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Un blog reaccionario

«Verum, Bonum, Pulchrum»

Del oro a las criptomonedas: un largo viaje

por | 23 Dic 2022 | Economía

El dinero vertebra las sociedades. Siempre lo ha hecho y siempre lo hará. Si en el principio era el Verbo, que estaba antes y por encima de todo, una vez los hombres se organizaron en común necesitaron alimentarse y guarecerse. Y cuando tenían exceso de algún alimento o bien[1] y querían cambiarlo por otro, escaso, que gentes de otra zona habitada poseían, lo cambiaban. Y crearon el trueque[2].

Pero el trueque era muy pesado, porque exigía transportar el producto excedentario para cambiarlo por el escaso. Una carga. No era sólo saber cuánto producto sobrante podían cambiar por cuánto del deseado[3], entendiendo que ambos grupos se pondrían de acuerdo al respecto. Era la molestia del acarreo, el deterioro del producto, las pérdidas consiguientes y la inseguridad en un transporte muy difícil en la época.

Alguien en cada esquina[4] del mundo pensó en resolver ese problema y en todas partes se planteó igualmente: busquemos algún objeto que sirva para cambiar las coles por madera para encender hogueras y que no nos obligue a llevar las coles para comprar las maderas. Y se utilizaron conchas, cuentas, semillas…, objetos pequeños y similares entre sí[5]. Fue el primer dinero, con dos de sus funciones ya cumplidas: medio de intercambio[6] y unidad de cuenta[7]. Pero faltaba algo: cuando el vendedor de coles no necesitó más madera y seguía teniendo conchas para comprarla en el futuro, observó que, en realidad, las conchas en sí mismas no valían nada. Servían, pero no tenían valor intrínseco.  A saber si en el futuro iban a servir igual… Y pensó en algo que además de ser aceptado, pequeño y transportable, mantuviera su valor durante mucho tiempo. Esta es la tercera virtud del dinero[8]: depósito de valor. Medio de pago, unidad de cuenta, depósito de valor. Ya estaba.

Con el desarrollo de la fundición de metales se usaron éstos como moneda de cambio. Y la función depósito de valor se fue desplazando al oro y la plata, universalmente deseados, aceptados, divisibles, escasos, inoxidables y no fáciles de conseguir[9]. Fue un hallazgo[10].

Sí, pero ¿cuánto valor de cambio poseía el metal como medio de pago? Alguien tenía que garantizarlo. Para certificar que una moneda contenía una cantidad cierta de oro y/o plata, comenzó la acuñación, efectuada por entidades reconocidas y respetadas[11], que aseguraban[12] el peso de metal precioso y, por tanto, su valor. Fue generalmente el Rey quien validaba el contenido de oro, plata u otro metal. Para ello se imprimía en la moneda el rostro del monarca.

A lo largo de la Historia, muchos han sido los cambios que ha experimentado el dinero. Los primeros billetes se emitieron en China, en torno al Siglo IX[13]. Permitían sustituir grandes cantidades de monedas que era impráctico llevar consigo. Los primeros billetes europeos surgieron en Suecia en 1661, junto con los bancos y del crédito[14]. Pero lo que no cambió hasta hace relativamente poco tiempo fue el valor otorgado al oro, cuyas características lo convirtieron en el bien por excelencia, aceptado por las personas para servir como referencia de moneda de cambio, un bien tangible con valor intrínseco. Sin embargo, por la escasez natural de oro, la moneda fraccionaria más utilizada a lo largo de la Historia ha sido la de plata. Los Estados emitían billetes y monedas, que daban derecho a su portador a intercambiarlos por oro o plata de las reservas del país.

Hasta el Siglo XIX, varios países tenían un patrón de dos metales, basado en oro y plata. Entre 1870 y la Primera Guerra Mundial se adoptó mayoritariamente el Patrón oro[15]. Durante la guerra, los gobiernos beligerantes necesitaron imprimir mucho papel moneda para financiar el enfrentamiento, aunque no tenían reservas suficientes para respaldar ese dinero con oro.

