por José-Ramón Ferrandis | 27 Dic 2022 | Carta de los martes
Queridos amigos:
El 27 de diciembre de 1512 se promulgaron en España las Reales Ordenanzas dadas para el buen regimiento y tratamiento de los indios, más conocidas como Leyes de Burgos.
Estas fueron las primeras normas que la Monarquía española dictó específicamente para su aplicación en las Indias (América). En ellas se abolía la incipiente esclavitud de los indígenas y organizaba la gobernación de los nuevos territorios con sus habitantes. Las firmó el rey Fernando II de Aragón[1] el mencionado 27 de diciembre de 1512, en la ciudad de Burgos. Poseen un valor excepcional, por cuanto constituyen el primer corpus legislativo otorgado para los pobladores de otro continente. Se las considera la primera declaración de Derechos Humanos de la Historia, precursoras del Derecho internacional[2].
¿Cómo se llegó a este extraordinario fenómeno, sin parangón en ninguno de los imperios que se dieron antes en la Historia de la Humanidad[3] y se darían después[4]?
La responsabilidad de los Reyes Católicos era doble: había que compatibilizar el reconocimiento de los derechos del indio, en su condición de ser humano susceptible de evangelización, con la viabilidad económica de las nuevas explotaciones americanas, para así lograr el éxito de la colonización. Con ese fin, los Reyes Católicos organizaron la explotación de los recursos mediante los llamados Repartimientos, que tenían lugar sólo entre españoles, quienes utilizaban a los indios como mano de obra. Más tarde se instauró la Encomienda[5]. En la práctica, la Encomienda se aplicó sin que los encomenderos atendieran a los derechos de los aborígenes[6], lo que desencadenó las protestas de los dominicos. Y de esas protestas surgieron las Leyes de Burgos.
El funcionamiento de la Encomienda[7] era sencillo: Los reyes[8] entregaban o encomendaban un grupo de indios a un español[9] (el encomendero), quien podía exigirles trabajo o tributo. A cambio, el encomendero se obligaba a proporcionar a sus indios encomendados instrucción religiosa, alimentación y protección[10]. La Corona se beneficiaba también pues recibiría una cantidad del encomendero por cada indio encomendado. Todos ganaban: los españoles podían disponer de mano de obra para la explotación económica de sus tierras; los indios recibían asistencia y protección, y eran evangelizados (condición de la bula papal), y los reyes percibían un tributo que les permitiría financiar la administración indiana y obtener recursos. El sistema era teóricamente equilibrado y beneficioso, pero quebró rápidamente a causa de los abusos de los encomenderos, que tendían fácilmente a explotar a la mano de obra local. Eso impulsó la reacción de los dominicos que llegaron a La Española a predicar el Evangelio en 1510.
Desde los primeros años del Siglo XVI se materializaron las primeras críticas referidas a la situación en la que se hallaban los indígenas en los territorios conquistados por España en las Indias[11]. Las denuncias efectuadas por Antonio de Montesino[12] llegaron a la Península. Aun antes, a la vista de informes llegados a la Corona, la propia reina Isabel la Católica había manifestado en su testamento la obligatoriedad de dar buen trato a los indígenas. Todo empezó a concretarse a raíz del sermón pronunciado por Fray Antonio de Montesino en la isla de Santo Domingo, el cuarto domingo de Adviento de 1511, en el que abordó asuntos de la mayor trascendencia: la ética de la conquista, la condición humana de los indígenas y su libertad, asociada intrínsecamente a dicha condición humana.
A instancias del rey Fernando, en 1512 se reunió, en el convento de San Pablo (Burgos), una Junta de teólogos y juristas con la finalidad de estudiar las denuncias recibidas sobre el trato que recibían los aborígenes, específicamente a los nativos de la isla La Española. Esta fue la primera vez que la Corona convocó simultáneamente a teólogos y juristas para que le aconsejaran sobre la resolución de problemas detectados en América.
En la Junta de Burgos se siguió la tradición medieval: la prioridad era la evangelización, un bien superior. Al respecto, se patentizaron dos planteamientos jurídico-teológicos enfrentados: uno establecía la supremacía del derecho sobrenatural o espiritual hasta llegar a invalidar el derecho natural. Según eso, los paganos podían ser sometidos a la fuerza, pues el pecado original hacía que el hombre perdiese sus derechos. Otro, de raíz tomista, determinaba la independencia de lo sobrenatural respecto de lo natural: no se podían quitar al hombre sus atributos naturales de derecho político, de propiedad y de determinación cultural, que siempre le acompañan puesto que el pecado original no invalida los derechos del hombre.
El indio tenía naturaleza jurídica de hombre libre con todos los derechos de propiedad asociados, que no podía ser explotado, pero como súbdito debía trabajar a favor de la Corona, a través de los españoles allí asentados.
Se promulgaron 35 leyes u ordenanzas, detalladas y hasta exhaustivas, de evidente cariz paternalista, cuya línea conductora es la protección y humanización del indígena. Se conformó así su estatuto civil, basado en el trabajo[13], la dignidad y la libertad. Las ordenanzas se pueden resumir así. Las traigo para que se pueda observar el detalle con el que trabajó el legislador y el lector las sitúe en el contexto de la época en que vieron la luz:
- Los indios serán trasladados a encomiendas. Por cada 50 indios se construirán cuatro cabañas (30X15 pies). Esta tierra no se les puede arrebatar. Los indios se encargarán de sembrar toda la comida. En temporada, los encomenderos harán que los indios planten maíz y críen las gallinas.
- Los indios dejarán voluntariamente su tierra para venir a las encomiendas, para que no sufran ser desalojados por la fuerza.
- El encomendero debe erigir una estructura para utilizarla como iglesia. En ella debe haber un cuadro de Nuestra Señora y una campana para llamar a los indios a la oración. El encomendero debe ir con ellos a la iglesia todas las noches y asegurarse de que se persignan y cantan himnos. Si un indio no va a la iglesia, no descansará al día siguiente.
- Para asegurarse de que los indios estén aprendiendo el cristianismo correctamente, serán examinados cada dos semanas. El encomendero les enseñará los Diez Mandamientos, los Siete pecados capitales y el Credo. El encomendero que no lo cumpla será multado con 6 pesos de oro.
- Se construirá una iglesia equidistante de todas las fincas. Los domingos se celebrará la misa y se comerá un banquete. Si el encomendero no trae a sus indios, se le cobrará 10 pesos oro.
- Si la iglesia está demasiado lejos, se construirá otra.
- Los sacerdotes que recolectan diezmos de las propiedades deben estar continuamente en las iglesias de las propiedades.
- Se construirán iglesias en las minas para que los indígenas puedan oír misa los domingos.
- Quien tenga 50 indios debe elegir un niño que el encomendero vea capaz para que aprenda le enseñen a leer, escribir y la importancia del catolicismo. Este niño enseñará a los otros indios porque los indios aceptarán más fácilmente lo que dice el niño que lo que dicen los españoles. Si el encomendero tiene 100 indios, se elegirán 2 muchachos. La fe debe estar arraigada en sus cabezas para que se salven sus almas.
- Si un indio enferma cerca de donde hay un sacerdote, el sacerdote debe ir a él y recitar el Credo y otras cosas útiles de la fe católica. El indio se confesará sin que se le cobre una tasa. Si el indio va a morir, será enterrado con una cruz cerca de la iglesia. Si no lo entierran, el encomendero pagará una multa de 4 pesos oro.
- Los indios no deben ser utilizados como transportistas para llevar cosas a las minas.
12.Todos los españoles que tengan indios en una encomienda deben bautizar a los bebés dentro de una semana desde su nacimiento.
- Los indios en una encomienda deben buscar oro durante cinco meses al año. Al final de ellos se les permitirá descansar durante 40 días. Durante esos 40 días, los indios no deben ser empleados, salvo que sean esclavos y acepten plantar las cosechas. Durante los 40 días, los indios recibirán más instrucción en la Fe, ya que tienen más tiempo para aprender.
- Debe permitirse a los indios realizar sus danzas sagradas.
- Todos los encomenderos están obligados a alimentar a los indios con pan, ñame y pimientos. Los domingos, además, con platos de carne cocida. Por cada infracción se pagarán 2 pesos oro.
- Según el catolicismo, los indios no pueden tener más de una esposa a la vez ni abandonarla.
- Los hijos de los caciques de las islas que sean menores de 13 años serán entregados a los frailes para que les enseñen a leer, escribir y otras cosas sobre el catolicismo. Cuando alcancen la edad de 19, deben regresar a la encomienda y enseñar a los demás.
- Las mujeres embarazadas no deben ser enviadas a las minas ni obligadas a plantar cultivos. Se mantendrán en la finca y harán tareas domésticas como cocinar y deshierbar. Una vez nazca el niño, puede amamantarlo hasta que tenga 3 años. Después puede regresar a las minas y otras tareas.
- Los indios no deben dormir en el suelo. Cada encomendero les proporcionará hamacas.
- A cada indio se le dará 1 peso de oro cada año para pagar la ropa.
- Los indios no pueden cambiar de amo. Un encomendero no puede emplear ni albergar a un indio perteneciente a otro encomendero.
- A los jefes indios[14] se les permite que dos indios por cada cuarenta de sus súbditos le ayuden. Además, los visitantes de las fincas deben tratar bien a los indios y enseñarles lo que saben del catolicismo.
- Los inspectores oficiales deben mantener registros de las actividades y del trato a los indígenas en las encomiendas, realizar un seguimiento de la población y de la cantidad de oro que se extrae.
- No se debe abusar de los indios por ningún motivo.
- Los indios no deben utilizarse en el comercio privado ni para ningún otro interés económico.
- Los encomenderos que tienen a sus indios trabajando en minas distantes combinarán esfuerzos con otras propiedades para ayudar a proporcionar alimentos a los indios.
- A los indios de otras tierras también se les debe enseñar la fe católica. Serán tratados con amabilidad.
- Si muere un encomendero, su sucesor tomará el control de los indios.
- Deben designarse dos inspectores por cada estado.
- Los inspectores serán elegidos por el almirante, los jueces y los oficiales. Estas personas deberían ser compensadas con indios en encomienda.
- Las aldeas deben inspeccionarse dos veces al año, una a principios de año y otra en verano.
- Si hay un indio fugitivo, los inspectores no pueden aprehenderlo. Debe ser entregado a un hombre de buena conciencia que encuentre al encomendero responsable.
- Todos los inspectores deben tener una copia de las Leyes de Burgos, firmada por el Gobernador.
- Los inspectores deben disponer de residencias.
- Una persona no puede tener más de 150 indios y no menos de 40 en encomienda a la vez.
El 28 de julio de 1513 se añadieron modificaciones.
- Las indias casadas con indios no deben ser obligadas a servir con sus maridos en las minas u otro lugar a menos que sea por su voluntad o que sus maridos deseen tomarlas.
- Los niños indios no tienen que hacer trabajo de adultos hasta los 14 años. Luego se les obliga a realizar las tareas de los niños, como deshierbar o trabajar en las fincas de sus padres.
- Las mujeres indias solteras que están bajo la autoridad de sus padres tienen que trabajar con ellos en sus tierras. Aquellas que no están bajo la autoridad de sus padres deben mantenerse separadas para que no se conviertan en vagabundas.
- Tras 2 años de servicio, los indios pueden irse. Para entonces serán cristianos civilizados y adecuados, capaces de gobernarse a sí mismos.
Las Leyes de Burgos fueron las primeras ordenanzas de la Corona castellana que codificaron el estatus jurídico de los indios. No tienen precedente en la historia. Son los primeros instrumentos legales creados para la protección de los habitantes de territorios colonizados. Sin embargo, esta legislación vanguardista no siempre se cumplió en los territorios españoles de ultramar[15].
