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Carta de los martes del 20 de diciembre de 2022

por | 20 Dic 2022 | Carta de los martes

Queridos amigos:

El 20 de diciembre de 1973, el Almirante Luis Carrero Blanco, Presidente del gobierno, fue asesinado junto con su chófer y escolta[1] en la calle Claudio Coello de Madrid, frente al nº 104.

Veamos los antecedentes, los hechos y las circunstancias concomitantes.

Luis Carrero Blanco había nacido en Santoña el 4 de marzo de 1904, en una familia monárquica y católica. Era el mayor de cinco hermanos. Como su abuelo y su padre, eligió la carrera militar, concretamente la Marina. En 1918 ingresó en la Escuela Naval de San Fernando. Estuvo destinado en diversos buques. En 1924 realizó un curso en la Escuela de Submarinos. Como comandante del guardacostas Arcila, participó en el desembarco de Alcazarseguer (1925), donde contactó por vez primera con Francisco Franco, y en el desembarco de Alhucemas.

En 1929 contrajo matrimonio con Carmen Pichot. En 1930 fue comandante del submarino B-5. En septiembre de 1931 fue destinado a la Escuela de Guerra Naval. Entre noviembre de 1932 y noviembre de 1933 estuvo en la Escuela Naval de París. Allí mantuvo su segundo contacto con Franco, comandante militar de Baleares, quien había solicitado asesoramiento. A finales de 1933 fue nombrado secretario de la Escuela de Guerra Naval y a principios de 1935 ascendió a capitán de corbeta.

No participó en el Alzamiento. Su hermano José fue fusilado en Almería y su padre murió de un infarto fulminante cuando fueron a detenerle. Ante la posibilidad de ser detenido a su vez, Luis Carrero escapó a Francia. En julio de 1937 consiguió regresar. Durante la Guerra Civil, su primer destino estuvo en el buque Huesca. Después mandó el submarino General Sanjurjo y en octubre de 1938 embarcó en el crucero Canarias como jefe de Estado Mayor de la División de Cruceros. En 1940 fue nombrado capitán de fragata; en 1945 capitán de navío; en 1957, contraalmirante; en 1963, vicealmirante, y en 1966, almirante.

Terminada la guerra civil, Carrero comenzó su actividad política con Pedro Gamero del Castillo, falangista, colaborador de Ramón Serrano Suñer. A finales de 1940, redactó su primer informe para Franco: era sobre la II Guerra Mundial. En mayo de 1941, Carrero (36 años), fue nombrado jefe de Estado Mayor y subsecretario de la Presidencia. Ahí comenzó a despachar con Franco al menos dos veces por semana. Elaboró multitud de informes para el jefe del Estado, relacionados con asuntos de todo tipo[2].

A partir de mayo de 1945, Carrero se convirtió en uno de los máximos colaboradores de Franco, apoyando la instauración de la Monarquía. Sabía que había que resistir la coyuntura tras el triunfo aliado en la guerra. Con el advenimiento de la política de bloques, el régimen salió fortalecido y dejó de estar aislado. Carrero comenzó a tener acceso al Consejo de ministros.

El 27.8.1953, el Régimen firmó el Concordato con el Vaticano[3], lo que constituyó un paso importante en la aceptación internacional del Régimen[4], pero la Iglesia[5] fue distanciándose del Régimen de Franco desde el Concilio Vaticano II (1964)[6]. Carrero no pudo sino observar con estupor[7] esta deriva, pero aceptó las decisiones de la jerarquía católica sin rechistar.

Tras los pactos con los Estados Unidos de 1953, la situación de España comenzó a mejorar paulatinamente. El nivel de vida se elevó considerablemente, pero no de una manera espectacular: la penuria de divisas, las dificultades para la importación de bienes, la escasa productividad y la inflación acabaron desencadenando una crisis política, que llevó a formar un nuevo gobierno en 1957. Ello supuso el ascenso de los llamados tecnócratas[8], vinculados al Opus Dei, especialmente a los ministerios económicos. Los nuevos ministros promovieron una liberalización y apertura al exterior.

