por José-Ramón Ferrandis | 14 Oct 2022 | Cambio climático
Tercera parte
En anteriores artículos hablamos de que los vehículos eléctricos (VE) contaminan más que los de gasolina y gasoil equivalentes. Demostramos que sus costes son mucho más altos que los de los vehículos con motor de explosión, resultando un despilfarro su sola adquisición[2]. Pero eso no es todo: luego van las administraciones y manejan los incentivos positivos y negativos para acabar de arreglarlo, beneficiando siempre a las clases más pudientes.
En esta tercera entrega veremos en detalle las circunstancias que rodean la necesaria carga de las baterías, algo aparentemente sencillo pero que lleva aparejado una serie de problemas irresolubles, como la experiencia californiana nos muestra grotescamente[3].
Cualquier persona física (no hablamos de instituciones, que de ser oficiales harán lo que les venga en gana a costa del contribuyente y si son empresas, a cargo de la cuenta de resultados) que haya comprado un VE tendrá que recargar la batería al poco de estrenarlo, pues su uso implica que ésta se descargue con rapidez. Empiezan los problemas.
Conviene que el usuario posea un garaje en su casa. Hay poca gente que lo tenga, empero. Si conecta el vehículo a la red, tardará en cargarlo al 100%[4] al menos[5] 6,5 horas. Si desea rapidez, deberá adquirir un cargador de 250 Kw. Son caros y peligrosos, pero a cambio, tendrá el coche cargado en 30 minutos. Eso, en una vivienda unifamiliar. En las conurbaciones en torno a las grandes ciudades, el nivel de renta del propietario posiblemente le permita asumir el gasto.
Si el usuario vive en un edificio con garaje para un cierto número de usuarios, más vale que sean pocos los que tengan un VE. Un cargador casero para un Tesla necesita 75 amperios. Una vivienda media está equipada con 100 amperios. En la mayoría de las calles, la infraestructura eléctrica no puede asumir más de tres casas con un Tesla cada una. En cuanto haya un EV cada dos casas (y si hay más, ni le cuento), el sistema estará extremadamente sobrecargado[6].
Así que, alternativamente, tendríamos que contar con aparcamientos dotados de cargadores que el propietario pudiera usar por las noches. Pero no los hay. Y si quiere ir a una electrolinera, tampoco las hay en el barrio. Pues nada, a coger la carretera[7] y a buscar electrolineras por el camino. Apenas las hay. Así que, ¿hasta dónde podrá llegar con su flamante VE, una vez cargado a tope como pueda? El VE medio puede recorrer 435 kilómetros[8] entre recargas. A 120 km/hora de media[9], son algo más de tres horas y media. Si el trayecto es superior, a recargar. Si el cargador en la electrolinera[10] es estándar, son 6 horas y media de carga. Mientras tanto, se puede jugar al ajedrez, echar una cabezada, comer y disfrutar de una larga sobremesa[11]. Si encuentra una electrolinera con cargadores rápidos, estupendo. ¡Muy buena suerte! Y si no, en un viaje de 600 kilómetros usted, dichoso propietario de un VE, necesitará 10 horas. Todo sea por el planeta, oiga. 60 kilómetros por hora[12]. Un progreso que se debe agradecer a los progres.
Y si se queda tirado, no se preocupe. Puede llamar a la grúa gracias a su seguro a todo riesgo, que sin duda posee porque mantiene un EV.
Eso sí, hablamos de un enfoque micro, referido a cada uno de nosotros. Ahora veamos lo que pasa si lo enfocamos con un enfoque macro, el de todos los usuarios de VVEE[13].
Los gobiernos empujan[14] para incorporar millones de vehículos eléctricos al parque automovilístico. Hecho eso, la demanda de electricidad se incrementará brutalmente, haciendo entrar en crisis las redes de cada país, con el riego de un muy posible apagón. Esa demanda debería provenir, por supuesto, de fuentes renovables. Pues de no ser así[15] habrían hecho estos sujetos un pan con unas tortas[16]. En el caso norteamericano, la red eléctrica ya está bajo enorme tensión y se producen apagones sin cesar, incluyendo los estados más importantes.[17] El origen de la electricidad es 40% gas natural, 20% nuclear, 19% carbón, 8% eólica, 7% hidroeléctrica, 2% solar, y 4% otras no renovables. O sea, que allí, el 83% de la electricidad sale de recursos no renovables. Y la Administración Biden no planea construir nuevas plantas nucleares, hidroeléctricas, de carbón ni de ciclo combinado.
Considerando que, en los EE. UU., los VE pasarían (condicional) de 2,3 millones a 50 millones de unidades en 2030[18], la red eléctrica tendrá que alimentarlos. La pregunta es cómo se haría posible[19] y lo que costaría a los usuarios y a los contribuyentes[20]. La respuesta es que, por desgracia (para los enloquecidos), los EE. UU. no dispondrán de electricidad para cargar los VE, salvo que empiecen a construir plantas de generación alimentadas por energía fósil. Pero para este viaje no hacían falta alforjas… .
En fin. El Lawrence Livermore Laboratory del US Department of Energy afirma que la capacidad actual de generación de energía en los EE. UU. es de 11,4 billones (europeos) de kilovatios/hora. La energía utilizada en el transporte equivale a 8,5 billones de kilovatios/hora. Una parte infinitesimal es para EVs. Las plantas eólicas y solares producen 0,7 billones de kilovatios/hora de electricidad. En resumen, la cantidad de energía necesaria para convertir a los EE. UU. en territorio de VVEE[21] es “política, práctica, logística y financieramente imposible de proveer”[22].
Y encima, los VVEE arden espontáneamente en multitud de circunstancias[23]. Fantástico.

[1] Caos o desorden (DRAE).
[2] Del mantenimiento y reventa, ni hablamos.
[3] Es patético comprobar que, menos de una semana después de que el Estado de California anunciara la prohibición de vehículos de motor de explosión en 2035, su gobernador, Gavin Newsom, ha pedido a los propietarios de VVEE que no carguen las baterías de sus vehículos para no saturar la red eléctrica. Tal cual.
[4] Si la carga menos, menos kilómetros podrá recorrer; no parece una decisión óptima.
[5] En el caso del TESLA, pero sólo en ese caso. En los restantes son 8 horas.
[6] Eso, si llega a operar alguna vez. En ningún país se ha explicado cómo se materializará el suministro. No es suficiente con decir que funcionará.
[7] Si el usuario del VE es suficientemente opulento, tendrá un EV para recorridos urbanos y un vehículo con motor de explosión para los interurbanos. Su caso es extraordinario, pero de momento, se libra.
[8] Siempre que el feliz propietario no tenga el pie derecho muy pesado o decida acelerar de vez en cuando.
[9] No le conviene ir más rápido; está prohibido y además, la batería se descarga con gran rapidez.
[10] Una estación de servicio en una interestatal puede manejar 2.000 vehículos cada 12 horas. Si los vehículos fueran eléctricos, necesitaría 600 cargadores de 50 watios. Eso costaría $ 24 M y 30 megavatios procedentes de la red eléctrica, una enormidad que cubriría la demanda de 20.000 viviendas. Hablamos de una electrolinera. Harían falta muchas en cada país. Miles. No será posible.
[11] Como el porcentaje de alcohol en sangre disminuye con el paso del tiempo, igual se puede uno tomar un par de vasos de vino, quién sabe.
[12] La tecnología de baterías permitirá cada vez mayores prestaciones, sin duda. Siempre puede el exultante propietario de un EV vender el suyo obsoleto a pérdida total y comprarse un Mercedes EQA 250+ (un suponer), con una autonomía máxima de 493 kilómetros WLTP muy tranquilos. Es un negocio ruinoso, pero seguro que se lo puede permitir.
[13] Que en 2035 serán sobre todo eléctricos, porque según votó pomposo el Parlamento Europeo el 8 de junio de 2022, en esa fecha no se podrán vender más que VVEE. Como dice el CEO de la empresa de motocicletas KTM, Stefan Pierer, “La movilidad eléctrica es una insensatez promovida por políticos sin conocimientos técnicos”. KTM CEO Pierer: “Electric Mobility Is Nonsense Promoted By Politicians With No Technical Knowledge” Los CEOs siempre se han expresado educadamente.
[14] Créame el lector: harán cualquier cosa. Son progres.
[15] Por supuesto que eso será así. Ya conocen ustedes los problemas inherentes a las renovables en materia de intermitencia y densidad energética.
[16] Supongamos (hagamos un esfuerzo) que el 100% del parque automovilístico fuera eléctrico. Si la energía eléctrica se produce a través de medios no renovables, las emisiones finales son las mismas o mayores, aunque a distancia.
[17] Me refiero a California y a Texas.
[18] “The administration will use various regulatory means—e.g., CAFE standards, GHG standards, and EV tax credits—to put 50 million new EVs onto the road by 2030”. The Inconvenient Truth About Electric Vehicles – Climate Change Dispatch
[19] Más allá de la voluntad de políticos enloquecidos.
[20] The Inconvenient Truth About Electric Vehicles – Climate Change Dispatch
[21] Electric Transportation By 2050 – Watts Up With That?
