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JRF

Un blog reaccionario

«Verum, Bonum, Pulchrum»

El flagelo de la censura social[1]

En un reciente estudio[2] publicado en The Proceedings of the National Academy of Sciences, se afirma que tanto la autocensura como la censura del entorno social (referido a los colegas del censurado) son fenómenos muy habituales, así en la Universidad como en el área de la investigación científica, y que van a peor. Los datos son de los EE. UU.

La situación es similar en el seno de las más prestigiosas instituciones. Veamos el caso de Lennart Bengtsson, que se remonta al 30 de abril de 2014, es decir, que ya ha llovido[3].

El profesor Lennart Bengtsson fue jefe de investigación en el European Centre for Medium-Range Weather Forecasts. Ascendió a la dirección del centro, donde permaneció hasta 1990. De ahí pasó a ser director del Max Planck Institute for Meteorology (Hamburgo). Se le han concedido muchos premios, como la Milutin Milankovic Medal (1996), el René Descartes Prize for Collaborative Research (2005) o el 51º International Meteorological Organization Prize de la World Meteorological Organization (2006). En 2009 fue nombrado miembro honorario de la Royal Meteorological Society en reconocimiento de su contribución a la Meteorología.

Bueno, pues ese 30 de abril de 2014, Bengtsson se unió a la Global Warming Policy Foundation (GWPF), reputada de escéptica en materia climatológica. ¡Nunca lo hubiera hecho! Los biempensantes de izquierdas, progresistas varios y calentólogos todos se lanzaron sobre él de manera desaforada, como acostumbran. No ponían en duda su cualificación técnica (no podían; cuando creen que pueden, lo hacen), pero le atacaron con saña.

Quince días después, Bengtsson dimitió como miembro de la GWPF. La breve carta mediante la cual renunciaba es muy reveladora. Está aquí[4] en su totalidad, pero me permitiré extraer algunas frases.

“Se me ha puesto bajo tan enorme presión de grupo en los últimos días desde todas partes, que no puedo soportarlo. Si esto sigue así, seré incapaz de hacer mi trabajo y empezaré incluso a preocuparme por mi salud y mi seguridad. No veo otra salida que dimitir del GWPF … Hay colegas que me han retirado su apoyo y otros se niegan a hacer trabajos conjuntos … . No veo límites ni final a lo que está pasando. Es una situación que me recuerda a la época de McCarthy …”[5].

En la respuesta del presidente del Consejo Asesor del GWPF, David Henderson, asimismo breve, destaca este párrafo: “Las reacciones que menciona, que le han obligado a reconsiderar la decisión de unirse a nosotros, revelan un grado de intolerancia y un rechazo del principio de investigación científica abierta que son verdaderamente impactantes. Se evidencia así una situación para cuyo remedio fue creada la Global Warming Policy Foundation”.[6]

Llovía sobre mojado. A primeros de 2014, Bengtsson presentó un estudio en el cual sugería que el calentamiento esperado no iba probablemente a ser tan malo como se decía. La publicación Environmental Research Letters lo rechazó asegurando que sus hallazgos “eran de poca ayuda”. El encargado de la revisión añadió: “en realidad, el estudio es dañino, porque abre la puerta a reclamaciones de errores (y cosas peores) demasiado simplificadas por parte de los medios escépticos.” Cuando Bengtsson y otros, como el meteorólogo Hans von Storch, denunciaron el rechazo como escandaloso, el editor echó un cable al revisor diciendo entonces que el estudio “no estaba a la altura de las altas exigencias de la revista”.

Pura bazofia. O más bien, censura social.

La censura social es una variante de censura en la que los trabajos se rechazan y a las personas se las margina (ahora dicen que se dice “cancela”. Ni caso) NO porque su trabajo sea subestándar o defectuoso, sino porque amenaza con zapar una ideología o el concepto de seguridad y armonía de la sociedad según grupos dominantes. Por supuesto, esta censura se disfraza de defensa social ante trabajos de mala calidad que diseminan desinformación.

En esta versión de la caza de brujas hay tendencias de interés. Al parecer, la censura se da más en ciencias sociales que en disciplinas científicas. Las mujeres tienden a censurar más que los hombres. Los académicos de derechas[7] se autocensuran más que los de izquierdas, y éstos son más proclives a sumarse a la censura a un colega. El sistema se nutre de estos comportamientos diferenciados por segmentos ideológicos, resultando en una mayor proporción de académicos de izquierdas en posiciones relevantes.