En la década de los años sesenta, Franco fue aumentando su confianza y delegando ciertas decisiones en Carrero Blanco, sobre cuya lealtad no cabían dudas. Apoyándose en los ministros, sobre todo en Laureano López Rodó, Carrero puso en práctica su estrategia de continuidad política y económica. Ello le granjeó enemistades a derecha e izquierda, pero contar con el beneplácito del jefe del Estado le blindaba.

El 21 de septiembre de 1967, Franco nombró a Carrero Blanco vicepresidente del Gobierno, en sustitución del general Agustín Muñoz Grandes. El objetivo principal de Carrero a partir de entonces fue conseguir que Franco nombrara un sucesor en la Jefatura del Estado, en un régimen monárquico, dentro de los principios del Movimiento Nacional. Tras muchas dificultades, en julio de 1969, don Juan Carlos de Borbón y Borbón fue nombrado sucesor de Franco[9].

Desde mediados de los sesenta creció el malestar político, los disturbios y, sobre todo, el mencionado distanciamiento de la Iglesia[10]. Apareció el grupo terrorista ETA. Desde 1969, Carrero Blanco, aunque nominalmente vicepresidente, se convirtió de hecho en el jefe del Gobierno. La influencia de Carrero sobre Franco era incuestionable. Desde entonces y debido a que la salud del general se resquebrajaba, Carrero empezó a ganar atribuciones: recibía con frecuencia a los ministros y mantenía con ellos reuniones sectoriales para tratar asuntos de sus carteras. Una vez a la semana despachaba directamente con Franco y otro día con don Juan Carlos, en la Zarzuela. No era un alter ego del Jefe del Estado, pero sus edades próximas, formación análoga, principios similares y experiencia parecida hacían pensar en ello. Carrero fue un hombre discreto, sin ambición personal y técnicamente solvente, que prefirió mantenerse en la sombra en todos los puestos que ocupó. Rarissima avis, sobre todo en la política, donde los petulantes son legión. Vivió espartanamente, siempre en casas alquiladas. Sus propiedades se resumían en un apartamento en Campoamor y la parcela del cementerio de El Pardo donde yacen sus restos mortales.

A primeros de los setenta se veía como palmaria la necesidad de nombrar un presidente de Gobierno separado de la Jefatura del Estado. Descartados Manuel Fraga, Alejandro Rodríguez de Valcárcel y Carlos Arias Navarro, Franco decidió nombrar para este cargo, en junio de 1973, a Carrero Blanco[11]. El 14 de junio, éste, en su primer Consejo[12] nombró vicepresidente y ministro general del Movimiento a Torcuato Fernández Miranda[13]. El nombramiento de un presidente distinto del propio Franco fue uno de los últimos pasos importantes del Régimen.

Antes de su nombramiento, ETA ya estaba preparando una acción contra Carrero[14]. Al elevarse su rango y aumentar sus medidas de seguridad[15], el objetivo se mantuvo, pero el secuestro (que era la primera opción considerada[16]) cambió por el asesinato[17]. No era demasiado difícil[18], pues las costumbres metódicas[19] de Carrero y su desprotección le hacían un blanco viable. Los terroristas adquirieron o alquilaron[20] un sótano en Claudio Coello 104 y desde allí se gestó el atentado.

Dícese que el magnicidio estaba previsto para el día 18 de diciembre, pero que la presencia en Madrid del secretario de Estado estadounidense Henry Kissinger obligó a aplazarlo. El argumento era que el lugar de la explosión estaba apenas a 100 metros de distancia en línea recta de la embajada de los Estados Unidos y el previsible incremento de las medidas de seguridad perimetrales desaconsejaba la acción[21].

Técnicamente, el atentado requirió practicar, durante más de un mes, un túnel de seis metros de longitud desde el sótano de la calle Claudio Coello mencionado, perforando el muro de la fachada y excavando el pasadizo hasta el centro de la calzada. Allí colocaron explosivos[22].