[22]Electric Vehicle Issues – New York Energy Policies (reformingtheenergyvisioninconvenienttruths.com)
[23] Flooded Electric Vehicles Spontaneously Catch On Fire In Florida After Hurricane | ZeroHedge
por José-Ramón Ferrandis | 11 Oct 2022 | Carta de los martes
Carta de los martes del 11 de octubre de 2022
Queridos amigos:
El 11 de octubre de 1835 se dictó el decreto de extinción de las órdenes religiosas en España y la desamortización[1] de los bienes eclesiásticos. Esta doble medida determinó profundamente los desarrollos económicos, sociales, políticos y bélicos en la España del Siglo XIX y en parte, del XX. Y cambió el aspecto físico, urbanístico, social y religioso de nuestra Patria para siempre.
Veamos sus antecedentes, los hechos en sí y las consecuencias que tuvieron las desamortizaciones practicadas por distintos gobiernos en España.
Los antecedentes se hallan en Centroeuropa. Las primeras desamortizaciones con violencia tuvieron lugar durante la Reforma luterana, cuando los príncipes alemanes enajenaron sin contrapartida ni acuerdo bienes eclesiásticos[2]. Similar actitud desarrolló la Revolución Francesa, que se apropió de esos bienes y segó las vidas de quienes se oponían en un genocidio perfectamente documentado[3].
En España se dieron varios procesos de desamortización. El primero (en realidad no se trató técnicamente de una desamortización, porque las tierras fueron arrendadas y seguían siendo propiedad de los municipios) tuvo lugar durante el reinado de Carlos III. Surgieron en el contexto de los motines de 1766[4]. Para aplacar la revuelta, el corregidor-intendente de Badajoz ordenó arrendar las tierras municipales a los “vecinos más necesitados, atendiendo en primer lugar a senareros[5] y braceros que por sí o a jornal puedan labrarlas, y después de ellos a los que tengan una canga de burros, y labradores de una yunta, y por este orden a los de dos yuntas con preferencia a los de tres, y así respectivamente”. El conde de Aranda extendió la medida el 2 de mayo de 1766 a toda Extremadura y al año siguiente a todo el reino. La orden de 1768 que la desarrollaba explicaba que la medida estaba orientada a atender a los jornaleros y campesinos más pobres.
La medida fue derogada el 26 de mayo de 1770 al buscar finalmente su eficacia; se priorizó a “los labradores de una, dos y tres yuntas”. El susto había pasado y la finalidad social inicialmente pretendida pasó a mejor vida. Muchos campesinos pobres que habían recibido tierras no las habían podido cultivar porque carecían de los medios: no disponían de capitales para adquirir semovientes y nunca se previeron préstamos a tal efecto. Al final, el resultado fue que las tierras de los municipios pasaron a manos de las oligarquías. El resultado para Hacienda fue de 110 millones de reales.
El segundo fue la conocida como “Desamortización de Godoy”, durante el reinado de Carlos IV. En septiembre de 1798, Carlos IV obtuvo permiso de la Santa Sede para expropiar los bienes de los jesuitas y de obras pías. Se desamortizaron bienes de la Compañía de Jesús, de hospicios, hospitales, Casas de Misericordia y Colegios Mayores universitarios, así como bienes no explotados de particulares.
La novedad en el caso de Godoy es que se vincula la desamortización al pago de la deuda pública, no a la reforma agraria, como con Carlos III. Esa fue la pauta desde entonces.
El tercero aconteció durante el reinado de José Bonaparte, quien el 18 de agosto de 1809 decretó la supresión de “todas las Órdenes regulares, monacales, mendicantes y clericales[6]”, cuyos bienes pasaron automáticamente a propiedad de la nación[7]. Muchas instituciones religiosas quedaron disueltas de facto, con repercusiones en muchos conventos, monasterios y “casas de religiosos». No implicó supresión de la propiedad, sino confiscación de sus rentas para los gastos de guerra en que incurrían las tropas francesas[8].
El cuarto correspondió a las Cortes de Cádiz, quienes en marzo de 1811 constataron la enorme deuda acumulada en forma de vales reales[9] durante el reinado de Carlos IV[10]. Se aprobó la “Memoria”[11] presentada por Argüelles, que proponía desamortizar determinados bienes propiedad de “manos muertas” y ponerlos a la venta. En las subastas, dos tercios del precio de remate habrían de pagarse en títulos de la deuda nacional, lo que incluía los vales reales del reinado anterior y los nuevos efectos emitidos desde 1808 para pagar los gastos de la Guerra de la Independencia. El dinero en efectivo (el tercio restante) obtenido se dedicaría al pago del principal e intereses de la “deuda nacional”. Es decir, el 100% era para aliviar al Tesoro Público.
Por decreto de las Cortes del 4 de enero de 1813 se desamortizaban “todos los terrenos de baldíos o realengos y de propios y arbitrios” de los municipios, con el fin de proporcionar “un auxilio a las necesidades públicas, un premio a los beneméritos defensores de la patria, y un socorro a los ciudadanos no propietarios”. Para alcanzar estos tres fines a la vez se dividirían los bienes a desamortizar en dos mitades. La primera estaría vinculada al pago de la «deuda nacional», por lo que serían vendidas en pública subasta, admitiéndose el pago “por todo su valor[12]” en títulos de créditos pendientes desde 1808 o en vales reales. La segunda mitad se repartiría en lotes de tierras gratuitas en favor de los que hubiesen prestado servicios en la guerra y a los vecinos sin tierras[13].
En el decreto de 13 de septiembre de 1813, en el que se plasmó la propuesta de Argüelles, se denominaba “bienes nacionales” a las propiedades[14] que iban a ser incautadas por el Estado para venderlas en pública subasta. Esta fue la primera norma legal general desamortizadora del Siglo XIX. No se aplicó apenas debido al retorno de Fernando VII, pero contenía todos los principios y mecanismos administrativos de la posterior legislación desamortizadora.
El quinto tuvo lugar durante el llamado Trienio liberal. En 1820, tras la restauración de la Constitución de 1812, los gobiernos liberales se ocuparon de nuevo al problema de la deuda. Revalidaron el decreto de las Cortes de Cádiz del 13 de septiembre de 1813 mediante otro de 9 de agosto de 1820, que añadió a los bienes desamortizables las propiedades de la Inquisición española, recién extinguida. Ahora, en el pago de los remates de las subastas no se admitiría dinero en efectivo, sino sólo vales reales y otros títulos de crédito público, y ello por su valor nominal (su valor en el mercado era muy inferior[15]). Las ventas fueron un escándalo. Uno de los diputados declaró que, por defecto de la enajenación, las fincas han pasado a manos de ricos capitalistas, y éstos, inmediatamente que han tomado posesión de ellas, han hecho un nuevo arriendo, generalmente aumentando la renta al pobre labrador, amenazándole con el despojo en el caso de que no la pague puntualmente. No obstante aquellos resultados y estas críticas, el proceso desamortizador siguió adelante, sin cambiar su planteamiento ni métodos.
La desamortización eclesiástica del clero regular[16] fue tratada por las Cortes del Trienio vía decreto de 1 de octubre de 1820, muy extremista[17]. Se adjudicaron bienes muebles e inmuebles “al crédito público”, por lo que fueron declarados «bienes nacionales» sujetos a su inmediata desamortización. Unos días después, por la ley de 11 de octubre de 1820, se prohibía adquirir bienes inmuebles a todo tipo de «manos muertas». En román paladino, por un lado se les robaba y por otro se les impedía obtener propiedades. Y por si eso fuera poco, las Cortes del Trienio restablecieron el Decreto de 4.1.1813 de las de Cádiz sobre la venta de baldíos y bienes de propios de los municipios.
El sexto fue el de Juan Álvarez Mendizábal, referencia de esta efemérides. Fue uno de los más trascendentes, completado por el de Pascual Madoz que luego veremos. La desamortización tuvo tres objetivos. El primero y principal fue financiero: buscar ingresos para pagar la Deuda del Estado, además de conseguir fondos para financiar la guerra carlista. El segundo objetivo era político: ampliar la base social del liberalismo con los compradores de bienes desamortizados y desbaratar el apoyo mayoritario del clero regular a los carlistas. El tercer objetivo era social: crear una clase media agraria de campesinos propietarios.
El ministro aplicó y desarrolló un plan diseñado antes por el conde de Toreno[18]: expropiar y vender los bienes eclesiásticos, tanto de órdenes regulares como seculares[19]. Mendizábal pasó a presidir el Consejo de Ministros en septiembre de 1835. El 11 de octubre se decretó[20] la supresión de todos los monasterios de órdenes monacales y militares. El decreto de 19 de febrero de 1836 ordenaba la venta de los bienes inmuebles de esos monasterios y el de 8 de marzo de 1836 amplió la supresión a todos los monasterios y congregaciones de varones.
La división de los lotes se encomendó a comisiones municipales, quienes manipularon el procedimiento configurando grandes lotes inalcanzables para los pequeños propietarios, pero asequibles para las oligarquías. Los pequeños labradores no pudieron entrar en las pujas y las tierras fueron compradas por nobles y burgueses urbanos adinerados[21]. La reforma acrecentó el latifundismo en el sur y atomizó los minifundios del norte de España. Es un hecho que se liberaron miles de hectáreas para su explotación, pero al no instrumentarse una reforma agraria, sus consecuencias fueron limitadas.
