Lo llamaban “Transición a las energías limpias”. “Descarbonización”. “Salvar el planeta”. “Evitar el apocalipsis”[1]. “Cero neto”, o lo que sea. No hacía ninguna falta montar esta farsa. No está ocurriendo nada en el clima que no haya ocurrido antes. Es otra fabulación socialista, mentalidad proclive a la mentira, el engaño, el robo, la destrucción y, cuando todo sale mal, la huida, la escapada. Y pasado un tiempo, valiéndose del olvido y del falseamiento de la historia, vuelta a empezar.
La “revolución verde”, inútil en relación con el clima, es un fracaso. No se puede suministrar energía eléctrica a las economías de las sociedades solamente con energías solar y eólica, ni siquiera con la ayuda de gigantescas baterías[2], ni con una red que cubriera millones de kilómetros cuadrados de extensión, ni tapizando tierra y mar con molinillos y paneles solares. El estúpido experimento del gobierno de España de 28 de abril de 2025 lo demostró con un apagón completo, que duró horas, provocó más de una decena de muertos y generó grandes pérdidas económicas. Una élite política criminal, pagada por nuestros impuestos, nos está destrozando, mientras se enriquece obscenamente.
No sólo no puede cubrir nuestras necesidades en materia de energía eléctrica, simplemente, sino que además nos ha costado y nos cuesta enormes cantidades de recursos financieros que podrían dedicarse a fines necesarios. Además, el encarecimiento de la factura eléctrica ha provocado el hundimiento de nuestras economías, la pérdida de competitividad de nuestras empresas y el abandono de mercados en los que nuestros bienes y servicios eran muy demandados. Y luego se quejan de que la canción del verano sea un éxito permanente de crítica y público. A ver, estadios de fútbol de toda España, cantad a coro “¡socialista[3] el que no bote!” Se van a enterar estos.
Al grano. Tony Seruga escribe en Twitter que, “entre 2010 y 2026, gobiernos y empresas gastaron aproximadamente 2.000.000.000.000[4] de dólares en energía solar, eólica y programas de “Cero neto” con la promesa de una transición a la energía limpia.” En la práctica, lo que resultó fueron problemas de suministro, precios de la electricidad más altos y ninguna alteración de clima, insisto. Todo era esperable, pero se vendió lo contrario. Y las élites occidentales lo compraron, cundo no lo coprotagonizaron.
Quince años más tarde, la energía en general y la eléctrica en particular siguen siendo tan carbonointensivas como siempre, en parte debido a la paradoja de Jevons de la que hablaremos en un nuevo artículo en breve, en parte a que las llamadas renovables son ineficientes, intermitentes y heterónomas. Sobre todo, ineficientes.
¿Ineficientes? Sí. No es lo mismo “capacidad instalada” que energía entregada. Uno puede instalar 100 MW y creerse que puede entregar esa potencia, pero nunca es así[5]. La cosa es demencial en los casos de las energías eólica y solar, que rinden sólo en torno al 20% del tiempo. A su lado, las plantas tradicionales[6] producen hasta el 90% del tiempo[7]. Y con todo y con eso, cuando uno instala eólica y solar tiene que mantener en marcha las de gas para cuando no sople el viento ni luzca el sol, o disponer de centrales nucleares que mantengan unos mínimos de asistencia a la red, porque las “renovables” fallarán. Cuando se tiene en cuenta todo eso, se aprecia que los costes de las energías renovables son mucho más altos que los de las tradicionales. Lo hemos visto aquí https://joseramonferrandis.es/sobre-los-costes-relativos-de-las-energias-primarias-la-estafa-de-las-llamadas-renovables/ y ahora lo vamos a ver en este cuadro de Tony Seruga.

Lo explico someramente. Hay tres columnas; la primera se refiere al camino que han seguido esos dos billones gastados en energías renovables. La segunda, si se hubiese gastado en energía nuclear. Y la tercera, en centrales de gas natural.
La primera fila se refiere a las emisiones de CO2, muy superiores en el caso de las energías verdes[8]. La segunda habla de costes por MWh, que favorecen al gas natural con precios entre la mitad y un tercio que eólica y solar. La tercera habla de la vida útil de los sistemas de generación, muy favorables a la nuclear. La cuarta explica a cuántas viviendas podría suministrar electricidad[9] cada vía. La quinta y la sexta explican las pérdidas de PIB mundial que han tenido lugar, que oscilan entre 37 y 40 billones de dólares.
Seruga cierra su artículo con un párrafo que traduzco sin más: “La lección no podría ser más clara: la física determina la prosperidad. La energía densa y disponible, como la nuclear o el gas, sigue siendo la columna vertebral de la civilización, y ninguna cantidad de subvenciones o mensajes puede legislar la termodinámica. La llamada transición verde no ha descarbonizado el planeta, sino que lo ha empobrecido. El camino hacia la sostenibilidad no está empedrado con subvenciones solares, sino con ingeniería sin complejos y honestidad científica.”
Pero hay más. La dependencia de los suministros chinos en materia de paneles solares y de tierras raras ha hecho añicos nuestra independencia energética, tecnológica y de seguridad[10].
A un fanático, esto le trae al fresco. Ese tipo de persona prioriza sus creencias (y su deseo) sobre la Ciencia (y la realidad). La única solución es desplazarlos de los centros de decisión. Fácil de decir, pero no de hacer. Les gusta el poder, base de su enriquecimiento o, en los escalones inferiores[11], de su buen pasar. Y que se hunda el mundo en su entorno.
A evitar ese destino estamos decididos.
[1] En sentido amplio.
[2] https://joseramonferrandis.es/va-a-ser-que-no/
[3] Socialista de todos los partidos, entiéndase.
[4] 2 billones.
[5] En el mejor de los casos, hay que parar para mantenimiento y revisiones. Hay averías.
[6] Incluidas centrales hidroeléctricas.
[7] https://joseramonferrandis.es/hasta-aqui-han-llegado/
[8] No es sorprendente. La cantidad de energía que exige minar para obtener tierras raras, más lo preciso para obtener materiales para fabricar paneles y álabes, más el coste del gas de las centrales de respaldo (si no es carbón lo que se utiliza), más las nuevas redes eléctricas de conexión a las zonas donde sopla el viento, más lo derivado de las importaciones de materiales por barco desde la RP China y otras variables adicionales, dan este sorprendente resultado.
[9] Es una métrica muy típica de los EE. UU.
[10] https://joseramonferrandis.es/los-comunistas-chinos-tienen-un-interruptor/
[11] Se dejan ver en Twitter, o X. Si uno lee los comentarios tras el enlace de Tony Seruga uno se da cuenta de cuántos tontos pululan al amor de un lápiz de alcance global.
