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Un blog reaccionario

«Verum, Bonum, Pulchrum»

Carta de los martes del 1 de noviembre de 2022

Queridos amigos:

El 1 de noviembre de 1478 nació el Tribunal de la Santa Inquisición[1], que fue habilitado por una bula del Papa Sixto IV[2], a petición de los Reyes Católicos.

¿Por qué lo solicitaron? En ese período histórico, España estaba configurándose como un embrión de Estado moderno, y lo hacía tras más de siete siglos de dominación musulmana, que portaba en sí la estructura política de su religión mahometana[3]. Los Reyes Católicos sabían que la unidad en la Fe católica era esencial para consolidar el nuevo Estado, de ahí su petición al Papa. No sólo le pidieron la creación de la Inquisición propiamente española, sino que solicitaron permitir que dependiera de los propios Reyes Católicos: así, su aplicación no se desviaría del objetivo buscado. Inicialmente, se la consideró necesaria para combatir las prácticas judaizantes de los judeoconversos de Sevilla.

La Inquisición podría actuar sobre los conversos para asegurarse de que éstos lo eran realmente. Tenía todo el sentido político y constituía una herramienta de gran utilidad que completaba el sistema ya existente de justicia civil. Más tarde, la Inquisición actuaría sobre los herejes protestantes[4]. Es decisivo conocer que la Inquisición sólo tenía jurisdicción sobre los cristianos. No podía actuar en contra de los judíos (salvo falsos conversos) ni contra musulmanes, ya que ellos competían a la justicia civil.

Tras una nueva bula emitida en 1483, la Inquisición se extendió a los reinos de la Corona de Aragón y a los territorios españoles de América (se instauraron tribunales de la Inquisición en Cartagena de Indias, Lima y México). Se nombró Inquisidor General a fray Tomás de Torquemada[5], miembro de la orden dominica, proveniente de familia de conversos. Se creó el puesto de Inquisidor General tanto para centralizar y responsabilizar la dirección del Santo Oficio en una persona, como para permitir a los reyes elegir y nombrar al candidato más apropiado y delegar plenamente en él su autoridad, quedando relevados de las funciones gestoras.

Pero vayamos al origen de la Inquisición[6]. Ésta nació en el Languedoc (Occitania, actual Francia) para combatir la herejía cátara[7]. Lo hizo mediante la decretal Ad abolendam[8], que estableció tribunales episcopales al objeto de ocuparse de la herejía. La institución de la Inquisición (eclesiástica) tuvo lugar para desviar los abusos que los procesos judiciales sufrían por parte del poder civil[9]. Conviene indicar que, en época de Federico I Barbarroja[10], la pena de muerte no era de aplicación en los casos de herejía. Tampoco su nieto, Federico II Hohenstaufen[11], incluyó ese castigo.

En 1231, ante la inoperancia generalizada de la Inquisición episcopal[12], Gregorio IX creó (mediante la bula Excommunicamus) la Inquisición pontificia, dirigida por el propio Papa y aplicada por las órdenes mendicantes, sobre todo los dominicos. La Inquisición pontificia operó esencialmente en el sur de la actual Francia y en Lombardía. En España tuvo vigencia en el Reino de Aragón a partir de 1249. En 1252, Inocencio IV autorizó[13] el uso de la tortura[14] para obtener confesiones.

Dejaré de lado la Inquisición romana y la española/americana para centrarme en la que operó en la España peninsular tras su creación por el Papa a solicitud de los Reyes Católicos.

Primero, el contexto. La España peninsular había pasado de estar poblada esencialmente por pueblos visigodos católicos, con una importante población judía[15], a ser invadida, masacrada y sojuzgada a inicios del Siglo VIII por islamistas procedentes de Asia y África[16]. La intolerancia política y religiosa de los invasores alimentó un enfrentamiento radical y nutrió con él la Reconquista.

Cuando los católicos que no habían renunciado a la Fe estaban a punto de reconquistar todo el territorio, tras casi ocho siglos de luchas intermitentes, buscaron defenderse de las desviaciones religiosas, porque la Fe era el fundamento de la sociedad y del Estado. Ni el islam ni el judaísmo podrían ser tolerados sin graves consecuencias.

A punto de devenir España en Estado único, Isabel y Fernando decidieron centralizar en ellos el poder político, antes disperso en gran parte entre la nobleza. Crearon cinco Consejos Reales: Castilla, Aragón, Hacienda, Estado y el de la Suprema y General Inquisición. La Corona empleó el Consejo de la Inquisición como organismo de control social, defendiendo la fe y la moral, la fidelidad a los monarcas y la paz social. La unificación espiritual sirvió a la unidad de España[17].

La causa más importante que motivó la creación de la Santa Inquisición fue la conocida como «amenaza judía». Las graves crisis económicas que atravesaron Europa durante los siglos XIV y XV empobrecieron a sus poblaciones y a sus respectivas coronas. Prácticamente los únicos que mejoraban económicamente eran los prestamistas[18] y los arrendatarios de los tributos reales, oficios monopolizados por los judíos[19]. De ahí al antisemitismo había menos de un paso. Se produjeron protestas antijudías. También los judíos protagonizaron sucesos sangrientos contra católicos, en una espiral que exacerbó los ánimos. Paralelamente, con el fin de ascender en la escala social ocupando posiciones en principio reservadas a los católicos, muchos judíos se convirtieron formalmente al cristianismo, participando visiblemente en sus actividades, mientras en privado mantenían sus seculares prácticas judías. Se habían convertido en enemigos políticos.

Por todo ello, la Inquisición empezó su andadura vigilando a los conversos del judaísmo[20]. Pasado el tiempo y habiéndose revelado inútiles los intentos de los monarcas por asimilar a los judíos, terminaron por decretar la expulsión[21] de todos los que no se convirtiesen al cristianismo[22].