Los resultados fueron malos. No se solucionó el grave problema de la Deuda Pública, que fue un fracaso: no sólo no se redujo la deuda, sino que aumentó año tras año por la gestión de los gobiernos subsiguientes. En el terreno político, el liberalismo ganó algunos apoyos, pero se granjeó un enemigo cuya inquina dura hasta el presente, y por buenas razones: el catolicismo[22] abominó del liberalismo. Desde una perspectiva social, la desamortización fue un completo fiasco: no sirvió para mitigar la desigualdad social, pues la mayor parte de los bienes desamortizados fueron comprados por nobles y burgueses urbanos adinerados. Tampoco se formó burguesía agraria alguna. Los campesinos pobres no pudieron pujar y sufrieron subidas de los alquileres que de inmediato instrumentaron los nuevos propietarios burgueses[23].
Al cabo, los terrenos desamortizados por el gobierno fueron tan sólo los pertenecientes al clero regular. La Iglesia reaccionó excomulgando tanto a los expropiadores como a los compradores de las tierras[24]. Los políticos y funcionarios no parecieron sufrir demasiado. Y es que Canossa[25] ya era sólo un recuerdo, si algo.
Como compensación por las expropiaciones, el Estado se comprometió a subvencionar al clero, lo que efectuó presupuestariamente a través de la Dotación de Culto y Clero de 1841.
El séptimo ocurrió el 2 de septiembre de 1841, cuando el recién nombrado regente, Baldomero Espartero, desamortizó los bienes del clero secular. La ley fue derogada tres años después, al hundirse el partido progresista. Y el octavo fue la desamortización de Pascual Madoz (1855). Durante el bienio progresista, el ministro de Hacienda Madoz puso en práctica una nueva desamortización, que alcanzó un mayor volumen de ventas y tuvo una importancia superior a todas las anteriores: habían aprendido de los errores del pasado y pudieron expoliar a conciencia[26].
Y fue omnicomprensiva; se declararon en venta todas las propiedades comunales del ayuntamiento, del Estado, del clero, de las órdenes militares (Alcántara, Calatrava, Montesa, San Juan de Jerusalén y Santiago), de cofradías, obras pías, santuarios, del ex infante Don Carlos, de los propios y comunes de los pueblos, de la beneficencia y de la instrucción pública[27]. Igualmente se permitía la desamortización de los censos[28] pertenecientes a esas organizaciones.
Las subastas continuaron hasta finales del Siglo XIX, sin que los cambios de gobierno influyeran en absoluto[29]. En 1867 se habían vendido 198.523 fincas rústicas y 27.442 urbanas[30]. El Estado ingresó 7.856.000.000 reales entre 1855 y 1895, casi el doble de lo obtenido con Mendizábal. El 0,38% de esa cifra se reservó para reedificar y reparar las iglesias de España[31]. Los restantes recursos se aplicaron, efectivamente, a cubrir el déficit del Estado, amortización de deuda pública y realización de obras públicas.
Esa última desamortización de los bienes de los pueblos (Madoz) fue derogada por el Estatuto Municipal de José Calvo Sotelo el 16.12.1924. En conjunto, se calcula que las consecuencias de todos los procesos de amortización de todo lo desamortizado en 158 años de desmanes, el 35 % pertenecía a la Iglesia, el 15 % a beneficencia y el 50 % a los municipios.
Las consecuencias sociales fueron varias. Primero, se dio el reforzamiento de la estructura de la propiedad rústica[32]. Segundo, el atraso técnico y el desigual reparto de la propiedad de la tierra siguieron siendo problemas clave de la sociedad y de la economía española. Tercero, se produjo una enorme afectación negativa de los campesinos al privatizar los bienes comunales que pertenecían a los municipios, pues ello les privó de unos recursos que contribuían a su subsistencia (leña, pastos, etc.). Su desamortización significó la destrucción de sistemas de vida y organizaciones populares de autogestión centenarias. Ello acentuó la tendencia emigratoria de la población rural, que se dirigió a zonas industrializadas del país o a América. Este fenómeno migratorio alcanzó niveles muy altos a finales del Siglo XIX y principios del XX. Cuarto, se produjo la exclaustración de miles de religiosos[33]. La instrucción pública se resintió gravemente al cesar la capacidad de los ayuntamientos para impartirla.
Las consecuencias económicas se comprenden fácilmente: el saneamiento de la Hacienda pública, que se produjo, fue menor (apenas alcanzó el 20%) y no resolvió un problema endémico. Los más de 14.000 millones de reales obtenidos fueron irrelevantes para el Estado, pero destrozaron la riqueza de la Iglesia católica y los recursos municipales para siempre. Aumentó la superficie cultivada, la producción agraria neta y la diversificación de los cultivos. Se potenció el viñedo, el olivar y los agrios. Cayó la ganadería y se produjo una tremenda deforestación.
Las políticas fueron en parte las buscadas con afección al régimen liberal de las clases dominantes, pero la enemiga de los campesinos y de la Iglesia. No se produjo redistribución alguna de riqueza, más bien se concentró su tenencia. No se creó clase media alguna, como se dice se pretendía.
Las culturales fueron absolutamente negativas. Se produjo un inmenso expolio de las obras de arte y de la arquitectura eclesiástica, incluyendo edificios (iglesias, monasterios), cuadros, libros, ornamentos y todo un patrimonio de siglos que en gran medida se echó a perder para siempre. Eso sí, la destrucción de edificios urbanos de la Iglesia permitió disponer de solares y espacio constructivo.
Las ecológicas fueron irrecuperables asimismo. Los montes privatizados fueron roturados, talados y quemados para obtener carbón vegetal. Desaparecieron para siempre enormes extensiones de bosque mediterráneo, con sus especies animales pobladoras. Sus efectos perviven entre nosotros.
Nunca se trató de repartir tierras a los campesinos pobres, ni de desarrollar el país. La idea era sanear el Tesoro público. Para ello se robaron propiedades, se vendieron a precios muy bajos y, en los casos en que se pagó en deuda del Estado, ésta no se honraba, sino se sustituía mediante quitas y reemisiones y al cabo, se impagaba. Lejos estuvieron las desamortizaciones de las propuestas iniciales de los ilustrados[34], quienes esencialmente proponían poner en producción los baldíos (utilizados para pastos) para modernizar la agricultura española[35]. La desamortización fue, simplemente, un arma política desalmada con la que los liberales modificaron el sistema de propiedad del Antiguo Régimen para sustituirlo por el suyo. La prohibición de la Mesta, la desvinculación de los mayorazgos y la abolición de los señoríos precedieron a las desamortizaciones en este camino.
La frase de hoy es de uno de los diputados de las Cortes de Cádiz, ya visto más arriba. Terrero afirmó: “Me opongo a la venta de propios y baldíos… ¿para quién será el fruto de semejantes ventas? Acabo de oírlo: para tres o cuatro poderosos, que con harto poco estipendio engrosarían con perjuicio común sus propios intereses”.
Cordiales saludos
José-Ramón Ferrandis

Monasterio de San Pedro de Arlanza. Este monasterio benedictino recibió el apelativo de «cuna de Castilla» y estuvo en funcionamiento hasta la desamortización de Mendizábal en el 1835.
[1] La desamortización consistió en poner en el mercado, previa expropiación forzosa y mediante una subasta pública, las tierras y bienes que hasta entonces no se podían enajenar (vender, hipotecar o ceder) y que se encontraban en poder de las llamadas “manos muertas”, es decir, la iglesia católica y las órdenes religiosas que los habían acumulado como habituales beneficiarias de donaciones, testamentos y abintestatos. Asimismo se aplicó a los llamados baldíos y las tierras comunales de los municipios, que servían de complemento para la precaria economía de los campesinos.
[2] Como sabe el lector, a función de la Reforma no era reconducir el lamentable comportamiento de las autoridades eclesiásticas en el ejercicio de su poder sino independizarse del Imperio que personificaba Carlos V de Alemania. En otras palabras, se disfrazó de guerra de religión lo que no era sino una guerra por la independencia política.
[3] La Vendée fue un levantamiento espontáneo de los campesinos franceses para defender a su rey y a la Iglesia. Se hablan de la rebelión vandeana de 1793–1796 como del primer genocidio de la Historia Moderna. En él, los jacobinos pusieron en práctica lo que se puede considerar una analogía con la Solución Final nacional socialista o el exterminio de los Kulaks en la URSS. Quienes no hablan de genocidio destacan el elevado número de civiles asesinados por las tropas republicanas, entre los que había ancianos, mujeres y niños. El historiador Peter McPhee, habla de 117.000 muertos civiles.
[4] Recuérdese el Motín de Esquilache.
[5] La senara era una porción de tierra que daban los amos a los capataces o a ciertos criados para que la trabajaran por su cuenta, como un extra o aditamento a su salario.
[6] Tal cual, clericales.
[7] Se decía Nación cuando se debía decir Estado. Los bienes YA eran propiedad de la Nación antes de la desamortización.
[8] Así fue, de manera que se devolvieron en 1814.
[9] El vale real fue un título de deuda pública de la Monarquía de España creado en 1780 durante Carlos III, con valor de papel moneda, pero no de curso forzoso, para hacer frente al grave déficit de la Real Hacienda provocado por la intervención de España en favor de los colonos rebeldes durante la Guerra de Independencia de los EE. UU. respecto del Reino Unido.
[10] El secretario de Hacienda interino José Canga Argüelles la estimó en 7.000 millones de reales.
[11] Que rechazaba que los vales reales fueran reconocidos por su valor en el mercado, muy por debajo de su valor nominal, lo que hubiera supuesto la ruina de sus detentadores y – sobre todo – la imposibilidad de obtener suficientes recursos.
[12] Se refería al valor nominal.