La crisis de 1929 terminó con la posibilidad de que los particulares convirtieran los billetes en oro[16]. Próxima a finalizar la Segunda Guerra Mundial (1944), los aliados occidentales establecieron un nuevo sistema financiero en los Acuerdos de Bretton Woods, en los que se establecía que todas las divisas serían convertibles en dólares estadounidenses y solo ese dólar sería convertible en lingotes de oro a razón de 35 dólares por onza para los gobiernos extranjeros. De nuevo las monedas del mundo estaban respaldadas en el Patrón oro[17]. Pero….

En 1971, el déficit comercial y las políticas fiscales expansivas de los Estados Unidos, desarrolladas para financiar el enorme gasto bélico con motivo de su participación en la Guerra de Vietnam, provocaron un gran exceso de dólares. Los bancos centrales europeos intentaron convertir sus reservas de dólares en oro, creando una situación insostenible para los EE. UU. En diciembre de 1971, el presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, suspendió unilateralmente la convertibilidad del dólar en oro para particulares y devaluó el dólar un 10 %[18]. En 1973 volvió a devaluar el dólar otro 10 % y finalmente terminó con la convertibilidad del dólar en oro también para gobiernos y bancos centrales extranjeros. Se había acabado el Patrón oro de 1944[19]. Desde 1973, el valor del $ se sustentaría en una imposición legal del gobierno norteamericano bajo la forma de moneda fiat[20](o dinero por decreto). Análogamente, el dinero utilizado en todo el mundo descansa sobre la creencia de que será aceptado por los demás habitantes de la zona económica como vehículo de intercambio.

Son los gobiernos quienes determinan qué dinero es de curso legal. Pero son los bancos centrales los que se encargan de regular y controlar la política monetaria de una economía. La moneda ha devenido un bien público, que casi nunca atiende a los mecanismos de mercado.

Profundicemos en el fenómeno del dinero ¿Cuánto dinero hay en un área económica con moneda propia? La oferta de dinero (o masa monetaria) es la cantidad de dinero disponible en una economía para comprar bienes, servicios y títulos de ahorro, en un momento dado. La oferta monetaria la determinan conjuntamente el Banco Central[21] y el sistema bancario privado.

¿Quién y cómo se crea el dinero? Sólo hay dos tipos de dinero. Uno es el dinero legal. El Banco Central (la ceca[22]) acuña moneda e imprime billetes. Así se genera el dinero en efectivo. El otro es el dinero bancario, creado por los bancos comerciales privados mediante la anotación de los préstamos en las cuentas de los clientes prestatarios, con un respaldo parcial indicado por el coeficiente de caja[23]. Dicho dinero, normalmente, es de tipo electrónico[24].

El respaldo de antaño referido a metales preciosos ya no opera. El dinero[25] es resultado de un pacto, donde personas físicas y jurídicas aceptan entregar sus bienes o servicios a otros a cambio de símbolos monetarios. El respaldo del dinero es el Producto Interior Bruto, en realidad. De hecho, el gobierno debe posibilitar que el agregado monetario esté positivamente correlacionado con el PIB. Si aumenta descompensadamente la masa monetaria, generará inflación y una posterior devaluación de la moneda[26]. Con el Patrón oro, las manos del gobierno[27]estaban atadas. Con la desvinculación entre oro y dinero/masa monetaria, el gobierno hace, literalmente, lo que quiere. El Patrón oro era un corsé muy estrecho para el control que los gobiernos imponen sobre su moneda.

Así que hay tres cambios esenciales en la evolución de la creación de dinero: la desaparición del Patrón oro implícito, la reserva fraccionaria y el coeficiente de caja/dinero bancario. Del Patrón oro hemos visto unas pinceladas y luego hablaremos más.

