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Un blog reaccionario

«Verum, Bonum, Pulchrum»

Carta de los martes del 1 de noviembre de 2022

por | 1 Nov 2022 | Carta de los martes

Queridos amigos:

El 1 de noviembre de 1478 nació el Tribunal de la Santa Inquisición[1], que fue habilitado por una bula del Papa Sixto IV[2], a petición de los Reyes Católicos.

¿Por qué lo solicitaron? En ese período histórico, España estaba configurándose como un embrión de Estado moderno, y lo hacía tras más de siete siglos de dominación musulmana, que portaba en sí la estructura política de su religión mahometana[3]. Los Reyes Católicos sabían que la unidad en la Fe católica era esencial para consolidar el nuevo Estado, de ahí su petición al Papa. No sólo le pidieron la creación de la Inquisición propiamente española, sino que solicitaron permitir que dependiera de los propios Reyes Católicos: así, su aplicación no se desviaría del objetivo buscado. Inicialmente, se la consideró necesaria para combatir las prácticas judaizantes de los judeoconversos de Sevilla.

La Inquisición podría actuar sobre los conversos para asegurarse de que éstos lo eran realmente. Tenía todo el sentido político y constituía una herramienta de gran utilidad que completaba el sistema ya existente de justicia civil. Más tarde, la Inquisición actuaría sobre los herejes protestantes[4]. Es decisivo conocer que la Inquisición sólo tenía jurisdicción sobre los cristianos. No podía actuar en contra de los judíos (salvo falsos conversos) ni contra musulmanes, ya que ellos competían a la justicia civil.

Tras una nueva bula emitida en 1483, la Inquisición se extendió a los reinos de la Corona de Aragón y a los territorios españoles de América (se instauraron tribunales de la Inquisición en Cartagena de Indias, Lima y México). Se nombró Inquisidor General a fray Tomás de Torquemada[5], miembro de la orden dominica, proveniente de familia de conversos. Se creó el puesto de Inquisidor General tanto para centralizar y responsabilizar la dirección del Santo Oficio en una persona, como para permitir a los reyes elegir y nombrar al candidato más apropiado y delegar plenamente en él su autoridad, quedando relevados de las funciones gestoras.

Pero vayamos al origen de la Inquisición[6]. Ésta nació en el Languedoc (Occitania, actual Francia) para combatir la herejía cátara[7]. Lo hizo mediante la decretal Ad abolendam[8], que estableció tribunales episcopales al objeto de ocuparse de la herejía. La institución de la Inquisición (eclesiástica) tuvo lugar para desviar los abusos que los procesos judiciales sufrían por parte del poder civil[9]. Conviene indicar que, en época de Federico I Barbarroja[10], la pena de muerte no era de aplicación en los casos de herejía. Tampoco su nieto, Federico II Hohenstaufen[11], incluyó ese castigo.

En 1231, ante la inoperancia generalizada de la Inquisición episcopal[12], Gregorio IX creó (mediante la bula Excommunicamus) la Inquisición pontificia, dirigida por el propio Papa y aplicada por las órdenes mendicantes, sobre todo los dominicos. La Inquisición pontificia operó esencialmente en el sur de la actual Francia y en Lombardía. En España tuvo vigencia en el Reino de Aragón a partir de 1249. En 1252, Inocencio IV autorizó[13] el uso de la tortura[14] para obtener confesiones.

Dejaré de lado la Inquisición romana y la española/americana para centrarme en la que operó en la España peninsular tras su creación por el Papa a solicitud de los Reyes Católicos.

Primero, el contexto. La España peninsular había pasado de estar poblada esencialmente por pueblos visigodos católicos, con una importante población judía[15], a ser invadida, masacrada y sojuzgada a inicios del Siglo VIII por islamistas procedentes de Asia y África[16]. La intolerancia política y religiosa de los invasores alimentó un enfrentamiento radical y nutrió con él la Reconquista.

Cuando los católicos que no habían renunciado a la Fe estaban a punto de reconquistar todo el territorio, tras casi ocho siglos de luchas intermitentes, buscaron defenderse de las desviaciones religiosas, porque la Fe era el fundamento de la sociedad y del Estado. Ni el islam ni el judaísmo podrían ser tolerados sin graves consecuencias.