El debate, por tanto, continuó. A pesar de las ordenanzas, la población indígena de las Antillas seguía disminuyendo. La razón eran las enfermedades que sus sistemas inmunitarios no podían superar por no haberse enfrentado anteriormente a ellas. Esta mala situación resaltó aún más la polémica que se vivía en la época, reflejada especialmente por los componentes de la Escuela de Salamanca, especialmente fray Francisco de Vitoria[16] quien, en su obra De indiis[17] (1532), expresó los Justos Títulos de la conquista[18]–
Durante el reinado de Carlos I de España, el debate volvió a ganar predicamento. El Rey, bajo la influencia del fraile dominico Bartolomé de las Casas, quien pretendía abolir la Encomienda[19] y el dinero[20], encargó la revisión de la legislación americana. Convocó en 1540 una Junta legislativa en la Universidad de Salamanca, para que se estudiara la conveniencia de una eventual reorganización legal. De la Junta que se celebró en esa ciudad surgieron las Leyes Nuevas[21], un conjunto de normas promulgado el 20 de noviembre de 1542 en Barcelona con la finalidad de mejorar las condiciones de los indígenas. Las Nuevas Leyes hicieron desaparecer las encomiendas, reemplazándolas por el repartimiento[22].
No quedó ahí la cosa. Entre el 15 de agosto de 1550 y el 4 de mayo de 1551 aconteció en el Colegio de San Gregorio de Valladolid la Junta de Valladolid (también conocida como Controversia de Valladolid), un célebre debate que se incardinó en la polémica de los naturales[23], que enfrentó dos formas antagónicas de concebir la conquista de América: por un lado, Juan Ginés de Sepúlveda, que defendía el derecho y la conveniencia del dominio de los españoles sobre los indígenas, a quienes concebía como inferiores por la condición en la que se encontraban; por otro lado, Bartolomé de las Casas, ya conocido. No hubo decisión final.
Finalmente, el 18 de mayo de 1680, Carlos II aprobó en Madrid una pragmática mediante la cual se compilaba la legislación promulgada por los reyes para regular la vida social, política y económica de los territorios americanos y filipinos pertenecientes a la Monarquía Hispánica. Se dividía en cuatro tomos y nueve libros, que contenían 6.385 leyes, agrupadas en 218 títulos. Fueron las conocidas como Leyes de Indias[24], recopilación de las Leyes de Burgos y las Leyes Nuevas.
El ideal de los reyes españoles, desde el principio, se expresaba así: “Sus Altezas, deseando que nuestra santa fe católica sea aumentada e acrecentada, mandan y encargan al dicho almirante, virrey o gobernador, que por todas las vías y maneras que pudiere procure e trabaje atraer a los moradores de las dichas islas y tierra firme a que se conviertan a nuestra santa fe”[25].
Esa preocupación tuvieron nuestros más altos representantes. Véase, para terminar, cómo se expresaba Hernán Cortés, quien afirmaba en las Ordenanzas de 1524: “Exhorto y ruego a todos los españoles que en mi compañía fueren a esta guerra que al presente vamos y a todas las otras guerras y conquistas que en nombre de S.M… hubieren de ir, que su principal motivo e intención sea apartar y desarraigar de las dichas idolatrías a todos los naturales destas partes y reducillos, o a lo menos desear su salvación…, porque si con otra intención se hiciese la dicha guerra, sería injusta, y todo lo que en ella oviéseis obnoxio e obligado a restitución… E sobre ello encargo la conciencia a los dichos españoles, e desde ahora protesto en nombre de Su majestad, que mi principal intención e motivo en facer esta guerra e las otras que ficiere por traer e reducir a los dichos naturales al dicho conocimiento de nuestra santa fe”.
La frase de hoy es diferente de lo habitual. En lugar de incorporar al texto alguna referencia escrita relacionada con los hechos de la efemérides, me voy a permitir redactarla en primera persona. Así, anuncio a mis lectores que esta será la última Carta de los martes que escriba. Tras cinco años ininterrumpidos, ha llegado el momento de poner punto final. Ha sido un inmenso placer aplicarme a preparar y redactar las cartas, lo que he hecho con dedicación y esfuerzo. Lo que importa es que hayan sido de utilidad para vosotros, lectores, que sois la justificación de cada una de ellas.
Os agradezco de corazón el seguimiento efectuado, los comentarios transmitidos y la fidelidad a este escribiente apasionado por la verdad. Seguiré escribiendo, pero ya en mis blogs https://joseramonferrandis/ y https://confluenciaue.com/ así como en cuantas colaboraciones me soliciten y en los libros que estén por venir. Y eso, mientras Dios quiera.
Cordiales saludos
[1] El rey Fernando el Católico era a la sazón rey de Aragón y regente de Castilla. Su esposa Isabel I había fallecido el 26 de noviembre de 1504. Su sucesora en la Corona de Castilla, Juana, casó con Felipe el Hermoso, quien falleció en 1506. Vista la incapacidad de Juana, Fernando el Católico ocupó la regencia de la Corona de Castilla.
[2] Las relaciones entre cristianos e infieles, el derecho ce conquista y el dominio de los pueblos paganos, y los límites a la guerra fueron asuntos que se discutieron en las cátedras, en los tribunales y en los púlpitos de toda España.
[3] El hispanista John Elliott afirma que, con todo y ser limitadas las medidas de la Corona, contrastan con las de otros imperios por el esfuerzo llevado a cabo para garantizar los derechos de la población indígena. “Las ordenanzas llegaron tarde. (Se refiere a la discusión de Valladolid, en 1550, que luego veremos, como si no se hubieran dado antes las Leyes de Burgos, que llegaron apenas 20 años después del Descubrimiento de América, en una época en que las comunicaciones y los desplazamientos eran muy lentos; a título comparativo, hace 44 años que la Constitución española de 1978 establecía la necesidad de una Ley de Huelga y aquí estamos esperando que sus señorías de los partidos políticos se decidan, sin gran éxito por lo demás. Nota del autor). Con todo, tanto la convocatoria de la discusión de Valladolid como la legislación que siguió a continuación constituyen un testimonio del compromiso de la Corona por garantizar la justicia para sus poblaciones de súbditos indígenas, un empeño para el que no es fácil encontrar paralelos por su constancia y vigor en la historia de otros imperios coloniales.”
[4] En los inicios de la colonización, el objetivo era doble. El primero era económico, el ánimo de lucro, a cargo de los particulares que fueron a América en busca de fortuna. El segundo era político y estratégico. Los Reyes Católicos, primero Isabel y luego su viudo y regente Fernando, incorporaban consideraciones de índole internacional, pues otras naciones podrían aspirar a parte de las nuevas riquezas. Además, los Reyes se debían a las condiciones de la bula papal, consistente en evangelizar, en civilizar a los pueblos aborígenes. Los Reyes representaban una corriente de pensamiento favorable a la consideración del indio como súbdito libre, tanto por su propia convicción como por lo dicho a propósito de las bulas papales.
[5] Tanto los Repartimientos como la Encomienda fueron instituidos mediante cédula de la reina Isabel, dictada en Medina del Campo el 20 de diciembre de 1503.
[6]La Junta de Burgos y sus frutos trataron de conciliar el derecho de conquista con la prevención de los abusos, que la aplicación de la Encomienda no logró evitar por completo. La Encomienda estaba inspirada en la España de la Reconquista y tenía tres objetivos: respetar la condición del indio, vasallo pero no esclavo del rey de España; evangelizar al indio, tarea que correspondía al colono a cargo de la Encomienda o encomendero; y poner en producción las tierras colonizadas mediante el trabajo del indio.
[7] Era una especie de contrato o concesión que podía transmitirse sólo a una generación.
[8] Era un derecho exclusivo de la Corona española. Sólo el Rey podía establecerla.
[9] Sólo podía hacerse a favor de españoles en América. Ni los indios ni súbditos de otros países podían ser beneficiarios de la Encomienda.
[10] El contrato implicaba cumplir dos condiciones: evangelizar al indio y que el español habitara en los territorios para evitar injerencias en la soberanía española.
[11] Los reyes debían compatibilizar el reconocimiento de unos mínimos derechos del indio, en su condición de ser humano susceptible de evangelización, con la viabilidad económica de las explotaciones americanas, para lograr el éxito de la empresa colonizadora. Para ello los Reyes Católicos dispusieron la organización de la explotación de las tierras y sus recursos, especialmente los minerales, mediante los llamados Repartimientos entre españoles, no entre indios, a los que se utilizaba como mano de obra, instaurándose la institución de la Encomienda, cuya polémica aplicación desencadenó a la postre las protestas de los dominicos y sería la causa inmediata de la aprobación de las Leyes de Burgos.
[12] Antonio de Montesino (España, circa 1475-Provincia de Venezuela, 27 de junio de 1540), fue un misionero y fraile dominico español. Se distinguió en la denuncia de los abusos a los indígenas por parte de encomenderos españoles en la isla La Española.
[13] A finales del Siglo XX surgió la interpretación de que este conjunto de leyes que la Corona de España dictó hacia los naturales constituyó un importante adelanto y un precedente del derecho del trabajo.
[14] Las Leyes de Burgos respetaron la autoridad de los caciques, que quedaron exentos de realizar los trabajos ordinarios y recibieron servidores indios.
[15] La normativa fue mal recibida en América, sobre todo en los Virreinatos del Perú y de Nueva España (ahora México), ya que allí, el encomendero tenía mucho peso político. Las normas emanadas del legislador provocaban resistencias en destino. Las autoridades encargadas de su cumplimiento, es decir, los Virreyes, las acataban, dejando su cumplimiento en suspenso.
[16] Según las ideas dominantes en la época, canonistas y civilistas se dedicaban a la interpretación del Derecho positivo, mientras que los altos principios quedaban reservados a los teólogos. Por eso Vitoria comenzaba sus Relectiones de Indiis reivindicando para la Teología el derecho de tratar tales materias.
[17] Su nombre completo era «Relectiones de Indiis», en las que Vitoria desarrollaba siete títulos que justificaban la empresa americana. Vitoria presentaba una argumentación con base en ideas de Santo Tomás de Aquino, partiendo de la bula Sublimis Deus dictada por el papa Paulo III.
[18] Que más adelante fueron mejor precisados y detallados en la Junta de Valladolid.
[19] La cual forzaba a los indios a abandonar su entorno primitivo.
[20] Según él, el dinero rompía las estructuras sociales y comunales indígenas. Los dominicos pretendían asimismo que se retirara a los obispos el control sobre los indígenas. Pensaban que debían evangelizar los laicos.
[21] Originalmente llamadas Leyes y ordenanzas nuevamente hechas por su Majestad para la gobernación de las Indias y buen tratamiento y conservación de los Indios.
[22] El repartimiento fue un sistema de reparto de trabajo que era de aplicación donde había mucha mano de obra indígena. Los domingos, entre un 2% y un 4% de los varones indígenas entre 16 y 60 años, salvo alcaldes/caciques y enfermos, se reunían en la plaza ser contratados por los mayordomos de las haciendas de españoles próximas. El hacendado pagaba un salario, un tanto por desplazamiento y ponía las herramientas. El cumplimiento era responsabilidad de los alcaldes indígenas, supervisados por jueces españoles.
[23] Con ese término se identificaba a los indígenas americanos o indios.
[24] En opinión del catedrático de Derecho político y de Teoría del Estado y Derecho constitucional, así como doctor en Derecho, Manuel Fraga Iribarne, las Leyes de Indias, “por encima de todas las fragilidades de toda obra humana, constituyen un monumento de los que honran a sus autores”.
