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Un blog reaccionario

«Verum, Bonum, Pulchrum»

Tormentas solares: “velad, pues no sabéis el día ni la hora”

por | 30 Jul 2025 | Cambio climático, Economía, Globalización, Países / Áreas geográficas

A las 11:18 del día 1 de septiembre de 1859 se produjo una gigantesca eyección de masa coronal[1], que es como técnicamente se conoce a las llamaradas solares. Fue registrada por el astrónomo británico Richard Carrington, quien se dio cuenta de que dos enormes llamaradas, o intensos estallidos de luz blanca, parecían salir del grupo de manchas en la superficie del sol que estaba estudiando en ese momento. Cinco minutos después habían desaparecido, pero 17 horas y 40 minutos más tarde, aquellos chispazos provocaron la tormenta solar más intensa registrada en la Tierra en los últimos 500 años[2].

Desde entonces, al fenómeno descrito se lo conoce como “evento Carrington”.

El acontecimiento fue precedido desde el 28 de agosto por auroras boreales que llegaron a ser vistas hasta en Colombia, atravesando todo el hemisferio Norte, y fue seguido por otras auroras el día 2 de septiembre. También se observaron auroras australes en Santiago de Chile y más al sur. La magnetosfera terrestre, que suele estar a unos 58.000 km de la Tierra, fue comprimida hasta llegar a tan sólo unos 7.000. El cinturón de radiación de Van Allen[3] desapareció temporalmente. Esa fue la razón por la cual gran cantidad de protones y electrones penetraron en la atmósfera, causando las auroras descritas.

Los efectos del evento Carrington sobre la corteza terrestre, a pesar de que la electrificación de las economías y las sociedades estaban en mantillas, fueron notables. Las partículas magnéticas que atravesaron el habitualmente impenetrable campo magnético terrestre interrumpieron el funcionamiento del telégrafo[4] en Europa y los EE. UU. Los cortocircuitos provocaron incendios y heridas a los operadores.

En realidad, ha habido otras tormentas magnéticas más intensas. Al parecer, entre los años 774 y 775, durante el reinado de Carlomagno, se produjo una eyección de masa coronal diez veces superior a la de 1859, cosa que se ha podido inferir por los depósitos de carbono 14 en los anillos de los árboles. Luego abundaremos en este aspecto.

Todo esto se refiere al pasado. En cuanto a lo que ha de acontecer, la pregunta es cuándo. Porque pasar, pasará. Miyake o Carrington, pasará. ¿Miyake? ¿Qué es eso?

Un evento Miyake es un fuerte aumento (observado[5] y comprobado) en la producción de isótopos por parte de los rayos cósmicos, que es otra forma de decir lo que ya dijimos en relación con el evento Carrington. Mediante el análisis de muestras se conocen cinco acontecimientos importantes (que acontecieron en 7176 a.C., 5259 a.C., 664 a.C., 774 d.C. y 993 d. C.) en los cuales el pico observado en el isótopo 14 del carbono (C) es notable. No hay un patrón de frecuencia de eventos Miyake, pero se aventura que sería de entre 400 y 2.400 años, horquilla demasiado amplia para ser significativa. Parece evidente que los eventos Miyake son causados por la llegada a la Tierra de cantidades enormes de partículas solares, mucho más abundantes que cuando se produce un evento Carrington, claramente relacionadas con superllamaradas solares.

Quizá el evento Miyake más relevante sea el que se produjo hace 2.689 años, en el 664 a.C., cuando la Tierra fue golpeada por una tormenta solar de proporciones colosales. Este fenómeno fue tan enorme que, caso de haber ocurrido hoy, habría descompuesto nuestro mundo, basado en electricidad y electrónica. El nombre del fenómeno se debe a Fusa Miyake[6], la científica que lo identificó en 2012 al encontrar aumentos extraordinarios del isótopo carbono-14 en los anillos de los árboles. Estos aumentos son la huella de las tormentas solares gigantes que llegan a la Tierra. La tormenta solar a la que nos estamos refiriendo alcanzó niveles muy altos en la escala de medición: fue una tormenta de clase X[7].

Habrá más, si no tan grandes como ésta, algo menos potentes. O más, ¿quién puede aventurarlo? En todo caso, cuando una nueva tormenta solar de clase X afecte directamente a la Tierra, será necesario estar protegido. ¿Cómo sabremos que se aproxima un evento Miyake y qué consecuencias tendría? Vamos a verlo.

