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JRF

Un blog reaccionario

«Verum, Bonum, Pulchrum»

Rusia: voluntad frente a realidad (cuarta entrega)

  1. Historia 

1953-1985: la evolución del régimen

Detengámonos un momento en el proceso desencadenado a partir de 1953, fecha de la muerte de Stalin. Gueorgui Maksimiliánovich Malenkov (1953/1954) se alzó con un poder mucho menor que el de su antecesor, como primus inter pares y primer ministro (pero no secretario general del PCUS, en el que permaneció sólo 9 días, por exigencia del Politburó[1]). A Malenkov le sucedió Mijail Aleksándrovich Bulganin (1955/1958). En marzo de 1958, Nikita Serguéievich Jrushchov presionó para defenestrar a Bulganin y en septiembre de 1958 se hizo con todo el poder[2].

Jrushchov (1958/1964) relajó la asfixiante censura imperante en la URSS y modificó la situación económica[3], política y cultural en la URSS, al tiempo que propiciaba las relaciones con países terceros no comunistas. Su era es conocida como la del deshielo.

Tras Jrushchov se hizo con el poder Leonid Illich Brezhnev (1966/1982), durante cuyo largo mandato se produjo un gran incremento de los gastos en armamento, lo que paralelamente a la falta de reformas, caracterizó el período como el del estancamiento. Murió en el cargo y le sucedió Yuri Vladimírovich Andrópov (1982/1984), ya gravemente enfermo al acceder al puesto. Más enfermo aún se hallaba su sucesor, Konstantin Chernienko (1984/1985), quien apenas pudo atender las meras exigencias protocolarias del puesto.

Finalmente, en 1985, fue elegido secretario general del PCUS un hombre rompedor, reformista desde dentro, Mijail Sergeievich Gorbachov, quien quiso rehacer las bases de la URSS introduciendo elementos de transparencia en el funcionamiento del Estado y de reestructuración en los mecanismos de gestión económica. No lo consiguió. Lo vemos a continuación.

Gorbachov[4], informado[5] por su ante antecesor, Yuri Vladimirovich Andrópov[6] de la situación en que se encontraban la economía y la sociedad soviéticas, intentó revertir este estado de cosas introduciendo esencialmente dos factores de corrección: uno, reducir el secretismo incorporando una mayor apertura algo de transparencia al sistema político (Glasnost). Otro, iniciando procesos de reestructuración (Perestroika) en algunos ámbitos de la estructura económica y la configuración política de la URSS.

Fue inútil[7]. La Glásnost sufrió un golpe letal como consecuencia de la ocultación de lo acontecido en Chernobyl, que luego veremos en detalle. La Perestroika no se pudo instrumentar porque el sistema no admitía reformas sin comprometer la totalidad de su concepción y funcionamiento. Si, como parece, Gorbachov quiso poner en práctica una especie de “mercado socialista” que superara las carencias del sistema soviético, ello no fue posible.

En 1991, Gorbachov recibió un golpe de Estado[8] que, en síntesis, al poco supuso la completa implosión y desaparición tanto de la URSS como de la práctica comunista dominante no sólo en su territorio, sino en el de los países del CAME, satélites que ya habían iniciado su propia transición. La tercera occidentalización había fallado.

El 8 de diciembre de 1991, los presidentes de la RSS[9] de Rusia, la RSS de Ucraina y la RSS de Bielorrusia[10] firmaron el Tratado de Belavezha/Belaveza/Bialowieza (en función de cada idioma utilizado), que revocaba el Tratado de creación de la Unión Soviética de 1922 y proclamaba la disolución de la URSS, constituyéndose a continuación la Comunidad de Estados Independientes (CEI)[11]. La Unión Soviética había desaparecido incluso formalmente.