[25] Cuando Colón zarpó por segunda vez, recibió una instrucción fechada en Barcelona el 29 de mayo de 1493 en la que se incorporaban las primeras leyes para las Indias.

Desembarco de Colón de Dióscoro Puebla – Colonización española de América – Wikipedia, la enciclopedia libre
por José-Ramón Ferrandis | 23 Dic 2022 | Economía
El dinero vertebra las sociedades. Siempre lo ha hecho y siempre lo hará. Si en el principio era el Verbo, que estaba antes y por encima de todo, una vez los hombres se organizaron en común necesitaron alimentarse y guarecerse. Y cuando tenían exceso de algún alimento o bien[1] y querían cambiarlo por otro, escaso, que gentes de otra zona habitada poseían, lo cambiaban. Y crearon el trueque[2].
Pero el trueque era muy pesado, porque exigía transportar el producto excedentario para cambiarlo por el escaso. Una carga. No era sólo saber cuánto producto sobrante podían cambiar por cuánto del deseado[3], entendiendo que ambos grupos se pondrían de acuerdo al respecto. Era la molestia del acarreo, el deterioro del producto, las pérdidas consiguientes y la inseguridad en un transporte muy difícil en la época.
Alguien en cada esquina[4] del mundo pensó en resolver ese problema y en todas partes se planteó igualmente: busquemos algún objeto que sirva para cambiar las coles por madera para encender hogueras y que no nos obligue a llevar las coles para comprar las maderas. Y se utilizaron conchas, cuentas, semillas…, objetos pequeños y similares entre sí[5]. Fue el primer dinero, con dos de sus funciones ya cumplidas: medio de intercambio[6] y unidad de cuenta[7]. Pero faltaba algo: cuando el vendedor de coles no necesitó más madera y seguía teniendo conchas para comprarla en el futuro, observó que, en realidad, las conchas en sí mismas no valían nada. Servían, pero no tenían valor intrínseco. A saber si en el futuro iban a servir igual… Y pensó en algo que además de ser aceptado, pequeño y transportable, mantuviera su valor durante mucho tiempo. Esta es la tercera virtud del dinero[8]: depósito de valor. Medio de pago, unidad de cuenta, depósito de valor. Ya estaba.
Con el desarrollo de la fundición de metales se usaron éstos como moneda de cambio. Y la función depósito de valor se fue desplazando al oro y la plata, universalmente deseados, aceptados, divisibles, escasos, inoxidables y no fáciles de conseguir[9]. Fue un hallazgo[10].
Sí, pero ¿cuánto valor de cambio poseía el metal como medio de pago? Alguien tenía que garantizarlo. Para certificar que una moneda contenía una cantidad cierta de oro y/o plata, comenzó la acuñación, efectuada por entidades reconocidas y respetadas[11], que aseguraban[12] el peso de metal precioso y, por tanto, su valor. Fue generalmente el Rey quien validaba el contenido de oro, plata u otro metal. Para ello se imprimía en la moneda el rostro del monarca.
A lo largo de la Historia, muchos han sido los cambios que ha experimentado el dinero. Los primeros billetes se emitieron en China, en torno al Siglo IX[13]. Permitían sustituir grandes cantidades de monedas que era impráctico llevar consigo. Los primeros billetes europeos surgieron en Suecia en 1661, junto con los bancos y del crédito[14]. Pero lo que no cambió hasta hace relativamente poco tiempo fue el valor otorgado al oro, cuyas características lo convirtieron en el bien por excelencia, aceptado por las personas para servir como referencia de moneda de cambio, un bien tangible con valor intrínseco. Sin embargo, por la escasez natural de oro, la moneda fraccionaria más utilizada a lo largo de la Historia ha sido la de plata. Los Estados emitían billetes y monedas, que daban derecho a su portador a intercambiarlos por oro o plata de las reservas del país.
Hasta el Siglo XIX, varios países tenían un patrón de dos metales, basado en oro y plata. Entre 1870 y la Primera Guerra Mundial se adoptó mayoritariamente el Patrón oro[15]. Durante la guerra, los gobiernos beligerantes necesitaron imprimir mucho papel moneda para financiar el enfrentamiento, aunque no tenían reservas suficientes para respaldar ese dinero con oro.
La crisis de 1929 terminó con la posibilidad de que los particulares convirtieran los billetes en oro[16]. Próxima a finalizar la Segunda Guerra Mundial (1944), los aliados occidentales establecieron un nuevo sistema financiero en los Acuerdos de Bretton Woods, en los que se establecía que todas las divisas serían convertibles en dólares estadounidenses y solo ese dólar sería convertible en lingotes de oro a razón de 35 dólares por onza para los gobiernos extranjeros. De nuevo las monedas del mundo estaban respaldadas en el Patrón oro[17]. Pero….
En 1971, el déficit comercial y las políticas fiscales expansivas de los Estados Unidos, desarrolladas para financiar el enorme gasto bélico con motivo de su participación en la Guerra de Vietnam, provocaron un gran exceso de dólares. Los bancos centrales europeos intentaron convertir sus reservas de dólares en oro, creando una situación insostenible para los EE. UU. En diciembre de 1971, el presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, suspendió unilateralmente la convertibilidad del dólar en oro para particulares y devaluó el dólar un 10 %[18]. En 1973 volvió a devaluar el dólar otro 10 % y finalmente terminó con la convertibilidad del dólar en oro también para gobiernos y bancos centrales extranjeros. Se había acabado el Patrón oro de 1944[19]. Desde 1973, el valor del $ se sustentaría en una imposición legal del gobierno norteamericano bajo la forma de moneda fiat[20](o dinero por decreto). Análogamente, el dinero utilizado en todo el mundo descansa sobre la creencia de que será aceptado por los demás habitantes de la zona económica como vehículo de intercambio.
Son los gobiernos quienes determinan qué dinero es de curso legal. Pero son los bancos centrales los que se encargan de regular y controlar la política monetaria de una economía. La moneda ha devenido un bien público, que casi nunca atiende a los mecanismos de mercado.
Profundicemos en el fenómeno del dinero ¿Cuánto dinero hay en un área económica con moneda propia? La oferta de dinero (o masa monetaria) es la cantidad de dinero disponible en una economía para comprar bienes, servicios y títulos de ahorro, en un momento dado. La oferta monetaria la determinan conjuntamente el Banco Central[21] y el sistema bancario privado.
¿Quién y cómo se crea el dinero? Sólo hay dos tipos de dinero. Uno es el dinero legal. El Banco Central (la ceca[22]) acuña moneda e imprime billetes. Así se genera el dinero en efectivo. El otro es el dinero bancario, creado por los bancos comerciales privados mediante la anotación de los préstamos en las cuentas de los clientes prestatarios, con un respaldo parcial indicado por el coeficiente de caja[23]. Dicho dinero, normalmente, es de tipo electrónico[24].
El respaldo de antaño referido a metales preciosos ya no opera. El dinero[25] es resultado de un pacto, donde personas físicas y jurídicas aceptan entregar sus bienes o servicios a otros a cambio de símbolos monetarios. El respaldo del dinero es el Producto Interior Bruto, en realidad. De hecho, el gobierno debe posibilitar que el agregado monetario esté positivamente correlacionado con el PIB. Si aumenta descompensadamente la masa monetaria, generará inflación y una posterior devaluación de la moneda[26]. Con el Patrón oro, las manos del gobierno[27]estaban atadas. Con la desvinculación entre oro y dinero/masa monetaria, el gobierno hace, literalmente, lo que quiere. El Patrón oro era un corsé muy estrecho para el control que los gobiernos imponen sobre su moneda.
Así que hay tres cambios esenciales en la evolución de la creación de dinero: la desaparición del Patrón oro implícito, la reserva fraccionaria y el coeficiente de caja/dinero bancario. Del Patrón oro hemos visto unas pinceladas y luego hablaremos más.
Mucho hablamos de reserva fraccionaria, pero ¿qué es? La reserva fraccionaria es, para los bancos, mantener una fracción del monto de los depósitos de sus clientes como reserva, en forma de dinero líquido o de activos con alta liquidez. El sistema se basa en el supuesto (estadísticamente observado) de que no todos los depositantes reclamarán todo su dinero al mismo tiempo[28]. Este enfoque desconsidera el hecho de que, en un contrato de depósito, el banco comercial incurre en delito si dispone del bien depositado, ya que la propiedad de éste sigue correspondiendo al depositante[29], por lo que los préstamos son una enajenación a favor del banco.
La reserva fraccionaria es simultánea a la aparición, en 1609, de los primeros bancos que emitieron papel moneda propio. A mediados del Siglo XIX, principalmente en los EE. UU., miles de entidades (bancos y empresas, cada cual con sus propios depósitos y respaldo) empezaron a emitir billetes. Cuando el banco quebraba, los depositantes lo perdían todo. Desde 1837 hasta 1843 cundió el pánico en su sistema bancario[30]. La situación dio origen a la aparición (en los EE. UU.) de un sistema de respaldo en última instancia que garantizara un valor estable de la moneda en cualquier lugar. Como la reserva fraccionaria implicaba riesgo de insolvencia, el gobierno del Estado Federal decidió crear el prestamista de última instancia: el Banco Central[31]. Así, el sistema de reserva fraccionaria adquiría una solidez que no tenía. La alternativa era mantener los depósitos al 100% y no permitir la reserva fraccionaria. De hecho, en países sin Banco Central (o sea, sin prestamista de última instancia, los bancos comerciales siguen políticas de concesión de créditos mucho más restrictivas, con un coeficiente de caja muy alto. Eso se llama disciplina de mercado, tan opuesta al moral hazard que impera en Occidente.
Los bancos centrales autorizaron a los bancos comerciales[32] a crear dinero, pero sometidos (entre otras regulaciones) a una limitación porcentual: el coeficiente de caja.
Todo ello permite al banco poder prestar el dinero de sus depositantes en concepto de créditos y préstamos, pero asegura que parte del capital está garantizado por esta reserva. Es así como este[33] multiplicador bancario expande la cantidad de dinero en circulación que posee un país.
El coeficiente de caja[34] es la parte de los depósitos de un banco que debe ser mantenida en reservas líquidas[35] y no se puede usar para inversiones ni préstamos. Estas reservas suelen ser un porcentaje fijo de los depósitos que mantienen sus clientes[36].
Esto es lo que hay. Pero ¿podría haber algo diferente?
Hay corrientes de pensamiento que ven en las monedas respaldadas por activos reales (tierras, metales preciosos – oro, sobre todo -, petróleo) la solución a la manipulación monetaria causante de los ciclos[37].
Toda expansión artificial[38] del crédito, mediante la manipulación a la baja del tipo de interés[39], tiende a aumentar la inversión y a crear un falso auge económico, pues los precios relativos han sido distorsionados por la mayor masa de dinero circulante en la economía. Estas inversiones no hubieran sido emprendidas de no ser por la mencionada distorsión. Se financian proyectos no rentables, que antes o después producirán sobrevaloraciones de activos, es decir, burbujas. Las burbujas estallan. Cuando los tipos de interés artificialmente bajos adoptan el nivel de mercado, normalmente mucho más alto que el establecido por los bancos centrales, el flujo de dinero barato cesa y las inversiones que parecían rentables ya no lo son: la crisis[40] hace acto de presencia y se efectúa la liquidación de las inversiones erróneas[41].
Con el Patrón oro, esto no pasaba. Durante más de 200 años, el sistema evitaba las crisis recurrentes, como la actual, que es debida a que, en 2008, los bancos centrales decidieron intentar mantener con vida a pacientes pachuchos como consecuencia de sus políticas anteriores y profundizaron en el error[42], que nos ha llevado hasta la situación inflacionista que nos afecta. Ahora, a burro muerto, cebada al rabo. Pero no nos desviemos.
