- 
English
 - 
en
Spanish
 - 
es

JRF

Un blog reaccionario

«Verum, Bonum, Pulchrum»

Sobre aranceles y negociación

por | 28 Mar 2025 | Economía, Globalización, Países / Áreas geográficas

En un mundo donde la globalización[1] (es decir, la minimización de los obstáculos administrativos[2] a los movimientos de bienes, servicios y capitales, así como – en menor medida – de personas), tiene un nivel y extensión nunca vistos, ha irrumpido con fuerza un concepto que parecía olvidado: el arancel.

Recordemos de qué se trata. Simplificando bastante, el arancel es un impuesto que se aplica en frontera sobre bienes importados. Técnicamente se les denomina “derechos[3] de aduana”. Los primeros aranceles conocidos se utilizaron en el puerto de El Pireo (Atenas) a partir del Siglo V antes de Cristo. Ha llovido y los aranceles se han generalizado a todos los países del mundo.

Hay distintos tipos de aranceles a la importación. Nosotros trataremos sólo los ad valorem[4], que cargan un porcentaje fijo al valor declarado[5] de la mercancía en frontera del país de destino.

Ojo, porque para que la cosa funcione se tiene que clasificar adecuadamente la enormidad de productos existentes (unos de consumo final, otros intermedios, es decir, precisos para elaborar productos finales y otros intermedios más complejos que los anteriores), de acuerdo con un conjunto de (hasta 10) dígitos que los representen sin error. Se habla de Sistema Armonizado de Nomenclatura. Hay entidades supranacionales que se ocupan de eso desde hace más de 70 años. Funciona muy bien.

No sólo los Estados pueden aplicar un arancel. Los miembros de una Unión Aduanera (UA) han delegado en esta la soberanía (y con ella, las competencias al respecto) en materia de comercio exterior y sólo les resta asumir las consecuencias y aceptar lo decidido en la UA.

Pues ya sabemos de qué estamos hablando, grosso modo. En cuanto a los efectos de los aranceles, lo explicaremos al hablar de las políticas concretas que plantea el presidente norteamericano, Donald J. Trump.

Vaya por delante que el presidente Trump concibe la aplicación a diferentes países[6] de aranceles nuevos o tipos más altos en los aranceles existentes con fines distintos y casi siempre excluyentes. Podrían ser complementarios o sendas fases de una negociación doble, pero no suele ser el caso, que yo haya observado. La excepción será probablemente la RP China (RPC), pero apenas han comenzado algunos escarceos. Reequilibrar la balanza comercial con la RPC es el[7] gran objetivo estratégico exterior de Trump para su mandato.

Una de las intenciones de Trump es obtener resultados no arancelarios, no económicos o no comerciales a través de la amenaza de la subida de aranceles a las exportaciones a los EE. UU. de los países-objetivo. Para el presidente Trump es indistinto si el país objetivo es grande o pequeño. La diferencia, en la práctica, es la rapidez en la obtención de resultados. ¿Y qué resultados busca? Son muy concretos.  Lo vemos.

Un ejemplo es el cese de la entrada de inmigrantes ilegales y/o la devolución de los que ya están en territorio norteamericano y deben ser deportados[8]. Otro ejemplo es el control de una vía de comunicación marítima[9]. Otro es el cese de la entrada de fentanilo[10] en territorio norteamericano[11]. En todos estos casos se produce una utilización meramente instrumental del arancel. El éxito para Trump se deriva de los daños que la implantación de un arancel superior causaría al país de origen de las exportaciones a gravar, lo que convence instantáneamente a las autoridades de ese país.

Y antes de pasar a la segunda variante de la utilización por parte del presidente Trump de la herramienta “aranceles”, veamos los efectos económicos de esos impuestos sobre las mercancías en frontera.

En términos generales, los aranceles distorsionan los precios relativos de los factores de producción y de los bienes de consumo finales. Productores y consumidores, tras los aranceles, deben cambiar sus funciones de producción y sus patrones de consumo, que en ambos casos, se convierten en subóptimos. Eso provoca pérdidas económicas netas para ambos, pero no para el Estado, pues éste se convierte en receptor puro de ingresos.

