por José-Ramón Ferrandis | 17 Jul 2026 | Cambio climático, Globalización, Países / Áreas geográficas
El 26 de mayo de 2026 apareció en ese periódico un artículo que pueden ver aquí[2]. Si la media de los que se publican en ese medio llama la atención por sus desenfoques, éste bate récords. Y lo hace por tres motivos.
El primero porque asegura, con absoluta falsedad científica, que los aumentos de CO2 generados por los vuelos de repatriación de inmigrantes[3] ilegales empeoran la crisis climática. Y no es científico por tres razones. La primera es porque no hay crisis climática alguna, cosa ésta que se han inventado los alarmistas intervencionistas para que cuele su globalismo irrisorio[4]. La segunda, porque la concentración de CO2 en la atmósfera no permite alzas de temperatura por mucho que se eleven los porcentajes de CO2[5]. Y la tercera porque en términos absolutos y relativos, la aportación del CO2 de los vuelos de repatriación es despreciable y no puede ser tomada en consideración.
El segundo porque las repatriaciones se realizan en estricto cumplimiento de la ley norteamericana, con respaldo de distintas sentencias a todos los niveles en que se estructuran los tribunales de aplicación de justicia en los EE. UU., llegando hasta el Tribunal Supremo[6]. A The Guardian puede no gustarle eso, y es muy libre, aunque curiosamente no le preocupan las decenas de miles de violaciones, secuestros, torturas y asesinatos de jóvenes británicas realizados durante décadas por musulmanes en el propio suelo británico, pero eso no sorprende, tratándose de progres británicos[7]. Se llama asimetría fundamental, o ley de embudo.
El tercero porque The Guardian cree correcto disparatar sobre actuaciones legales y legítimas del presidente Trump, cuya finalidad es la defensa de la integridad de su país, dañada severamente por las políticas firmadas por el anterior presidente Biden al permitir la entrada ilegal de más de 10 millones de inmigrantes ilegales durante sus cuatro años de mandato. Ya sabe el lector, los opositores demócratas[8] al presidente Trump consideran que hay que matarlo[9], como hicieron con Charlie Kirk, y ya que no pueden físicamente[10], que sea atacando sus políticas, estas sí completamente correctas. Bienvenido sea The Guardian al frente común[11].
Si un inmigrante quiere entrar en los EE. UU., puede solicitarlo por vías legales, que las hay. Si no lo hace y entra, se le expulsa. Hay gente que cree que eso no debe ser así y que los inmigrantes ilegales, musulmanes o no, tienen derechos que están por encima de las normas vigentes, de la Ley Natural y del bienestar de los habitantes de los países invadidos. Pues va a ser que no.
¿Cómo puede el progresismo unido intentar volcar a su favor la balanza argumental, por descabellados que sean sus planteamientos? Apelando a que el presidente Trump hace lo contrario. Tienen así garantizados millones de afines. Y si cuela, cuela.
[1] The Guardian es un diario británico editado como tabloide. Sus orígenes se remontan a 1821. Se puede decir, para quien no lo conozca, que es un trasunto de El País, si bien la fecha de constitución de este último, 1976, obligue a trasponer los términos.
[2] https://www.theguardian.com/us-news/2026/may/26/us-immigration-flights-emissions He llegado a él a través de este otro, de Erik Worrall Guardian: US Illegal Immigrant Deportation Flights are Worsening the Climate Crisis – Watts Up With That?
[3] Se permite The Guardian otra falsedad ampliamente demostrada como tal, y es que parte de la emigración registrada lo es por razones climáticas. Esa fue una ocurrencia de exvicepresidente Gore, y ya sabemos lo fiables que son sus afirmaciones.
[4] Recuerden: en mayo de 2023, el secretario general de la ONU dijo aquello de “La Tierra ha entrado en una era de ebullición global«. Los hay más ridículos, no crean. Que cobren más, probablemente no.