La actuación de los bancos centrales en nuestros días sería como una especie de planificación central de la economía, insostenible (como todas) a largo plazo. Los bancos centrales y su monopolio de creación monetaria (básicamente un esquema de economía de planificación centralizada) manipulan el precio del dinero mediante los tipos de interés, transmitiendo información falsa a los inversores.
La alternativa a esta actuación dirigista y centralizada, propia del socialismo, sería una banca libre, con Patrón oro y sin reserva fraccionaria[43].
Habíamos dicho que volveríamos sobre el Patrón oro. Este es el momento. Nos referimos al sistema que imperó en Occidente durante el Siglo XIX y parte del XX. Aportó gran estabilidad a las finanzas mundiales, sin inflación y con un tipo de cambio fijo.
A comienzos del Siglo XX, todo el sistema internacional se basaba en el oro, pero sólo Alemania, los Estados Unidos, Francia e Inglaterra mantenían un Patrón oro puro. Circulaban monedas de oro papel, que podían cambiarse por el oro de los Bancos Centrales. En otros países, el dinero consistía en plata, papel oro y monedas fiduciarias, pero sus bancos centrales lo convertían en oro a un precio público, tasado.
El modelo[44] del sistema del Patrón oro explica que cuando un país, por ejemplo España, incurre en déficit comercial con otro, Alemania, el oro de la economía española será trasladado hacia la alemana. Ello hace que la oferta monetaria en España disminuya, por lo que sus precios también disminuirán. Por el contrario, en la economía alemana habrá mayor oferta monetaria, resultando en un aumento de sus precios. Estos cambios significan que los productos españoles se abaratarán en los mercados internacionales mientras que los alemanes se encarecerán. Como resultado, España aumentará sus exportaciones y Alemania disminuirá las suyas, haciendo que los flujos de oro se reviertan[45]. Era el equilibrio (muy sencillamente explicado, claro).
Durante la Gran Guerra, el sistema monetario implosionó, como sabemos. En enero de 1918 se creó la Comisión Cunliffe para proponer la transición de la postguerra. Recomendaba la restauración del Patrón oro, incorporaba los tipos de interés y proponía soluciones a los movimientos de capital. En 1922, la conferencia de Génova implantó un sistema llamado Patrón cambio oro, en el que la moneda de cada país ya no estaba vinculada directamente al oro, sino a una moneda central convertible en oro. A partir de entonces, fueron dos las monedas convertibles en oro, la libra esterlina y el dólar, que ampliaron la base de los intercambios internacionales.
El Patrón oro fue abandonado tras la Gran Depresión de 1929 para evitar que precios y salarios descendieran, asociados a una reducción generalizada de la demanda global. Entonces, los ajustes recayeron sobre la cantidad de empleo total, que cayó fuertemente. El Patrón oro sólo podía funcionar con la cooperación de los países partícipes. Cuando surgieron políticas nacionalistas discriminatorias, con devaluaciones recurrentes y un fuerte proteccionismo[46] que redujo sustancialmente el comercio multilateral, el sistema fracasó. El abandono del Patrón oro ha supuesto un crecimiento disparatado de la oferta monetaria mundial, muy superior al crecimiento total de los bienes y servicios que la sociedad es capaz de producir (lo que causa la inflación cuasipermanente en la que viven las sociedades occidentales, disfrazada de políticas de inducción a la inversión).
Así se gestó la crisis de los años treinta. Los resultados fueron contracción económica, estancamiento industrial y agrario, desempleo masivo, auge del extremismo político, políticas socialistas e inicio de la Segunda Guerra Mundial.
Desde 1944 se intentó restaurar la coordinación entre las políticas monetarias de los países y la libertad de comercio internacional. Se instituyeron el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial y en 1947 se creó el GATT[47]. Y luego llegó 1973, como sabemos.
Pues esto es todo. El título del artículo menciona las criptomonedas. ¿De verdad creen que el sistema actual, con los bancos centrales apoyados (y manipulados) por sus respectivos corpus de políticos ebrios de poder, van a permitir que entidades privadas desarrollen monedas alternativas?
[1] Incluso servicios, ciertamente.
[2] En el neolítico, con la aparición de la agricultura y la ganadería, surgió la economía productiva y se produjo un excedente; una cantidad de bienes que no necesitaban ser consumidos. Ello permitió la aparición del trueque.
[3] Ese problema sigue vivo. Son los precios relativos, en principio regidos por las respectivas escaseces.
[4] Que, recuerden, es esférico.
[5] O granos de cacao, raíces de mandioca, semillas de algarroba, sal, cebada … .
[6] Ligero, fácil de transportar, fácil de almacenar.
[7] Servía para fijar los precios.
[8] Etimológicamente deriva de la moneda de plata romana denominada denarius.
[9] A su vez, la moneda de oro y de plata tenía subordinadas hechas de otros metales o aleaciones menos valiosas: bronce, cobre, hierro y plomo. Las sociedades que utilizaban los metales (reinos de Mesopotamia, circa 2.500 a. C.) ya emplearon oro, plata y otros, que eran aceptados por todos y podían guardarse.
[10] Heródoto aseguraba que los primeros en utilizar monedas de oro y plata fueron los lidios, en el Siglo VII antes de Cristo. Se han hallado monedas de electro u oro blanco en Éfeso, Asia Menor.
[11] Imperios, reinos, entidades políticas.
[12] Ese es el fundamento de la legitimidad de la moneda: la confianza en el garante.
[13] El billete de papel más antiguo que se ha conservado lo fabricó la dinastía Ming hacia 1375. Equivalía a 1.000 monedas de cobre.
[14] El Banco de Estocolmo entregaba a los depositantes de metales preciosos un recibo, que podía conservarse o negociarse.
[15] El Patrón oro es un sistema monetario que fija el valor de la unidad monetaria en términos de una cantidad de oro. Cualquier ciudadano podría transformar el papel moneda en la cantidad de oro equivalente. Como alternativa operaba el patrón bimetálico: la moneda está respaldada por oro y plata.
[16] Gran Bretaña, el país pionero y defensor de este patrón, lo abolió en 1931.
[17] El dinero en circulación en un país era reflejo de la cantidad de oro que hubiera en su Banco Central. Patrón oro no significa que se está hablando de un sistema monetario respaldado por un bien tangible con valor en sí mismo, como es el oro.
[18] Antes, en 1935, Roosevelt había devaluado el dólar y confiscado el oro que se hallaba en manos privadas para financiar el gigantesco gasto público del New Deal. Fue inútil y contraproducente, pero para los progres no hay nada mejor en la Historia.
[19] Entre 1944 y 1971, los EE. UU. se consolidaron como la principal potencia mundial. Ese período es conocido como la «Edad de oro», en el que la estabilidad reinante supuso un crecimiento sostenido.
[20] El dinero fíat o dinero por decreto carece de valor intrínseco. En su lugar, se fundamenta en una declaración como dinero realizada por el Estado. Su valor radica en la confianza en la solidez económica del Estado (el término fiat frecuentemente se suele utilizar como sinónimo del dinero fiduciario (del latín fiduciarius, de fiducia “confianza”’ y ésta a su vez de fides “fe”, aunque no son equivalentes). Todas las principales monedas son dinero fiat.
[21] El Banco Central posee instrumentos para proporcionar reservas al sistema bancario.
[22] El término ceca denominaba un establecimiento oficial donde se fabricaba o emitía moneda. Hoy en día se la llama casa de Moneda, taller donde se fabrican y acuñan monedas.
[23] Coeficiente de caja: esta es una de las madres del cordero. Pronto hablaremos de él.
[24] Se trata de dinero que no posee forma tangible. Existe en sistemas informáticos y se emite electrónicamente.
[25] Dinero, latu sensu, es mucho más que el dinero legal. Hay diferentes tipos de activos financieros que son dinero en sentido amplio y se clasifican según su grado de liquidez. Las cantidades en cuentas bancarias corrientes y los depósitos a la vista también son dinero. No queda ahí la cosa: el banco comercial utilizará esos depósitos con un tercero, quien podrá disponer de él. Ese dinero será utilizado para comprar bienes o realizar inversiones y finalmente acabará depositado en otras cuentas bancarias. Es así como los bancos multiplican el dinero legal: es la creación de dinero bancario, un fenómeno de una importancia capital. Para que haya límites a este proceso y el dinero en circulación no se dispare, con la inflación consiguiente, los bancos centrales obligan a los comerciales a depositar una ratio o porcentaje de los depósitos de los clientes en el banco en efectivo en los propios bancos centrales. Son las llamadas reservas y limitan la cantidad de dinero que los bancos comerciales pueden crear. Ahora lo veremos.
[26] Y si ello no es posible, un aumento del paro.
[27] Los gobiernos, en realidad, no importa su color; en sentido amplio, la casta política.
[28] Ni tampoco todos los prestamistas estarán prestando al mismo tiempo, ni todos los deudores estarán pagando al mismo tiempo.
[29] En puridad, el banco tan sólo realiza su custodia.
[30] La invención reserva fraccionaria es en realidad una estafa, ya que el contrato de depósito irregular impone obligaciones de custodia. Prestar el dinero de sus depositarios y garantizar su disponibilidad eran términos excluyentes.
[31] El Banco Central es una institución a la que se le atribuye el monopolio de emisión de moneda. En 1694, se creó el Banco de Inglaterra, quien creaba el dinero y lo entregaba a los bancos privados para su distribución al público. El Banco Central asumía la responsabilidad del respaldo por el valor del billete. Asumido el riesgo, éste pasa a ser sistémico. Los rescates se financian mediante inflación monetaria o emisión de deuda. En el primer caso se genera riesgo divisa. En el segundo, riesgo soberano.
[32] Sujetos a regulaciones sobre su capital y su solvencia, que limitan la creación de dinero bancario.
[33] En puridad, fraudulento.
[34] También conocido por coeficiente de encaje bancario o coeficiente de reservas.
[35] Las reservas se materializan en el dinero que los bancos guardan en sus cajas fuertes (reservas de caja) y en las situadas en el Banco Central.
[36] En otras palabras, un coeficiente del 1 % (el de la Eurozona desde 2012) significa que por cada 100 € de ahorros que depositamos en una entidad, ésta mantiene 1 € como reservas legales y puede invertir o conceder créditos por valor de 99 €. En Estados Unidos, a partir de 2006, el coeficiente de caja es del 10 % para los depósitos a la vista y del 0 % para los demás depósitos. Cuanto mayor es el coeficiente de caja, más difícil es que un banco quiebre. De hecho, el Banco Central tiende a devenir redundante. Cuanto menor es el coeficiente de caja, mayores serán la rentabilidad y los beneficios del banco. Si se aumenta el coeficiente, los bancos tendrán que guardar más dinero y habrá menos en circulación: es una política restrictiva. Si se reduce, los bancos pueden prestar más: sustenta una política expansiva. Este efecto se conoce como multiplicador del dinero, y es la razón del control que realiza el Banco Central sobre el coeficiente de caja, que es un parámetro fundamental para determinar la cantidad de dinero, la inflación y el endeudamiento.
[37] La teoría del ciclo económico, desarrollada por economistas de la Escuela austríaca, explica la relación entre el crédito bancario, el crecimiento económico y los errores de inversión que se suman y acumulan en la fase alcista del ciclo, que explotan con la burbuja y destruyen valor.
[38] Es decir, no respaldada por ahorro voluntario anterior.