Mucho hablamos de reserva fraccionaria, pero ¿qué es? La reserva fraccionaria es, para los bancos, mantener una fracción del monto de los depósitos de sus clientes como reserva, en forma de dinero líquido o de activos con alta liquidez. El sistema se basa en el supuesto (estadísticamente observado) de que no todos los depositantes reclamarán todo su dinero al mismo tiempo[28]. Este enfoque desconsidera el hecho de que, en un contrato de depósito, el banco comercial incurre en delito si dispone del bien depositado, ya que la propiedad de éste sigue correspondiendo al depositante[29], por lo que los préstamos son una enajenación a favor del banco.

La reserva fraccionaria es simultánea a la aparición, en 1609, de los primeros bancos que emitieron papel moneda propio. A mediados del Siglo XIX, principalmente en los EE. UU., miles de entidades (bancos y empresas, cada cual con sus propios depósitos y respaldo) empezaron a emitir billetes. Cuando el banco quebraba, los depositantes lo perdían todo. Desde 1837 hasta 1843 cundió el pánico en su sistema bancario[30]. La situación dio origen a la aparición (en los EE. UU.) de un sistema de respaldo en última instancia que garantizara un valor estable de la moneda en cualquier lugar. Como la reserva fraccionaria implicaba riesgo de insolvencia, el gobierno del Estado Federal decidió crear el prestamista de última instancia: el Banco Central[31]. Así, el sistema de reserva fraccionaria adquiría una solidez que no tenía. La alternativa era mantener los depósitos al 100% y no permitir la reserva fraccionaria. De hecho, en países sin Banco Central (o sea, sin prestamista de última instancia, los bancos comerciales siguen políticas de concesión de créditos mucho más restrictivas, con un coeficiente de caja muy alto. Eso se llama disciplina de mercado, tan opuesta al moral hazard que impera en Occidente.

Los bancos centrales autorizaron a los bancos comerciales[32] a crear dinero, pero sometidos (entre otras regulaciones) a una limitación porcentual: el coeficiente de caja.

Todo ello permite al banco poder prestar el dinero de sus depositantes en concepto de créditos y préstamos, pero asegura que parte del capital está garantizado por esta reserva. Es así como este[33] multiplicador bancario expande la cantidad de dinero en circulación que posee un país.

El coeficiente de caja[34] es la parte de los depósitos de un banco que debe ser mantenida en reservas líquidas[35] y no se puede usar para inversiones ni préstamos. Estas reservas suelen ser un porcentaje fijo de los depósitos que mantienen sus clientes[36].

Esto es lo que hay. Pero ¿podría haber algo diferente?

Hay corrientes de pensamiento que ven en las monedas respaldadas por activos reales (tierras, metales preciosos – oro, sobre todo -, petróleo) la solución a la manipulación monetaria causante de los ciclos[37].

Toda expansión artificial[38] del crédito, mediante la manipulación a la baja del tipo de interés[39], tiende a aumentar la inversión y a crear un falso auge económico, pues los precios relativos han sido distorsionados por la mayor masa de dinero circulante en la economía. Estas inversiones no hubieran sido emprendidas de no ser por la mencionada distorsión. Se financian proyectos no rentables, que antes o después producirán sobrevaloraciones de activos, es decir, burbujas. Las burbujas estallan. Cuando los tipos de interés artificialmente bajos adoptan el nivel de mercado, normalmente mucho más alto que el establecido por los bancos centrales, el flujo de dinero barato cesa y las inversiones que parecían rentables ya no lo son: la crisis[40] hace acto de presencia y se efectúa la liquidación de las inversiones erróneas[41].

Con el Patrón oro, esto no pasaba. Durante más de 200 años, el sistema evitaba las crisis recurrentes, como la actual, que es debida a que, en 2008, los bancos centrales decidieron intentar mantener con vida a pacientes pachuchos como consecuencia de sus políticas anteriores y profundizaron en el error[42], que nos ha llevado hasta la situación inflacionista que nos afecta. Ahora, a burro muerto, cebada al rabo. Pero no nos desviemos.