Los mercados protegidos (una de las razones históricas para elevar aranceles era proteger lo que se llamaba “la industria naciente”[12]) fragmentan la producción más eficiente en términos globales, reducen la competencia, aumentan los costes e incrementan los extrabeneficios de los protegidos. La suma de ventajas tras la imposición del arancel es inferior a la que se daba en la situación anterior sin aranceles.

Al cabo, se observa que la protección que se efectúa sobre los mercados (aranceles, contingentes, barreras técnicas[13]…) busca favorecer intereses segmentados, defendidos por grupos de presión[14].

Ahora vamos a efectuar el análisis desde una perspectiva temporal. Conviene, porque de ello dependen las ventajas e inconvenientes percibidos por la implantación de aranceles.

Significativamente, hay ventajas para algunos agentes en la interposición de un arancel.

A corto plazo, como sabemos, aumentan los ingresos aduaneros (y por tanto, fiscales). Se suele producir un efecto sustitución[15], que incrementa la producción nacional, lo que aumenta el empleo, la renta disponible y los impuestos percibidos por el fisco. Políticamente hablando, quienes implantan aranceles a la importación dan la impresión de estar defendiendo los intereses del país, lo que les proporciona réditos electorales.

A medio plazo, se consigue un freno a la deslocalización de empresas nacionales que salían del país para aprovechar los menores costes de producir en otros y rexportar a su nación originaria con ventaja. Al subir aranceles, eso se acaba. Adicionalmente, cuando se producen las inevitables represalias arancelarias de los países afectados por el arancel en sus exportaciones, se puede producir un efecto “defensa frente a las agresiones externas”.

Enumeremos hora algunos de los inconvenientes de elevar aranceles.

A corto plazo se produce un cierto empobrecimiento de importadores y distribuidores de los productos importados, lo que supone una discriminación. Además, los bienes intermedios, que se encarecen por los aranceles, hacen descender la competitividad general de los productores finales internos o domésticos si no pueden reemplazar con ventaja esas importaciones por producciones internas a precios similares.

A corto, medio y largo plazo se puede esperar una respuesta análoga de los demás países: subida de sus aranceles. Eso frenará las exportaciones a esos países vía reducción de la demanda externa, lo que inmediatamente provocará una reducción de la producción y la renta nacionales. Aumentará el paro, se reducirán los ingresos fiscales y el país entrará en una dinámica perversa, que afectará a muchos anteriores socios. Un empobrecimiento general es el resultado. ¿Imaginación? No, qué va. Veamos lo que ocurrió en el mundo cuando el senador Reed Smoot (Republicano, Utah) y el representante Willis C. Hawley (Republicano, Oregón) consiguieron pasar una ley[16], que firmó el presidente Herbert Hoover el 17 de junio de 1930. La Ley elevó los aranceles de más de 20.000 posiciones[17].

Los efectos de la Smoot-Hawley fueron terribles[18]. Por ejemplo, el paro masivo entre 1930 y 1941 no fue causado por la crisis financiera de 1929, sino por las soluciones aplicadas[19]. Así, a fecha de marzo de 1929, antes del viernes negro de octubre de 2029[20], el desempleo alcanzaba el 5%. En diciembre de 1929, el paro saltó al 9% y en junio de 1930, justo antes de la Smoot-Hawley Act, se redujo hasta el 6.3%. Tras aprobar la Ley, el desempleo escaló hasta el 16% en 1931 y hasta el 25% en 1933, no descendiendo del 20% hasta 1941, año de la entrada en guerra de los Estados Unidos contra el Imperio japonés[21].

En el ámbito estrictamente comercial, los resultados fueron devastadores. Las importaciones norteamericanas pasaron de 4.400 millones de $ en 1929[22] a 1.500 millones en 1933 (un 66% menos), en tanto las exportaciones corrieron similar suerte, cayendo en igual período desde 5.400 M de $ a $ 2.100 M, una caída del 61%. En conjunto, el comercio mundial cayó un 66% entre 1929 y 1934.

El PIB norteamericano pasó de $103.100 M en 1929 a $75.800 M en 1931 y a $55.600 M en 1933, fecha a partir de la cual empezó a recuperarse.

