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Un blog reaccionario

«Verum, Bonum, Pulchrum»

Rusia: voluntad frente a realidad (novena entrega)

por | 13 Dic 2024 | Países / Áreas geográficas

  1. Superestructura política. Acción exterior

Pervive una tensión permanente entre las cargas políticas de la ficción democrática que configura la realidad institucional rusa y el carácter dictatorial del ejecutivo ruso[1]. La nueva posición geopolítica y las peculiares alianzas internacionales de Rusia se complementan con su papel en la ONU, donde Rusia conserva la antigua posición de privilegio de la URSS en el Consejo de Seguridad[2]. En suma, el peso de la historia[3] se superpone a la realidad y a la imagen de un nuevo país, generando actuaciones impropias de la situación real actual de Rusia[4].

La política exterior de la Federación rusa es esencialmente panrusa[5]. Ello se puso de manifiesto con las actuaciones militares en Moldavia (Transdnistria) tan pronto como en 1990/1992)[6], luego en Georgia[7] (Osetia del Sur, Abjasia, 2008) y asimismo en Kazajstán (tutela militar, 2021[8]), como pueden leer aquí https://joseramonferrandis.es/la-nueva-guerra-imperialista-de-putin/

Con la invasión y desmembramiento de Georgia, las amenazas a Ucraina y a Occidente a través de los cortes en los suministros de gas natural – el 85% de esos hidrocarburos exportados a países de la UE pasaba entonces por Ucraina ‒ en el invierno de 2008, el cerco a Sevastópol (Crimea) y la férrea asociación (de subordinación, obviamente) con el régimen tardosoviético de Bielorrusia[9], el régimen de Putin había establecido el marco de referencia. Paralelamente, se producían movimientos complementarios de apoyo a gobiernos terroristas (Irán, Siria, Corea del Norte/República Democrática de Corea), en una estrategia permanente de intento de debilitamiento estratégico de los EE. UU., como si éste continuara siendo el enemigo.

Para Putin, el Tratado de Belavezha/Belaveza/Bialowieza es como el Tratado de Versalles para Hitler: una intolerable humillación. Y a remediarla se ha dedicado y se dedica. La idea que le mueve es que él, Vladímir Vladimirovich Putin, pasaría a ser un referente de la Historia de Rusia, el líder que ha recuperado los territorios que fueron del Imperio Ruso y de la URSS. Al nivel de Pedro I Románov, de Catalina II, de Vladimir Ilich Uliánov (Lenin) y de Iosif Vissarionovich Djugashvili (Stalin).

Bien pudo Putin además establecer un paralelismo basado, por un lado, en la no-respuesta de Francia a la entrada de Alemania en Renania/Rheinpfalz (1936), que se remilitarizó contra las estipulaciones de Versalles, y por otro lado, en la magra reacción de la UE y el resto de Occidente a la agresión rusa en Crimea. Y es muy probable que los Acuerdos de Múnich de septiembre de 1938 vinieran a su memoria[10], cuando, para evitar una guerra que parecía inminente, Georges Daladier y Neville Chamberlain, en nombre de Francia e Inglaterra, consintieron que la Alemania nazi se anexionara los Sudetes checos[11], “para preservar la paz”[12]. Mutatis mutandis y con idénticos argumentos, Putin entró en el Donbás, pero antes se quedó con Crimea y Sevastópol, haciendo caso omiso de los Tratados firmados en su día. Es el riesgo (más bien, la certeza) que va asociado a la vecindad con Rusia[13].

Al invadir Crimea y anexionarla después, Rusia violó un tratado internacional (el Memorándum de Budapest, que recordamos ofrecía garantías de seguridad por parte de sus signatarios a Ucraina), así como tres tratados bilaterales firmados por Rusia con Ucraina: el Tratado de Amistad y Colaboración entre Rusia y Ucrania[14] (1997); el Tratado sobre la permanencia de la Flota rusa del mar Negro en territorio ucraniano hasta 2017 (1997) y el Acuerdo de Járkov de 2010 (en realidad, una extensión del anterior), por el que dicha permanencia se extendía hasta 2042, es decir, 25 años después, con la posibilidad de ampliar el plazo hasta 2047.