Todo este proceso resultó enormemente acertado. Tras las alianzas entre musulmanes y judíos contra los Reyes Católicos, se produjo la expulsión de los judíos. Más tarde, los moriscos apoyaron los ataques musulmanes contra las costas de Andalucía. Finalmente, comprobadas sin duda las sucesivas conspiraciones de esas poblaciones para favorecer una invasión turca de España, hubo que proceder a su expulsión. Los Reyes Católicos tenían razón.

La Santa Inquisición continuó su andadura tras la resolución del problema interno y se orientó a combatir las herejías. Con las mayores garantías jurídicas de la época, con mucha mayor lenidad que los tribunales civiles competentes sobre las mismas[23], con un procedimiento reglado y escrito en cada fase del mismo, con presencia de médicos y la completa supervisión de las autoridades eclesiásticas, en ninguna parte de Europa había tribunales más respetuosos con el reo que los tribunales españoles de la Santa Inquisición[24].

¿Llevaba a cabo torturas? Ciertamente, como todos los tribunales de la época. A nadie se le ocurre estudiar las instituciones del Siglo XVI con criterios morales del Siglo XXI[25]. Y menos acusarlas después de lo que ahora sería inaceptable y entonces era moneda de uso común[26].

Como vemos, la Santa Inquisición fue un adelantado a su época en materia de garantías procesales, un tribunal relativamente benévolo y al que se acogían todos los que iban a ser detenidos por el brutal poder civil, así como aquéllos que se enfrentaban a linchamientos, escasamente disfrazados de persecución de herejes. Y sin embargo, en la imaginación popular, la Inquisición es sinónimo de intolerancia, de tortura y de muerte, cuando fue todo lo contrario. ¿Cómo se ha llegado a esto?

La explicación se halla en la labor de individuos y de instituciones enemigas de España, que propagaron contra nosotros la conocida como Leyenda Negra, rancho incomestible que no pocos españoles han degustado y defendido a lo largo de los siglos. El primer sujeto involucrado se llamó Reginaldo González, miembro de bajo nivel en el escalafón que fue expulsado del Santo Oficio. Huido a los estados alemanes, adoptó el luteranismo y escribió un libro en el que se inventaba supuestos métodos de la Santa Inquisición. El segundo sujeto, que actuó mucho más tarde, se llamaba Juan Antonio Llorente. Era cura, miembro de la Inquisición de Sevilla, pero jansenista. Se pasó a las tropas de Napoleón[27] y escribió falseades y exageraciones sobre la labor del Santo Oficio, como por ejemplo imputarle 32.000 muertos.

Las instituciones y Estados que operaron contra España comienzan con los que se hallaban en lo que después fue Italia. El argumento utilizado fue que, si había Inquisición, era porque el español estaba contaminado de judaísmo. De ahí a divulgar que la sociedad española era impía[28] había un paso, y lo dieron los humanistas italianos. A éstos siguieron Lutero y otros protestantes, cuya única función en esta vida, además de apoyar a los príncipes alemanes contra el Sacro Imperio Romano Germánico y catar personalmente el sabor de todos los pecados capitales, era atacar a España de cualquier manera. A ellos se sumaron la Inglaterra protestante y anticatólica y los Países Bajos de Guillermo de Orange.

Hablemos de cifras. Según recoge Mª Elvira Roca Barea[29], los estudios del danés Gustav Henningsen y el español Jaime Contreras[30] muestran datos sobre 44.674 causas abiertas por la Inquisición entre 1550 y 1700, de las que resultaron 1.346 condenados[31] a muerte[32], y ello sobre 31 millones de personas.[33] A efectos comparativos, veamos cifras de muertos en tribunales civiles y eclesiásticos donde no operaba la Inquisición: Polonia/Lituania, 1.000 sobre 3,5 millones de habitantes. Inglaterra, 264.000 personas[34]sobre 6 millones. Alemania, 2.500 sobre 16 millones. Dinamarca: 150 sobre 970.000 personas. Francia, en cinco años del Siglo XVI, se ejecutó a más de 300 personas sobre 20 millones. Y todas estas condenas y ejecuciones eran por herejía y brujería, en tanto la Santa Inquisición actuaba en muy diversos supuestos, entre los que la brujería[35] era prácticamente inexistente[36].

De todo lo anterior resulta que la desproporción entre las muertes de la Inquisición y las del resto de los tribunales no españoles de la época resulta extremadamente favorable a la Santa Inquisición, en ratios de hasta 1/100. ¿Por qué se continúa divulgando la especie de que la Inquisición fue cruel, desalmada, torturadora y criminal? Porque es rentable en esta cultura de comics bien disfrazados de novelas y películas escabrosas que autores de todo pelaje se complacen en pergeñar. Vende.

La frase de hoy es de Alonso de Salazar[37], quien concluyó su informe sobre las brujas de Zugarramurdi y Urdax (1613) de forma tajante: “No hubo brujos ni embrujados hasta que se empezó a hablar de ellos”. De las 50.000 brujas que fueron quemadas en Europa en toda la Edad Moderna[38], 25.000 lo fueron en Alemania, 4.000 en Francia, 4.000 en Suiza y 1.500 en Inglaterra.

En España fueron 6, y otras 5 en efigie. A partir de 1613, ni una más[39].

Cordiales saludos

Alonso de Salazar y Frías. Ilustración de Ricardo Sánchez.

[1] El término Inquisición, con los gentilicios correspondientes, se refiere a instituciones de la Iglesia católica dedicadas a combatir la herejía. La Inquisición toma su nombre de un procedimiento penal específico, llamado la inquisitio, que se caracterizaba por formular una acusación a iniciativa de la autoridad, sin necesitar acusaciones de terceros. En 1163, el papa Alejandro III estableció en el Concilio de Tours que las autoridades, por sí mismas, “inquiriesen” donde se hallasen, y, de hallar culpables, aplicasen las penas al uso: excomunión, confiscación de bienes y cárcel.

