El entomólogo Paul Ehrlich murió el 14 de marzo de 2026. Tenía 93 años. Durante décadas estuvo en boca de todos por sus hipótesis, previsiones y planteamientos en el ámbito de la ciencia y del activismo social.
Muchos lo recuerdan por su libro de 1968, titulado “La bomba demográfica”. El mensaje central era que la “sobrepoblación” acabaría con los recursos alimenticios, abocando a catastróficas hambrunas y a la desaparición de las sociedades. Cientos de millones de personas morirían de hambre, la India a la cabeza, y el Reino Unido de la Gran Bretaña, sencillamente, dejaría de existir antes del año 2000. Y proponía soluciones, todas ellas genocidas[1].
Mimetizó casi exactamente la argumentación de Thomas Robert Malthus[2]. A diferencia de éste, quien rectificó al final de su vida y reconoció haberse equivocado, Ehrlich se mantuvo impertérrito a pesar de su evidente desacierto[3]. Vean la evolución del hambre en el mundo[4], por décadas, con un par de notas en color verde para que se vea la magnitud del error.

https://wattsupwiththat.com/2026/03/17/10449934/
¿Por qué ha ocurrido esto? Porque las cosechas se han incrementado sustancialmente, mucho más rápido de lo que lo ha hecho la población. Vean datos cuyo origen está en la FAO[5] y reflejan los gráficos de Ourworldindata.

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La pregunta es: ¿por qué esta mejora en los rendimientos agrarios? Vayamos en primer lugar a un Premio Nobel, el agrónomo norteamericano Norman Borlaugh[6], padre de la llamada “revolución verde”. Con sus mejoras genéticas en semillas generó un verdadero estallido productivo, sobre todo en países donde el hambre hacía estragos. Esos países se convirtieron en exportadores de alimentos.
Además, con carácter general, mayores niveles de CO2 en la atmósfera conducen a un rendimiento superior de las plantas, que crecen más sanas, más rápidamente y con mayor productividad. Técnicamente se denomina “fertilización”[7]. Eso no es nada nuevo, pero los textos del IPCC y de las organizaciones de la ONU en general lo omiten cuidadosamente[8].
Pero hay más. El CO2 atmosférico mejora la eficiencia en el uso del agua[9] y la resistencia a la sequía en las plantas en general y en las cosechas en particular a través de la conductancia estomática.[10]
Y más aún, el uso de hidrocarburos como combustible permite producir fertilizante nitrogenado sintético, utilizando el proceso Haber-Bosch. Con los fertilizantes naturales (compost, estiércol y guano) no sería suficiente. Por supuesto, la progresiva mecanización agraria ha contribuido notablemente. Los motores de esa maquinaria se impulsan gracias a los hidrocarburos. Y el panorama termina con los pesticidas, que en general provienen del petróleo vía industria petroquímica.
Pues ya ven: Ehrlich no vio venir nada de esto. O sí, pero no le interesaba. Y cuando los hechos cayeron sobre su cabeza, miró para otro lado. Era mala gente. Y erró siempre. Siempre. No es fácil, ni siquiera empeñándose.
El fundamento del error es doble; por un lado, su desprecio para las personas, a las que consideraba un riesgo para la Naturaleza (como si no formaran parte de ella) y debían ser suprimidas de manera totalitaria. Él, como no era una persona cualquiera, debía sobrevivir, claro.
Por otro lado, aparecía su absoluta incapacidad de entender que el ser humano es enormemente creativo, permanentemente capaz de superar problemas, imaginativo. Tampoco sabía absolutamente nada de economía, lo que le llevó a uno de sus más sonados fracasos. Se lo cuento.
En 1980, el economista de la Universidad de Maryland Julian L. Simon y el entomólogo Paul R. Ehlich contendieron sobre precios de los recursos naturales en la economía, que derivarían, lógicamente, de su escasez relativa. El reto se materializó en las páginas de la publicación Social Science Quarterly. Simon apostó 1.000 $ a que cualesquiera materias primas no controladas por el Gobierno[11] no subirían de precio en 10 años, descontada la inflación. Simon dejó elegir a Ehrlich cinco materias primas a su gusto. Ehrlich optó por cobre, cromo, estaño, níquel y tungsteno[12]. La apuesta se formalizó el 29 de septiembre de 1980 y se liquidó el 29 de septiembre de 1990. Ehrlich perdió la apuesta, pues las 5 materias primas bajaron de precio en ese periodo[13]. Y no bajaron poco, sino más del 50%.
