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Carta de los martes de 4 de octubre de 2022

por | 4 Oct 2022 | Carta de los martes

Carta de los martes del 4 de octubre de 2022

Queridos amigos:

El 4 de octubre de 1582 murió en Alba de Tormes Teresa de Cepeda y Ahumada, o por mejor decir, Santa Teresa de Jesús o de Ávila, como también se la conoce. Había nacido en 1515 en Gotarrendura (Ávila). Fue una religiosa y escritora[1] mística española, ámbito en el que es considerada su mayor exponente. Se la tiene por un referente de la vida espiritual de la Iglesia Católica. Reformó la Orden del Carmen, para la que fundó 17 conventos[2].

Fue beatificada por Paulo V en 1614 y canonizada por Gregorio XV en 1622[3]. El 4 de marzo de 1922 fue nombrada como primera Doctora honoris causa de la Universidad de Salamanca[4]. El 18 de septiembre de 1965, por medio del breve Lumen Hispaniae, San Pablo VI la declaró patrona de los escritores católicos de España. En 1970 fue proclamada Doctora de la Iglesia, siendo la primera mujer que recibía esta distinción[5].

La Iglesia católica, como institución, era renuente a reconocer oficialmente el magisterio de la vida espiritual de santa Teresa de Jesús, así como su doctorado en el seno de la Iglesia. Se intentó reiteradas veces, sin éxito. La penúltima había tenido lugar en 1923[6].

El 24 de octubre de 1617, las Cortes de Castilla decidieron nombrar a Teresa patrona de todos los reinos de España. Felipe III lo sancionó el 4 de agosto de 1618. Compartió el patronazgo de España con el apóstol Santiago el Mayor. El 28 de junio de 1812, las Cortes de Cádiz nombraron santos patrones de España a Santiago y a Santa Teresa.

Por Real Orden de Alfonso XIII de 22 de julio de 1915, se estableció que Santa Teresa fuese patrona del Cuerpo de Intendencia Militar. Se hizo así porque los integrantes de ese cuerpo de la milicia se formaban en Ávila. También – y no es poco – por las cualidades organizativas, de austeridad y de prudencia que reunía en su persona la Santa patrona, sin menoscabo de lo dicho anteriormente.

Empecemos por el principio, como suele ser lógico. Teresa era hija de Alonso Sánchez de Cepeda[7] y de Beatriz de Ahumada, ésta procedente de una noble familia abulense. En sus obras autobiográficas se puede seguir su vida y, sobre todo, su evolución espiritual.

Según relata la propia Teresa en los escritos destinados a su confesor y reunidos en el libro Vida de santa Teresa de Jesús, desde su infancia se mostró imaginativa y apasionada. Su padre era hombre de fe, ilustrado y amante de la lectura[8], costumbres que transmitió[9] a sus hijos. Entre sus libros se hallaban Retablo de la vida de Cristo (Juan de Padilla, el Cartujano, 1505), las poesías religiosas de Fernán Pérez de Guzmán y un libro titulado Siete. El tío de Teresa, al que ella visitaba a menudo, tenía los mismos gustos y prestó a Teresa libros de contemplación religiosa como el Tercer abecedario espiritual[10](Francisco de Osuna, 1527). Teresa meditaba mucho sobre que tanto el infierno como el paraíso fuesen para toda la eternidad[11]. El fuerte ambiente religioso en el que Teresa creció posibilitó su sensibilidad por lo trascendente desde su infancia.

Teresa de Ávila no asistió a escuela alguna, pues la enseñanza estaba reservada a los varones. Disfrutaba las diversiones propias de su edad, como paseos y fiestas familiares o locales. Su familia jugaba al ajedrez. Todos los testimonios coinciden en que era una mujer muy atractiva, elocuente y expresiva.

Cuando tenía trece o catorce años (en noviembre de 1528 o en 1529), su madre falleció. En 1531, Alonso Sánchez la internó como pupila en el convento de monjas agustinas de Santa María de Gracia, pero en 1532 tuvo que volver a su casa, aquejada de una grave enfermedad. Durante tres años fue ama de casa. Informó a su padre de su voluntad de ser monja. Su padre contestó que se opondría mientras viviera. Determinada como estaba a profesar como carmelita, el 2 de noviembre de 1535, Teresa entró como postulanta en el Convento de la Encarnación[12], de la Orden carmelita[13] (Ávila). Al tiempo, su hermano Juan se fue a un convento dominico[14]. Teresa comenzó su noviciado el 2 de noviembre de 1536 y profesó como monja el 3 de noviembre de 1537.

