- Futuro/perspectivas
La OTAN es, desde su creación en 1949, la bestia negra, primero de la URSS y ahora que ésta ya no existe, de Rusia. Desde su misma aparición supuso para la URSS hallar frente a sí y sus deseos expansionistas un baluarte inexpugnable. En la actualidad, supone la garantía de que Rusia no invadirá los territorios de los países miembros como ya ha ocurrido con Ucraina, que no es Estado miembro de la OTAN[1].
Desde un punto de vista estrictamente militar, ya sólo queda un país en la zona que no esté o haya expresado su deseo de estar en la OTAN[2]. No es de extrañar, a la vista de la historia de Rusia y la URSS en relación con los países de su entorno[3]. Sólo un organismo militar supranacional con un liderazgo fuerte les protegerá de futuros ataques de Rusia contra su integridad territorial.
Los miembros de la OTAN son 32 y sus fechas de acceso a la organización, éstas que ven al pie[4]. En 2008, el presidente de Ucrania Víktor Yúshchenko, solicitó la entrada de su país en la OTAN, a lo que se opuso frontalmente el presiente Putin. En 2010, Víktor Yanukóvich retiró la solicitud. En 2020, el presidente Volodímir Zelenski aprobó la Estrategia de Seguridad Nacional con objeto de llegar a ser miembro de la OTAN.
La situación actual se caracteriza por la integración de gran parte del antiguo hinterland soviético en la organización militar. Frente a la OTAN, ya no hay un Pacto de Varsovia, sino un solo país, Rusia (más Bielorrusia, de escasa importancia militar, aunque de gran relevancia estratégica), abandonado por sus antiguos satélites. A ello se añade la progresiva integración de los antiguos PECOS en la UE[5], cuya ampliación hacia el Este no puede pasar más allá de Ucraina sin perder la propia esencia de la UE, su alcance y su capacidad de control. Esto quiere decir que la eventual e insensata idea de integrar a Rusia en la Unión Europa carece en absoluto de sentido.
Ese hecho refuerza el aislamiento de Rusia y choca con su voluntad de permanecer: China, Europa y los EE. UU. son vistos como amenazas políticas y económicas.
Reformas estructurales pendientes
La Rusia actual está en un equilibrio inestable entre polos opuestos entre los que se desliza. En un extremo está la mejoría de las condiciones de vida para su población. En el otro se halla una voluntad expansiva típicamente neoimperialista fundada en sus posesiones territoriales anteriores. Los anhelos presentes radican en un relato mitificado de la historia de Rusia.
Ese equilibrio inestable genera tensiones y dificultades, que condicionan fuertemente su presente y su futuro, poniendo incluso en peligro su mera supervivencia. Para resolver las contradicciones en las que se debate, Rusia tiene frente a sí un cuaderno técnico de deberes de enorme magnitud, no ya para recuperar su posición en el tablero internacional, objetivo que ya no es posible tras el advenimiento como potencias emergentes de la RP China y la India, cuya superioridad demográfica y productiva es creciente, sino para sobrevivir en un mundo cada vez más abierto, interrelacionado y dependiente: esas tres características son antitéticas con la dinámica económica, la política interna y la estrategia exterior de Rusia.
Para intentar superar estas tensiones antitéticas, los deberes que Rusia tiene que resolver son:
Establecer una verdadera separación de poderes inexistente en la realidad, sobre cuya base será posible construir una democracia representativa[6], que sólo ha tenido lugar durante 6 meses de 1917 y durante la égida de Boris Yeltsin.
Limitar primero y reducir después el número de efectivos y el alcance de una burocracia hipertrofiada, amén de minimizar su intrusión en la economía y la sociedad.
Revertir el fenómeno heredado de 70 años de existencia de la URSS de escasa iniciativa privada[7], sin la cual resulta inviable un crecimiento económico racional y sustentado en la competencia interna y los intereses genuinos de los agentes económicos.
Reducir sustancialmente el excesivo control del Estado sobre el sistema productivo y la economía rusa a través de una oligarquía paraestatal creada y fortalecida desde la presidencia del país a partir 2009.
Resolver la insuficiente protección del derecho de propiedad, base insustituible de la estabilidad social y la iniciativa privada, además de los restantes componentes del sustrato del desarrollo económico.
Combatir el elevadísimo nivel de corrupción generalizada, confirmada por los informes de Transparency International[8], que sitúan a Rusia en el puesto 141 de 180 países, en una de las peores posiciones del mundo, al nivel de las dictaduras africanas más atrasadas y yendo a peor[9].
Reducir la dependencia histórica de las exportaciones de materias primas, que suponen más del 70 % de la producción rusa comercializada, situando a Rusia en un Estado de monocultivo en la balanza comercial, una alta dependencia de variables exógenas y una debilidad estructural en la generación de riqueza inconsistente con el peso de Rusia en el mundo.
Superar la baja competitividad industrial, que hasta el momento sólo se ha combatido en sus síntomas vía devaluaciones sucesivas, que está lastrada por la obsolescencia de los equipos, la insuficiente I+D y la reducida competencia interna. La mejora de las condiciones para la inversión extranjera productiva directa es una vía probada de garantías para alcanzar ese objetivo.
Desarrollar estrategias a largo plazo tendentes a potenciar la capacitación tecnológica del capital humano y superar así el obstáculo que supone la relativamente escasa mano de obra cualificada[10].
