Ya se han publicado las anomalías en las temperaturas[1] de la baja troposfera[2] correspondientes a diciembre de 2025. Se han incorporado al gráfico histórico elaborado sobre los datos satelitales de la Universidad de Alabama en Huntsville, que comenzaron a ser recopilados en enero de 1979.
El gráfico pone de relieve que la fuerte elevación de anomalías en las temperaturas experimentada desde 2023 se ha revertido casi en su totalidad. Se aprecia mejor si se observa la curva de color rojo que, de estar actualizada, mostraría que el nivel actual se halla por debajo del existente en 2016 y en 2020. Y en 1998, si a ello vamos.

UAH v6.1 Global Temperature Update for December 2025: +0.30 deg. C – Watts Up With That?
A la vista del gráfico, el observador se puede plantear una duda razonable: ¿por qué, si el CO2 atmosférico está en ascenso lineal, las temperaturas se comportan erráticamente, sin mostrar ni siquiera vagamente correlación alguna entre las curvas que identifican ambas variables?
La respuesta está, sin duda, en que las temperaturas no siguen al CO2 sino al ciclo del agua. En condiciones normales y con el desfase de rigor, son las variaciones de temperatura del agua superficial en el Pacífico oriental, identificadas alternativamente como El Niño o La Niña, quienes calientan o enfrían la atmósfera cuando predominan.
Si se fija el lector, sendas alzas en 1987, 1998, 2010 y 2024 se corresponden con fuertes “El Niño”[3], por lo que no existen dudas al respecto entre los especialistas).
Eso, en condiciones normales. Pero las condiciones no son normales. Y no lo son porque el 15 de enero de 2022 se produjo una gigantesca erupción submarina en el Pacífico Sur[4]. El volcán Hunga-Toga expulsó a la atmósfera 150 millones de toneladas de vapor de agua, que alcanzaron los 50 kilómetros de altura y se dispersaron por toda la atmósfera al descender[5]. La concentración de este gas de efecto invernadero, que por sí mismo supone el 95% de esos gases y tiene gran capacidad de calentamiento, provocó una elevación súbita y duradera de las anomalías en las temperaturas. Además, esa erupción es responsable[6], con toda probabilidad, de otros muchos fenómenos[7] que la ortodoxia calentológica[8], deliberadamente centrada en el CO2, omite, cuando no oculta y, si no queda otra, tergiversa.
¿Que cómo lo sabemos? Mire el gráfico, por favor. La mancha verde irregular muestra el aumento de concentración de vapor de agua en la atmósfera, y por tanto, la variación de temperaturas.

Javier Vinós ha superpuesto a ese gráfico las variaciones de las anomalías en las temperaturas del mar para que se pueda apreciar directamente cómo ese aumento de la concentración de vapor de agua ha supuesto un aumento notable de las temperaturas, que mimetiza el captado por el satélite de la UAH[9] que hemos comprobado en el primer gráfico. Vean:

¿Que cómo lo ha hecho? Superponiendo este gráfico que ven más abajo, correspondiente a las anomalías en las temperaturas superficiales marinas (NOAA). Como se ve, en noviembre de 2025, el 90% del calentamiento que comenzó a finales de 2022[10] se había desvanecido.