[13] Estos vecinos debían pagar un canon. Si dejaban de hacerlo, perdían el lote asignado definitivamente, lo que invalidaba en gran medida la finalidad social proclamada en el decreto y daba la razón a aquellos diputados que, como José María Calatrava o Vicente Terrero, se habían opuesto al decreto, especialmente a la venta de los bienes de propios, patrimonio sobre el que descansaba el gobierno económico y la policía de los pueblos.
[14] Se trataba de bienes confiscados o por confiscar a los traidores, como Manuel Godoy y sus partidarios, y a los afrancesados; además, todos los monasterios de las órdenes monacales; los canónigos regulares de San Benito, de la congregación claustral tarraconense y cesaraugustana; los de San Agustín y los premonstratenses; los conventos y colegios de las cuatro órdenes militares españolas de Alcántara, Calatrava, Montesa y Santiago; los de la Orden de San Juan de Jerusalén, los de la de San Juan de Dios y los betlemitas, y todos los demás hospitales de cualquier clase; los de los conventos y monasterios suprimidos o destruidos durante la guerra; las fincas de la Corona, salvo los Reales Sitios destinados a servicio y recreo del Rey; y la mitad de los baldíos y realengos de los municipios.
[15] A causa del bajísimo valor de mercado de los títulos de la deuda respecto de su valor nominal, el desembolso efectivo realizado por los compradores fue muy inferior al importe del precio de tasación (en alguna ocasión no pasó del 15 % de este valor).
[16] El término clérigos regulares designa a los sacerdotes católicos (clérigos) miembros de una orden religiosa regular (viven de acuerdo con una regla o regula y hacen votos solemnes).
[17] Y heroico, como se ve.
[18] El gobierno del conde de Toreno aprobó la Real Orden de Exclaustración Eclesiástica del 25 de julio de 1835 que suprimía todos los conventos en los que no hubiera al menos 12 religiosos profesos.
[19] El pretexto de la desamortización de Mendizábal fue que estas tierras se consideraban “manos muertas”, puesto que no tenían productividad alguna. La mayoría de estos terrenos, pertenecientes a un título nobiliario o eclesiástico, a una villa, a un convento, a una orden militar o a un mayorazgo, tenían en ocasiones asociado un determinado uso, a menudo comunal. Su titularidad podía transmitirse a quien correspondiese en herencia, pero debían permanecer íntegros. En general, estaban en desuso y en el abandono, amortizados (no podían ser vendidos ni divididos), así que los nuevos propietarios tenían la oportunidad de ponerlos a producir. A su vez, el Estado obligó a los compradores a pagar nuevos impuestos debido a su aumento de riqueza, lo que acrecentó sus ingresos rápidamente.
[20] El señor primer ministro legisló a base de decretos; sus medidas no pasaron por el Parlamento.
[21] De esa manera resultó imposible crear una burguesía o clase media que sacase a España de su marasmo.
[22] Lo cierto es que los pensadores católicos han quedado congelados en esa concepción del liberalismo ramplón, confiscatorio y ladrón, sin reparar en que el verdadero liberalismo jamás hubiera propugnado, y menos aún ejecutado, esa felonía. Pero no salen de su argumentario. Lástima.
[23] La segunda derivada fue que muchos campesinos se hicieron carlistas, a fuer de antiliberales, al verse perjudicados.
[24] Ello provocó que muchos compradores no compraran directamente las tierras, haciéndolo a través de testaferros.
[25] Recordemos la humillación de Canossa, episodio histórico que tuvo lugar en enero de 1077, que supuso la peregrinación del emperador Enrique IV del Sacro Imperio Romano Germánico al castillo de Canossa para solicitar al papa Gregorio VII su liberación de la excomunión a que se había visto reducido por el Papa por la querella de las investiduras. Para poder conseguir el perdón papal, Enrique IV permaneció arrodillado tres días y tres noches a las puertas del castillo mientras nevaba, vestido como un monje, descalzo. Finalmente el Papa le perdonó, aunque la cosa no quedó ahí.
[26] El tenor de los objetivos se expresaba claramente. Artículo 12 de la Ley de 1/5/1855: “1. Cubrir el déficit del presupuesto del Estado; 2. Amortizar Deuda pública; 3. Realizar obras públicas de interés y utilidad general”.
[27] Con las excepciones de las Escuelas Pías y los hospitalarios de San Juan de Dios, dedicados a la enseñanza y a la atención médica respectivamente, dado que su actividad reducía el gasto del Estado en estos rubros.
[28]El censo era un contrato en desuso, parecido al actual préstamo hipotecario, salvo que el deudor conservaba plenos derechos sobre el inmueble gravado.
[29] Tras haber motivado de enfrentamiento entre conservadores y liberales, llegó el día en que todos los partidos políticos se pusieron de acuerdo en el latrocinio. Por fin sólo les diferenciaban los collares.
[30] Cuyos rendimientos agrarios son, cuanto menos, dudosos.
[31] El lector puede interpretar el dato como prefiera.
[32] De acuerdo con los trabajos de Richard Herr, el resultado de la desamortización fue concentrar la propiedad en cada región en proporción al tamaño de las parcelas previamente existente.
[33] Julio Caro Baroja ha reclamado atención tanto para los viejos frailes exclaustrados, que a duras penas sobrevivieron “soportando su miseria, escuálidos, enlevitados, dando clases de latín en los colegios, o realizando otros trabajillos mal pagados” como para los jóvenes, que o trabajaron donde y como pudieron o se unieron a las filas carlistas. Las consecuencias de la gratuita e irresponsable supresión de las órdenes religiosas por políticos petimetres tuvo enormes consecuencias en la historia social de España.
[34] Floridablanca, Olavide, Jovellanos. Este último se aventuró a proponer también el expolio de los bienes de propios municipales. Y ninguno tenía pretensiones redistributivas. No hicieron propuestas de expropiar a la Iglesia católica. Floridablanca se quejaba de que la Iglesia no pagaba impuestos.
[35] Y de paso obtener impuestos por la nueva producción, aumentar la producción y la población.
por José-Ramón Ferrandis | 8 Oct 2022 | Cambio climático
En el primer capítulo (6.10.2022) de esta breve serie comentamos que los coches eléctricos, contemplado todo el ciclo de su vida, contaminan[2] más que sus equivalentes de gasolina o gasoil. Esa afirmación está sustentada por análisis técnicos efectuados por todos los institutos especializados y hasta por instituciones genéricas públicas de ambos lados del charco, más algunas privadas. Lo hemos visto ya.
Habiendo quedado clara la realidad, es decir, que los coches eléctricos contaminan más que los de motor de explosión, pasemos a hablar del coste de producción de esos vehículos eléctricos y de su precio final. Ustedes ya saben (hasta los defensores de este suicidio colectivo inducido lo reconocen) que un coche eléctrico cuesta mucho más que uno convencional y su reventa será extremadamente difícil y nada rentable[3]. Eso tiene sentido: la idea es que haya menos coches (sólo en Occidente, no lo pierdan de vista) y eso se consigue si son considerablemente[4] más caros, para así revertir el sentido del genuino progreso, que es generar grandes clases medias con mayores grados de libertad[5].
Y si hay menos coches y éstos tienden a fabricarse en otras áreas del mundo[6], los puestos de trabajo en la UE irán rápidamente a la baja, en paralelo a la reducción de producción primero, de beneficios más tarde y de inversiones[7] después. Son problemas derivados de la idiocia inicial, perfectamente previsibles. Y no son para dentro de 5 años, sino para ahora mismo. Tan es así que el grupo Stellantis[8] ha decidido detener la producción de térmicos en 2027. Si esto no es el desastre en materia de riqueza y de empleo, se le parece mucho.
Habiendo dejado claro que los costes de venta son notablemente mayores en el caso de los coches eléctricos, los gobiernos de todos los ámbitos en que la socialdemocracia progre ha segregado los Estados intervienen de nuevo[9], produciendo una batería[10] de distorsiones que destrozan las ideas de mercado y de equidad. Veamos.
Los coches eléctricos nuevos tienen un coste desaforado, coste que crece sin parar[11]. Como con ese precio de venta no tendrían salida[12] (salvo para frikies de la calentología, de los que hay muchos en teoría, pero bastantes menos que pongan la cartera donde ponen la chorrada[13]), aparecen las ayudas del primo de Zumosol, en forma de subsidios, incentivos[14] o ventajas[15]. O de prohibición de las alternativas, que es más de lo mismo[16].
Si el lector quiere echar un vistazo a un análisis efectuado en 2021 para los EE. UU. por el medio Transport and Environment,[17] observará que los vehículos eléctricos son tan caros que sólo tras 15 años de uso[18] podrían equilibrar la relación entre coste de adquisición y ahorro de combustible. Pero como las variables que intervienen en el cálculo son tan volátiles (precios de la electricidad, incentivos, subvenciones, reducciones impositivas, gratuidad en servicios complementarios, mantenimiento, seguros, fiabilidad, precios de reventa, sustitución de elementos estructurales…), adquirir un coche eléctrico se ha convertido en una decisión enormemente arriesgada[19]. Arriesgada y para gente de gran solvencia económica. Un estudio del National Bureau of Economic Research, lo demuestra para los EE. UU., cosa que nos hace pensar que en otros países será parecido. En resumen, “la mayoría de los fondos de programas federales orientados a promover la eficiencia energética y el transporte alternativo van a los americanos ricos”. Este y otros muchos excelentes y útiles datos están en el testimonio ante del Congreso de Robert Bryce.” 062821 Robert Bryce — House Climate Comm Written Testimony for 063021 hearing v4
La conclusión es que la mayor de las incertidumbres se cierne sobre las economías de Occidente. Las medidas político-administrativas que noquean al sector de la automoción, empobrecen a los pobres, subvencionan a los ricos y no pueden ser instrumentadas técnicamente por imposibilidad material, nos hacen pensar que las medidas adoptadas hasta ahora se modificarán a no mucho tardar. Pero para cuando se quiera echar marcha atrás, puede ser tarde. Y entonces pagaremos los ciudadanos, no las élites políticas, que son las responsables de este sindiós.
