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JRF

Un blog reaccionario

«Verum, Bonum, Pulchrum»

¿Quién es el motor?

por | 3 Jun 2024 | Cambio climático

No es el CO2.

No es el metano.

No es el óxido nitroso.

No son los clorofluorocarbonos.

No es el ozono.

Tampoco es el vapor de agua, el más poderoso y abundante gas de efecto invernadero (GEI). Éste es sólo el combustible.

Vamos a ver quién es.

Estamos hablando del clima. ¿Qué hay detrás de sus constantes[1] cambios?

Si atendemos a lo que dice el IPCC[2], sería la emisión de GEI por la actividad humana la que calentaría la Tierra mediante el conocido “efecto invernadero”[3]. Usted sabe cómo opera el efecto invernadero: el calor emitido por el Sol llega a la Tierra. Algo se queda en la superficie del planeta, calentándolo un poco. El resto debería rebotar y volver al espacio, pero parte de ese calor es absorbido por los GEI y devuelto a la Tierra. Gracias a ello, la Tierra es habitable y no un planeta helado.

En el gráfico se aprecia: a la izquierda, la incidencia y el rebote. A la derecha, el rebote y la recaptación por los GEI.

When Satellites Refute the Climate Crisis Narratives, Trust the Science! – Watts Up With That?

El IPCC sólo contempla esencialmente el CO2 y desconsidera por completo el H2O para intentar explicar las variaciones al alza de las temperaturas experimentadas desde 1870[4]. Afirma impertérrito que es el CO2 antropogénico (el creado por el hombre por combustión, por más que sea tan sólo el 3% del total, según decía el IPCC hasta que lo borró de su acervo documental Guía para navegantes III | José Ramón Ferrandis (joseramonferrandis.es). Así, según el IPCC, cuanto más CO2 haya en la atmósfera, más se calentará ésta.

Bueno, esto no es cierto. La baja atmósfera está saturada de CO2[5], por lo que resultaría imposible elevar apenas la temperatura aunque se doblara la concentración de CO2 Guía para navegantes III | José Ramón Ferrandis (joseramonferrandis.es).

Pero hay más. La calentología asegura que más CO2 en la atmósfera atrapará más cantidad de la radiación de onda larga[6] (OLR) que escapa de la Tierra. Podría ser, pero no es. Como se ve en el gráfico al pie, las mediciones satelitales del OLR que se escapa de la atmósfera ponen de relieve que, desde 1985, el OLR ha aumentado en 2 W/m2. Ha aumentado, no descendido. Luego la narrativa oficial es FALSA. Así que el calentamiento experimentado por la Tierra en los últimos 150 años tiene otra razón de ser. No es el CO2[7].

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Si no es el CO2, ¿qué puede ser?

Veamos. Resulta que los satélites han medido un descenso en la cubierta de nubes de un 7%. Eso habilita por sí mismo un mayor calentamiento solar[8]. La mejor correlación entre posibles causas desencadenantes y el calentamiento experimentado desde 1850/1870 tiene que ver con la capa de nubes y el aumento de OLR.

¿Cómo funciona el mecanismo de calentamiento/enfriamiento de la atmósfera?

Pequeños incrementos de la insolación incidente aumentan la fuerza de los vientos alisios en los trópicos. Estos vientos más fuertes inducen al océano Pacífico a un estado llamado La Niña, que causan la emergencia de agua fría de debajo de la superficie, lo que a su vez reduce la cobertura de nubes en el Este del Pacífico[9]. La menor cubierta de nubes amplifica el calentamiento solar de los océanos. Ese calor eleva la temperatura de los océanos, los cuales, a través de las corrientes oceánicas, calientan la atmósfera al ventilar. Por eso las megasequías antes explicadas y las temperaturas más altas del Óptimo Climático Medieval se correlacionan tan fuertemente con las condiciones prevalecientes de La Niña.

En sentido contrario, cuando prevalecen condiciones tipo El Niño, los alisios se debilitan y el agua caliente se desplaza al Este, aumentando la cubierta de nubes sobre el Pacífico Oriental. La consiguiente reducción de insolación enfría el océano y el clima[10].

Los vientos juegan un papel crítico en el transporte[11] del calor oceánico: la cantidad de calor transportada por los océanos es linealmente proporcional a la magnitud de la fuerza del viento.

Los períodos de El Niño y La Niña se suceden ininterrumpidamente, espaciados por una fase que bien puede ser llamada Neutral.