Al poco de entrar al convento, enfermó gravemente. Durante su primer año experimentó desmayos, una cardiopatía inespecífica y molestias de diverso orden. Los médicos de Ávila no acertaban a curar a Teresa. En otoño de 1538, Alonso Sánchez la llevó a una curandera dizque prodigiosa en Becedas (Ávila). Hicieron alto en Ortigosa, donde su tío, Pedro de Cepeda, le obsequió con el mencionado Tercer abecedario espiritual, que enseñaba la oración de recogimiento y que impactó en el ánimo de Teresa. Cuando supieron que la curandera no atendía en invierno, porque necesitaba plantas primaverales, dispuso de un semestre de libertad espiritual fuera de la disciplina del convento, lo que la convenció de que la oración debía prepararse según cada persona y sus necesidades.

Llegado el momento, la curandera aplicó un tratamiento de más de un mes que hizo empeorar la salud de Teresa. No era capaz de tenerse en pie ni de comer algo sólido. En julio de 1539, su padre la llevó de nuevo a los médicos de la ciudad, sin resultado. El 15 de agosto de 1539, día de la Asunción de María, Teresa sufrió un ataque repentino y violento, con convulsiones y pérdida de conocimiento. Le dieron la extremaunción y pensaron que había muerto[15]. Oficiaron una misa de difuntos en su honor y cavaron su tumba. Empero, su padre decidió esperar antes de enterrarla. Dos días después, en presencia de su hermano Lorenzo, Teresa recuperó el conocimiento. Salía de un coma profundo de cuatro días.

Esta experiencia la dejaría marcada para toda su vida, tanto en lo físico (padeció constantemente de catarros, migrañas, fiebre, dolores de garganta y molestias en corazón, estómago, hígado y riñones) como en lo psíquico; en sus propias palabras, desarrolló un gran miedo a la muerte. Su consagración a Dios fue tan radical que cambió las oraciones sencillas que rezaba antes de su entrada en la Orden por una oración sistemática que seguía la técnica de los maestros de aquel tiempo. Aprendió a confiar ilimitadamente en Dios y empezó a practicar el método de oración conocido por “recogimiento”, expuesto por Francisco de Osuna. Empezó a experimentar visiones, que se sucedieron a lo largo de su vida.

A finales de agosto de 1539 solicitó volver al convento, en cuya enfermería residió. A partir de la Pascua de Resurrección de 1540 empezó a mejorar, aunque hubo de permanecer en cama dos años más. Retomó la vida conventual, con otras 180 monjas, en abril de 1542. Teresa atribuyó esta mejoría a la intercesión de San José. Ya repuesta, empezó a instruir a un grupo de religiosas de la Encarnación en la vida de oración y a planear la reforma de la orden carmelitana para devolverle el antiguo rigor[16]. Teresa salió del convento durante una temporada para ir a cuidar de su padre, que estaba muy enfermo, y que falleció el 24 de diciembre de 1543. Su hermana Juana, que tenía 15 años, se alojó con ella un tiempo tras la muerte de su padre.

En 1558 tuvo su primera visión[17] del infierno. El 29 de junio de 1559, mientras estaba rezando, tuvo la sensación de que Cristo estaba a su derecha y le hablaba. En abril de 1560 se produjo la Transverberación[18]. En las investigaciones previas al proceso de beatificación (1595), se recogieron varios testimonios de que Teresa levitaba en el curso de algunos de sus estados místicos. Concretamente se cita uno en el que la levitación duró media hora. Sus visiones se sucedieron ininterrumpidamente entre 1559 y 1561.

En 1559, el pánico ante la infiltración erasmista y protestante llevó la Santa Inquisición a tomar medidas drásticas contra los “espirituales”, especialmente contra las mujeres[19]. En el caso de Teresa de Jesús, saber leer y escribir la convertía en mujer sospechosa, por privilegiada[20]. Teresa escribía sabiendo que su obra debía ser revisada y aprobada por un censor eclesiástico. Escribía desde su experiencia concreta, sin abstracciones. Su maestría y la novedad de las soluciones que aportó a la expresión escrita la convirtieron en “creadora” de la lengua, pues concibió un sistema nuevo y lo presentó con enorme sencillez.