[1] Caos o desorden (DRAE).
[2] No podemos dejarlo de lado: el CO2 no contamina. Me refiero a otros efluentes y al daño medioambiental en la producción. Ellos hablan de contaminar por CO2, lo que es un sinsentido.
[3] Nunca se habla de la reventa. Es lógico, el fenómeno del coche eléctrico es reciente y su incidencia, menor, salvo en algunos países, como Noruega. Y además, no interesa. Cuando un propietario de vehículo eléctrico se quiera desprender de él, observará que no vale apenas nada. Y no vale nada porque la reposición de las baterías es extremadamente cara. Los eventuales compradores desinformados creerán que han adquirido un chollo … hasta que tengan que cambiar la batería. De manera que ambos, comprador y vendedor, sufrirán las consecuencias de haber comprado un vehículo eléctrico, sobre todo aquellos que lo hagan obligados por el intervencionismo del Estado en sus diversas configuraciones.
[4] Pero no mucho, porque entonces no los compraría ni Peter. O El Tato, como prefieran.
[5] Ese sentido de marcha se ha revertido: se trata de acabar con las clases medias y con su libertad, entre ellas la de desplazamiento cada vez más fácil y económico.
[6] Transcribo noticia de “5 Días” de 8.10.2022. El suicidio viene de la mano de la desesperación. “Renault quiere convencer a Nissan (aliado principal de Renault, N.del A.) para que venda la mayor parte de la combustión a Geely (RP China). Renault no lo hace porque lo considere una buena idea sino porque la normativa criminal de la UE le obliga.
[7] Ante la perspectiva de enfrentarse a la prohibición de venta de vehículos de combustión a partir de 2035, las inversiones de las empresas de automoción en estos vehículos se paralizarán.
[8] https://forococheselectricos.com/2022/10/stellantis-abandonara-motores-combustion-interna-europa-2027.html
[9] Intervienen primero limitando el uso por zonas (recuerden el infausto Madrid Central que un alcalde del Partido Popular mantiene, en contra de sus propios compromisos derivados de sus propias promesas electorales), limitando el uso por plazos (ya saben, en 2035 no habrá vehículos de motor de explosión en la UE a menos que obliguemos a estos miserables a revertir sus ukases) y directamente prohibiendo producciones concretas.
[10] No he querido bromear, ustedes perdonen.
[11] Como afirma Tom Fux, de TOYOTA, “no hay recursos para fabricar todas las baterías que necesitaríamos para su uso generalizado”. Y si no hay suficientes recursos, lógicamente el precio sube. https://www.abc.es/motor/motoreco/recursos-suficientes-baterias-falta-coche-electrico-20220707142923-nt.html
[12] Con independencia de si los costes adicionales los paga el consumidor o el contribuyente, está claro que la gente será más pobre, porque los caros coches eléctricos recorren menos kilómetros por cada Euro gastado en él.
[13] Parafraseo un conocido aforismo norteamericano: “Put your money where your mouth is”.
[14] ¿Qué tal aparcamientos gratuitos para los vehículos eléctricos y muy onerosos para los demás? En el fondo, la idea es dividir. Colectivo contra colectivo y de postre, merma de las libertades.
[15] Esta es la zanahoria. En cuanto al palo, está claro: si usted quiere conducir en las ciudades, ya mismo, cómprese un eléctrico o no conduzca. Encareciendo y dificultando la vida, vaya.
[16] Esto tampoco será gratis para el Tesoro Público. Las enormes cantidades de impuestos que actualmente percibe, provenientes del consumo de carburantes, disminuirán vertiginosamente cuando los descabellados planes de los gobiernos tengan lugar, si Dios o nosotros no lo remediamos. Y por el lado del gasto, invertirán enormes sumas en proporcionar puntos de recarga y nuevas centrales eléctricas (que no podrán ser eólicas o fotovoltaicas por su intermitencia) junto a las carreteras. Lo dicho, un sindiós.
[17] Transport and Environment
[18] Lo que será muuuuuy complicado, porque un vehículo eléctrico de 12 años y uso estándar estará utilizando su tercera betería. Una batería Tesla cuesta 10.000 $, así que calculen.
[19] Ustedes saben que las administraciones son mobile cual piuma al vento. De un día para otro, la energía nuclear y el gas, que eran diabólicas, devienen verdes y perfectamente utilizables. Por no hablar de los impuestos. En esas manos estamos.
por José-Ramón Ferrandis | 7 Oct 2022 | Cambio climático
¿Quién no ha oído comentar sobre las inmensas bondades del vehículo eléctrico? A estas alturas del partido todos hemos leído una inmensidad de argumentos en favor suyo. Que no contaminan[2], que son silenciosos[3], que no son caros[4], que cada vez tienen más autonomía[5], que cada vez se cargan más rápido[6], que son chic[7], que son más sencillos[8], que tienen una aceleración brutal[9], que el futuro es suyo y que abandonemos toda esperanza de buscar alternativas.
Sí, ¿no?
No.
Veamos, en este u otro orden. Lo haremos en varios artículos, porque el límite de aproximadamente 1.000 palabras (sin contar las notas al pie) es imperativo. Hablemos en primer lugar de contaminación.
El vehículo eléctrico puro[10] no emite CO2 en su uso diario, es decir, allá donde se encuentra en uso. Absolutamente cierto. Es una ventaja local[11]. Pero eso es todo lo que puede exhibir como argumento a favor. No todos los contaminantes de un vehículo salen del tubo de escape[12].
Lo cierto es que los coches eléctricos contaminan y dañan el medio ambiente más que los vehículos convencionales[13]. Hay una enorme cantidad de estudios y análisis referidos a la valoración del ciclo vital de un vehículo[14]. Hasta la Agencia Europea de Medio Ambiente (2018) afirma que los coches eléctricos “podrían ser responsables de mayores impactos negativos en el medio ambiente” que los vehículos convencionales. Conociendo el paño, esto es un eufemismo inaceptable. Cosas de la UE.
En general, se comprueba que construir, cargar, utilizar y desechar los vehículos eléctricos produce muchos más contaminantes que los vehículos convencionales. Y si se quiere muestra, he aquí una referida específicamente a España[15], que sigue con la falsa matraca de que el CO2 contamina, pero que, más allá de eso, habla de los verdaderos contaminantes, que son claramente más altos en el caso de los eléctricos: partículas finas (26% más), carcinogénicos para humanos (20%), toxicidad no carcinogénica (61%), ecotoxicidad terrestre (31%), ecotoxicidad en agua dulce (39%) y salada (41%).
Estos daños se reparten en todas las áreas en que se produce algún componente del vehículo eléctrico, por lo que afectan a todo el ecosistema. El liderazgo en la preocupación lo ostenta el minado del litio (y del cobalto, magnesio y níquel, pero menos). La producción de estos minerales tiene enormes costes en términos de agua, combustibles consumidos, movimiento de tierras, residuos de gangas tras tratar las menas, material utilizado y deterioro del pasaje arrasado. Adicionalmente, la producción de una tonelada de litio requiere 2,2 millones de litros de agua[16]. En otras palabras, los coches eléctricos transfieren la contaminación desde los urbanitas de los países ricos a los países pobres donde se obtienen las partes y se almacenan los residuos.
Pero hay más. Las fuentes de generación de energía eléctrica son en gran medida emisoras de CO2 y efluentes realmente contaminantes. En el caso del carbón, sea antracita o lignito[17], no sólo emiten más CO2 (que no es un contaminante) sino el caso del lignito y sobre todo del carbón bituminoso (lignito negro), son grandes emisores de SO2 o dióxido de azufre, así como de óxidos de nitrógeno muy contaminantes. Si al producir energía eléctrica alimentamos los vehículos con esta contaminación en origen, nada tiene sentido[18].
Hay otro enfoque, algo paradójico. Fabricar un, digamos, Volkswagen Golf produce 6,8 toneladas de CO2, equivalente a conducir más de 12 años con un vehículo antiguo. Muchos kilómetros habrá que hacer para equilibrar el balance de emisiones, ¿no? Y si tomamos ese vehículo antiguo y lo cambiamos por un, digamos, Volvo Polestar 2, que supone emitir 26 toneladas de CO2, ¿sabe el lector cuándo se amortiza ese cambio en términos de emisiones de CO2, suponiendo que el Polestar emite 0 g/km. de CO2? 46 años[19]. Es una grave tomadura de pelo.
Hay más. Los vehículos eléctricos contaminan más que los de explosión debido a su peso, que como media es un 24% superior. Lo hacen en algo que no se suele comentar, pero conviene conocer: gastan neumáticos más deprisa, emiten polvillo contaminante de frenos[20]y deterioran antes las carreteras, que desprenden un polvillo contaminante característico.
Pero los políticos que han decidido instrumentar medidas descabelladas contra el llamado cambio climático, penalizar el CO2 y destruir Occidente siguen con su plan sin prestar atención a los hechos: el vehículo eléctrico contamina más que el de motor de explosión.