Vamos a ver un gráfico (autoría: Jiménez Moreno, 2021) en el que se correlacionan fenómenos atmosféricos con La Niña y el Niño. Se reflejan, corriendo de derecha a izquierda, los últimos 1.200 años. En la parte superior aparecen las variaciones de humedad según se desprende del análisis de los pinos piñoneros en el sudoeste de los EE. UU. Se ven los períodos dominantes húmedos y secos[12]. Y para que se pueda establecer visualmente la correlación con la actividad solar[13], se sitúa en el mismo período histórico el conjunto de oscilaciones de esa actividad[14]. Se aprecia claramente la correlación casi perfecta.

La explicación del fenómeno estriba en que, cuando la radiación solar es baja durante un mínimo solar, los débiles vientos alisios crearon las condiciones de El Niño, que permitieron más precipitaciones en el sudoeste de los EE. UU., lo que a su vez alimentó un mayor crecimiento de los Pinos piñoneros durante la Pequeña Edad de Hielo (1400/1850).[15]

El Nino La Nina And The Sun Drive Climate Change! – Watts Up With That?

El efecto de las oscilaciones del Pacífico es decisivo en los océanos aledaños, el Atlántico[16] y el Índico. El análisis del balance de calor en la capa superior de los océanos ha revelado una notable variabilidad de 11 años, asociada en fase al ciclo solar de exactamente la misma duración: 11 años. Además, los estudios modelizados de la AMOC revelan que el forzamiento solar es su determinante natural más importante. Los cambios en la actividad solar afectan a ese transporte, lo que sitúa al Sol como la causa principal del calentamiento global.

¿Por qué los océanos juegan un papel tan importante en el sistema climático terrestre? Porque proporcionan estabilidad térmica al almacenar una gran parte de la energía del sistema. “Su masa total es 265 veces mayor que la de toda la atmósfera y su capacidad de absorber calor, 1.000 veces superior. Los océanos reciben el 75% de la energía entregada por el Sol a la Tierra y almacenan el 96% de la energía del sistema climático”[17]. Más aún, los océanos tienen una temperatura media de unos 4°C. Sólo la capa superior[18] es sustancialmente más cálida[19], debido al calentamiento solar y a las turbulencias causadas por el viento[20].

El Sol[21] es una estrella que emite una cantidad de energía que varía constantemente. Una de las manifestaciones de estas variaciones son las manchas solares, más frecuentes cuanto más activo está el Sol y viceversa. Esas manchas se comportan según un patrón de 11 años de duración, siempre. A veces, se superponen períodos más largos (de décadas y hasta de siglos) en los que no aparecen manchas en el Sol, y otros en los que las manchas son abundantes y permanentes. Los primeros se conocen como mínimos solares y los segundos, como máximos solares.

El mecanismo operativo de las variaciones de la energía solar es el siguiente.

Los rayos cósmicos inciden sobre la Tierra. Sus átomos de oxígeno y nitrógeno entran en la atmósfera superior. Se crean partículas (sobre todo, neutrones) que llegan a la baja atmósfera, saturada en parte por vapor de agua. Para que se formen nubes es preciso habilitar lugares de nucleación que constituyan las gotitas necesarias. Pues bien, los rastros de neutrones proporcionan esos lugares de nucleación. Hay una correlación positiva entre baja actividad solar, flujo de neutrones y cubierta de nubes[22]. Las nubes reflejan mejor que el océano la energía incidente proveniente del sol y por eso, la Tierra se enfría.

PERO el campo magnético del Sol, transmitido por el viento solar, empuja a los rayos cósmicos[23] fuera del sistema solar, tanto más cuanto más fuerte es la actividad solar. Así que se dificulta la formación de nubes y la Tierra se calienta[24].

¿Cómo podemos estar seguros de que el calentamiento de la atmósfera ha seguido, sigue y seguirá patrones relacionados directa e indirectamente con el Sol? Estudiando la Historia del clima. Veamos qué ocurrió en el Holoceno[25] un período interglacial de 11.000 años. El Holoceno, en sí mismo, garantiza que los cambios que experimentó el clima entonces no pudieron haber sido causados por el CO2 antropogénico[26], sino por alguna otra razón.

Un enorme número de estudios respalda la existencia de un largo período de miles de años llamado Óptimo Climático, seguido por un asimismo largo período de enfriamiento, denominado Neoglaciación. Es posible ver esto en el gráfico al pie. Como los glaciares crecen durante los períodos fríos, podemos invertir el gráfico de glaciares (barras azules) y superponerlo con el de temperaturas (línea negra), lo que nos hace ver éstas con claridad y confirma su evolución.