Es dudosísimo que el presidente Trump (sus asesores sin duda lo saben) no sepa qué ocurrió en la arena internacional a principios de los años 30 del Siglo XX. Lo más verosímil es (tratándose de la habitual táctica negociadora del presidente Trump, un hombre de negocios cuyo objetivo es llegar a acuerdos beneficiosos para ambas partes) que se trate de una estrategia para equilibrar las cargas arancelarias respectivas, que son más altas en la UE y en la RP China para los bienes norteamericanos que en los EE. UU. para importaciones provenientes de la UE y de China. Es obvio que tanto una como otra área[23] son más dependientes de sus propias exportaciones que los EE. UU. de las suyas, y que la rigidez de la demanda[24] de las exportaciones de los EE. UU. es mucho mayor que a la inversa, lo cual proporcionaría ventajas a los EE. UU. en caso de una elevación generalizada de aranceles. En otras palabras, los daños que sufrirían la UE y la RP China en caso de escalada serían mucho mayores que los que experimentarían los EE. UU.

Dicho esto, los objetivos del presidente Trump son esencialmente de orden interno (doméstico, dirían allí), sin dejar de lado los referidos a la invasión rusa de Ucraina, la situación en Oriente Medio y el papel de los EE. UU. en el mundo. Los aranceles son una herramienta, no un fin en sí mismos, como quien haya seguido la trayectoria del residente Trump sabe de sobra.

[1] Ruego no confundir con “globalismo”, movimiento de las élites burocráticas de las instituciones multilaterales y de grupos plutocráticos orientado a sustituir a las naciones en el escenario global.

[2] En otras palabras, la liberalización.

[3] Eso de “derechos” es una argucia léxica de Leviatán, es decir, del Estado.

[4] Para tener una visión de conjunto, además de éstos los hay, básicamente, específicos (no dependen del valor de la mercancía) y mixtos (un sumatorio de los dos anteriores). Existen varios más, pero no le canso, lector.

[5] Todo está previsto; el valor declarado es conocido.

[6] No viene al caso, pero es muy importante. Hay que hablar del fin del multilateralismo, al menos mientras Donald Trump esté al frente de los destinos de los EE. UU. Es capital, pero esta más allá de esta nota sobre aranceles. Trump va a utilizar siempre un esquema de trato estrictamente bilateral. No va a hablar con la Unión Europea, sino con Francia, Alemania o Italia. De la misma manera, no va a seguir financiando actividades de organismos como la OMS o la UNRWA, y esto parece que puede ser sólo el principio de un proceso de desmontaje de las instituciones multilaterales que han regido el funcionamiento de las relaciones internacionales desde 1945 en adelante. Tiene sentido. La URSS ha desaparecido, la RP China es una gran potencia, Francia y el Reino Unido son una sombra de lo que fueron. Hay 150 nuevos países que no existían cuando se creó la ONU en 1945. Y sobre todo, los EEUU no se benefician de la miríada de instituciones multilaterales extractivas que obedecen al islam y a quienes financian programas concretos. Es el pagafantas. Con el presidente Trump eso se ha acabado.

[7] No menciono la UE porque el presidente norteamericano no negociará con ella.

[8] Es el caso de Colombia y México. Los mandatarios de ambos países cedieron en cuestión de horas a las amenazas arancelarias de Donald Trump, que no quería establecer más ni mayores aranceles, sino lograr otro tipo de resultados.

[9] Es el caso de Panamá. Dos puertos de la zona del Canal (Balboa y Cristóbal), controlados por una empresa de Hong Kong, pasaron a manos de una empresa norteamericana en cuestión de pocos días. Las autoridades de la RP China reaccionaron con violencia, pero seguramente no puedan revertir el acuerdo entre Hutchison y Blackrock. Vean El hombre más rico de Hong Kong está en problemas con Pekín por vender sus negocios en el Canal de Panamá No lo olvidemos, el enemigo es el PC de la República Popular China.

