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Un blog reaccionario

«Verum, Bonum, Pulchrum»

Carta de los martes del 29 de noviembre de 2022

por | 29 Nov 2022 | Carta de los martes

Queridos amigos:

El 29 de noviembre de 1939, la URSS rompió relaciones diplomáticas con Finlandia. Al día siguiente lanzó un ataque en todos los frentes. Ese fue el principio de la llamada Guerra de Invierno, que finalizó el 13 de marzo de 1940.

¿Cómo empezó todo?

Hasta principios del Siglo XIX, Finlandia formaba parte del Reino de Suecia. En 1809, durante las Guerras Napoleónicas, anexionó Finlandia fue anexionada y convertida en un estado colchón frente a Suecia. El Gran Ducado de Finlandia resultante fue autónomo hasta finales del Siglo XIX, cuando Rusia intentó rusificar el Imperio y, por tanto, Finlandia. No tuvo éxito, pero las relaciones entre rusos y fineses sufrieron las consecuencias.

La Primera Guerra Mundial colapsó el Imperio ruso. La Revolución de 1917 y la Guerra Civil rusa de 1917-1920 dieron a Finlandia la oportunidad de declarar la independencia[1]. La Rusia soviética, impotente, reconoció al nuevo Gobierno finlandés tres semanas después de la declaración[2]. A partir de entonces, la URSS intentó inocular el comunismo desencadenando la Guerra Civil Finlandesa de 1918, que libraron la Guardia Roja y la Guardia Blanca. Venció la Guardia Blanca, merced a la ayuda militar de Alemania y Suecia tanto como a la acertada estrategia del general finlandés Carl Emil Gustav Von Mannerheim durante la Batalla de Tampere. Los restos de la Guardia Roja se retiraron a la URSS.

El 14 de octubre de 1920, Finlandia y la Rusia soviética firmaron el Tratado de Tartu: la frontera entre el Gran Ducado autónomo de Finlandia y la Rusia imperial era ya la nueva frontera entre Finlandia y la Unión Soviética. Finlandia recibió Liinahaman (Región de Petsamo), un puerto sin hielo en el Mar de Barents.

En 1938, Stalin, ya dictador único[3], empezó a rehacer las fronteras del Imperio Ruso perdidas durante la Revolución de Octubre y la Guerra civil subsiguiente. En abril de 1938, la URSS informó a Finlandia de que era posible una guerra con la Alemania nacionalsocialista y que necesitaba que Finlandia cediera o arrendara algunas islas en el Golfo de Finlandia, en los accesos a Leningrado; Finlandia se negó. Las negociaciones continuaron a lo largo de 1938.

La Unión Soviética y la Alemania nazi firmaron el Pacto Ribbentrop-Molótov en agosto de 1939. El pacto, nominalmente de no agresión, incluía un protocolo secreto en el que ambos signatarios se repartían Europa del Este. Finlandia estaba en la esfera soviética. El 1 de septiembre de 1939, Alemania invadió Polonia. El 17 de septiembre, la Unión Soviética invadió a su vez Polonia. Los estados bálticos se vieron obligados a aceptar tratados que permitían a la URSS establecer bases militares, con sus tropas, en su territorio. Estonia firmó el mismo septiembre; Letonia y Lituania lo hicieron en octubre. Sin embargo, Finlandia comenzó una discreta movilización. Los soviéticos habían comenzado a acumular tropas cerca de la frontera finlandesa en 1938-1939. Las tropas de asalto comenzaron a desplegarse en octubre de 1939[4].

El 5 de octubre de 1939, en negociaciones bilaterales celebradas en Moscú, la URSS exigió tres cosas: que la frontera en el istmo de Carelia se desplazara hacia el oeste hasta un punto situado a 30 km. al este de Viborg; que Finlandia destruyera sus fortificaciones en el istmo de Carelia y que cediera tanto algunas islas en el Golfo de Finlandia como en la península de Rybachy/Kalastajasaarento[5]. Los finlandeses arrendarían forzosamente la península de Hanko[6] por treinta años para que la URSS estableciera allí una base militar. A cambio, la Unión Soviética cedería Repola y Porajärvi, al este de Carelia.

La oferta soviética fue rechazada: los finlandeses no se fiaban. Las contraofertas[7] no tuvieron aceptación.