[2] Por la bula Exigit sincerae devotionis.

[3] El islam regula cada acto de los ciudadanos bajo ese régimen, convirtiéndose de iure y de facto en un factor político vertebrador excluyente de primer orden.

[4] En los países de mayoría protestante hubo incesantes persecuciones, en este caso contra católicos, pero también contra reformadores radicales (anabaptistas) y contra acusados de practicar brujería. En estos países, los tribunales, de intervenir, eran civiles.

[5] Tomás de Torquemada (Torquemada, 1420/Ávila, 16 de septiembre de 1498), dominico, fue uno de los confesores de la reina Isabel la Católica. Controvertido, quienes le conocieron aseguran que era un excelente administrador. Íntegro, insobornable y trabajador.

[6] La Santa Inquisición fue un sistema de medidas represivas, espirituales y temporales, en manos tanto del poder civil como el poder eclesiástico, arbitradas para defender la ortodoxia religiosa y el orden social amenazados por las doctrinas heréticas.

[7] Los cátaros (o albigenses) fueron un movimiento religioso cristiano que se divulgó por Europa Sudoccidental a mediados del Siglo XI y arraigó en el Siglo XII entre los habitantes del Mediodía francés, especialmente en el Languedoc. Allí eran protegidos por algunos señores feudales, vasallos de la Corona de Aragón. Su doctrina afirmaba una dualidad creadora (Dios y Satanás) y predicaba la salvación mediante el ascetismo y el estricto rechazo del mundo material, prohibiendo el ayuntamiento carnal entre sus miembros. La Iglesia católica la consideró herética. Tras varios intentos de convicción de carácter meramente retórico, Roma solicitó apoyo de la corona de Francia para erradicarlos a partir de 1209 mediante la Cruzada albigense.

[8] Promulgada por el papa Lucio III.

[9] Por ejemplo, en 1166, Enrique II de Inglaterra había condenado a 30 herejes.

[10] Federico I Hohenstaufen (Ravensburg, 1122-Río Saleph, 10 de junio de 1190) fue desde 1155 emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.

[11] Nacido en Iesi (Península Itálica) 26 de diciembre de 1194; muerto en Castel Fiorentino el 13 de diciembre de 1250, fue emperador del Sacro Imperio Romano Germánico desde 1220 hasta su muerte. Resultó sucesivamente excomulgado por Honorio III, Gregorio IX e Inocencio IV.

[12] Originalmente, la Inquisición no era un tribunal permanente, sino una competencia más de los obispos en sus diócesis; no la utilizaron con diligencia, por lo que los papas designaron inquisidores pontificios.

[13] Mediante la bula Ad extirpanda.

[14] La Iglesia adoptó el método de la tortura (socialmente aceptado en la época) sólo en casos excepcionales. No todos los métodos de tortura usuales en el ámbito civil eran avalados por la Iglesia católica. Además, para que un acusado fuese enviado a tortura, debía ser reo de un crimen considerado grave y existir sospechas fundadas sobre su culpabilidad.

[15] Esos pueblos coexistían con los cristianos sólo con algunas libertades religiosas y apenas incidentes esporádicos.

[16] Árabes, sirios y beréberes.

[17] Faltaban muchos años para que se materializara el aforismo Cujus regio, eius religio, que tuvo razón de ser tras la Paz de Augsburgo de 1555.

[18] Los préstamos con intereses se consideraban en la época (la Escuela de Salamanca todavía no había hecho su aparición) moralmente cuestionables por estar incursos en el pecado de usura. Sensu contrario, los judíos los consideraban totalmente lícitos.

[19] El común los consideraba un Estado dentro del Estado puesto que, antes que leales súbditos de la corona eran judíos.

[20] Que no a los judíos no conversos: para que alguien fuese procesado por la Santa Inquisición tenía que haberse convertido en católico de forma libre y voluntaria.

[21] La expulsión de los judíos de España fue ordenada en 1492, en Castilla y en Aragón. Los judíos fueron expulsados del del reino de Portugal en 1497 y del reino de Navarra en 1498.

[22] No crea el lector que esta práctica era una invención española: desde mucho antes de la expulsión de los judíos de España, el antisemitismo era un sentimiento muy extendido en gran parte de Europa. Para 1492, los judíos habían sido expulsados de Inglaterra, Francia y muchos otros reinos. Además, grandes matanzas los diezmaron en los principados y reinos de lo que luego fue Alemania.

[23] Hasta el punto de que los reos, ante la inminencia de resultar presos, incurrían en blasfemias y atentados contra la religión para pasar automáticamente a ser competencia de la Santa Inquisición. (Stephen Haliczer, University of Illinois).

[24] Por supuesto que las iglesias protestantes crearon sus propios organismos para controlar las herejías y suprimir las falsas creencias. A diferencia de lo que ocurría con la Santa Inquisición, esos tribunales operaban esporádicamente. Preferían actuar directamente contra los acusados sin juicio previo.

[25] Bueno, sí. Hay mentecatos que lo hacen para impresionar a los incautos. Tienen su audiencia.

[26] Evidentemente, la Inquisición no inventó la tortura para obtener confesiones. Y por supuesto que todos los tribunales en Europa hacían uso de ella. En el caso de la Inquisición, el tormento era mucho más liviano que en los tribunales civiles. Las razones eran varias: en la Inquisición se recurría a él con carácter excepcional; el tiempo de duración máxima del tormento era de 75 minutos; estaba prohibido derramar sangre (y, por tanto, cualesquiera mutilaciones). No era el caso en Inglaterra, donde se descuartizaba al reo por dañar propiedad común, o de Alemania, donde se le podían arrancar los ojos. El médico adscrito al Tribunal supervisaba las torturas. Según estudios de Henry Charles Lea y Henry Kamen, la tortura apenas se utilizó en entre el 1 y el 2% de los casos. Y fue la Santa Inquisición el primer tribunal que prohibió el tormento. Cien años después de esta iniciativa, esa prohibición se hizo general en Occidente.