Para ayudar a sus religiosas a la realización de su ideal de vida religiosa escribió varios libros[21]. La vida[22] (escrito entre 1562 y 1565) abarca desde su infancia hasta la fundación del primer convento reformado, San José de Ávila, en 1562. Menciona su gran afición a la lectura y en concreto, a la de vidas de santos. La obra fue muy solicitada por conventos y académicos. En 1587, Fray Luis de León la tituló: La vida de la Madre Teresa de Jesús y algunas de las mercedes que Dios le hizo, escrita por ella misma por mandado de su confesor, a quien envía y dirige.

Hay que subrayar también el Libro de las fundaciones (iniciado en 1573 y publicado en 1610) y sus casi quinientas Cartas[23]. Asimismo, entre sus textos más trascendentes y conocidos se halla Camino de perfección, escrito entre 1564 y 1567 para las monjas carmelitas del Monasterio de San José en Ávila. En la primera parte aconseja sobre cómo progresar en la vida contemplativa, con especial referencia a la pobreza, el amor al prójimo, la humildad y la oración. En la segunda reflexiona sobre las palabras del Padrenuestro.

Tras varios años de reflexión, en septiembre de 1560 Teresa decidió reformar la Orden del Carmen para volver a la austeridad, la pobreza y la clausura[24]. Ese mismo año, Teresa se dirigió al provincial de los carmelitas, Ángel de Salazar, quien dio su aprobación a la reforma.

En abril de 1561, el nuevo director del colegio de los jesuitas, Gaspar de Salazar, animó a Teresa. Consultaron al papa Pío IV[25], y éste les hizo llegar un breve pontificio en agosto de 1561 y otro más capacitante de 7 de febrero de 1562, lo que impulsó el nacimiento de la Orden de las Carmelitas Descalzas. La reforma suponía cambios profundos. Como el exceso de monjas dentro de un convento era un inconveniente para la vida contemplativa, quiso organizar comunidades de pocos miembros. Las monjas, incluida la fundadora, dormirían sobre un jergón de paja, llevarían sandalias de cuero o madera, ayunarían durante ocho meses del año y no comerían carne.

Su ideal de reforma de la orden se concretó en 1562 con la fundación[26] del convento de San José[27]. A partir de entonces, Teresa de Ahumada cambió su nombre por Teresa de Jesús, cuya vida se complejizó: la dedicación a la contemplación y la oración se vio acompañada por una actividad extraordinaria para implantar la reforma carmelitana[28]. No había sido fácil llegar hasta ahí y no lo sería tampoco a partir de ahí.

El consejo municipal obstó: la ciudad ya tenía muchos conventos y no había recursos para otro más. El corregidor municipal intentó desalojar a las novicias, que se negaron, pues sólo respondían ante el obispo. El 30 de agosto, en una reunión del cabildo municipal, la municipalidad dijo que el Convento de San José era una amenaza para el orden público. El provisor del obispo leyó el breve del Papa autorizando la fundación. El dominico Domingo Báñez[29] defendió a las religiosas. Al día siguiente, el obispo asumió también la defensa de las religiosas. Entonces, el cabildo recurrió al Consejo de Estado, cuyos oidores se mostraron favorables a las carmelitas[30].

Teresa de Jesús redactó las Constituciones[31] (1563), que fueron aprobadas en 1565 por Pío IV y que establecían vida de oración y a la lectura de libros religiosos recomendados por Teresa en la celda[32], ayuno[33] y abstinencia de carne, renuncia de rentas y propiedades (comunales o particulares), práctica del silencio y trabajo como las labores cotidianas y la costura[34].

El 13 de julio de 1563, Teresa se «descalzó» y empezó a llevar alpargatas de cáñamo. Las demás religiosas hicieron lo mismo. Por eso pasaron a ser conocidas como carmelitas descalzas.