Para intentar justificar la Guerra de Invierno, la NKVD[8] organizó previamente un ataque de falsa bandera sobre una pequeña población fronteriza soviética, en lo que se llamó “El incidente de Mainila”[9]. El 26 de noviembre de 1939, la artillería soviética disparó contra su propia población, culpando a Finlandia del ataque y sus daños[10]. La Unión Soviética utilizó este bombardeo como pretexto[11] para iniciar la invasión de Finlandia cuatro días más tarde, a pesar de que los finlandeses negaron rotundamente que hubiesen disparado. De hecho, habían retirado su artillería de la frontera precisamente con el objetivo de prevenir un ataque accidental[12]. Poco importó: la URSS incumplió los pactos de no agresión firmados con Finlandia y desencadenó la guerra[13].

La Unión Soviética disponía de unas fuerzas inmensas para invadir Finlandia, pero no habían entrado en combate desde la Gran Purga[14]de 1937[15]. Confiados en su evidente y masiva superioridad en todos los ámbitos, el Ejército Rojo, bajo el liderazgo del general Kiril Meretskov, desplegó un total de 1.500.000 soldados, 1.200 tanques, 900 cañones y 700 aviones[16].

El Ejército finlandés, dirigido por el mariscal Carl Gustaf Emil von Mannerheim tuvo muy en cuenta la naturaleza en Finlandia, pues sus tropas[17] no podían enfrentarse con las soviéticas sin más apoyatura. Ésta sería el sumatorio de 70.000 lagos, enormes bosques, hielo, frío y oscuridad propias de la latitud de Finlandia y de la estación. Donde la orografía no ayudaba (el Istmo de Carelia) concentraron sus mejores tropas en trincheras y búnkeres. Lo llamaron “Línea Mannerheim” que ocupaba el espacio terrestre entre el Golfo de Finlandia y el Lago Ladoga.

A las 6:50 horas del 30 de noviembre de 1939, el Ejército Rojo desencadenó la ofensiva contra Finlandia sobre un frente de 1.537 kilómetros, que abarcaba desde el Istmo de Carelia hasta la Península de Kola, en el extremo norte. La invasión fue completada por el bombardeo de Helsinki. Todo ello produjo graves daños y bajas sustanciales[18] del lado finlandés[19].

Sin embargo, lo que inicialmente se preveía una especie de paseo militar fue un infierno para las tropas soviéticas, debido a la incompetencia y falta de preparación de los mandos y soldados soviéticos, así como a la eficacia de las guerrillas finlandesas. Las pérdidas humanas soviéticas fueron inmensas.

El presidente Risto Ryti, trasladó la capital administrativa a Terijoki. El 1 de diciembre de 1939 organizó un Gobierno de Salvación Nacional con todas las fuerzas políticas, incluyendo el Partido Comunista finlandés, cuyo secretario general Arvo Tuominen denunció públicamente la invasión soviética, que calificó de criminal y contraria a los valores marxistas. Ello provocó que Stalin creara, ese mismo día, un nuevo Partido Comunista finlandés para intentar implantar un gobierno títere bajo Otto Vilhem Kuusinen[20].

La invasión de la URSS a Finlandia causó indignación en Suecia, Noruega y Dinamarca, que rompieron relaciones con Moscú y comenzaron a movilizar tropas. Gran Bretaña y Francia denunciaron lo ocurrido y a pesar de encontrarse en guerra contra Alemania, enviaron ayuda urgente[21]. La Alemania nazi se mostró partidaria de la URSS[22], pero Italia[23] preparó una fuerza expedicionaria y entregó a las Fuerzas Armadas finlandesas 94.500 fusiles y 35 aviones Fiat G.50. Hungría envió un contingente. Chile, Perú, Paraguay y Bolivia denunciaron la agresión rusa y llevaron el caso a la Sociedad de Naciones[24].