No mucho antes de la erupción solar ya se habrá formado un fenomenal, gigantesco bucle de plasma de varios cientos de miles de kilómetros de extensión. Algo así

(Esta fotografía corresponde a una erupción solar, vista con luz ultravioleta. Tuvo lugar el 30 de marzo de 2010. Aparece superpuesta una imagen de la Tierra para ilustrar la magnitud de la erupción) Foto: NASA

Eso puede ser detectado por los instrumentos disponibles. A partir de ese momento, los centros de datos de todo el mundo deberán desconectarse, en un proceso que dura horas. Los servicios de Internet dejarán de funcionar. Las compañías eléctricas apagarán los sistemas de producción de energía en cualquiera de sus versiones para evitar daños en la fase de generación, lo que supone un apagón general, que durará como poco hasta que pase la tormenta solar, cuya llegada es inminente.

En el ínterin, una lengua de plasma empezará a desperezarse desde la corona solar, a una velocidad de 3.000 kilómetros por segundo, en dirección a la Tierra. Rayos X y gamma empujarán la masa de protones de viento solar hacia nosotros. El bombardeo será de tal envergadura que centros de datos, ordenadores, teléfonos móviles y satélites civiles[8] empezarán a fallar[9]. Los sistemas de almacenamiento de datos quedarán fuera de servicio.

Y tras 17 horas y 41 minutos desde la erupción o eyección, los efectos principales de ésta llegarán a la Tierra. Las redes de alta tensión se saturarán. Los transformadores de alta tensión que no hayan sido desconectados de la red ni adecuadamente protegidos se sobrecalentarán y podrán hasta quemarse por razón de las intensas corrientes geomagnéticas desencadenadas por la tormenta solar. Ésta interactúa con las redes generando sobrecorrientes que afectan a los transformadores[10], elemento esencial en la transformación (de ahí su nombre) del voltaje de las corrientes eléctricas. Incluso si están desconectados de la red[11] pueden sufrir daños. Los cables de comunicación transoceánicos, que son subacuáticos, se quemarán asimismo si están operativos. Internet se caerá, con lo que las comunicaciones desaparecerán.

Por cierto, los sistemas actuales de alerta temprana de las potencias atómicas dejarán de estar disponibles.

Como en ese momento ya no existirá en ningún lugar del mundo distribución de energía eléctrica, hospitales, aeropuertos, centrales de suministro y evacuación de agua, gasolineras, almacenamiento de alimentos perecederos y hasta las pequeñas cocinas eléctricas se hallarán fuera de servicio[12]. No habrá ascensores operativos. No quedarán alimentos que vender, ni que repartir, pasado un breve lapso. No se podrá acceder al dinero en efectivo en los dispensadores. Los bancos estarán paralizados, y también lo estarán los pagos nacionales e internacionales, así como todas las cadenas logísticas. Las comunicaciones serán muy difíciles, y sólo por medios tradicionales alejados de la inmediatez, amplitud y cobertura de las redes vigentes, a las que estamos acostumbrados.

Las ciudades se colapsarán y quien pueda huirá a las zonas rurales, donde los suministros alimenticios y la disponibilidad de agua son más fáciles de obtener a corto plazo y en las que la seguridad individual puede ser potenciada sencillamente, cosa que las fuerzas del orden no lograrán en las urbes. El caos y los asaltos se adueñarán de las calles. Una extrema violencia se cobrará muchas víctimas, primero los ancianos y luego los más débiles. Se instaurarán controles propios de tiempos de guerra.

El suministro eléctrico, dependiente de los transformadores, no podrá ser recuperado en un plazo predecible, pero que será en todo caso largo, o larguísimo si se han dañado los transformadores instalados. Una vez agotados los equipos que pueda haber en reserva (necesariamente escasos), las adquisiciones de nuevos transformadores, que usualmente se demoran dos años porque hay que construirlos ex professo, serán inviables. Los escasos países fabricantes no los exportarán para atender a sus propias necesidades[13]. Así que, si no se han aislado los transformadores existentes para su protección, a las economías y países que fracasen en esa acción con sus equipos esenciales les esperan al menos diez años de vuelta al profundo pasado. Sin electricidad, sí, pero también sin ninguno de los recursos de que disfrutaban nuestros antepasados cundo emergieron de la era pre-eléctrica a la modernidad. Nada. Cero. Y la vuelta al nivel anterior al “evento Miyake” se puede demorar décadas, si es que llega a producirse. De la independencia y soberanía de los Estados que reemerjan, ni hablamos.

