Hay nuevos estudios[1] que vinculan los periódicos calentamientos globales de la atmósfera terrestre con los cambios naturales que se producen en la cubierta nubosa[2]. Concretamente, el estudio[3] (julio de 2026) de Gianni Bellocchi, Vinay Kuma, Fredrik Charpentier Ljungqvist y Nazzareno Diodato atribuye aproximadamente un 80% del incremento en la radiación solar absorbida por la Tierra desde el año 2000 al descenso en la cubierta de nubes de alta reflectividad, debido sobre todo a la contracción de la capa nubosa impulsada por la circulación atmosférica en las zonas de nubes tormentosas.
El estudio confiere gran importancia al albedo[4] en el clima, hasta el punto de afirmar que un 1% de cambio en el albedo supondría un cambio de temperatura superficial de 1°C.
En otras palabras, con mayor capa de nubes, más radiación solar es reflejada y la superficie de la Tierra se enfría. Con menor albedo nuboso, lo que se viene observando desde 1980, se refleja menos radiación solar y la superficie se calienta.
Los cambios en la cobertura de nubes están impulsados por los modos naturales de circulación atmosférica y la variabilidad interna, cosa ésta confirmada con datos de reconstrucción. Éstos muestran que el declive de la cobertura de nubes ha ocurrido durante siglos de forma independiente del forzamiento de los gases de efecto invernadero.
Uno de los principales defensores de la influencia de los rayos cósmicos en la formación de nubes y, por tanto, en las temperaturas de la Tierra, es el Dr. Henrik Svensmark. Su hipótesis está claramente descrita en el libro mencionado, “Crimen de Estado”. La transcribo aquí (en un resumen de lo dicho en el libro): “¿Cómo tiene lugar ese proceso? Veamos el papel de los rayos cósmicos[5], que proceden de la muerte violenta de estrellas gigantescas a lo largo y ancho del Universo. Entran en la atmósfera terrestre y juegan un papel de primera importancia en la formación de los núcleos de condensación y posterior formación de las nubes.
La correlación existente entre rayos cósmicos y capa de nubes fue comunicada por primera vez por Henrik Svensmark[6] y Eigil Friis-Christensen[7][8] en 1997. Los electrones proyectados a nuestra atmósfera por los rayos cósmicos de la galaxia estimulan la formación de pequeños núcleos de ácido sulfúrico y moléculas de agua, que son los componentes de los núcleos de condensación de las nubes. En otras palabras, los rayos cósmicos calientan el vapor de agua y forman nubes. Esas nubes enfrían la atmósfera[9]. Las nubes enfrían más de lo que el CO2 contribuye al calentamiento (forcing).
Durante los períodos de mayor actividad magnética solar, el viento solar bloquea parte de los rayos cósmicos y les impide llegar a la baja atmósfera, por lo que se producen menos núcleos de condensación. El resultado es que hay menos nubes de bajo nivel; la consecuencia es que se elevan las temperaturas del aire en la superficie de la Tierra y ésta se calienta.”
Complementariamente, en agosto de 2016, Svensmark publicó otro estudio en el Journal of Geophysical Research: la Física del espacio sustenta la idea de que existe una importante conexión entre rayos cósmicos y nubes. En esta publicación, los autores hallaron que “la variación de un 3 ó un 4% de la capa de nubes durante el ciclo solar más reciente está fuertemente correlacionada con el flujo de rayos cósmicos. Éstos, a su vez, están inversamente relacionados con la actividad solar”.
En una reciente[10] entrevista de los doctores Willie Soon y Ronan Connolly al profesor Henrik Svensmark (miembro del Danish National Space Center), este explicaba sus revolucionarias investigaciones sobre cómo los rayos cósmicos influyen en la formación de nubes y en el clima, siguiendo el mecanismo físico que vincula a los siguientes actores: rayos cósmicos → ionización → aerosoles → núcleos de condensación de las nubes.
Recomiendo mucho más la visualización de la entrevista (vídeo) que la transcripción por Inteligencia Artificial que lo acompaña, ambos aquí[11]. A ésta última le falta un hervor. O dos. Por mi parte, he reordenado el texto para darle carácter técnico.
En la charla aparecen elementos esenciales para entender la labor de Svensmark. No voy a comentar todos ellos, pues hay componentes de una gran densidad científica que no tienen cabida es un texto como éste.
En primer lugar, los participantes se refieren al papel desorientador en contra de la Hipótesis Svensmark que ha desarrollado el IPCC[12], al punto de minimizar la importancia del Sol, considerándolo “una perturbación”, el lugar del agente central absoluto[13].
En segundo lugar, Svensmark subraya los llamativos cambios que experimentan los rayos cósmicos, la variable atmosférica que más se modifica durante los ciclos solares. Svensmark encontró el nexo entre los rayos cósmicos y las nubes, y entre éstas y las temperaturas, en 1996. Cuando al poco presentó sus conclusiones científicas hubo un gran revuelo. Y ahí empezaron las críticas del IPCC[14]. Si uno analiza los informes del IPCC, se observa lo despectivos que son[15]. Es cierto que han incluido en el texto la formación de nubes a partir de los rayos cósmicos, pero lo han hecho de tal manera que resulta risible. Y cuando Svensmark presentó su estudio afirmando que el clima de la Tierra no se correlacionaba en escalas de tiempo geológicas con el CO2, el IPCC le descalificó acerbamente.