Invertir la bien conocida y perceptible implosión demográfica, que al menos parcialmente[11] tiene raíces económicas[12]. De no tener éxito en este segmento, todos los demás resultan comprometidos.
Sustituir la omnipresente realidad de la obsolescencia de las infraestructuras, herencia de la URSS, en la que los procesos de mantenimiento no tenían presencia significativa. En ese sentido, los proyectos nacionales de mayor impacto son los que afectan a la mejora de las deficientes infraestructuras de transporte, cuya mejora exige la utilización del “Fondo de Desarrollo” creado en 2019 con una dotación progresiva efectuada a través de emisión de deuda pública. Su cifra tope es de 35.000 millones de euros, que se pensaba alcanzaría su madurez en 2024. Como a tantos otros proyectos, la guerra en Ucraina ha dado fin a este también.
Reformar un sistema financiero ineficiente, recreado desde cero a partir de 1991 y lastrado por sus orígenes poco claros, atomización, insuficiente capacitación técnica y escasa capitalización.
Finalmente, pero con la mayor importancia, renunciar a la expansión territorial respaldada por las acciones militares, cuya historia reciente y ominoso presente anuncia un progresivo crecimiento de los gastos militares y una reorientación de los esfuerzos del desarrollo económico hacia los gastos en armamento y equipos. De continuar la invasión de Ucraina y la guerra consiguiente, se puede esperar una militarización del sistema, una nueva carrera armamentista y un final del régimen actual, que se sumiría en problemas similares a los que acabaron con la URSS.
[1] Tanto Georgia como Ucraina han expresado su deseo de integrarse en la OTAN. De entre todos los estados fronterizos con Rusia por el suroeste, sólo queda por solicitarlo Armenia.
[2] El 9 de febrero de 1990, Mijaíl S. Gorbachov propuso una estructura paneuropea de seguridad, que incluiría el ingreso de Rusia en la OTAN. Durante muchos años estuvieron operativas una oficina de la OTAN en Moscú y una de Rusia en Bruselas.
[3] Una de las características de las guerras de Rusia contra sus vecinos es la brutalidad ilimitada que ésta practica contra los civiles, incluyendo deportaciones de niños y mayores, bombardeos de la retaguardia, así como el comportamiento de los soldados del ejército ruso. Esa es una de las razones del alto número de refugiados procedentes de las zonas de combate que se han registrado. El caso de la masacre de Bucha, que ejemplifica lo dicho, puede claramente ser conceptuado como “crimen de guerra”. Recordemos de qué se trató. El 2 de marzo de 2022, Rusia tomó el control de Jersón y ocupó la central nuclear de Zaporiyia (que es la planta más grande de su tipo en Europa. Ha experimentado daños por bombardeos y presenta destrucciones parciales en las líneas eléctricas conexas). Al noroeste de la capital, Kiev, la ofensiva rusa encontró una fuerte resistencia del ejército ucraniano en los suburbios de Bucha. Cuando algo más tarde se produjo la retirada de las tropas rusas, aparecieron cientos de cadáveres en las calles y en fosas comunes de la población de Bucha, muchos de ellos con signos de tortura.
[4] 1949: Bélgica, Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, Francia, Islandia, Italia, Luxemburgo, Noruega, Países Bajos, Portugal y Reino Unido. 1952: Grecia y Turquía. 1955: República Federal de Alemania. 1982: España. 1999: Chequia, Hungría y Polonia. 2004: Bulgaria, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia, Lituania, y Rumanía. 2009: Albania y Croacia. 2017: Montenegro. 2020: Macedonia del Norte. 2023: Finlandia. 2024: Suecia.
[5] De hecho, sólo quedan Ucraina y Moldavia, pues Albania (desde 1961), Kosovo, Montenegro y Serbia se mantuvieron fuera de la órbita soviética.
[6] Ese aspecto es estrictamente institucional, pero no garantiza una mayor eficiencia, ni más capacidad de resolución de problemas, sobre todo los estratégicos. Sirve sobre todo, en teoría, para dar la voz a las personas censadas y para incrementar la transparencia y responsabilidad pública del poder ejecutivo.
[7] La cual se halla limitada asimismo por la excesiva intrusión burocrática y administrativa de la que hablaba en el punto anterior.
[8] https://www.transparency.org/en/cpi/2023
[9] La corrupción es sistémica. A título de ejemplo, en mayo de 2024 fue cesada por esa razón parte de la cúpula del Ministerio de Defensa, que a su vez había reemplazado a otra anterior por las mismas razones.
Los arrestos de altos cargos militares fueron precedidos por la destitución del ministro, Serguéi Shoigú, que llevaba 12 años en el puesto.
[10] Un fenómeno está teniendo lugar en sentido opuesto al que Rusia necesita: jóvenes de buena formación en materia de tecnologías de información y las comunicaciones han huido de Rusia para evitar las conscripciones y las levas, descapitalizando así el sector más puntero del desarrollo tecnológico en el mundo.
[11] No es la razón dominante, pero existe.
[12] Se refiere a las dificultades para financiar familias con varios hijos. Ya en 2017, el ministro de finanzas ruso, Antón Siluánov, dijo pretender aplicar recursos de programas sociales para elevar la tasa de natalidad de 1,5 a 1,7 niños por mujer hasta 2022. Sin éxito, como todas las medidas anteriores.