El 20 de diciembre, a las 9:30[23], Carrero Blanco salió de la Iglesia de San Francisco de Borja, subió al coche oficial, y, al pasar el coche por el lugar señalado[24], los terroristas hicieron estallar[25] la carga explosiva[26], que excavó un cráter elíptico, con ejes que medían 8 y 19 metros, mientras la profundidad era de 2,5 metros. El automóvil[27] y sus ocupantes se elevaron unos 40 metros y cayeron en una terraza interior de la misma iglesia de la que acababa de salir Carrero Blanco. Los tres ocupantes murieron en el acto.

Tras unos primeros momentos de confusión[28], se confirmó el atentado terrorista. Franco, que se hallaba con gripe, fue informado casi de inmediato. El presidente en funciones, Torcuato Fernández Miranda[29], lo comunicó por Televisión Española.

La capilla ardiente se instaló en la Presidencia del Gobierno. Los días 21, 22 y 23 fueron declarados de luto nacional. Luis Carrero Blanco fue enterrado en su tumba del cementerio de El Pardo. El funeral, que se celebró el día 21 en la basílica de San Francisco el Grande con la presencia de las autoridades[30], fue oficiado por el cardenal primado, Vicente Enrique y Tarancón.

La muerte de Carrero Blanco supuso un duro golpe para Franco, ya anciano y con una salud muy comprometida, que como consecuencia del efecto emocional empeoró. Carrero había sido su más leal colaborador desde 1941, un facilitador, un peón de gran capacidad de trabajo, aunque de ninguna manera preparado para continuar el franquismo más allá de la muerte del propio Franco[31].  No obstante, muchos escribieron que la muerte de Carrero era el final del Régimen. En todo caso, el magnicidio generó un fuerte impacto social y político.

Ese mismo día estaba convocada una reunión del Gobierno. Los ministros acudieron a Presidencia, situada en Castellana 3. El vicepresidente del gobierno. Fernández-Miranda, cortó los corrillos alzando la voz. Con aplomo y empaque recordó que era el Presidente de manera automática por disposición de la Ley Orgánica y, ante el estupor general, decidió que no habría Estado de excepción. Acto seguido desactivó un telegrama[32] que el director general de la Guardia Civil, Iniesta Cano, había enviado a todas las comandancias, en el que se ordenaba extremar la vigilancia y actuar enérgicamente, revocando la orden mediante un telegrama presidencial.

Por su parte, los asesinos escaparon con suma facilidad[33], pues no se realizaron los controles habituales en cualquier atentado. Piénsese que estaban fichados desde un año antes. En el sumario se encausó a treinta personas. De ellas, se detuvo a siete. Nunca hubo juicio. El caso se archivó tras la muerte de Franco. El 11 de abril de 1977, el Juzgado de Instrucción nº 21 de Madrid declaró concluso el sumario, que se cerró por providencia del juez el 27 de mayo de 1977. El gobierno de Adolfo Suárez presionó para que así fuera. Meses después, en octubre de 1977, las Cortes aprobaron la Ley de Amnistía. que borró las responsabilidades penales de quienes habían perpetrado el magnicidio. Aquí paz, y después, a saber.

Todos querían heredar a Franco de una u otra manera. Carrero era un impedimento, un estorbo[34]. Las más altas autoridades del Régimen, con excepción del propio Franco, quisieron obviar el gravísimo asunto.

¿Por qué matar a Luis Carrero Blanco? ETA quería simplemente vengar muertes de comandos en enfrentamientos con las Fuerzas de Orden Público. Les daba igual Juana que su hermana[35]. Carrero no iba protegido, seguía pautas idénticas cada día y era un atentado fácil. El eco estaba garantizado y siempre habría un porcentaje de la población que lo celebraría.

Que ETA lo asesinó, está claro. Pero como en los casos de Juan Prim (1870), Antonio Cánovas del Castillo (1897), José Canalejas (1912) y Eduardo Dato (1921), en el que los ejecutores estaban dirigidos y las explicaciones de las autoridades fueron más que débiles o directamente inverosímiles[36], hay graves dudas. Se intentó también, sin éxito, asesinar a Antonio Maura y a José María Aznar, pero con enorme éxito suicida a José Calvo Sotelo. Si nos fijamos, la pulsión homicida de las izquierdas apenas tiene parangón.