La disolución de la Unión Soviética y la independencia de Ucraina en 1991 llevaron a la firma de varios acuerdos para permitir que continuara la presencia de fuerzas de la Federación Rusa en Crimea, así como el mantenimiento de las bases de la flota rusa del Mar Negro en Sevastópol. Tras la disolución, el estatus de autonomía de ese territorio cambió y fue redenominado como “República de Crimea”. El gobierno de Ucrania aceptó su nombre, pero no sus pretensiones de ser un Estado[12].

[1] Máximo órgano ejecutivo del PCUS.

[2] Desde el cual, como sabemos, había denunciado públicamente los crímenes de Stalin en el XX Congreso del PCUS, celebrado en 1956, cuando Jrushchov era sólo secretario general del PCUS.

[3] Mediante la palpable potenciación de la producción de bienes de consumo, en detrimento de los de equipo e industria pesada.

[4] Mijail Sergeievich Gorbachov, último secretario general del PCUS, presidente del Presídium del Sóviet Supremo de la Unión Soviética, presidente del Sóviet Supremo de la Unión Soviética y presidente de la Unión Soviética.

[5] Es fama que Andrópov, muy partidario de rejuvenecer los cuadros del PCUS, apadrinó a Gorbachov, a quien aleccionaba a diario desde su reclusión en la clínica del Kremlin debido a su terminal enfermedad renal.

[6] Yuri Vladimirovich Andrópov, antepenúltimo secretario general del PCUS. Anteriormente, director del KGB (Comité de Seguridad del Estado) durante 15 años ininterrumpidos (1967/1982).

[7] No es este el momento ni el lugar de analizar las causas profundas que llevaron a Gorbachov a perder el poder y la apuesta por la reforma el sistema, pero fueron básicamente dos: la oposición constante y decidida de la cúpula del PCUS, por un lado, y la imposibilidad de superar los límites que imponía el propio sistema, por otro lado.

[8] En agosto de 1991 tuvo lugar un golpe de Estado contra el presidente de la URSS y SG del PCUS, Mijail S. Gorbachov. Los conspiradores, descoordinados e incapaces de culminar el golpe, no lograron el objetivo de destituir a Gorbachov como Presidente. La resistencia en la Casa Blanca, sede del Parlamento ruso, por parte de Boris N. Yeltsin, ex SG del PCUS de Moscú y presidente de la RSFS de Rusia, fue decisiva.

[9] RSS por República Socialista Soviética.

[10] Borís Yeltsin, Leonid Kravchuk y Stanislav Shushkévich, respectivamente.

[11] En realidad, la CEI quiso ser un remedo de URSS a pequeña escala, un intento de minimizar los daños tras la desaparición de la URSS.

[12] La situación se enquistó. La legislación de Ucraina “sobre el estado de la República Autónoma de Crimea”, fue aprobada el 29 de abril de 1992, aseverando que “la República de Crimea es una parte autónoma de Ucrania y de forma independiente decide sobre los asuntos que le sean delegados por la Constitución y las leyes de Ucrania”. El Consejo Superior Regional de Crimea, por el contrario, afirmó que “la República de Crimea es un Estado democrático legal” que “posee la supremacía en cuanto a recursos naturales, materiales, el patrimonio cultural y espiritual y ejerce sus derechos soberanos y todo el poder”. Tras un referéndum celebrado en 1994, junto a las elecciones locales, parlamentarias y presidenciales, el Consejo Supremo de Crimea revirtió la Constitución de 1992 a su forma original, pero un año después, este acto fue declarado nulo por la Rada Suprema de Ucrania, que ya había cambiado el nombre de República de Crimea a la República Autónoma de Crimea. El Parlamento de Crimea aprobó otra Constitución en 1995, pero grandes fragmentos fueron rechazados por el parlamento de Ucrania, entre ellos el nombre de la República y la ciudadanía de los habitantes. Finalmente, Crimea fue declarada República Autónoma de Crimea como parte integrante e inseparable de Ucrania. En 1998 se adoptó una nueva constitución de Crimea, cumpliendo con las disposiciones de la Rada Suprema.

Presentación de un nuevo libro

El día 21 de noviembre tendrá lugar, Dios mediante, la presentación de mi más reciente libro, titulado “Franco sin adjetivos” (Editorial SND).