[5] Fenómeno conocido por saturación. Vean aquí https://joseramonferrandis.es/saturacion/
[6] Hay decenas de juececillos de obediencia demócrata en los circuitos inferiores que lo dan todo para detener la aplicación de la ley, pero son sistemáticamente desautorizados por instancias superiores. La militancia, es lo que tiene.
[7] O de cualquier nacionalidad. Son así en todas partes.
[8] Me refiero a los seguidores del partido demócrata de los EE. UU.
[9] ¿No se lo creen? Vean en redes.
[10] Fallan mucho, la verdad.
[11] Frente común, Frente Unido, Frente Patriótico, Frente Popular… Son poco imaginativos los de la Internacional.
por José-Ramón Ferrandis | 16 Jul 2026 | Economía, Globalización, Países / Áreas geográficas
Recientemente comenté en un artículo[1] la situación de España en el seno de la UE. En mi opinión[2], debemos abandonar esa organización que, si cuando era el Mercado Común Europeo sirvió a nuestros intereses de construcción de infraestructuras e incremento del comercio con esa área concreta, (aunque a costa de destruir sectores industriales y agrarios enteros como consecuencia de una mala negociación de acceso), en este momento y de manera creciente está destruyendo prácticamente todos los fundamentos de la España que hemos conocido, muy superior a la que conocemos.
Establecida esta base, el primero de los pasos a dar para evitar nuestra desaparición en una unidad difusa pero autoritaria y abusiva como es la UE es recurrir al artículo 50[3] del Tratado de la UE. Una vez puesta en práctica la batería de estadios a cumplimentar para lograr la salida con los menores roces posibles, correspondería rearmar el Estado español de manera que la normativa vigente se adecúe únicamente a la defensa de nuestros intereses como Nación.
A estas alturas, el lector se verá compelido a pensar en el llamado BREXIT, que es la denominación por la cual se conoce a la salida del Reino Unido de la Gran Bretaña de la UE, decidida por referéndum del 23 de junio de 2016 y materializada a las 23:00 del 31 de enero de 2020[4]. Los resultados o consecuencias para el Reino Unido no son fácilmente mensurables. Lo cierto es que las normas de la UE dejaron de prevalecer sobre las británicas, sobre todo en materia de inmigración comunitaria. Una ironía, pues si algo está dinamitando tanto al Reino Unido como a la UE es la invasión migratoria procedente de países de África y Asia, en detrimento de las poblaciones tradicionales de ambos ámbitos.
En otras palabras y sintetizando, España apenas perdería impulso económico y ganaría de manera incontrovertible en libertad de decisión. El grave problema, paradójicamente, es que esa libertad fuera utilizada por gobiernos como el actual, acompañados por un Parlamento como el presente, para destrozar la convivencia, tal y como vienen haciendo en los últimos siete años. Y seguimos teniendo la espada de Damocles de una deuda pública externa impagable, por muchas negociaciones y quitas que un gobierno decente pudiera proponer y obtener.
Y eso nos lleva a la segunda hipótesis de trabajo. Esta pasaría igualmente por la salida de la UE, pero no para mantenernos al margen de manera por completo independiente, sino para solicitar de los EE. UU. nuestra participación como Estado número 51 de orden.
Me explico.
La Constitución de los EE. UU.[5] radica en tres elementos fundamentales: la fe en Dios, la convicción de que la persona precede al Estado y la desconfianza en el poder[6], que debe estar limitado. De ahí que los Padres Fundadores establecieran un equilibrio real entre los tres clásicos (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) como ninguna otra democracia formal puede presentar.
De acuerdo con su artículo IV[7], que define la relación entre los Estados, el Congreso de los EE. UU.[8] tiene la capacidad de admitir nuevos Estados en la Unión. Hoy día son 50[9], federados entre sí, tienen el carácter de “entidades subnacionales” y comparten soberanía con el gobierno federal. Así, un ciudadano estadounidense lo es tanto de la entidad federal como del Estado donde reside.