El director general de Seguridad, Eduardo Blanco Rodríguez, fue cesado, pero su superior y ministro de Gobernación, Carlos Arias Navarro, fue nombrado al poco Presidente del Gobierno.​​

La frase de hoy refleja el verdadero sentir de Torcuato Fernández Miranda. El 3 de diciembre de 1975[37] juró en el Palacio de la Zarzuela el cargo de presidente de las Cortes y del Consejo del Reino. En su discurso de toma de posesión dijo:​ “Somos lo que Dios y nuestros padres han puesto en nosotros. Somos lo que la propia psicología, biología y personalidad nos aporta. Pero somos, sobre todo, lo que hacemos. Me siento absolutamente responsable de todo mi pasado. Soy fiel a él. Pero no me ata, porque el servicio a la patria y al Rey es una empresa de futuro. La clave de mi comportamiento será servir a España en la persona del Rey. Tiempo habrá para las palabras, las ideas y las acciones.

Había jurado asimismo fidelidad a los principios del Movimiento Nacional y demás Leyes Fundamentales. Lo que haga falta.

Cordiales saludos

José-Ramón Ferrandis

Luis Carrero Blanco

[1] El inspector de Policía era Juan Antonio Bueno Fernández. El conductor, José Luis Pérez Mogena.

[2] Luis Carrero era un buen escritor. Publicó varios libros sobre temas navales, entre los que descuellan España y el mar (1942), La victoria del Cristo de Lepanto (1948, Premio Nacional de Literatura José Antonio Primo de Rivera), España ante el mundo, Proceso de un aislamiento (1950) y Las modernas torres de Babel (1956) sobre la acción de la URSS en el exterior.

[3] Además, Pío XII condecoró a Franco con la Suprema Orden de Cristo.

[4] Cuando en 1951 Franco solicitó renovar el Concordato de 1851, las negociaciones resultaron lentas y difíciles. La firma se consiguió justo antes del 26 de septiembre, cuando España y los EE. UU. firmaron tres convenios bilaterales. El Vaticano firmó cuando el vio que perdía pie. Razones de Estado. Nada que ver con la Fe Católica.

[5] El Vaticano no reconoció al Régimen de Franco hasta que comprobó que Francia negociaba reconocer a la España de Franco y que el Reino Unido había llegado a acuerdos comerciales con ella. Entonces, el Vaticano reconoció oficialmente a su vez al Gobierno Nacional, enviando a San Sebastián al nuncio Gaetano Cicognani. Franco, que había salvado a la Iglesia Católica, recibió del Vaticano un pago tardío.

[6] El nombramiento como presidente de la Asamblea Episcopal de monseñor Vicente Enrique y Tarancón, muy próximo a Pablo VI, anunció la ruptura.

[7] Fue una persona de misa casi diaria. Carrero mantuvo una relación muy estrecha con la parroquia de la Compañía de Jesús de San Francisco de Borja, en la calle de Serrano.

[8] El término ha hecho fortuna, pero es inadecuado y simplista. No se trataba de alcanzar el poder por la vía de los conocimientos técnicos y la cualificación, sino de utilizar a los mejores en la instrumentación de las decisiones políticas. La analogía con burócratas salta a la vista. Es deliberado y despectivo.

[9] Fue el 22 de julio de 1969 exactamente cuando Franco designó a Juan Carlos de Borbón como su sucesor a la Jefatura del Estado con el título de Príncipe de España. Ese mismo día fue proclamado por las Cortes sucesor de Franco al jurar fidelidad a los principios del Movimiento Nacional y demás Leyes Fundamentales.

[10] De la mano del escasamente clarividente y capacitado Pablo VI, (Pablo VI no tenía gran memoria, ni don para los idiomas, ni escritura brillante, ni carisma, ni valor, ni amplia cultura, ni sentido del humor. Trabajó para cerrar el Concilio Vaticano II), quien al final de su pontificado aspiró en su plenitud el humo del infierno que se había colado en la Iglesia. La Iglesia, hasta entonces – con reticencias – había sido uno de los pilares y referencia del Régimen. No obstante este católico desprecio, Carrero siguió respetando y defendiendo a la jerarquía eclesiástica.