A punto de devenir España en Estado único, Isabel y Fernando decidieron centralizar en ellos el poder político, antes disperso en gran parte entre la nobleza. Crearon cinco Consejos Reales: Castilla, Aragón, Hacienda, Estado y el de la Suprema y General Inquisición. La Corona empleó el Consejo de la Inquisición como organismo de control social, defendiendo la fe y la moral, la fidelidad a los monarcas y la paz social. La unificación espiritual sirvió a la unidad de España[17].

La causa más importante que motivó la creación de la Santa Inquisición fue la conocida como «amenaza judía». Las graves crisis económicas que atravesaron Europa durante los siglos XIV y XV empobrecieron a sus poblaciones y a sus respectivas coronas. Prácticamente los únicos que mejoraban económicamente eran los prestamistas[18] y los arrendatarios de los tributos reales, oficios monopolizados por los judíos[19]. De ahí al antisemitismo había menos de un paso. Se produjeron protestas antijudías. También los judíos protagonizaron sucesos sangrientos contra católicos, en una espiral que exacerbó los ánimos. Paralelamente, con el fin de ascender en la escala social ocupando posiciones en principio reservadas a los católicos, muchos judíos se convirtieron formalmente al cristianismo, participando visiblemente en sus actividades, mientras en privado mantenían sus seculares prácticas judías. Se habían convertido en enemigos políticos.

Por todo ello, la Inquisición empezó su andadura vigilando a los conversos del judaísmo[20]. Pasado el tiempo y habiéndose revelado inútiles los intentos de los monarcas por asimilar a los judíos, terminaron por decretar la expulsión[21] de todos los que no se convirtiesen al cristianismo[22].

Todo este proceso resultó enormemente acertado. Tras las alianzas entre musulmanes y judíos contra los Reyes Católicos, se produjo la expulsión de los judíos. Más tarde, los moriscos apoyaron los ataques musulmanes contra las costas de Andalucía. Finalmente, comprobadas sin duda las sucesivas conspiraciones de esas poblaciones para favorecer una invasión turca de España, hubo que proceder a su expulsión. Los Reyes Católicos tenían razón.

La Santa Inquisición continuó su andadura tras la resolución del problema interno y se orientó a combatir las herejías. Con las mayores garantías jurídicas de la época, con mucha mayor lenidad que los tribunales civiles competentes sobre las mismas[23], con un procedimiento reglado y escrito en cada fase del mismo, con presencia de médicos y la completa supervisión de las autoridades eclesiásticas, en ninguna parte de Europa había tribunales más respetuosos con el reo que los tribunales españoles de la Santa Inquisición[24].

¿Llevaba a cabo torturas? Ciertamente, como todos los tribunales de la época. A nadie se le ocurre estudiar las instituciones del Siglo XVI con criterios morales del Siglo XXI[25]. Y menos acusarlas después de lo que ahora sería inaceptable y entonces era moneda de uso común[26].

Como vemos, la Santa Inquisición fue un adelantado a su época en materia de garantías procesales, un tribunal relativamente benévolo y al que se acogían todos los que iban a ser detenidos por el brutal poder civil, así como aquéllos que se enfrentaban a linchamientos, escasamente disfrazados de persecución de herejes. Y sin embargo, en la imaginación popular, la Inquisición es sinónimo de intolerancia, de tortura y de muerte, cuando fue todo lo contrario. ¿Cómo se ha llegado a esto?

La explicación se halla en la labor de individuos y de instituciones enemigas de España, que propagaron contra nosotros la conocida como Leyenda Negra, rancho incomestible que no pocos españoles han degustado y defendido a lo largo de los siglos. El primer sujeto involucrado se llamó Reginaldo González, miembro de bajo nivel en el escalafón que fue expulsado del Santo Oficio. Huido a los estados alemanes, adoptó el luteranismo y escribió un libro en el que se inventaba supuestos métodos de la Santa Inquisición. El segundo sujeto, que actuó mucho más tarde, se llamaba Juan Antonio Llorente. Era cura, miembro de la Inquisición de Sevilla, pero jansenista. Se pasó a las tropas de Napoleón[27] y escribió falseades y exageraciones sobre la labor del Santo Oficio, como por ejemplo imputarle 32.000 muertos.