Los argumentos subyacentes a la conveniencia de la censura giran en torno a la voluntad de evitar investigaciones efectuadas por malévolos actores que soportan actitudes y políticas dañinas. Eso afecta a investigaciones que se consideran peligrosas y a veces, la censura dícese va orientada a la protección de minorías “vulnerables”. Al analista no le importa la eventual bondad o maldad de las intenciones del censor, sino el daño que sin duda alguna causa la censura a la búsqueda de la verdad. Eso se puede disfrazar de sedicente superioridad moral o de subordinación a un bien mayor, pero en cualquiera de los casos, es una actitud despreciable y perseguible.

Los estragos de la censura social siempre son grandes. Como poco, se pone en cuestión la reputación de una persona en beneficio de sus competidores. En el peor de los casos, la censura social puede llevar a una ceguera deliberada de las autoridades, que eluden así castigar comportamientos odiosos por temor a ofender a una parte de la sociedad[8]. En este momento, es conveniente recordar el caso Dreyfuss[9], que tuvo un fundamento análogo. O quizá sea más actual fijarse en el caso[10] de las niñas violadas durante años por musulmanes en el Reino Unido.

La Ciencia y el consenso social o político son conceptos antitéticos. El progresismo ha prostituido la Ciencia en nombre de su visión del mundo. Sus seguidores creen tener siempre razón. Están seguros de su superioridad moral y se hallan convencidos de que el fin justifica los medios. Ninguno de los tres supuestos es cierto.

[1] Este breve texto sigue muy de cerca las líneas establecidas aquí https://wattsupwiththat.com/2025/01/27/the-scourge-of-prosocial-censorship/

[2] https://www.pnas.org/doi/epdf/10.1073/pnas.2301642120

[3] Salvo que la turba calentológica afirme rotunda que no, que no ha llovido.

[4] https://www.thegwpf.org/lennart-bengtsson-resigns-gwpf-voices-shock-and-concern-at-the-extent-of-intolerance-within-the-climate-science-community/

[5] El original es este: “I have been put under such an enormous group pressure in recent days from all over the world that has become virtually unbearable to me. If this is going to continue I will be unable to conduct my normal work and will even start to worry about my health and safety. I see therefore no other way out therefore than resigning from GWPF…Colleagues are withdrawing their support, other colleagues are withdrawing from joint authorship etc. … I see no limit and end to what will happen. It is a situation that reminds me about the time of McCarthy…”

[6] “The reactions that you speak of, and which have forced you to reconsider the decision to join us, reveal a degree of intolerance, and a rejection of the principle of open scientific inquiry, which are truly shocking. They are evidence of a situation which the Global Warming Policy Foundation was created to remedy”.

[7] No está claro qué significa eso en realidad, pero uno se hace a una idea.

[8] O por miedo a dar pábulo a una parte de la sociedad encuadrada políticamente como de extrema derecha, tenga o no fundamento tal calificación y se pueda justificar o no desde las acciones de ese segmento.

[9] https://es.wikipedia.org/wiki/Caso_Dreyfus

[10] https://www.eldebate.com/internacional/20240225/caso-mafia-pakistani-violaba-ninas-reino-unido-ocultaba-mantra-racismo_176953.html

Entrevista del Padre Gabriel Calvo Zarraute a José-Ramón Ferrandis en su canal “El pasado que no pasa»

El motivo es la publicación del libro “Franco sin adjetivos” de la editorial SND.

https://m.youtube.com/watch?v=AYY5v8CTPUo

En la entrevista se pone de relieve la utilidad de libro para cualquier lector, aun los más versados en ese período de la Historia de España, por la cantidad de información, ordenada y fiable, que se deposita en él.

Además, el libro se lee fácilmente y cuenta con fotografías de interés – alguna inédita – que iluminan el texto.

En resumen, un libro muy recomendable.

Espero que la entrevista resulte de interés.

Cordiales saludos

Saturación

Es sabido que una gran parte del poder institucional, económico, científico y comunicacional de Occidente[1] sostiene una afirmación que consideran axiomática: que el CO2 o anhídrido carbónico (o dióxido de carbono, en fin) es, básicamente, dos cosas: el gas de efecto invernadero (GEI) más importante de todos ellos, por un lado, y un contaminante[2] de la atmósfera, por otro lado.