[27] Hablamos de los albores del Siglo XIX.

[28] Puesto que para domeñarla era necesario crear un tribunal especial como la Santa Inquisición, quod erat demonstrandum.

[29] Imperiofobia y leyenda negra, Siruela, 2016, 2021.

[30] Cuyos trabajos comenzaron en 1972 y llegan hasta 1997. La mayoría de los datos son de los archivos de la Inquisición.

[31] Muchos de ellos, en efigie.

[32] De los que, entre 1520 y 1820 fueron condenados 2.100 protestantes. De ellos, 220 fueron ejecutados.

[33] Henry Kamen estima que el total de condenas a muerte de la Inquisición durante toda su existencia en todos los territorios en los que intervino (lo que incluye al América española) ascienden a 3.000. Hablamos de 350 años (1478-1834).

[34] Elaborados por Sidney Smith sobre datos de Sir James Stephen.

[35] Los inquisidores eran abogados y consideraban la brujería un engaño. Y así era.

[36] 1. Contra la fe y la religión: apostasía, blasfemia, herejía, perjurio, etc. /2. Contra la moral y las buenas costumbres: bigamia, supersticiones (brujería, adivinación, etc.), prostitución, proxenetismo, falsificación de moneda, abusos a menores, etc. /3. Contra la dignidad del sacerdocio y de los votos sagrados: decir misa sin estar ordenado; hacerse pasar como religioso o sacerdote sin serlo; solicitar favores sexuales durante el acto de confesión, etc. /4. Contra el Santo Oficio: incluía las actividades que impidiesen o dificultasen las labores del tribunal y las que atentasen contra sus miembros. / 5. Como censor; en tanto las autoridades civiles ejercían la censura previa, la Inquisición ejercía la censura posterior.

[37] Alonso de Salazar y Frías (Burgos, 1564/lugar desconocido,1636) fue un sacerdote e inquisidor español licenciado en derecho canónico. Su fama se debe sobre todo a su participación en el tribunal de la Inquisición de Logroño que juzgó el caso de las brujas de Zugarramurdi en 1610. En la discusión de la sentencia y sobre todo, en la posterior revisión del caso ordenada por el Consejo de la Suprema Inquisición, destacó por su negativa a dar credibilidad a las habladurías e hipótesis sobre brujería. Elaboró un detallado y exhaustivo memorial que elevó al Consejo. Este documento constituyó la base para que la jurisprudencia inquisitorial española resultara completamente escéptica sobre la brujería y fuera, por lo tanto, muy reticente a aceptar denuncias por ella.

[38] Son datos de Gustav Henningsen.

[39] Los últimos casos documentados en el resto de Europa Occidental tuvieron lugar en el cantón suizo de Glaris (Anna Göldin), en 1782. En Europa Oriental fue en Polonia (1793).

Nota sobre Rusia y la guerra de 2022 (tercera y última parte)

Sabemos cómo se las ha gastado Rusia en el pasado, incluyendo el momento que estamos viviendo en la guerra de Ucraina.

El ejército ruso ya ha perdido la guerra. No importa que ésta no haya terminado ni los medios adicionales que pongan en juego, en forma de reclutas arrastrados al frente contra su voluntad[1]. El servicio de información, SVR[2], se equivocó sobre la acogida que se depararía a los rusos en Ucraina. Las excusas sobre la desnazificación son grotescas. Las pérdidas experimentadas son impropias de un ejército[3] moderno. Putin se encuentra en una mala posición, no sólo por su salud. Esto pinta mal para Rusia.

Y, sin embargo, eligieron un buen momento para atacar, sobre todo tras la debilísima respuesta occidental a la invasión de Crimea, que tanto recuerda a lo ocurrido en 1935 en el Sarre/Rheinland[4], en 1936 en Renania/Rheinpfalz[5] y sobre todo en 1938 en Múnich[6]. Ojo, que las tres veces estamos hablando de los genuinos nazis, cuyo comportamiento mimetiza tan aproximadamente Rusia. Sobre todo, tras su injerencia en la cuenca del Donbas, donde efectúa un maquillaje indecente para justificar una anexión imperialista más, como vemos (https://joseramonferrandis.es/categoria/globalizacion/). Occidente renquea de varias patas a la vez: un presidente incapacitado y desnortado en los EE.UU, bastión de la defensa de las libertades; una herencia energética envenenada en Alemania[7] y por extensión, en la Unión Europea; una pérdida de vigor y valores en Occidente como no se recuerda, acompañada de una invasión silenciosa del islam; una República Popular China rampante y agresiva en su expansión indopacífica, y una Iglesia universal en manos de la izquierda, destruyendo el nervio central de la herencia occidental. El momento era perfecto. Pero Rusia no ha estado a la altura.

Al cabo, todo se va a resumir en estrecheces energéticas por interrupciones de suministro de gas natural, acompañadas por una crisis económica de gran magnitud originada, alimentada y culminada por las cobardes y absurdas[8] políticas de los Bancos Centrales. La ruptura de las cadenas de valor tiene más que ver con la pandemia del SARS-CoV-2 y el comportamiento chino en general que con cualquier otra cosa.

Esto es lo esencial en la guerra de Ucraina y sus epifenómenos.

Putin está acorralado, pero no puede negociar sin perder los vestigios de grandeza que cree le restan. El despliegue de 10.000 efectivos de tropas especiales para proteger el entorno del Kremlin demuestra su pavor. Está enfermo. Se está convirtiendo en un pato cojo, o como él mismo diría, en una rata acosada[9]. Por su parte, Zelensky no va a negociar, salvo presión insoportable de los EE. UU., cuyas estrategias no se diseñan en la Casa Blanca ni en el Pentágono.