Las consecuencias en la población de la súbita caída hasta una organización económica preindustrial pueden haber sido catastróficas. Los índices de mortalidad y morbilidad se habrán disparado, en un marco de valores absolutos de centenares, si no de miles de millones de muertos. La sanidad será un pálido reflejo de lo que llegó a ser durante el siglo XXI. La expectativa de vida al nacer se habrá desplomado pero, notablemente, los nacimientos se multiplicarán, refrendando la hipótesis de que una de las razones de la caída de la natalidad es la riqueza relativa[14] del conjunto de individuos de las sociedades.

Las emigraciones masivas serán un hecho, pues los supervivientes de Estados fallidos aspirarán a integrarse en aquellos países que hayan tenido éxito en su autoprotección, pero las inmigraciones masivas no tendrán lugar, pues las fronteras serán selladas a cal y canto. La caridad pública, que no existe conceptualmente, no existirá tampoco en la práctica.

Todo lo dicho puede pasar en cualquier momento. Sus efectos, si no se adoptan medidas, serán aproximadamente esos que se ha podido leer. Afortunadamente, los países más avanzados del mundo, que son precisamente aquellos en los que mayor sería el impacto de la supresión duradera de la energía eléctrica, ya han tomado medidas para evitar lo peor. El problema está identificado y la prevención se halla sobre el terreno, si bien no en todas partes, pues la inversión necesaria para ello es muy grande.

Eso sí, mientras se protegen los sistemas, se condena a las poblaciones de los países más avanzados por el procedimiento de convertir a los Estados en instituciones fallidas, instaurando el socialismo en sus distintas versiones y destrozando la civilización occidental. La UE es un contraejemplo de libro. ¿Quién necesita un “evento Miyake” si se pueden descomponer sociedades enteras en beneficio de sus élites recurriendo al Derecho Positivo arbitrado por una partitocracia criminal?

[1] Se denomina eyección de masa coronal a una onda constituida por radiación y viento solar que se desprende en ocasiones del Sol durante el periodo llamado Actividad Máxima Solar. Las eyecciones de masa coronal lanzan cantidades colosales de materia y radiación electromagnética hacia el espacio. El plasma eyectado consiste sobre todo en electrones y protones.

[2] Kenneth G. McCracken (Universidad de Maryland, EE. UU.) descubrió en los núcleos de muestras de hielo de la Antártida y Groenlandia aumentos bruscos de nitratos, que correspondían a intensas ráfagas de viento solar datadas en esa época. Además del “evento Carrington”, se producen tormentas solares relativamente fuertes cada aproximadamente 50 años, y otras menores con periodicidad variable. Las cinco más recientes tuvieron lugar en noviembre de 1960, marzo de 1989, enero de 1994, julio de 2012 y 1 de junio de 2025. Por lo general, estos fenómenos provocan alteraciones en redes eléctricas (en los países situados en latitudes altas de la Tierra como Canadá, el norte de Estados Unidos, Escandinavia y Rusia, porque los campos magnéticos convergen en estas regiones), perturbaciones en comunicaciones por radio de alta frecuencia, errores temporales en los sistemas de navegación por satélite y efectos transitorios en satélites en órbitas bajas. Todo ello se concreta en problemas en los servicios de móviles y sistemas de GPS. A veces provocan paros o daños en plantas de generación de energía hidroeléctrica.

[3] Los cinturones de Van Allen son dos zonas de la magnetosfera terrestre donde se concentran grandes cantidades de partículas cargadas de alta energía, constituidas en su mayor parte por viento solar y rayos cósmicos procedentes de las galaxias. El cinturón interior se extiende desde unos 500 km. por encima de la superficie de la Tierra hasta más allá de los 5.000. El cinturón exterior se extiende desde unos 15.000 km. hasta unos 58.000 km. El cinturón exterior está formado por miles de millones de partículas de gran energía que se originan en el Sol, mientras que el cinturón interior es el resultado de las interacciones de los rayos cósmicos con la atmósfera de la Tierra. La magnetosfera de la Tierra atrapa las partículas de radiación de alta energía y protege a la Tierra de las tormentas solares y del incesante viento solar, que puede afectar gravemente a la tecnología.

[4] Que había iniciado su andadura en 1843 en los Estados Unidos.