La actuación de los bancos centrales en nuestros días sería como una especie de planificación central de la economía, insostenible (como todas) a largo plazo. Los bancos centrales y su monopolio de creación monetaria (básicamente un esquema de economía de planificación centralizada) manipulan el precio del dinero mediante los tipos de interés, transmitiendo información falsa a los inversores.

La alternativa a esta actuación dirigista y centralizada, propia del socialismo, sería una banca libre, con Patrón oro y sin reserva fraccionaria[43].

Habíamos dicho que volveríamos sobre el Patrón oro. Este es el momento. Nos referimos al sistema que imperó en Occidente durante el Siglo XIX y parte del XX. Aportó gran estabilidad a las finanzas mundiales, sin inflación y con un tipo de cambio fijo.

A comienzos del Siglo XX, todo el sistema internacional se basaba en el oro, pero sólo Alemania, los Estados Unidos, Francia e Inglaterra mantenían un Patrón oro puro. Circulaban monedas de oro papel, que podían cambiarse por el oro de los Bancos Centrales. En otros países, el dinero consistía en plata, papel oro y monedas fiduciarias, pero sus bancos centrales lo convertían en oro a un precio público, tasado.

El modelo[44] del sistema del Patrón oro explica que cuando un país, por ejemplo España, incurre en déficit comercial con otro, Alemania, el oro de la economía española será trasladado hacia la alemana. Ello hace que la oferta monetaria en España disminuya, por lo que sus precios también disminuirán. Por el contrario, en la economía alemana habrá mayor oferta monetaria, resultando en un aumento de sus precios. Estos cambios significan que los productos españoles se abaratarán en los mercados internacionales mientras que los alemanes se encarecerán. Como resultado, España aumentará sus exportaciones y Alemania disminuirá las suyas, haciendo que los flujos de oro se reviertan[45]. Era el equilibrio (muy sencillamente explicado, claro).

Durante la Gran Guerra, el sistema monetario implosionó, como sabemos. En enero de 1918 se creó la Comisión Cunliffe para proponer la transición de la postguerra. Recomendaba la restauración del Patrón oro, incorporaba los tipos de interés y proponía soluciones a los movimientos de capital. En 1922, la conferencia de Génova implantó un sistema llamado Patrón cambio oro, en el que la moneda de cada país ya no estaba vinculada directamente al oro, sino a una moneda central convertible en oro. A partir de entonces, fueron dos las monedas convertibles en oro, la libra esterlina y el dólar, que ampliaron la base de los intercambios internacionales.

El Patrón oro fue abandonado tras la Gran Depresión de 1929 para evitar que precios y salarios descendieran, asociados a una reducción generalizada de la demanda global. Entonces, los ajustes recayeron sobre la cantidad de empleo total, que cayó fuertemente. El Patrón oro sólo podía funcionar con la cooperación de los países partícipes. Cuando surgieron políticas nacionalistas discriminatorias, con devaluaciones recurrentes y un fuerte proteccionismo[46] que redujo sustancialmente el comercio multilateral, el sistema fracasó. El abandono del Patrón oro ha supuesto un crecimiento disparatado de la oferta monetaria mundial, muy superior al crecimiento total de los bienes y servicios que la sociedad es capaz de producir (lo que causa la inflación cuasipermanente en la que viven las sociedades occidentales, disfrazada de políticas de inducción a la inversión).

Así se gestó la crisis de los años treinta. Los resultados fueron contracción económica, estancamiento industrial y agrario, desempleo masivo, auge del extremismo político, políticas socialistas e inicio de la Segunda Guerra Mundial.

Desde 1944 se intentó restaurar la coordinación entre las políticas monetarias de los países y la libertad de comercio internacional. Se instituyeron el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial y en 1947 se creó el GATT[47]. Y luego llegó 1973, como sabemos.