Las instituciones y Estados que operaron contra España comienzan con los que se hallaban en lo que después fue Italia. El argumento utilizado fue que, si había Inquisición, era porque el español estaba contaminado de judaísmo. De ahí a divulgar que la sociedad española era impía[28] había un paso, y lo dieron los humanistas italianos. A éstos siguieron Lutero y otros protestantes, cuya única función en esta vida, además de apoyar a los príncipes alemanes contra el Sacro Imperio Romano Germánico y catar personalmente el sabor de todos los pecados capitales, era atacar a España de cualquier manera. A ellos se sumaron la Inglaterra protestante y anticatólica y los Países Bajos de Guillermo de Orange.

Hablemos de cifras. Según recoge Mª Elvira Roca Barea[29], los estudios del danés Gustav Henningsen y el español Jaime Contreras[30] muestran datos sobre 44.674 causas abiertas por la Inquisición entre 1550 y 1700, de las que resultaron 1.346 condenados[31] a muerte[32], y ello sobre 31 millones de personas.[33] A efectos comparativos, veamos cifras de muertos en tribunales civiles y eclesiásticos donde no operaba la Inquisición: Polonia/Lituania, 1.000 sobre 3,5 millones de habitantes. Inglaterra, 264.000 personas[34]sobre 6 millones. Alemania, 2.500 sobre 16 millones. Dinamarca: 150 sobre 970.000 personas. Francia, en cinco años del Siglo XVI, se ejecutó a más de 300 personas sobre 20 millones. Y todas estas condenas y ejecuciones eran por herejía y brujería, en tanto la Santa Inquisición actuaba en muy diversos supuestos, entre los que la brujería[35] era prácticamente inexistente[36].

De todo lo anterior resulta que la desproporción entre las muertes de la Inquisición y las del resto de los tribunales no españoles de la época resulta extremadamente favorable a la Santa Inquisición, en ratios de hasta 1/100. ¿Por qué se continúa divulgando la especie de que la Inquisición fue cruel, desalmada, torturadora y criminal? Porque es rentable en esta cultura de comics bien disfrazados de novelas y películas escabrosas que autores de todo pelaje se complacen en pergeñar. Vende.

La frase de hoy es de Alonso de Salazar[37], quien concluyó su informe sobre las brujas de Zugarramurdi y Urdax (1613) de forma tajante: “No hubo brujos ni embrujados hasta que se empezó a hablar de ellos”. De las 50.000 brujas que fueron quemadas en Europa en toda la Edad Moderna[38], 25.000 lo fueron en Alemania, 4.000 en Francia, 4.000 en Suiza y 1.500 en Inglaterra.

En España fueron 6, y otras 5 en efigie. A partir de 1613, ni una más[39].

Cordiales saludos

Alonso de Salazar y Frías. Ilustración de Ricardo Sánchez.

[1] El término Inquisición, con los gentilicios correspondientes, se refiere a instituciones de la Iglesia católica dedicadas a combatir la herejía. La Inquisición toma su nombre de un procedimiento penal específico, llamado la inquisitio, que se caracterizaba por formular una acusación a iniciativa de la autoridad, sin necesitar acusaciones de terceros. En 1163, el papa Alejandro III estableció en el Concilio de Tours que las autoridades, por sí mismas, “inquiriesen” donde se hallasen, y, de hallar culpables, aplicasen las penas al uso: excomunión, confiscación de bienes y cárcel.

[2] Por la bula Exigit sincerae devotionis.

[3] El islam regula cada acto de los ciudadanos bajo ese régimen, convirtiéndose de iure y de facto en un factor político vertebrador excluyente de primer orden.

[4] En los países de mayoría protestante hubo incesantes persecuciones, en este caso contra católicos, pero también contra reformadores radicales (anabaptistas) y contra acusados de practicar brujería. En estos países, los tribunales, de intervenir, eran civiles.

[5] Tomás de Torquemada (Torquemada, 1420/Ávila, 16 de septiembre de 1498), dominico, fue uno de los confesores de la reina Isabel la Católica. Controvertido, quienes le conocieron aseguran que era un excelente administrador. Íntegro, insobornable y trabajador.

[6] La Santa Inquisición fue un sistema de medidas represivas, espirituales y temporales, en manos tanto del poder civil como el poder eclesiástico, arbitradas para defender la ortodoxia religiosa y el orden social amenazados por las doctrinas heréticas.

