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Un blog reaccionario

«Verum, Bonum, Pulchrum»

Guía para navegantes

por | 6 Dic 2023 | Otros artículos

6. Desnaturalización de la Ciencia

Los avances de la civilización occidental, que de una u otra manera han permeado todas las sociedades poseedoras de instituciones sensibles y élites interesadas en todo el mundo, tienen entre sus fundamentos un desarrollo científico-técnico sobresaliente, que permitió poner en marcha la revolución industrial, cuna de los desarrollos posteriores en todos los campos. Y en la base de esa revolución se halla la Ciencia, insobornable, metódica.

Los adalides del calentamiento global antropogénico quieren sustituirla por el consenso, constructo político que sí es sobornable. Eso les permitiría manejar las sociedades a su antojo. ¿Podrán hacerlo?

  • Religión laica contra Ciencia

Empecemos por el principio. Cuando en el ámbito del conocimiento científico hablamos de consenso, es un subterfugio, porque Ciencia y consenso son términos antitéticos. No existe el consenso en Ciencia. Si es consenso, no es Ciencia. Si es Ciencia, no es consenso. Dicho de otra manera, o es Ciencia, o es consenso. En la Ciencia, el consenso es irrelevante. Lo que es relevante son los resultados reproducibles. El consenso es un asunto político. La Ciencia nada tiene que ver con la democracia. Aunque el 100% de los científicos creyeran en algo, individual o conjuntamente, una sola persona que presentara las evidencias correctas y verificables podría perfectamente tener razón contra todos ellos[1].

El consenso[2] es política, es adocenamiento: el grupo acoge y defiende[3]. En análisis económico, el consenso es, en última instancia, cobardía, pues cualquier previsión que se salga del estrecho canal del conjunto de expectativas publicadas puede volverse contra quien la emita si los datos la descalifican.

En realidad, lo que subyace al consenso es una creencia, una fe. Se quiere creer en algo por encima de la Ciencia, más allá del conocimiento. Es, pues, una religión. Una religión de fundamentalistas, que no atienden a razones, ni a datos, a hechos, a mediciones, ni al método científico. Y como son fundamentalistas, excluyen todo otro modo de pensar.

Una religión laica, propia de un Estado. Hay que creer en ella, y ¡ay de los que no lo hagan!

Recuerde el lector que en los años 70 del Siglo XX el consenso era el enfriamiento. Desde los años 90 del Siglo XX y hasta el 2000, las temperaturas se revirtieron y el consenso pasó a ser el calentamiento. Teníamos un consenso de enfriamiento cuando el mundo se estaba enfriando y ahora tenemos un consenso de calentamiento y en mundo que (aunque ha dejado de hacerlo entre 1998 y 2023, con una ligera subida en 2015/2016) dicen que se calienta. ¿Eso es todo? Ambas posiciones son hipótesis. ¿Qué las convierte en teorías?

Veamos cómo funciona el método científico. Un científico establece una hipótesis[4] que explica un fenómeno natural observado. Sobre ella construye una teoría. Luego la contrasta (es decir, intenta rebatirla). Si la contrastación valida la hipótesis, la teoría es cierta. Y eso sí, una teoría científica siempre está sujeta a verificación[5]. No es aceptable que ninguna convicción religiosa, social, política o filosófica confunda obstaculice la búsqueda de la verdad que subyace al método científico.

La teoría del calentamiento global (o “cambio climático”) parte de la base de que el CO2, uno de los gases de efecto invernadero, aumenta, y que ese aumento hace que las temperaturas asciendan. Y como son los seres humanos los que producen cada vez más CO2, la culpa es suya ¿Se han contrastado las hipótesis? No. Pero la teoría ha sido validada por razones políticas y acto seguido por razones político-religiosas. Eso no es Ciencia. Es política. La Ciencia es otra cosa. Esto es política disfrazada de religión.

La teoría del calentamiento global no es una herramienta para buscar la verdad sino para aplicar impuestos a las poblaciones occidentales y hundir las economías de libre mercado. No se trata de lanzar una hipótesis y ver si los hechos la validan. Los hechos no importan; es el dogma lo que importa.