Desde un punto de vista geoestratégico, como consecuencia de la intervención militar rusa en Crimea y Sevastópol, las circunstancias cambiaron, pero sólo en el sentido de profundizar su tendencia.

Putin, envalentonado por la tibia reacción de Occidente a su anexión de Crimea y Sevastópol[15], acumuló fuerzas, tomó impulso y realizó el ataque frontal que venía preparando desde hacía años. Es comprensible que pensara en un paseo militar. No lo ha sido ni lo es porque el ejército ruso es desastroso desde todos los puntos de vista. Y porque Ucraina no es Georgia. Pero ahí está el líder ruso, haciendo avanzar las fronteras de Rusia hacia Occidente.

El 21 de febrero de 2022, los líderes de las autoproclamadas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk solicitaron al presidente Putin que reconociera oficialmente la independencia de esas repúblicas. Contaron con el respaldo del ministro de Defensa ruso, Serguéi Shoigú, y del primer ministro Mijaíl Mishustin, quienes dijeron que el gobierno había estado sentando las bases para una medida como esa durante muchos meses. Ese mismo día, Rusia reconoció y envió tropas a ambos territorios[16]. Al día siguiente, 22 de febrero, el Consejo de la Federación de Rusia autorizó por unanimidad al Ejecutivo ruso a utilizar la fuerza militar fuera de las fronteras de Rusia[17].

Ese mismo día se publicó un discurso de Putin a los ciudadanos rusos[18]. La invasión rusa de Ucraina empezó a las 5:00 (hora de Moscú, 2:00 UTC) del 24 de febrero de 2022, constituyendo el mayor ataque militar producido en territorio europeo desde la Guerra de los Balcanes (1991/2001). El cruce de la frontera fue precedido por una gigantesca acumulación de tropas en las fronteras de Ucraina, que había comenzado a mediados de 2021[19]. La parte rusa negó repetidamente[20] que se fuera a producir invasión o guerra adicional alguna[21].

De hecho, el eufemismo utilizado por Vladimir Putin fue “operación militar especial” en Ucrania. Según sus palabras, “Rusia no puede sentirse segura ante la amenaza ucraniana”. Putin añadió que intentaría “desmilitarizar y desnazificar Ucraina”. La justificación esgrimida para el ataque era “proteger a los habitantes de las autoproclamadas República Popular de Lugansk (RPL) y República Popular de Donetsk (RPD), en el Dombás, del genocidio”[22] que estaría efectuando el gobierno ucraniano. Putin aseguró que no había planes para ocupar el territorio ucraniano y que apoyaba el derecho de los pueblos de Ucrania a la autodeterminación. Al final, Putin advirtió a terceros países que no interfirieran[23], pues “la respuesta de Rusia sería inmediata y los llevará a consecuencias que nunca han experimentado en su historia”[24].

Todas las actuaciones del poder ejecutivo ruso desde la llegada de Vladímir Putin se entienden bajo un leitmotiv que comparte con muchos de sus conciudadanos: la URSS como nostalgia. La cúpula política del régimen ruso postsoviético y postyeltsiniano se debate entre la imposibilidad de facto de recuperar la posición de privilegio que durante más de 45 años ostentó el régimen soviético y el deseo de realizarlo[25]. Factores como el gran número de países vecinos, alguno más poderoso en términos económicos, industriales y demográficos, así como el relativo subdesarrollo de su industria y servicios, junto con la desorganización del Estado, limitan el crecimiento[26] y la expansión de Rusia. Esa contradicción se extiende al concepto de fronteras, que son permeables por su propia extensión y dificultad de control, pero que antaño eran herméticas.