La Constitución de los EE. UU. únicamente establece que “el Congreso podrá admitir nuevos Estados en la Unión”. En principio, el Congreso norteamericano, cuando un Estado o territorio manifieste su voluntad de convertirse en Estado de la Unión, ordenará al gobierno de ese territorio redactar una constitución estatal. Tras la aceptación de esa constitución, el Congreso podría admitir a ese territorio como un Estado[10].
Hecho esto, los Estados de la Unión tienen garantizada la protección por parte de las Fuerzas Armadas de los EE. UU., así como la protección civil por el gobierno federal en los casos previstos.
Cada estado transfiere algunos poderes soberanos al gobierno federal. Como reza la Décima Enmienda[11] a la Constitución, los poderes no explícitamente delegados al gobierno federal son de los Estados. A ese respecto, hay una tendencia (y un debate permanente) sobre la naturaleza, el número y la importancia de la soberanía de los Estados en relación con el gobierno federal[12].
Hasta aquí, de forma muy sucinta, el marco que regularía el acceso de España a la Unión.
Si así se hiciera, España sería el Estado más poblado[13] de los EE. UU., el tercero en superficie[14], el más alejado de la costa del territorio norteamericano contiguo[15] y el primero en hacerlo tras el acceso de Hawái[16] el 21 de agosto de 1959. Se integraría en una Unión en la que la idea de Dios y la religiosidad de sus gentes supera ampliamente no ya la media de la UE, sino la nuestra. Eso lleva directamente, a través de la Ley Natural que rige el comportamiento general, a la defensa de la libertad[17] y de la dignidad del ser humano[18], claves de bóveda de la cristiandad.
Desde el punto de vista de la resolución de los problemas que nos aquejan[19], mostrados en el artículo mencionado[20], esta sería la solución:
- Relaciones comerciales. Los intercambios de bienes con los países de la UE se reducirían al elevarse el arancel para nuestras exportaciones, como consecuencia de nuestra salida y de los nuevos tipos tras la negociación de un Acuerdo bilateral España-UE[21]. No obstante, la proximidad geográfica seguiría siendo un elemento a favor de nuestros intercambios comerciales bilaterales. Al no estar ya obligados a aceptar importaciones agrarias de terceros países (Marruecos, Egipto, India, Sudáfrica, MERCOSUR, etcétera), nuestro mercado español quedaría exento de importaciones que ya no tendrían el respaldo de la Unión Europea. Había una desviación de comercio. En comercio de bienes, las importaciones de origen UE y las exportaciones a la UE se ajustarían a los aranceles derivados del nuevo acuerdo bilateral. Los servicios tienen una casuística diferente a los bienes; los aspectos impositivos en frontera no les afectarían en la misma medida.
La apertura a arancel cero del mercado norteamericano (que incluye a México y Canadá por el TLCAN[22]) pone a nuestro alcance un mercado de unos 520 millones de habitantes, por los 400 de la UE ya sin España.
Un conjunto de escenarios posibles desde el punto de vista del análisis coste/beneficio sería de utilidad para aventurar resultados, que sólo la realidad mostraría.
- Deuda denominada en euros. Al no tratarse de un mero abandono de la UE, con la necesaria creación de una nueva moneda, sino de la integración en los EE. UU., España no se vería castigada por la devaluación automática de la neopeseta sino que se vería beneficiada por su entrada en el área del dólar. Ninguna devaluación. Eso permitiría repagar la deuda pública en euros simplemente cambiando la moneda de pago. El dogal que nos tenaza desaparecería automáticamente.