Parece ser que el común de los mortales de Occidente[6] ya no cree en Dios. En ese caso, dado el horror al vacío que tiene la Naturaleza, el ahora descreído terminará creyendo en algo que dé significado a su vida, ya que las grandes narrativas del pasado no lo hacen. Hoy día, en los países más avanzados de Occidente[7], la religión de los ateos urbanitas es el medio ambiente.

Más aún. La aceptación pasiva de un dogma conlleva menos tensión, mantiene al creyente en el interior del aprisco, diluye los ataques personales y permite que las carreras profesionales avancen. Por eso la mayoría, crea o no en la nueva religión calentológica, prefiere no expresarse fuera del consenso. Ni siquiera en la Universidad tienen los académicos libertad para expresarse en contra del consenso. Si lo hacen, se quedan al margen, no publican, pierden pie y en el peor de los casos, sus contratos. Si un científico rechaza cualquier informe del IPCC tendrá graves problemas. Problemas para encontrar trabajo, publicar o recibir ayudas para la investigación. Está profesionalmente muerto.

Esa es la razón por la cual pocas voces de científicos en activo[8] defienden la evidencia de este inmenso fraude de raíces religiosas fundamentalistas, fanáticas. Conviene trabajar a favor de obra. La Ciencia ha devenido un actor menor en una lucha global que no es por el clima, el CO2 ni las emisiones, sino por el control del mundo por las élites socialistas dominantes.

Nadie puede exigir a alguien que sea un héroe, que pronto se convertiría en mártir. Y sin embargo, los hay. Por ejemplo, Nir Shaviv[9], poderoso defensor de la máxima importancia que tiene el sol en el clima, asevera con gracia: “El calentamiento global ya no es un asunto únicamente científico. Tiene repercusiones sociales y se ha revestido de una cualidad moralista, casi religiosa. Si usted cree lo que todos creen, usted es una buena persona. Si no, es una mala persona”.

Por ejemplo, Richard S. Lindzen[10] afirmó[11]: “Los historiadores se preguntarán sin duda en siglos futuros cómo una lógica chapucera, oscurecida por una propaganda perspicaz e implacable, permitió en la práctica una coalición de poderosos intereses especiales para convencer casi a todo el mundo de que el CO2 antropogénico era una toxina peligrosa y destructiva del planeta. Será recordada como el mayor engaño de masas de la historia del mundo: que el CO2, la vida de las plantas fuera considerada durante un tiempo un veneno mortal”.

Por ejemplo, Michael Shellenberger[12], tras 30 años de militancia activista en favor de la calentología, ha confesado que los hechos y los datos no avalan la teoría del “calentamiento global antropogénico” y que el daño que ha causado es impresionante. De hecho, “ha sido un tremendo error”.

  • Hipertrofia institucional globalista

Mucha gente se pregunta cómo hemos podido llegar hasta aquí. El principio del camino ha sido explicado en https://joseramonferrandis.es/guia-para-navegantes-5/

Desde hace 70 años, donar recursos financieros de manera casi inimaginable[13] no ha servido para desencadenar desarrollo alguno en los países más pobres. Sin embargo[14], nos esperan otros lustros de transferir recursos procedentes de los impuestos de los países ricos en beneficio de las élites globalistas, el conglomerado de la ONU, las empresas que se han subido a la ola y la RP China. Y eso se hará en su mayor parte gracias a Naciones Unidas[15], que se ha marcado un segundo paquete de objetivos llamado ODS[16]. Correrá la misma suerte que el primero, los ODM[17].

Esa iniciativa exigirá un esfuerzo financiero que se estima alcanzará entre 2 y 3 billones (españoles) de US $ … ¡al año! para cubrir solamente los SDG más básicos. Dicho con claridad, los socialistas de Naciones Unidas establecen objetivos descabellados e inalcanzables que exigirán el rápido empobrecimiento de las naciones de Occidente … y su desmesurado enriquecimiento personal. El sueño dorado del socialismo, financiado por las naciones de Occidente sin chistar.