Debe haber miles de libros sobre el jefe del Estado español entre 1938 y 1975. ¿Por qué, entonces uno nuevo?

Por dos razones. Una, que en pocas páginas se puede encontrar lo esencial de la vida y actuaciones de Franco, sí, pero además, de una serie de personajes con los que coincidió temporalmente, por lo que el cuadro está completo.

Otra, que durante todo el texto, no hay una sola valoración, menoscabo, exaltación o vaciamiento deliberado de los hechos relatados. El libro es una sucesión de datos, dentro de un enfoque multifacético y sucesivo, para que se entienda en el discurrir del tiempo.

No he leído ningún otro libro con esas características de brevedad, profundidad, objetividad y, aunque sea probablemente inadecuado por tratarse de mi propia obra, ameno. Ojalá estén de acuerdo conmigo cuando lo lean.

Cordiales saludos

 

«Net Zero» nunca funcionará. Primera parte

(Este artículo se entregará en tres partes. Hecho esto, aparecerá una entrega completa, para facilitar su archivo. Gracias)

La materialización de la “transición energética” y su corolario, “Net Zero”, están en boca de todos. Se da por hecho que acontecerá como previsto, pero se habla de ambos fenómenos de manera tan vaga que muchos dan por sentado que podrían lograrse, vistas las opiniones de los líderes políticos y empresariales.

Pero no. Nunca habrá un sistema eléctrico con cero emisiones de dióxido de carbono (CO2) basado tan sólo en las energías eólica y solar[1]. Sus mentores lo llaman NETO porque saben que es imposible que deje de emitirse CO2 en el proceso y quieren hacer un balance entre las emisiones de CO2 que desean suprimir y las que no van a tener más remedio que mantener, pero ni siquiera con ese subterfugio van a conseguir su objetivo.

Para vender su moto, los defensores del mito del Net Zero aseguran que alcanzar sus objetivos en 2050 será fácil y barato, porque la energía será producida por el viento y el sol[2]. Gratis total, oiga.

Esto es falso. Nunca habrá un sistema eléctrico puramente eólico/solar[3], no importa cuántos Gigawatios de potencia instalen. ¿Y por qué?

Por razones estructurales internas al sistema y por dificultades irremontables en el intento de resolver los problemas que plantean. Empecemos por la primera.

Las energías eólica y solar adolecen de dos defectos que no pueden ser obviados: son intermitentes y no pueden ser respaldadas de manera económicamente aceptable. Empecemos por la intermitencia. Eso quiere decir que, cuando no sopla el viento (o sopla demasiado fuerte) y cuando cae la tarde[4], ambos generadores de energía dejan de suministrar a la red[5]. Pero la demanda permanece, así que hay que entregar electricidad para colmarla. Y ahí entran en juego las centrales de generación de energía de respaldo.

Así que, salvo almacenamiento de la energía producida cuando el viento soplaba y lucía el sol, tiene que haber un sistema alternativo. Un sistema que, en el límite, sea capaz de producir toda la energía necesaria, pues a saber si el anticiclón se queda a vivir entre nosotros durante más de una semana, o estamos en invierno en Alemania (por ejemplo) y la producción fotovoltaica es irrisoria.

Tiene que ser capaz de absorber TODA la demanda, pero lo normal es que funcione sólo como respaldo, utilizando sólo una pequeña parte de la capacidad instalada. Eso es brutalmente antieconómico, así que nadie va a invertir en su construcción por imposibilidad de recuperar la inversión. “Houston, tenemos un problema”.

Nadie asumirá los costes de crear un parque de plantas nucleares. O de embalses. O de hidrógeno. O de baterías de almacenaje para toda la red[6]. Nadie, puesto que, cuando el viento sople y el sol luzca, los reguladores darán paso a esa energía eléctrica “verde” y la producida por todos los demás parques estará ociosa, es decir, generando pérdidas. ¡Pérdidas! ¿A quién importan las pérdidas, ¿hein? A los Verdes y a los socialistas de todos los partidos, no.

