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Un blog reaccionario

«Verum, Bonum, Pulchrum»

Objetivos y Metas de la Agenda 2030. Objetivo 2

por | 1 Abr 2024 | Globalización

Objetivo 2: Poner fin al Hambre

por Felipe González Abad | 25 Mar 2024

Al título de este objetivo de la Agenda 2030: “Poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición y promover la agricultura sostenible”, hay que reconocerle el acierto de haber dado con una de las claves del desarrollo de la Humanidad: satisfacer la necesidad de vencer el hambre.

Sentir hambre es seguramente el primer síntoma de la pobreza, aunque a saber por qué los de la ONU lo han puesto como segundo objetivo de su Agenda.

El argumento de la historia del crecimiento de las sociedades del hombre, desde la época de las familias arborícolas hasta nuestros días, tiene como uno de sus elementos fundamentales los esfuerzos del hombre por garantizar el alimento de cada día.

De esta forma y casi desde el principio, el hombre descubrió que le venía mejor bajarse de los árboles y aprender a cazar para disponer de una dieta más variada. Después, al reflexionar sobre lo incómodo que resultaba estar todo el tiempo persiguiendo animales, decidió que podía combinar la caza con el cultivo de frutas y cereales y que además se podía vivir fuera de África y de esta forma, al tiempo que estabilizaron el día a día, amplió el ámbito geográfico de su existencia por el continente euroasiático, llegando hasta América por el estrecho de Bering y también cruzando el océano Pacifico por el Sur.

Está claro que en aquellos tiempos África, Eurasia, Australia y América no tenían esos nombres, pero daba igual. Tampoco existía la ONU y la Agenda 2030 y sin embargo encontraron la forma de hallar y desarrollar alimentos para sobrevivir, reproducirse y crecer durante unos cuantos cientos de siglos. Hasta hoy.

Como de costumbre en los informes sobre los temas relacionados con la Agenda, la ONU indica en (1) y (2) que, aunque hasta 2015 y durante tres décadas se había reducido el hambre en el mundo de forma significativa, esta tendencia se ha reducido y se estima que el objetivo de “hambre cero” en 2030 no será alcanzable.

Las mismas fuentes indican que en 2022 había algo más de un 9% de la población del mundo que pasaba hambre crónica y un 30% inseguridad alimentaria y otros datos igual de alarmantes sobre delgadez y sobrepeso, que hacen que se denomine como “policrisis” a la situación actual de la alimentación en el mundo y en consecuencia, y según los informes de la ONU mencionados, urgen esfuerzos mundiales conjuntos para abordar el hambre y garantizar la seguridad alimentaria, “siendo imprescindible tomar medidas coordinadas urgentes e implementar soluciones normativas que aborden las arraigadas desigualdades, transformen los sistemas alimentarios, inviertan en prácticas agrícolas sostenibles, y reduzcan y mitiguen los efectos de los conflictos y la pandemia en la nutrición y la seguridad alimentaria mundiales”.

También, cómo no, este problema es mundial. Aunque en este objetivo no se señalan diferencias entre géneros, huele que apesta a Nuevo Orden Mundial.

No obstante, y según los informes mencionados resulta que el problema del hambre, siendo preocupante, no es universal y en el cuadro siguiente se ve que las acciones a tomar se podrían localizar fundamentalmente en algunas regiones de África.

https://unstats.un.org/sdgs/report/2023/The-Sustainable-Development-Goals-Report-2023_Spanish.pdf?

Veremos que realmente en el mundo sobran alimentos y se desperdicia la tercera parte de los alimentos que se producen.

De esta forma los “urgentes esfuerzos mundiales conjuntos” y el resto de los mandatos incluidos en el entrecomillado citado se podrían concentrar en algo tan bien conocido por la Humanidad como el “desarrollo del sector primario” de las regiones afectadas, acompañado de una distribución racional de lo producido.