[39] Sabemos lo que es el tipo de interés, pero es bueno indicarlo aquí: es el precio del dinero. El capital, el dinero y las monedas están sujetas a las leyes de la oferta y la demanda, exactamente igual que cualquier otro bien. Su precio refleja el mercado y transmite información valiosa. El tipo de interés transmite las preferencias temporales de los ahorradores, la oferta de capital disponible y el apetito de los inversores.
[40] La crisis es el periodo de liquidación de las inversiones improductivas y deuda impagable. Se reasignan los recursos según las preferencias del mercado. Es traumática, pero necesaria. El ajuste permitirá un nuevo crecimiento basado en el ahorro.
[41] Algunos economistas de la escuela austríaca acertaron al predecir las crisis de 1929 (von Mises), 1987 (von Hayek), 2001 (Huerta de Soto) y 2008 (Moreno de la Cova, Schiff).
[42] Las sucesivas inyecciones de liquidez rescataron temporalmente a los inversores marginales (los pachuchos), posponiendo el ajuste y empeorando los desequilibrios, impidiendo la liquidación de la deuda y el desapalancamiento.
[43] Para mayor información, el lector puede consultar Dinero, crédito bancario y ciclos económicos, un tratado de teoría monetaria y teoría bancaria publicado en 1998 por Jesús Huerta de Soto. El libro afirma que un sistema bancario en libre competencia con reservas del 100 % en los depósitos puede funcionar evitando la inflación y los ciclos económicos. El texto sostiene que la inestabilidad económica de los últimos doscientos años tiene su origen en el control gubernamental del sistema bancario y la colusión entre el banco central y los banqueros privados, a partir del abandono del coeficiente de caja del 100 % para los depósitos a la vista y su reemplazo por la reserva fraccionaria de los depósitos.
[44] Lo realizó David Hume en 1752.
[45] El modelo de Hume no explicaba la participación del sistema bancario, omitía los tipos de interés y los flujos internacionales de capital, y obviaba que los flujos de oro entre países eran muy escasos, porque los bancos centrales eran más que renuentes a transferirlos a otros bancos centrales.
[46] En realidad, el detonante de la crisis fue comercial, no financiero. El 30 de junio de 1930 se aprobaba en el Congreso USA la Ley Smoot-Hawley, cuyos proponentes, Sen. Reed Owen Smoot (R-Utah) y Rep. Willis Chatman Hawley (R-Ore.) decían iban a resolver el paro desencadenado por la mala situación económica en los EE. UU. La Ley, firmada finalmente por el presidente Hoover, fue un gigantesco fiasco. No sólo no consiguió sus objetivos, sino que provocó una caída del comercio mundial del 66% entre 1930 y 1934. La página web oficial del Senado de los EE. UU. se refiere a la Smoot-Hawley Act como «among the most catastrophic acts in congressional history”.
[47] General Agreement on Trade and Tariffs.
por José-Ramón Ferrandis | 22 Dic 2022 | Cambio climático
La energía es el alma de las sociedades. Disponer de energía limpia, barata y abundante es la clave para el desarrollo de las economías y, por tanto, del ser humano.
Dentro de la clasificación que pronto veremos, la energía eléctrica es la reina. Es derivada de las otras[1], Cuanta más energía eléctrica tiene un país, más posibilidades posee de elevar el confort de sus ciudadanos.
Quizá, antes de ver el panorama que se nos presenta, debamos acudir al pasado. In illo tempore, la energía disponible era de origen animal[2]. La tracción humana y caballar/vacuna era todo lo que tenían nuestros ancestros para mejorar sus rendimientos. El fuego era cuanto elemento externo podían utilizar para calentarse, cocinar y fundir, aislamientos primitivos al margen. La orientación de los refugios o viviendas jugaba un rol capital para facilitar la supervivencia. Remos, velas, ruedas y poco más mantenían a las poblaciones vinculadas.
Luego llegó el uso del agua para mover las palas de los molinos y el del viento para desligar ese movimiento del curso de los ríos. El salto cualitativo fue importante, pero nada comparable con el uso del vapor para generar energía in situ gracias a los combustibles sólidos (carbón mineral) extraídos del vientre de la tierra, en un parto fértil y certero. Eso desencadenó el mayor salto cualitativo y cuantitativo que las sociedades han visto nunca: la industrialización, con sus epifenómenos bien conocidos. La riqueza había llegado para sacar al hombre de la miseria ancestral. Gracias a la energía, que había podido pasar a un estadio superior.
Demos un salto en la historia y situémonos en el presente. Vamos a ver los distintos tipos de energía disponibles, con sus ventajas e inconvenientes.
La energía eléctrica está en la cúspide y ocupa un ámbito propio. Ello es así tanto por su ductilidad, fiabilidad, precisión y alcance como porque, en sí misma, es adaptable a prácticamente todas las necesidades cotidianas. A ella sirven muchas otras fuentes, que veremos.
Las energías fósiles[3] (sólidas, líquidas y gaseosas) permiten continuar con la industrialización[4] y habilitan los desplazamientos por tierra, mar y aire[5]. Cierto es que hay otros combustibles no fósiles, tanto líquidos[6], que permiten desplazamientos, como sólidos[7], que tienen una menor ponderación.
En términos generales y según el criterio original[8], las fuentes de energía pueden ser primarias y secundarias. Son primarias las que proceden de un fenómeno natural[9] y secundarias[10] las que han experimentado un proceso de transformación.
Ya presentados los actores de esta obra, vamos a ver las ventajas e inconvenientes de cada uno de ellos, acaso por orden de prevalencia en el consumo por fuente de energía[11].
- Petróleo y derivados
- Es la principal fuente primaria en la actualidad.[12]
- Ventajas: ampliamente instalada y probada. Gran seguridad en el empleo. Reservas prácticamente inagotables[13] Eficiente. Poco contaminante.[14]
- Inconvenientes: Sujeta a precios de cártel en sus versiones líquida y gaseosa.
- Carbón
- Históricamente la primera en la lista, ha perdido predicamento[15].
- Ventajas: ubicua. Muy alta concentración de energía por unidad de peso. Reservas prácticamente ilimitadas. Facilidad de almacenamiento y quema.
- Inconvenientes: microrresiduos sólidos derivados de la quema. Alto nivel de fallecimientos en extracción (hulla, lignito, turba).
- Gas natural
- Gran crecimiento en los últimos lustros.
- Ventajas: Alta concentración de energía por unidad de peso. Relativa facilidad de transporte. Pocos residuos volátiles.
- Inconvenientes: precios influidos por el cartel de los hidrocarburos. Disponibilidad en escasos países.
- Energía nuclear
- Estancamiento de la producción en los últimos lustros.
- Ventajas: Gran capacidad y estabilidad de producción de energía eléctrica. Precio unitario de output muy bajo. Nuevas generaciones mucho más flexibles y seguras. Típica energía básica de respaldo. Muy bajo riesgo de accidentes[16].
- Inconvenientes: Dificultad para deshacerse de los residuos[17]. Altos costes y largo tiempo de construcción en las instalaciones de las primeras generaciones.
- Energía hidroeléctrica
- Flexibles, adaptables, ubicuas. Multiusos.
- Ventajas: Precio unitario de output más bajo de todas las fuentes primarias. Larga duración de las instalaciones. Mantenimiento sencillo y barato. Pantanos equilibradores de microclimas.
- Inconvenientes: Anegamiento de zonas de valor agrario o residencial.
- Energía eólica
- Muy antigua conceptualmente. Ubicua.
- Ventajas: una vez instaladas, bajo coste de mantenimiento y bajo precio de output producido.
- Inconvenientes: Intermitencia esencial. Destrozo de paisajes y avifauna. Límites físicos irremontables a la producción de energía eléctrica[18]. Generadores con requerimientos de tierras raras.
- Energía solar (básicamente fotovoltaica. La térmica es residual)
- Flexible y barata. Ubicua.
- Ventajas: Bajo coste de cada unidad productiva. Mejoras tecnológicas. Reducción de precios unitarios.
- Inconvenientes: intermitencia y fases diarias de nulo rendimiento. Baja concentración. inútil para industria. Grandes extensiones ocupadas por los campos productivos.
- Biomasa y residuos urbanos
- Se trata de aprovechar residuos con escaso/nulo uso alternativo.
- Ventajas: coste de inputs muy bajo.
- Inconvenientes: disponibilidad esporádica. Inputs asociados a usos agrarios y urbanos locales. Baja densidad de output.
- Otras: maremotriz/geotérmica
- Maremotriz: aprovechamiento de las mareas y de las olas
- Ventajas: coste cero de uso. Al alcance de los países con costas marítimas.
- Inconvenientes: alto coste de los equipos generadores. Deterioro acelerado por salinidad.
- Geotérmica: aprovechamiento de las altas temperaturas del interior de la corteza terrestre. Tipos: Alta y baja entalpía[19].
- Ventajas de la de baja entalpía (somera o de baja temperatura): coste cero de uso. Instalaciones sencillas. Aprovechamiento de instalaciones ya existentes. Contaminación cero. Utilización in situ. Disponibilidad energética infinita.
- Inconvenientes de la de baja entalpía: usos sólo urbanos y residenciales. Baja intensidad energética.
- Ventajas de la de alta entalpía (crítica o de ata temperatura): literalmente inagotable y gratuita en su uso. Tecnología sencilla y comparativamente muy barata. Sin contaminación apreciable.
- Inconvenientes de la de alta entalpía: muy pocos lugares en activo[20], tecnología más compleja para alcanzar la profundidad requerida[21].
Hemos repasado las fuentes primarias que permiten al ser humano disponer de energía. Muchas de ellas se aplican a generar electricidad, la reina de las energías.
¿Y el futuro? ¿Qué nos deparará? Pues si conseguimos desembarazarnos de la canalla que nos gobierna en todas las instancias y su perversa y maníaca culpabilización de las emisiones de CO2 que se han inventado como responsables de nada en realidad, el futuro es de color de rosa.
Se habla sin cesar de dos energías de disponibilidad infinita y prometedoras: la energía de fusión nuclear y la geotérmica de alta entalpía. Ambas son absolutamente inagotables, pero mientras la primera se asemeja a la búsqueda del Santo Grial[22], pues se aleja según creemos acercarnos y de vez en cuando nos dan migajas científicas para que nos olvidemos de su hasta ahora imposible aplicación técnica, su coste es enorme. Tal parece como si se tratara del trasunto del viejo anhelo de ser como dioses, creando estrellas en la Tierra en el intento.
La segunda sólo depende un asunto no menor, pero relativamente sencillo, sobre todo de explicar. No se trata de horadar ni siquiera cerca de los aproximadamente 12 kilómetros que se ha conseguido hasta ahora, como máximo. Basta con alcanzar los 150° C para que sea rentable la producción de energía eléctrica[23]. Y eso está hecho. No se trata de superar el récord de profundidad del Kola Superdeep Borehole[24], un proyecto pensado para alcanzar una profundidad de 15 kilómetros (en 1993), que se quedó en 12.262 metros en 1989, pues en 1992 se interrumpieron los trabajos. La alta temperatura hacía fluir una masa inmanejable de fango e hidrógeno. No es necesario batir récords para disponer de energía limpia, barata y abundante por esa vía. Si los inversores en las demás tecnologías, con inversiones multimilmillonarias, no ponen palos en las ruedas, claro. Y si los sumos sacerdotes de la religión calentológica se allanan. Cosa inverosímil, pero siempre posible, sujeta a determinadas condiciones.
https://www.iea.org/data-and-statistics/data-tools/energy-statistics-data-browser?country=WORLD&fuel=Energy%20supply&indicator=TESbySource
[1] En el sentido de que para obtenerla hay que utilizar previamente alguna de las otras, solas o combinadas.