Sabemos, pues, lo que está pasando: que las temperaturas caen con fuerza, cosa que se suele desconocer porque el silencio mediático acompaña, financiación[11] mediante. Instituciones, agencias, universidades y medios de comunicación se agarran a su fetiche del calentamiento global antropogénico causado por los gases de efecto invernadero de origen humano, a pesar de que la anomalía en las temperaturas prácticamente ha desaparecido. No lo van a divulgar, no lo van a reconocer, pero es un hecho.
Otro hecho es que los modelos climáticos al uso, las muletas del IPCC, no pueden explicar lo que pasó con las temperaturas. Los científicos que están detrás de esos modelos sólo incorporan las variables que les convienen, básicamente las emisiones de CO2. Y el H2O es todo natural, no parcialmente humano. Sus variaciones bruscas sin precedentes no están previstas y los modelos IPCC, que desconsideran al vapor de agua, fracasan. No pueden explicarse lo ocurrido, y tampoco lo pueden explicar a terceros. Ni les conviene a los dueños del tingladillo de la ONU, por descontado. Así que ¡a callar!
La argumentación de Vinós[12] apela a la “navaja de Occam”[13] para indicar que “un acontecimiento climático de magnitud incomparable … requiere una causa excepcional”. Y esa causa sólo puede ser la erupción submarina del Hunga Tonga.
Haciendo uso[14] de la sabiduría popular, que indica “todo lo que sube, baja”, las anomalías en las temperaturas del mar y de la atmósfera se están desplomando. Lo hemos visto en los gráficos más arriba.
La conclusión de este análisis es clara: el clima no cambia por razón de las emisiones de CO2, sean humanas o naturales, chinas u occidentales. Lo hace porque el H2O, es decir, el vapor de agua, lo conduce. Así que todas las políticas energéticas que la Agenda 2030, el objetivo Net Zero y las restricciones insensatas y criminales de la Unión Europea no tienen fundamento científico, sólo político.
[1] La anomalía en la temperatura de superficie es la variación en la media de las temperaturas máximas y mínimas en áreas distintas.
[2] La Troposfera es la capa de la atmósfera que se encuentra en contacto con la superficie de la Tierra. Su espesor oscila entre los 9 y los 14 kilómetros. La baja Troposfera llega, en el límite, a los 2 kilómetros.
[3] Como indica el artículo del que hemos extraído el gráfico de anomalías, este comportamiento es consecuencia del recalentamiento adicional de la troposfera durante períodos de “El Niño”. Ello es debido al aumento de la convección húmeda en los trópicos cuando la superficie del Pacífico tropical se calienta por el menor afloramiento de aguas frías más profundas. Este efecto se ve agravado por el retraso de varios meses entre el calentamiento troposférico y el calentamiento superficial durante “El Niño”. Si el lector prefiere otras explicaciones, puede consultar el libro “Crimen de Estado” https://www.unioneditorial.net/libro/crimen-de-estado/ , donde ese y otros conceptos se explican con otro lenguaje.
[4] Lo he explicado, así como sus efectos. Aquí https://joseramonferrandis.es/una-erupcion-inusual/ y aquí https://joseramonferrandis.es/a-vueltas-con-un-volcan-submarino-que-esta-pasando-a-la-historia/
[5] Eso supone aumentar al vapor de agua en la atmósfera un 13%. De golpe.
[6] Estamos ante un fenómeno atmosférico y climático de una magnitud con escasos precedentes documentados.
[7] Pero muchos. Vea la lista que ha incorporado Javier Vinós a su artículo The 2023 climate event revealed the greatest failure of climate science – Watts Up With That? 1. Calentamiento extraordinario del océano que los modelos no pueden explicar. 2. Record de bajo nivel de hielo en la Antártida. 3. Sequías récord en la Amazonía en 2023. 4. 31 acontecimientos de ríos atmosféricos en los EE. UU. occidentales entre noviembre de 2022 y marzo de 2023. Nueve de ellos tocaron tierra en California, un récord en los 70 años de la base de datos. 5. Se ha producido en California la mayor temporada de nievadas en 71 años, con la precipitación más alta en 54 años. 6. Las precipitaciones de nieve en Nueva York han sido las más bajas; además, se ha roto un récord de 50 años en registrar la primera precipitación anual. 7. El ciclón Freddy en el océano índico ha sido el más duradero registrado. 8. La Zona de Convergencia Intertropical se ha desplazado y las lluvias en el Sáhara en 2024 han sido inhabitualmente fuertes. 9. La primera mitad de la estación de huracanes en 2024 ha sido muy tranquila y los modelos no lo pueden explicar. 10. En 2023, el 42% del globo ha experimentado calor por encima de dos desviaciones estándar. Luisiana ha vivido su verano más cálido en 129 años de registros. 11. 2023 fue el año más cálido registrado, y 2024 lo fue aún más. 12. En octubre de 2024, el vortex del polo Norte fue el más débil en 40 años. Los tres acontecimientos de calentamiento súbito en estratosfera en una misma estación fueron la excepción en 250 años, según los modelos. 13. La mayor anomalía de mínima capa de nubes nunca registrada ocurrió en 2023.
[8] Y los medios, y las Universidades, y los gobiernos, todos ellos genuflexos ante la Agenda 2030.
[9] Los responsables son dos científicos de la University of Alabama in Huntsville (UAH), el Dr. Roy Spencer y el profesor John Christy.
[10] Hay un desfase o decalaje entre la proyección del H2O a la atmósfera y sus consecuencias.
[11] Hablando de financiación, ya sabe el lector que el presidente Trump ha retirado la financiación al nido de mistificaciones, falseamiento y desorientación inducida que es el IPCC. Vean aquí https://joseramonferrandis.es/los-ee-uu-dejan-de-financiar-instituciones-daninas/
[12] Que se puede seguir perfectamente en su artículo The 2023 climate event revealed the greatest failure of climate science – Watts Up With That?, cuyo contenido he utilizado profusamente para escribir el mío.
[13] La navaja de Occam/Ockham es un principio básicamente metodológico atribuido al fraile franciscano escolástico Guillermo de Ockham (1285-1347) según el cual, “en igualdad de condiciones, la explicación más simple suele ser la más probable”.
[14] Yo, no Vinós.