Claro que, para implantar esta solución basada en el cuidado de la tierra con infraestructuras correctas para cultivos adecuados, se necesita de algo tan sencillo, pero a veces escaso, como la educación, el desarrollo social y de las economías familiares, el apoyo a la iniciativa privada y el buen gobierno de esas regiones.

Sin esto, los dramáticos problemas mundiales, las arraigadas desigualdades, las pandemias en la nutrición y la seguridad alimentaria mundiales, no tendrán solución.

Vamos a ver lo que dicen las Metas del Objetivo 2

Meta 2.1 Poner fin al hambreEl documento de la ONU “Marco de indicadores mundiales para los Objetivos de Desarrollo Sostenible y Metas de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible”, describe la primera Meta del Objetivo 2 de esta forma: “De aquí a 2030, poner fin al hambre y asegurar el acceso de todas las personas, en particular los pobres y las personas en situaciones de vulnerabilidad, incluidos los menores de 1 año, a una alimentación sana, nutritiva y suficiente durante todo el año”.

Parece evidente que el conjunto de las naciones del planeta ha constatado que hay significativas diferencias en las condiciones de vida de las personas dependiendo de dónde estén viviendo, lo que influye entre otras cosas en su alimentación.

Esto está bien y aunque era conocido que resolver el problema de la alimentación siempre había sido uno de los factores clave de la dinámica de la humanidad, lo importante ha sido que la comunidad de las naciones se haya marcado como Meta “Poner fin al hambre”. Esto, además de plausible, resulta atractivo para ser abordado con los recursos de los que dispone la sociedad en pleno siglo XXI.

Sin embargo, y desde su enunciado, la Meta resulta lo suficientemente ambiciosa como para requerir alguna reflexión sobre sus límites. Por ejemplo, cuáles son las causas del hambre, cuánto hambre se pasa en el mundo y dónde se pasa hambre en el mundo. Siendo inadmisible, por principio, que en estos momentos se pase hambre.

Cuando uno se pregunta por el volumen de personas que sufren esta situación y se recurre a las fuentes disponibles, te encuentras con que, para UNICEF (1), el número de personas que en 2021 estuvo afectado por el hambre se situó por encima de los 800 millones de personas, el 9´8% de la población mundial y aumentando.

Bien es verdad que si cambias de fuente y utilizas Noticias de la ONU (2) encuentras un artículo titulado “El hambre aumenta por cuarto año consecutivo y azota ya a más de 250 millones de personas”. Y no es lo mismo el 3% que cerca del 10% de la población mundial, a la hora de plantear el problema a resolver. Aunque, quizás la diferencia se pueda explicar por los adjetivos que acompañan a las cifras: “afectados” vs “azotados”. Aclarar el valor de este límite puede ayudar a definir las herramientas para la solución de esta Meta.

El siguiente límite a definir es dónde hay que aplicar las soluciones de la Meta 1, Poner fin al hambre. La lista completa de puntos críticos de hambre en todo el mundo, según la fuente Acción Contra el Hambre (3) es: Afganistán, Angola, Burkina Faso, República Centroafricana, Chad, República Democrática del Congo, Etiopía, Haití, Honduras, Kenia, Líbano, Madagascar, Malí, Mauritania, Mozambique, Níger, Nigeria, Somalia, Sudán del Sur, Sudán, Siria y Yemen.

Dejar así la respuesta daría mucha paz, pero al mismo tiempo no daría respuesta a las afirmaciones de otras fuentes, sobre todo si en la pregunta introducimos la palabra “seguridad”. En ese caso nos podemos encontrar con que, por ejemplo, en España, para resolver el problema de la inseguridad, existen instituciones como la Federación Española de Bancos de Alimentos (FESBAL), de la que forman parte 54 Bancos de Alimentos asociados de toda la geografía española y en la que en 2022 han operado 6.919 entidades benéficas repartiendo alimentos a 1.246.106 beneficiarios en 2022, en su mayor parte familias. ¿Y más allá de España?

Pues ocurre que la federación española a su vez forma parte de la Federación Europea de Bancos de Alimentos, una red de 351 Bancos de Alimentos en 30 países europeos, que asistieron a 12.400-000, y de la Global Foodbanking Network (GFN) con 55 países asociados.