Pues esto es todo. El título del artículo menciona las criptomonedas. ¿De verdad creen que el sistema actual, con los bancos centrales apoyados (y manipulados) por sus respectivos corpus de políticos ebrios de poder, van a permitir que entidades privadas desarrollen monedas alternativas?

[1] Incluso servicios, ciertamente.

[2] En el neolítico, con la aparición de la agricultura y la ganadería, surgió la economía productiva y se produjo un excedente; una cantidad de bienes que no necesitaban ser consumidos. Ello permitió la aparición del trueque.

[3] Ese problema sigue vivo. Son los precios relativos, en principio regidos por las respectivas escaseces.

[4] Que, recuerden, es esférico.

[5] O granos de cacao, raíces de mandioca, semillas de algarroba, sal, cebada … .

[6] Ligero, fácil de transportar, fácil de almacenar.

[7] Servía para fijar los precios.

[8] Etimológicamente deriva de la moneda de plata romana denominada denarius.

[9] A su vez, la moneda de oro y de plata tenía subordinadas hechas de otros metales o aleaciones menos valiosas: bronce, cobre, hierro y plomo. Las sociedades que utilizaban los metales (reinos de Mesopotamia, circa 2.500 a. C.) ya emplearon oro, plata y otros, que eran aceptados por todos y podían guardarse.

[10] Heródoto aseguraba que los primeros en utilizar monedas de oro y plata fueron los lidios, en el Siglo VII antes de Cristo. Se han hallado monedas de electro u oro blanco en Éfeso, Asia Menor.

[11] Imperios, reinos, entidades políticas.

[12] Ese es el fundamento de la legitimidad de la moneda: la confianza en el garante.

[13] El billete de papel más antiguo que se ha conservado lo fabricó la dinastía Ming hacia 1375. Equivalía a 1.000 monedas de cobre.

[14] El Banco de Estocolmo entregaba a los depositantes de metales preciosos un recibo, que podía conservarse o negociarse.

[15] El Patrón oro es un sistema monetario que fija el valor de la unidad monetaria en términos de una cantidad de oro. Cualquier ciudadano podría transformar el papel moneda en la cantidad de oro equivalente. Como alternativa operaba el patrón bimetálico: la moneda está respaldada por oro y plata.

[16] Gran Bretaña, el país pionero y defensor de este patrón, lo abolió en 1931.

[17] El dinero en circulación en un país era reflejo de la cantidad de oro que hubiera en su Banco Central. Patrón oro no significa que se está hablando de un sistema monetario respaldado por un bien tangible con valor en sí mismo, como es el oro.

[18] Antes, en 1935, Roosevelt había devaluado el dólar y confiscado el oro que se hallaba en manos privadas para financiar el gigantesco gasto público del New Deal. Fue inútil y contraproducente, pero para los progres no hay nada mejor en la Historia.

[19] Entre 1944 y 1971, los EE. UU. se consolidaron como la principal potencia mundial. Ese período es conocido como la «Edad de oro», en el que la estabilidad reinante supuso un crecimiento sostenido.

[20] El dinero fíat o dinero por decreto carece de valor intrínseco. En su lugar, se fundamenta en una declaración como dinero realizada por el Estado. Su valor radica en la confianza en la solidez económica del Estado (el término fiat frecuentemente se suele utilizar como sinónimo del dinero fiduciario (del latín fiduciarius, de fiducia “confianza”’ y ésta a su vez de fides “fe”, aunque no son equivalentes). Todas las principales monedas son dinero fiat.

[21] El Banco Central posee instrumentos para proporcionar reservas al sistema bancario.

[22] El término ceca denominaba un establecimiento oficial donde se fabricaba o emitía moneda. Hoy en día se la llama casa de Moneda, taller donde se fabrican y acuñan monedas.

[23] Coeficiente de caja: esta es una de las madres del cordero. Pronto hablaremos de él.