Lo lógico, lo razonable, lo sensato y lo que los administradores del pasado harían sería prescindir de los sistemas intermitentes, que introducen el caos en la red. Pero ya no quedan apenas de esos en un mundo woke impulsado por la Organización de Naciones Unidas.

Pero las cosas son todavía peor en estos tiempos de canallas. Según se erigen aceleradamente grandes extensiones de generadores eólicos y solares, miembros de las partitocracias de los países de Occidente, circunstancialmente en el gobierno, cierran las centrales de carbón[7], nucleares[8] y de gas natural o equivalente. Y además, plantean[9] reemplazar éstas por generadores de hidrógeno[10] y acumuladores/baterías[11], que de momento son prácticamente inexistentes. También hablan de energías limpias que se descubrirán en un futuro. Tal cual, oigan. Así que, en segundo lugar, las energías alternativas e intermitentes son imposibles de respaldar.

Ya sabemos que no es posible operar sólo con energías renovables y que el respaldo está cada vez más comprometido. Dicho en otros términos, la oferta va a ser insuficiente. De hecho, ya lo es.

Vayamos ahora al lado de la demanda de energía eléctrica. Resulta que, por mor de los avances tecnológicos (caso de la Inteligencia Artificial (IA[12])), por un lado, y por el encanallamiento obtuso de los administradores de los Estados[13] en la imposición del Vehículo Eléctrico (VE), por otro lado), la demanda de energía eléctrica crecerá fuertemente. Luego veremos cuánto. A ello cabe añadir la exigencia de utilizar hidrógeno verde[14], con su enorme tirón de electricidad para obtenerlo[15], así como la de sustituir los electrodomésticos de gas por eléctricos en millones de hogares. Por tanto, la demanda de electricidad va a crecer (está creciendo) vertiginosamente. ¿Cuánto es vertiginosamente? Hagámonos a la idea con la situación en Michigan, un Estado de los EE. UU.

Su poder legislativo ha producido una norma[16] exigiendo que la electricidad sea “libre de carbono” en 2050. Pero la energía eléctrica en Michigan (2022) fue generada por gas (34%), carbón (29%), nuclear (22%) y finalmente, eólica y solar (12%), esencialmente. Eso implica que las autoridades del Estado de Michigan van a cerrar sus plantas de carbón y gas, que proporcionan el 63% de la electricidad y, además, las centrales nucleares. Eso no se lo cree ni el que asó la manteca. ¡Y por otro lado presionan para que la población utilice VVEE en lugar de tradicionales, hasta llegar a 2 millones en 2030! Asimismo, empujan para que los residentes en Michigan cambien sus electrodomésticos y sus calefacciones de gas[17] por otros eléctricos y por bombas de calor.

Lo triste e irritante es que todavía harán mucho daño hasta que sean barridos de la política.

Yendo ahora a los EE. UU. como un todo, en 2022, el 60% de la energía eléctrica norteamericana provino del carbón (20%) y del gas natural (40%). Si a ello sumamos el origen nuclear (18%) y el hidroeléctrico (6%), eso hace un 84%. Ello quiere decir que, tras dos décadas de subsidios, la energía eólica y la solar han proporcionado sólo el 16% de la energía eléctrica producida.

En un gráfico se ve más rápido.

(Continuará)

[1] Why There Will Never Be A Zero Emissions Electricity System Powered Mainly By Wind And Sun – Watts Up With That?

[2] “Y colorín colorado, este cuento se ha acabado”. Porque es un cuento. Lo vamos a ver.

[3] Solar fotovoltaica. La solar térmica es (muy) cara e ineficiente.

[4] Dejamos ahora de lado la incidencia de los rayos solares sobre los paneles en función de la latitud, que es una derivada.

[5] Las energías eólica y solar funcionan mal durante las olas de calor, períodos nubosos, episodios de lluvia, durante las nevadas o cuando hay tormentas.