En marzo de 1567, el superior general de los carmelitas, Juan Bautista Rossi, visitó el Convento de San José, de las carmelitas descalzas, aunque dependía del obispo. La personalidad de Teresa le impresionó. El 27 de abril de 1567 le autorizó por escrito[35] a fundar otros conventos de carmelitas descalzas en Castilla que dependieran directamente del superior general, aunque debían tener la autorización del provincial del lugar. Como colofón, Teresa logró convencer a Rossi para que se fundasen también conventos masculinos. Y así fue: la reforma carmelita contó con una rama masculina en 1568, cuyo primer convento reformado se fundó en Duruelo gracias al impulso de San Juan de la Cruz y del padre Antonio de Heredia.

La obra religiosa de Teresa de Jesús tuvo que soportar innumerables críticas y denuncias, pero la santa salió con bien de todos los desafíos. Los miembros de la antigua observancia carmelita se oponían frontalmente a la creación de la Orden de las Descalzos[36]. Su culmen llegó en 1575, cuando apresaron a San Juan de la Cruz en Medina del Campo y denunciaron a los descalzos ante la Inquisición[37]. Algunos calzados calumniaron a Teresa y a Jerónimo de la Madre de Dios acusándolos de mantener relaciones personales[38]. Teresa acudió al rey Felipe II[39] , quien se hizo cargo del asunto. En diciembre de 1577, en Ávila, San Juan de la Cruz fue apresado por los calzados con permiso del nuncio y la colaboración de las autoridades civiles[40].

Felipe II deseaba la reforma y al tiempo rechazaba que se interviniese en los asuntos de España, así que el Rey pidió al Papa una provincia separada para los carmelitas descalzos y Gregorio XIII se la concedió con el breve de 22 de junio de 1580. Era la victoria final para Teresa de Jesús.

También su propio final estaba cerca. El 20 de septiembre de 1582 llegó enferma a Alba de Tormes. El 29, quedó postrada en la cama. El 2 de octubre confesó, comulgó y realizó unas recomendaciones a las carmelitas. A las nueve de la noche del 4 de octubre de 1582, recibió la extremaunción y murió[41].

El cuerpo no se embalsamó. El ataúd estuvo expuesto en el Convento de la Anunciación hasta la misa funeral, que se celebró el 15 de octubre. En julio de 1583, llegó el provincial, Jerónimo de la Madre de Dios. Exhumaron el cuerpo. Al abrir el ataúd descubrieron que el cuerpo estaba intacto, como si acabasen de enterrarlo.

En Ávila se interpretó como un milagro el agradable olor que desprendía el cuerpo de Teresa. El 1 de enero de 1586, los médicos lo examinaron y comprobaron que seguía desprendiendo un olor agradable y que, aunque habían pasado tres años, no había sufrido ninguna descomposición. Certificaron que aquello era un milagro, dado que el cuerpo no había sido embalsamado.

Blaise Pascal afirmó que Santa Teresa era admirable y grande sobre todo por «su profunda humildad en sus revelaciones». San Pío X la elogió en su carta Ex quo nostrae del 7 de marzo de 1914. Pío XII hizo lo mismo en 1951, como San Juan XXIII en 1961. San Pablo VI encumbró a Santa Teresa y a san Juan de la Cruz en 1965. San Juan Pablo II vino a España en 1982 para clausurar los actos conmemorativos del fallecimiento de Santa Teresa de Jesús. Todos ellos se volcaron en favor de la memoria de Santa Teresa de Jesús.

La frase de hoy es un poema[42] de Santa Teresa. En el Catecismo de la Iglesia Católica, aprobado por San Juan Pablo II en 1997, se cita reiteradamente a la Santa. En el punto 227 aparece uno de sus poemas:

Nada te turbe,

nada te espante,

todo se pasa,

Dios no se muda,

la paciencia

todo lo alcanza;

quien a Dios tiene

nada le falta.

Solo Dios basta.

 

Cordiales saludos

José-Ramón Ferrandis

Teresa de Jesús (Óleo de Rubens)

[1] Su obra descuella entre las ya extraordinarias del Siglo de Oro español.

