenos de manera extraordinaria, así como suspender – con restricciones – las sesiones. Se creó un Tribunal de Garantías Constitucionales para resolver eventuales inconstitucionalidades de las leyes, los recursos de amparo y los conflictos de competencia legislativa. Territorialmente hablando, España se estructuraba en provincias y municipios. Era posible constituir regiones autónomas. Como la Constitución de 1868, desplegaba un conjunto de derechos fundamentales muy extenso.
- Durante el período franquista, rigió un conjunto de normas llamadas Leyes Fundamentales del Reino, aprobadas desde 1938 hasta 1976, fecha en la que entró en vigor la Ley de Reforma Política, que habilitó el tránsito al Régimen actual[18].
Y llegamos a la vigente Constitución de 1978. Su origen se encuentra en la transición efectuada desde el Régimen de Franco a un nuevo período donde el factor diferencial es la existencia vertebradora de los partidos políticos, desaparecidos de la vida pública española, en la práctica, desde el 1 de abril de 1939.
La Constitución afirma que la soberanía nacional reside en el pueblo español. En su título preliminar expresa que la forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria. En la Disposición Derogatoria, deja sin efecto las Leyes Fundamentales del Reino.
La Carta Magna establece el sufragio universal libre, igual, directo y secreto para mayores de 18 años. Los elegidos representarán a los electores (y al resto de la población objetivo).
Territorialmente hablando, la Constitución organiza España en municipios, provincias[19] y Comunidades Autónomas[20], disponiendo éstas de tal preeminencia que se entiende configuran la Nación como un Estado de las Autonomías. El Rey es el jefe del Estado[21]. Sus actos tienen una naturaleza reglada y sólo son válidos si el Ejecutivo[22] así lo entiende y refrenda.
El Gobierno dirige el poder ejecutivo. Los miembros del Gobierno son designados por el presidente[23] y, junto a él, componen el Consejo de Ministros, órgano colegiado en la cúspide del ejecutivo. El Gobierno responde solidariamente de su actuación política ante el Congreso de los Diputados.
El poder judicial recae en los jueces y tribunales de justicia. El Consejo General del Poder Judicial es su máximo órgano de gobierno. El Tribunal Constitucional verifica que las leyes y las actuaciones de la administración pública se ajustan a la Constitución.
La Constitución española de 1978 es la segunda más extensa de la historia española, sólo tras la de 1876. Estructuralmente hablando, se compone de un preámbulo, 169 artículos repartidos en un título preliminar y diez títulos numerados, cuatro disposiciones adicionales, nueve transitorias, una derogatoria y una final[24]. Su contenido se ordena en una parte dogmática, con los principios constitucionales y los derechos fundamentales, y una parte orgánica, con la división de poderes y la organización política y territorial.
Veamos ahora algunos aspectos asociados a las circunstancias en que la Constitución de 1978 vio la luz.
A la muerte del General Francisco Franco Bahamonde, que aconteció el 20 de noviembre de 1975, era Presidente del Gobierno Carlos Arias Navarro. Su Majestad el Rey se hallaba lejos de él, tanto en materia de pensamiento como de programa, por no hablar de la edad que les separaba. Su proyecto político no había calado. Las Cortes no estaban convencidas. El cese de Arias en julio de 1976 abrió las puestas del Ejecutivo a un sorprendente (por inesperado) Adolfo Suárez González[25]. En octubre de 1976, Suárez envió a las Cortes el proyecto de ley de la que sería la última de las Leyes Fundamentales del Reino: la Ley para la Reforma Política.
Esta ley fue aprobada el 18 de noviembre de 1976 por las Cortes de Franco[26]. El subsiguiente referéndum fue respaldado por el 94,17% de los votantes. La Ley para la Reforma Política y la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado habían hecho posible este paso.
El 15 de junio de 1977 se celebraron elecciones generales simples, no constituyentes[27], en las que ganó la UCD (166 escaños), seguida por el PSOE (118), el PCE (19) y Alianza Popular (16). Partidos muy menores como el PSP (6), el PDC (11) y el PNV (8), estos dos últimos enclavados en regiones cuyas élites son extraordinariamente extractivas de terceros, cerraron la lista. Y ahí comenzó la pugna por situar las propuestas de cada cual.
La Comisión de Asuntos Constitucionales y Libertades Públicas nombró los siete ponentes encargados de elaborar el primer anteproyecto de Constitución, que reflejó aproximadamente el peso de los escaños. La ponencia resultó integrada por Gabriel Cisneros (UCD), Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón (UCD), José Pedro Pérez-Llorca (UCD), Gregorio Peces-Barba (PSOE), Jordi Solé Tura (PCE), Manuel Fraga (AP) y Miquel Roca Junyent[28] (Pacte Democràtic per Catalunya). Comenzó sus trabajos, en secreto, el 22 de agosto de 1977. Los tiras y afloja, nada edificantes, comenzaron el primer día y duraron hasta el final. Cuando las negociaciones encallaban, se utilizaban recursos alternativos. Surgieron los cenáculos. Por ejemplo, el 22 de mayo, Fernando Abril Martorell por la UCD y Alfonso Guerra por el PSOE dirigieron el concierto en una larga cena[29] en el restaurante José Luis de la calle Rafael Salgado, donde se pactaron 25 artículos de la Constitución. No fue la única ocasión en que lo hicieron[30].
El 31 de octubre, el Congreso de los Diputados y el Senado aprobaron por abrumadora mayoría el texto constitucional[31]. El 6 de diciembre de 1978, el referéndum pertinente aprobó mayoritariamente (por el 58,97% del censo electoral, de los que el 87,78% votó afirmativamente, con un 93,58% de síes en Cataluña y un 91,47% de síes en el País Vasco[32]), el texto constitucional[33].
El camino estuvo erizado de dificultades. Hubo discrepancias frontales en muchos puntos. El referido a la Nación española y a las nacionalidades es acaso el más mencionado[34]. La Constitución recoge un sinsentido semántico que obedeció a las presiones de los regionalistas, el PSOE y el PCE. Manuel Fraga se significó contra la redacción, pero fue en vano, a pesar del claro desacierto terminológico y conceptual. El referido a la Corona (a la forma del Estado, más bien) vio a un PSOE dedicado a fondo a tratar de entorpecer esa característica histórica fundamental. No consiguió resultados tangibles. El PCE no secundó ninguna iniciativa en ese sentido.
Entre los artículos 10 a 55 se enuncian los derechos y deberes fundamentales. Su número es el más amplio habido nunca[35], a pesar de lo cual es una lista abierta, que está recibiendo constantes presiones para su ampliación. La Constitución regula el Consejo General del Poder Judicial[36] (Artículo 122.3). La eventual intervención de una Comunidad Autónoma (Artículo 155.1)[37] está prevista y se discute al respecto hasta la extenuación. La Constitución es clara, pero la aplicación de ese Artículo está sujeta a consideraciones de diverso orden. También (Artículo 159.1) se regula el Tribunal Constitucional. La Constitución de 1978, heredera de las anteriores españolas tanto como de las europeas continentales más modernas, no deja palo sin tocar ni eventualidad sin recoger. Esa es su fuerza y su debilidad.
Y sí, la Constitución prevé su modificación. De hecho, ha sido reformada en dos ocasiones[38]. El Artículo 168.1 habilita los procedimientos.
Como sabe el lector, la Constitución vigente está sometida a ataques por parte de los grupos políticos, que quisieran modificarla en función de sus intereses. Cuarenta y dos años de vigencia habilitan serias divergencias ente la realidad política deseada en 1977 y la que rige en 2022. Los supuestos de comportamiento por parte de los grupos políticos no se han cumplido y ese periodo ha sido el campo de juego en el que los verdaderos intereses de cada cual se han puesto de manifiesto. Nuevas entidades han hecho su aparición, el entorno social y económico de Occidente es muy otro y es verosímil que se produzca alguna intentona para cambiar las estructuras constitucionales que se habilitaron por consenso para ser rehechas desde el enfrentamiento radical. Pero como la Constitución no permite ser modificada si no es por un proceso de votación que exige amplios acuerdos, no se ve cómo se puede llegar a una nueva redacción de algunos artículos con mayoría suficiente para ello.
El Articulo 155 es el que más bajo escrutinio se halla, sin dejar de lado los referidos a la independencia del poder judicial. Es cierto que una interpretación razonable del articulado no hubiera llevado a los problemas de 2017, felizmente resueltos con la intervención de la jefatura del Estado. Pero no se pueden esperar interpretaciones razonables sino partidistas. La preponderancia del ejecutivo sobre los restantes poderes del estado, la subordinación de las instituciones al partidismo político omnipresente y excluyente y las mejorables redacciones abiertas[39]realizadas en su día ponen en cuestión un texto que ha sido y es el referente del Régimen llamado de la Transición.

[1] La Carta Magna es la norma suprema del ordenamiento jurídico español. Los poderes públicos y los ciudadanos de España están sujetos a ella.
[2] Se hizo así para evitar que la fecha fuera el 28 de diciembre, festividad de Los Santos Inocentes. Son complejos ridículos, pero es lo que hay. Para la expropiación por parte del Banco de España de Banesto (bajo la dirección de Mario Conde), no hubo remilgos. Fue el 28 de diciembre de 1993.
[3] Es decir, un solo documento cerrado y con cláusulas de difícil aplicación a la hora de modificar ese documento.