- Conjunto de acuerdos comerciales con terceros. Lejos de verse obligada a aceptar acuerdos con terceros países con bajos niveles de renta que nos son lesivos, castigan nuestras producciones básicas y nos ponen en manos de terceros a efectos de suministros de todo orden, España rompería esos nexos y se integraría en un área en la que la mayoría de la población posee un nivel de renta muy superior al nuestro. Eso nos permitiría disfrutar de una demanda enorme de nuestros bienes y servicios, que automáticamente tirarían al alza de nuestra renta media, la cual tendería a igualarse con la media de los EE. UU. Nuestras empresas podrán integrarse en los conjuntos de suministradores para empresas de alto nivel tecnológico, que destinan gran parte de sus presupuestos a I+D, sin trabas administrativas excesivas, una normativa amistosa para los negocios y un bajo nivel de carga impositiva. El bajo coste de la energía, la disponibilidad de amplios recursos energéticos y sus bajos precios relativos reforzarían nuestro desarrollo.
- Nuestro buen nivel relativo de productividad agraria no se vería coartado por las normativas limitadoras procedentes de las autoridades de Bruselas, tanto en agricultura como en ganadería, en pesca, explotación forestal y, sobre todo, explotaciones mineras[23]. Lo que hemos denominado “Agricultura” debe ser entendido en sentido amplio como “Sector Primario”. Nuestra producción crecería fuertemente al integrarse en un gran mercado, demandante de calidad a precios ajustados.
El conjunto de los consumidores españoles ya no estaría obligado a consumir producciones extranjeras de calidad mediocre procedentes de países con bajos precios, tratadas con productos perniciosos para la salud, como está ocurriendo cada vez más en España.
- Energía. La libertad de extracción, producción y adquisición de energía en los EE. UU. facilita su utilización. Siendo miembros de esa Unión, ya no habría restricciones a la búsqueda de materias primas, como no habría imposiciones ni exigencias para instalar eólica y solar, lo que repercutiría directamente en los precios de la energía, incluida la eléctrica. Al bajar sustancialmente éstos, nuestra competitividad se dispararía al alza, convirtiendo a España en un imán para la inversión industrial energía-intensiva en Europa Occidental. Y para cualquier otra actividad. La energía barata y abundante es la clave del desarrollo de los países como la cara y escasa es la garantía de la destrucción de las economías. Eso lo sabe perfectamente la Comisión Europea, y a ello se aplica.
- Invasión de inmigrantes. Hemos visto cómo, especialmente en os últimos años, se está produciendo en toda la Unión Europea una auténtica invasión de personas procedentes de países no ya del entorno, sino de toda África y varios países de Asia. Muchos de ellos son abanderados del islam. Su pretensión inequívoca es destruir el hogar de la Cristiandad, poniendo en su lugar, a sangre y fuego cuando proceda, su forma de entender la vida y de imponerla a los demás.
Las autoridades comunitarias lo consienten, lo favorecen y lo financian, con la colaboración de las élites políticas de los 27, quienes de grado o por fuerza cooperan con el plan de destrucción de Occidente[24].
En los EE. UU., esas políticas permisivas de admisión irrestricta ni existen hoy por hoy[25], y se ven complementadas por órdenes de expulsión que se aplican a rajatabla. Adicionalmente, se realizan con ofrecimientos a ilegales para que vuelvan (con vuelos pagados) a su país para desde allí utilizar los mecanismos consulares necesarios para su entrada en los EE. UU. con todas las bendiciones.
Las benéficas consecuencias son patentes en todos los órdenes: seguridad en las calles y en todos los ámbitos de la sociedad[26], mayor oferta de servicios públicos (por reducción de demanda), caída de los precios del alquiler de viviendas … fenómenos que se conocen bien en España y que quedarían minimizados en el caso de unión a la Unión.
- El artículo anterior abundaba sobre la pertenencia de España a la OTAN, organismo cuya función primigenia en 1949 era defender a Occidente del expansionismo soviético. Su objetivo actual, tras una indeterminación que ha durado décadas, ha virado para situarse frente al declarado y manifiesto expansionismo ruso. Pronto será necesario hacer lo mismo con las pretensiones de la República Popular china.
La reducción de efectivos norteamericanos presentes en Europa, más las dificultades de financiación de esa retirada parcial de los EE. UU., que lleva años en curso, ponen de relieve que los países de Europa no se ponen de acuerdo para suplir a los EE. UU., no disponen de mecanismos de defensa común ni avanzan en la consecución de objetivos compartidos. Tampoco parece que vayan a lograr estos objetivos en un plazo razonablemente corto.