Entidades de todo tipo[18] no cesan de producir informes que anuncian catástrofes climáticas ajenas a los datos y que pronto se revelan falsas. Y en cuanto emiten esos informes, los medios de comunicación de masas los divulgan, reforzando sus trazos más alarmistas y potenciando el mensaje calentológico. Con ellos se alinean la práctica totalidad de los gobiernos occidentales, organismos, instituciones, universidades, foros, blogs, agencias y asociaciones en muchos países del mundo. Luego aparecen enjambres de activistas medioambientales, que tupen las redes.

Las personas desprevenidas, los ciudadanos más jóvenes, sucumben con facilidad a este bombardeo mediático. Algunos de ellos lo asumen y reproducen en una reiteración interminable, para regocijo de los manipuladores globalistas.

Un gran número de los miembros del estamento científico y académico “ha dejado de investigar, descubrir y diseminar la verdad. A cambio, su objetivo ha devenido la creación, fortalecimiento y publicitación de una peculiar faceta de la política. El propósito ya no es académico sino directamente político”[19].

  • Partidos políticos y medios de comunicación

El papel de los políticos[20]en este montaje del calentamiento global es capital, decisivo. Sin su impertérrito concurso, nada de esto hubiera sido posible. De ahí su inmensa responsabilidad. Los partidos clásicos dominantes[21], meras correas de transmisión de las instrucciones recibidas de las instituciones supranacionales, carecen de la fibra moral y los códigos de valores necesarios para desempeñar su trabajo con sujeción a la ética que exige su responsabilidad.

La actuación transversal de los socialistas de todos los partidos[22] es destructiva, pero la interferencia alcanza su máximo nivel en la acción de los partidos propiamente socialistas, llámense así, verdes o comunistas. Todos ellos utilizan el debate climático como caballo de Troya para destruir el sistema de economía de mercado, su sueño incumplido tras más de cien millones de muertos directamente provocados por ellos.

Las actuaciones de los elegidos por selección inversa que nos gobiernan desde la partitocracia no hubieran hecho tanta mella en las sociedades de no ser por el ordenado apoyo de los medios de (des)información de masas. No son sólo los tradicionales (prensa, radio y televisión) sino Internet, donde reviste diversas formas. El desarrollo de las plataformas y de las redes sociales posee un gran poder multiplicador. Desde ahí, los militantes de la religión calentológica pueden vocear su credo, merced a un movimiento organizado: el mundo se calienta por culpa del hombre blanco y la civilización occidental. Los medios siempre ocultarán eventos atmosféricos que vayan en contra de los intereses de los calentólogos, así como hipertrofian los que se sitúan en la línea de la alarma que propugnan. Las olas de frío se encubren; el aumento del hielo antártico no se refleja; el crecimiento de las poblaciones de osos polares se ignora y el reverdecimiento de la Tierra se oculta. Y las sartas de mentiras a que nos tienen acostumbrados no cesan. Nos tienen acostumbrados, pero no silenciosos.

El dogma debe prevalecer a toda costa. La ocultación de información contraria a la nueva religión es la norma. Las plataformas en Internet no son imparciales, sino un engranaje en el mecanismo de cambio social. Instagram, Tik Tok, Facebook y otras censuran opiniones e ideas distintas de las políticamente correctas.

La cosa funciona así: cualquiera de los organismos mencionados emite un informe alarmista. Los medios se hacen eco y a su vez lo divulgan globalmente. La gente se lo cree en gran medida, dado el origen de la noticia, y se crea una corriente de opinión. Los gobiernos reaccionan produciendo normas que se adapten a este fenómeno de opinión publicada, lo que retroalimenta el impacto inicial, pero genera costes enormes. No imposta que los datos que avalaron los informes originales sean falsos o estén sesgados. La gente se alarma y los muy jóvenes se quejan amargamente de su negro futuro. Y así, hasta el siguiente empujón.

La suma de orientación política y control mediático ha generado la enormidad del problema en el que los países occidentales están inmersos.