[4] Dos de ellas nunca entraron en vigor, por lo que no se contabilizan.
[5] Estas Leyes Fundamentales recogían los habituales contenidos de las constituciones textualmente unificadas.
[6] Denominada oficialmente en francés Acte Constitutionnel de l’Espagne, fue una Carta Otorgada promulgada en la ciudad francesa de Bayona el 6 de julio de 1808 por José Bonaparte como rey de España, Estaba inspirada en el modelo de estado constitucional bonapartista.
[7] Se redactó en un Cádiz sitiado.
[8] Se encuentra recogida en el Estatuto Real de esa fecha. Su redacción fue dirigida por Francisco Martínez de la Rosa. Se aprobó durante la Regencia de María Cristina.
[9] El motín de La Granja de San Ildefonso fue una sublevación que tuvo lugar en agosto de 1836 durante la regencia de María Cristina de Borbón. Un grupo de sargentos de la guarnición del palacio de La Granja de San Ildefonso (Segovia), donde se encontraba la regente, y de la guardia real, obligaron a María Cristina de Borbón a reponer en vigor la Constitución de 1812 y a que nombrara un gobierno liberal progresista, presidido por José María Calatrava.
[10] Censitario significa que el derecho a voto sólo era aplicable a una parte de la población que contaba con ciertas características que le permitía estar inscrita en un censo electoral.
[11] Los poderes públicos.
[12] Amadeo I de Saboya. Duque de Aosta, nació en Turín (Italia) el 30.V.1845 y murió el 18.I.1890. Fue Rey de España. Hijo de Víctor Manuel II de Saboya, primer rey de Italia. Desde muy joven viajó por Europa, entre otros países a España (1865). Fue educado como militar. En 1870, el general Prim, que entendía necesario “coronar” la revolución Gloriosa, consiguió finalmente, tras haber intentado la “Unión Ibérica” con el rey de Portugal, Pedro V, y luego coronar un Hohenzollern-Sigmaringen (lo que dio origen a la guerra francoalemana), logró que Víctor Manuel II aceptara la designación de su segundo hijo, Amadeo, como Rey de España. Al llegar a Cartagena, el 30 de diciembre, Amadeo recibió la noticia de que Prim, su valedor, había sido asesinado. Aunque Amadeo I inauguró la primera Monarquía democrática en España, no contó con la adhesión de la nobleza (fiel a los Borbones), de la casta política, ni del pueblo. El 11 de febrero de 1873, el Rey presentó su renuncia irrevocable de la Corona.
[13] Aunque para ser senador había que pertenecer a la clase de altos cargos civiles, militares y eclesiásticos.
[14] Como el derecho de reunión, de asociación y la libertad de culto, entre otros.
[15] La Constitución podía ser reformada con facilidad por medio del procedimiento legislativo ordinario.
[16] Vehiculada por unas Cortes no constituyentes que, con todo, sacaron adelante la Carta Magna sin estar habilitadas para ello.
[17] Quien era elegido por las Cortes y por compromisarios elegidos por sufragio universal en número igual al de diputados.
[18] Además de la Ley de Reforma Política, las leyes Fundamentales fueron el Fuero del Trabajo (1938), la Ley Constitutiva de las Cortes (1942), el Fuero de los Españoles (1945), la Ley del Referéndum Nacional (1945), la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado (1947), la Ley de Principios del Movimiento Nacional (1958) y la Ley Orgánica del Estado (1966).
[19] Disfrutando ambos de autonomía de naturaleza administrativa.
[20] Con una humorada sensacional: “rigiendo la solidaridad entre todas ellas”.
[21] La Constitución se explaya: “El Rey simboliza su unidad y permanencia (del Estado), arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones, asume la más alta representación del Estado español en las relaciones internacionales, especialmente con las naciones de su comunidad histórica, y ejerce las funciones que le atribuyen expresamente la Constitución y las leyes”. En la práctica, su papel es estrictamente decorativo. El artículo 62 establece las funciones constitucionales del rey: “Sancionar y promulgar las leyes, convocar y disolver las Cortes Generales, y convocar elecciones. Convocar a referéndum. Ser informado de las cuestiones de Estado y, dado el caso, presidir el Consejo de Ministros. Proponer y, en su caso, nombrar al presidente del Gobierno; nombrar y destituir a los miembros del Gobierno. Expedir reales decretos, conceder empleos civiles y militares, así como honores y distinciones. Ejercer el derecho de gracia con arreglo a la ley, aunque no podrá conceder indultos generales. Ostentar el mando supremo de las Fuerzas Armadas y ostentar el Alto Patronazgo de las Reales Academias”.
[22] No siempre; además del presidente del Gobierno, tienen esa capacidad los Ministros y el presidente del Congreso.
[23] Cuyo presidente es investido por el Congreso de los Diputados.
[24] https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-1978-31229
[25] Que se hallaba en una terna elaborada por el Consejo del Reino junto con Federico Silva Muñoz y Gregorio López Bravo. Manuel Fraga Iribarne y José María de Areilza, personajes ilustres y con gran formación, ni siquiera fueron finalistas. Lo cierto es que el presidente de las Cortes, Torcuato Fernández Miranda lo cocinó todo desde el Consejo del Reino en connivencia con su Majestad el Rey, quien había jurado en su momento los Principios del Movimiento. Como Suárez.
[26] La Ley fue aprobada por 435 de los 531 procuradores, más del 80%, a sabiendas de que suponía su desaparición como institución y la entrada en la arena política de los partidos políticos, que nuevamente iban a monopolizar el Régimen, como habían hecho hasta 1939.
[27] Aprobada la Constitución, las Cortes se disolvieron y se celebraron elecciones generales en 1979. De iure no fueron constituyentes; de facto operaron como tales.
[28] Su posición fue cedida por el PSOE.
[29] En la que participaron asimismo los UCDeos José Pedro Pérez-Llorca, Gabriel Cisneros y Rafael Arias-Salgado y los socialistas Gregorio Peces-Barba y Enrique Múgica.
[30] De hecho, fueron tantas las reuniones en ámbitos privados y cerrados que los acuerdos alcanzados sobre los artículos que se votarían al día siguiente en el Congreso, con viandas de por medio, fueron conocidos como “Pactos del mantel”.
[31] Era su criatura. Imaginen que no hubiera sido así. Pero fue difícil: la discrepancia entre el texto aprobado por el Congreso y el aprobado por el Senado obligó a la intervención de una Comisión Mixta Congreso-Senado, que elaboró el texto definitivo. También funcionó la disciplina de partido, mucho más en la izquierda que en la UCD, que ya presentaba grietas importantes. Los partidos de obediencia regional (vascos y catalanes) se hicieron notar presionando durante las negociaciones, pero su voto fue irrelevante.
[32] Donde la abstención fue del 54,48%.
[33] La de 1978 es la única constitución que ha sido refrendada y aprobada por el pueblo español mediante referéndum. Ese hecho habla de un consenso inhabitual pero benéfico, detalles aparte.
[34] Artículo 2: “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”.
[35] Véase el principio de igualdad ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social. (A. 14). Entre el 15 y el 29 constan el derecho a la vida, a la libertad ideológica y religiosa, a la libertad personal y la seguridad, a la intimidad e inviolabilidad del domicilio, a elegir el lugar de residencia, a la libertad de expresión y divulgación, así como los de reunión, asociación, participación, educación, enseñanza, huelga, petición, sindicación y otros varios. No hubo dificultades especiales a la hora de redactarlos.
[36] Lo hace muy correctamente, pero la acción corrosiva del PSOE desde 1985 está desvirtuando la independencia del poder judicial. A ese ominoso carro se ha subido el PP.
[37] “Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general”.
[38]En 1992, para permitir el sufragio pasivo de los extranjeros en las elecciones municipales, adaptando el texto a la normativa de la Unión Europea en esta materia. Y en 2011, se hubo de incorporar el techo de déficit estructural para el Estado y las Comunidades Autónomas, también como exigencia de estabilidad presupuestaria impuesta por la UE. Todo ello se halla en el Artículo 135.
[39] O directamente contradictorias o absurdas, como la redacción del Artículo 2, concesión inicua e ingenua a quienes nunca van a tener suficiente, por supuesto siempre que la financiación de las alharacas esté garantizada en los Presupuestos Generales del Estado.
por José-Ramón Ferrandis | 1 Dic 2022 | Países / Áreas geográficas
Cuando, en febrero de 2022, las tropas rusas lanzaron un ataque masivo contra Ucraina, la opinión publicada y las Cancillerías del mundo no apostaban mucho por la capacidad de resistencia de ese país.
Hoy, recién iniciado el mes de diciembre, nueve meses después de la invasión y con un eco mediático decididamente tenue, las cosas son muy distintas.
Vaya por delante que la intención del presidente ruso, Vladimir Putin, era consolidar su posición en Crimea, absorbida de facto en 2014, y anexar amplios territorios de la cuenca del Donbas. Se hacía así con áreas que entendía debían pertenecer a la Gran Rusia, de la que quiere pasar a la Historia como Vladímir Putin el Grande. Como Pedro I. Como Stalin. Por todo lo alto, en suma.
Dicho de otra forma, el motor de esta guerra de conquista es el delirio de grandeza de un miembro irredento de la KGB, que viene preparando el terreno desde hace mucho tiempo.