How we know that the sun changes the Climate. Part I: The past – Watts Up With That?

Vamos a ver cómo los grandes mínimos solares (es decir, descensos en la actividad solar) coinciden con descensos de temperatura y con disminuciones de la población, básicamente por reducción de alimentos y los efectos que ello generaba[27]. O sea, que lo malo para la Humanidad es el frío, no el calor. Lo dice el clima. Y el estudio del pasado nos dice que es el Sol quien cambia el clima.

En el gráfico, la línea roja es la población de las islas británicas y de Irlanda[28]. La fuerte actividad solar y el descenso paralelo de los rendimientos agrícolas en el mínimo sumerio (hace 5.200 años), supuso una mortandad paralela. Siempre es así: el Sol gobierna. Así ocurrió en el mínimo Homérico (entre 2.800 y 2.550 años antes de ahora) y, con mayor intensidad y efectos, durante la Pequeña Edad de Hielo, cuando un gran descenso de las temperaturas auspiciado por el mínimo solar de Spörer llevó a un descenso de la población[29], como se aprecia en el gráfico.

How we know that the sun changes the Climate. Part I: The past – Watts Up With That?

Acerquémonos al momento presente. La actividad solar durante el Siglo XX ha sido muy grande, situándose en el primer decil de los últimos 11.000 años. En el gráfico se aprecia la intensidad solar (barras rojas), medida vía manchas solares. Se puede inferir perfectamente que ha vuelto a ser el Sol el responsable del clima.

How we know that the sun changes the Climate. Part I: The past – Watts Up With That?

Recuerden lo dicho en el pie de página 13 como fundamento del calentamiento atmosférico: más manchas en la superficie del Sol, más actividad solar, más incidencia de los rayos solares, menor cubierta de nubes, menor albedo, mayor temperatura.

El Sol sigue comportándose como siempre. Sigue determinando el clima y no va a dejar de hacerlo. No hay emergencia climática alguna, no hay razón (distinta del interés político y económico subyacente al relato de los calentologistas) para preocuparse por un CO2 que pasaba por allí y cuya contribución a nuestro bienestar[30] es máxima.

Terminemos como empezamos. El motor del clima es el sol. El combustible es el vapor de agua. El propietario de la patente del vehículo es Milutin Milankovich ¡Un brindis por Milutin Milanković! (y II) | José Ramón Ferrandis (joseramonferrandis.es). Y el propietario del vehículo es Dios.

[1] El lector sabe que el clima cambia sin cesar, por su propia condición inestable. Así, decir “cambio climático” y no decir nada es la misma cosa.

[2] Usted ya lo sabe, pero IPCC es el acrónimo de Intergovernmental Panel on Climate Change.

[3] Los modelos que utiliza el IPCC no representan adecuadamente el transporte de calor en la atmósfera. Los informes del IPCC (¡cómo no!: es su objetivo) ignoran procesos distintos de los que incorporan el CO2. Y como era de esperar, el IPCC no ha probado las causas del calentamiento global, que las mediciones actuales demuestran que no existe. La modelización (GISS) del clima por el IPCC es incapaz de simular la historia de la temperatura de la Tierra, así que mucho menos lo es de predecir el futuro. Los datos observados por el IPCC declaran un albedo para los cielos nubosos que es inconsistentes con las observaciones por un factor de 2. El IPCC ignora la variabilidad de la cubierta de nubes y sus datos violan el principio de conservación de la energía. (John Clauser) Hablaremos de todo esto.

[4] En puridad, nadie puede extrañarse por ello. Está en sus estatutos ocuparse sólo del calentamiento antropogénico. Los científicos que ignoran ese detalle esencial no terminan de entender el comportamiento del IPCC, al que toman por un organismo científico, cuando es estrictamente político.

[5] Lo he explicado antes Guía para navegantes III | José Ramón Ferrandis (joseramonferrandis.es). Lo puede ver el lector en https://www.unioneditorial.net/libro/crimen-de-estado/

[6] En inglés, Outgoing Longwave Radiation (OLR). Así aparece en el gráfico.

[7] Desde 1980, las concentraciones de CO2 se han elevado desde 338 partes por millón a 410 ppm (datos existentes en la fecha del gráfico). Eso significa que un CO2 al alza debería haber atrapado y reducido el OLR, añadiendo 1,02 W/m2 de calor. Como ha sido al revés, es refuta la narrativa dominante del CO2 como agente del calentamiento global.