En función de su primer atributo, el CO2 sería el responsable del peligroso[3] calentamiento global experimentado por la atmósfera terrestre desde 1850; en función del segundo, habría que desembarazarse parcialmente de él y alcanzar un estado nirvánico de equilibrio entre emisiones y absorción de CO2. Y en ello están, destrozando de paso las economías de Occidente. La creencia (pues de fe religiosa estamos hablando) de que más CO2 en la atmósfera implica necesariamente más calor y mayores temperaturas, de manera lineal, es la clave de bóveda del constructo paradigmático de la calentología, una secta más de entre todas las que en el mundo han sido.

Como consecuencia de todo ello, este gas tiene mala prensa. Pero las cosas no son como quieren hacernos creer.

Primero, el CO2 no es, ni de lejos, el más poderoso ni abundante GEI. Esa posición se halla en poder del vapor de agua. Lo sabemos, no hay duda alguna[4].

Segundo, el CO2 no es un contaminante. Reside en lo más profundo de nuestro organismo, de donde se exhala como consecuencia de la respiración. Mal puede contaminar. Y sobre todo, es el gas de la vida, pues sin él no sería posible la fotosíntesis, es decir, el crecimiento de las plantas, base de la cadena trófica.

Por lo tanto, ya pueden ponerse a definirlo como quieran los alarmistas, calentólogos y progresistas de todo pelaje, en función de sus comunes intereses, que el CO2 no plantea peligro alguno. Y claro, si el CO2 no plantea peligro alguno, la quema de hidrocarburos en Occidente, tampoco (en China e India, milagros que se dan a veces, el CO2 no pone en riesgo nada de nada). Cosas de socialistas varios, asimetrías contradictorias del imperio de la mentira.

El constructo cuasirreligioso de la demonización del CO2 no se sostiene. Y menos que se va a sostener. Aquí entra en juego el problema del “efecto saturación”, que revela un fenómeno bien comprensible si se acude al concepto de los rendimientos decrecientes. En otras palabras, a partir de cierto nivel, cuanto mayor es el porcentaje de CO2 en la atmósfera, menor es el calentamiento que cada unidad adicional de CO2 provoca.

¿Qué científicos se han ocupado de esto recientemente? Veamos algunos ejemplos[5]. En 2017, Franz-Karl Reinhardt, profesor en el Swiss Federal Institute of Technology (Lausanne), realizó un estudio[6] que demostraba que doblar el entonces vigente nivel de CO2 en la atmósfera desde 400 a 800 partes por millón (ppm) produciría una elevación de 0,25 grados centígrados, demasiado pequeña incluso para ser medida.

En junio de 2020, los eminentes y renombrados físicos[7] William Happer[8] y William van Wijngaarden[9] aplicaron precisos y detallados análisis matemáticos a la física del CO2 en la atmósfera y despertaron serias dudas sobre la capacidad del CO2 de absorber calor tras quedar saturado a niveles de 400 ppm. Por ello, ulteriores incrementos en la concentración de CO2 atmosférico, incluso hasta 800 ppm, resultarían en aumento mínimos en la temperatura de la atmósfera hasta 0,5˚C.

Este riguroso planteamiento fue validado por un experimento de laboratorio efectuado por siete investigadores vieneses en 2024. Su conclusión fue que doblar la concentración del CO2 de 400 a 800 ppm “no muestra un incremento medible en absorción de radiación infrarroja, por lo que, a lo sumo, puede llevar a un aumento de temperatura de 0,5˚C”.[10]

En 2023, el químico alemán Michael Schnell y el físico Hermann Harde (Helmut-Schmidt-University, Hamburgo), publicaron su estudio “Experimental Verification of the CO2 Greenhouse Effect”[11] que confirma que el efecto saturación del CO2 aboca a un calentamiento mínimo de la atmósfera.

Para facilitar la comprensión del fenómeno, incorporo un gráfico muy ilustrativo. No es la primera vez que lo hago, porque es muy claro. En abscisas está el porcentaje de CO2 en ppm y en ordenadas, las variaciones de temperatura en grados centígrados. Hay columnas que indican hitos relevantes: por debajo de 150 ppm, las plantas mueren. En la última Edad de Hielo había 180 ppm. El nivel preindustrial era de 280 ppm; el nivel a 2020, de 410 ppm. Si se duplica ese nivel (cosa que, si se mantiene el ritmo de crecimiento actual, tardaría en acontecer 150 años), la temperatura ascendería 0,35˚C dentro de 150 años. El título hace referencia a que el impacto del efecto invernadero correspondiente al CO2 es de 3,3 ˚C, la décima parte del total[12].

Hay además dos flechas: en una aparece el efecto extraordinariamente positivo del CO2, cuyo crecimiento porcentual (en partes por millón, más bien) aumenta la productividad de las plantas, cosa bien sabida. La otra refleja la tesis del decrecimiento del aumento de temperatura según aumenta el CO2 atmosférico.