[6] Recordemos, de paso, que siempre se ha procurado que los centros de generación de energía eléctrica estuvieran cerca de los grandes núcleos de población, donde se halla la demanda. Esto es así porque llevar electricidad por líneas de alto voltaje de corriente alterna presenta pérdidas y altera los patrones del paisaje. Las primeras las paga el consumidor; las segundas, todos. Cuanto mayor es la distancia entre producción y consumo, mayores son las pérdidas. Y pérdidas es lo que tenemos, cada vez más, al alejar las plantas eólicas y solares del consumidor. Las pérdidas se incrementan con la construcción de nuevas líneas.

[7] En España las dinamitan, sin pararse en barras. Hablando de barras, detrás de ellas terminarán. Las primeras centrales que han atacado han sido las de carbón. Este combustible es el responsable histórico de la generación de energía en todo el mundo, pues en muchos países hay suficientes recursos para hacerlo. El carbón se almacena en la misma central, es siempre fiable, es independiente del clima y no puede ser utilizado como chantaje, como es el caso del gas y del petróleo. Por eso quieren destruirlo, porque garantiza la independencia y la soberanía de los Estados, cosa que Naciones Unidas odia y combate.

[8] Ya han visto las orejas al lobo y muchos evitan seguir suprimiendo centrales nucleares. Incluso diseñan planes de expansión del parque nuclear. Como es lógico. Además, la URSS ya no paga por enfrentarse a la energía nuclear en Occidente, pero sólo porque la URSS desapareció.

[9] Con absoluta desconsideración del concepto “costes”. Paga el contribuyente vía impuestos, que cuando se convierten en fondos públicos, “no son de nadie” en afortunadísima expresión de una antigua ministra española de cuota.

[10] Para asegurarse de que ese hidrógeno no se produce emitiendo CO2 a la atmósfera, los memos (mediocres y mostrencos) al mando han inventado una paleta de colores tan variopinta como la bandera LGTBIJK. El hidrógeno es marrón/negro si se obtiene del carbón y emite CO2; gris si se obtiene del gas natural o del petróleo y también emite CO2; azul si es como el anterior, pero capturando el CO2 emitido; turquesa si se extrae por pirólisis desde los hidrocarburos sin emitir CO2 (pero es muyyy caro, así que tampoco); rosa y violeta cuando se extraen del agua por electrólisis (este les mola). Si la energía utilizada es de origen nuclear sin más, el hidrógeno resultante es rosa. Si proviene de nuclear, pero intervienen además reacciones termoquímicas, entones es violeta. Y por último, el hidrógeno verde, que proviene del agua y donde se utiliza energía originaria de fuentes renovables. Por supuesto, todas las moléculas son idénticas. Lo dicho, memos.

[11] También hablan de importaciones, sin rubor.

[12] La IA requiere centros de datos para modernizar los servidores con procesadores de alto rendimiento. Los centros de tratamiento de datos multiplicarán el consumo por entre 6 y 10 en la próxima década. Eso solo se puede atender vía centrales nucleares.

[13] Y los Ayuntamientos, no lo olvidemos.

[14] Sus defensores aseguran que el almacenamiento de energía en forma de hidrógeno verde es una buena forma de salir del paso, aunque su eficiencia está entre el 20% y el 30%.

[15] La idea de algunos gobiernos es estimular la implantación del negocio del hidrógeno verde para alimentar industrias pesadas como la del acero (la competitividad de precios finales parece preocuparles menos, absurdamente). La producción de hidrógeno verde desde el agua es muy intensiva en electricidad.

[16] Son iguales en todas partes. Es un constante entrar en las vidas de las gentes para decirles qué hacer con ellas. Gente redundante, igual en la Comisión de la UE como en el Estado y las Autonomías de España.

[17] Más del 75% de las viviendas de Michigan tienen calefacciones a gas. Durante el invierno, la temperatura media en el sur de Míchigan es de -6 °C, de -9 °C en la región central y de -12 °C en el norte. La media de las mínimas en el Estado es de -10 °C. Las mínimas alcanzan los -40 °C. Vamos, como para jugar con las calefacciones.

