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JRF

Un blog reaccionario

«Verum, Bonum, Pulchrum»

Nos piden que les creamos

por | 21 Nov 2022 | Economía

El Banco Central Europeo (BCE) fue creado el 1 de junio de 1998 como órgano encargado de la gestión de la política monetaria de la Unión Europea[1]. Previamente, 7 de febrero de 1992 fue firmado en Maastricht el Tratado de la Unión Europea, que entró en vigor el 1 de noviembre de 1993. El nuevo Tratado incorporó, entre otros, el Protocolo sobre los Estatutos del Sistema Europeo de Bancos Centrales y del Banco Central Europeo.

Llegados al umbral de la creación del BCE, el 1 de enero de 1994 se instrumentó la constitución del Instituto Monetario Europeo. Desde él se efectuaron los trabajos preparatorios para constituir el Sistema Europeo de Bancos Centrales (SEBC). El 25 de mayo de 1998, los Gobiernos de los once Estados miembros participantes nombraron al presidente, al vicepresidente y a los otros cuatro miembros del Comité Ejecutivo del BCE. La toma de posesión de estos cargos tuvo lugar el 1 de junio de 1998 y supuso el nacimiento del BCE.

Como verán – muy superficialmente – los procedimientos previos a la constitución del BCE no dejaron nada al azar. La nueva institución debía trabajar a la perfección, reflejando las necesidades del SEBC y ejecutando la Política Monetaria de la UE, pues el BCE es el órgano encargado de la gestión de esa Política Monetaria. No se dejó ni un fleco suelto, mucho menos en la selección del personal en el staff, extraordinario.

El objetivo, el único objetivo del Banco Central Europeo, es mantener la estabilidad de precios en la zona euro[2]. Esa estabilidad es definida por el Consejo de Gobierno como un nivel de inflación[3] cercano al 2 % a medio plazo[4] con objeto de salvaguardar el valor del euro[5]. A diferencia de otros organismos análogos como, por ejemplo, la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED), el BCE no tiene entre sus objetivos inducir, promover o potenciar el crecimiento económico o mantener el pleno empleo. Sus estatutos[6] les habilitan para hacer básicamente una sola y única cosa: luchar contra la inflación[7].

Lamentablemente, la crisis económica y financiera que estalló en 2008 provocó, entre otras cosas, que la deuda soberana de algunos países miembros comprometiera severamente la liquidez del sistema y la capacidad de financiación de esos países miembros[8], para acto seguido amenazar directamente la misma existencia del euro[9]. El presidente del BCE en 2012[10] no sólo vulneró los estatutos esa vez, sino que mantuvo la expansión cuantitativa y los bajísimos tipos de interés (que han llegado a ser y son negativos) durante diez años, sentando las bases para la fuerte inflación que aqueja al área del euro en nuestros días. Christine Lagarde[11], su sucesora, ha continuado con esa política de fertilización excesiva (de lucha a favor de la inflación) hasta que se ha visto obligada a reaccionar ex post facto.

El ritmo de subida de tipos es lento y va a rastras (de la FED, por ejemplo). El BCE ha destrozado las economías de la zona euro, arrastrado a las empresas a un estado catatónico con el gotero puesto, del que no van a salir fácilmente, si lo hacen, y empobrecido a los ciudadanos. Durante 10 años ha perdido su independencia y ahora que parece querer recuperarla, no lo hace con la energía, la inmediatez ni la previsión necesarias.

Así que, en 2012, el BCE se saltó los límites. Entre 2012 y 2022 se los siguió saltando. Y ahora, cuando hace algo parecido a lo que tenía que haber hecho siempre, quieren que les creamos.

[1] El primer paso conducente a la creación del BCE fue la decisión (1988) de establecer progresivamente una Unión Económica y Monetaria, caracterizada por el libre movimiento de capitales y una autoridad monetaria común dentro de una política monetaria única en los países de la zona del euro.

[2] Una cosa son los objetivos y otra las tareas o funciones: dirigir las operaciones de cambio de divisas, cuidar de las reservas internacionales del Sistema Europeo de Bancos Centrales y promover el buen funcionamiento y la estabilidad de la infraestructura del mercado financiero. Además, tiene el derecho exclusivo de autorizar la emisión de billetes de euro.

[3] A su vez, índice de precios al consumo armonizado.

[4] Las variaciones de precios no se producen con inmediatez y requieren de medidas correctoras que no operan a corto plazo.