[7] Los cátaros (o albigenses) fueron un movimiento religioso cristiano que se divulgó por Europa Sudoccidental a mediados del Siglo XI y arraigó en el Siglo XII entre los habitantes del Mediodía francés, especialmente en el Languedoc. Allí eran protegidos por algunos señores feudales, vasallos de la Corona de Aragón. Su doctrina afirmaba una dualidad creadora (Dios y Satanás) y predicaba la salvación mediante el ascetismo y el estricto rechazo del mundo material, prohibiendo el ayuntamiento carnal entre sus miembros. La Iglesia católica la consideró herética. Tras varios intentos de convicción de carácter meramente retórico, Roma solicitó apoyo de la corona de Francia para erradicarlos a partir de 1209 mediante la Cruzada albigense.

[8] Promulgada por el papa Lucio III.

[9] Por ejemplo, en 1166, Enrique II de Inglaterra había condenado a 30 herejes.

[10] Federico I Hohenstaufen (Ravensburg, 1122-Río Saleph, 10 de junio de 1190) fue desde 1155 emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.

[11] Nacido en Iesi (Península Itálica) 26 de diciembre de 1194; muerto en Castel Fiorentino el 13 de diciembre de 1250, fue emperador del Sacro Imperio Romano Germánico desde 1220 hasta su muerte. Resultó sucesivamente excomulgado por Honorio III, Gregorio IX e Inocencio IV.

[12] Originalmente, la Inquisición no era un tribunal permanente, sino una competencia más de los obispos en sus diócesis; no la utilizaron con diligencia, por lo que los papas designaron inquisidores pontificios.

[13] Mediante la bula Ad extirpanda.

[14] La Iglesia adoptó el método de la tortura (socialmente aceptado en la época) sólo en casos excepcionales. No todos los métodos de tortura usuales en el ámbito civil eran avalados por la Iglesia católica. Además, para que un acusado fuese enviado a tortura, debía ser reo de un crimen considerado grave y existir sospechas fundadas sobre su culpabilidad.

[15] Esos pueblos coexistían con los cristianos sólo con algunas libertades religiosas y apenas incidentes esporádicos.

[16] Árabes, sirios y beréberes.

[17] Faltaban muchos años para que se materializara el aforismo Cujus regio, eius religio, que tuvo razón de ser tras la Paz de Augsburgo de 1555.

[18] Los préstamos con intereses se consideraban en la época (la Escuela de Salamanca todavía no había hecho su aparición) moralmente cuestionables por estar incursos en el pecado de usura. Sensu contrario, los judíos los consideraban totalmente lícitos.

[19] El común los consideraba un Estado dentro del Estado puesto que, antes que leales súbditos de la corona eran judíos.

[20] Que no a los judíos no conversos: para que alguien fuese procesado por la Santa Inquisición tenía que haberse convertido en católico de forma libre y voluntaria.

[21] La expulsión de los judíos de España fue ordenada en 1492, en Castilla y en Aragón. Los judíos fueron expulsados del del reino de Portugal en 1497 y del reino de Navarra en 1498.

[22] No crea el lector que esta práctica era una invención española: desde mucho antes de la expulsión de los judíos de España, el antisemitismo era un sentimiento muy extendido en gran parte de Europa. Para 1492, los judíos habían sido expulsados de Inglaterra, Francia y muchos otros reinos. Además, grandes matanzas los diezmaron en los principados y reinos de lo que luego fue Alemania.

[23] Hasta el punto de que los reos, ante la inminencia de resultar presos, incurrían en blasfemias y atentados contra la religión para pasar automáticamente a ser competencia de la Santa Inquisición. (Stephen Haliczer, University of Illinois).

[24] Por supuesto que las iglesias protestantes crearon sus propios organismos para controlar las herejías y suprimir las falsas creencias. A diferencia de lo que ocurría con la Santa Inquisición, esos tribunales operaban esporádicamente. Preferían actuar directamente contra los acusados sin juicio previo.

[25] Bueno, sí. Hay mentecatos que lo hacen para impresionar a los incautos. Tienen su audiencia.