[2] Sin ser demasiado pelmazo, exigía disponibilidad suficiente de alimentos, que a su vez requerían producción vegetal, que a su vez depende en correlación directa del CO2. Pero vaya y cuénteselo usted a los memos codiciosos que en el mundo mandan.
[3] Carbón, derivados del petróleo, gas natural.
[4] Sobre todo en industrias intensivas en energía.
[5] Los derivados del petróleo son el otro gigantesco salto cualitativo de la tecnología, responsables per se de las altas cotas de libertad que hemos estado disfrutando desde 1945, en un entorno pacificado por los EE. UU., mal que les pese a los que niegan la mayor desde distintas ratoneras.
[6] Biocombustibles de diversos orígenes y formas. Procedentes del tratamiento de la biomasa. Existen porque su precio relativo o la indisponibilidad de los derivados del crudo así lo aconseja.
[7] La madera, el carbón vegetal y la bosta son marginales.
[8] Hay otros, pero no son de interés para este caso.
[9] Sol, viento, corrientes de agua, biomasa, minerales.
[10] Energía eléctrica, energía química, combustibles varios.
[11] Datos de la Agencia Internacional de la Energía 2020 Energy Statistics Data Browser – Data Tools – IEA
[12] Incluye bolsas de petróleo líquido, petróleo de fracking o fracturación hidráulica y arenas bituminosas.
[13] Más de 500 años al nivel de consumo actual, sin considerar el fracking.
[14] La quema de los hidrocarburos líquidos derivados del cracking se efectúa con cada vez menos residuos, que se filtran adecuadamente, resultando en un despreciable daño atmosférico.
[15] Sin embargo, al existir depósitos de alguna de sus variedades en prácticamente todos los países, la crisis derivada de la guerra de Ucraina ha provocado que el carbón eleve rápidamente su participación en el mix de fuentes de energía primaria: un 1,2% en 2022, sobrepasando los 8.000 Millones de Tm. en un año, por primera vez en la historia y superando el récord de 2013. Los tres mayores productores (RP China, India e Indonesia) superarán sus récords en 2022. Alemania y el Reino Unido se orientan hacia el carbón.
[16] Three Miles Island no tuvo muertos. Chernobyl no fue un accidente sino un experimento fallido. Fukushima no registró ningún muerto.
[17] Cada vez menor: parte son inputs para la producción de energía en las nuevas generaciones de reactores y el resto es almacenable sin riesgo.
[18] El límite de Betz establece que una pala eólica puede capturar un máximo del 60% de la energía cinética del aire.
[19] Hasta unos 150 metros de profundidad. En realidad, se llega a distinguir hasta 4 niveles, desde inferior a 30°C hasta superior a 150°C. Sólo ésta última permite generar directamente vapor y producir electricidad.
[20] Dependen de la existencia de escasas zonas en las que la temperatura del subsuelo es alta y próxima a la superficie: Islandia y Kenia, en términos relativos, y los EE. UU., Indonesia, Filipinas y Turquía en valores absolutos.
[21] La temperatura en el interior de la Tierra aumenta según la profundidad. El gradiente geotérmico promedio es de entre 25°C y 30°C por kilómetro.
[22] Que como todo el mundo sabe, está en la Catedral de Valencia; para más señas, en la Capilla del Santo Cáliz, pero la búsqueda, por aquello de la tradición, sigue y sigue.
[23] Se leen cosas esperanzadoras. En todo caso, llama la atención nuestra asimetría investigadora: enviamos sondas espaciales a 14.600 millones de kilómetros, pero apenas llegamos más allá del equivalente a la Fosa de las Marianas perforando la corteza terrestre.
[24] Para alcanzar los 12,262 kilómetros se necesitaron dos décadas de trabajo. Se sabía que cuanto más se acercara la perforación al manto, más ascenderían las temperaturas, pero no tanto. Las tuberías y el cabezal se fundían con el calor. A ello se sumó la mayor porosidad de la roca.
por José-Ramón Ferrandis | 20 Dic 2022 | Carta de los martes
Queridos amigos:
El 20 de diciembre de 1973, el Almirante Luis Carrero Blanco, Presidente del gobierno, fue asesinado junto con su chófer y escolta[1] en la calle Claudio Coello de Madrid, frente al nº 104.
Veamos los antecedentes, los hechos y las circunstancias concomitantes.
Luis Carrero Blanco había nacido en Santoña el 4 de marzo de 1904, en una familia monárquica y católica. Era el mayor de cinco hermanos. Como su abuelo y su padre, eligió la carrera militar, concretamente la Marina. En 1918 ingresó en la Escuela Naval de San Fernando. Estuvo destinado en diversos buques. En 1924 realizó un curso en la Escuela de Submarinos. Como comandante del guardacostas Arcila, participó en el desembarco de Alcazarseguer (1925), donde contactó por vez primera con Francisco Franco, y en el desembarco de Alhucemas.
En 1929 contrajo matrimonio con Carmen Pichot. En 1930 fue comandante del submarino B-5. En septiembre de 1931 fue destinado a la Escuela de Guerra Naval. Entre noviembre de 1932 y noviembre de 1933 estuvo en la Escuela Naval de París. Allí mantuvo su segundo contacto con Franco, comandante militar de Baleares, quien había solicitado asesoramiento. A finales de 1933 fue nombrado secretario de la Escuela de Guerra Naval y a principios de 1935 ascendió a capitán de corbeta.
No participó en el Alzamiento. Su hermano José fue fusilado en Almería y su padre murió de un infarto fulminante cuando fueron a detenerle. Ante la posibilidad de ser detenido a su vez, Luis Carrero escapó a Francia. En julio de 1937 consiguió regresar. Durante la Guerra Civil, su primer destino estuvo en el buque Huesca. Después mandó el submarino General Sanjurjo y en octubre de 1938 embarcó en el crucero Canarias como jefe de Estado Mayor de la División de Cruceros. En 1940 fue nombrado capitán de fragata; en 1945 capitán de navío; en 1957, contraalmirante; en 1963, vicealmirante, y en 1966, almirante.
Terminada la guerra civil, Carrero comenzó su actividad política con Pedro Gamero del Castillo, falangista, colaborador de Ramón Serrano Suñer. A finales de 1940, redactó su primer informe para Franco: era sobre la II Guerra Mundial. En mayo de 1941, Carrero (36 años), fue nombrado jefe de Estado Mayor y subsecretario de la Presidencia. Ahí comenzó a despachar con Franco al menos dos veces por semana. Elaboró multitud de informes para el jefe del Estado, relacionados con asuntos de todo tipo[2].
A partir de mayo de 1945, Carrero se convirtió en uno de los máximos colaboradores de Franco, apoyando la instauración de la Monarquía. Sabía que había que resistir la coyuntura tras el triunfo aliado en la guerra. Con el advenimiento de la política de bloques, el régimen salió fortalecido y dejó de estar aislado. Carrero comenzó a tener acceso al Consejo de ministros.
El 27.8.1953, el Régimen firmó el Concordato con el Vaticano[3], lo que constituyó un paso importante en la aceptación internacional del Régimen[4], pero la Iglesia[5] fue distanciándose del Régimen de Franco desde el Concilio Vaticano II (1964)[6]. Carrero no pudo sino observar con estupor[7] esta deriva, pero aceptó las decisiones de la jerarquía católica sin rechistar.
Tras los pactos con los Estados Unidos de 1953, la situación de España comenzó a mejorar paulatinamente. El nivel de vida se elevó considerablemente, pero no de una manera espectacular: la penuria de divisas, las dificultades para la importación de bienes, la escasa productividad y la inflación acabaron desencadenando una crisis política, que llevó a formar un nuevo gobierno en 1957. Ello supuso el ascenso de los llamados tecnócratas[8], vinculados al Opus Dei, especialmente a los ministerios económicos. Los nuevos ministros promovieron una liberalización y apertura al exterior.
En la década de los años sesenta, Franco fue aumentando su confianza y delegando ciertas decisiones en Carrero Blanco, sobre cuya lealtad no cabían dudas. Apoyándose en los ministros, sobre todo en Laureano López Rodó, Carrero puso en práctica su estrategia de continuidad política y económica. Ello le granjeó enemistades a derecha e izquierda, pero contar con el beneplácito del jefe del Estado le blindaba.
El 21 de septiembre de 1967, Franco nombró a Carrero Blanco vicepresidente del Gobierno, en sustitución del general Agustín Muñoz Grandes. El objetivo principal de Carrero a partir de entonces fue conseguir que Franco nombrara un sucesor en la Jefatura del Estado, en un régimen monárquico, dentro de los principios del Movimiento Nacional. Tras muchas dificultades, en julio de 1969, don Juan Carlos de Borbón y Borbón fue nombrado sucesor de Franco[9].
Desde mediados de los sesenta creció el malestar político, los disturbios y, sobre todo, el mencionado distanciamiento de la Iglesia[10]. Apareció el grupo terrorista ETA. Desde 1969, Carrero Blanco, aunque nominalmente vicepresidente, se convirtió de hecho en el jefe del Gobierno. La influencia de Carrero sobre Franco era incuestionable. Desde entonces y debido a que la salud del general se resquebrajaba, Carrero empezó a ganar atribuciones: recibía con frecuencia a los ministros y mantenía con ellos reuniones sectoriales para tratar asuntos de sus carteras. Una vez a la semana despachaba directamente con Franco y otro día con don Juan Carlos, en la Zarzuela. No era un alter ego del Jefe del Estado, pero sus edades próximas, formación análoga, principios similares y experiencia parecida hacían pensar en ello. Carrero fue un hombre discreto, sin ambición personal y técnicamente solvente, que prefirió mantenerse en la sombra en todos los puestos que ocupó. Rarissima avis, sobre todo en la política, donde los petulantes son legión. Vivió espartanamente, siempre en casas alquiladas. Sus propiedades se resumían en un apartamento en Campoamor y la parcela del cementerio de El Pardo donde yacen sus restos mortales.
A primeros de los setenta se veía como palmaria la necesidad de nombrar un presidente de Gobierno separado de la Jefatura del Estado. Descartados Manuel Fraga, Alejandro Rodríguez de Valcárcel y Carlos Arias Navarro, Franco decidió nombrar para este cargo, en junio de 1973, a Carrero Blanco[11]. El 14 de junio, éste, en su primer Consejo[12] nombró vicepresidente y ministro general del Movimiento a Torcuato Fernández Miranda[13]. El nombramiento de un presidente distinto del propio Franco fue uno de los últimos pasos importantes del Régimen.
Antes de su nombramiento, ETA ya estaba preparando una acción contra Carrero[14]. Al elevarse su rango y aumentar sus medidas de seguridad[15], el objetivo se mantuvo, pero el secuestro (que era la primera opción considerada[16]) cambió por el asesinato[17]. No era demasiado difícil[18], pues las costumbres metódicas[19] de Carrero y su desprotección le hacían un blanco viable. Los terroristas adquirieron o alquilaron[20] un sótano en Claudio Coello 104 y desde allí se gestó el atentado.
Dícese que el magnicidio estaba previsto para el día 18 de diciembre, pero que la presencia en Madrid del secretario de Estado estadounidense Henry Kissinger obligó a aplazarlo. El argumento era que el lugar de la explosión estaba apenas a 100 metros de distancia en línea recta de la embajada de los Estados Unidos y el previsible incremento de las medidas de seguridad perimetrales desaconsejaba la acción[21].
Técnicamente, el atentado requirió practicar, durante más de un mes, un túnel de seis metros de longitud desde el sótano de la calle Claudio Coello mencionado, perforando el muro de la fachada y excavando el pasadizo hasta el centro de la calzada. Allí colocaron explosivos[22].