Continuará.

[1] Caos o desorden (DRAE).
[2] Cuando se dice que no contaminan se aceptan implícitamente dos cosas: una, que no emiten CO2 (que no es un contaminante) y por tanto no contaminan donde se están desplazando. Dos, que la electricidad consumida en la carga de las baterías sí contamina allá donde se produce (salvo en el caso de plantas eólicas y fotovoltaicas, que sólo contaminan donde se producen sus componentes con energías de origen fósil).
[3] No es del todo así, pero sí es cierto que son más silenciosos que los de motor de explosión. A su vez, eso constituye un problema, pues deben anunciar su presencia.
[4] Esto es falso, sin paliativos. El alto coste de fabricación no es compensado por una reducción de impuestos por las diversas instancias estatales involucradas en la obtención de recursos por esta vía. Eso sí, hay subvenciones para adquirir estos vehículos, que como media en todo el mundo ascienden a 10.000 €/vehículo. Esa distorsión en la aplicación de las ayudas favorece a los segmentos sociales más pudientes, en contra de todas y cada una de las manifestaciones cotidianas que en sentido contrario realizan los gobiernos.
[5] Cierto si tomamos en cuenta avances tecnológicos no instrumentados aún pero, con todo, muy por debajo de las alternativas de motorización.
[6] Cierto sólo en parte. La carga completa con acceso a la red eléctrica doméstica lleva más de 8 horas. Los puntos de recarga escasean enormemente. Los puntos de recarga rápidos (250 Kw) están en el límite de la peligrosidad.
[7] “Bueno está padre p´a que le capen la boina”, o bien “no está el horno para bollos”. En tiempos de profunda crisis, que se arrastra desde 2008, las modas caras y el glamour son insultantes para el común.
[8] Así es; tienen muchas menos piezas que los de motores de explosión.
[9] Es cierto: se dispone de toda la potencia en un momento. Otra cosa es para qué, con las limitaciones crecientes a la velocidad (la aceleración sirve para alcanzar rápidamente la mayor velocidad posible) que imponen las mismas autoridades que propician el uso del coche eléctrico: 50 Km./hora en ciudades y 120 Km./hora en carreteras se alcanzan pronto. Pero sí, aceleran mucho y fácilmente.
[10] Con baterías integradas. No se contemplan en este análisis los híbridos de gasolina o gasoil, los de hidrógeno que alimentan baterías (pilas de hidrógeno) o los vehículos de hidrógeno como combustible para el motor de explosión. Ni tampoco tecnologías ya existentes como el gas licuado de petróleo.
[11] La contaminación se queda fuera de las áreas densamente pobladas, donde se genera. Es sabido.
[12] Por eso carece de sentido técnico la expresión “Cero emisiones”. Valorar todos los impactos de las variaciones en artículos que utilizan energías alternativas exige medir toda forma de contaminación que emiten en toda su vida y no una pequeña parte de ella. Decir que un eléctrico emite cero es mentir. Pura política rastrera.
[13] Un estudio del IFO alemán en 2019 demostró que un Tesla Model 3 (eléctrico) emite entre un 11% y un 28% más de CO2, considerando toda la vida útil del vehículo, que un Mercedes C220D (diesel).
[14] Aquí se ve en conjunto https://nepis.epa.gov/Exe/ZyPDF.cgi/P1000L86.PDF?Dockey=P1000L86.PDF
[15] En España https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0959652621001037
[16] Vean estos y otros datos aquí https://www.expansion.com/blogs/blog-jsq/2022/09/16/coche-electrico-la-casa-por-el-tejado.html
[17] Las autoridades alemanas, tras lustros de estúpida e inconsecuente aplicación de medidas sedicentemente protectoras del medio ambiente, han pasado, empujadas por la realidad de las cosas, a quemar lignito como si no hubiera un mañana.
[18] Y es paradójico: al poner límites de producción y tenencia de vehículos de combustión (aunque los que de verdad sufren autocombustión espontánea son los eléctricos) hace que el sector automovilístico entierre tecnologías que han reducido sus emisiones de óxidos de nitrógeno (NOx) en más del 90% desde 1992.
[19] Por lo demás, las baterías no van a funcionar durante 46 años.
[20] Y frenan peor, y tienden a salirse de la carretera más fácilmente (energía cinética en curvas). Y el motor no retiene al levantar el pedal. Esto no contamina. pero hace la conducción más peligrosa.
por José-Ramón Ferrandis | 4 Oct 2022 | Carta de los martes
Carta de los martes del 4 de octubre de 2022
Queridos amigos:
El 4 de octubre de 1582 murió en Alba de Tormes Teresa de Cepeda y Ahumada, o por mejor decir, Santa Teresa de Jesús o de Ávila, como también se la conoce. Había nacido en 1515 en Gotarrendura (Ávila). Fue una religiosa y escritora[1] mística española, ámbito en el que es considerada su mayor exponente. Se la tiene por un referente de la vida espiritual de la Iglesia Católica. Reformó la Orden del Carmen, para la que fundó 17 conventos[2].
Fue beatificada por Paulo V en 1614 y canonizada por Gregorio XV en 1622[3]. El 4 de marzo de 1922 fue nombrada como primera Doctora honoris causa de la Universidad de Salamanca[4]. El 18 de septiembre de 1965, por medio del breve Lumen Hispaniae, San Pablo VI la declaró patrona de los escritores católicos de España. En 1970 fue proclamada Doctora de la Iglesia, siendo la primera mujer que recibía esta distinción[5].
La Iglesia católica, como institución, era renuente a reconocer oficialmente el magisterio de la vida espiritual de santa Teresa de Jesús, así como su doctorado en el seno de la Iglesia. Se intentó reiteradas veces, sin éxito. La penúltima había tenido lugar en 1923[6].
El 24 de octubre de 1617, las Cortes de Castilla decidieron nombrar a Teresa patrona de todos los reinos de España. Felipe III lo sancionó el 4 de agosto de 1618. Compartió el patronazgo de España con el apóstol Santiago el Mayor. El 28 de junio de 1812, las Cortes de Cádiz nombraron santos patrones de España a Santiago y a Santa Teresa.
Por Real Orden de Alfonso XIII de 22 de julio de 1915, se estableció que Santa Teresa fuese patrona del Cuerpo de Intendencia Militar. Se hizo así porque los integrantes de ese cuerpo de la milicia se formaban en Ávila. También – y no es poco – por las cualidades organizativas, de austeridad y de prudencia que reunía en su persona la Santa patrona, sin menoscabo de lo dicho anteriormente.
Empecemos por el principio, como suele ser lógico. Teresa era hija de Alonso Sánchez de Cepeda[7] y de Beatriz de Ahumada, ésta procedente de una noble familia abulense. En sus obras autobiográficas se puede seguir su vida y, sobre todo, su evolución espiritual.
Según relata la propia Teresa en los escritos destinados a su confesor y reunidos en el libro Vida de santa Teresa de Jesús, desde su infancia se mostró imaginativa y apasionada. Su padre era hombre de fe, ilustrado y amante de la lectura[8], costumbres que transmitió[9] a sus hijos. Entre sus libros se hallaban Retablo de la vida de Cristo (Juan de Padilla, el Cartujano, 1505), las poesías religiosas de Fernán Pérez de Guzmán y un libro titulado Siete. El tío de Teresa, al que ella visitaba a menudo, tenía los mismos gustos y prestó a Teresa libros de contemplación religiosa como el Tercer abecedario espiritual[10](Francisco de Osuna, 1527). Teresa meditaba mucho sobre que tanto el infierno como el paraíso fuesen para toda la eternidad[11]. El fuerte ambiente religioso en el que Teresa creció posibilitó su sensibilidad por lo trascendente desde su infancia.
Teresa de Ávila no asistió a escuela alguna, pues la enseñanza estaba reservada a los varones. Disfrutaba las diversiones propias de su edad, como paseos y fiestas familiares o locales. Su familia jugaba al ajedrez. Todos los testimonios coinciden en que era una mujer muy atractiva, elocuente y expresiva.
Cuando tenía trece o catorce años (en noviembre de 1528 o en 1529), su madre falleció. En 1531, Alonso Sánchez la internó como pupila en el convento de monjas agustinas de Santa María de Gracia, pero en 1532 tuvo que volver a su casa, aquejada de una grave enfermedad. Durante tres años fue ama de casa. Informó a su padre de su voluntad de ser monja. Su padre contestó que se opondría mientras viviera. Determinada como estaba a profesar como carmelita, el 2 de noviembre de 1535, Teresa entró como postulanta en el Convento de la Encarnación[12], de la Orden carmelita[13] (Ávila). Al tiempo, su hermano Juan se fue a un convento dominico[14]. Teresa comenzó su noviciado el 2 de noviembre de 1536 y profesó como monja el 3 de noviembre de 1537.
Al poco de entrar al convento, enfermó gravemente. Durante su primer año experimentó desmayos, una cardiopatía inespecífica y molestias de diverso orden. Los médicos de Ávila no acertaban a curar a Teresa. En otoño de 1538, Alonso Sánchez la llevó a una curandera dizque prodigiosa en Becedas (Ávila). Hicieron alto en Ortigosa, donde su tío, Pedro de Cepeda, le obsequió con el mencionado Tercer abecedario espiritual, que enseñaba la oración de recogimiento y que impactó en el ánimo de Teresa. Cuando supieron que la curandera no atendía en invierno, porque necesitaba plantas primaverales, dispuso de un semestre de libertad espiritual fuera de la disciplina del convento, lo que la convenció de que la oración debía prepararse según cada persona y sus necesidades.