El momento fue bien elegido. Era previsible que no se produjera reacción alguna de la OTAN, por cuanto Ucraina no es miembro de la OTAN. La UE, a la que Ucraina no pertenece (todavía), es inoperante salvo para entregar fondos a cualquier país de una eventual área de influencia. Los EE. UU. están aparentemente liderados por un hombre que ya no posee sus capacidades de antaño, se enfrenta a luchas intestinas y tiene problemas de mayor envergadura y cercanía. La RP China no iba a ser un obstáculo por pura afinidad ideológica y conceptual con la línea de acción de Putin. India no termina de ser un actor global de primera envergadura, aunque sea el primer país del mundo en número de habitantes, y su área de interés es más bien el sureste de Asia.
La pandemia china de 2020 ha dejado a los países más avanzados en una mala situación económica e institucional. Los coletazos de la crisis de 2008 han revivido con un alza importante de la inflación – debida a las políticas atípicas de los Bancos Centrales – que están coadyuvando a producir una estanflación generalizada. Alemania y Francia están divergiendo fuertemente y el Reino Unido lame sus heridas. Para un autócrata sin oposición interna, que lidera despóticamente un país que sigue siendo un gran suministrador de materias primas, la situación era óptima. Nadie iba a reaccionar y Ucraina no contaba, al decir de los servicios de información rusos. Era un estado débil y caería al primer empujón.
Iniciado el ataque, el plan pasaba por lanzar grupos de paracaidistas en el Aeropuerto de Kiev (la retaguardia), que tomarían los edificios más importantes de la capital y detendrían al gobierno en pleno mientras las fuerzas mixtas de blindados y transporte pesado, junto con la aviación, sometían con la infantería un gran territorio fronterizo tras su ablandamiento artillero. Lo de siempre. Luego, un gobierno títere y a consolidar conquistas.
Pero no. El Ejército ruso es lo que era el soviético, una picadora de carne humana propia sin escrúpulos. No es eficiente. Está anticuado. Su material está mal conservado. Sus mandos son malos, malvados y malevolentes. Sus reclutas están desmotivados. Han sufrido bajas que rondan los 100.000 combatientes, por no hablar de las pérdidas materiales. Ahora retroceden en varios puntos. La ayuda de inteligencia y comunicaciones de Occidente al ejército de Ucraina ha sido y es clave, pero la moral de combate del ejército ucraino no se improvisa ni se paga con dinero. Y su cúpula política se ha revelado íntegra e inteligente.
Las pérdidas económicas rusas son colosales. La desafección de la gente crece vertiginosamente. Rusia se ha vuelto un Estado paria. Sólo se sostiene por su inmensidad, su crueldad y sus recursos naturales, que le permiten sobrevivir como tantas veces en la Historia.
Occidente no pierde sino recursos económicos, pero eso no afecta a la capacidad de los países implicados más que en una pequeña parte. Que se lo digan a la FED o al BCE. Sí lo hacen las derivadas de las políticas de la Agenda 2030, que están destruyendo las bases de nuestra industria y nuestra agricultura, por no hablar de nuestra moral. Las hornadas de lideres occidentales son cada vez más inicuas[1], imbéciles[2] y suicidas, pero no de sí mismas, sino de sus pueblos, lo que en puridad es poco suicida y mucho criminal. Ellos son las élites manipuladoras, que al cabo se retiran enriquecidas. Nada como echar un vistazo a las biografías.
¿Naciones Unidas? es una institución obsoleta e inútil. Hasta la Sociedad de Naciones expulsó a la URSS cuando atacó a Finlandia en 1939. El Consejo de Seguridad ha abducido a la organización entera e inhabilita hacer algo de utilidad frente a sus miembros permanentes y su derecho de veto. No tiene sentido conservar sin cambios profundos una organización de organizaciones que nació en un mundo completamente distinto del que hoy existe. Sólo busca su permanencia con cada vez mayores cotas de poder y extensión a todos los campos, salvo servir a los Estados que la integran ni a los pueblos que la financian. Como la UE, sin ir más lejos. Es una Ley de Hierro de las instituciones.
¿Qué va a pasar? Rusia ya ha perdido, Ucraina se desangra, Occidente se cansa, China se frota las manos. India da la espalda. El invierno se ha enseñoreado de las estepas.
Putin se está quedando solo. Se espera un golpe de timón, un movimiento de distracción. Y si nada funciona, adiós.
[1] Inicuas. DRAE: Contrarias a la equidad. Malvadas, injustas
[2] Imbéciles. DRAE: Tontas o faltas de inteligencia.
por José-Ramón Ferrandis | 29 Nov 2022 | Carta de los martes
Queridos amigos:
El 29 de noviembre de 1939, la URSS rompió relaciones diplomáticas con Finlandia. Al día siguiente lanzó un ataque en todos los frentes. Ese fue el principio de la llamada Guerra de Invierno, que finalizó el 13 de marzo de 1940.
¿Cómo empezó todo?
Hasta principios del Siglo XIX, Finlandia formaba parte del Reino de Suecia. En 1809, durante las Guerras Napoleónicas, anexionó Finlandia fue anexionada y convertida en un estado colchón frente a Suecia. El Gran Ducado de Finlandia resultante fue autónomo hasta finales del Siglo XIX, cuando Rusia intentó rusificar el Imperio y, por tanto, Finlandia. No tuvo éxito, pero las relaciones entre rusos y fineses sufrieron las consecuencias.
La Primera Guerra Mundial colapsó el Imperio ruso. La Revolución de 1917 y la Guerra Civil rusa de 1917-1920 dieron a Finlandia la oportunidad de declarar la independencia[1]. La Rusia soviética, impotente, reconoció al nuevo Gobierno finlandés tres semanas después de la declaración[2]. A partir de entonces, la URSS intentó inocular el comunismo desencadenando la Guerra Civil Finlandesa de 1918, que libraron la Guardia Roja y la Guardia Blanca. Venció la Guardia Blanca, merced a la ayuda militar de Alemania y Suecia tanto como a la acertada estrategia del general finlandés Carl Emil Gustav Von Mannerheim durante la Batalla de Tampere. Los restos de la Guardia Roja se retiraron a la URSS.
El 14 de octubre de 1920, Finlandia y la Rusia soviética firmaron el Tratado de Tartu: la frontera entre el Gran Ducado autónomo de Finlandia y la Rusia imperial era ya la nueva frontera entre Finlandia y la Unión Soviética. Finlandia recibió Liinahaman (Región de Petsamo), un puerto sin hielo en el Mar de Barents.
En 1938, Stalin, ya dictador único[3], empezó a rehacer las fronteras del Imperio Ruso perdidas durante la Revolución de Octubre y la Guerra civil subsiguiente. En abril de 1938, la URSS informó a Finlandia de que era posible una guerra con la Alemania nacionalsocialista y que necesitaba que Finlandia cediera o arrendara algunas islas en el Golfo de Finlandia, en los accesos a Leningrado; Finlandia se negó. Las negociaciones continuaron a lo largo de 1938.
La Unión Soviética y la Alemania nazi firmaron el Pacto Ribbentrop-Molótov en agosto de 1939. El pacto, nominalmente de no agresión, incluía un protocolo secreto en el que ambos signatarios se repartían Europa del Este. Finlandia estaba en la esfera soviética. El 1 de septiembre de 1939, Alemania invadió Polonia. El 17 de septiembre, la Unión Soviética invadió a su vez Polonia. Los estados bálticos se vieron obligados a aceptar tratados que permitían a la URSS establecer bases militares, con sus tropas, en su territorio. Estonia firmó el mismo septiembre; Letonia y Lituania lo hicieron en octubre. Sin embargo, Finlandia comenzó una discreta movilización. Los soviéticos habían comenzado a acumular tropas cerca de la frontera finlandesa en 1938-1939. Las tropas de asalto comenzaron a desplegarse en octubre de 1939[4].
El 5 de octubre de 1939, en negociaciones bilaterales celebradas en Moscú, la URSS exigió tres cosas: que la frontera en el istmo de Carelia se desplazara hacia el oeste hasta un punto situado a 30 km. al este de Viborg; que Finlandia destruyera sus fortificaciones en el istmo de Carelia y que cediera tanto algunas islas en el Golfo de Finlandia como en la península de Rybachy/Kalastajasaarento[5]. Los finlandeses arrendarían forzosamente la península de Hanko[6] por treinta años para que la URSS estableciera allí una base militar. A cambio, la Unión Soviética cedería Repola y Porajärvi, al este de Carelia.
La oferta soviética fue rechazada: los finlandeses no se fiaban. Las contraofertas[7] no tuvieron aceptación.
Para intentar justificar la Guerra de Invierno, la NKVD[8] organizó previamente un ataque de falsa bandera sobre una pequeña población fronteriza soviética, en lo que se llamó “El incidente de Mainila”[9]. El 26 de noviembre de 1939, la artillería soviética disparó contra su propia población, culpando a Finlandia del ataque y sus daños[10]. La Unión Soviética utilizó este bombardeo como pretexto[11] para iniciar la invasión de Finlandia cuatro días más tarde, a pesar de que los finlandeses negaron rotundamente que hubiesen disparado. De hecho, habían retirado su artillería de la frontera precisamente con el objetivo de prevenir un ataque accidental[12]. Poco importó: la URSS incumplió los pactos de no agresión firmados con Finlandia y desencadenó la guerra[13].