Para justificarse ante el futuro, los políticos aseguran que les mueve la buena voluntad, su gran altura de miras[23]. Si finalmente los resultados son nefastos[24], lástima, porque su intención era buena[25].

Eso sí, siguiendo la conocida antigua máxima latina, primum vivere, deinde philosophari. Políticos, burócratas dependientes de ellos, activistas, científicos, empresas asociadas a las nuevas formas de generar electricidad reciben grandes ingresos, procedentes en lo fundamental de los impuestos que pagan los ciudadanos de a pie[26]. El objetivo es la redistribución de la riqueza, el expolio de los países ricos, pero en el camino hay que proveerse bien. La caridad bien entendida empieza por uno mismo, sí.

Y si, por la misma razón que a partir de 1850 la temperatura de la atmósfera subió, ésta volviera a caer[27], no pasaría nada. Eso, que sí constituiría un problema[28], sería asumido con aplomo por los mismos protagonistas que ahora afirman, ternes, lo contrario[29].

Contra este tipo de realidades políticas y sociales se alza la verdad. Los datos, la Ciencia. Hay que recurrir una y otra vez al rigor en las mediciones, a los datos reales. Lo que no se puede hacer es ceder, cruzarse de brazos o rendirse. De momento, los alarmistas poseen una gran superioridad de medios y, por tanto, de eco, pero puesto que viven en la mentira, acabarán perdiendo. Ya se nota cómo dan pasos atrás, y no es para tomar impulso.

Concluyamos.

Los partidarios del “calentamiento global” o “cambio climático” mantienen que son las emisiones de CO2 emitidas por la acción del ser humano las responsables de las alzas de temperaturas medidas desde aproximadamente 1850. Sin embargo, esa hipótesis no ha sido corroborada por la Ciencia, básicamente porque no ha sido sometida a falsación. No se ha seguido el método científico tradicional. En su lugar, se pide al ciudadano occidental que tenga fe en las manifestaciones elaboradas por grupos de personas con intereses muy claros en lucrarse con el cambio de patrones energéticos. El mensaje de la calentología se lanza por tierra, mar y aire, apoyado por las instituciones globalistas (el conjunto gigantesco de la ONU y sus adláteres) y remachado por los gobiernos de Occidente.

Con todo, el mensaje del calentamiento global no resista el menos análisis científico ni histórico. Su falsedad salta a la vista. Es cuestión de tiempo y firmeza que el fraude retroceda hasta desaparecer.

[1] La teoría de las placas tectónicas de Wegener pareció un sinsentido al resto de geólogos. La responsabilidad de Helicobacter pylori en las úlceras se enfrentó a toda la profesión médica, que estaba segura de que las úlceras de estómago eran debidas a estrés y a las especias. Pero un investigador australiano probó lo contrario. Y así, siempre.

[2] De libro https://www.unioneditorial.net/libro/crimen-de-estado/ saco esta afirmación de Michael Crichton: “Históricamente, la pretensión de consenso es el primer refugio de los sinvergüenzas. Es una forma de evitar el debate diciendo que la Ciencia está ya cerrada y ha decidido. Sólo se invoca el consenso en situaciones en que la Ciencia no es suficientemente sólida. Nadie dice que el consenso de los científicos está de acuerdo en que E=mc2. Nadie afirma que el consenso determina que el Sol está a 93 millones de millas de distancia. No se les ocurre a los verdaderos científicos hablar así”.

[3] Si alguien se sitúa en el núcleo central del movimiento o en la línea dominante, obtendrá beneficios sólo por ello. Si alguien se sitúa en contra o al margen, le llamarán escéptico, en el mejor de los casos, o negacionista – con las connotaciones que ello lleva consigo -, en el peor.

[4] Las hipótesis son ideas especulativas. Un genuino científico se pregunta si las cosas son como se dice y por qué son como se dice. Acto seguido, aplica un proceso científico riguroso para demostrar por qué las cosas son como se dice que son.