[2] Ávila (1562), Medina del Campo (1575), Malagón (1568), Valladolid (1568), Toledo (1569), Pastrana (1569), Salamanca (1570), Alba de Tormes (1571), Segovia (1574), Sevilla, (1574), Beas de Segura (1575), Caravaca de la Cruz (1576), Villanueva de la Jara (1580), Palencia (1580), Soria (1581), Granada (1582) y Burgos (1582).

[3] El obispo de Salamanca, Jerónimo Manrique de Lara, comenzó las gestiones para su beatificación en 1591. El proceso de canonización se inició en 1604. Felipe II apoyó estas gestiones diplomáticamente.

[4] Por un claustro en el que se encontraba el entonces vicerrector Miguel de Unamuno.

[5] Hubo que esperar al 27 de septiembre de 1970. Entonces, San Pablo VI proclamó a Santa Teresa de Ávila como la primera Doctora de la Iglesia.

[6] La razón que se alegaba para ello era siempre la misma: “obstat sexus”. En román paladino, que su condición de mujer obraba en su contra.

[7] Se dice que descendiente de judíos conversos, Alonso Sánchez de Cepeda casó dos veces. En 1505, con Catalina del Peso y Henao, quien falleció en septiembre de 1507. El 14 de mayo de 1509, con Beatriz de Ahumada, con quien tuvo 10 hijos.

[8] Poseía algunos romanceros y libros de caballerías, a los que se aficionó Teresa con seis o siete años.

[9] En una sociedad analfabeta, sus padres la indujeron pronto a la lectura.

[10] Este texto resultó capital en la vida de Teresa de Jesús, como luego veremos.

[11] El libro que dejó tan indeleble huella en Teresa (y en su hermanito Rodrigo) era el Flos Sanctorum, que relataba la vida de Cristo y de muchos santos. “Espantábanos mucho el decir que pena y gloria eran para siempre… Gustábanos de decir muchas veces: ¡para siempre, siempre, siempre!”.

[12] Este convento de carmelitas de Ávila fue fundado en 1512 por Beatriz Higuera. Teresa se decidió por ese convento porque allí tenía buenas amigas, como Juana Suárez.

[13] Los carmelitas son una orden religiosa de vida contemplativa fundada a mediados del Siglo XII por ermitaños en la Capilla de Santa María del Monte Carmelo (Tierra Santa).

[14] Horas después, Alonso Sánchez de Cepeda logró traer de vuelta a casa a su hijo Juan.

[15] Pusieron un espejo junto a su boca, sin que apareciera vaho. Cerraron sus ojos con cera para evitar que se entreabrieran tras la muerte.

[16] La vida en el convento no era rigurosa en el apartamiento del mundo. Las habitaciones eran bastante grandes y se podían hospedar familiares visitantes. Las monjas podían salir del convento (con permiso de la superiora) y pasar temporadas fuera con familiares.

[17] Se expresaban muchos juicios severos contra la monja “visionaria”. La consideraban endemoniada.

[18] La transverberación es una experiencia mística o fenómeno en el cual la persona que logra una unión íntima con Dios siente traspasado el corazón por un fuego sobrenatural.

[19] Teresa de Jesús rechazaba la posibilidad de que considerasen sus visiones y arrobamientos como “cosas de mujercillas que siempre las había aborrecido oír”.

[20] Además de ser mujer y mística, la ascendencia judeoconversa de Teresa era un factor negativo adicional.

[21] Entre los que destacan Las moradas o el castillo interior y Camino de perfección. Las moradas o El castillo interior (1577) es una guía para el desarrollo espiritual a través del servicio y la oración. La obra se concibe como el progreso de la fe en siete etapas, que concluye con la unión con Dios.

[22] El Libro La Vida es “el más sobrecogedor de sus escritos, la más intensa revelación de un alma con que cuentan nuestras letras” (Fernando Lázaro Carreter).

[23] Consta la existencia de 470 cartas de santa Teresa. De estas, 245 son autógrafas y el resto, copias consideradas fiables. La primera carta como tal es del 23 de diciembre de 1561, dirigida a su hermano Lorenzo, que estaba en Quito. La última carta es del 15 de septiembre de 1582. Sorprendentemente, en 2018 se hallaron dos cartas inéditas enviadas a Jerónimo de la Madre de Dios.

[24] Observando las reglas originales de la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo, redactadas por San Alberto de Jerusalén en 1226 y aprobadas por Honorio III, aunque mitigadas en 1247 por Inocencio IV y en 1432 por Eugenio IV.