La Unión Soviética disponía de unas fuerzas inmensas para invadir Finlandia, pero no habían entrado en combate desde la Gran Purga[14]de 1937[15]. Confiados en su evidente y masiva superioridad en todos los ámbitos, el Ejército Rojo, bajo el liderazgo del general Kiril Meretskov, desplegó un total de 1.500.000 soldados, 1.200 tanques, 900 cañones y 700 aviones[16].
El Ejército finlandés, dirigido por el mariscal Carl Gustaf Emil von Mannerheim tuvo muy en cuenta la naturaleza en Finlandia, pues sus tropas[17] no podían enfrentarse con las soviéticas sin más apoyatura. Ésta sería el sumatorio de 70.000 lagos, enormes bosques, hielo, frío y oscuridad propias de la latitud de Finlandia y de la estación. Donde la orografía no ayudaba (el Istmo de Carelia) concentraron sus mejores tropas en trincheras y búnkeres. Lo llamaron “Línea Mannerheim” que ocupaba el espacio terrestre entre el Golfo de Finlandia y el Lago Ladoga.
A las 6:50 horas del 30 de noviembre de 1939, el Ejército Rojo desencadenó la ofensiva contra Finlandia sobre un frente de 1.537 kilómetros, que abarcaba desde el Istmo de Carelia hasta la Península de Kola, en el extremo norte. La invasión fue completada por el bombardeo de Helsinki. Todo ello produjo graves daños y bajas sustanciales[18] del lado finlandés[19].
Sin embargo, lo que inicialmente se preveía una especie de paseo militar fue un infierno para las tropas soviéticas, debido a la incompetencia y falta de preparación de los mandos y soldados soviéticos, así como a la eficacia de las guerrillas finlandesas. Las pérdidas humanas soviéticas fueron inmensas.
El presidente Risto Ryti, trasladó la capital administrativa a Terijoki. El 1 de diciembre de 1939 organizó un Gobierno de Salvación Nacional con todas las fuerzas políticas, incluyendo el Partido Comunista finlandés, cuyo secretario general Arvo Tuominen denunció públicamente la invasión soviética, que calificó de criminal y contraria a los valores marxistas. Ello provocó que Stalin creara, ese mismo día, un nuevo Partido Comunista finlandés para intentar implantar un gobierno títere bajo Otto Vilhem Kuusinen[20].
La invasión de la URSS a Finlandia causó indignación en Suecia, Noruega y Dinamarca, que rompieron relaciones con Moscú y comenzaron a movilizar tropas. Gran Bretaña y Francia denunciaron lo ocurrido y a pesar de encontrarse en guerra contra Alemania, enviaron ayuda urgente[21]. La Alemania nazi se mostró partidaria de la URSS[22], pero Italia[23] preparó una fuerza expedicionaria y entregó a las Fuerzas Armadas finlandesas 94.500 fusiles y 35 aviones Fiat G.50. Hungría envió un contingente. Chile, Perú, Paraguay y Bolivia denunciaron la agresión rusa y llevaron el caso a la Sociedad de Naciones[24].
Todo apuntaba a una victoria rápida y completa de la Unión Soviética, pero no fue así. El ejército finlandés, explotando las características del terreno y el clima, desarrolló una enorme capacidad para emboscar a los soviéticos. A ello sumó la extrema movilidad de sus esquiadores, sobre todo por la noche, su invisibilidad, la política de tierra quemada que dejó a los invasores a la intemperie[25] y las llamadas “tácticas motti”[26]. La invención del cóctel Molótov[27], llamado así en honor al ministro de Asuntos Exteriores soviético Vyacheslav Molótov, data de esa época. Las tropas invasoras fueron víctimas de los Sissit, unidades especializadas integradas por soldados camuflados, con esquís y trineos, que rodeaban a sus enemigos y les golpeaban por la retaguardia[28].
A primeros de diciembre de 1939, el progreso del Ejército Rojo era mínimo. Sólo ocupó el área de Maanselka y conquistó la ciudad de Petsamo. En los demás frentes, los soldados soviéticos avanzaban muy lentamente a través de tupidos y extensos bosques y pantanos helados, donde durante el corto día eran víctimas fáciles de tiradores finlandeses ocultos entre la niebla y durante las horas de oscuridad eran bombardeados por escasos cañones disparando a corta distancia. La moral soviética estaba por los suelos, se multiplicaron las deserciones y aumentaron las bajas por congelación como consecuencia de un equipo invernal inadecuado.
La URSS tuvo permanente superioridad aérea, con 2.500 aviones en juego. Se produjeron 2.075 bombardeos en 516 localidades. Aviones soviéticos bombardearon barcos y puertos finlandeses, arrojando además minas a las vías marítimas. Víborg fue arrasada por 12.000 bombas.
La Flota Roja del Báltico pretendió interrumpir el tráfico marítimo, amenazando con hundir todo buque neutral que se acercase a Finlandia. Pero tampoco los soviéticos pudieron acercarse, porque el crucero Kirov, que se aproximó a 24 kilómetros el 1 de diciembre de 1939, recibió un obús de 234 milímetros de una batería costera que provocó 17 muertos y 30 heridos.
El rosario de contundentes derrotas soviéticas fue largo: el 22 de diciembre de 1939, en la Batalla de Agaläjärvi, el Ejército Rojo tuvo 2.000 muertos y 600 prisioneros. El 23 de diciembre, cerca de la aldea de Tolväjari, un contraataque finlandés consiguió hacer retroceder a los rusos de sus posiciones. El balance fue de 630 muertos y 1.320 heridos finlandeses y de 4.000 muertos y 2.700 heridos rusos, además de la destrucción de 25 tanques T-26, T-28 y BT-7, por lo que los restos de las 75ª y 139ª divisiones de Fusileros tuvieron que regresar a Rusia.
El 30 de diciembre se libró la Batalla de Süomussalmi, el mayor enfrentamiento de la Guerra de Invierno. La 163ª División de Fusileros soviética se internó en la carretera que unía la localidad de Süomussalmi con la de Oulu sin saber que los finlandeses acababan de cortarla por su retaguardia. Con las “tácticas motti” desencadenaron una contraofensiva que supuso la pérdida de muchos muertos[29] y 300 prisioneros, por 420 muertos y 600 heridos finlandeses. Las tropas finlandesas capturaron intactas docenas de tanques, cañones, artillería antitanque, cientos de camiones, casi 2.000 caballos, miles de rifles y municiones y suministros médicos.
Una semana después, el 8 de enero, la 44ª División de Fusileros soviética fue embolsada al norte del Lago Boukki y aniquilada[30]. Similares catástrofes tuvieron lugar en otros puntos: en la carretera Khumo, en el área entre Kitalä y Lemetti, de noche[31]. Hubo muchas más derrotas soviéticas.
El Estado Mayor soviético tuvo que repensar su estrategia. Sustituyó al general Kirill Meretskov por el general Semión Timoshenko y ejecutó ante sus hombres al general Alexei Vinogradov por su fracaso en la Batalla de Süomussalmi. La solución que adoptaron fue la de quedarse en sus posiciones. El resto del mes de enero, el Ejército Rojo permaneció inactivo mientras sus observadores recopilaban información sobre la situación exacta de las posiciones defensivas finesas.
Al amanecer del 1 de febrero de 1940, el Ejército Rojo comenzó un gigantesco bombardeo artillero[32] con 3.350 cañones y morteros, que esta vez fue certero. Nuevos tanques y piezas de artillería y 600.000 soldados en total iban a garantizar la conquista. En 10 días, la mayor parte de las defensas de la “Línea Mannerheim” estaban destruidas. El 11 de febrero, 1.300 aviones, 3.000 tanques y más de 460.000 efectivos asaltaron la “Línea Mannerheim”, que el día 17 fue rebasada.
El Ejército Finlandés parecía derrotado, pero sólo hasta que el Ejército Rojo decidió atacar el centro de Finlandia a primeros de marzo. En la Batalla de Kollaa sufrió otra estrepitosa derrota con la conocida “táctica motti”[33].
A mediados de marzo de 1940, los finlandeses no podían continuar y los soviéticos, tras Kollaa, tampoco[34], pero la situación ya era claramente favorable a los invasores. Tras muchas negociaciones (a través de los suecos) entre los respectivos gobiernos, el 13 de marzo de 1940 Finlandia y la Unión Soviética firmaron el Tratado de Paz de Moscú[35].
La Unión Soviética sufrió un total de 801.000 bajas (200.000 muertos[36] y 600.000 heridos), más 1.000 prisioneros. 3.543 tanques fueron destruidos, 684 aviones derribados[37] y 2 buques hundidos. Su reputación militar quedó por los suelos. Finlandia sufrió 69.487 bajas (21.396 muertos, de los que 21.351 fueron finlandeses, 33 suecos, 5 daneses, 5 noruegos, 1 británico y 1 estadounidense), 43.557 heridos, 1.434 desaparecidos y 3.100 prisioneros, así como 30 tanques destruidos, 62 aviones derribados y 6 cargueros hundidos.
El desempeño soviético decidió a Hitler adelantar sus planes de ataque a la URSS.
La frase de hoy la escribió el historiador norteamericano William R. Trotter. Para muchos de los soldados soviéticos encerrados en un cerco (motti), mantenerse con vida era tan difícil como combatir. Los hombres estaban helados y hambrientos, en malas condiciones sanitarias. Trotter dijo: “El soldado soviético no tenía otra opción. Si se negaba a luchar, le dispararían. Si intentaba escabullirse por el bosque, moriría congelado. Y la rendición no era una opción, pues la propaganda soviética le había contado cómo los finlandeses le torturarían hasta la muerte”.