Todo apuntaba a una victoria rápida y completa de la Unión Soviética, pero no fue así. El ejército finlandés, explotando las características del terreno y el clima, desarrolló una enorme capacidad para emboscar a los soviéticos. A ello sumó la extrema movilidad de sus esquiadores, sobre todo por la noche, su invisibilidad, la política de tierra quemada que dejó a los invasores a la intemperie[25] y las llamadas “tácticas motti”[26]. La invención del cóctel Molótov[27], llamado así en honor al ministro de Asuntos Exteriores soviético Vyacheslav Molótov, data de esa época. Las tropas invasoras fueron víctimas de los Sissit, unidades especializadas integradas por soldados camuflados, con esquís y trineos, que rodeaban a sus enemigos y les golpeaban por la retaguardia[28].

A primeros de diciembre de 1939, el progreso del Ejército Rojo era mínimo. Sólo ocupó el área de Maanselka y conquistó la ciudad de Petsamo. En los demás frentes, los soldados soviéticos avanzaban muy lentamente a través de tupidos y extensos bosques y pantanos helados, donde durante el corto día eran víctimas fáciles de tiradores finlandeses ocultos entre la niebla y durante las horas de oscuridad eran bombardeados por escasos cañones disparando a corta distancia. La moral soviética estaba por los suelos, se multiplicaron las deserciones y aumentaron las bajas por congelación como consecuencia de un equipo invernal inadecuado.

La URSS tuvo permanente superioridad aérea, con 2.500 aviones en juego. Se produjeron 2.075 bombardeos en 516 localidades. Aviones soviéticos bombardearon barcos y puertos finlandeses, arrojando además minas a las vías marítimas. Víborg fue arrasada por 12.000 bombas.

La Flota Roja del Báltico pretendió interrumpir el tráfico marítimo, amenazando con hundir todo buque neutral que se acercase a Finlandia. Pero tampoco los soviéticos pudieron acercarse, porque el crucero Kirov, que se aproximó a 24 kilómetros el 1 de diciembre de 1939, recibió un obús de 234 milímetros de una batería costera que provocó 17 muertos y 30 heridos.

El rosario de contundentes derrotas soviéticas fue largo: el 22 de diciembre de 1939, en la Batalla de Agaläjärvi, el Ejército Rojo tuvo 2.000 muertos y 600 prisioneros. El 23 de diciembre, cerca de la aldea de Tolväjari, un contraataque finlandés consiguió hacer retroceder a los rusos de sus posiciones. El balance fue de 630 muertos y 1.320 heridos finlandeses y de 4.000 muertos y 2.700 heridos rusos, además de la destrucción de 25 tanques T-26, T-28 y BT-7, por lo que los restos de las 75ª y 139ª divisiones de Fusileros tuvieron que regresar a Rusia.

El 30 de diciembre se libró la Batalla de Süomussalmi, el mayor enfrentamiento de la Guerra de Invierno. La 163ª División de Fusileros soviética se internó en la carretera que unía la localidad de Süomussalmi con la de Oulu sin saber que los finlandeses acababan de cortarla por su retaguardia. Con las “tácticas motti” desencadenaron una contraofensiva que supuso la pérdida de muchos muertos[29] y 300 prisioneros, por 420 muertos y 600 heridos finlandeses. Las tropas finlandesas capturaron intactas docenas de tanques, cañones, artillería antitanque, cientos de camiones, casi 2.000 caballos, miles de rifles y municiones y suministros médicos.

Una semana después, el 8 de enero, la 44ª División de Fusileros soviética fue embolsada al norte del Lago Boukki y aniquilada[30]. Similares catástrofes tuvieron lugar en otros puntos: en la carretera Khumo, en el área entre Kitalä y Lemetti, de noche[31]. Hubo muchas más derrotas soviéticas.

El Estado Mayor soviético tuvo que repensar su estrategia. Sustituyó al general Kirill Meretskov por el general Semión Timoshenko y ejecutó ante sus hombres al general Alexei Vinogradov por su fracaso en la Batalla de Süomussalmi. La solución que adoptaron fue la de quedarse en sus posiciones. El resto del mes de enero, el Ejército Rojo permaneció inactivo mientras sus observadores recopilaban información sobre la situación exacta de las posiciones defensivas finesas.

Al amanecer del 1 de febrero de 1940, el Ejército Rojo comenzó un gigantesco bombardeo artillero[32] con 3.350 cañones y morteros, que esta vez fue certero. Nuevos tanques y piezas de artillería y 600.000 soldados en total iban a garantizar la conquista. En 10 días, la mayor parte de las defensas de la “Línea Mannerheim” estaban destruidas. El 11 de febrero, 1.300 aviones, 3.000 tanques y más de 460.000 efectivos asaltaron la “Línea Mannerheim”, que el día 17 fue rebasada.