La incorporación de España a los EE. UU. resolvería de un plumazo todos esos problemas, pero además, garantizaría la integridad territorial de España frente a Marruecos, tanto por lo que respecta a Ceuta y Melilla (no amparadas por nuestra adhesión a la OTAN), como las Canarias, permanente objeto de deseo para nuestro enemigo histórico al sur de nuestras fronteras. De Gibraltar podemos hablar en otro momento. Y la operación Islero quedaría finalmente resuelta.
Conclusiones. Este artículo versa sobre un supuesto estratégico de enorme alcance y envergadura. Es evidente que nuestros nexos con los países de América son incomparablemente más fuertes y duraderos que los que nuestra Historia presenta en relación con ningún país de Europa. Más aún, el territorio de los EE. UU. fue, en gran medida, parte del imperio español, que se extendía por dos hemisferios, pero sobre todo en América. El fundamento de la Hispanidad es tan americano como europeo, pero territorialmente y en cuanto al desarrollo de los países americanos, está a ambos lados del Atlántico. América entera, con excepción de Brasil, Belice, Canadá, Guyana, Surinam y algunos Estados caribeños, es claramente de origen civilizatorio español.
Si esta sugerencia de integración fuera aprobada en referéndum por los españoles, sólo restaría que fuera aceptada por las instituciones norteamericanas de acuerdo con lo expresado más arriba. Hay un buen número de razones a favor de que lo fuera y muy pocos, si alguno, de que no lo fuera. No obstante, sugerirlos en este texto sería especulativo e inútil. Es asunto suyo, como la salida de la UE y los pasos para solicitar la entrada en los EE. UU. lo es nuestro.
[1] Éste https://joseramonferrandis.es/adios-muchachos/
[2] La validación de cualquier iniciativa, previa a su eventual puesta en práctica, requiere la realización de un análisis coste/beneficio que tenga en cuenta los datos actuales, así como las proyecciones y tendencias, en los ámbitos económico, comercial y financiero (las variables fundamentales de la UE son la unión aduanera, con su tarifa exterior común, y el mercado único).
[3] El artículo 50 del Tratado de la Unión Europea prevé un mecanismo para la retirada voluntaria y unilateral de un país de la UE. … “El Estado miembro que decida retirarse notificará su intención al Consejo Europeo. A la luz de las orientaciones del Consejo Europeo, la Unión negociará y celebrará con ese Estado un acuerdo que establecerá la forma de su retirada, teniendo en cuenta el marco de sus relaciones futuras con la Unión. Este acuerdo se negociará con arreglo al apartado 3 del artículo 218 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea. El Consejo lo celebrará en nombre de la Unión por mayoría cualificada, previa aprobación del Parlamento Europeo.” … https://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/?uri=CELEX:12016ME/TXT
[4] Fueron más de los dos años previstos, habida cuenta de las dificultades encontradas en el Parlamento británico para aprobar la salida. Las empresas de ambas partes gozaron de una prórroga de mantenimiento del status quo referido a los mercados europeo y británico hasta el 31 de diciembre de 2020. El 1 de enero de 2021 se aplicó provisionalmente un Acuerdo de cooperación y comercio entre la Unión Europea y el Reino Unido, que entró en vigor formalmente el 1 de mayo de 2021.
[5] La Constitución de los Estados Unidos (texto) es la ley de más alto rango de los EE. UU. Fue adoptada el 17 de septiembre de 1787 por la Convención de Filadelfia y luego ratificada por la población en respectivas convenciones en cada Estado federado.
[6] Esa confianza en Dios y simultánea desconfianza en el poder es una garantía de independencia y libertad.
[7][7][7] El Artículo IV de la Constitución de los Estados Unidos trata sobre los Estados. Establece las obligaciones que los Estados han de tener entre ellos y las obligaciones del gobierno federal para con los Estados. Permite la admisión de nuevos Estados a la Unión.