[24] Se trata de dinero que no posee forma tangible. Existe en sistemas informáticos y se emite electrónicamente.

[25] Dinero, latu sensu, es mucho más que el dinero legal. Hay diferentes tipos de activos financieros que son dinero en sentido amplio y se clasifican según su grado de liquidez. Las cantidades en cuentas bancarias corrientes y los depósitos a la vista también son dinero. No queda ahí la cosa: el banco comercial utilizará esos depósitos con un tercero, quien podrá disponer de él. Ese dinero será utilizado para comprar bienes o realizar inversiones y finalmente acabará depositado en otras cuentas bancarias. Es así como los bancos multiplican el dinero legal: es la creación de dinero bancario, un fenómeno de una importancia capital. Para que haya límites a este proceso y el dinero en circulación no se dispare, con la inflación consiguiente, los bancos centrales obligan a los comerciales a depositar una ratio o porcentaje de los depósitos de los clientes en el banco en efectivo en los propios bancos centrales. Son las llamadas reservas y limitan la cantidad de dinero que los bancos comerciales pueden crear. Ahora lo veremos.

[26] Y si ello no es posible, un aumento del paro.

[27] Los gobiernos, en realidad, no importa su color; en sentido amplio, la casta política.

[28] Ni tampoco todos los prestamistas estarán prestando al mismo tiempo, ni todos los deudores estarán pagando al mismo tiempo.

[29]  En puridad, el banco tan sólo realiza su custodia.

[30] La invención reserva fraccionaria es en realidad una estafa, ya que el contrato de depósito irregular impone obligaciones de custodia. Prestar el dinero de sus depositarios y garantizar su disponibilidad eran términos excluyentes.

[31] El Banco Central es una institución a la que se le atribuye el monopolio de emisión de moneda. En 1694, se creó el Banco de Inglaterra, quien creaba el dinero y lo entregaba a los bancos privados para su distribución al público. El Banco Central asumía la responsabilidad del respaldo por el valor del billete. Asumido el riesgo, éste pasa a ser sistémico. Los rescates se financian mediante inflación monetaria o emisión de deuda. En el primer caso se genera riesgo divisa. En el segundo, riesgo soberano.

[32] Sujetos a regulaciones sobre su capital y su solvencia, que limitan la creación de dinero bancario.

[33] En puridad, fraudulento.

[34] También conocido por coeficiente de encaje bancario o coeficiente de reservas.

[35] Las reservas se materializan en el dinero que los bancos guardan en sus cajas fuertes (reservas de caja) y en las situadas en el Banco Central.

[36] En otras palabras, un coeficiente del 1 % (el de la Eurozona desde 2012) significa que por cada 100 € de ahorros que depositamos en una entidad, ésta mantiene 1 € como reservas legales y puede invertir o conceder créditos por valor de 99 €. En Estados Unidos, a partir de 2006, el coeficiente de caja es del 10 % para los depósitos a la vista y del 0 % para los demás depósitos. Cuanto mayor es el coeficiente de caja, más difícil es que un banco quiebre. De hecho, el Banco Central tiende a devenir redundante. Cuanto menor es el coeficiente de caja, mayores serán la rentabilidad y los beneficios del banco. Si se aumenta el coeficiente, los bancos tendrán que guardar más dinero y habrá menos en circulación: es una política restrictiva. Si se reduce, los bancos pueden prestar más: sustenta una política expansiva. Este efecto se conoce como multiplicador del dinero, y es la razón del control que realiza el Banco Central sobre el coeficiente de caja, que es un parámetro fundamental para determinar la cantidad de dinero, la inflación y el endeudamiento.

[37] La teoría del ciclo económico, desarrollada por economistas de la Escuela austríaca, explica la relación entre el crédito bancario, el crecimiento económico y los errores de inversión que se suman y acumulan en la fase alcista del ciclo, que explotan con la burbuja y destruyen valor.