El tradicional desprecio ruso (antes, soviético) por los países PECOS[27], invadidos durante la II Guerra Mundial por el Ejército rojo y sojuzgados por los regímenes comunistas títeres de Moscú desde 1945-48 hasta 1989, los ha enajenado completamente, con la parcial excepción de Bulgaria por su historia, en la que recibió completo apoyo militar ruso frente al imperio Otomano y los epifenómenos de la dependencia de la importación de gas ruso de Hungría.

Simultáneamente, Rusia ha establecido relaciones especiales con Alemania (gas, comercio de importación de bienes industriales) y con China, con la que llegó en su día[28] a un acuerdo a largo plazo (30 años) de suministro de hidrocarburos y que en la actualidad es de manera extraordinaria primer cliente (adquisición de hidrocarburos) y primer suministrador. Los nexos con Alemania están prácticamente desmantelados, obligando a Alemania a buscar alternativas energéticas[29] y reorientando sus exportaciones, sin gran éxito. El enorme trabajo de unos finalmente dudosos Schröder y Merkel se ha esfumado.

Las relaciones con la RP China son profundamente asimétricas y muy beneficiosas para el país de Extremo Oriente; mucho menos lo son para Rusia.

Las más que buenas relaciones de cooperación entre la URSS y la India no superaron la desaparición de la primera. India se ha incorporado plenamente a procedimientos productivos y de organización social occidentales.

La integración de Rusia en un grupo de grandes países que conforman una agrupación laxa denominada BRICS[30] no supone para Rusia con objetivo esencial sino una forma de enfrentar al grupo de países de la OCDE, o más específicamente, al G7.[31]

En materia de política interna, existe un completo control político y económico propiciado y tutelado desde el poder[32], que se pone de relieve en un permanente fraude constitucional y legal. Sorprendentemente, no se está instrumentando una política eficaz de natalidad que pueda revertir la tendencia suicida de la población, que como hemos visto, decrece fuertemente desde los años setenta (primero) y noventa (después) del siglo pasado, salvo en lo que se refiere a las minorías no caucásicas, no eslavas. El fenómeno del islam dentro de las fronteras rusas (Chechenia es la punta del iceberg) no se está enfrentando con lógica alguna y se encuentra trufado de frecuentes episodios terroristas, amén de reforzado por el extenso arco musulmán de las fronteras asiáticas del sur de Rusia.

[1] Que, históricamente, es una constante, con la eventual salvedad del interregno de Kerenski y la década de Yeltsin. Salvo esos breves períodos, prevalece la realidad del hombre fuerte (o mujer fuerte, como evidenció Catalina II).

[2] Rusia es, en sí misma, un pequeño universo menguante. El máximo desarrollo físico de Rusia – en el Siglo XIX – y posteriormente de la URSS (más de 22 millones de Km2) está lejos de la situación actual, por más que Rusia siga siendo la nación más extensa del orbe. Esa realidad mensurable, la pérdida de los ideales imperiales ruso y soviético, la reducción incesante de la población y la progresivamente menor importancia de Rusia en lo que se viene en llamar “el concierto de las naciones”, produce un ambiente derrotista que permite entender mejor algunas decisiones de reivindicación del pasado que se adoptan en la Rusia de hoy.

[3] Que es exacerbado con un relato oficial evidentemente hipertrofiado de los logros del Estado, que para el caso funge como patria y habilita un concepto de patriotismo compensatorio de una realidad escasamente satisfactoria.

[4] Los ciudadanos y la élite dominante en Rusia siguen teniendo una visión imperial de sí mismos. La población rusa y sus dirigentes todavía interpretan la realidad bajo un prisma inexistente, que obedece tanto al poderío soviético como a la extensión del territorio y a la convicción de infinitud que comporta. Ese error de referencia comporta que los análisis estratégicos sean equivocados.