[26] Evidentemente, la Inquisición no inventó la tortura para obtener confesiones. Y por supuesto que todos los tribunales en Europa hacían uso de ella. En el caso de la Inquisición, el tormento era mucho más liviano que en los tribunales civiles. Las razones eran varias: en la Inquisición se recurría a él con carácter excepcional; el tiempo de duración máxima del tormento era de 75 minutos; estaba prohibido derramar sangre (y, por tanto, cualesquiera mutilaciones). No era el caso en Inglaterra, donde se descuartizaba al reo por dañar propiedad común, o de Alemania, donde se le podían arrancar los ojos. El médico adscrito al Tribunal supervisaba las torturas. Según estudios de Henry Charles Lea y Henry Kamen, la tortura apenas se utilizó en entre el 1 y el 2% de los casos. Y fue la Santa Inquisición el primer tribunal que prohibió el tormento. Cien años después de esta iniciativa, esa prohibición se hizo general en Occidente.

[27] Hablamos de los albores del Siglo XIX.

[28] Puesto que para domeñarla era necesario crear un tribunal especial como la Santa Inquisición, quod erat demonstrandum.

[29] Imperiofobia y leyenda negra, Siruela, 2016, 2021.

[30] Cuyos trabajos comenzaron en 1972 y llegan hasta 1997. La mayoría de los datos son de los archivos de la Inquisición.

[31] Muchos de ellos, en efigie.

[32] De los que, entre 1520 y 1820 fueron condenados 2.100 protestantes. De ellos, 220 fueron ejecutados.

[33] Henry Kamen estima que el total de condenas a muerte de la Inquisición durante toda su existencia en todos los territorios en los que intervino (lo que incluye al América española) ascienden a 3.000. Hablamos de 350 años (1478-1834).

[34] Elaborados por Sidney Smith sobre datos de Sir James Stephen.

[35] Los inquisidores eran abogados y consideraban la brujería un engaño. Y así era.

[36] 1. Contra la fe y la religión: apostasía, blasfemia, herejía, perjurio, etc. /2. Contra la moral y las buenas costumbres: bigamia, supersticiones (brujería, adivinación, etc.), prostitución, proxenetismo, falsificación de moneda, abusos a menores, etc. /3. Contra la dignidad del sacerdocio y de los votos sagrados: decir misa sin estar ordenado; hacerse pasar como religioso o sacerdote sin serlo; solicitar favores sexuales durante el acto de confesión, etc. /4. Contra el Santo Oficio: incluía las actividades que impidiesen o dificultasen las labores del tribunal y las que atentasen contra sus miembros. / 5. Como censor; en tanto las autoridades civiles ejercían la censura previa, la Inquisición ejercía la censura posterior.

[37] Alonso de Salazar y Frías (Burgos, 1564/lugar desconocido,1636) fue un sacerdote e inquisidor español licenciado en derecho canónico. Su fama se debe sobre todo a su participación en el tribunal de la Inquisición de Logroño que juzgó el caso de las brujas de Zugarramurdi en 1610. En la discusión de la sentencia y sobre todo, en la posterior revisión del caso ordenada por el Consejo de la Suprema Inquisición, destacó por su negativa a dar credibilidad a las habladurías e hipótesis sobre brujería. Elaboró un detallado y exhaustivo memorial que elevó al Consejo. Este documento constituyó la base para que la jurisprudencia inquisitorial española resultara completamente escéptica sobre la brujería y fuera, por lo tanto, muy reticente a aceptar denuncias por ella.

[38] Son datos de Gustav Henningsen.

[39] Los últimos casos documentados en el resto de Europa Occidental tuvieron lugar en el cantón suizo de Glaris (Anna Göldin), en 1782. En Europa Oriental fue en Polonia (1793).

Autor del artículo

<a href="https://joseramonferrandis.es" target="_blank">José-Ramón Ferrandis</a>

José-Ramón Ferrandis

Nacido en Valencia (España) en 1951. Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense. Técnico Comercial y Economista del Estado. Salvo posiciones en Madrid, destinado sucesivamente en Ceuta (España), Moscú (URSS), Washington (EE. UU.), Moscú (Rusia) y Riad (Arabia Saudita). Profesor de Análisis Riesgo País, Análisis de tendencias y Mercados internacionales. Analista. Escritor (Globalización y Generación de Riqueza, África es así, Crimen de Estado). Áreas de especialización referidas a su trayectoria. Con el blog espera poder compartir experiencias y divulgar análisis sobre asuntos de interés general, empezando por el clima y terminando por la Geopolítica; sin dejar de lado la situación de España. Lo completará publicando semanalmente la Carta de los martes, que tiene 4 años de existencia.