Rusia: voluntad frente a realidad (tercera entrega)

  1. Historia

 1924-1953: Stalin

Tras un interludio de tres años, todo el poder pasó a Stalin[1], quien indujo un impulso tremendo del Estado soviético en lo que se ha considerado la segunda occidentalización[2] de Rusia y su hinterland[3]. El coste fue brutal.

Al objeto de conseguir sus objetivos, Stalin desencadenó un genuino terrorismo de Estado, acompañado en todo momento por un fuerte movimiento propagandístico[4]. Así, necesitado de divisas para importar los bienes de equipo necesarios para desarrollar el proceso de industrialización forzosa que había diseñado, Stalin decidió arrebatar las cosechas a los campesinos propietarios de terrenos y ganado del centro de Rusia y de Ucraina, quienes se habían enfrentado sistemáticamente a las políticas bolcheviques en la agricultura. Apuntó con ese fin a los llamados kulaks de ambos países componentes de la URSS y confiscó sus cosechas para venderlas en el exterior. Obtenía así un doble rédito: “acababa con los kulaks como clase social”[5] y, paralelamente, llenaba las arcas del Estado para efectuar las importaciones que necesitaba el Plan Quinquenal.

Simultáneamente, desde el PCUS se desencadenó un movimiento de aniquilación de la iglesia ortodoxa, única institución que podía hacer sombra a la hegemonía del PCUS[6]. Clero y creyentes fueron diezmados.

Se estima que el número de muertos por el genocidio materializado directamente vía hambrunas[7] se elevó a 12 millones de campesinos soviéticos, de los que la mayoría (las estimaciones oscilan entre 7 y 10 millones) lo fueron en Ucraina[8].

Paralelamente, la represión de los disidentes había tomado velocidad de crucero. El 1929 se crearon los Gulags[9], campos de concentración establecidos en lugares inhóspitos alejados de Moscú y Leningrado (nuevo nombre de San Petersburgo). En ellos fueron ingresados hasta 14 millones de opositores al régimen, muchos de ellos (las estimaciones ascienden a 5 millones) para no volver jamás.

En un movimiento sin precedentes, Stalin desencadenó entre 1934 y 1936 los conocidos como Juicios de Moscú, en los que fueron acusados y condenados los compañeros revolucionarios pertenecientes a la Vieja Guardia comunista[10]. A partir de ese momento, Stalin obtuvo el poder absoluto, que remachó en 1937/1938 con La gran Purga, en la que se desembarazó de militares de alto rango[11] y de miembros del PCUS que Stalin temía pudieran desestabilizarle.

Tras el advenimiento del régimen nacionalsocialista alemán, Stalin llegó a un acuerdo con Adolf Hitler, pues las afinidades ideológicas entre ambos eran suficientes y sus complementariedades, obvias[12]. Así, ambos regímenes, además de cooperar en diversos ámbitos, acordaron el reparto de Polonia[13] en mutuo beneficio.

Para sorpresa de los soviéticos[14], la Wehrmacht[15] lanzó en junio de 1941 la Operación Barbarroja de invasión de la URSS, lo que abrió el frente del este en la II Guerra Mundial[16].

En tres meses, las fuerzas alemanas se hallaban a las puertas de Moscú[17]. Durante los cuatro años subsiguientes, las tropas soviéticas, ayudadas inconmensurablemente por la Lend & Lease Act[18] norteamericana, el terror desencadenado por el NKVD[19] sobre sus propias tropas y la apertura de un segundo frente[20], dieron la vuelta a la situación.

Tras un periodo de cuatro años de destrucción mutua, en los que los roles jugados por el PCUS, el NKVD, la ayuda norteamericana, el desembarco en Normandía y, marginalmente, por la Iglesia ortodoxa rusa[21] fueron capitales, las tropas soviéticas entraron en Berlín a primeros de mayo de 1945[22].