[10] El fentanilo es una potente droga opioide aproximadamente 100 veces más capaz que la morfina y 50 veces más eficaz que la heroína. En 2016, el fentanilo y sus análogos fueron la causa más común de muerte por sobredosis en los Estados Unidos con más de 20.000 casos, la mitad de todas las muertes relacionadas con opioides. La cifra ascendió a más de 71.238 muertos en 2021, y creciendo.

https://es.wikipedia.org/wiki/Fentanilo#/media/Archivo:US_timeline._Drugs_involved_in_overdose_deaths.jpg

[11] Es asunto a dirimir sobre todo con México. Está en curso. Precursores se fabrican en la RP China.

[12] Se entiende que una nueva industria no tiene la capacidad de protegerse frente a la competencia extranjera en su propio país y que hay que proporcionarle un período de seguridad para que vaya madurando. Eso ha sido en muchas ocasiones un factor de abusos y proteccionismo a ultranza, pues la industria naciente nunca terminaba de madurar.

[13] Las barreras técnicas no generan ingresos para el Estado, pero bloquean o limitan el acceso de determinados bienes al mercado interior. Los afectados son generalmente bienes de consumo. Es un mecanismo paralelo, inicialmente defendible, que al poco deviene una pura protección no arancelaria.

[14] Esos lobbies materializan un concepto que ha hecho fortuna: crony capitalism, o capitalismo de amiguetes, que es como se denomina a los grupos de intereses que obtienen favores del gobierno del Estado. Cabildeo es su nombre en Iberoamérica.

[15] Este es un objetivo de muchos de los incrementos arancelarios realizados: en lugar de utilizar un producto importado, la elevación de su precio favorece a los productos domésticos o nacionales, simplemente porque los costes de los importados los convierten en demasiado caros. Otra cosa es la calidad.

[16] Tariff Act of 1930, más conocida como Smoot-Hawley Act.

[17] Bien es cierto que Francia había efectuado un movimiento similar (incluso incorporando cuotas, es decir, limitaciones cuantitativas a la importación) en 1928.

[18] En mayo de 1930, 1.028 economistas de los EE. UU. firmaron una petición pidiendo al presidente Hoover que vetara la norma. Henry Ford pasó toda una tarde en la Casa Blanca intentando convencer a Hoover de que vetara la Ley, a la que calificó de “una estupidez económica”.

[19] Primero, la Ley Smoot-Hawley y luego, el New Deal.

[20] Fecha en la que se data el comienzo de la Gran Depresión.

[21] El secretario del Tesoro, Henry Morgenthau Jr., afirmó en 1942: “Subir impuestos y restringir el comercio internacional no funcionó y no funcionará”. “Lo hemos intentado todo, pero tras 8 años estamos exactamente en la misma tasa de paro… y con una enorme deuda más”.

[22] Es decir, antes de que se pudieran contabilizar los efectos de la Smoot-Hawley Act.

[23] En el caso de la RP China, una reducción brusca y grande de sus exportaciones le crearía un problema irresoluble.

[24] Este es un concepto inverso al de la elasticidad de la demanda, universalmente conocido. La elasticidad de la demanda (más precisamente, la elasticidad-precio de la demanda) mide cuánto varía la cantidad demandada de un bien o servicio en función de los cambios en su precio. Hay productos muy sensibles a los cambios del precio y otros que lo son muy poco, generalmente debido a su necesidad.

Autor del artículo

<a href="https://joseramonferrandis.es" target="_blank">José-Ramón Ferrandis</a>

José-Ramón Ferrandis

Nacido en Valencia (España) en 1951. Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense. Técnico Comercial y Economista del Estado. Salvo posiciones en Madrid, destinado sucesivamente en Ceuta (España), Moscú (URSS), Washington (EE. UU.), Moscú (Rusia) y Riad (Arabia Saudita). Profesor de Análisis Riesgo País, Análisis de tendencias y Mercados internacionales. Analista. Escritor (Globalización y Generación de Riqueza, África es así, Crimen de Estado). Áreas de especialización referidas a su trayectoria. Con el blog espera poder compartir experiencias y divulgar análisis sobre asuntos de interés general, empezando por el clima y terminando por la Geopolítica; sin dejar de lado la situación de España. Lo completará publicando semanalmente la Carta de los martes, que tiene 4 años de existencia.