Por su parte, en el caso de Estados Unidos y según la Voz de América, (4) el 17 feb 2023 titulaba que unos 34 millones de personas sufren de inseguridad alimentaria en Estados Unidos. Y entre ellos, 9 millones de niños. Por su parte, el articulo “Bancos de comida en Estados Unidos: cómo funcionan y cómo saber dónde están” (5) señala que de acuerdo con Food Bank News, además de los 200 bancos de alimentos de Feeding America y sus 77 organizaciones de distribución asociadas, hay al menos 53 bancos de alimentos que operan independientemente.

Si esto es así en Europa y EE. UU. ¿Qué pasa en el resto del Mundo? Pues que estos Bancos de Alimentos cubren la inseguridad alimentaria de unas cuantas decenas de millones de personas de esas regiones en forma de caridad basada en las donaciones en especie de personas y empresas y hasta aquí. Lo que no es útil para el desarrollo de las soluciones estructurales que permitan “Poner fin al hambre” en el mundo.

Una de las primeras conclusiones es que conocer los límites que nos marcábamos: sobre cuáles son las causas del hambre y dónde se pasa hambre en el mundo, puede servir para provocar ejercicios de caridad y petición de donaciones, pero no aporta soluciones

Tampoco se trata de continuar con los debates demagógicos para señalar a buenos y malos, consiguiendo crear mala conciencia en las sociedades no afectadas y establecer los miles de millones de dólares con los que se dotará a las agencias que se designen para gestionar las subvenciones y donaciones.

Así no se resolverá el problema, si es que existe tal como se define en la Agenda. El objetivo debe ser hacer posible que los que pasan hambre puedan satisfacer sus necesidades de forma autónoma.

Para conseguirlo, lo razonable sería desagregar las afirmaciones generalistas como “Poner fin al hambre” para enfocar los análisis sobre las causas que provocan el problema en las regiones concretas en que tiene lugar. Una vez realizada esta tarea y determinados los fallos de las cadenas de valor de los procesos locales de alimentación, procurar el asesoramiento para que las sociedades afectadas puedan resolver sus propios problemas profesionalmente mejor que caritativamente.

Más adelante volveremos a ver que la falta de alimentos no es la causa del problema. Lo veremos. Solo la participación activa de las comunidades afectadas puede hacer posible el éxito de las soluciones.

Meta 2.2 Poner fin a todas las formas de malnutrición. Después de llegar a la conclusión de la Meta 1, resulta interesante que aparezca esta Meta 2 sobre la malnutrición en el Objetivo 2: Poner fin al hambre, de la Agenda 2030.

La malnutrición, por definición, se presenta tanto por déficit de nutrientes como por exceso, así como por desequilibrio en la nutrición de las personas. En otras palabras, las personas pueden no tener sensación física de hambre y sin embargo estar malnutridos.

En los cuadros que siguen (1) se muestran algunos datos que muestran como la malnutrición por exceso también tiene una importancia significativa en la población mundial.

Según el informe de la OMS de diciembre de 2023, en el mundo hay 1900 millones de adultos tienen sobrepeso o son obesos, mientras que 462 millones de personas tienen insuficiencia ponderal, es decir desnutrición o insuficiente alimentación, que se traduce en un bajo peso para la edad.

Para 2022, se calcula que 149 millones de niños menores de 5 años tendrán retraso en el crecimiento, serán demasiado pequeños para su edad, 45 millones sufrirán emaciación y estarán demasiado delgados para su estatura y 37 millones tendrán sobrepeso o serán obesos.

Niños

Adultos

https://www.unicef.es/blog/desnutricion/diferencias-malnutricion-desnutricion

La malnutrición es algo perfectamente conocido y se produce como consecuencia de la carencia o la ingesta desequilibrada de los nutrientes esenciales: Vitaminas, Minerales, Proteínas, Grasas, Carbohidratos y Agua. Estos nutrientes, al no ser sintetizados por el hombre, necesitan ser suministrados en las proporciones que permitan el desarrollo de la persona y la realización de las funciones habituales, tanto físicas como intelectuales.