[5] Como explicaba Nils-Axel Mörner, “sea como sea, la Ciencia avanza poco a poco hacia la Verdad y nada salvo la Verdad importa”. La Ciencia, a diferencia de la religión, so es un sistema de creencias.

[6] Suelo traer a colación las palabras proféticas de Gilbert K. Chesterton: “La gente ya no cree en Dios y, lejos de no creer en nada, ahora creen en cualquier cosa”.

[7] Occidente es la civilización que más bienestar ha traído al mundo en toda su historia, gracias a su herencia de Atenas, de Roma y del cristianismo.

[8] Cuyas carreras dependen de una institución incardinada en el sistema docente.

[9] Nir Joseph Shaviv (1972) es un profesor de física israeloamericano que Imparte en el Racah Institute of Physics de la Universidad hebrea de Jerusalén, de la que es rector. Es especialmente conocido por su hipótesis de cambio climático asociado al sol y a los rayos cósmicos. Shaviv empezó a cursar en el Instituto Tecnológico en Haifa a los 13 años. Es Máster y Doctorado en Ciencia Física. En 2014 fue aceptado como miembro del Institute for Advanced Study in Princeton.

[10] El profesor Richard Lindzen es doctorado en Harvard en Física y Matemática Aplicada. Profesor en la Universidad de Harvard. De 1983 a 2013 fue catedrático de Ciencias Atmosféricas (cátedra Alfred P. Sloan) en el Massachusetts Institute of Technology (MIT). Ha publicado más de 200 investigaciones científicas y libros. Autor principal del capítulo 7 (Procesos Físicos del Clima) del Tercer Informe del IPCC.

[11] Lo he extraído también de https://www.unioneditorial.net/libro/crimen-de-estado/

[12] Medioambientalista norteamericano que ahora explica sus errores de entonces.

[13] La Ayuda Oficial al Desarrollo ha supuesto que, durante casi 70 años, los países más desarrollados hayan transferido 100 millones de millones de dólares a los países menos desarrollados, lo que no ha servido para sacar a esos países de la miseria, sino más bien al contrario. Vean aquí: https://www.unioneditorial.net/libro/globalizacion-y-generacion-de-riqueza-un-mundo-mas-prospero-mas-eficiente-y-mas-justo-merced-al-comercio-internacional-y-a-la-inversion-extranjera-directa/

[14] Los socialistas nunca reconocen sus errores.

[15] https://joseramonferrandis.es/organizacion-de-naciones-unidas-antecedentes-origen-actividades-tradicionales/

[16] ODS por Objetivos de Desarrollo Sostenible. La ONU produjo en 2015 un documento voluntarista con 17 Objetivos y 169 metas: los llamó “Objetivos de desarrollo sostenible”. Su fecha de finalización y control es 2030. Su objetivo es interferir en el reparto de riqueza del mundo, en un planteamiento absolutamente intervencionista y enfrentado con las poblaciones de los países más avanzados, a los que busca empobrecer a través de restricciones en el uso de la energía.

[17] ODM por Objetivos de Desarrollo del Milenio. La ONU lanzó en el año 2000 una estrategia completamente fuera de sus competencias, los llamados “Objetivos de Desarrollo del Milenio”, compuestos por 8 objetivos y 17 metas intermedias. Los países en Naciones Unidas lo aprobaron. Fue un gigantesco fiasco: sólo se consiguió una de las metas del Objetivo 1: “Erradicar la extrema pobreza y el hambre”, patentizados en que la mitad de las personas tuviera ingresos per capita superiores a 1,25 $/día. Pero no fue en absoluto porque la ONU lo procurara: se cumplió por el vertiginoso desarrollo de la RP China e India en su proceso de globalización y enriquecimiento.

[18] Vean algunas: El IPCC, la OMS, la ECOSOC (Economic and Social Council de Naciones Unidas), el WWF (World Wildlife Fund for Nature), la NASA, la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration), CSIRO (Commonwealth Scientific and Industrial Research Organization), la EPA (Environmental Protection Agency), la UNEP (United Nations Environment Programme), la United Nations Framework Convention on Climate Change, (UNFCCC)… Son legión.