[5] Panruso significa, técnicamente, “de todas las rusias”. Es un título que hizo suyo el Zar a principios del Siglo XX. Para mayor precisión, véase la lista de territorios referidos: “Por la gracia de Dios, observamos al Emperador y Autócrata de Toda Rusia, Moscú, Kiev, Vladímir, Nóvgorod; Zar de Kazán, Zar de Astracán, Zar de Polonia, Zar de Siberia, Zar del Quersoneso Taúrico, Zar de Georgia; Señor de Pskov y Gran Príncipe de Smolensk, Lituania, Volhynia, Podolia, Finlandia; Príncipe de Estland, Livland, Courland, Semigalia, Samogitia, Belostok, Karelia, Tver, tierra de Yugorski, Perm, Vyatka, Bolgar y otros; Señor y Gran Príncipe de Nizhni Nóvgorod, Chernígov, Riazán, Pólotsk, Rostov, Yaroslavl, Belozersk, tierra de Udorski, Obdorsk, Kondia, Vítebsk, Mstislav, y todos los países del norte Maestro; Señor de Iberia, y las tierras de Kartli y Kabardia y las provincias armenias; Soberano hereditario y gobernante de los príncipes circasianos y montañosos y de los otros; Señor del Turquestán; Heredero de Noruega; Duque de Schleswig-Holstein, y Stormarn». Panruso es un concepto extensivo y prefigura el dominio del entorno.

[6] En 1990, líderes separatistas moldavos declararon la independencia de una franja de terreno de 4.163 Km2 de la propia Moldavia. Recordemos que Moldavia formaba parte de la URSS. Con ello, se adelantaron al hundimiento que ahora veremos y pasó a vincularse a Rusia. La llamaron Transdnistria, pues estaba al otro lado del río Dniéster. De hecho, se encuentra entre el río Dniéster y la frontera oriental de Moldavia con Ucraina. La independencia de 1990 dio paso a la guerra de Transdnistria en 1992. Establecido un alto el fuego, la situación actual es característica de toda intervención rusa más allá de sus fronteras: hay población en parte filorrusa y unidades militares rusas destacadas allí con su armamento, moneda propia (rublo transdnistrio) y el idioma ruso como lengua oficial. Sólo tres países no miembros de la ONU (Abjasia, Osetia del Norte y Artsaj – antes, Nagorno-Karabaj -) reconocen a Transdnistria. El modus operandi de Rusia es siempre igual: crea malestar en territorios donde viven rusos o rusoparlantes, lanza movimientos separatistas (que apoya), envía armamento y/o mercenarios y al cabo, reconoce esos territorios, que segrega de facto de su nación originaria. El Derecho internacional es violentado y Naciones Unidas no reconoce los nuevos mini estados vasallos de Rusia, pero ésta crece sin cesar.

[7] Georgia se había declarado estado independiente antes de la implosión de la URSS, con efectos de abril de 1991. Tan pronto como en diciembre de 1991, estalló en Georgia un golpe de Estado auspiciado por Rusia. En 1995, Abjasia y Osetia del Sur se declararon independientes de Georgia. Una vez realizada la subsiguiente y tradicional brutal limpieza étnica, Rusia firmó en agosto de 2008 los decretos de reconocimiento de la independencia de Abjasia y Osetia del Sur.

[8] En 2021, tras importantes disturbios en Astaná, capital de Kazajstán, fueron llamadas tropas rusas aerotransportadas, las cuales devolvieron rápidamente el orden al país.

[9] La visión imperial que Rusia tiene de sí misma prevalece siempre.

[10] O a los informes de sus asesores, tanto da.

[11] Ya conocen la excusa: allí vivían germanoparlantes, como en Donetsk y Lugansk hay rusoparlantes.

[12] La paz duró 11 meses más, pero Winston Churchill no se llamaba a engaño. Su frase todavía resuena: “Por evitar la guerra habéis incurrido en el deshonor, y ahora tendréis deshonor y guerra”.