Comenzó entonces una fuerte expansión militar y política de la URSS bajo la férrea férula de Stalin, continuada con mucha menor ferocidad por Nikita Jrushchov, Leonid Brezhnev, Konstantin Chernienko y Yuri Andrópov, que solo terminó en 1991, con la desaparición de la Unión Soviética y el advenimiento de Rusia. Lo veremos en su momento.

[1] Stalin (“de acero”), por Josif Vissarionovich Djugashvili. exseminarista georgiano que sucedió a Lenin (tras el interregno de la Troika) y ejerció el poder durante casi 30 años con ayuda del terror más extremo y sistemático.

[2] Básicamente, se trataba de acortar los plazos que en Occidente se había tomado el proceso de industrialización. En Rusia no había tiempo que perder: Stalin quería un Estado poderoso en lo industrial y en lo militar sin retraso alguno.

[3] “Hinterland”, término procedente del idioma alemán que ha hecho fortuna como referente al área de influencia natural de un agente geopolítico. El Hinterland de Rusia era la Unión Soviética.

[4] Frente a Occidente, sobre todo. Valga como ejemplo el llamado Bielomorkanal, un proyecto de unir los mares Báltico y Blanco a través del istmo de Karelia. En 1931 se iniciaron los trabajos en un terreno granítico, con clima gélido, fuertes desniveles y sin maquinaria pesada. Se recurrió a los llamados “desterrados especiales”, 170.000 presos políticos de los que sobrevivieron 70.000. Los plazos iniciales de 120 meses de duración se redujeron a 21. Cuando estuvo terminado en agosto de 1933, el calado del canal era de 3,5 metros, lo que redujo críticamente su utilidad.

[5] Está entrecomillado porque esa era la consigna repetida por el PCUS entre 1930 (inicio del proceso de deskulakización) y 1933, año del final de las hambrunas sucesivas desencadenadas.

[6] Se estima que el número de asesinados por su creencia religiosa cristiana oscila entre 12 y 20 millones de personas.

[7] En Ucraina se conoce ese período como Holodomor, literalmente, “matar por hambre”.

[8] El Secretario general del PCUS Nikita Jrushchov reveló con crudeza esta realidad en su informe al XX Congreso del PCUS de 1956. Durante las sesiones del mismo acusó a Stalin de ejercer una despiadada represión sobre el partido comunista y el pueblo de la URSS.

[9] Gulag, término proveniente de Glávnoye upravléniye ispravítelno-trudovyj lageréy i kolóniy, es decir, “ Dirección General de Campos y Colonias de Trabajo Correccional”. Las infraestructuras correspondientes a los distintos tipos de campos de detención fueron levantadas a partir de 1918. Jurídicamente hablando, el término “campo de trabajo correctivo” data del 11 de julio de 1929, para reemplazar el término “campo de concentración” utilizado hasta entonces.

[10] Los Juicios fueron instigados por Stalin tras el asesinato de Sergei Kírov en Leningrado. El objetivo era eliminar a los trotskistas, la oposición de izquierdas y la oposición de derechas. O sea, todos menos Stalin. Muchos veteranos pre y post revolucionarios fueron ejecutados, entre ellos los dos miembros de la troika que sucedió a Lenin (Grigori Zinóviev y Lev Kámenev).

[11] Los efectos secundarios indeseados de estas purgas contra los militares fueron la desaparición de muchos cuadros experimentados, que no existían cuando la Alemania nacional socialista desencadenó la Operación Barbarroja en junio de 1941, un desastre militar para la URSS. El problema ya se había puesto de manifiesto en la invasión soviética de Finlandia en 1939, que supuso un enorme coste en vidas y equipos para el Ejército rojo.

[12] Stalin necesitaba productos industriales y benes de equipo alemanes. Hitler obtenía las materias primas que precisaba su industria, que la URSS poseía en abundancia. La complementariedad resultaba evidente.