La conclusión está clara: el CO2 ya no puede apenas elevar las temperaturas. Por lo tanto, las políticas demenciales y destructivas de las autoridades progresistas, socialistas y woke de Occidente, sedicentemente orientadas a reducir el CO2 emitido, no tienen soporte técnico y se revelan como lo que son: un intento deliberado de destruir las economías de mercado

[1] Por Occidente entendemos esencialmente los países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) con excepción de Colombia, Chile, México y Turquía, que juegan con dos barajas. La OCDE está integrada por 38 Estados.

[2]  La hipótesis de que el CO2 es dañino se enmarca en el documento titulado “Endangerment Finding”, publicado por la Environmental Protection Agency (EPA) en 2009, donde se afirmaba que el CO2 es un “contaminante” que amenaza la salud pública y la seguridad. La calificación del CO2 como “contaminante” es la clave de bóveda de las políticas públicas sobre el clima en los países desarrollados.

[3] Eso dicen. Si no lo dijeran, no haría nadie ningún caso. Pero no saben que las temperaturas han sido consistentemente más altas en muchos períodos de la civilización, con el ser humano ya presente sobre la Tierra. Expongo a continuación una breve lista de esos períodos cálidos, empezando por la oscilación de Bølling, hace entre 14.700 y 13.900 años, la oscilación de Allerød, entre 13.600 y 12.900 años, el subperíodo Holoceno I (11.600 a 8.500 años), el subperíodo Holoceno II (hace entre 8.000 y 5.600 años), la civilización Minoica (hace entre 3.500 y 3.200 años), el imperio Romano (500 a.C. a 535 d.C.), el Óptimo Climático Medieval (900 d.C. a 1.300 d.C.) y el actual período (1850 – )

[4] https://joseramonferrandis.es/sobre-diferencias-entre-los-gases-de-efecto-invernadero-gei-en-el-calentamiento-de-la-atmosfera/

[5] Extraídos de https://wattsupwiththat.com/2025/01/18/the-saturation-effect-questions-the-prevailing-narrative-on-co2/

[6] https://www.entrelemanetjura.ch/BLOG_WP_351/wp-content/uploads/2017/01/2017.01-20-FKR-sur-CO2.pdf

[7] Con más de 500 estudios publicados a sus espaldas.

[8] Mr. Happer es profesor emérito en la Universidad de Princeton. Es tal el odio que el establishment académico calentológico le profesa y tal es la consecuente persecución que sufre, que el 4 de diciembre de 2024, Meta/Facebook afirmó: “Your Page, CO2 Coalition, didn’t follow the rules, so it isn’t being suggested to other people right now.”. ¡Anda, que cosas! Censurando al discrepante, ese es el recurso que les queda a los perdedores del debate científico. Pero, ¿qué había dicho la web CO2 Coalition? Lean: “Nothing but good can come from more atmospheric CO2. The Earth has experimented with much higher CO2 concentrations than today many times over the Phanerozoic eon, the last 540 million years or so, where the fossil record of life is especially good. Life flourished at four times more CO2 than today. There is no geological evidence that more CO2 will be anything but good for life on Earth.” El texto de Meta es abusivo, excluyente: Ustedes no siguen las normas, así que los neutralizo”. Lo que había dicho CO2 Coalition es de primero de Secundaria. Lo pueden ver todo aquí  https://wattsupwiththat.com/2025/01/25/facebook-fact-checks-prof-will-happer/

[9] van Wijngaarden es profesor en el Department of Physics and Astronomy en la York University in Toronto.

[10] Esto despeja la razón por la cual los alarmistas jamás han sido capaces de explicar por qué la Tierra nunca ha experimentado calentamientos desbocados en el pasado, cuando los niveles de CO2 fueron 500 y hasta 1.000 % superiores a los actuales, ni por qué los modelos del clima de Naciones Unidas, basados en la teoría del calentamiento lineal, han demostrado estar tan profundamente equivocados.

[11] harde-schnell-ghe-m.pdf

[12] Obviamente, muy inferior al correspondiente al vapor de agua, casi el 90% restante.

Todo lo que sube, baja

A primeros de febrero de 2025, el Dr. Roy Spencer ha publicado[1], como viene haciendo desde diciembre de 2008, el gráfico referido a la temperatura global de la baja atmósfera terrestre. Lo ha elaborado basándose en los datos satelitales tratados por la Universidad de Alabama en Huntsville (UAH).