Cordiales saludos
José-Ramón Ferrandis

Simo Häyhä con su fusil durante la Guerra de Invierno
[1] El 6 de diciembre de 1917, el Senado de Finlandia declaró la independencia de la nación, materializada en virtud del Tratado de Brest-Litovsk (1918).
[2] Finlandia alcanzó la plena soberanía en mayo de 1918 después de una guerra civil de cuatro meses, que terminó con la derrota de los socialistas y la expulsión de las tropas bolcheviques.
[3] Como consecuencia de la Gran Purga de 1938.
[4] Si el lector encuentra en esta Carta similitudes con las estrategias rusas en Ucraina (2022), no se extrañe: las hay. Rusia es la nueva Unión Soviética.
[5] En el extremo norte de Petsamo.
[6] Justo en la otra punta, en el Báltico.
[7] Finlandia contraofertó la cesión del área de Terijoki a la Unión Soviética, lo que duplicaba la distancia entre Leningrado y la frontera finesa, así como las islas del Golfo de Finlandia. A ello, Stalin ofreció finalmente comprar las bases de Hanko, Tanner y Paasikivi. La respuesta finesa fue negativa.
[8] NKVD (por Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos, НКВД), que asumía la seguridad del Estado (o sea, todo).
[9] Vean los paralelismos. Durante la noche del 31 de agosto de 1939, la Gestapo organizó un incidente en Gleiwitz/Gleiwice (Silesia, Alemania) por orden de Reinhard Heydrich y Heinrich Müller. Consta en acta notarial del SS-Sturmbannführer Alfred Naujocks en el Juicio de Nüremberg. La Gestapo asaltó una estación de radio situada en Gleiwitz/Gleiwice y lanzó en polaco un mensaje anti alemán para hacer creer que el ataque había sido producido por saboteadores polacos. Esa fue la excusa para presentar a Polonia como agresora y atacar al día siguiente, con todo preparado desde hacía semanas. Los nazis eran más refinados que los soviéticos, así que, para que la acción fuese más verosímil, los alemanes recurrieron a figurantes polacos: uno fue un granjero arrestado el día anterior por la Gestapo, asesinado después en la escena para ser presentado como prueba. Entre el grupo atacante había prisioneros del Lager de Dachau, que fueron asesinados y desfigurados tras la farsa. Todo esto fue confirmado en el Juicio de Nüremberg por declaraciones del Generalmajor del Abwehr (la organización de inteligencia militar alemana) Erwin von Lahousen.
[10] Según informes soviéticos, el ataque resultó en la muerte de cuatro ciudadanos, con nueve guardias fronterizos heridos.
[11] Está demostrado que el ataque fue soviético por confesión de parte. Por un lado, en las Memorias de Jrushov, éste confirmó que el mariscal de artillería Grigori Kulik supervisó personalmente el bombardeo de la aldea soviética. Documentos en los archivos privados del líder del PCUS, Andréi Zhdánov, lo confirman. Por otro lado, en 1998, el presidente Borís Yeltsin reconoció oficialmente que la guerra con Finlandia no había sido defensiva, sino una agresión.
[12] Lo que demuestra que conocían a sus clásicos. Finlandia propuso una investigación neutral del “Incidente de Mainila”, pero la Unión Soviética se negó.
[13] El ataque soviético sin previa declaración de guerra violó tres pactos de no agresión: el Tratado de Tartu (1920), el pacto de no agresión entre Finlandia y la Unión Soviética firmado en 1932 y de nuevo en 1934, y el Pacto de la Liga de las Naciones, que la Unión Soviética firmó en 1934.
[14] Las purgas de Stalin en los años 1930 devastaron el cuerpo de oficiales del Ejército Rojo; los purgados fueron 3 de sus 5 mariscales, 220 de sus 264 comandantes de división o rango superior y 36.761 oficiales de todos los rangos. Quedaban menos del 50% de todos los mandos, que fueron sustituidos por soldados menos competentes, pero más leales. Los comandantes de las unidades eran supervisados por comisarios políticos, cuya aprobación era necesaria para ratificar las decisiones militares. Ese sistema dual complicó más la cadena de mando soviética y anuló la independencia de los oficiales.
[15] Durante su transcurso había sido depurada gran parte de la oficialidad profesional, que había sido sustituida por oficiales politizados e ineficaces, generalmente miembros del grupo más obsecuente con Stalin dentro del PCUS.
[16] El Ejército Rojo acababa de realizar la invasión del este de Polonia con menos de 4.000 bajas tras el ataque alemán por el Oeste. Stalin creía que iba a repetir la jugada en Finlandia. Así pensaban también Andrei Zhdánov y el militar Kliment Voroshílov. Meretskov anunció públicamente que la campaña finlandesa llevaría dos semanas como máximo. ¡Incluso los soldados soviéticos habían sido advertidos de no cruzar inadvertidamente la frontera con Suecia! Y es que los generales soviéticos estaban impresionados por el éxito de la Blitzkrieg y querían copiarla. Pero esa táctica se adaptaba a las condiciones de Europa Central, con una red de carreteras pavimentadas densa. En Finlandia, por el contrario, no había caminos pavimentados y los de tierra eran escasos. El terreno consistía en bosques y pantanos.
[17] Un total de 225.000 soldados (214.000 fineses – incluidos 346 finlandeses residentes en el extranjero que volvieron a su patria para defenderla -, 8.000 suecos, 1.010 daneses, 752 noruegos, 372 rusos blancos, 350 húngaros y 340 británicos), 212 cañones, 59 tanques y 147 aviones (de los que 113 eran fineses, 20 suecos y 14 daneses). 50 de los voluntarios murieron durante la guerra.
[18] En respuesta a las críticas internacionales, el ministro de Asuntos Exteriores soviético, Viacheslav Molótov, declaró que la Fuerza Aérea soviética no bombardeaba ciudades finlandesas, sino que estaba enviando ayuda humanitaria a la hambrienta población finlandesa.
[19] A las tropas soviéticas que cruzaron la frontera les precedió un reiterado y masivo bombardeo artillero sobre 70 kilómetros de frente, en la “Línea Mannerheim”. A las 9.00 horas, la Fuerza Aérea soviética bombardeó la ciudad de Viipuri/Víborg y a las 9:20 la capital, Helsinki, así como otras 16 poblaciones. En total, dejaron 957 civiles muertos.
[20] Con su reconocido sentido del humor, Stalin bautizó el conjunto como República Democrática Finlandesa.
[21] El Reino Unido en forma de voluntarios y Francia suministrando material.
[22] Estaba vigente el Pacto Molótov – Von Ribbentrop.
[23] Benito Mussolini había permanecido inicialmente al margen debido al Pacto de Acero con Alemania.
[24] En la que la Unión Soviética había ingresado en 1934. El 14 de diciembre de 1939, por unanimidad, la Unión Soviética fue expulsada de la Sociedad de Naciones, convirtiéndose así en el primer y único país en sufrir este revolcón diplomático.
[25] Recuérdese que ese invierno se registraron temperaturas bajísimas. En el istmo de Carelia se alcanzó un récord de -43 °C el 16 de enero de 1940.
[26] Que consistían en resistir frontalmente los ataques del Ejército Rojo en las trincheras y densos bosques, para acto seguido enviar pequeños contingentes por los flancos que dividían a las tropas soviéticas, las aislaban y al cabo las exterminaban.
[27] Que era una botella llena de gasolina con un trapo a modo de mecha que se encendía y arrojaba contra los tanques enemigos, inutilizándolos. Los cócteles Molótov fueron finalmente producidos en masa por la empresa finlandesa de bebidas alcohólicas Alko, preparados con cerillas para encenderlos. Ochenta tanques soviéticos fueron destruidos así.
[28] Gracias a estas tácticas, cuando el VIII Ejército Soviético ocupó la ciudad de Tohmajäriv el 8 de diciembre de 1939, los Sissit contraatacaron por los flancos, desbordaron a los soviéticos y les obligó a retirarse tras 5.000 muertos.
[29] Muchos de ellos por congelación. Se estima un total de hasta 14.000 bajas.
[30] Aniquilada es el término más apropiado. Se contabilizaron 23.000 bajas entre muertos y prisioneros, así como la pérdida de 43 tanques, 100 cañones, 260 camiones y 1.170 caballos. Murieron 800 finlandeses.
[31] Los esquiadores finlandeses exterminaron a 9.000 soldados soviéticos.
[32] Francamente, no saben hacer bien otra cosa. Dispararon 300.000 proyectiles en las primeras 24 horas.
[33] El Ejército Rojo se retiró con más de 8.000 bajas (por 1.500 bajas finesas).
[34] Las bajas soviéticas eran altas y había riesgo de intervención franco-británica. Al acercarse el deshielo primaveral, las fuerzas soviéticas arriesgaban empantanarse en los bosques.
[35] Finlandia cedió parte de Carelia, el istmo de Carelia y el norte del lago Ladoga. Ello incluía la cuarta ciudad más grande de Finlandia, Víborg, la península de Ribachi en el mar de Barents y cuatro islas en el golfo de Finlandia. La península de Hanko fue arrendada como base militar a la Unión Soviética durante 30 años. Todo eso suponía el 11 % del territorio y el 30 % de la producción.