[11] Previo estudio de una terna presentada por el Consejo del Reino, en la que aparecían además Raimundo Fernández Cuesta y Manuel Fraga Iribarne.

[12] Paul Preston señala con brutalidad: “Carrero tenía setenta años y no contaba con apoyo popular ni militar. Su autoridad dependía totalmente de que su amo continuara viviendo. […] De haber muerto Franco primero, resulta difícil suponer que Carrero hubiera sido capaz de gobernar durante mucho tiempo después, ya que le faltaba la voluntad, la autoridad y las ideas”.

[13] Esa fue la clave del desmantelamiento del régimen y el advenimiento de la Transición. Vean el papel jugado por Fernández Miranda en todo ello.

[14] Un año antes, el director de la Guardia Civil, general Carlos Iniesta Cano, había informado a Carrero de que alguien de su familia (incluido él mismo) era objetivo de ETA.

[15] Nada que ver son los escuadrones de protección que se estilan hoy en día.

[16] La primera intención de la cúpula de ETA fue secuestrar al almirante Carrero para trocarle por los 150 etarras en prisión.

[17] Dícese que todo comenzó con algún viaje de uno de los miembros del comando de asesinos a Madrid, en 1971 o en 1972, pues las fuentes discrepan. Contactó con Eva Forest, esposa del dramaturgo Alfonso Sastre, disidentes del Partido Comunista de España. Parece ser que Eva Forest proporcionó información sobre los recorridos del Almirante, aunque ese dato lo conocía hasta Peter. Precisamente Eva Forest publicó en Francia (1974) un libro titulado Operación Ogro en el que relataba su versión del atentado.

[18] El Almirante desconsideró todas las advertencias recibidas sobre su seguridad.

[19] “A las 8:55, Carrero salía del portal de su casa (calle Hermanos Bécquer), subía a su coche oficial, accedía a la calle de Serrano y asistía a misa en la iglesia de los jesuitas. Terminada la misa, de nuevo al coche, doblaba por Juan Bravo, enfilaba Claudio Coello, y por Diego de León se dirigía de vuelta a su casa, en Hermanos Bécquer, a desayunar antes de acudir a su despacho en la sede de Presidencia del Gobierno, en el paseo de la Castellana”.

[20] Dependiendo de las fuentes consultadas, hicieron una u otra cosa. En un ejercicio de inepcia, hay textos que indican ambas cosas simultáneamente sin cortarse un pelo.

[21] Precisamente aquí se halla una de las dudas fundamentales acerca no ya de quién detonó sino de quién preparó, consintió y posibilitó el atentado. Es sabido que las embajadas norteamericanas disponen de mecanismos de defensa sofisticados, entre los que se hallan sistemas de detección de vibraciones para salir al paso de eventuales túneles que podrían amenazar su seguridad. La destrucción durante días del hormigón del sótano de la vivienda de Claudio Coello tuvo que ser sin duda alguna detectada y comunicada.

[22] Dícese que Goma-2. Se dice asimismo que pudieran haber sido minas anticarro, sin que haya pruebas, ni siquiera circunstanciales, al respecto. Depende de quién cuente el asunto verá el lector una u otra versión. En todo caso, el sótano no se vio afectado en absoluto.

[23] Este dato es incompatible con la hora de la explosión, establecida a las 9:28, pero es una discrepancia menor.

[24] Señalado por una tenue marca roja en la pared de la finca y porque los terroristas habían aparcado un vehículo en segunda fila tanto para que el objetivo circulara más despacio como para que el lugar exacto estuviera claro para quien accionó el explosivo.