Llegado el momento, la curandera aplicó un tratamiento de más de un mes que hizo empeorar la salud de Teresa. No era capaz de tenerse en pie ni de comer algo sólido. En julio de 1539, su padre la llevó de nuevo a los médicos de la ciudad, sin resultado. El 15 de agosto de 1539, día de la Asunción de María, Teresa sufrió un ataque repentino y violento, con convulsiones y pérdida de conocimiento. Le dieron la extremaunción y pensaron que había muerto[15]. Oficiaron una misa de difuntos en su honor y cavaron su tumba. Empero, su padre decidió esperar antes de enterrarla. Dos días después, en presencia de su hermano Lorenzo, Teresa recuperó el conocimiento. Salía de un coma profundo de cuatro días.
Esta experiencia la dejaría marcada para toda su vida, tanto en lo físico (padeció constantemente de catarros, migrañas, fiebre, dolores de garganta y molestias en corazón, estómago, hígado y riñones) como en lo psíquico; en sus propias palabras, desarrolló un gran miedo a la muerte. Su consagración a Dios fue tan radical que cambió las oraciones sencillas que rezaba antes de su entrada en la Orden por una oración sistemática que seguía la técnica de los maestros de aquel tiempo. Aprendió a confiar ilimitadamente en Dios y empezó a practicar el método de oración conocido por “recogimiento”, expuesto por Francisco de Osuna. Empezó a experimentar visiones, que se sucedieron a lo largo de su vida.
A finales de agosto de 1539 solicitó volver al convento, en cuya enfermería residió. A partir de la Pascua de Resurrección de 1540 empezó a mejorar, aunque hubo de permanecer en cama dos años más. Retomó la vida conventual, con otras 180 monjas, en abril de 1542. Teresa atribuyó esta mejoría a la intercesión de San José. Ya repuesta, empezó a instruir a un grupo de religiosas de la Encarnación en la vida de oración y a planear la reforma de la orden carmelitana para devolverle el antiguo rigor[16]. Teresa salió del convento durante una temporada para ir a cuidar de su padre, que estaba muy enfermo, y que falleció el 24 de diciembre de 1543. Su hermana Juana, que tenía 15 años, se alojó con ella un tiempo tras la muerte de su padre.
En 1558 tuvo su primera visión[17] del infierno. El 29 de junio de 1559, mientras estaba rezando, tuvo la sensación de que Cristo estaba a su derecha y le hablaba. En abril de 1560 se produjo la Transverberación[18]. En las investigaciones previas al proceso de beatificación (1595), se recogieron varios testimonios de que Teresa levitaba en el curso de algunos de sus estados místicos. Concretamente se cita uno en el que la levitación duró media hora. Sus visiones se sucedieron ininterrumpidamente entre 1559 y 1561.
En 1559, el pánico ante la infiltración erasmista y protestante llevó la Santa Inquisición a tomar medidas drásticas contra los “espirituales”, especialmente contra las mujeres[19]. En el caso de Teresa de Jesús, saber leer y escribir la convertía en mujer sospechosa, por privilegiada[20]. Teresa escribía sabiendo que su obra debía ser revisada y aprobada por un censor eclesiástico. Escribía desde su experiencia concreta, sin abstracciones. Su maestría y la novedad de las soluciones que aportó a la expresión escrita la convirtieron en “creadora” de la lengua, pues concibió un sistema nuevo y lo presentó con enorme sencillez.
Para ayudar a sus religiosas a la realización de su ideal de vida religiosa escribió varios libros[21]. La vida[22] (escrito entre 1562 y 1565) abarca desde su infancia hasta la fundación del primer convento reformado, San José de Ávila, en 1562. Menciona su gran afición a la lectura y en concreto, a la de vidas de santos. La obra fue muy solicitada por conventos y académicos. En 1587, Fray Luis de León la tituló: La vida de la Madre Teresa de Jesús y algunas de las mercedes que Dios le hizo, escrita por ella misma por mandado de su confesor, a quien envía y dirige.
Hay que subrayar también el Libro de las fundaciones (iniciado en 1573 y publicado en 1610) y sus casi quinientas Cartas[23]. Asimismo, entre sus textos más trascendentes y conocidos se halla Camino de perfección, escrito entre 1564 y 1567 para las monjas carmelitas del Monasterio de San José en Ávila. En la primera parte aconseja sobre cómo progresar en la vida contemplativa, con especial referencia a la pobreza, el amor al prójimo, la humildad y la oración. En la segunda reflexiona sobre las palabras del Padrenuestro.
Tras varios años de reflexión, en septiembre de 1560 Teresa decidió reformar la Orden del Carmen para volver a la austeridad, la pobreza y la clausura[24]. Ese mismo año, Teresa se dirigió al provincial de los carmelitas, Ángel de Salazar, quien dio su aprobación a la reforma.
En abril de 1561, el nuevo director del colegio de los jesuitas, Gaspar de Salazar, animó a Teresa. Consultaron al papa Pío IV[25], y éste les hizo llegar un breve pontificio en agosto de 1561 y otro más capacitante de 7 de febrero de 1562, lo que impulsó el nacimiento de la Orden de las Carmelitas Descalzas. La reforma suponía cambios profundos. Como el exceso de monjas dentro de un convento era un inconveniente para la vida contemplativa, quiso organizar comunidades de pocos miembros. Las monjas, incluida la fundadora, dormirían sobre un jergón de paja, llevarían sandalias de cuero o madera, ayunarían durante ocho meses del año y no comerían carne.
Su ideal de reforma de la orden se concretó en 1562 con la fundación[26] del convento de San José[27]. A partir de entonces, Teresa de Ahumada cambió su nombre por Teresa de Jesús, cuya vida se complejizó: la dedicación a la contemplación y la oración se vio acompañada por una actividad extraordinaria para implantar la reforma carmelitana[28]. No había sido fácil llegar hasta ahí y no lo sería tampoco a partir de ahí.
El consejo municipal obstó: la ciudad ya tenía muchos conventos y no había recursos para otro más. El corregidor municipal intentó desalojar a las novicias, que se negaron, pues sólo respondían ante el obispo. El 30 de agosto, en una reunión del cabildo municipal, la municipalidad dijo que el Convento de San José era una amenaza para el orden público. El provisor del obispo leyó el breve del Papa autorizando la fundación. El dominico Domingo Báñez[29] defendió a las religiosas. Al día siguiente, el obispo asumió también la defensa de las religiosas. Entonces, el cabildo recurrió al Consejo de Estado, cuyos oidores se mostraron favorables a las carmelitas[30].
Teresa de Jesús redactó las Constituciones[31] (1563), que fueron aprobadas en 1565 por Pío IV y que establecían vida de oración y a la lectura de libros religiosos recomendados por Teresa en la celda[32], ayuno[33] y abstinencia de carne, renuncia de rentas y propiedades (comunales o particulares), práctica del silencio y trabajo como las labores cotidianas y la costura[34].
El 13 de julio de 1563, Teresa se «descalzó» y empezó a llevar alpargatas de cáñamo. Las demás religiosas hicieron lo mismo. Por eso pasaron a ser conocidas como carmelitas descalzas.
En marzo de 1567, el superior general de los carmelitas, Juan Bautista Rossi, visitó el Convento de San José, de las carmelitas descalzas, aunque dependía del obispo. La personalidad de Teresa le impresionó. El 27 de abril de 1567 le autorizó por escrito[35] a fundar otros conventos de carmelitas descalzas en Castilla que dependieran directamente del superior general, aunque debían tener la autorización del provincial del lugar. Como colofón, Teresa logró convencer a Rossi para que se fundasen también conventos masculinos. Y así fue: la reforma carmelita contó con una rama masculina en 1568, cuyo primer convento reformado se fundó en Duruelo gracias al impulso de San Juan de la Cruz y del padre Antonio de Heredia.
La obra religiosa de Teresa de Jesús tuvo que soportar innumerables críticas y denuncias, pero la santa salió con bien de todos los desafíos. Los miembros de la antigua observancia carmelita se oponían frontalmente a la creación de la Orden de las Descalzos[36]. Su culmen llegó en 1575, cuando apresaron a San Juan de la Cruz en Medina del Campo y denunciaron a los descalzos ante la Inquisición[37]. Algunos calzados calumniaron a Teresa y a Jerónimo de la Madre de Dios acusándolos de mantener relaciones personales[38]. Teresa acudió al rey Felipe II[39] , quien se hizo cargo del asunto. En diciembre de 1577, en Ávila, San Juan de la Cruz fue apresado por los calzados con permiso del nuncio y la colaboración de las autoridades civiles[40].
Felipe II deseaba la reforma y al tiempo rechazaba que se interviniese en los asuntos de España, así que el Rey pidió al Papa una provincia separada para los carmelitas descalzos y Gregorio XIII se la concedió con el breve de 22 de junio de 1580. Era la victoria final para Teresa de Jesús.
También su propio final estaba cerca. El 20 de septiembre de 1582 llegó enferma a Alba de Tormes. El 29, quedó postrada en la cama. El 2 de octubre confesó, comulgó y realizó unas recomendaciones a las carmelitas. A las nueve de la noche del 4 de octubre de 1582, recibió la extremaunción y murió[41].