Los estándares de una dieta equilibrada están bien estudiados y son conocidos, aunque dependen de factores propios de cada individuo como la edad, el tipo de actividad habitual, el sexo, etc. En términos generales, los hidratos de carbono deben estar entre un 55 y un 60% de las kilocalorías que se consumen al día, las grasas entre un 25 y un 30% y las proteínas entre un 12 y un 15%; además de beber en el entorno del litro y medio de agua.

Siendo la nutrición una materia tan estudiada y conocida, sorprende que esta Meta se plantee textualmente de una forma tan imperiosa como:  “De aquí a 2030, poner fin a todas las formas de malnutrición, incluso logrando, a más tardar en 2025, las Metas convenidas internacionalmente sobre el retraso del crecimiento y la emaciación de los niños menores de 5 años, y abordar las necesidades de nutrición de las adolescentes, las mujeres embarazadas y lactantes y las personas de edad”.

Esta Meta, como la mayor parte de los objetivos y Metas de la Agenda 2030, no plantean problemas que se produzcan por carencia, incluso acabamos de ver que realmente se producen excedentes. Los promotores de la Agenda habrían tenido tiempo, a lo largo de las décadas de gestación, de haber perfilado soluciones estructurales para una gestión correcta de los recursos disponibles, buscando más la eficacia y la eficiencia de sus decisiones que el puro ejercicio del poder.

Particularmente en el caso de esta Meta, en la que asumiendo que se ha resuelto el tema de la Meta 2.1 poniendo fin al hambre en el mundo, la solución a la malnutrición debería tratarse como algo inherente a la educación básica de las personas para garantizar el crecimiento de los niños, la salud de las mujeres gestantes, el desarrollo físico e intelectual de los miembros de la sociedad, etc.

Esto es algo que las diferentes comunidades han venido desarrollando a lo largo de la historia en función de sus capacidades naturales dando forma las conocidas diferentes dietas como por ejemplo la Mediterránea, la Nórdica, la Asiática, las dietas de Oriente Medio, etc. Por cierto, que en este desarrollo se ha basado parte de la creación de riqueza en las naciones, como consecuencia de la iniciativa privada.

Y en caso de que la iniciativa privada no alcanzara a satisfacer estas necesidades, las Administraciones Públicas podrían implantar estas soluciones en las sociedades a las que dan servicios, de forma parecida a como se han implantado las soluciones a otras funciones básicas de la sociedad como el Código de la Circulación o la Administración del Orden Público.

(1) https://www.unicef.es/blog/desnutricion/diferencias-malnutricion-desnutricion

Meta 2.3 Duplicación de productividad e ingresos agrícolas a pequeña escala. El documento de la ONU define así esta Meta: “De aquí a 2030, duplicar la productividad agrícola y los ingresos de los productores de alimentos en pequeña escala, en particular las mujeres, los pueblos indígenas, los agricultores familiares, los ganaderos y los pescadores, entre otras cosas, mediante un acceso seguro y equitativo a las tierras, a otros recursos e insumos de producción y a los conocimientos, los servicios financieros, los mercados y las oportunidades para añadir valor y obtener empleos no agrícolas”. Es decir duplicar la productividad de TODO con TODO.

Al utilizar el concepto “productividad”, el título de esta Meta 3 puede interpretarse como que la Agenda 2030 propone duplicar la producción de alimentos por “unidad de producción”. Lo que sugiere preguntar: ¿reduciendo a la mitad los recursos productivos o duplicando el volumen de alimentos producidos manteniendo los recursos actuales?, ¿por qué duplicar la productividad y por qué a pequeña escala?, ¿qué significa duplicación de la productividad y de los ingresos agrícolas a pequeña escala? y también ¿productividad o producción, o las dos? Se supone que en el enunciado de la Meta al referirse a la duplicación de la productividad querrán que esto se consiga manteniendo los mismos recursos.