El Ejército Finlandés parecía derrotado, pero sólo hasta que el Ejército Rojo decidió atacar el centro de Finlandia a primeros de marzo. En la Batalla de Kollaa sufrió otra estrepitosa derrota con la conocida “táctica motti”[33].

A mediados de marzo de 1940, los finlandeses no podían continuar y los soviéticos, tras Kollaa, tampoco[34], pero la situación ya era claramente favorable a los invasores. Tras muchas negociaciones (a través de los suecos) entre los respectivos gobiernos, el 13 de marzo de 1940 Finlandia y la Unión Soviética firmaron el Tratado de Paz de Moscú[35].

La Unión Soviética sufrió un total de 801.000 bajas (200.000 muertos[36] y 600.000 heridos), más 1.000 prisioneros. 3.543 tanques fueron destruidos, 684 aviones derribados[37] y 2 buques hundidos. Su reputación militar quedó por los suelos. Finlandia sufrió 69.487 bajas (21.396 muertos, de los que 21.351 fueron finlandeses, 33 suecos, 5 daneses, 5 noruegos, 1 británico y 1 estadounidense), 43.557 heridos, 1.434 desaparecidos y 3.100 prisioneros, así como 30 tanques destruidos, 62 aviones derribados y 6 cargueros hundidos.

El desempeño soviético decidió a Hitler adelantar sus planes de ataque a la URSS.

La frase de hoy la escribió el historiador norteamericano William R. Trotter. Para muchos de los soldados soviéticos encerrados en un cerco (motti), mantenerse con vida era tan difícil como combatir. Los hombres estaban helados y hambrientos, en malas condiciones sanitarias. Trotter dijo: “El soldado soviético no tenía otra opción. Si se negaba a luchar, le dispararían. Si intentaba escabullirse por el bosque, moriría congelado. Y la rendición no era una opción, pues la propaganda soviética le había contado cómo los finlandeses le torturarían hasta la muerte”.

Cordiales saludos

José-Ramón Ferrandis

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Simo Häyhä con su fusil durante la Guerra de Invierno

[1] El 6 de diciembre de 1917, el Senado de Finlandia declaró la independencia de la nación, materializada en virtud del Tratado de Brest-Litovsk (1918).

[2] Finlandia alcanzó la plena soberanía en mayo de 1918 después de una guerra civil de cuatro meses, que terminó con la derrota de los socialistas y la expulsión de las tropas bolcheviques.

[3] Como consecuencia de la Gran Purga de 1938.

[4] Si el lector encuentra en esta Carta similitudes con las estrategias rusas en Ucraina (2022), no se extrañe: las hay. Rusia es la nueva Unión Soviética.

[5] En el extremo norte de Petsamo.

[6] Justo en la otra punta, en el Báltico.

[7] Finlandia contraofertó la cesión del área de Terijoki a la Unión Soviética, lo que duplicaba la distancia entre Leningrado y la frontera finesa, así como las islas del Golfo de Finlandia. A ello, Stalin ofreció finalmente comprar las bases de Hanko, Tanner y Paasikivi. La respuesta finesa fue negativa.

[8] NKVD (por Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos, НКВД), que asumía la seguridad del Estado (o sea, todo).

[9] Vean los paralelismos. Durante la noche del 31 de agosto de 1939, la Gestapo organizó un incidente en Gleiwitz/Gleiwice (Silesia, Alemania) por orden de Reinhard Heydrich y Heinrich Müller. Consta en acta notarial del SS-Sturmbannführer Alfred Naujocks en el Juicio de Nüremberg. La Gestapo asaltó una estación de radio situada en Gleiwitz/Gleiwice y lanzó en polaco un mensaje anti alemán para hacer creer que el ataque había sido producido por saboteadores polacos. Esa fue la excusa para presentar a Polonia como agresora y atacar al día siguiente, con todo preparado desde hacía semanas. Los nazis eran más refinados que los soviéticos, así que, para que la acción fuese más verosímil, los alemanes recurrieron a figurantes polacos: uno fue un granjero arrestado el día anterior por la Gestapo, asesinado después en la escena para ser presentado como prueba. Entre el grupo atacante había prisioneros del Lager de Dachau, que fueron asesinados y desfigurados tras la farsa. Todo esto fue confirmado en el Juicio de Nüremberg por declaraciones del Generalmajor del Abwehr (la organización de inteligencia militar alemana) Erwin von Lahousen.