[38] Es decir, no respaldada por ahorro voluntario anterior.

[39] Sabemos lo que es el tipo de interés, pero es bueno indicarlo aquí: es el precio del dinero. El capital, el dinero y las monedas están sujetas a las leyes de la oferta y la demanda, exactamente igual que cualquier otro bien. Su precio refleja el mercado y transmite información valiosa. El tipo de interés transmite las preferencias temporales de los ahorradores, la oferta de capital disponible y el apetito de los inversores.

[40] La crisis es el periodo de liquidación de las inversiones improductivas y deuda impagable. Se reasignan los recursos según las preferencias del mercado. Es traumática, pero necesaria. El ajuste permitirá un nuevo crecimiento basado en el ahorro.

[41] Algunos economistas de la escuela austríaca acertaron al predecir las crisis de 1929 (von Mises), 1987 (von Hayek), 2001 (Huerta de Soto) y 2008 (Moreno de la Cova, Schiff).

[42] Las sucesivas inyecciones de liquidez rescataron temporalmente a los inversores marginales (los pachuchos), posponiendo el ajuste y empeorando los desequilibrios, impidiendo la liquidación de la deuda y el desapalancamiento.

[43] Para mayor información, el lector puede consultar Dinero, crédito bancario y ciclos económicos, un tratado de teoría monetaria y teoría bancaria publicado en 1998 por Jesús Huerta de Soto. El libro afirma que un sistema bancario en libre competencia con reservas del 100 % en los depósitos puede funcionar evitando la inflación y los ciclos económicos. El texto sostiene que la inestabilidad económica de los últimos doscientos años tiene su origen en el control gubernamental del sistema bancario y la colusión entre el banco central y los banqueros privados, a partir del abandono del coeficiente de caja del 100 % para los depósitos a la vista y su reemplazo por la reserva fraccionaria de los depósitos.

[44] Lo realizó David Hume en 1752.

[45] El modelo de Hume no explicaba la participación del sistema bancario, omitía los tipos de interés y los flujos internacionales de capital, y obviaba que los flujos de oro entre países eran muy escasos, porque los bancos centrales eran más que renuentes a transferirlos a otros bancos centrales.

[46] En realidad, el detonante de la crisis fue comercial, no financiero. El 30 de junio de 1930 se aprobaba en el Congreso USA la Ley Smoot-Hawley, cuyos proponentes, Sen. Reed Owen Smoot (R-Utah) y Rep. Willis Chatman Hawley (R-Ore.) decían iban a resolver el paro desencadenado por la mala situación económica en los EE. UU. La Ley, firmada finalmente por el presidente Hoover, fue un gigantesco fiasco. No sólo no consiguió sus objetivos, sino que provocó una caída del comercio mundial del 66% entre 1930 y 1934. La página web oficial del Senado de los EE. UU. se refiere a la Smoot-Hawley Act como «among the most catastrophic acts in congressional history”.

[47] General Agreement on Trade and Tariffs.

Autor del artículo

<a href="https://joseramonferrandis.es" target="_blank">José-Ramón Ferrandis</a>

José-Ramón Ferrandis

Nacido en Valencia (España) en 1951. Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense. Técnico Comercial y Economista del Estado. Salvo posiciones en Madrid, destinado sucesivamente en Ceuta (España), Moscú (URSS), Washington (EE. UU.), Moscú (Rusia) y Riad (Arabia Saudita). Profesor de Análisis Riesgo País, Análisis de tendencias y Mercados internacionales. Analista. Escritor (Globalización y Generación de Riqueza, África es así, Crimen de Estado). Áreas de especialización referidas a su trayectoria. Con el blog espera poder compartir experiencias y divulgar análisis sobre asuntos de interés general, empezando por el clima y terminando por la Geopolítica; sin dejar de lado la situación de España. Lo completará publicando semanalmente la Carta de los martes, que tiene 4 años de existencia.