[8] Pues ese 7% menos de nubes deja más expuesta la superficie de la Tierra y por tanto, el impacto de las ondas que inciden sobre ella.

[9] El transporte global de calor en los océanos es dominado por el procedente del Pacífico tropical, que tiene la mayor área superficial tropical y recibe la mayor parte de la energía solar.

[10] Lo que se correlaciona con la Pequeña Edad de Hielo, por predominio de condiciones El Niño.

[11] Hay dos tipos de circulación oceánica: la rápida, motivada por la fuerza del viento, y otra más lenta, relacionada con cambios en la densidad del agua inducidos por variaciones en la temperatura y la salinidad (conocida como circulación termohalina). Ojo, que el viento también afecta a la circulación termohalina.

[12] Por cierto, LIA significa Little Ice Age, o Pequeña Edad de Hielo.

[13] Recuerden: más manchas en la superficie del Sol, más actividad solar, más incidencia de los rayos solares, menor cubierta de nubes, menor albedo, mayor temperatura.

[14] Con sus denominaciones ya conocidas: mínimos (de actividad) de Oort, Wolff, Spörer y Maunder, así como el máximo actual.

[15] Antes, entre 800 y 1400 después de Cristo, los máximos de actividad solar crearon megasequías en el sudoeste de los EE. UU. debido al predominio de las condiciones propias de La Niña.

[16] El océano Atlántico posee en exclusiva un sistema de transporte de calor hacia el Norte. Es la Circulación de Vuelco Meridional del Atlántico (Atlantic Meridional Overturning Circulation, AMOC), un flujo hacia el norte de agua cálida y salada en las capas superiores del Atlántico, junto con un flujo hacia el sur de agua más fría y profunda. Supone el 60% del calor transportado al Atlántico norte.

[17] Del libro The Climate Puzzle: The Sun’s Surprising Role, Javier Vinós.

[18] La capa de 250 centímetros superiores del océano contiene tanto calor como toda la atmósfera. Su función principal en los cambios climáticos es absorber calor cuando el planeta de calienta y soltarlo cuando se enfría, proporcionando inercia térmica.

[19]  La superficie del océano está limitada a 30°C, porque un proceso de convección tiene lugar a partir de 27°C, aumentando la evaporación y formando nubes que enfrían la superficie.

[20] El transporte oceánico de calor tiene lugar sobre todo en aguas someras tropicales, zona crítica para ese fin. Repitámoslo: la variabilidad de la temperatura y la presión de la superficie marina sigue las pautas de las frecuencias oscilatorias de El Niño y las de los patrones solares, con su frecuencia cada 11 años.

[21] Que proporciona el 99,9% de la energía que el sistema climático recibe.

[22] Este mecanismo se ha reproducido experimentalmente. Lo explico en https://www.unioneditorial.net/libro/crimen-de-estado/

[23] En realidad, son fundamentalmente protones y partículas alfa.

[24] Un artículo que lo explica, y cuya explicación he seguido, está aquí Solar Update January 2024 – Watts Up With That?

[25] https://es.wikipedia.org/wiki/Holoceno

[26] El número de habitantes sobre la Tierra y su desarrollo económico eran ínfimos.

[27] La población aumentó fuertemente al generalizarse al Agricultura, pero cada vez que el clima se enfriaba, la población sufría por la disminución de alimentos, tanto más cuanto mayor era el mínimo solar.

[28] Obsérvese cómo creció tras el advenimiento y generalización de la Agricultura.

[29] Lo malo para el Hombre no es el calor, sino el frío.

[30] Recuerden la fotosíntesis. Sin ella no habría vida.

Autor del artículo

<a href="https://joseramonferrandis.es" target="_blank">José-Ramón Ferrandis</a>

José-Ramón Ferrandis

Nacido en Valencia (España) en 1951. Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense. Técnico Comercial y Economista del Estado. Salvo posiciones en Madrid, destinado sucesivamente en Ceuta (España), Moscú (URSS), Washington (EE. UU.), Moscú (Rusia) y Riad (Arabia Saudita). Profesor de Análisis Riesgo País, Análisis de tendencias y Mercados internacionales. Analista. Escritor (Globalización y Generación de Riqueza, África es así, Crimen de Estado). Áreas de especialización referidas a su trayectoria. Con el blog espera poder compartir experiencias y divulgar análisis sobre asuntos de interés general, empezando por el clima y terminando por la Geopolítica; sin dejar de lado la situación de España. Lo completará publicando semanalmente la Carta de los martes, que tiene 4 años de existencia.