El 20 de diciembre, a las 9:30[23], Carrero Blanco salió de la Iglesia de San Francisco de Borja, subió al coche oficial, y, al pasar el coche por el lugar señalado[24], los terroristas hicieron estallar[25] la carga explosiva[26], que excavó un cráter elíptico, con ejes que medían 8 y 19 metros, mientras la profundidad era de 2,5 metros. El automóvil[27] y sus ocupantes se elevaron unos 40 metros y cayeron en una terraza interior de la misma iglesia de la que acababa de salir Carrero Blanco. Los tres ocupantes murieron en el acto.
Tras unos primeros momentos de confusión[28], se confirmó el atentado terrorista. Franco, que se hallaba con gripe, fue informado casi de inmediato. El presidente en funciones, Torcuato Fernández Miranda[29], lo comunicó por Televisión Española.
La capilla ardiente se instaló en la Presidencia del Gobierno. Los días 21, 22 y 23 fueron declarados de luto nacional. Luis Carrero Blanco fue enterrado en su tumba del cementerio de El Pardo. El funeral, que se celebró el día 21 en la basílica de San Francisco el Grande con la presencia de las autoridades[30], fue oficiado por el cardenal primado, Vicente Enrique y Tarancón.
La muerte de Carrero Blanco supuso un duro golpe para Franco, ya anciano y con una salud muy comprometida, que como consecuencia del efecto emocional empeoró. Carrero había sido su más leal colaborador desde 1941, un facilitador, un peón de gran capacidad de trabajo, aunque de ninguna manera preparado para continuar el franquismo más allá de la muerte del propio Franco[31]. No obstante, muchos escribieron que la muerte de Carrero era el final del Régimen. En todo caso, el magnicidio generó un fuerte impacto social y político.
Ese mismo día estaba convocada una reunión del Gobierno. Los ministros acudieron a Presidencia, situada en Castellana 3. El vicepresidente del gobierno. Fernández-Miranda, cortó los corrillos alzando la voz. Con aplomo y empaque recordó que era el Presidente de manera automática por disposición de la Ley Orgánica y, ante el estupor general, decidió que no habría Estado de excepción. Acto seguido desactivó un telegrama[32] que el director general de la Guardia Civil, Iniesta Cano, había enviado a todas las comandancias, en el que se ordenaba extremar la vigilancia y actuar enérgicamente, revocando la orden mediante un telegrama presidencial.
Por su parte, los asesinos escaparon con suma facilidad[33], pues no se realizaron los controles habituales en cualquier atentado. Piénsese que estaban fichados desde un año antes. En el sumario se encausó a treinta personas. De ellas, se detuvo a siete. Nunca hubo juicio. El caso se archivó tras la muerte de Franco. El 11 de abril de 1977, el Juzgado de Instrucción nº 21 de Madrid declaró concluso el sumario, que se cerró por providencia del juez el 27 de mayo de 1977. El gobierno de Adolfo Suárez presionó para que así fuera. Meses después, en octubre de 1977, las Cortes aprobaron la Ley de Amnistía. que borró las responsabilidades penales de quienes habían perpetrado el magnicidio. Aquí paz, y después, a saber.
Todos querían heredar a Franco de una u otra manera. Carrero era un impedimento, un estorbo[34]. Las más altas autoridades del Régimen, con excepción del propio Franco, quisieron obviar el gravísimo asunto.
¿Por qué matar a Luis Carrero Blanco? ETA quería simplemente vengar muertes de comandos en enfrentamientos con las Fuerzas de Orden Público. Les daba igual Juana que su hermana[35]. Carrero no iba protegido, seguía pautas idénticas cada día y era un atentado fácil. El eco estaba garantizado y siempre habría un porcentaje de la población que lo celebraría.
Que ETA lo asesinó, está claro. Pero como en los casos de Juan Prim (1870), Antonio Cánovas del Castillo (1897), José Canalejas (1912) y Eduardo Dato (1921), en el que los ejecutores estaban dirigidos y las explicaciones de las autoridades fueron más que débiles o directamente inverosímiles[36], hay graves dudas. Se intentó también, sin éxito, asesinar a Antonio Maura y a José María Aznar, pero con enorme éxito suicida a José Calvo Sotelo. Si nos fijamos, la pulsión homicida de las izquierdas apenas tiene parangón.
El director general de Seguridad, Eduardo Blanco Rodríguez, fue cesado, pero su superior y ministro de Gobernación, Carlos Arias Navarro, fue nombrado al poco Presidente del Gobierno.
La frase de hoy refleja el verdadero sentir de Torcuato Fernández Miranda. El 3 de diciembre de 1975[37] juró en el Palacio de la Zarzuela el cargo de presidente de las Cortes y del Consejo del Reino. En su discurso de toma de posesión dijo: “Somos lo que Dios y nuestros padres han puesto en nosotros. Somos lo que la propia psicología, biología y personalidad nos aporta. Pero somos, sobre todo, lo que hacemos. Me siento absolutamente responsable de todo mi pasado. Soy fiel a él. Pero no me ata, porque el servicio a la patria y al Rey es una empresa de futuro. La clave de mi comportamiento será servir a España en la persona del Rey. Tiempo habrá para las palabras, las ideas y las acciones.
Había jurado asimismo fidelidad a los principios del Movimiento Nacional y demás Leyes Fundamentales. Lo que haga falta.
Cordiales saludos
José-Ramón Ferrandis

[1] El inspector de Policía era Juan Antonio Bueno Fernández. El conductor, José Luis Pérez Mogena.
[2] Luis Carrero era un buen escritor. Publicó varios libros sobre temas navales, entre los que descuellan España y el mar (1942), La victoria del Cristo de Lepanto (1948, Premio Nacional de Literatura José Antonio Primo de Rivera), España ante el mundo, Proceso de un aislamiento (1950) y Las modernas torres de Babel (1956) sobre la acción de la URSS en el exterior.
[3] Además, Pío XII condecoró a Franco con la Suprema Orden de Cristo.
[4] Cuando en 1951 Franco solicitó renovar el Concordato de 1851, las negociaciones resultaron lentas y difíciles. La firma se consiguió justo antes del 26 de septiembre, cuando España y los EE. UU. firmaron tres convenios bilaterales. El Vaticano firmó cuando el vio que perdía pie. Razones de Estado. Nada que ver con la Fe Católica.
[5] El Vaticano no reconoció al Régimen de Franco hasta que comprobó que Francia negociaba reconocer a la España de Franco y que el Reino Unido había llegado a acuerdos comerciales con ella. Entonces, el Vaticano reconoció oficialmente a su vez al Gobierno Nacional, enviando a San Sebastián al nuncio Gaetano Cicognani. Franco, que había salvado a la Iglesia Católica, recibió del Vaticano un pago tardío.
[6] El nombramiento como presidente de la Asamblea Episcopal de monseñor Vicente Enrique y Tarancón, muy próximo a Pablo VI, anunció la ruptura.
[7] Fue una persona de misa casi diaria. Carrero mantuvo una relación muy estrecha con la parroquia de la Compañía de Jesús de San Francisco de Borja, en la calle de Serrano.
[8] El término ha hecho fortuna, pero es inadecuado y simplista. No se trataba de alcanzar el poder por la vía de los conocimientos técnicos y la cualificación, sino de utilizar a los mejores en la instrumentación de las decisiones políticas. La analogía con burócratas salta a la vista. Es deliberado y despectivo.
[9] Fue el 22 de julio de 1969 exactamente cuando Franco designó a Juan Carlos de Borbón como su sucesor a la Jefatura del Estado con el título de Príncipe de España. Ese mismo día fue proclamado por las Cortes sucesor de Franco al jurar fidelidad a los principios del Movimiento Nacional y demás Leyes Fundamentales.
[10] De la mano del escasamente clarividente y capacitado Pablo VI, (Pablo VI no tenía gran memoria, ni don para los idiomas, ni escritura brillante, ni carisma, ni valor, ni amplia cultura, ni sentido del humor. Trabajó para cerrar el Concilio Vaticano II), quien al final de su pontificado aspiró en su plenitud el humo del infierno que se había colado en la Iglesia. La Iglesia, hasta entonces – con reticencias – había sido uno de los pilares y referencia del Régimen. No obstante este católico desprecio, Carrero siguió respetando y defendiendo a la jerarquía eclesiástica.
[11] Previo estudio de una terna presentada por el Consejo del Reino, en la que aparecían además Raimundo Fernández Cuesta y Manuel Fraga Iribarne.
[12] Paul Preston señala con brutalidad: “Carrero tenía setenta años y no contaba con apoyo popular ni militar. Su autoridad dependía totalmente de que su amo continuara viviendo. […] De haber muerto Franco primero, resulta difícil suponer que Carrero hubiera sido capaz de gobernar durante mucho tiempo después, ya que le faltaba la voluntad, la autoridad y las ideas”.
[13] Esa fue la clave del desmantelamiento del régimen y el advenimiento de la Transición. Vean el papel jugado por Fernández Miranda en todo ello.
[14] Un año antes, el director de la Guardia Civil, general Carlos Iniesta Cano, había informado a Carrero de que alguien de su familia (incluido él mismo) era objetivo de ETA.
[15] Nada que ver son los escuadrones de protección que se estilan hoy en día.
[16] La primera intención de la cúpula de ETA fue secuestrar al almirante Carrero para trocarle por los 150 etarras en prisión.
[17] Dícese que todo comenzó con algún viaje de uno de los miembros del comando de asesinos a Madrid, en 1971 o en 1972, pues las fuentes discrepan. Contactó con Eva Forest, esposa del dramaturgo Alfonso Sastre, disidentes del Partido Comunista de España. Parece ser que Eva Forest proporcionó información sobre los recorridos del Almirante, aunque ese dato lo conocía hasta Peter. Precisamente Eva Forest publicó en Francia (1974) un libro titulado Operación Ogro en el que relataba su versión del atentado.
[18] El Almirante desconsideró todas las advertencias recibidas sobre su seguridad.
[19] “A las 8:55, Carrero salía del portal de su casa (calle Hermanos Bécquer), subía a su coche oficial, accedía a la calle de Serrano y asistía a misa en la iglesia de los jesuitas. Terminada la misa, de nuevo al coche, doblaba por Juan Bravo, enfilaba Claudio Coello, y por Diego de León se dirigía de vuelta a su casa, en Hermanos Bécquer, a desayunar antes de acudir a su despacho en la sede de Presidencia del Gobierno, en el paseo de la Castellana”.
[20] Dependiendo de las fuentes consultadas, hicieron una u otra cosa. En un ejercicio de inepcia, hay textos que indican ambas cosas simultáneamente sin cortarse un pelo.
[21] Precisamente aquí se halla una de las dudas fundamentales acerca no ya de quién detonó sino de quién preparó, consintió y posibilitó el atentado. Es sabido que las embajadas norteamericanas disponen de mecanismos de defensa sofisticados, entre los que se hallan sistemas de detección de vibraciones para salir al paso de eventuales túneles que podrían amenazar su seguridad. La destrucción durante días del hormigón del sótano de la vivienda de Claudio Coello tuvo que ser sin duda alguna detectada y comunicada.
[22] Dícese que Goma-2. Se dice asimismo que pudieran haber sido minas anticarro, sin que haya pruebas, ni siquiera circunstanciales, al respecto. Depende de quién cuente el asunto verá el lector una u otra versión. En todo caso, el sótano no se vio afectado en absoluto.
[23] Este dato es incompatible con la hora de la explosión, establecida a las 9:28, pero es una discrepancia menor.