Rusia carece de credibilidad. Nadie olvida cómo ha vulnerado sus acuerdos bilaterales de 1994 y despreciado el derecho internacional. Pero con todo, de la misma manera que la revolución rumana de 1989 personalizó la terrible situación económica y política de Rumanía en Nicolae Ceausescu y su esposa, ajusticiándolos[10], así es posible que se personalice en Putin[11] la derrota de Rusia y su conversión en paria entre las Naciones para salvar a Rusia del oprobio. Habría un mañana.

[1] No es capaz de convencer a sus jóvenes y menos jóvenes para que se enrolen y se conviertan en carne de cañón, que es lo que hizo y hace el ejército ruso/soviético/ruso en toda su historia.

[2] Serguéi Evguénievich Narishkin, director del SVR (Servicio de Inteligencia Exterior), ha sido salvajemente maltratado en público por Putin, antes y durante la guerra.

[3] Ejército cuya mayor aportación táctica es bombardear y avanzar con los blindados por la tierra quemada, sacrificando a los suyos. Son estrictamente incompetentes, salvo para asesinar. Su parque móvil es básicamente un pueblo Potemkin, con excepción de los misiles más modernos (que escasean), los drones (comprados a Irán) y las ojivas nucleares con diversos vectores, acerca de cuyo estado nada se sabe. Los semiconductores siguen desaparecidos. Así que el mero paso del tiempo, salvo gigantescos sacrificios humanos a ambos lados del frente, no ayuda a Rusia.

[4] En enero de 1935 se celebró en el Sarre (Alsacia) un referéndum sobre el futuro estatus del Territorio de la Cuenca del Sarre, que tras la Paz de Versalles (1919) había sido segregado de Alemania. Más del 90% de los votantes optaron por la reunificación con Alemania, un 9% por seguir como territorio bajo mandato de la Liga de Naciones y menos del 0,5% por la unificación con Francia. El gobierno de Hitler planteó que se decidía entre una integración en Alemania o la continuación del desempleo.

[5] La remilitarización de Renania se efectuó con tropas de la Wehrmacht que entraron en Rheinland en bicicleta. Y no pasó nada, a pesar de que Hitler vulneró así el Tratado de Versalles.

[6] Esa referencia es mucho más conocida y citada. En la Conferencia de Múnich del 30 de septiembre de 1938, los presidentes británico Arthur Neville Chamberlain y francés Édouard Daladier cedieron ante Hitler en su toma de los Sudetes (área de Checoslovaquia donde la población hablaba alemán) para evitar el enfrentamiento armado, razón por la cual se le deparó a Chamberlain un recibimiento multitudinario en el Reino Unido, a su vuelta. Como sagazmente manifestó Winston Churchill a continuación: “Por evitar la guerra caísteis en el deshonor, y ahora tendréis deshonor y guerra”. Acertó.

[7] Donde la lideresa del CDU Merkel ha dejado su puesto a un gris miembro del SPD, segundo plato tras la defenestrada Annegret Kramp-Karrenbauer, que responde por Olaf Scholz.

[8] En sus cuatro acepciones 1. Contrario y opuesto a la razón, que no tiene sentido/ 2. Extravagante, irregular/ 3. Chocante, contradictorio/4. Dicho o hecho irracional, arbitrario o disparatado.

[9] Putin’s ‘Cornered Rat’ Story Might Be a Warning About His Next Move (vice.com)

[10] Y permitiendo que miembros purgados y de segunda fila del Partido Comunista Rumano se presentaran como Frente de Salvación Nacional, ganando por aplastamiento las elecciones de 1990, con Ion Iliescu al frente.

[11] Sustituyéndolo en su puesto.

Nota sobre Rusia y la guerra de 2022 (segunda parte)

Que llegará la paz por una o u otra vía no lo pongo en duda[1]. Otra cosa es que ni ucrainos (que quieren recuperar la integridad de su país a toda costa, incluida Crimea) ni rusos (que no saben cómo salir de ésta con la cabeza alta, o con la cabeza sin más) la deseen ahora y quieran mejorar su posición para iniciar negociaciones en mejores condiciones.

La pregunta pertinente en este momento se formula así: ¿es fiable Rusia a la hora de firmar una paz con ella? Veamos dos elementos de análisis: la trayectoria de Rusia en su expansión desde la implosión de la URSS en 1991[2], por un lado, y los tratados o acuerdos firmados por Rusia desde entonces, por otro.

Analicemos cronológicamente cómo Rusia se ha hecho con fragmentos de territorio ajeno. En primer lugar hay que mencionar las incursiones rusas en Transdnistria, de la mano de sedicentes rusoparlantes moldavos y de nacionalidades diversas. Antes de la implosión soviética, en 1990, el territorio declaró su independencia de Moldavia. Tropas soviéticas se instalaron en la pequeña zona situada más allá de río Dniéster. Hubo un alto el fuego en 1992 y desde entonces, Rusia permanece allí de la mano de su ejército. Son sólo 4.163 kilómetros cuadrados y unos 500.000 habitantes, pero es un símbolo, un síntoma.

En segundo lugar, cabe mencionar su tutela extensa y profunda que Rusia sobre Bielorrusia, que desde 1991 ha devenido Estado títere suyo. No es poca cosa, con sus más de 200.000 kilómetros cuadrados y casi 10 M de habitantes, a coste cero para Rusia. Un perrillo faldero, para sintetizar.