[25] El apoyo de Francisco de Borja, llamado a Roma por el Papa, fue fundamental.

[26] “Fundar” significa para Teresa crear un efecto apostólico, constituir conventos de mujeres orantes.

[27] El Convento de San José se abrió el 24 de agosto de 1562.

[28] Su presencia en el locutorio era constante, pues atraía las visitas de quienes dejaban buenas limosnas.

[29] Teresa conoció en 1562 al dominico Domingo Báñez, catedrático de Teología en la Universidad de Salamanca. Fue su confesor hasta 1568 y le asesoró en diversas materias durante toda la vida.

[30] Véase el temple de Teresa: para salvar las apariencias ante la derrota, el cabildo dijo que mientras contasen con ingresos fijos, el nuevo convento no les importaba. Entonces, Teresa escribió a Roma para pedir un prescripto que autorizase al convento a no tener renta, cosa que obtuvo el 5 de diciembre. Teresa era inagotable y simultaneaba capacidades místicas y administrativas.

[31] En ellas se preocupó de indicar lo siguiente: “Tenga en cuenta la priora con que haya buenos libros, en especial Cartujanos, Flos Sanctorum, Contemptus Mundi [Desprecio del Mundo], Oratorio de Religiosos, los de fray Luis de Granada, y del padre fray Pedro de Alcántara, porque en parte es tan necesario este mantenimiento para el alma, como el comer para el cuerpo”.

[32] Una innovación fueron las ermitas dentro del propio convento, que podían ser pequeñas construcciones en el jardín o áreas en el interior. La monja podía ir voluntariamente a meditar y a rezar durante un rato.

[33] El ayuno consistía en hacer una sola comida fuerte al día, salvo los domingos y para las religiosas que argumentasen problemas de salud.

[34] Otra innovación fueron los momentos de recreo. Para Teresa era importante que las monjas estuviesen alegres.

[35] Con esa patente, (Ávila, de 27 abril 1567), la madre Teresa llevó a cabo una intensa labor fundacional.

[36] Los propios descalzos traicionaban su propia obra con informes negativos y falsarios.

[37] En 1575 un tribunal de la Inquisición de Valladolid investigó a Teresa por sus visiones, pues se habían dado casos de farsantes.

[38] También insinuaron que Teresa había tenido hijos, que había conseguido esconder y enviar a América.

[39] El cual amonestó al nuncio Felipe Sega (quien, para intentar acabar con la reforma, desterró a los principales descalzos y confinó en Toledo a Teresa) instándole a “defender la virtud”.

[40] Se practicaron todo tipo de trampas para hacer descarrilar a los descalzos: denuncias ante la Santa Inquisición por heterodoxia, prohibición a dejar marchar a jesuitas que querían ser carmelitas descalzos, dominicos de la propia Inquisición acusando de heterodoxia; agustinos y simples canónigos imputando herejía, nuncios enfrentándose entre sí… Ya lo decía Santa Teresa: “Son tiempos recios”.

[41] Al día siguiente, el calendario juliano fue sustituido por el calendario gregoriano, por lo que al día de su muerte le sucedió el 15 de octubre.

[42] Se han conservado unos treinta poemas de Santa Teresa de Jesús.

Autor del artículo

<a href="https://joseramonferrandis.es" target="_blank">José-Ramón Ferrandis</a>

José-Ramón Ferrandis

Nacido en Valencia (España) en 1951. Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense. Técnico Comercial y Economista del Estado. Salvo posiciones en Madrid, destinado sucesivamente en Ceuta (España), Moscú (URSS), Washington (EE. UU.), Moscú (Rusia) y Riad (Arabia Saudita). Profesor de Análisis Riesgo País, Análisis de tendencias y Mercados internacionales. Analista. Escritor (Globalización y Generación de Riqueza, África es así, Crimen de Estado). Áreas de especialización referidas a su trayectoria. Con el blog espera poder compartir experiencias y divulgar análisis sobre asuntos de interés general, empezando por el clima y terminando por la Geopolítica; sin dejar de lado la situación de España. Lo completará publicando semanalmente la Carta de los martes, que tiene 4 años de existencia.