[36] Sorprendentemente, 542 de las muertes rusas fueron originadas por un reservista llamado Simo Häyhä, extraordinario francotirador.
[37] Se estima que la Fuerza Aérea soviética perdió alrededor de 400 aviones debido al mal tiempo, la falta de combustible y repuestos, y durante el transporte al frente.
por José-Ramón Ferrandis | 22 Nov 2022 | Carta de los martes
Queridos amigos:
El 22 de noviembre de 1975, Don Juan Carlos de Borbón y Borbón[1] fue proclamado Rey de España. Habían pasado 44 años desde que la Monarquía como forma de Estado había quedado abolida. Eso ocurrió el 9 de diciembre de 1931, fecha en que las Cortes aprobaron la Constitución de la República.
Bien, pero ¿por qué hubo restauración monárquica? ¿o fue instauración monárquica? ¿por qué monarquía? ¿por qué Juan Carlos de Borbón?
Franco se decidió por la restauración monárquica tras comprobar las dificultades que experimentaba su proyecto de Régimen, que Franco intentaba aunara las diferentes corrientes que se daban en el interior del Régimen. En agosto de 1942 tuvo lugar una grave crisis política. Tras el atentado de Begoña[2], Franco asumió la presidencia de la Junta Política de Falange. Española y de las JONS[3]. El 17 de marzo de 1943, inauguró las Cortes y se dedicó a cortar los brotes de descontento monárquico que se estaban dando intramuros a cargo de políticos y militares que buscaban la restauración monárquica. Y es que, al ver que los aliados iban a ganar la guerra, un grupo de generales monárquicos[4] defendió que Franco cediera la Jefatura del Estado a don Juan de Borbón y Battenberg.
El 19 de marzo de 1945[5], éste publicó el llamado Manifiesto de Lausana, criticando severamente al régimen franquista. Proponía instaurar una Monarquía constitucional[6]. Por su parte, llegado el final de la II Guerra Mundial, Franco hizo cambios para homologarse a las democracias occidentales. Concretamente, promulgó el Fuero de los Españoles[7] y la Ley de Referéndum.
Los antecedentes formales del nombramiento de Juan Carlos de Borbón como Rey de España radican en una fecha clave: el 7 de junio de 1947. Ese día, las Cortes españolas aprobaron la Ley de Sucesión[8] en la Jefatura del Estado[9], que fue sometida a referéndum el 6 de julio de 1947 y entró en vigor el 27 de julio de 1947. Como consecuencia, la jefatura del Estado devenía vitalicia en la persona de Francisco Franco Bahamonde[10]. Su sucesor sería propuesto por el mismo Franco, cuando conviniera[11].
Pocos meses antes (el 7 de abril de 1947), conocedor de lo que se estaba preparando y de algunos de sus principales lineamientos, el eventual destinatario natural del cargo, Don Juan de Borbón había hecho público un nuevo comunicado, conocido como el Manifiesto de Estoril[12], en el que denunciaba la ilegalidad de la inminente Ley de Sucesión. Entre bambalinas del Manifiesto se encontraban José-María Gil Robles, Pedro Sainz Rodríguez[13] y otros monárquicos, quienes esta vez intentaron muñir un acuerdo con el PSOE para enmendar la plana a Franco. No funcionó[14] porque el PSOE no estaba dispuesto a reconocer a la Monarquía[15].
Calmado el oleaje que el Manifiesto levantó, el 25 de agosto de 1948, Franco y Don Juan de Borbón se entrevistaron en el navío Azor[16], que se encontraba fondeado en el Golfo de Vizcaya. Tras tres horas de conversación, se decidió que Juan Carlos, hijo de don Juan y futuro Rey, continuaría su educación en España[17].
El 29 de diciembre de 1954 hubo un nuevo encuentro entre Francisco Franco y Don Juan de Borbón en Navalmoral de la Mata[18] para perfeccionar aspectos de la educación de Don Juan Carlos.
Entre el 5 y el 8 de junio de 1962 se celebró en Munich el IV Congreso del Movimiento Europeo[19] El Congreso reunió a un conjunto de opositores al Régimen. Firmaron un Manifiesto proponiendo suspender cualquier clase de relación con el Régimen hasta que éste mutara[20]. Consecuentemente, Franco suspendió las garantías del Fuero de los Españoles y envió al exilio a políticos[21] que habían participado en el Contubernio.
Hagamos un alto en la línea Juancarlista para observar qué alternativas, si alguna, se tomaban en consideración a la hora de intentar la sucesión de Franco. El hermano de Don Juan y tío de Juan Carlos, Jaime de Borbón, había renunciado a sus derechos como hijo primogénito de Alfonso XIII en 1933[22]. A la vista de las circunstancias planteadas por la Ley de Sucesión, trató de revocar su decisión en 1949. Eso permitiría que su hijo, Alfonso de Borbón y Dampierre, circunstancialmente además nieto mayor de Alfonso XIII, entrara en la eventual carrera hacia la sucesión[23].
Alfonso de Borbón no era el único candidato. Los carlistas, otra familia del Régimen, defendían la opción del pretendiente Carlos Hugo de Borbón-Parma y Bourbon-Busset[24], hijo de Javier de Borbón-Parma. Su padre lo envió a España en 1956 para presentarlo a los españoles como su heredero como “príncipe del 18 de Julio”. Viajó mucho por España para darse a conocer, sin que el Régimen se lo impidiera, aunque no fuera de su agrado[25]. El 25 de noviembre de 1964, finalmente, Franco instruyó explícitamente obstaculizar los viajes de Carlos Hugo por España[26].
El 22 de julio de 1969[27] Franco designó a Juan Carlos de Borbón como su sucesor a la Jefatura del Estado con el título de Príncipe de España[28]. Ese mismo día, Juan Carlos fue proclamado por las Cortes sucesor de Franco al jurar fidelidad a los principios del Movimiento Nacional y demás Leyes Fundamentales. El asunto estaba resuelto[29].
A partir de su nombramiento, Juan Carlos viajó por España y por diversos países para darse a conocer. No resultó fácil empresa imponer su imagen a una oposición comunista[30], ni tampoco conseguir la aceptación entre los falangistas y los carlistas.
El 20 de diciembre de 1973, la banda terrorista ETA asesinó al presidente del Gobierno, Almirante Luis Carrero Blanco. Para sustituirle, Franco nombró presidente del gobierno a Carlos Arias Navarro.
Entre julio y agosto de 1974, Franco estuvo ingresado en el hospital por sufrir una flebitis. En esas circunstancias, el príncipe Juan Carlos asumió interinamente la jefatura del Estado.
El 30 de octubre de 1975, Franco vio cómo se agravaba su condición médica con un conjunto de problemas, el mayor de los cuales fue una peritonitis. Ante la gravedad de su estado, Franco, informado, ordenó que el príncipe Juan Carlos asumiera interinamente la jefatura del Estado.
La situación evolucionó mal y, tras una agonía que sufrió entre la enfermería del Palacio de El Pardo y el Hospital La Paz, Francisco Franco Bahamonde falleció en la madrugada del 20 de noviembre de 1975.
Don Juan Carlos de Borbón fue proclamado jefe de Estado y coronado como Rey de España el 22 de noviembre de 1975 en el Palacio de las Cortes[31], con el nombre de Juan Carlos I[32]. Los mecanismos sucesorios habían funcionado a la perfección. Ese fue el primer paso en un proceso de reformas políticas que transformaron[33] el Estado vigente en época de Franco en un sistema partidista cuya forma política es la monarquía parlamentaria, con un jefe de Estado sin apenas competencias[34].
En la proclamación, Juan Carlos I pronunció su primer discurso como Rey de España, en el que expresó su voluntad de ser el Rey de todos los españoles[35].
El 27 de noviembre, el rey Juan Carlos fue exaltado al trono con una ceremonia denominada “Misa de Espíritu Santo”, que se celebró en la Iglesia de San Jerónimo el Real (Madrid)[36].
Una vez muerto Franco, el Régimen se transformó rápidamente por acción de miembros del propio Régimen, dando lugar a un sistema democrático como los prevalecientes en el resto de Europa occidental.
El 4 de enero de 1977 se promulgó la Ley de Reforma Política, fundamento jurídico de la transición desde el Régimen de Franco hasta una democracia al uso occidental prevaleciente[37]. La Ley de Reforma Política[38] contenía varios elementos capitales: soberanía popular[39], supremacía de la Ley[40], organización del Estado y división de poderes[41]. Un sistema de partidos se erigió sobre la base de la Ley. Así, el futuro del Régimen de Franco fue aprobado por las Cortes, las cuales habrían de desaparecer acto seguido en la configuración que habían tenido.
La Ley de Reforma Política habilitó la celebración de elecciones generales en junio de 1977. Estas elecciones posibilitaron unas nuevas Cortes que promulgaron la Constitución española, aprobada por esas Cortes en sesiones plenarias del 31 de octubre de 1978, ratificada por el pueblo español en referéndum de 6 de diciembre de 1978 y sancionada por el Rey ante las propias Cortes el 27 de diciembre de 1978.
Muchos años más tarde, tras 39 de reinado, el 2 de junio de 2014, el Rey Don Juan Carlos I firmó y entregó al presidente del Gobierno un escrito en el que comunicó su decisión de abdicar la Corona de España. La Sanción y Promulgación de la Ley Orgánica de abdicación por S.M. el Rey Don Juan Carlos I tuvo lugar el 18 de junio de 2014. Al día siguiente su hijo, S.A.R. el Príncipe Felipe, fue proclamado rey de España ante las Cortes Generales.