[13] La anexión a Rusia de Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia, las cuatro ocupadas, se ha formalizado al resultar incorporadas como sujetos federales de la Federación de Rusia. El gobierno de Vladímir Putin hizo oficial la anexión el 30 de septiembre de 2022. El 3 de octubre de 2022 fue ratificada por la Duma Estatal. El día 4 lo fue por el Consejo de la Federación. El día 5 fue promulgada por Putin.

[14] Los gobiernos de Rusia y Ucrania «respetan la integridad territorial de ambos Estados y reafirman la inviolabilidad de las fronteras actualmente existentes entre ambos”.

[15] La respuesta de la UE fue prácticamente inexistente, del todo incapaz de arañar la coraza rusa. el 6 de marzo de 2014, El Consejo Europeo adoptó medidas de presión instrumentadas a través de sanciones. Putin tomó buena nota.

[16] Como sabemos, estas repúblicas fueron autoproclamadas en 2014 y 2015 e integradas en la Federación Rusa el 5 de octubre de 2022. Su reconocimiento internacional fue extraordinariamente limitado (sólo lo hicieron, ese mismo mes de octubre de 2022, tres entidades nacionales soberanas: la Federación Rusa, Siria y Corea del Norte).

[17] El despliegue de tropas en el Donbás fue interpretado como la retirada de facto de Rusia del Protocolo de Minsk (El Protocolo de Minsk fue un acuerdo para poner fin a la guerra en el este de Ucraina, firmado por representantes de Ucrania, Rusia, la República Popular de Donetsk y la República Popular de Lugansk el 5 de septiembre de 2014, en Minsk, capital de Bielorrusia). El acuerdo implementó un alto el fuego inmediato, pero no logró parar todos los combates en el este de Ucraina. El Protocolo Minsk II (2015) surgió como respuesta al fracaso de Minsk I. Este segundo pacto contó con la mediación de Francia y Alemania, así como con la ratificación del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Efectivamente, el 22 de febrero Putin dijo que los acuerdos de Minsk ya no eran válidos para Rusia. Durante la mañana del 24 de febrero, Putin anunció que Rusia estaba iniciando una “operación militar especial” en el Donbás: para entonces ya había lanzado la invasión a gran escala sobre Ucraina.

[18] Entre otras, realizó las siguientes afirmaciones: “la Ucraina moderna fue creada enteramente por Rusia, por la Rusia bolchevique, comunista, para ser preciso. Los principios de Lenin para la creación de un estado no solamente fueron un error, fueron, como se dice, peores que un error”. Dijo asimismo que la admisión de Ucraina en la OTAN era “una conclusión inevitable”, que Moscú no podía permitirse el lujo de ignorar la amenaza de una Ucraina con armas nucleares (de las que carecía desde el 1.6.1996, fecha en que se envió hacia Rusia la última remesa de ojivas nucleares para su desmantelamiento, como consecuencia de la firma del Memorándum de Budapest sobre garantías de seguridad, nota del autor). Finalmente, exigió que “aquellos que tomaron y retuvieron el poder en Kiev […] cesaran inmediatamente las hostilidades”, o “enfrentarían las consecuencias”.

[19] Inicialmente, el número de efectivos y sus equipos rondaba los 75.000, acantonados a unos 150 Km. de la frontera. En diciembre de 2021, el número de tropas fue aumentando y las estimaciones las cuantificaron en unos 175.000 hombres, aunque alguna de ellas las situó en un máximo de 225.000.

[20] El portavoz de Putin, Dmitri Peskov, lo negó en noviembre de 2021; el viceministro de Relaciones Exteriores, Serguei Riabkov, lo hizo en enero de 2022; el embajador ruso en los Estados Unidos, Anatoli Antonov, insistió el 20 de febrero de 2022 y el embajador ruso en la República Checa, Alexandr Zmeyevski, se atrevió a hacerlo el 23 de febrero de 2022.

[21] La parte rusa se refiere a la invasión como “operación militar especial”, no como guerra.