[10] Según informes soviéticos, el ataque resultó en la muerte de cuatro ciudadanos, con nueve guardias fronterizos heridos.

[11] Está demostrado que el ataque fue soviético por confesión de parte. Por un lado, en las Memorias de Jrushov, éste confirmó que el mariscal de artillería Grigori Kulik supervisó personalmente el bombardeo de la aldea soviética. Documentos en los archivos privados del líder del PCUS, Andréi Zhdánov, lo confirman. Por otro lado, en 1998, el presidente Borís Yeltsin reconoció oficialmente que la guerra con Finlandia no había sido defensiva, sino una agresión.

[12] Lo que demuestra que conocían a sus clásicos. Finlandia propuso una investigación neutral del “Incidente de Mainila”, pero la Unión Soviética se negó.

[13] El ataque soviético sin previa declaración de guerra violó tres pactos de no agresión: el Tratado de Tartu (1920), el pacto de no agresión entre Finlandia y la Unión Soviética firmado en 1932 y de nuevo en 1934, y el Pacto de la Liga de las Naciones, que la Unión Soviética firmó en 1934.

[14] Las purgas de Stalin en los años 1930 devastaron el cuerpo de oficiales del Ejército Rojo; los purgados fueron 3 de sus 5 mariscales, 220 de sus 264 comandantes de división o rango superior y 36.761 oficiales de todos los rangos. Quedaban menos del 50% de todos los mandos, que fueron sustituidos por soldados menos competentes, pero más leales. Los comandantes de las unidades eran supervisados por comisarios políticos, cuya aprobación era necesaria para ratificar las decisiones militares. Ese sistema dual complicó más la cadena de mando soviética y anuló la independencia de los oficiales.

[15] Durante su transcurso había sido depurada gran parte de la oficialidad profesional, que había sido sustituida por oficiales politizados e ineficaces, generalmente miembros del grupo más obsecuente con Stalin dentro del PCUS.

[16] El Ejército Rojo acababa de realizar la invasión del este de Polonia con menos de 4.000 bajas tras el ataque alemán por el Oeste. Stalin creía que iba a repetir la jugada en Finlandia. Así pensaban también Andrei Zhdánov y el militar Kliment Voroshílov. Meretskov anunció públicamente que la campaña finlandesa llevaría dos semanas como máximo. ¡Incluso los soldados soviéticos habían sido advertidos de no cruzar inadvertidamente la frontera con Suecia! Y es que los generales soviéticos estaban impresionados por el éxito de la Blitzkrieg y querían copiarla. Pero esa táctica se adaptaba a las condiciones de Europa Central, con una red de carreteras pavimentadas densa. En Finlandia, por el contrario, no había caminos pavimentados y los de tierra eran escasos. El terreno consistía en bosques y pantanos.

[17] Un total de 225.000 soldados (214.000 fineses – incluidos 346 finlandeses residentes en el extranjero que volvieron a su patria para defenderla -, 8.000 suecos, 1.010 daneses, 752 noruegos, 372 rusos blancos, 350 húngaros y 340 británicos), 212 cañones, 59 tanques y 147 aviones (de los que 113 eran fineses, 20 suecos y 14 daneses). 50 de los voluntarios murieron durante la guerra.

[18] En respuesta a las críticas internacionales, el ministro de Asuntos Exteriores soviético, Viacheslav Molótov, declaró que la Fuerza Aérea soviética no bombardeaba ciudades finlandesas, sino que estaba enviando ayuda humanitaria a la hambrienta población finlandesa.

[19] A las tropas soviéticas que cruzaron la frontera les precedió un reiterado y masivo bombardeo artillero sobre 70 kilómetros de frente, en la “Línea Mannerheim”. A las 9.00 horas, la Fuerza Aérea soviética bombardeó la ciudad de Viipuri/Víborg y a las 9:20 la capital, Helsinki, así como otras 16 poblaciones. En total, dejaron 957 civiles muertos.