La frase de hoy está referida por Raúl del Pozo. Cuentan que José Luis de Vilallonga citó al rey Juan Carlos I la siguiente frase de Nicholas de Chamfort: “Amistad de corte, palabra de zorros y mundo de lobos”. Don Juan Carlos contestó: “No conocía esa frase, pero así es. Cuando se es Rey, no siempre es fácil distinguir entre un cortesano y un amigo”.
Cordiales saludos
José-Ramón Ferrandis

[1] Quien nació el 5 de enero de 1938 en Roma. Juan Carlos era hijo primogénito de Don Juan de Borbón y Battenberg (a su vez tercer hijo del rey Alfonso XIII) y María de las Mercedes de Borbón-Dos Sicilias y Orléans. El 26 de enero fue bautizado en Roma por el cardenal Eugenio Pacelli, futuro papa Pío XII. Sus padrinos fueron su abuela paterna, Victoria Eugenia de Battenberg. así como, in absentia, su abuelo materno, Carlos de Borbón-Dos Sicilias.
[2] En agosto de 1942, unos falangistas atentaron contra el General José Enrique Varela, el militar más partidario de don Juan. Luis Carrero Blanco indujo un cambio de gobierno orientado hacia los sectores católicos.
[3] La FET y de las JONS era el resultado de la fusión de Falange Española con la Comunión Tradicionalista. Se efectuó el 19 de abril de 1937 a través del Decreto de Unificación, publicado el 20 de abril.
[4] Que incluía a Varela, Kindelán y Aranda, amén de civiles como Gil Robles y Sainz Rodríguez.
[5] Téngase en cuenta que la II Guerra Mundial se encaminaba a su fin en el teatro de operaciones europeo y que la posición de Franco se debilitaba en la escena internacional. Pura estrategia.
[6] Con esta declaración, el Jefe de la Casa Real se autoexcluyó del futuro institucional de España. Franco perdió confianza en Don Juan y le hizo saber que perdiera toda esperanza de ser coronado Rey.
[7] En sí mismo, algo parecido a una Constitución al uso liberal.
[8] La Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado se consideró fundamental para la continuidad de sistema político español. No fue la primera de las siete Leyes Fundamentales del Estado durante el régimen de Franco, sino la quinta, lo que sitúa esta cuestión lejos de las prioridades del Régimen. España volvía a ser Reino y se configuraba como Estado católico, social y representativo.
[9] La Ley de Sucesión fue derogada el 29 de diciembre de 1978.
[10] Como queda claro en su Artículo 2: «La Jefatura del Estado corresponde al Caudillo de España y de la Cruzada, Generalísimo de los Ejércitos, don Francisco Franco Bahamonde.»
[11] Inicialmente, Franco no era partidario de restaurar la Monarquía, a la que imputaba – con razón – dependencia partidista y hasta masónica, además de cortesana. Su idea era crear un nuevo Régimen basado en un movimiento integrador y unificado de las fuerzas políticas y sociales nutricias del Alzamiento Nacional.
[12] Su largo contenido es intranscribible en esta carta, pero su tono era despectivo, imbuido de una superioridad que le confería el derecho dinástico al que Don Juan se creía acreedor. Su lenguaje legó a ser chulesco. Sin duda, los asesores de Don Juan no acababan de captar los matices de la situación en el marco de la Geopolítica de la época. Franco se batía en el frente internacional con denuedo, siendo su principal enemigo una URSS derrotada en las carnes de su criatura, el Frente Popular. Al lado de ese reto, Don Juan de Borbón no era nadie.
[13] Gil Robles y Sainz Rodríguez habían participado en el Alzamiento Nacional.
[14] A pesar de la reunión mantenida por los asesores de Don Juan con Indalecio Prieto en San Juan de Luz.
[15] En lugar de ese reconocimiento, buscaban una envolvente: realizar un plebiscito sobre la forma de Estado, organizado por un gobierno provisional. Las uvas estaban, evidentemente, verdes.
[16] El Azor era un pequeño yate que Franco acostumbraba utilizar esporádicamente para pesca de altura. Fue botado en 1928 en Kiel (Alemania). La Armada lo asignó a Jefatura del Estado en mayo de 1947. La reunión tuvo lugar en el salón del barco.
[17] Llegó a España procedente de Lisboa el 9 de noviembre de 1948. Residió en Las Jarillas, una finca cercana a Madrid, donde iba a recibir clases por parte de profesores seleccionados.
[18] Franco propuso que el príncipe Juan Carlos recibiera formación militar y una educación basada en los principios del Movimiento. Don Juan accedió. En 1954, Don Juan Carlos había terminado el Bachillerato en el Instituto San Isidro de Madrid, y desde 1955 estudió en las Academias y Escuelas Militares de los tres Ejércitos: en la Academia General Militar de Zaragoza, en la Escuela Naval Militar de Marín (Pontevedra) y en la Academia General del Aire de San Javier (Murcia), donde adquirió el grado de Oficial. En 1960-61 completó su formación en la Universidad Complutense de Madrid, donde cursó estudios de Derecho Político e Internacional, Economía y Hacienda Pública. En realidad, no completó una carrera universitaria como tal, sino que asistió a algún curso y, sobre todo, recibió clases individuales. Era una formación transversal y completa que permitía un conocimiento superficial, pero amplio, e imposibilitaba cursar todas las materias.
[19] Conocido por el Contubernio de Múnich.
[20] El 9 de julio, Franco recibió a tres representantes de ese Movimiento. Reconoció que España debía ajustar sus formas políticas a las prevalecientes en el resto de Europa, pero esto sería después y no antes de que se la hubiera admitido en las organizaciones europeas. La transición se haría desde dentro, evolutivamente.
[21] Como Dionisio Ridruejo y José María Gil-Robles.
[22] El infante se quedó sordo tras una operación quirúrgica efectuada a la edad de 4 años. Esa sordera sobrevenida provocó que su padre, Alfonso XIII, le pidiera renunciara a sus derechos dinásticos, pues lo consideraba incapacitado, al ser sordo, para poder ocupar el trono. El Infante Don Jaime aceptó la petición paterna y renunció el 23 de junio de 1933, a los 25 años de edad.
[23] El 19 de julio de 1969, Don Jaime de Borbón renunció definitivamente a continuar reclamando sus posibles derechos dinásticos. Lo hizo cuando el príncipe Juan Carlos fue designado sucesor por el Jefe del Estado. Francisco Franco. Fue precisamente su hijo Alfonso quien le pidió que lo hiciera.
[24] Nacido en París en 1930, Carlos Hugo fue bautizado con los nombres de Hugo María Sixto Roberto Luis Juan Jorge Benedicto Miguel. Desde finales de los años 50 fue conocido en España como Carlos Hugo. Sólo el 20 de septiembre de 1962 pidió en el registro francés una rectificación de su primer nombre, que deseaba fuera Charles.
[25] No obstante, fue recibido en audiencia por Francisco Franco en 1962.
[26] La razón consta por escrito: “No puedo dejarle a España una guerra de sucesión. Todavía no puedo tomar las últimas decisiones, pero sí debo aclarar las que están concluidas. Este señor no va a ninguna parte”.
[27] Al amparo de la Ley de Sucesión.
[28] Título novedoso y del todo inhabitual, que ponía de relieve el salto que se había producido en los derechos dinásticos. El título habitual del Príncipe heredero es Príncipe de Asturias. La razón de ese cambio estribaba en la voluntad de Franco de hacer ver que la Monarquía era una institución instaurada, no restaurada.
[29] Franco nunca revocó su decisión, a pesar del matrimonio entre Alfonso de Borbón y Dampierre y la nieta del propio Franco, María del Carmen Martínez-Bordiú Franco.
[30] Nunca hubo otra hasta que la financiación norteamericana y alemana revitalizó al PSOE tras Suresnes.
[31] Juan Carlos juró sobre la Biblia acatar los Principios del Movimiento Nacional.
[32] El 14 de mayo de 1977, Don Juan de Borbón renunció a sus derechos dinásticos en favor de su hijo. Con la renuncia de Juan de Borbón a sus derechos, Felipe, hijo varón del rey Juan Carlos I, se convirtió en Heredero de la Corona, asumiendo el título de Príncipe de Asturias el 1 de noviembre de 1977.
[33] La Transición se realizó con todas las garantías jurídicas, siguiendo la estrategia diseñada y auspiciada por Torcuato Fernández Miranda: “De la ley a la ley, pasando por la ley”.
[34] A la manera de la Monarquía británica, “el Rey reina, pero no gobierna”. Las atribuciones que la Constitución se limitan a la capacidad de proponer el candidato para la presidencia del Gobierno, al arbitraje y moderación en el funcionamiento de las instituciones y (ésta sí) al mando supremo de las Fuerzas Armadas.
[35] Acudieron a la proclamación varios familiares del rey su esposa, Sofía de Grecia (con la que había contraído matrimonio en 1962), sus hermanas, Pilar y Margarita de Borbón, y sus hijos, Elena, (1963), Cristina (1965) y Felipe de Borbón. (1968).
[36] La ceremonia fue oficiada por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, presidente de la Conferencia episcopal.
[37] Texto BOE.es – BOE-A-1977-165 Ley 1/1977, de 4 de enero, para la Reforma Política.