[22] Rusia ha acusado a Ucraina de genocidio en el Dombás contra la población prorrusa del país. Ucraina presentó una demanda en la Corte Penal Internacional contra Rusia por esas acusaciones. Los tribunales no hallaron evidencias que sustentaran las acusaciones rusas e instaron al Gobierno ruso a suspender de inmediato las acciones militares contra Ucraina.

[23] Lo hicieron, pero con la tibieza habitual. Tuvo un cierto impacto económico la desconexión de una decena de bancos rusos del sistema de mensajería interbancaria SWIFT, el cierre del espacio aéreo de la UE y otros países occidentales a las aerolíneas rusas, las sanciones al sector aviación (embargo de venta de aviones nuevos, repuestos, combustible, mantenimiento y financiación) y las sanciones al sector transporte por carretera y marítimo, junto con el embargo a la venta de tecnologías y material de doble uso, de los que la industria rusa es especialmente dependiente.

[24] La frase se entendía referida al uso de armas nucleares por parte de Rusia.

[25] Ello se refleja en un antagonismo característico, que se expresa comúnmente como Voluntad frente a Realidad. En Rusia especialmente, es necesario tener en cuenta la escasa autonomía y trascendencia de las personas –ciudadanos– en la adopción de decisiones que afectan a la sociedad como un todo. Lejos de tomar en consideración los intereses de los ciudadanos de a pie, las grandes líneas de la estrategia rusa obedecen a criterios voluntaristas de distintas élites que son independientes de las posibilidades que plantea la realidad: el resultado suele ser el fracaso, con altos costes para la población.

[26] En principio, la función de las élites directoras de un país pasa por proveer seguridad y riqueza a sus habitantes. Ya no es el caso en Rusia desde el cese de Boris Yeltsin, quien sí contemplaba ese objetivo.

[27] PECOS: Países de Europa Central y Oriental.

[28] En mayo de 2014 el presidente Putin firmó un acuerdo de 30 años de duración para la venta de gas a China, por valor de 400.000 millones de dólares.

[29] Lo política energética alemana es suicida. Por no alargar este texto, pueden consultar el lector aquí  https://joseramonferrandis.es/alemania-se-tambalea/ y aquí https://joseramonferrandis.es/verdes-por-fuera/

[30] Acrónimo de los cuatro países originalmente comprendidos en esa definición: B por Brasil, R por Rusia, I por India, C por China y S por el plural, luego utilizado por la Republica Sudafricana para incorporarse. A 1 de enero de 2024, el grupo posee 10 miembros tras la entrada de Arabia Saudita, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Etiopía e Irán. No hay intereses comunes, plataformas conjuntas, objetivos compartidos o estrategias de unificación en esta asociación. https://joseramonferrandis.es/naciones-unidas-una-institucion-deleznable/

[31] Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y, marginal y políticamente, la Unión Europea.

[32] A través del partido político Rusia Unida, vehículo del poder de Vladimir Putin, que alcanza resultados cuasimonopolísticos utilizando todo tipo de recursos.

Autor del artículo

<a href="https://joseramonferrandis.es" target="_blank">José-Ramón Ferrandis</a>

José-Ramón Ferrandis

Nacido en Valencia (España) en 1951. Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense. Técnico Comercial y Economista del Estado. Salvo posiciones en Madrid, destinado sucesivamente en Ceuta (España), Moscú (URSS), Washington (EE. UU.), Moscú (Rusia) y Riad (Arabia Saudita). Profesor de Análisis Riesgo País, Análisis de tendencias y Mercados internacionales. Analista. Escritor (Globalización y Generación de Riqueza, África es así, Crimen de Estado). Áreas de especialización referidas a su trayectoria. Con el blog espera poder compartir experiencias y divulgar análisis sobre asuntos de interés general, empezando por el clima y terminando por la Geopolítica; sin dejar de lado la situación de España. Lo completará publicando semanalmente la Carta de los martes, que tiene 4 años de existencia.