Ehrlich pasó toda su larga vida profesional intentando predecir el desastre en cada ámbito de la vida social. Fue un fracasado permanente, un ser distópico, pero asimismo enormemente influyente en los que creen que los seres humanos son incapaces de gobernarse a sí mismos y necesitan de una economía centralizada y un poder político omnipotente, aunque vistan esa idea de socialdemocracia. Como contrapartida, progresistas de todos los partidos, Universidades de todo tipo e instituciones variadas[14] le colmaron de honores y dinero.
Fue un eximio necio malévolo. Él no sé, pero el mundo que lo conoció descansa en paz con su partida.
[1] En este buen artículo pueden comprobarlo Anatomía de un falso profeta: el legado autoritario de Paul Ehrlich, padrino del catastrofismo climático – LA GACETA Es un amplio resumen del ideario de Ehrlich y el de la izquierda en general. Recomiendo calurosamente su lectura.
[2] En el libro “Cartas de los martes 2020” https://www.unioneditorial.net/libro/cartas-de-los-martes/ desarrollo una amplia semblanza de Malthus.
[3] Cuando Ehrlich escribió ese libro, en 1968, la población mundial alcanzaba entre 3.500 y 3.600 millones de personas. Hoy se calcula hay unos 8.000 millones largos. Con todo y esa cifra, las muertes por hambre, que eran comunes cuando Ehrlich escribió ese libro, son muy raras hoy día.
[4] Lo pueden abordar in extenso en estos dos libros: “Crimen de Estado” https://www.unioneditorial.net/libro/crimen-de-estado/ y “Desmontando la Agenda 2030” https://luzdetrentoeditorial.es/libro/desmontando-la-agenda-2030/
[5] Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (Food and Agriculture Organization).
[6] Para un análisis más profundo del fenómeno pueden leer los planteamientos de Borlaugh en https://www.unioneditorial.net/libro/crimen-de-estado/
[7] Tan temprano como en 1920, Scientific American denominó las emisiones antropogénicas de CO2 “las preciosas fertilizantes del aire.” Gradenwitz A. (1920). “Carbonic Acid Gas to Fertilize the Air.” Scientific American, Nov 27, 1920. doi:10.1038/scientificamerican11271920-549.
[8] De nuevo, los múltiples efectos positivos del CO2 en la fotosíntesis se aprecian en varios capítulos de https://www.unioneditorial.net/libro/crimen-de-estado/
[9] Con altos niveles de CO2, cada unidad de materia seca requiere menos agua para ser producida.
[10] Para quien desee profundizar, estos estudios se lo permitirán: https://doi.org/10.1104/pp.15.01054 + https://doi.org/10.1111/gcb.13263 + https://doi.org/10.1016/j.agrformet.2010.11.015
[11] Esto es clave; se trata de ver si el libre mercado opera satisfactoriamente.
[12] Ehrlich estaba seguro: la economía crecía a buen ritmo y la demanda extra presionaría sobre los precios, elevando éstos y permitiéndole ganar la apuesta.
[13] Ehrlich no contempló siquiera la posibilidad de que, cuando algo escasea, sube de precio, y ese nuevo precio más alto (que es una señal inequívoca de una oportunidad de beneficios) desencadena nuevas inversiones, que aumentan la producción. Adicionalmente, mejoran los métodos productivos, aparecen productos sustitutivos, se desarrollan nuevas tecnologías y soluciones que nadie había imaginado hasta ese momento. Pero es así precisamente como el hombre ha vencido las dificultades y creado un mundo lleno de riqueza.
[14] El BBVA, sin ir más lejos, le confirió en 2014 el “Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento 2013 en la categoría de Ecología y Biología de la Conservación” https://elpais.com/sociedad/2014/02/04/actualidad/1391515603_580215.html