En tercer lugar tenemos a Osetia de Sur y Abjasia, partes de Georgia arrancadas a ésta por Rusia mediante una guerra extremadamente desigual, el reconocimiento de su independencia de facto y el apoyo de las tropas rusas a las osetias. Se trata de una anexión de territorios que son históricamente georgianos. Osetia tiene 50.000 habitantes (en 3.900 kilómetros cuadrados) y Abjasia 8.660 kilómetros cuadrados y algo menos de 250.000 habitantes.

Estas tres situaciones muy similares ponen de relieve el apetito ruso por aumentar su influencia y su control sobre sus vecinos. La señal es inequívoca, y a ella se suma la intervención rusa en Kazajstán en enero de 2022, cuyas tropas fueron llamadas por el presidente kazajo ante disturbios que no podía atajar. Tras la sangrienta represión la situación volvió por donde solía.

Pasemos a ver el comportamiento ruso respecto de sus acuerdos o tratados firmados por ella. El 8 de diciembre de 1991, los dirigentes de Rusia, Bielorrusia y Ucraina se reunieron en la reserva natural de Belavézhskaya Pushcha (Bielorrusia) y firmaron el Tratado de Belavezha, que hacía nacer la Comunidad de Estados Independientes (CEI), al mismo tiempo que moría la URSS. Se supone que se trataba de armonizar los objetivos, intereses y acciones de los países que fueron miembros de la URSS[3]. Entre 2003 y 2005, los presidentes Eduard Shevardnadze (Georgia), Leonid Kuchma (Ucraina) y Askar Akayev (Kirguistán) fueron depuestos y los nuevos gobiernos se orientaron hacia Occidente. Rusia intervino en todos estos países para intentar mantener por la fuerza la orientación prorrusa, vulnerando claramente el espíritu de Bialowieza (es decir, Belavézhskaya en polaco: es el mismo lugar, fronterizo entre ambos países). Sólo lo consiguió en Kirguistán, donde impuso su ejército. En Ucraina y Georgia desencadenó sendas guerras.

El 5/12/1994, Borís Yeltsin (Rusia), Leonid Kuchma (Ucraina), Bill Clinton (EE.UU) y John Major (Reino Unido) firmaron el Memorándum de Budapest sobre garantías de seguridad, por el que Ucraina cedía a Rusia 5.000 ojivas nucleares, junto con 176 misiles balísticos intercontinentales y 44 aviones bombarderos estratégicos, teniendo ambos vectores capacidad nuclear[4]. A cambio, obtenía de Rusia garantías de seguridad frente a las amenazas o el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de Ucrania.

Como saben, Rusia ha hecho caso omiso de lo que firmó: lo hizo en 2014, cuando se anexionó Crimea[5] y lo hizo en 2022, cuando desencadenó esta guerra contra Ucraina. Esta es la fiabilidad de Rusia.

Pero hay más.

[1] Aunque podría, Rusia no ha firmado aún la paz con Japón tras el final de la Segunda Guerra Mundial. La razón estriba en cuatro pequeñas islas (Iturup, Kunashir, Shicotán y Jabomai) del Archipiélago de las Kuriles que la URSS invadió en los estertores de la Segunda Guerra Mundial y no ha devuelto.

[2] Lo hacemos así para no remontarnos a la actitud de la URSS, pues excederíamos el marco propuesto. Es cierto que Rusia se ha autoproclamado heredera de la URSS, por lo que se entiende asume sus planteamientos expansivos. Ignoraremos en el relato los ataques a Finlandia (Guerra de Invierno, 1939), que se saldaron, tras enormes pérdidas soviéticas, con un buen bocado a la integridad territorial finesa. Dejaremos de lado el Pacto Germano Soviético de 1939, por el que la URSS y el III Reich nazi se repartían amistosamente Polonia con cisura en el Vístula. Pasaremos por encima de la invasión en 1918 y anexión en 1940 de Estonia, Letonia y Lituania por parte de la URSS, que tras 1944 las ocupó y finalmente se liberaron del yugo soviético en 1991. Sin olvidar que, en 1945, la URSS se anexionó Königsberg, a la que llamó Kaliningrad, por ser un puerto libre de hielos en invierno. Ni una sola relación histórica previa, nada más que conveniencia.

[3] Salvo Estonia, Letonia y Lituania, que no firmaron el tratado; tampoco Georgia. Los cuatro habían sido incorporados forzosamente a la URSS.

[4] Era el tercer mayor arsenal nuclear del mundo.

[5] El 27 de marzo de 2014, como consecuencia de la crisis de Crimea, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Resolución 68/262 (“Integridad territorial de Ucrania”), con 200 votos a favor. Naciones Unidas reconocía a Crimea como parte de Ucrania, rechazando el referéndum sobre el estatus político de la región. Por cierto, Crimea es de Ucraina desde 1954, para celebrar el 300 aniversario del Tratado de Pereyaslavsk.

Nota sobre Rusia y la guerra de 2022 (segunda parte)

Que llegará la paz por una o u otra vía no lo pongo en duda[1]. Otra cosa es que ni ucrainos (que quieren recuperar la integridad de su país a toda costa, incluida Crimea) ni rusos (que no saben cómo salir de ésta con la cabeza alta, o con la cabeza sin más) la deseen ahora y quieran mejorar su posición para iniciar negociaciones en mejores condiciones.

La pregunta pertinente en este momento se formula así: ¿es fiable Rusia a la hora de firmar una paz con ella? Veamos dos elementos de análisis: la trayectoria de Rusia en su expansión desde la implosión de la URSS de 1991[2], por un lado, y los tratados o acuerdos firmados por Rusia desde entonces, por otro.