El IPCC no se comporta como una organización científica porque no lo es. Cuando un científico (o una agrupación de ellos) quiere rechazar una hipótesis, tiene que proporcionar a esa hipótesis el beneficio de la duda, aceptando que la hipótesis puede ser cierta. El IPCC nunca lo hizo con la hipótesis Svensmark.
En tercer lugar, los experimentos de laboratorio[16] han confirmado experimentalmente la hipótesis Svensmark: la actividad solar modula cuantos rayos cósmicos[17] entran en la atmósfera. El CERN[18] realizó un experimento similar en 2011 y presentó los resultados: cundo aumentas la ionización incrementas el número de aerosoles. Lo mismo que Svensmark halló anteriormente. Los datos muestran que existe un ciclo de 11 años en la ionización en la atmósfera[19]. Esa ionización ayuda a estabilizar pequeños cúmulos moleculares. Estos pequeños cúmulos moleculares crecen hasta convertirse en núcleos de condensación de nubes. Ellos permiten que el vapor de agua se adhiera y forme nubes. Si cambia el número de núcleos de condensación de nubes, cambian las propiedades microfísicas de las nubes y, finalmente, la cantidad de energía que la Tierra recibe del Sol.
Los rayos cósmicos galácticos están inversamente correlacionados con la actividad solar[20]. Cuando el Sol está en una fase muy activa, la actividad solar genera un viento solar muy fuerte, éste reduce la cantidad de rayos cósmicos galácticos que entran en la atmósfera y se producen menos nubes, lo que calienta la Tierra. Voilá!
La larga y gélida mano del IPCC no se ha quedado en el despido de Svensmark de la Technical University of Denmark (DTU) [21]. Hay otro Svensmark, científico asimismo, hijo de Henrik, al que se le deniegan sistemáticamente solicitudes de trabajo[22]. Las cosas son más fáciles si te pliegas a la religión dominante y aceptas el principio básico de su Fe: que el CO2 es el agente causal. Pero como eso es falso, el verdadero científico, el que sigue la metodología científica hasta donde la ciencia le lleve, asume las consecuencias de enfrentarse a la ONU, que es quien está detrás del IPCC. Entonces, sus tesis se convierten en políticamente incorrectas. Y la vida de ese científico se vuelve mucho más difícil: es el precio de la libertad y de la búsqueda de la verdad[23].
No es el Sol quien gira en torno a la Tierra, por más que se empeñen las instituciones en el poder. La evidencia se terminará imponiendo. Para entonces, miles de tipos abyectos se habrán enriquecido, mientras arrojan a la miseria a las clases medias de Occidente y tratan de entregar a sus países a la dictadura globalista coordinada por la Organización de Naciones Unidas.
[1] https://iopscience.iop.org/article/10.1088/1748-9326/ae8a67/pdf “Earth’s dimming mirror: cloud contraction and the rise of albedo governance”.
[2] Pueden ustedes encontrar amplia información en el libro “Crimen de Estado” https://www.unioneditorial.net/crimen-de-estado-id-uel000707 y, si lo quieren ver más rápidamente, aquí https://joseramonferrandis.es/guia-para-navegantes-ii/
[3] Encontrado gracias a este artículo Another New Study Links Modern and Past Global Warming to Natural Changes in Cloud Clover, Not CO2 – Watts Up With That?
[4] El albedo es la ratio de radiación solar que una superficie refleja respecto a la incidente. Las superficies claras tienen valores de albedo superiores a las oscuras. Un albedo alto enfría el planeta, porque la luz (radiación) absorbida y aprovechada para calentarlo es menor que la de un albedo bajo.
[5] Los rayos cósmicos que alcanzan la atmósfera son principalmente (98%) protones y partículas alfa de alta energía, que cruzan el universo a velocidades cercanas a la de la luz. El resto está constituido por electrones y partículas pesadas ionizadas, denominadas partículas primarias.
[6] Henryk Svensmark, astrofísico danés en el Danish National Space Center: «Nuestro equipo ha descubierto que los pocos rayos cósmicos que alcanzan el nivel del mar juegan un papel importante en el tiempo de cada día. Contribuyen a generar nubes bajas, que en gran medida regulan la temperatura de superficie de la Tierra. Durante el Siglo XX la entrada de los rayos cósmicos disminuyó, con la consiguiente reducción de la nubosidad, lo que permitió que el mundo se calentara. La mayor parte del calentamiento durante el Siglo XX se explica por una reducción de la cubierta de nubes bajas».
[7] Eigil Friis-Christensen, astrofísico en el Danish National Space Center.
[8] “Variation of cosmic ray flux and global cloud coverage—a missing link in solar-climate relationship”. Journal of Atmospheric and Solar-Terrestrial Physics, Volume 62, Issue 1, January 2000.