[38] Además de la Ley de Reforma Política (aprobada tras la muerte de Franco), las leyes Fundamentales fueron el Fuero del Trabajo (1938), la Ley Constitutiva de las Cortes (1942), el Fuero de los Españoles (1945), la Ley del Referéndum Nacional (1945), la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado (1947), la Ley de Principios del Movimiento Nacional (1958) y la Ley Orgánica del Estado (1966). Todas ellas fueron abolidas por la disposición derogatoria de la Constitución española de 1978.
[39] La elaboración de las leyes reside en las Cortes. El Rey sanciona y promulga las leyes.
[40] El artículo 2º contiene algunos principios organizativos del nuevo estado; elección de diputados por sufragio universal y de senadores por entidades territoriales y el Rey, duración de su mandato y elección de sus presidentes.
[41] El artículo 3º albergaba el mecanismo de reforma de la Constitución que habría de aprobarse en 1978.
por José-Ramón Ferrandis | 21 Nov 2022 | Economía
El Banco Central Europeo (BCE) fue creado el 1 de junio de 1998 como órgano encargado de la gestión de la política monetaria de la Unión Europea[1]. Previamente, 7 de febrero de 1992 fue firmado en Maastricht el Tratado de la Unión Europea, que entró en vigor el 1 de noviembre de 1993. El nuevo Tratado incorporó, entre otros, el Protocolo sobre los Estatutos del Sistema Europeo de Bancos Centrales y del Banco Central Europeo.
Llegados al umbral de la creación del BCE, el 1 de enero de 1994 se instrumentó la constitución del Instituto Monetario Europeo. Desde él se efectuaron los trabajos preparatorios para constituir el Sistema Europeo de Bancos Centrales (SEBC). El 25 de mayo de 1998, los Gobiernos de los once Estados miembros participantes nombraron al presidente, al vicepresidente y a los otros cuatro miembros del Comité Ejecutivo del BCE. La toma de posesión de estos cargos tuvo lugar el 1 de junio de 1998 y supuso el nacimiento del BCE.
Como verán – muy superficialmente – los procedimientos previos a la constitución del BCE no dejaron nada al azar. La nueva institución debía trabajar a la perfección, reflejando las necesidades del SEBC y ejecutando la Política Monetaria de la UE, pues el BCE es el órgano encargado de la gestión de esa Política Monetaria. No se dejó ni un fleco suelto, mucho menos en la selección del personal en el staff, extraordinario.
El objetivo, el único objetivo del Banco Central Europeo, es mantener la estabilidad de precios en la zona euro[2]. Esa estabilidad es definida por el Consejo de Gobierno como un nivel de inflación[3] cercano al 2 % a medio plazo[4] con objeto de salvaguardar el valor del euro[5]. A diferencia de otros organismos análogos como, por ejemplo, la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED), el BCE no tiene entre sus objetivos inducir, promover o potenciar el crecimiento económico o mantener el pleno empleo. Sus estatutos[6] les habilitan para hacer básicamente una sola y única cosa: luchar contra la inflación[7].
Lamentablemente, la crisis económica y financiera que estalló en 2008 provocó, entre otras cosas, que la deuda soberana de algunos países miembros comprometiera severamente la liquidez del sistema y la capacidad de financiación de esos países miembros[8], para acto seguido amenazar directamente la misma existencia del euro[9]. El presidente del BCE en 2012[10] no sólo vulneró los estatutos esa vez, sino que mantuvo la expansión cuantitativa y los bajísimos tipos de interés (que han llegado a ser y son negativos) durante diez años, sentando las bases para la fuerte inflación que aqueja al área del euro en nuestros días. Christine Lagarde[11], su sucesora, ha continuado con esa política de fertilización excesiva (de lucha a favor de la inflación) hasta que se ha visto obligada a reaccionar ex post facto.
El ritmo de subida de tipos es lento y va a rastras (de la FED, por ejemplo). El BCE ha destrozado las economías de la zona euro, arrastrado a las empresas a un estado catatónico con el gotero puesto, del que no van a salir fácilmente, si lo hacen, y empobrecido a los ciudadanos. Durante 10 años ha perdido su independencia y ahora que parece querer recuperarla, no lo hace con la energía, la inmediatez ni la previsión necesarias.
Así que, en 2012, el BCE se saltó los límites. Entre 2012 y 2022 se los siguió saltando. Y ahora, cuando hace algo parecido a lo que tenía que haber hecho siempre, quieren que les creamos.
[1] El primer paso conducente a la creación del BCE fue la decisión (1988) de establecer progresivamente una Unión Económica y Monetaria, caracterizada por el libre movimiento de capitales y una autoridad monetaria común dentro de una política monetaria única en los países de la zona del euro.
[2] Una cosa son los objetivos y otra las tareas o funciones: dirigir las operaciones de cambio de divisas, cuidar de las reservas internacionales del Sistema Europeo de Bancos Centrales y promover el buen funcionamiento y la estabilidad de la infraestructura del mercado financiero. Además, tiene el derecho exclusivo de autorizar la emisión de billetes de euro.
[3] A su vez, índice de precios al consumo armonizado.
[4] Las variaciones de precios no se producen con inmediatez y requieren de medidas correctoras que no operan a corto plazo.
[5] El origen de esta medida se remonta a la hiperinflación (1921-1923) que experimentó Alemania durante la República de Weimar. Por aquel entonces, el pago de las desmesuradas reparaciones de guerra a Francia, los EE. UU. y el Reino Unido provocaron una gran depreciación de la moneda (el Papiermark, que como su nombre indica, eran billetes sin respaldo de oro). En un momento dado, el Papiermark pasó de cambiarse a 60 por dólar a cambiarse a 8.000 por dólar (diciembre de 1922), en tanto el coste de vida pasó a finales de 1923 de 41 a 82.000.000, es decir, se multiplicó por dos millones. Las consecuencias sociales (y políticas: se piensa que este desbarajuste y el enorme dolor que provocó en la inmensa mayoría de la población auspició, al menos en parte, el ascenso del nazismo) que ello supuso no se olvidaron en generaciones. Se pensaba que los gestores monetarios alemanes habían aprendido de esa nefasta experiencia y desde entonces su prioridad era combatir el menor atisbo de incremento de precios. Ya no se piensa lo mismo.
[6] El Protocolo sobre los estatutos del SEBC y del BCE reza así en su capítulo II “Objetivos y funciones del SEBC, Artículo 2. Objetivos “De conformidad con el apartado 1 del artículo 105 del Tratado, el objetivo primordial del SEBC será mantener la estabilidad de precios. Sin perjuicio de dicho objetivo, el SEBC apoyará las políticas económicas generales en la Comunidad con miras a contribuir a la consecución de los objetivos de la Comunidad, tal como se establecen en el artículo 2 del Tratado. El SEBC actuará según el principio de una economía de mercado abierta y de libre competencia, favoreciendo una eficiente asignación de recursos y conforme a los principios que establece el artículo 4 del Tratado”.
[7] Quizá les haya chocado que llamen estabilidad a un crecimiento del 2% en el nivel de precios. Bien, efectivamente es una contradicción en los términos, pero así son las cosas. El mainstream de los alquimistas macroeconómicos entiende que una ligera inflación es útil para estimular la demanda y no retrasar las decisiones de consumo y de inversión. No es exactamente así. Eso es parte del problema. Se trata de remunerar a los deudores, empezando por el Estado, que ve cómo disminuye el peso de su deuda.
[8] El asunto es apasionante pero las dimensiones del artículo nos impiden desarrollarlo ahora. Tiempo tendremos, Dios mediante.
[9] La UE, en un inaudito ataque de soberbia, se negó a que el FMI hiciera su trabajo en el área del euro y exigió – impuso – la llamada Troika (¡qué desgraciada predilección por las denominaciones soviéticas!), que estaba constituida por la Comisión, el BCE y el FMI. Toda decisión quedaba así en manos de la Unión Europea, quien nuca pudo haber rescatado a los cinco (cuando le digan que se trataba de Irlanda, Portugal, Grecia y España, añada Italia. Cinco) pues carecía de las dotaciones de capital necesarias en las herramientas precisas. La solución recayó sobre el BCE, entonces dirigido por Mario Draghi. Compró toda la deuda necesaria, inundó el balance del BCE de bonos basura (y otros activos tóxicos) y multiplicó la liquidez en el sistema. Hay que decir que salvó el punto y el partido, pero prostituyó al BCE para siempre. Fue el famoso rescate financiero. El BCE no podía, estatutariamente, hacer lo que hizo. Fue un acto de monetización y constituyó la primera piedra del edificio inflacionario que se nos viene encima.
[10] El estallido del problema en la zona euro cogió de lleno a un Jean-Claude Trichet al mando del gobernalle por aquél entonces.
[11] Quede claro que Wim Duisemberg, Jean-Claude Trichet, Mario Draghi y Christine Lagarde son políticos con una formación técnica perfectamente adecuada para enfrentar y superar los problemas que se derivaban de su función como presidentes del BCE. Pero son políticos. Así se entiende mejor. Dícese que las instituciones de la UE y los gobiernos de los EEMM están obligados a respetar la independencia del BCE. Ello implica que ni el BCE ni los bancos centrales nacionales (BCN) pueden solicitar o aceptar instrucciones de las instituciones y organismos de la Unión, ni de los gobiernos de los EEMM. Je.