[5] Habitualmente indicado por un aumento en la concentración del isótopo de carbono 14 en los anillos de los árboles, como ya sabemos, así como del 10 Be y 36 Cl en núcleos de hielo, todos ellos fechados de manera independiente.

[6] Fusa Miyake es una científica física experta en rayos cósmicos que trabaja en le Universidad de Nagoya (Japón). Su trabajo en relación con la medición de isótopos se ha visto recompensado con el reconocimiento de los llamados eventos Miyake, acontecimientos relacionados con la variación de la huella de isótopos en muestras de hielo y troncos de árboles.

[7] Las erupciones solares se clasifican como A, B, C, M o X dependiendo del pico de flujo de rayos X (en vatios por metro cuadrado, W/m²) medidos en el satélite artificial GOES. Cada clase tiene un pico de flujo diez veces mayor que la anterior. Dentro de cada clase hay una escala lineal de 1 a 9, así que una erupción X6 tiene 6 veces la potencia de una X1, y sesenta veces la potencia de una M1.

[8] Los militares están protegidos, lo que mantiene los sistemas GPS operativos.

[9] Salvo que los satélites se blinden, como hacen los de uso militar, para enfrentar la eventualidad de una fuerte tormenta solar. Es más caro, pero es seguro.

[10] Detengámonos aquí un momento. Los transformadores son componentes fundamentales de las redes eléctricas, encargados de elevar o reducir el voltaje de la electricidad. Además del daño directo a los transformadores, las corrientes inducidas pueden generar desequilibrios en las redes de alta tensión y provocar apagones en cascada, afectando a grandes áreas geográficas.

[11] Los grandes transformadores están conectados a tierra y, por tanto, pueden ser susceptibles de ser dañados por las corrientes continuas inducidas por las perturbaciones geomagnéticas. La forma de evitarlo es instalando condensadores neutros en las tomas de tierra de esos transformadores de alta tensión, así como en los repetidores acoplados a los cables submarinos. Un condensador neutro, o de desacoplamiento, es un componente electrónico que se utiliza para evitar que las señales de alta frecuencia afecten al funcionamiento del circuito principal.

[12] El lector español todavía tiene en el recuerdo lo acontecido el 28 de abril de 2025 cuando, por mera estupidez política, la empresa controlada por el estado que regula la aportación de los distintos tipos de energía a la red sobreponderó la presencia de as llamadas energías renovables (eólica y solar) en el sistema. Pueden escuchar esto para ampliar información https://joseramonferrandis.es/pildora-sobre-el-apagon-socialista-de-28-5-2025-en-espana-peninsular/

[13] Recuerde el lector que, en las primeras semanas de la pandemia COVID-19, los muy solidarios países de la UE impidieron las ventas a los restantes países comunitarios de todo equipo considerado esencial, empezando por los respiradores y terminando por las mascarillas.

[14] Las otras dos son, por un lado, la pérdida masiva de los códigos de valores asociados a una religión que trasciende al ser humano y que establece el marco superior al que debe ajustarse el Derecho Positivo (hablo de la Ley Natural), que tiende a crear familias amplias, Por otro lado, la disponibilidad de medios farmacológicos contraceptivos (que evitan los embarazos), cosa que viene ocurriendo aproximadamente desde los años 70 del Siglo XX (del abominable crimen del aborto no hago mención, pues resulta evidente que es un método eficaz para suprimir seres vivos desde el mismo momento de su concepción).

Autor del artículo

<a href="https://joseramonferrandis.es" target="_blank">José-Ramón Ferrandis</a>

José-Ramón Ferrandis

Nacido en Valencia (España) en 1951. Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense. Técnico Comercial y Economista del Estado. Salvo posiciones en Madrid, destinado sucesivamente en Ceuta (España), Moscú (URSS), Washington (EE. UU.), Moscú (Rusia) y Riad (Arabia Saudita). Profesor de Análisis Riesgo País, Análisis de tendencias y Mercados internacionales. Analista. Escritor (Globalización y Generación de Riqueza, África es así, Crimen de Estado). Áreas de especialización referidas a su trayectoria. Con el blog espera poder compartir experiencias y divulgar análisis sobre asuntos de interés general, empezando por el clima y terminando por la Geopolítica; sin dejar de lado la situación de España. Lo completará publicando semanalmente la Carta de los martes, que tiene 4 años de existencia.