Finalmente y entre la multitud de exégetas de la Agenda abundan quienes abogan por que, para poner fin al hambre, hay que aumentar la producción de alimentos, lo que no resulta razonable, sobre todo porque si hay algo innecesario es aumentar la producción de alimentos.

El día del Hambre de 2019, BBC News Mundo publicaba: “En el mundo se produce suficiente comida para alimentar hasta 10.000 millones de personas, cuando hay solo unos 7.500 millones” “Cada año, un tercio de toda la comida se pierde o se desperdicia”. “Si se recuperara el 25% de la comida que se desperdicia, se podría alimentar a 870 millones de personas con hambre” (1).

Por otra parte, hablar de productividad implica realizar ejercicios de eficiencia productiva, es decir “más con menos”, lo que no parece compatible con aumentar los ingresos de los productores de alimentos en pequeña escala, las mujeres, los pueblos indígenas, los agricultores familiares, los ganaderos y los pescadores.

Una cosa es producir y otra muy diferente gestionar lo producido y es en esta etapa de la cadena de valor donde se suelen generar los márgenes económicos de la industria alimentaria. Que los productores aumentasen sus ingresos sin aumentar la producción iría en contra de la rentabilidad de la industria alimentaria lo que vendría acompañado de efectos colaterales fácilmente deducibles.

Otro punto de interés es que los campesinos producen 80% de la comida en el mundo en desarrollo y a pesar de ello, son los más propensos a sufrir hambre, de acuerdo con datos de la ONU. ¿Por qué quienes producen comida son los que más hambre padecen?

Según “Un análisis socio-ecológico del sistema agroalimentario global” publicado por la revista PNAS, Proceedings of the National Academy of Sciences (3), una de las causas podría ser que “el sistema agroalimentario del mundo genera hoy inequidades sociales y ambientales en la distribución de los costos y beneficios de la producción, comercialización y consumo de alimentos”.

En el estudio citado sobre la situación agroalimentaria en 150 países, en el que se utilizaron 43 indicadores de soberanía alimentaria y 28 indicadores sociodemográficos, de bienestar social y de sostenibilidad ambiental, se identificaron cinco grupos caracterizados según el bienestar social y la sostenibilidad ambiental.

Y como ocurre con otros estudios y objetivos de la Agenda, para justificar el objetivo y las recomendaciones, se mezclan los términos volumen de producción, propiedad de la tierra, dificultad de acceso y escasez de alimentos, con los efectos de la producción intensiva y la utilización de pesticidas y fertilizantes químicos sobre el sistema ecológico.

En conclusión, si cada año se producen alimentos para más de 10.000 millones de personas cuando la población mundial no llega a los 8.000 millones y se desperdicia la tercera parte de lo que se produce, lo razonable sería explorar otros derroteros distintos de los del aumento de la producción de alimentos.

Por ejemplo, facilitar actuaciones sobre la cadena de valor para aumentar el protagonismo de los productores de las materias alimentarias en los rendimientos de la distribución.

Como dato curioso, en España, en estos momentos, 01.07.2023 se está poniendo en valor el oficio de los “Cortadores de Jamón Ibérico curado” en la distribución de este producto.

Otra alternativa podría consistir en, conociendo lo que el mercado está dispuesto a pagar por unidad de consumo alimentario, acortar la cadena de distribución y retroceder a los productores el excedente económico generado.

Debatir sobre los ingresos por el sexo de los propietarios de los recursos productivos y por el tamaño de las unidades de producción resulta poco relevante.

Meta 2.4 Prácticas agrícolas sostenibles y resilientes. Meta que el documento de la ONU (1) define de la siguiente forma: “De aquí a 2030, asegurar la sostenibilidad de los sistemas de producción de alimentos y aplicar prácticas agrícolas resilientes que aumenten la productividad y la producción, contribuyan al mantenimiento de los ecosistemas, fortalezcan la capacidad de adaptación al cambio climático, los fenómenos meteorológicos extremos, las sequías, las inundaciones y otros desastres, y mejoren progresivamente la calidad de la tierra y el suelo”. Es decir, de aquí a 2030, conseguir TODO, otra vez.