[25] Se afirma que la carga fue accionada por uno de los terroristas, subido en una escalera y vestido con un mono de electricista, que aparentaba estar conectando unos cables en la pared. Esto no es verosímil. La explosión lanzó escombros, deteriorando los edificios de alrededor. Además de las tres víctimas mortales, hubo 7 heridos que circulaban o caminaban por la zona, o estaban en los portales contiguos. Tres de ellos resultaron graves. El cráter creadlo por la explosión tenía más de 150 cm. de altura y el cono de lanzamiento de residuos a gran velocidad en todas direcciones fue muy amplio. Cualquiera subido a cortísima distancia sobre una escalera hubiera resultado violentamente desplazado y herido.

[26] Consistente, dícese, en tres cargas de 25 kilogramos cada una bajo el firme de la calle. Además, en el vehículo aparcado en doble fila, situaron otros 9,25 kilos para que estallaran por simpatía, aunque sorprendentemente no lo hicieron.

[27] Un Dodge Dart 3.700 GT sin blindaje, pero de casi dos toneladas de peso.

[28] Piénsese que el vehículo había desaparecido de la vista.

[29] El sumario, de 3.009 folios, estuvo en paradero desconocido hasta 1993. El periodista Ernesto Villar, que pudo localizarlo algo antes, tras una exhaustiva investigación, es de la opinión de que el asesinato fue orientado y consentido desde el propio Régimen de Franco.

[30] El jefe del Estado, los príncipes de España, el Gobierno en pleno y representantes diplomáticos.

[31] Tanto Paul Preston como Victoria Prego eran de la opinión de que de ninguna manera Carrero, un subordinado al fin y al cabo, hubiera podido asumir la continuidad del Régimen. Era fiel a Franco a pies juntillas, pero no un líder, que hubiera ofrecido su dimisión al Rey al día siguiente de ser proclamado éste. Juan Luis de Vilallonga relataba una conversación con el Rey Juan Carlos I en la que éste estaba seguro de que así hubiera sido. Hasta el historiador Charles Powell desliza que el gobierno de los EE. UU. era de esa misma opinión.

[32] Cuya existencia le comunicó el ministro de Marina, no competente en la materia, Gabriel Pita da Veiga.

[33] Durante todo 1973, los etarras se movieron por Madrid con absoluta impunidad. En esa época, todo comunista que pisara España y muchos de los residentes eran filtrados, valorados y detenidos de inmediato. Según el sumario, se ignoraron todos los informes basados en las declaraciones de distintos confidentes e infiltrados que remitía desde Bilbao el jefe de la Policía, José Sainz. Los tres etarras que realizaron el atentado estaban fichados desde año y medio antes del mismo.

[34] La hija del Almirante explicó que, de Franco para abajo, todos sabían del atentado.

[35] La idea era atentar lo más alto posible.

[36] El asesino de Prim lo finiquitó en el hospital donde se reponía de sus heridas; el de Cánovas era un anarquista italiano financiado por independentistas cubanos; el de Canalejas, Pardiñas, anarquista, se disparó dos (dos; uno detrás de otro, en la cabeza) tiros cuando se vio rodeado tras el magnicidio; a Eduardo Dato le dispararon anarquistas motorizados.

[37] Recuerde el lector que Francisco Franco había muerto el 20 de noviembre anterior.

Autor del artículo

<a href="https://joseramonferrandis.es" target="_blank">José-Ramón Ferrandis</a>

José-Ramón Ferrandis

Nacido en Valencia (España) en 1951. Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense. Técnico Comercial y Economista del Estado. Salvo posiciones en Madrid, destinado sucesivamente en Ceuta (España), Moscú (URSS), Washington (EE. UU.), Moscú (Rusia) y Riad (Arabia Saudita). Profesor de Análisis Riesgo País, Análisis de tendencias y Mercados internacionales. Analista. Escritor (Globalización y Generación de Riqueza, África es así, Crimen de Estado). Áreas de especialización referidas a su trayectoria. Con el blog espera poder compartir experiencias y divulgar análisis sobre asuntos de interés general, empezando por el clima y terminando por la Geopolítica; sin dejar de lado la situación de España. Lo completará publicando semanalmente la Carta de los martes, que tiene 4 años de existencia.