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JRF

Un blog reaccionario

«Verum, Bonum, Pulchrum»

A vueltas con un volcán submarino que está pasando a la Historia

por | 2 Sep 2024 | Cambio climático

El volcán se llama Hunga Tonga. Ya hemos hablado de él hace algún tiempo. Vean aquí https://joseramonferrandis.es/una-erupcion-inusual/

Han pasado dos años largos desde aquella erupción. Si inicialmente no era factible[1] determinar sus efectos sobre la temperatura, parece que ya vamos aproximándonos.

Vamos a analizar las temperaturas de 2023 y sus razones. Seguiremos (de manera muy resumida) la línea argumental de Javier Vinós[2], quien habitualmente elabora sus artículos aportando muchos elementos concomitantes y reduciendo su especificidad para hacerlos más comprensibles al profano.

En 2023 las temperaturas han subido mucho. Mucho es 0,17°C. No parece abrumador, pero lo es. ¿Por qué? Porque esa cifra está muy por encima de las anomalías habituales.

Veamos por qué se ha producido este incremento. Actuaremos por exclusión.

El primer lugar, no es por El Niño[3]. Ha habido muchos El Niño, que usualmente caldean una zona central del Pacífico Ecuatorial y cuyos efectos se distribuyen después. No, esta vez el calentamiento se ha materializado sobre todo en el Atlántico Norte. Además, como se ve en la figura, los fenómenos El Niño de 1983, 1988, 1992, 1998, 2009, 2016 (y 2024, evidentemente posterior al año 2023) son, o muy fuertes (1983, 1998, 2016) o sólo fuertes (1988, 1992, 2009 y 2024)[4].

Fíjense en el gráfico: en rojo, las anomalías de temperaturas debidas a El Niño. En negro, las anomalías de la temperatura del océano en su conjunto. En 2024, las temperaturas se salen del gráfico. Ahí está la huella del fenómeno que estamos buscando[5]. Dicho de otra forma, si fuera El Niño, la línea negra hubiera flexionado para ponerse en paralelo a la roja y no ha sido así.

Vayamos por otro lado. Tampoco es por el CO2[6]. Su porcentaje en la atmósfera sólo subió en 2023 desde 418,5 hasta 421 ppm (o partes por millón), el ritmo habitual en las últimas décadas. Vean el gráfico[7] de la NOAA[8]. Nadie ve correlación alguna entre el devenir habitual del CO2 y el pico de temperaturas de 2023. Entonces, ¿qué ha causado ese calentamiento?

Veamos finalmente la hipótesis Hunga Tonga. El 15 de enero de 2022, una enorme erupción volcánica submarina tuvo lugar en el Pacífico Sur. Enorme es enorme, con rango de explosividad VEI 5[9], que significa, entre otras cosas, “capacitada para alcanzar la estratosfera” (y lo hizo). De media, estas erupciones VEI 5 ocurren una vez cada 10 años.

Pero esta en concreto tuvo lugar 150 metros bajo la superficie del mar, hecho del que sólo hay una referencia anterior (1924) cuando erupcionó con fuerza VEI 5 otro volcán submarino[10], esta vez a una profundidad de 200 metros, sin que hubiera consecuencias en la atmósfera. Dícese que, si la erupción del Hunga Tonga hubiera tenido lugar a 100 metros de profundidad, no hubiera podido expeler los 150 millones de Tm. de agua que ha enviado a la estratosfera[11]. Y allí están, reduciéndose a un ritmo del 10% anual. En el gráfico se aprecia la enorme concentración de vapor de agua (verde oscuro) en la estratosfera en latitud 45°N, donde las temperaturas han subido más.

Recuerde el lector que el H2O es el Gas de Efecto invernadero (GEI) más abundante (él solo constituye el 95% de todos los GEI) y poderoso[12]. Los partidarios del calentamiento global antropogénico lo ignoran porque es, en su totalidad, un gas natural[13], lo que invalida cualquier acción para intervenir en el funcionamiento de las sociedades, que es de lo que se trata. Y porque si se categorizan los GEI sin contar con el H2O[14], el primero de la lista pasa a ser entonces el CO2, que en realidad es el segundo, con un 3,7% del total de los GEI.

Este tipo de erupciones que afectan a la estratosfera tiene efectos sobre el clima durante algunos años, percibiéndose éstos algo más de un año después[15] de la erupción. Dicho de otra forma, el H2O extra hizo su aparición en 2023, que es el año del calentamiento. Verde y con asas.

Y además, su efecto como GEI es mayor al residir en la estratosfera, pues esta capa de la atmósfera es poco húmeda, es decir, está lejos del estado de saturación, por lo que cualquier incremento del vapor de agua eleva mucho las temperaturas.

¿Que cuánto más va a durar el calentamiento de 2023? Nada más. A partir de 2024, la concentración de H2O en la estratosfera ha empezado a disminuir[16]. Eso, sumado a los efectos de El Niño, que ya está desapareciendo y por tanto no contribuirán al calentamiento como lo ha hecho en 2023, hará que las anomalías tiendan a desaparecer. No valoramos la actividad solar[17] y en cuanto al CO2, no tiene palo que tocar, como hemos visto[18].