[13] Plasmado en unas cláusulas secretas del Pacto Von Ribbentrop/Molótov (conocido así por los apellidos de los ministros de Asuntos Exteriores de Alemania y de la URSS, firmado en Moscú el 23 de agosto de 1939), que dejaba a la URSS manos libres en Finlandia, Estonia, Letonia y Lituania. La primera fue inmediatamente atacada (sin éxito inicialmente, para después de sufrir gigantescas pérdidas humanas y materiales, obtener ganancias territoriales menores) y las tres últimas, anexionadas sin mayores dificultades bélicas, habida cuenta de la enorme superioridad militar soviética.

[14] Quienes, no obstante, habían sido informados con antelación por sus redes de espionaje en Alemania.

[15] Fuerzas Armadas del Estado alemán, a las órdenes del Gobierno nacional socialista.

[16] La Operación Barbarroja se adelantó en un mes a la idéntica, pero en sentido contrario, que el ejército rojo tenía previsto desencadenar contra la Alemania nazi el 2 de julio de 1941. Por esa razón, así como por la superior preparación de la Wehrmacht y la capacidad estratégica alemana, el frente soviético, preparado para un ataque – no para la defensa – se hundió en semanas. Las desaforadas purgas desencadenadas por Stalin contra el Ejército rojo en 1937 habían desmantelado los escalones superiores de las fuerzas armadas, dejándolas en manos de oficiales bisoños.

[17] Llegaron a 18 kilómetros de distancia de la Plaza Roja, como atestiguan unos obstáculos antitanque que se erigen en la carretera que lleva al Aeropuerto de Sheremetievo.

[18] Ley de Préstamo y Arriendo, que aprobaron el Congreso y el Senado norteamericanos para suministrar gigantescas cantidades de equipos de transporte, alimentos, armamento y munición norteamericanos, priorizando ese envío sobre sus propias necesidades interiores, que eran muy altas, máxime tras el ataque japonés a Pearl Harbor. Se estima que el importe total de los envíos alanzó los $ 30.000 M. (Por poner esta cifra en perspectiva, el monto total del Plan Marshall alcanzó los 13.000 millones de dólares).

[19] NKVD por las iniciales de Naródny komissariat vnútrennij del SSSR, es decir, Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos de la Unión Soviética. Fue creado en 1934 y disuelto en 1946. Su función básica era aplicar los mecanismos precisos para que el terror se mantuviera vivo entre la población, recurriendo a todos los excesos posibles. Fue dirigida por Guénrij Yagoda (1934-1936), Nikolái Yezhov (1936-1938) y Lavrenti Beria (1938-1953). Durante la segunda guerra mundial, las divisiones de la NKVD se utilizaron en el frente para limitar las deserciones. Aplicaron a rajatabla las órdenes de Stalin nº 270 (de agosto de 1941, que declaraba a cada soldado que fuera capturado vivo traidor a su país. Las familias de los prisioneros recibían recortes en sus prestaciones, siendo enviadas a menudo a campos de trabajo las esposas de los oficiales cautivos) y nº 227 (de julio de 1942), conocida por la frase “¡Ni un paso atrás!”. Ningún comandante podía permitir retiradas no autorizadas por el alto mando. De hacerlo, sería sometido a un tribunal militar, con las consecuencias previsibles. Esa brutalidad evitó la desbandada de las tropas.

[20] En realidad, era el tercero, pues el segundo fue el desembarco aliado en Sicilia en julio de 1943.

[21] Stalin comprendió que, para galvanizar a la población en favor de la guerra contra Alemania, era necesario algo más que el terror y la propaganda. En 1943 acordó con los metropolitanos Sergio, Alejo y Nicolás la creación del Patriarcado de Moscú. A cambio del cese de la persecución religiosa, debían respaldar la Gran Guerra Patria. Y así lo hicieron, contribuyendo en alguna medida a la reacción militar soviética.

[22] Se han cuantificado en más de 26.600.000 muertos en la URSS durante la guerra, de los que 8,86 millones fueron soldados.