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Un blog reaccionario

«Verum, Bonum, Pulchrum»

Rusia: voluntad frente a realidad (quinta entrega)

por | 15 Nov 2024 | Países / Áreas geográficas

  1. Historia 

De 1991 a nuestros días: nuevamente Rusia 

En 1991, tras el breve interregno de lo que se llamó Confederación de Estados Independientes o CEI, que ya hemos visto, Rusia se constituyó de nuevo, esta vez con entidad propia desprovista de interdependencias institucionales con los antiguos Estados miembros de la URSS.

La caída reconocida del PIB ruso en los dos años subsiguientes fue del 25%; el descenso real de la población alcanzó los 42 millones de personas en 20 años[1] y el shock social resultó escalofriante. Rusia se vio abocada a reiniciar la acumulación de capital[2], pero mantuvo – y mantiene – redes de control paraestatales fundadas sobre el KGB (Comité de Seguridad del Estado o policía política) y el PCUS, parte de cuyos cuadros se reorientaron a la finalidad de sobrevivir primero y medrar después en forma de mafias. Eso permite definir a Rusia como una democracia tutelada[3] cuya riqueza reside esencialmente en la explotación de los recursos básicos que les proporciona el inmenso territorio que controla [4].

La transición a una economía de mercado, con instituciones reformadas y nuevas relaciones internacionales, dio sus primeros pasos con Boris Nikolaievich Yeltsin, presidente de Rusia entre 1991 y 1999. Yeltsin, antiguo miembro del PCUS, ganó las elecciones de 1991 por un amplio margen. Comenzó aceleradamente[5] la transformación de la economía socialista de Rusia en una economía de libre mercado mediante la aplicación de un tratamiento económico de choque, consistente básicamente en la liberalización de los precios y en la instrumentación de procesos de privatización[6], que son las dos claves de bóveda del sistema de economía de mercado. Éstos dieron lugar a una profunda revolución económica, en la que el 80% de la industria pasó a manos privadas y unos 40 millones de rusos comenzaron su andadura en el ámbito del emprendimiento de mercado. Esta cuarta occidentalización sí funcionó.

El proceso abocó posteriormente a la concentración de empresas en distintos sectores no energéticos, dando lugar a la aparición de grandes fortunas.

El 5 de diciembre de 1994, en Budapest (Hungría), se suscribió el Memorándum de Budapest sobre Garantías de Seguridad, que ofrecía garantías cruzadas por parte de los signatarios. Las garantías se referían a la adhesión de Ucraina al Tratado de No Proliferación Nuclear y a la integridad territorial de Ucraina, quien, además, obtenía ayuda económica. El Memorándum fue firmado por Ucraina (Leonid Kuchma), la Federación de Rusia (Borís Yeltsin), los Estados Unidos (Bill Clinton) y el Reino Unido (John Major), además de por Bielorrusia y Kazajstán. De acuerdo con este Memorándum, Ucraina entregó a Rusia (todas sus) 5.000 ojivas nucleares[7] y 220 vectores de lanzamiento, compuestos por 176 misiles balísticos intercontinentales y 44 aviones bombarderos estratégicos capacitados para portar armas nucleares. El 1 de junio de 1996, Ucraina envió a Rusia para su desmantelamiento el último tramo de 1.900 ojivas heredadas de la Unión Soviética.

Yeltsin hizo frente a fuertes reacciones políticas internas, soportó dos guerras en Chechenia y finalmente dimitió, afectado por su frágil estado de salud. Le sucedió Vladimir Vladímirovich Putin (2000/actualidad).

El intento de Yeltsin, orientado hacia los objetivos correctos en materia económica, social y política, quedó frenado. Tras ese impasse, se produjo el típico fenómeno de introversión que afecta a las autoridades (tanto rusas zaristas como soviéticas como rusas actuales) resultante del enfrentamiento con alteraciones sociales y políticas derivadas de no alcanzar las metas propuestas. Aun cuando las medidas de occidentalización de Yeltsin fueron acertadas, las dificultades políticas crecientes limitaron su alcance.

Así como tras el reinado de Pedro I se dio un renacer de la cultura y usos tradicionales rusos, tras la aproximación internacionalista de Lenin se aplicó – eliminado Trotski[8] – la tesis del socialismo en un solo país, de Stalin. Análogamente, tras la caída de la URSS y el interregno de Yeltsin renació el sentimiento nacionalista ruso frente a Occidente, la OTAN en general y los EE. UU. en particular. Lo arbitró e impuso Vladimir Putin a partir del año 2008.

[1] No es sólo por las muchas muertes sobrevenidas y la reducción de nacimientos, sino porque muchos rusos siguieron viviendo en países que anteriormente eran la URSS y se habían independizado de ésta. El nuevo cómputo no los tuvo en cuenta.

[2] Cosa que hizo poco después, gracias al enorme crecimiento del PIB en los primeros años del Siglo XXI, debido a las reformas instrumentadas durante la década de Yeltsin.

[3] Formalmente estamos hablando de una república federal presidencialista, integrada por 83 unidades administrativas o sujetos de la federación: 21 repúblicas, 46 regiones, 9 kráis (marcas, a modo de regiones) 4 distritos autónomos, 1 región autónoma y 2 ciudades federales. Tiene un parlamento bicameral: Duma (450 diputados, elegidos por 5 años) y Consejo de la Federación (2 representantes designados por cada sujeto de la federación).

[4] En Rusia se materializa con intensidad una relación de tensión dialéctica permanente entre el Individuo y el Estado. La esclavitud (en su versión de servidumbre de la gleba) ha pervivido nominalmente en Rusia hasta 1861, pero sus efectos en las costumbres se mantuvieron durante décadas a partir de ese momento. El largo régimen zarista, esencialmente feudal y absolutista, fue reemplazado por otro de características totalitarias, con un dominio del terror como no había habido parangón histórico hasta entonces. Zarismo y comunismo han dejado el papel del individuo muy por debajo del papel del Estado, inequívocamente opresor. Esta situación anímica no se revierte en unos pocos años, pero tampoco están sentadas las bases para ello ni la tendencia parece apuntar en ese sentido.

[5] Yeltsin sabía que el caos reinante no le daba mucho margen para actuar. La Duma, dominada por los comunistas, estaba en contra.

[6] Es decir, el reconocimiento de la propiedad privada como elemento central del orden económico.

[7] Se trataba del tercer arsenal, sólo tras el de Rusia y los EE. UU.

[8] Lev Davidovich Bronstein, alias Trotski, dirigente bolchevique organizador del Ejército Rojo, deportado y luego asesinado por Stalin en México mediante los servicios criminales de un comunista español, Ramón Mercader del Río.

Autor del artículo

<a href="https://joseramonferrandis.es" target="_blank">José-Ramón Ferrandis</a>

José-Ramón Ferrandis

Nacido en Valencia (España) en 1951. Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense. Técnico Comercial y Economista del Estado. Salvo posiciones en Madrid, destinado sucesivamente en Ceuta (España), Moscú (URSS), Washington (EE. UU.), Moscú (Rusia) y Riad (Arabia Saudita). Profesor de Análisis Riesgo País, Análisis de tendencias y Mercados internacionales. Analista. Escritor (Globalización y Generación de Riqueza, África es así, Crimen de Estado). Áreas de especialización referidas a su trayectoria. Con el blog espera poder compartir experiencias y divulgar análisis sobre asuntos de interés general, empezando por el clima y terminando por la Geopolítica; sin dejar de lado la situación de España. Lo completará publicando semanalmente la Carta de los martes, que tiene 4 años de existencia.