- Resumen
Rusia es un país extraordinario, tanto por sus dimensiones, como por su historia, como por el papel que ha jugado durante el Siglo XX. Sus características físicas, por sí solas, establecen un marco de referencia ineludible: se trata de un territorio de extremos térmicos[1] y meteorológicos[2] como no hay par, con distancias geográficas entre poblaciones relevantes que no tienen parangón en país alguno, entre las cuales no hay a veces más conexión que la aérea. Esas características condicionan la percepción que de sí mismos tienen los rusos.
Culturalmente, Rusia se ha encontrado siempre en los arrabales de mundos más civilizados, sea la civilización grecorromana, sea la china. Ninguna de ellas ha tenido históricamente gran influencia, salvo por un cristianismo de origen bizantino, cuya expansión desde el Rus de Kiev tuvo lugar en el Siglo IX, a raíz de los contactos con Constantinopla[3].
Aunque la fe cristiana ortodoxa[4] conformó las actitudes de la población y la iglesia alcanzó un enorme predicamento, no fue nunca tributaria del catolicismo, ni siquiera del protestantismo en alguna de sus muchas variantes. Cerrada sobre sí misma, modeló voluntades y comportamientos, pero sin comparación con lo acontecido en Occidente.
Históricamente, Rusia ha experimentado enormes convulsiones desde su aparición en el tablero internacional, mucho mayores en el Siglo XX que nunca antes.
Hay que consignar igualmente el tardío influjo occidental de la mano de Pedro I y Catalina II. Los intentos de occidentalizar Rusia, como hemos visto en el texto, continuaron (y continúan), pero ahora desde una perspectiva de confrontación. Rusia se desembarazó de gran parte de su enorme atraso social, económico y religioso durante la égida de Pedro I. El fin de la esclavitud, materializado en forma de servidumbre de la gleba hasta una fecha tan reciente como 1861[5], tuvo lugar mucho más tarde que en el resto de los países situados a occidente de sus fronteras, en Europa.
Durante la Primera Guerra Mundial estalló (1917, febrero) la llamada revolución burguesa, encabezada por Aleksándr Kerenski, que al poco fue superada por la que se vino en llamar bolchevique (1917, octubre), encabezada por Lenin. Su implantación en Rusia, la creación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, las guerras consiguientes y el terror esencial al sistema generaron una mortandad como nunca se había visto en parte alguna. Esa fue la argamasa del socialismo real, cuya pervivencia durante décadas, más la terrible guerra contra el socialismo nacional alemán, creó una sociedad en la que predominaba la sospecha, el control y la hostilidad entre los ciudadanos, así como entre éstos y el Estado.
Con todo y con eso, los líderes que han cuestionado o contribuido a minimizar la existencia del Estado totalitario soviético (Gorbachov primero y Yeltsin después) han visto como sus índices de popularidad descendían rápidamente. Es cierto que se superponen la implosión de la URSS y el deterioro económico[6], pero se mantiene entre la población un sentimiento dominante de melancolía por la grandeza imperial perdida.
Los intentos de reproducirla pueden hacer deslizar a Rusia desde la ensoñación hasta la pesadilla. La pesadilla de un imperio neosoviético impulsado por Vladímir Putin, quien pretende atraer a la órbita rusa a los países que integraron el imperio soviético que desapareció en 1991.
[1] Rusia es el país más frío del mundo, con una temperatura media anual de —5,5 °C.
[2] Luminosidad y cambios súbitos de presión atmosférica que inciden en la salud de las personas.
[3] En el año 988, Vladimiro I de Kiev, al casar con la hermana del emperador Basilio II, se bautizó, adoptando oficialmente la religión del imperio bizantino.
[4] Predominante entre los eslavos, como el budismo lo fue entre los mongoles y el islamismo entre los pueblos túrquicos.
[5] Durante el reinado de Alejandro II (1855/1881).
[6] El caos finisoviético y postsoviético fue homérico. Proliferaron la brutal y rápida caída del PIB y la desaparición de las rústicas redes sociales de sostenimiento y supervivencia que proporcionaba el Estado soviético, siendo sustituidas por alta mortalidad, crimen y mafias de origen político y policial. Un mundo perdido, en suma.