En Física, esto seria equivalente a decir que es posible el “móvil perpetuo de primera especie” lo que iría en contra del Primer Principio de la Termodinámica.

Por otra parte, y de acuerdo con su enunciado, esta Meta se adelanta a otros objetivos y Metas de la Agenda 2030 como, por ejemplo:

  • Asegurar la sostenibilidad de los sistemas de producción de alimentos. Objetivo 17
  • Aplicar prácticas agrícolas resilientes o resistentes que aumenten la productividad y la producción. Objetivo 12.
  • Contribuir al mantenimiento de los ecosistemas. Objetivos 14 y 15
  • Fortalecer la capacidad de adaptación al cambio climático cuando se produzca, si se produce. Objetivo 13
  • Fortalecer la capacidad de adaptación a los fenómenos meteorológicos extremos, las sequías, las inundaciones y otros desastres. Objetivo 13
  • Mejorar progresivamente la calidad de la tierra y el suelo.

Ya puestos, quizás también termine dentro de esta Meta “ómnibus” el Objetivo 7, que promueve instalar “huertos solares” de generación eléctrica en terrenos agrícolas.

En el mejor de los casos y tratando de hacer viable todas estas propuestas, parecería que la Agenda 2030, al tratar de la agricultura, estuviera pidiendo a los países que forman parte de la ONU que se comprometan a desarrollar escuelas agrícolas desde el nivel elemental hasta el de ingeniería, para enseñar a los agricultores lo que sus antepasados han venido realizando desde hace siglos y que parece que las nuevas generaciones de agricultores han olvidado:

  • Agricultura ecológica: Es una agricultura que utiliza métodos no contaminantes para la extracción de la producción.
  • Agricultura natural: No se aplica el uso de maquinaria y recursos para la generación de producción.
  • Agricultura biodinámica: Método de agricultura ecológica.
  • Agricultura orgánica: Agricultura que no deteriora el terreno en el que se practica.
  • Agricultura no intensiva para evitar el desgaste del suelo fértil.
  • Conveniencia de dejar terrenos en barbecho
  • Conveniencia de la rotación secuencial de diferentes cultivos en la misma parcela de tierra para mejorar salud del suelo, optimizar los nutrientes y combatir la presión de las plagas y las malezas.
  • Conveniencia de roturar terrenos baldíos para convertirlos en terrenos agrícolas.
  • Adecuar la proporción de la superficie agrícola para practicar una agricultura productiva y sostenible.

En esta línea de exigencias, los países deberían incluir en los programas de estudio de las escuelas de ingeniería de producción alimentaria los temas correspondientes al desarrollo y gestión ganadera y piscícola:

  • Granjas ganaderas
  • Granjas avícolas
  • Granjas porcinas
  • Acuicultura
  • Piscifactorías
  • Granjas marinas.

En definitiva, lo que se viene haciendo en el mundo desde que los primeros hombres se bajaron de los árboles. Quizás estas escuelas ya existen y en caso de no existir puede ser misión de las Administraciones Públicas hacer posible la existencia de estas escuelas.

Es lo que pasa cuando tratas de optimizar el Sector Primario, en casi cualquier región del Globo, que te encuentras con que es eso es algo que se viene haciendo desde hace decenas de siglos y lo mejor es revisar como aplicar los avances de los sectores Terciario y “Cuaternario” a la gestión de los recursos agrícolas del Sector Primario.

Meta 2.5 Mantenimiento de la diversidad genética de semillas. En (1) se define esta Meta con el mismo estilo de las anteriores: “De aquí a 2020, mantener la diversidad genética de las semillas, las plantas cultivadas y los animales de granja y domesticados y sus correspondientes especies silvestres, entre otras cosas mediante una buena gestión y diversificación de los bancos de semillas y plantas a nivel nacional, regional e internacional, y promover el acceso a los beneficios que se deriven de la utilización de los recursos genéticos y los conocimientos tradicionales conexos y su distribución justa y equitativa, según lo convenido internacionalmente”.