[20] Con su reconocido sentido del humor, Stalin bautizó el conjunto como República Democrática Finlandesa.

[21] El Reino Unido en forma de voluntarios y Francia suministrando material.

[22] Estaba vigente el Pacto Molótov – Von Ribbentrop.

[23] Benito Mussolini había permanecido inicialmente al margen debido al Pacto de Acero con Alemania.

[24] En la que la Unión Soviética había ingresado en 1934. El 14 de diciembre de 1939, por unanimidad, la Unión Soviética fue expulsada de la Sociedad de Naciones, convirtiéndose así en el primer y único país en sufrir este revolcón diplomático.

[25] Recuérdese que ese invierno se registraron temperaturas bajísimas. En el istmo de Carelia se alcanzó un récord de -43 °C el 16 de enero de 1940.

[26] Que consistían en resistir frontalmente los ataques del Ejército Rojo en las trincheras y densos bosques, para acto seguido enviar pequeños contingentes por los flancos que dividían a las tropas soviéticas, las aislaban y al cabo las exterminaban.

[27] Que era una botella llena de gasolina con un trapo a modo de mecha que se encendía y arrojaba contra los tanques enemigos, inutilizándolos. Los cócteles Molótov fueron finalmente producidos en masa por la empresa finlandesa de bebidas alcohólicas Alko, preparados con cerillas para encenderlos. Ochenta tanques soviéticos fueron destruidos así.

[28] Gracias a estas tácticas, cuando el VIII Ejército Soviético ocupó la ciudad de Tohmajäriv el 8 de diciembre de 1939, los Sissit contraatacaron por los flancos, desbordaron a los soviéticos y les obligó a retirarse tras 5.000 muertos.

[29] Muchos de ellos por congelación. Se estima un total de hasta 14.000 bajas.

[30] Aniquilada es el término más apropiado. Se contabilizaron 23.000 bajas entre muertos y prisioneros, así como la pérdida de 43 tanques, 100 cañones, 260 camiones y 1.170 caballos. Murieron 800 finlandeses.

[31] Los esquiadores finlandeses exterminaron a 9.000 soldados soviéticos.

[32] Francamente, no saben hacer bien otra cosa. Dispararon 300.000 proyectiles en las primeras 24 horas.

[33] El Ejército Rojo se retiró con más de 8.000 bajas (por 1.500 bajas finesas).

[34] Las bajas soviéticas eran altas y había riesgo de intervención franco-británica. Al acercarse el deshielo primaveral, las fuerzas soviéticas arriesgaban empantanarse en los bosques.

[35] Finlandia cedió parte de Carelia, el istmo de Carelia y el norte del lago Ladoga. Ello incluía la cuarta ciudad más grande de Finlandia, Víborg, la península de Ribachi en el mar de Barents y cuatro islas en el golfo de Finlandia. La península de Hanko fue arrendada como base militar a la Unión Soviética durante 30 años. Todo eso suponía el 11 % del territorio y el 30 % de la producción.

[36] Sorprendentemente, 542 de las muertes rusas fueron originadas por un reservista llamado Simo Häyhä, extraordinario francotirador.

[37] Se estima que la Fuerza Aérea soviética perdió alrededor de 400 aviones debido al mal tiempo, la falta de combustible y repuestos, y durante el transporte al frente.

Autor del artículo

<a href="https://joseramonferrandis.es" target="_blank">José-Ramón Ferrandis</a>

José-Ramón Ferrandis

Nacido en Valencia (España) en 1951. Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense. Técnico Comercial y Economista del Estado. Salvo posiciones en Madrid, destinado sucesivamente en Ceuta (España), Moscú (URSS), Washington (EE. UU.), Moscú (Rusia) y Riad (Arabia Saudita). Profesor de Análisis Riesgo País, Análisis de tendencias y Mercados internacionales. Analista. Escritor (Globalización y Generación de Riqueza, África es así, Crimen de Estado). Áreas de especialización referidas a su trayectoria. Con el blog espera poder compartir experiencias y divulgar análisis sobre asuntos de interés general, empezando por el clima y terminando por la Geopolítica; sin dejar de lado la situación de España. Lo completará publicando semanalmente la Carta de los martes, que tiene 4 años de existencia.