Lo que sí podemos decir es que nunca se había registrado un fenómeno de calentamiento como el que la propiciado Hunga Tonga, quien por esa razón ha pasado a la Historia.

[1] Salvo por modelización estimativa, es decir, aproximaciones muy inexactas. No es extraño: faltaba experiencia. Piénsese que la erupción de Hunga Tonga es un acontecimiento que probablemente no tenga lugar más que una vez cada 1.000 años.

[2] Hunga Tonga volcano: impact on record warming – Watts Up With That? recogido de From Climate Etc.

[3] El Niño es un fenómeno climático relacionado con el calentamiento del Océano Pacífico Oriental ecuatorial. Es aproximadamente cíclico, y consiste en la fase cálida del patrón climático del Pacífico ecuatorial denominado Oscilación del Sur. ENSO por sus siglas en inglés.

[4] Las mediciones se efectúan los meses de enero.

[5] Y, si el lector es curioso y ha visto una fuerte anomalía entre las dos líneas en 1992, cuando la temperatura del océano (negro) se sitúa muy por debajo de la de El Niño, hay una razón: la erupción del volcán Pinatubo el año anterior.

[6] No lo está siendo ni puede serlo por la fase de saturación o de rendimientos decrecientes en la que nos encontramos, pero no dejemos a ningún sospechoso habitual sin su ración de protagonismo, que el IPCC se nos enfadaría mucho. Aparte, como el 97% del CO2 es natural, ni nos deberíamos molestar en considerarlo.

[7] En rojo, las mediciones mensuales; en negro, las anuales.

[8] National Oceanic and Atmospheric Administration de los EEUU.

[9] El VEI (Volcanic Explosivity Index) es un índice de explosividad volcánica que califica con un número el potencial destructivo de una erupción. El VEI oscila entre 0 y 8. Datos obtenidos aquí https://volcanofoundation.org/es/vei-como-calificar-la-potencia-de-una-erupcion-2/# Más datos, sistematizados, aquí https://en.wikipedia.org/wiki/Volcanic_explosivity_index

[10] En la isla japonesa de Iriomote.

[11] Es decir, 150 metros subacuáticos en un VEI 5 es el óptimo para alcanzar un máximo de proyección de agua a la mayor altura posible.

[12] Aquí lo ven, en un artículo titulado Antarctic Vortex Dehydration in 2023 as a Substantial Removal Pathway for Hunga Tonga‐HungaHa’apai Water Vapor, cuyo enlace pongo al cabo de este pie de página: “Alrededor de 150 Teragramos (150 milliones de toneladas) de vapor de agua fueron inyectados en la estratosfera durante la erupción del HungaTonga‐HungaHa’apai. El vapor de agua es un gas de efecto invernadero y este aumento se espera tanga un efecto de calentamiento en la troposfera, así como que cause perturbaciones en la química de la estratosfera” 2023GL107630 (wiley.com)

[13] Aquí https://www.unioneditorial.net/libro/crimen-de-estado/ encontrarán todos los datos precisos para discernir.

[14] Vean cómo la propia NASA, de pasada, sitúa al vapor de agua entre los GEI. Lo hizo en este artículo de 2022. “En contraste, la erupción de Hunga Tonga no inyectó grandes cantidades de aerosoles en la estratosfera, y las enormes cantidades de vapor de agua de la erupción pueden tener un pequeño efecto temporal de calentamiento, puesto que el vapor de agua atrapa el calor. Tonga Eruption Blasted Unprecedented Amount of Water Into Stratosphere – NASA

[15] La erupción del Monte Tambora en abril de 1815 tuvo efectos globales en el clima, pero sólo se pusieron de manifiesto en verano de 1816.

[16] Se aventura que a un ritmo de entre un 10% y un 15% anual.

[17] Es decir, un incremento en la actividad del Sol que disminuya los rayos cósmicos incidentes sobre la Tierra y reduzca la capa de nubes, calentando así la atmósfera.

[18] https://joseramonferrandis.es/carbon-dioxide-and-a-warming-climate-are-not-problems/

Autor del artículo

<a href="https://joseramonferrandis.es" target="_blank">José-Ramón Ferrandis</a>

José-Ramón Ferrandis

Nacido en Valencia (España) en 1951. Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense. Técnico Comercial y Economista del Estado. Salvo posiciones en Madrid, destinado sucesivamente en Ceuta (España), Moscú (URSS), Washington (EE. UU.), Moscú (Rusia) y Riad (Arabia Saudita). Profesor de Análisis Riesgo País, Análisis de tendencias y Mercados internacionales. Analista. Escritor (Globalización y Generación de Riqueza, África es así, Crimen de Estado). Áreas de especialización referidas a su trayectoria. Con el blog espera poder compartir experiencias y divulgar análisis sobre asuntos de interés general, empezando por el clima y terminando por la Geopolítica; sin dejar de lado la situación de España. Lo completará publicando semanalmente la Carta de los martes, que tiene 4 años de existencia.