El cuerpo no se embalsamó. El ataúd estuvo expuesto en el Convento de la Anunciación hasta la misa funeral, que se celebró el 15 de octubre. En julio de 1583, llegó el provincial, Jerónimo de la Madre de Dios. Exhumaron el cuerpo. Al abrir el ataúd descubrieron que el cuerpo estaba intacto, como si acabasen de enterrarlo.
En Ávila se interpretó como un milagro el agradable olor que desprendía el cuerpo de Teresa. El 1 de enero de 1586, los médicos lo examinaron y comprobaron que seguía desprendiendo un olor agradable y que, aunque habían pasado tres años, no había sufrido ninguna descomposición. Certificaron que aquello era un milagro, dado que el cuerpo no había sido embalsamado.
Blaise Pascal afirmó que Santa Teresa era admirable y grande sobre todo por «su profunda humildad en sus revelaciones». San Pío X la elogió en su carta Ex quo nostrae del 7 de marzo de 1914. Pío XII hizo lo mismo en 1951, como San Juan XXIII en 1961. San Pablo VI encumbró a Santa Teresa y a san Juan de la Cruz en 1965. San Juan Pablo II vino a España en 1982 para clausurar los actos conmemorativos del fallecimiento de Santa Teresa de Jesús. Todos ellos se volcaron en favor de la memoria de Santa Teresa de Jesús.
La frase de hoy es un poema[42] de Santa Teresa. En el Catecismo de la Iglesia Católica, aprobado por San Juan Pablo II en 1997, se cita reiteradamente a la Santa. En el punto 227 aparece uno de sus poemas:
Nada te turbe,
nada te espante,
todo se pasa,
Dios no se muda,
la paciencia
todo lo alcanza;
quien a Dios tiene
nada le falta.
Solo Dios basta.
Cordiales saludos
José-Ramón Ferrandis

Teresa de Jesús (Óleo de Rubens)
[1] Su obra descuella entre las ya extraordinarias del Siglo de Oro español.
[2] Ávila (1562), Medina del Campo (1575), Malagón (1568), Valladolid (1568), Toledo (1569), Pastrana (1569), Salamanca (1570), Alba de Tormes (1571), Segovia (1574), Sevilla, (1574), Beas de Segura (1575), Caravaca de la Cruz (1576), Villanueva de la Jara (1580), Palencia (1580), Soria (1581), Granada (1582) y Burgos (1582).
[3] El obispo de Salamanca, Jerónimo Manrique de Lara, comenzó las gestiones para su beatificación en 1591. El proceso de canonización se inició en 1604. Felipe II apoyó estas gestiones diplomáticamente.
[4] Por un claustro en el que se encontraba el entonces vicerrector Miguel de Unamuno.
[5] Hubo que esperar al 27 de septiembre de 1970. Entonces, San Pablo VI proclamó a Santa Teresa de Ávila como la primera Doctora de la Iglesia.
[6] La razón que se alegaba para ello era siempre la misma: “obstat sexus”. En román paladino, que su condición de mujer obraba en su contra.
[7] Se dice que descendiente de judíos conversos, Alonso Sánchez de Cepeda casó dos veces. En 1505, con Catalina del Peso y Henao, quien falleció en septiembre de 1507. El 14 de mayo de 1509, con Beatriz de Ahumada, con quien tuvo 10 hijos.
[8] Poseía algunos romanceros y libros de caballerías, a los que se aficionó Teresa con seis o siete años.
[9] En una sociedad analfabeta, sus padres la indujeron pronto a la lectura.
[10] Este texto resultó capital en la vida de Teresa de Jesús, como luego veremos.
[11] El libro que dejó tan indeleble huella en Teresa (y en su hermanito Rodrigo) era el Flos Sanctorum, que relataba la vida de Cristo y de muchos santos. “Espantábanos mucho el decir que pena y gloria eran para siempre… Gustábanos de decir muchas veces: ¡para siempre, siempre, siempre!”.
[12] Este convento de carmelitas de Ávila fue fundado en 1512 por Beatriz Higuera. Teresa se decidió por ese convento porque allí tenía buenas amigas, como Juana Suárez.
[13] Los carmelitas son una orden religiosa de vida contemplativa fundada a mediados del Siglo XII por ermitaños en la Capilla de Santa María del Monte Carmelo (Tierra Santa).
[14] Horas después, Alonso Sánchez de Cepeda logró traer de vuelta a casa a su hijo Juan.
[15] Pusieron un espejo junto a su boca, sin que apareciera vaho. Cerraron sus ojos con cera para evitar que se entreabrieran tras la muerte.
[16] La vida en el convento no era rigurosa en el apartamiento del mundo. Las habitaciones eran bastante grandes y se podían hospedar familiares visitantes. Las monjas podían salir del convento (con permiso de la superiora) y pasar temporadas fuera con familiares.
[17] Se expresaban muchos juicios severos contra la monja “visionaria”. La consideraban endemoniada.
[18] La transverberación es una experiencia mística o fenómeno en el cual la persona que logra una unión íntima con Dios siente traspasado el corazón por un fuego sobrenatural.
[19] Teresa de Jesús rechazaba la posibilidad de que considerasen sus visiones y arrobamientos como “cosas de mujercillas que siempre las había aborrecido oír”.
[20] Además de ser mujer y mística, la ascendencia judeoconversa de Teresa era un factor negativo adicional.
[21] Entre los que destacan Las moradas o el castillo interior y Camino de perfección. Las moradas o El castillo interior (1577) es una guía para el desarrollo espiritual a través del servicio y la oración. La obra se concibe como el progreso de la fe en siete etapas, que concluye con la unión con Dios.
[22] El Libro La Vida es “el más sobrecogedor de sus escritos, la más intensa revelación de un alma con que cuentan nuestras letras” (Fernando Lázaro Carreter).
[23] Consta la existencia de 470 cartas de santa Teresa. De estas, 245 son autógrafas y el resto, copias consideradas fiables. La primera carta como tal es del 23 de diciembre de 1561, dirigida a su hermano Lorenzo, que estaba en Quito. La última carta es del 15 de septiembre de 1582. Sorprendentemente, en 2018 se hallaron dos cartas inéditas enviadas a Jerónimo de la Madre de Dios.
[24] Observando las reglas originales de la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo, redactadas por San Alberto de Jerusalén en 1226 y aprobadas por Honorio III, aunque mitigadas en 1247 por Inocencio IV y en 1432 por Eugenio IV.
[25] El apoyo de Francisco de Borja, llamado a Roma por el Papa, fue fundamental.
[26] “Fundar” significa para Teresa crear un efecto apostólico, constituir conventos de mujeres orantes.
[27] El Convento de San José se abrió el 24 de agosto de 1562.
[28] Su presencia en el locutorio era constante, pues atraía las visitas de quienes dejaban buenas limosnas.
[29] Teresa conoció en 1562 al dominico Domingo Báñez, catedrático de Teología en la Universidad de Salamanca. Fue su confesor hasta 1568 y le asesoró en diversas materias durante toda la vida.
[30] Véase el temple de Teresa: para salvar las apariencias ante la derrota, el cabildo dijo que mientras contasen con ingresos fijos, el nuevo convento no les importaba. Entonces, Teresa escribió a Roma para pedir un prescripto que autorizase al convento a no tener renta, cosa que obtuvo el 5 de diciembre. Teresa era inagotable y simultaneaba capacidades místicas y administrativas.
[31] En ellas se preocupó de indicar lo siguiente: “Tenga en cuenta la priora con que haya buenos libros, en especial Cartujanos, Flos Sanctorum, Contemptus Mundi [Desprecio del Mundo], Oratorio de Religiosos, los de fray Luis de Granada, y del padre fray Pedro de Alcántara, porque en parte es tan necesario este mantenimiento para el alma, como el comer para el cuerpo”.
[32] Una innovación fueron las ermitas dentro del propio convento, que podían ser pequeñas construcciones en el jardín o áreas en el interior. La monja podía ir voluntariamente a meditar y a rezar durante un rato.
[33] El ayuno consistía en hacer una sola comida fuerte al día, salvo los domingos y para las religiosas que argumentasen problemas de salud.
[34] Otra innovación fueron los momentos de recreo. Para Teresa era importante que las monjas estuviesen alegres.
[35] Con esa patente, (Ávila, de 27 abril 1567), la madre Teresa llevó a cabo una intensa labor fundacional.
[36] Los propios descalzos traicionaban su propia obra con informes negativos y falsarios.
[37] En 1575 un tribunal de la Inquisición de Valladolid investigó a Teresa por sus visiones, pues se habían dado casos de farsantes.
[38] También insinuaron que Teresa había tenido hijos, que había conseguido esconder y enviar a América.
[39] El cual amonestó al nuncio Felipe Sega (quien, para intentar acabar con la reforma, desterró a los principales descalzos y confinó en Toledo a Teresa) instándole a “defender la virtud”.
[40] Se practicaron todo tipo de trampas para hacer descarrilar a los descalzos: denuncias ante la Santa Inquisición por heterodoxia, prohibición a dejar marchar a jesuitas que querían ser carmelitas descalzos, dominicos de la propia Inquisición acusando de heterodoxia; agustinos y simples canónigos imputando herejía, nuncios enfrentándose entre sí… Ya lo decía Santa Teresa: “Son tiempos recios”.
[41] Al día siguiente, el calendario juliano fue sustituido por el calendario gregoriano, por lo que al día de su muerte le sucedió el 15 de octubre.
[42] Se han conservado unos treinta poemas de Santa Teresa de Jesús.