[8] El Congreso de los Estados Unidos es el órgano legislativo bicameral de los Estados Unidos. Está formado por la Cámara de Representantes y el Senado.
[9] Desde el establecimiento de los Estados Unidos, el número de Estados ha pasado de trece a cincuenta.
[10] Sin contar los 13 originales, solo unos pocos Estados han sido admitidos en la Unión sin haber sido territorios organizados del gobierno federal: se trata de Vermont, una república independiente de facto no reconocida hasta su admisión en 1791; de Texas, una república independiente reconocida hasta su admisión en 1845 y de California, creada como Estado (como parte del Compromiso de 1850) a partir del territorio de Alta California por la Cesión Mexicana (Tratado de Guadalupe-Hidalgo) en 1850, sin haber sido un territorio totalmente organizado en sí mismo.
[11] ‘Los poderes que la Constitución no delega a los Estados Unidos ni prohíbe a los Estados, quedan reservados a los Estados respectivamente o al pueblo.” Históricamente, las competencias en materia de educación pública, salud pública, transporte y otras infraestructuras han sido consideradas responsabilidades principalmente estatales, aunque todas tengan tanto una regulación como una financiación federal significativa.
[12] El artículo 1, sección 8, cláusula 3, (conocido como “cláusula de comercio”) de la Constitución norteamericana viene siendo interpretado por el Tribunal Supremo de los EE. UU. a favor del poder federal. Tiende a respaldar la capacidad del Congreso para asignar fondos y utilizarlos con otra finalidad. Por ejemplo, el sistema interestatal de autopistas es financiado parcialmente por el gobierno federal, sirviendo a cada Estado y a todos ellos. El Congreso ha persuadido a Legislativos de algunos Estados para que aprobaran leyes varias, amenazando en caso contrario con retener fondos para las carreteras federales.
[13] Muy por delante de California, con 39.538.223 habitantes según el censo de 2020.
[14] Por detrás de Alaska (1.717.854 Km2), y de Texas, (695.621 Km2).
[15] Unos 6.000 kilómetros.
[16] Que se encuentra a unos 4.000 kilómetros de la costa oeste del territorio contiguo de los EE. UU.
[17] De manera positiva, legislando para que los ciudadanos posean en el mayor grado posible. De manera negativa, desconfiando esencialmente de la acumulación de poder en manos de los partidos políticos y de las instituciones y dando un enorme margen operativo a la sociedad organizada.
[18] Como estableció la Escuela de Salamanca hace cinco siglos.
[19] Que, como sabe el lector, son tan sólo algunos de los que nos afectan por nuestra pertenencia a la UE.
[20] https://joseramonferrandis.es/adios-muchachos/
[21] Mutatis mutandis, algo similar ocurriría con nuestras importaciones procedentes de esa área comercial. Las magnitudes finales no sólo dependen del precio, sino de otras variables como elasticidad, sustituibilidad y otras.
[22] Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés), supondría un aumento considerable de nuestras exportaciones e importaciones hasta igualar o superar las existentes con la UE más las realizadas con los EE. UU. en la actualidad.
[23] La prevalencia de políticas suicidas en materia minera y energética, básica y universal en la UE, desaparece, liberando el desarrollo de las fuerzas productivas españolas al amparo de la normativa norteamericana.
[24] Los casos de Rumanía, de Polonia y de Hungría, donde las interferencias ilegales de la Comisión de la UE han sido evidentes, lo ponen claramente de manifiesto.
[25] Y en el pasado inmediato; las presidencias de Obama y Biden vieron la expulsión de millones de inmigrantes ilegales; el problema consistió en que se seguía permitiendo el acceso al territorio norteamericano.
[26] En los EE. UU., como en España, un porcentaje no desdeñable de los invasores son delincuentes activos, algunos liberados de las cárceles de sus países para que se alejen de sus fronteras y exporten sus malas artes allá donde lleguen.