…hace mucho frío”, ya sabe el lector cuál es exactamente la rima popular.
Hablo de la Antártida, ese lugar donde la capa de hielo alcanza un peso de 25 millones de gigatoneladas (Gt)[1] y que, desde 2020, no desciende en absoluto, como se observa parcialmente en este post de Javier Vinós,
a pesar de la incidencia de Hunga Tonga[2] y de El Niño. La primera es visible en el gráfico a mediados de 2023 y el efecto del segundo, a mediados de 2024.
Hemos llegado a octubre de 2025. La estación antártica Amundsen-Scott ha registrado la temperatura más baja de los últimos 40 años[3], es decir, desde 1981: – 61,3 ˚ C. Y eso que está a punto de llegar el verano austral. ¿Por qué desde 1981? Fácil. Porque sólo entonces se empezó a medir la temperatura.
Si fuera el CO2 quien indujera los cambios de temperatura, este récord nunca habría tenido lugar. Los modelos del IPCC fallan. Lo han hecho siempre. No dejarán de hacerlo. Y es porque no es el CO2, sino el vapor de agua quien conduce los cambios. Que alguien de su confianza, de existir, se lo diga a Doña Úrsula von der Leyen y su Comisión. A ver si se entera y deja de destruir la UE con las políticas energéticas dictadas desde la ONU.
[1] ¿Es eso mucho? Pues una Gt son mil millones de toneladas. 25 millones de Gt son 25.000 billones de toneladas, es decir, 25.000.000.000.000.000.000 de kilos.
[2] Ustedes conocen la erupción submarina, que eyectó a la estratosfera enormes cantidades (150 Teragramos, es decir, 10.000.000.000.000 gramos de vapor de agua) de vapor de agua, no de CO2, que calentaron la atmósfera tremendamente (el vapor de agua, no el CO2), pero cuyos efectos ya no persisten tan notablemente. Se lo conté aquí https://joseramonferrandis.es/el-calentamiento-de-2023-y-posterior-tiene-causas-naturales-2/
[3] Lo he sabido gracias a este artículo https://share.google/mPZkKLnuFAbf3nhXf