Es este que ven.

https://www.drroyspencer.com/2025/02/uah-v6-1-global-temperature-update-for-january-2025-0-46-deg-c/

En un intento de minimizar el tiempo que dedique el lector a este texto, obvio los detalles técnicos, que se aprecian muy claramente aquí[2].

En el gráfico se pueden apreciar los puntos azules (datos de las mediciones) y la media (línea roja). Los aumentos de temperatura de 1998, 2010, 2016 y 2020 se corresponden, grosso modo, con sendos eventos de El Niño.[3] El de 2023, también, pero sólo en parte. El lector sin duda recuerda que, el 15 de enero de 2022, una gigantesca erupción de un volcán submarino[4] proyectó a la atmósfera una ingente cantidad de vapor de agua, hasta un 14% del total preexistente.

Por comparar, vamos a echar un vistazo a los gráficos de algunos meses anteriores. Por ejemplo, uno muy reciente, que corresponde al mes de diciembre de 2024. Se aprecia que la temperatura había empezado a bajar (el Niño estaba en franca retirada), pero no se hallaba lejos de máximos.

https://wattsupwiththat.com/2025/01/03/uah-v6-1-global-temperature-update-for-december-2024-0-62-deg-c/

Sigamos retrocediendo. En abril de 2024, la medición era la más alta registrada por el sistema UAH. Llegó a donde ningún “El Niño” la había llevado nunca. ¿Por qué?

https://wattsupwiththat.com/2024/05/04/uah-global-temperature-update-for-april-2024-1-05-deg-c/

Vayamos un poco más hacia atrás. Situémonos en julio de 2023. La temperatura ascendía rápidamente, en flecha podríamos decir.

https://www.drroyspencer.com/wp-content/uploads/UAH_LT_1979_thru_July_2023_v6_20x9-1.jpg

Sigamos retrocediendo. El gráfico de febrero del año 2022, cuando El Niño no había empezado a manifestarse y, atención, cuando acababa de tener lugar la erupción de Hunga Tonga (pero el decalaje no había permitido ver aún incremento de temperatura alguno), es este que se ve al pie. La medición de temperaturas estaba en cero (0,00˚ C), totalmente centrada. Se ve muy bien.

https://i0.wp.com/www.drroyspencer.com/wp-content/uploads/UAH_LT_1979_thru_February_2022_v6.jpg?ssl=1

Detengámonos aquí, pues parece que ya es suficiente. Usted, lector, habrá observado el tobogán que suponen las subidas y bajadas de temperatura, en un plazo breve, todo ello a lomos de acontecimientos referidos al vapor de agua o H2O, “El Niño” y Hunga Tonga. El efecto de calentamiento de este último puede durar unos 5 años (no hay acuerdo al respecto). Y acaso el lector se pregunte si el CO2, el sospechoso habitual a quien imputan responsabilidades directas en las variaciones al alza de las temperaturas globales, se ha comportado de manera que pueda inferirse alguna correlación entre CO2 y temperaturas.

Hagamos una cosa. Traigamos a este texto el gráfico de la evolución de la concentración de CO2 en la atmósfera. Es el clásico, medido en la estación de Mauna Loa, Hawái.

Mauna Loa CO2

https://gml.noaa.gov/ccgg/trends/

Pues ya me dirá si usted ve correlación alguna entre las variaciones de temperatura global y las variaciones en la concentración de CO2 global. Yo no. ¿Y sabe por qué? Porque no la hay.

[1] https://www.drroyspencer.com/2025/02/uah-v6-1-global-temperature-update-for-january-2025-0-46-deg-c/

[2] https://wattsupwiththat.com/2025/02/04/uah-v6-1-global-temperature-update-for-january-2025-0-46-deg-c/

[3] Sabemos lo que es “El Niño”, un fenómeno climático referido al calentamiento del océano Pacífico oriental en la zona ecuatorial, de carácter cíclico. Es la fase cálida del patrón climático del Pacífico ecuatorial denominado El Niño-Oscilación del Sur o El Niño-Southern Oscillation, ENSO. Más información aquí https://www.unioneditorial.net/libro/crimen-de-estado/

[4] El Hunga Tonga, del que hemos habado aquí https://joseramonferrandis.es/una-erupcion-inusual/ Vean el grandioso espectáculo aquí https://www.nasa.gov/earth/tonga-eruption-blasted-unprecedented-amount-of-water-into-stratosphere/ y aquí https://joseramonferrandis.es/a-vueltas-con-un-volcan-submarino-que-esta-pasando-a-la-historia/