Esta Meta puede considerarse continuación de la anterior, en el sentido de que su realización podría centrarse en el desarrollo complementario de los programas de las escuelas agrícolas, desde el nivel elemental hasta el de ingeniería, incluyendo en su programa educativo los temas de:

  • Mantenimiento de la diversidad genética de las semillas, las plantas cultivadas.
  • Mantenimiento de la diversidad de los animales de granja y domesticados, y sus correspondientes especies silvestres.
  • Gestión y diversificación eficaz y eficiente de los bancos de semillas y plantas a nivel nacional, regional e internacional.
  • Gestión del acceso a los beneficios que se deriven de la utilización de los recursos genéticos.
  • Distribución justa y equitativa de estos beneficios, según lo convenido internacionalmente.
  • Gestión de los conocimientos tradicionales conexos con lo anterior siempre que a pesar de ser tradicionales puedan aportar algo al programa educativo de las nuevas escuelas.
  • Conservación y preservación de recursos genéticos vegetales y animales para la alimentación y la agricultura en instalaciones a medio y largo plazo.
  • Gestión de la proporción de razas y variedades locales consideradas en riesgo de extinción.

Claro que como en el caso de la Meta anterior, quizás estos temas ya se estudian y conocen en las escuelas agrícolas existentes. Y en caso de no existir puede ser misión de las Administraciones Públicas hacer posible la existencia de estas escuelas.

Y en cualquier caso, aplicar la recomendación que se hacía al final de la Meta 2.4, entendiendo que lo mejor es revisar cómo aplicar los avances de los sectores Terciario y “Cuaternario” a la gestión de los recursos agrícolas del Sector Primario.

Meta 2.a Aumento de inversiones en agricultura. (1) “Aumentar, incluso mediante una mayor cooperación internacional, las inversiones en infraestructura rural, investigación y servicios de extensión agrícola, desarrollo tecnológico y bancos de genes de plantas y ganado a fin de mejorar la capacidad de producción agropecuaria en los países en desarrollo, particularmente en los países menos adelantados”.

Esta definición sugiere actuaciones basadas en la aplicación de conceptos que suenan bien. Sin embargo, no advierte que estas “escopetas a veces las carga el diablo”.

Curiosamente y como ejemplo, hay países que habiendo sido líderes en la producción de algún tipo de alimento suprimieron su producción desinvirtiendo prácticamente el 100% de los recursos aplicados. En la actualidad, para satisfacer sus necesidades lo importan, en lugar de exportarlo como hacían antes.

De acuerdo con la definición de la Meta, si el conjunto de la inversión privada y la pública no son suficientes, a juicio de los redactores de los Objetivos de la Agenda 2030, acúdase a la inversión/cooperación internacional. Eso está bien muy bien, salvo que la inversión/cooperación internacional casi nunca es gratis y termina haciendo más dependientes a los países “beneficiados”

En el artículo de “interempresas.net” (2), se explica que, mientras la contribución de la agricultura al PIB de los países ha aumentado en los últimos años, los presupuestos públicos dedicados a la agricultura en el mundo se han reducido a la mitad en las dos últimas décadas.

https://www.interempresas.net/Grandes-cultivos/Articulos/265090-presupuestos-publicos-dedicados-agricultura-mundo-han-reducido-mitad-dos-ultimas-decadas.html

En el mismo artículo, se puede observar la evolución del índice de orientación agrícola (IOA) que refleja por regiones la relación entre la contribución publica a la agricultura con la aportación de esta al PIB. Si estas contribuciones estuvieran equilibradas, el valor del índice sería 1. Queda claro que entre 2001 y 2017, en ninguna de las regiones del mundo se ha alcanzado este equilibrio.