[9] Unos 20 W/m2, resultante del albedo (50W/m2) menos el 30W/m2 de su propio efecto invernadero. En román paladino, durante el día, las nubes protegen del sol y por la noche, evitan el enfriamiento. Seguro que el lector lo ha notado.
[10] Efectuada el 26 de junio de 2026 en Halle an der Saale, Alemania.
[11] Dr. Henrik Svensmark: Cosmic Rays, Clouds & Climate | Interview w/ Drs. Willie Soon & Ronan Connolly – Watts Up With That?
[12] Usted, lector, ya sabe qué es el IPCC. No le aburro contándoselo.
[13] La irradiación solar total apenas se toma en consideración en los modelos del IPCC.
[14] Sin duda temeroso del impacto que la Hipótesis Svensmark podía tener en la trascendencia de su obsesión antropogénica, ya decidida en 1980 como conditio sine qua non. Pura política, como explico en “Crimen de Estado”.
[15] El IPCC se toma a sí mismo por el Evangelio.
[16] Construimos un laboratorio donde hicimos estos experimentos. Utilizamos una cámara de gran tamaño, donde imitamos la composición gasística de la atmósfera. Modificamos levemente la ionización. Pudimos cambiar ligeramente la ionización. Y entonces, el número de pequeños aerosoles aumentó. Eso demuestra la existencia de un mecanismo físico.
[17] Los rayos cósmicos provienen de la formación y destrucción de las estrellas.
[18] CERN corresponde a las siglas en francés de Conseil Européen pour la Recherche Nucléaire (Consejo Europeo para la Investigación Nuclear). En nuestros días, el nombre oficial de la institución es Organización Europea para la Investigación Nuclear, aunque se mantienen las siglas CERN.
[19] Los ciclos solares son de 11 años, recordemos.
[20] Eugene Parker es uno de los físicos más distinguidos de la Universidad de Chicago. Es la única persona viva a la que la NASA nombró en honor a un proyecto, la Sonda Solar Parker. Él identificó y acuñó la idea del viento solar. Cuando la presentó, nadie creía que pudiera ser verdad. El artículo fue rechazado. Fue entonces cuando Subrahmanyan Chandrasekhar, un astrofísico, físico teórico y matemático aplicado estadounidense de origen indio, Premio Nobel de Física, lo publicó. Y se vio que Parker tenía razón.
[21] En 2016, el director de la Universidad degradó a Svensmark desde su condición de profesor a otra inferior, lo que le permitía expulsarle más fácilmente. En 2021 intentaron despedirle, pero Richard Lindzen, Will Happer y Nir Shaviv le apoyaron y el intento se quedó en eso, aunque le retiraron el salario. Y ahora, en 2026, le despidieron. Cuando lo hacen ellos lo llaman “cancelar”, pero es un simple comportamiento criminal por discrepancias científicas.
[22] Aviso para navegantes.
[23] Es el caso de John Clauser, Premio Nobel de Física en 2022. Cuando intentó explicar u punto de vista en el FMI, el Independent Evaluation Officer de ese organismo le comunicó el día anterior que su conferencia quedaba anulada. Sin más. El miedo a la verdad se ha adueñado de las instituciones multilaterales, bajo control de la ONU. Vean lo que afirma Clauser: «Puedo afirmar con certeza que no hay ninguna emergencia climática. Por mucho que esto pueda molestar a mucha gente, mi mensaje es claro: el planeta no está en peligro. El dióxido de carbono y el metano en la atmósfera ejercen un efecto completamente insignificante sobre el clima. Por tanto, las políticas adoptadas hasta ahora por los gobiernos son inútiles y deberían simplemente abandonarse. Hasta ahora, hemos identificado de manera completamente erróneamente el proceso dominante que gobierna el clima: todos los modelos climáticos se basan en una física incompleta e incorrecta. El mecanismo principal es lo que llamo el «termostato de reflectividad nubes-luz solar». Las nubes, al ser blancas y altamente reflectantes, envían alrededor del 90% de la luz solar entrante de vuelta al espacio: por tanto, representan el elemento más crucial y, al mismo tiempo, más ignorado del sistema climático.
Dos tercios de la superficie terrestre están ocupados por los océanos; solo el océano Pacífico cubre aproximadamente la mitad del planeta. La cobertura media global de nubes es del 67% (aproximadamente el 25% sobre tierra y el 75% sobre los océanos). Sostengo que estas propiedades tan evidentes y determinantes de las nubes constituyen la pieza que falta en el rompecabezas climático. Una vez comprendido el papel de este mecanismo termostático natural, queda claro por qué no existe riesgo de colapso climático. Debemos dejar de vivir en la ansiedad permanente de un apocalipsis climático que no existe. La Tierra no es un paciente en cuidados intensivos: es un sistema robusto, gobernado por mecanismos naturales extremadamente poderosos como la actividad solar, los océanos, las nubes, el hielo, etc., que durante millones de años han estabilizado el clima sin necesidad de pánico, políticas punitivas ni sacrificios inútiles. La única emergencia verdadera es volver a razonar con la verdadera ciencia, no con miedo.»