[24] Señalado por una tenue marca roja en la pared de la finca y porque los terroristas habían aparcado un vehículo en segunda fila tanto para que el objetivo circulara más despacio como para que el lugar exacto estuviera claro para quien accionó el explosivo.
[25] Se afirma que la carga fue accionada por uno de los terroristas, subido en una escalera y vestido con un mono de electricista, que aparentaba estar conectando unos cables en la pared. Esto no es verosímil. La explosión lanzó escombros, deteriorando los edificios de alrededor. Además de las tres víctimas mortales, hubo 7 heridos que circulaban o caminaban por la zona, o estaban en los portales contiguos. Tres de ellos resultaron graves. El cráter creadlo por la explosión tenía más de 150 cm. de altura y el cono de lanzamiento de residuos a gran velocidad en todas direcciones fue muy amplio. Cualquiera subido a cortísima distancia sobre una escalera hubiera resultado violentamente desplazado y herido.
[26] Consistente, dícese, en tres cargas de 25 kilogramos cada una bajo el firme de la calle. Además, en el vehículo aparcado en doble fila, situaron otros 9,25 kilos para que estallaran por simpatía, aunque sorprendentemente no lo hicieron.
[27] Un Dodge Dart 3.700 GT sin blindaje, pero de casi dos toneladas de peso.
[28] Piénsese que el vehículo había desaparecido de la vista.
[29] El sumario, de 3.009 folios, estuvo en paradero desconocido hasta 1993. El periodista Ernesto Villar, que pudo localizarlo algo antes, tras una exhaustiva investigación, es de la opinión de que el asesinato fue orientado y consentido desde el propio Régimen de Franco.
[30] El jefe del Estado, los príncipes de España, el Gobierno en pleno y representantes diplomáticos.
[31] Tanto Paul Preston como Victoria Prego eran de la opinión de que de ninguna manera Carrero, un subordinado al fin y al cabo, hubiera podido asumir la continuidad del Régimen. Era fiel a Franco a pies juntillas, pero no un líder, que hubiera ofrecido su dimisión al Rey al día siguiente de ser proclamado éste. Juan Luis de Vilallonga relataba una conversación con el Rey Juan Carlos I en la que éste estaba seguro de que así hubiera sido. Hasta el historiador Charles Powell desliza que el gobierno de los EE. UU. era de esa misma opinión.
[32] Cuya existencia le comunicó el ministro de Marina, no competente en la materia, Gabriel Pita da Veiga.
[33] Durante todo 1973, los etarras se movieron por Madrid con absoluta impunidad. En esa época, todo comunista que pisara España y muchos de los residentes eran filtrados, valorados y detenidos de inmediato. Según el sumario, se ignoraron todos los informes basados en las declaraciones de distintos confidentes e infiltrados que remitía desde Bilbao el jefe de la Policía, José Sainz. Los tres etarras que realizaron el atentado estaban fichados desde año y medio antes del mismo.
[34] La hija del Almirante explicó que, de Franco para abajo, todos sabían del atentado.
[35] La idea era atentar lo más alto posible.
[36] El asesino de Prim lo finiquitó en el hospital donde se reponía de sus heridas; el de Cánovas era un anarquista italiano financiado por independentistas cubanos; el de Canalejas, Pardiñas, anarquista, se disparó dos (dos; uno detrás de otro, en la cabeza) tiros cuando se vio rodeado tras el magnicidio; a Eduardo Dato le dispararon anarquistas motorizados.
[37] Recuerde el lector que Francisco Franco había muerto el 20 de noviembre anterior.
por José-Ramón Ferrandis | 17 Dic 2022 | Economía
En el nº 498 de la Revista SEGURITECNIA encontré un artículo que me pareció del mayor interés. Es éste https://www.seguritecnia.es/revistas/seg/498/30/index.html
Generalmente, se habla de la sustitución del dinero físico, papel moneda, efectivo o metálico como un proceso irreversible que va a asociado a la creciente digitalización de las sociedades. Como si fuera algo inevitable. Más aún, como si fuera algo deseable. Y como si quien se opusiera fuera un … reaccionario. Pues sí, reaccionemos ante tanta voluntad de control de las personas y las sociedades. No necesitamos procesos adicionales de agrupación rebañega.
¿Qué argumentan Comisión, Parlamento y hasta algunos organismos de países concretos dentro de la Unión Europea[1] para intentar hacer desaparecer el efectivo[2]? Una sola cosa[3]: que así se combate eficazmente el fraude de bandas y mafias[4] que utilizan billetes de curso legal en sus enjuagues[5]. En realidad, el control de las transacciones, la reducción de grados de libertad y la minimización de la independencia de las personas respecto del Estado son una enorme tentación para los políticos profesionales en ejercicio. De la Unión Europea y de cualquier parte.
Los efectos secundarios negativos de la eventual supresión del efectivo o metálico serían tremendos. Segmentos enteros de la población quedarían al margen de las transacciones por ser ajenas a la utilización de nuevas tecnologías. La gente de mayor edad se quedaría aislada del mercado de un plumazo. Vale que así se aceleraría su proceso de desaparición física, que parece ser el objetivo último de muchas iniciativas globalistas, pero hasta para gentes desalmadas como esas el recurso es demasiado cruel[6]. Y la culminación de ese recorrido tampoco permitiría pensar en haber resuelto el problema, pues los avances tecnológicos, los nuevos hardware y software, así como los usos sociales cada vez más sofisticados y ajustados a las nuevas generaciones destetadas con el sucesor del iPhone crearían nuevas cohortes de candidatos al ostracismo y a la muerte en vida.
Afortunadamente para los ciudadanos de a pie, a veces aparece una bocanada de sensatez en los organismos encargados de gestionar el ámbito monetario de las sociedades. Me refiero al Banco Central Europeo (BCE). Insospechadamente para el que escribe estas líneas, dos declaraciones recientes y casi simultáneas han venido a restaurar la confianza casi del todo desvanecida en relación con nuestro Banco Central.
En una[7] de ellas, el BCE afirma que “El efectivo es un elemento importante de nuestra libertad para elegir el modo en que pagamos y es esencial para la inclusión financiera de todos los grupos en una sociedad”. De manera harto sensata[8] han asegurado que “También tenemos en cuenta las necesidades de los mercados internacionales, dado que entre el 30 % y el 50 % de los billetes en euros circulan fuera de la zona del euro. Incluso si en el futuro se emitiera un euro digital, coexistiría con el efectivo”.
En otra[9], más divulgada por su impacto en algunas líneas de desarrollo de activos imaginativos (Bitcoin, Ethereum, todos esos), el BCE ha denostado estas llamadas monedas digitales. El periodista, claramente partidario de las criptomonedas, intenta desvirtuar los hechos, pero hay tres que no puede ocultar. Uno, que la capitalización de mercado de criptomonedas se fundamenta exclusivamente en la especulación. Dos, que las criptomonedas no constituyen un vehículo de inversión: no generan flujo de caja, no producen dividendos (como los bienes inmuebles) ni dividendos (como las acciones), no pueden utilizarse para producción alguna (como las materias primas) y tampoco proporcionan beneficios sociales (como el oro)[10]. Y tres, que las criptomonedas tienen altos costes energéticos de obtención sin uso social claro.
El BCE ataca a los modelnos, a los progres, a los que suponen que todo lo nuevo es mejor porque es nuevo: “Persiste obstinadamente la creencia de que hay que dar espacio a la innovación a toda costa».
Bien. El poder político en la UE no prevalecerá sobre esto. Ya consiguieron prostituir durante 10 años la ortodoxia en materia de oferta monetaria, que aumentaron sin más motivo que evitar una recesión cantada y beneficiar así a los políticos en el poder. Eso nos ha traído la inflación que nos arrasa. Pero ya basta.
Hay razones técnicas adicionales, ya apuntadas más arriba. Las granjas de minado[11] de criptomonedas son derrochadoras de energía[12]. Los mineros usan la potencia para formalizar y dar valor a una transacción. Utilizan la tecnología blockchain, una especie de base de datos gigantesca, en la que los archivos están fragmentados en elementos distintos en equipos diferentes. Para que se pueda unir este archivo, o valor, o criptomoneda, todos los mineros que poseen fragmentos de ese valor deben validar la operación, o la operación no se efectuará. La cantidad de energía necesaria para realizar esa compleja reconstrucción supone un despilfarro inaudito. Un lujo que no nos podemos permitir.
Además, los Estados han llegado a la conclusión de que van a producir ellos mismos sus criptomonedas[13] de uso legal. Y bien mirado, puestos a elegir entre miles de actuaciones individuales necesariamente coordinadas y en manos finalmente de cualquier empresa sin control[14] y un Estado que es identificable y perseguible en caso de fraude[15] o estafa, me quedo con éste. Más vale malo conocido….
Así pues, parece que el futuro verá una simultaneización de medios de pago digitales oficiales y del tradicional papel moneda. Cada cual, sea persona física o jurídica, utilice el que mejor le cuadre. Pero lo que no se puede consentir desde el poder es, por aproximarse al poder absoluto, incurrir en el caos. En casos de emergencia o corte de redes de internet[16], eléctricas[17] o de otra índole[18], se produciría, si no existiese el recurso al papel moneda, la completa desarticulación de las economías que los sufrieran. Sería un riesgo sistémico que ríase usted de las pandemias exportadas por la República Popular China. Sería un riesgo insoportable.
El BCE y los ciudadanos no lo permitirán. Virgencita, nos quedamos como estamos.
[1] Aunque no necesariamente de la Eurozona, como es el caso de Suecia.
[2] https://www.criptonoticias.com/regulacion/union-europea-busca-restringir-uso-dinero-efectivo-3-anos/
[3] Durante el ruido del COVID afirmaban también que eran un vehículo inmejorable para la transmisión de virus, un fómite perfecto. Ya callaron, tanto porque el COVID sólo ruge en la RP China, de donde salió el virus, como porque no era cierto.
[4] Sin duda se refiere a las que operan fuera de la política; el caso de la vicepresidenta socialista del Parlamento Europeo, Eva Kaili, es una excepción.
[5] Se sabe que sólo alcanzan un máximo del 3% del total. Otra vez el tres per cent.
[6] Y no se crea que tras el pase a mejor vida del conjunto de analfabetos digitales.
[7] https://www.ecb.europa.eu/euro/cash_strategy/html/index.es.html
[8] Que tanto les aleja de las divagaciones futuristas restrictivas que habitan en el sin tacha Parlamento Europeo o, peor aún, en el seno de la Comisión Europea.
[9] https://hipertextual.com/2022/11/bitcoin-se-volvera-irrelevante-asegura-el-banco-central-europeo
[10] En otras palabras, que no son bienes inmuebles, ni valores, ni inputs primarios, ni oro.
[11] El proceso es llamado minado debido a sus paralelismos con la extracción de oro. En ambos casos se invierten grandes inversiones de trabajo y energía para producir un activo, que en el caso del oro es físico y reconocido fácilmente, acumulable, intercambiable y universal.
[12] Cuantificable en términos de gigavatios.
[13] Dólar, Euro, Yuan, Yen o Libra Esterlina digitales.
[14] Control. Ese es el problema que los Estados quieren atajar. El motivo es “proteger la estabilidad financiera, acabar con la especulación, prevenir el lavado de dinero y prevenir delitos».
[15] Sí, sé que es mucho suponer, pero teóricamente es así.
[16] Se han producido incidentes en el cableado submarino de Internet en la zona de las Islas Shetland.
[17] Cortes en los suministros de energía, por una u otra razón, serían críticos. Un Evento Carrington, decisivo.
[18] Los escenarios geopolíticos cambiantes y cada vez más hostiles aconsejan duplicaciones de equipos y sistemas a la manera militar.