Alemania, en 2025, sigue siendo el motor económico de la Unión Europea. Por inercia, pues languidece. Se está hundiendo. Lo acabamos de ver aquí https://joseramonferrandis.es/todo-lo-que-puede-empeorar-empeora/ . Se está hundiendo porque las decisiones en materia energética hacen inviable la producción industrial, sencillamente.
Como se puede leer aquí[1], en el plazo de seis semanas, Alemania ha perdido otros 125.000 puestos de trabajo en la industria, lo que eleva el total desde 2019 a 250.000[2]. ¿Por qué? Ya lo hemos anunciado: la energía barata y fiable ha desaparecido.[3] Si las empresas quieren sobrevivir deben abandonar Alemania. Y las energía-intensivas, ni les cuento. Vean en el doble gráfico al pie de estas líneas los costes de la energía en los hogares y el decaimiento de la producción industrial en Alemania.

Wirtschaftlicher Selbstmord – Watts Up With That?
Vehículos automóviles[4], acero, maquinaria-herramienta … incluso banca y logística, todos están desapareciendo por altos costes y reducción de competitividad. Sus mercados exteriores pasan a manos chinas y norteamericanas. Conocemos la razón, que no es otra que la política energética, la cual ya hemos comentado aquí https://joseramonferrandis.es/verdes-por-fuera/ y aquí https://joseramonferrandis.es/alemania-se-tambalea/ .
¿Por qué los precios de la energía son cada vez más altos en Alemania? Pues por cosas como la que se aprecia en el cuadro inmediatamente siguiente: Alemania ha apagado su energía eléctrica de origen nuclear y la RP China no hace sino instalar nuevos reactores. La energía eléctrica de origen nuclear es la más fiable, barata y estabilizadora del sistema eléctrico de cuantas tenemos en el mix energético actual. Y se alimenta, en sus versiones de sales fundidas, de los residuos nucleares almacenados tras su descarte en la anterior generación de energía nuclear. Por eso. Pues en Alemania siguen vociferando eso de “Nucleares no”, es decir, “Atomkraft? Nein, danke”.

Y si a ello sumamos la creciente marea regulatoria, el creciente endeudamiento del Estado, que hay que financiar vía impuestos, y el peso muerto del estado de bienestar, que está siendo parasitado por millones de inmigrantes ociosos, el cuadro está ya dibujado. Y anuncia desastres. Como éstos:
- Desde 2019 se han evaporado 250.000 empleos de alto valor añadido, 125.000 de los cuales lo han hecho en los últimos 6 meses, como ya hemos visto.
- Los empleos en las industrias química y siderúrgica caen a un ritmo de doble dígito (es decir, más del 10%) anual.
- Los despidos en la industria de automoción ascienden a decenas de miles sólo en 2025.
Al final, las leyes de la economía se imponen. Ni regulaciones, ni paneles solares (¡en Alemania, Señor!), ni apelaciones a la salud del planeta, ni apertura de fronteras para todos, ni tanta estupidez infinita como ha plagado a los partidos políticos tradicionales en los últimos 30 años en forma de burocracia, de alarmismo climático, de planificadores energéticos omnipotentes y omniscientes (¡je!) y de amigos de Rusia y de la República Popular China. Nada. Costes. Costes. Costes. Lo demás es poesía, no tanto satírica cuanto trágica.
Es el suicidio de Alemania de la mano de sus votantes, que no terminan de ver claro. Ya lo expresó Richard Wagner: Götterdämmerung[5]. Mera cuestión de tiempo.
[1] Wirtschaftlicher Selbstmord – Watts Up With That?
[2] Fíjese el lector en el ritmo de destrucción.
[3] Sin energía nuclear y sin gas ruso barato, los costes de la energía triplican los de los EE. UU. o China.
[4] Vollswagen Audi Gesellschaft, Mercedes Benz, Ford, incluso Porsche (dentro del grupo VAG, sí, pero con un enorme prestigio mundial) tienen enormes dificultades: la llamada “transición energética” les pone a los pies de los caballos … chinos.
[5] El ocaso de los dioses. El caos.