[19] En The Madness of Crowds, Douglas Murray.

[20] Cuando hablo de políticos me estoy refiriendo a funcionarios de partido quienes, por medio del procedimiento tradicional de subordinación, han ido ascendiendo en el escalafón. Si su apuesta por el jefe es exitosa, ven recompensada su lealtad con puestos para los que muchos de ellos carecen de formación. La excepción suele estar en los Ministerios de Economía y otros con competencias técnicas, aunque no siempre.

[21] En España, sin ir más lejos, PSOE y PP son estrictamente indistinguibles en este ámbito. Comparten ideología socialdemócrata, responsabilidad de gestión en los gobiernos central, autonómicos y locales y total ausencia de ética.

[22] Esta es una expresión de Friedrich August von Hayek (Viena, 1899-Friburgo, 1992), economista austriaco, refiriéndose al intervencionismo creciente en las economías occidentales desde la Gran Depresión (1929), con resultados funestos.

[23] Eso es lo que dicen, que nada tiene que ver con lo que realmente es. Se trata de un disfraz de buenismo, que cala por la inexistencia en el universo mediático, público e institucional de Occidente de capacidad crítica suficiente.

[24] Como ya ocurre, y mucho más que lo hará.

[25] En el caso que nos ocupa, “puesto que mi intención declarada es salvar el planeta, pequeños inconvenientes del tipo de reducción generalizada de renta disponible, mayor dependencia del Estado, sofocante clima de falta de libertades y pensamiento único no importan. Si, finalmente nada sale como yo quería, al menos lo he intentado”.

[26] Esto se consigue de formas muy distintas, todas harto imaginativas: asegurarse fondos y transferencias para investigación, garantizarse mandatos políticos, recibir de los gobernantes subsidios para energías renovables sustitutivas de las tradicionales, obtener financiación de organismos administrativos innecesarios y obstaculizadores, pero pródigos, canalizar subvenciones a las llamadas ONGs (que son cada vez más OOGGs directamente dependientes de los Presupuestos Generales del Estado). “Pida por esa boca”.

[27] Quizá recuerde algún lector de edad considerable que, entre 1965 y 1979, el gran temor en los círculos científicos y mediáticos era el enfriamiento general de la atmósfera que, de continuar, iba a matarnos a todos por congelación. Era el catecismo de la época. Las temperaturas estaban descendiendo y las perspectivas de entrar en una 5º Glaciación despertaban angustia. Angus McFarlane mostró en un post publicado en wattsupwiththat.com, que aproximadamente el 65%de los estudios que opinaron sobre el clima y habían pasado el control de los expertos (publicados entre 1965 y 1979) predijeron que el enfriamiento global continuaría.

[28] Nadie olvide que el frío mata 10 veces más que el calor.

[29] Científicos y población en general temían la tendencia al enfriamiento que comenzó en los años 1940s, pues el sentido a medio y largo plazo era hacia un grave enfriamiento, eventualmente el principio de una nueva glaciación como el que tuvo lugar hasta hace 11.700 años, al principio del Holoceno.

Autor del artículo

<a href="https://joseramonferrandis.es" target="_blank">José-Ramón Ferrandis</a>

José-Ramón Ferrandis

Nacido en Valencia (España) en 1951. Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense. Técnico Comercial y Economista del Estado. Salvo posiciones en Madrid, destinado sucesivamente en Ceuta (España), Moscú (URSS), Washington (EE. UU.), Moscú (Rusia) y Riad (Arabia Saudita). Profesor de Análisis Riesgo País, Análisis de tendencias y Mercados internacionales. Analista. Escritor (Globalización y Generación de Riqueza, África es así, Crimen de Estado). Áreas de especialización referidas a su trayectoria. Con el blog espera poder compartir experiencias y divulgar análisis sobre asuntos de interés general, empezando por el clima y terminando por la Geopolítica; sin dejar de lado la situación de España. Lo completará publicando semanalmente la Carta de los martes, que tiene 4 años de existencia.