Analicemos cronológicamente cómo Rusia se ha hecho con fragmentos de territorio ajeno. En primer lugar hay que mencionar las incursiones rusas en Transdnistria, de la mano de sedicentes rusoparlantes moldavos y de nacionalidades diversas. Antes de la implosión soviética, en 1990, el territorio declaró su independencia de Moldavia. Tropas rusas se instalaron en la pequeña zona situada más allá de río Dniéster. Hubo un alto el fuego en 1992 y desde entonces, Rusia permanece allí de la mano de su ejército. Son sólo 4.163 kilómetros cuadrados y unos 500.000 habitantes, pero es un símbolo, un síntoma.

En segundo lugar, cabe mencionar su tutela extensa y profunda que Rusia sobre Bielorrusia, que desde 1991 ha devenido Estado títere suyo. No es poca cosa, con sus más de 200.000 kilómetros cuadrados y casi 10 M de habitantes, a coste cero para Rusia. Un perrillo faldero, para sintetizar.

En tercer lugar tenemos a Osetia de Sur y Abjasia, partes de Georgia arrancadas a ésta por Rusia mediante una guerra extremadamente desigual, el reconocimiento de su independencia de facto y el apoyo de las tropas rusas a las osetias. Se trata de una anexión de territorios que son históricamente georgianos. Osetia tiene 50.000 habitantes (en 3.900 kilómetros cuadrados) y Abjasia 8.660 kilómetros cuadrados y algo menos de 250.000 habitantes.

Estas tres situaciones muy similares ponen de relieve el apetito ruso por aumentar su influencia y su control sobre sus vecinos. La señal es inequívoca, y a ella se suma la intervención rusa en Kazajstán en enero de 2022, cuyas tropas fueron llamadas por el presidente kazajo ante disturbios que no podía atajar. Tras la sangrienta represión la situación volvió por donde solía.

Pasemos a ver el comportamiento ruso respecto de sus acuerdos o tratados firmados por ella. El 8 de diciembre de 1991, los dirigentes de Rusia, Bielorrusia y Ucraina se reunieron en la reserva natural de Belavézhskaya Pushcha (Bielorrusia) y firmaron el Tratado de Belavezha, que hacía nacer la Comunidad de Estados Independientes (CEI), al mismo tiempo que moría la URSS. Se supone que se trataba de armonizar los objetivos, intereses y acciones de los países que fueron miembros de la URSS[3]. Entre 2003 y 2005, los presidentes Eduard Shevardnadze (Georgia), Leonid Kuchma (Ucraina) y Askar Akayev (Kirguistán) fueron depuestos y los nuevos gobiernos se orientaron hacia Occidente. Rusia intervino en todos estos países para intentar mantener por la fuerza la orientación prorrusa, vulnerando claramente el espíritu de Bialowieza (es decir, Belavézhskaya en polaco: es el mismo lugar, fronterizo entre ambos países). Sólo lo consiguió en Kirguistán, donde impuso su ejército. En Ucraina y Georgia desencadenó sendas guerras.

El 5/12/1994, Borís Yeltsin (Rusia), Leonid Kuchma (Ucraina), Bill Clinton (EE.UU) y John Major (Reino Unido) firmaron el Memorándum de Budapest sobre garantías de seguridad, por el que Ucraina cedía a Rusia 5.000 ojivas nucleares, junto con 176 misiles balísticos intercontinentales y 44 aviones bombarderos estratégicos, ambos vectores con capacidad nuclear[4]. A cambio, obtenía de Rusia garantías de seguridad frente a las amenazas o el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de Ucrania.

Como saben, Rusia ha hecho caso omiso de lo que firmó: lo hizo en 2014, cuando se anexionó Crimea[5] y lo hizo en 2022, cuando desencadenó esta guerra contra Ucraina. Esta es la fiabilidad de Rusia.

Pero hay más.

[1] Aunque podría. Rusia no ha firmado aún la paz con Japón tras el final de la Segunda Guerra Mundial. La razón estriba en cuatro pequeñas islas (Iturup, Kunashir, Shicotán y Jabomai) del Archipiélago de las Kuriles que la URSS invadió en los estertores de la Segunda Guerra Mundial y no ha devuelto.

[2] Lo hacemos así para no remontarnos a la actitud de la URSS, pues excederíamos el marco propuesto. Es cierto que Rusia se ha autoproclamado heredera de la URSS, por lo que se entiende asume sus planteamientos expansivos. Ignoraremos en el relato los ataques a Finlandia (Guerra de Invierno, 1939), que se saldaron, tras enormes pérdidas soviéticas, con un buen bocado a la integridad territorial finesa. Dejaremos de lado el Pacto Germano Soviético de 1939, por el que la URSS y el III Reich nazi se repartían amistosamente Polonia con cisura en el Vístula. Pasaremos por encima de la invasión en 1918 y anexión en 1940 de Estonia, Letonia y Lituania por parte de la URSS, que tras 1944 las ocupó y finalmente, tras la liberación del yugo soviético en 1991. Sin olvidar que a URSS se anexionó Königsberg, a la que llamó Kaliningrad, por ser un puerto libre de hielos en invierno. Ni una sola relación histórica previa, nada más que conveniencia.

[3] Salvo Estonia, Letonia y Lituania, que no firmaron el tratado; tampoco Georgia. Los cuatro habían sido incorporados forzosamente a la URSS.

[4] Era el tercer mayor arsenal nuclear del mundo.

[5] El 27 de marzo de 2014, como consecuencia de la crisis de Crimea, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Resolución 68/262 (“Integridad territorial de Ucrania”), con 200 votos a favor. Naciones Unidas reconocía a Crimea como parte de Ucrania, rechazando el referéndum sobre el estatus político de la región. Por cierto, Crimea es de Ucraina desde 1954, para celebrar el 300 aniversario del Tratado de Pereyaslavsk.