[5] El origen de esta medida se remonta a la hiperinflación (1921-1923) que experimentó Alemania durante la República de Weimar. Por aquel entonces, el pago de las desmesuradas reparaciones de guerra a Francia, los EE. UU. y el Reino Unido provocaron una gran depreciación de la moneda (el Papiermark, que como su nombre indica, eran billetes sin respaldo de oro). En un momento dado, el Papiermark pasó de cambiarse a 60 por dólar a cambiarse a 8.000 por dólar (diciembre de 1922), en tanto el coste de vida pasó a finales de 1923 de 41 a 82.000.000, es decir, se multiplicó por dos millones. Las consecuencias sociales (y políticas: se piensa que este desbarajuste y el enorme dolor que provocó en la inmensa mayoría de la población auspició, al menos en parte, el ascenso del nazismo) que ello supuso no se olvidaron en generaciones. Se pensaba que los gestores monetarios alemanes habían aprendido de esa nefasta experiencia y desde entonces su prioridad era combatir el menor atisbo de incremento de precios. Ya no se piensa lo mismo.

[6] El Protocolo sobre los estatutos del SEBC y del BCE reza así en su capítulo II “Objetivos y funciones del SEBC, Artículo 2. Objetivos “De conformidad con el apartado 1 del artículo 105 del Tratado, el objetivo primordial del SEBC será mantener la estabilidad de precios. Sin perjuicio de dicho objetivo, el SEBC apoyará las políticas económicas generales en la Comunidad con miras a contribuir a la consecución de los objetivos de la Comunidad, tal como se establecen en el artículo 2 del Tratado. El SEBC actuará según el principio de una economía de mercado abierta y de libre competencia, favoreciendo una eficiente asignación de recursos y conforme a los principios que establece el artículo 4 del Tratado”.

[7] Quizá les haya chocado que llamen estabilidad a un crecimiento del 2% en el nivel de precios. Bien, efectivamente es una contradicción en los términos, pero así son las cosas. El mainstream de los alquimistas macroeconómicos entiende que una ligera inflación es útil para estimular la demanda y no retrasar las decisiones de consumo y de inversión. No es exactamente así. Eso es parte del problema. Se trata de remunerar a los deudores, empezando por el Estado, que ve cómo disminuye el peso de su deuda.

[8] El asunto es apasionante pero las dimensiones del artículo nos impiden desarrollarlo ahora. Tiempo tendremos, Dios mediante.

[9] La UE, en un inaudito ataque de soberbia, se negó a que el FMI hiciera su trabajo en el área del euro y exigió – impuso – la llamada Troika (¡qué desgraciada predilección por las denominaciones soviéticas!), que estaba constituida por la Comisión, el BCE y el FMI. Toda decisión quedaba así en manos de la Unión Europea, quien nuca pudo haber rescatado a los cinco (cuando le digan que se trataba de Irlanda, Portugal, Grecia y España, añada Italia. Cinco) pues carecía de las dotaciones de capital necesarias en las herramientas precisas. La solución recayó sobre el BCE, entonces dirigido por Mario Draghi. Compró toda la deuda necesaria, inundó el balance del BCE de bonos basura (y otros activos tóxicos) y multiplicó la liquidez en el sistema. Hay que decir que salvó el punto y el partido, pero prostituyó al BCE para siempre. Fue el famoso rescate financiero. El BCE no podía, estatutariamente, hacer lo que hizo. Fue un acto de monetización y constituyó la primera piedra del edificio inflacionario que se nos viene encima.

[10] El estallido del problema en la zona euro cogió de lleno a un Jean-Claude Trichet al mando del gobernalle por aquél entonces.

[11] Quede claro que Wim Duisemberg, Jean-Claude Trichet, Mario Draghi y Christine Lagarde son políticos con una formación técnica perfectamente adecuada para enfrentar y superar los problemas que se derivaban de su función como presidentes del BCE. Pero son políticos. Así se entiende mejor. Dícese que las instituciones de la UE y los gobiernos de los EEMM están obligados a respetar la independencia del BCE. Ello implica que ni el BCE ni los bancos centrales nacionales (BCN) pueden solicitar o aceptar instrucciones de las instituciones y organismos de la Unión, ni de los gobiernos de los EEMM. Je.

Autor del artículo

<a href="https://joseramonferrandis.es" target="_blank">José-Ramón Ferrandis</a>

José-Ramón Ferrandis

Nacido en Valencia (España) en 1951. Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense. Técnico Comercial y Economista del Estado. Salvo posiciones en Madrid, destinado sucesivamente en Ceuta (España), Moscú (URSS), Washington (EE. UU.), Moscú (Rusia) y Riad (Arabia Saudita). Profesor de Análisis Riesgo País, Análisis de tendencias y Mercados internacionales. Analista. Escritor (Globalización y Generación de Riqueza, África es así, Crimen de Estado). Áreas de especialización referidas a su trayectoria. Con el blog espera poder compartir experiencias y divulgar análisis sobre asuntos de interés general, empezando por el clima y terminando por la Geopolítica; sin dejar de lado la situación de España. Lo completará publicando semanalmente la Carta de los martes, que tiene 4 años de existencia.