Nota sobre Rusia y la guerra de 2022

El 24 de febrero de 2022, Rusia lanzó sobre Ucraina[1] una guerra[2] imperialista clásica. Su idea era conquistar el país en pocos días, aplicando estrategias de mediados del Siglo XX[3], contando con la eventual colaboración de los ucrainos y poniendo al frente de la nación ocupada un gobierno títere[4]. No funcionó. La población se sumó al presidente, Zelenski, quien adoptó una postura de resistencia a ultranza; el ejército ucraino desarticuló la operación de paracaidistas orientada a tomar el aeropuerto de Kiev y posteriormente defendió la figura del presidente de los intentos de asesinato desplegados por fuerzas especiales rusas.

Las fuerzas rusas invadieron no obstante (a sangre y fuego) el 18% del territorio ucraino y siempre contaron con la colaboración de las autoridades y parte de la población en las zonas de la cuenca del Donbas, de habla y obediencia rusa.

Dicho esto, la situación del frente se estabilizó y en la actualidad es mala para Rusia, al menos mientras Ucraina tenga munición y equipos/armamento avanzado. Se acerca el invierno y eso cambia el entorno, sobre todo por las nieves y el frío. Rusia ha visto cómo le volaban el buque insignia[5], el puente insignia[6], las tropas mercenarias insignia (Grupo Wagner) y las insignias de un montón de altos mandos[7], junto con ellos mismos. Su aviación no entra en juego y cuando lo hace, es rechazada y sufre grandes pérdidas, tanto en aviones como en helicópteros. Sus vehículos acorazados son hostigados y destruidos con sorprendente facilidad. Falta de seguridad y poco móvil, su artillería se ha retirado a zonas alejadas, desde donde golpea infraestructuras ucrainas. En lugar de misiles[8], utiliza drones suicidas[9] para aterrorizar a las poblaciones, porque a estas alturas no puede hacer otra cosa. Su estrategia actual es defensiva, casi de trincheras. Intenta estabilizar el frente retrocediendo hasta el río Dnieper en el sur, antes del cual hay una zona muy expuesta a los ataques del ejército ucraino.

Complementariamente, desatan el terror[10], tanto en los territorios ocupados[11] como mediante ataques aleatorios e indiscriminados contra la población, causando bajas. La idea es debilitar la defensa, pero están consiguiendo objetivos contrarios a los buscados.

En estos días hay una calma notable en la información de lo que acontece en las líneas del frente. Ya superados los infantiles coletazos rusos tras la semidestrucción del puente de Kerch, antes del invierno habrá reacomodos en las posiciones de los ejércitos.

Y para pensar en una posible paz[12], que normalmente es el colofón de casi toda guerra, será preciso alcanzar situaciones que la hagan preferible a toda otra alternativa[13]. No estamos en ese punto. Ni creo que estemos en situación de entender el comportamiento del ejército ruso[14] si no analizamos la historia de sus desempeños pasados, desde la creación de la URSS, a las órdenes del Kremlin. Vamos a verlo en breve.

[1] Ustedes perdonen que utilice el termino Ucraina en vez del más común de Ucrania. Me limito a transliterar el nombre del país escrito en su idioma, Україна, que es el procedimiento habitual. Vaya en apoyo de mi decisión el hecho de que en TODOS los idiomas del mundo, salvo en francés y en español, el nombre de Ucraina sea Ucraina, Ucrania y Ucranie, por su parte, son denominaciones análogas, dícese que por transcripción española posterior de un error de transliteración original en francés. Sea como sea, su nombre es Ucraina.

[2] https://www.epdata.es/datos/guerra-rusia-ucrania-datos-graficos/646

[3] Un remedo de blitzkrieg o guerra relámpago, a semejanza de la que lanzó la Alemania nazi con la Wehrmacht y la Luftwaffe sobre Polonia el 1 de septiembre de 1939.

[4] A la manera soviética tras el avance del Ejército Rojo por Europa oriental en 1944 y 1945.

[5] Se trata del Moskvá, el crucero lanzamisiles más avanzado de los buques de la flota rusa, a pesar de que fue botado en 1979. Había sido remodelado en el 2000.

[6] El puente de Kerch, de 18 Km. en sus dos tramos, es el más largo de Europa. Orgullo de la ingeniería rusa, era y es el símbolo de la anexión ilegal de Crimea por Rusia en 2014.

[7] En las primeras semanas de la guerra, el uso de móviles particulares por parte de generales en el frente les convirtió en presa fácil para francotiradores, drones, misiles y otros elementos de destrucción. Tras la escabechina, dejaron de utilizar esos móviles y se retiraron del frente. La consecuencia inmediata fue el desorden general, pues los mandos intermedios no estaban formados para transmitir las órdenes.

[8] De los que carece en gran medida, tanto por disponer de escasas piezas modernas y precisas como por haber utilizado ya muchas de ella en sus ataques a la población ucraina.

[9] De fabricación y suministro iraní.

[10] Nuevamente utilizan los elementos de control que utilizaba el comunismo en la Unión Soviética, que eran la propaganda y el terror. Para quien conozca el modus operandi de aquel sistema/régimen criminal, puede sorprender la analogía y la continuidad en los métodos. Bien, Vladímir Putin es un miembro de la KGB y siempre lo será. Y el Partido Comunista, tras ser en 1991 reducido a escombros, asoma de nuevo la cabeza con el disfraz del nacionalismo. Sólo falta el apoyo explícito de la asequible Iglesia ortodoxa para reproducir idénticamente esquemas de hace 80 años.

[11] Lo atestiguan las numerosas fosas comunes halladas al reconquistar esos enclaves el ejército de Ucraina.

[12] Es difícil hacer creer a un ruso medio en la idea de paz si la patria no prevalece; su mentalidad, el alma rusa, sólo sabe al cabo de victoria a cualquier coste. El ruso es eficaz, nunca eficiente.

[13] El uso de las armas nucleares no es una alternativa.

[14] Cuyos nuevos reclutas escasean y escapan de Rusia ante la posibilidad de ser movilizados.