Teniendo en cuenta que, como hemos visto, sobran alimentos en el mundo y que el rendimiento de la producción de alimentos es positivo en términos de su contribución a los PIB, comparado con las contribuciones públicas aportadas al desarrollo de la industria agropecuaria, cabría preguntarse cuál es el objetivo de aumentar las inversiones internacionales y de cooperación en el desarrollo de infraestructura rural, investigación y servicios de extensión agrícola, desarrollo tecnológico y bancos de genes de plantas y ganado.

Parecería más adecuado que estos esfuerzos se aplicaran a la revisión del modelo de negocio internacional de la industria agroalimentaria, en su conjunto, de forma que se favoreciera el desarrollo de la inversión privada y local en los países con menor IOA, incrementando el papel de la agricultura como generadora y distribuidora de riqueza, en lugar de pedir subvenciones internacionales de supervivencia que en general no se necesitan.

Esto lo veremos en detalle más adelante.

Para terminar con esta Meta, se incluye la referencia de un curioso artículo a favor de la desinversión en agricultura (3).

(1)https://unstats.un.org/sdgs/indicators/Global%20Indicator%20Framework%20after%202023%20refinement_Spa.pdf

(2) https://www.interempresas.net/Grandes-cultivos/Articulos/265090-presupuestos-publicos-dedicados-agricultura-mundo-han-reducido-mitad-dos-ultimas-decadas.html

(3) https://www.linkedin.com/pulse/la-importancia-de-desinversi%C3%B3n-en-agricultura-francisco-iglesias/?originalSubdomain=es

Meta 2.b Estabilidad de los mercados agropecuarios mundiales. Definición de la Meta (1): Corregir y prevenir las restricciones y distorsiones comerciales en los mercados agropecuarios mundiales, incluso mediante la eliminación paralela de todas las formas de subvención a las exportaciones agrícolas y todas las medidas de exportación con efectos equivalentes, de conformidad con el mandato de la Ronda de Doha para el Desarrollo.

Curiosamente, la definición de esta Meta coincide con las recomendaciones que se están sugiriendo en las anteriores.

Sin embargo y como dice el refrán “una cosa es predicar y otra dar trigo”.

Las reuniones de la OMC se vienen desarrollando desde el siglo pasado con un éxito tan perfectamente descriptible que ha provocado que la ONU, en su Agenda 2030, haya tenido que proponer que los estados se pongan de acuerdo para desarrollar mecanismos transparentes de mercado. En otras palabras, que se acaben las subvenciones con las que los grandes estados favorecen sus exportaciones. Vana pretensión.

En (2) aparecen resumidas las posiciones de los grandes jugadores en las variopintas reuniones de la Ronda de Doha y también las de los pequeños. Entre los grandes se encuentran aquellos que quieren acuerdos multilaterales y que se enfrentan a los otros grandes que prefieren acuerdos bilaterales y mientras tanto, el resto de los países pidiendo que se acaben las subvenciones.

En cualquier caso, como esta Meta está redactada siguiendo las directrices de la cultura imperante en los organismos internacionales, el resultado para los sufridores seguirá siendo el mismo, mientras confíen en “donaciones de los que tienen mala conciencia”.

Partiendo de la base de que el mundo está suficientemente abastecido, las oportunidades para los estados menos poderosos podrían venir de desarrollar estrategias comerciales y de mercado propias, basadas en definir posiciones competitivas de auto abastecimiento frente a los grandes, al tiempo que desarrollan mecanismos de generación de riqueza fundamentados en la producción propia y en la gestión de los bienes agroalimentarios escasos y de alto margen demandados en los mercados de los grandes y económicamente fuertes.

Por ejemplo lo que hacen Francia y España con sus productos “bandera” agroalimentarios.

Meta 2.c Control de la volatilidad de precios de los alimentos. En (1) de define la Meta como: “Adoptar medidas para asegurar el buen funcionamiento de los mercados de productos básicos alimentarios y sus derivados y facilitar el acceso oportuno a la información sobre los mercados, incluso sobre las reservas de alimentos, a fin de ayudar a limitar la extrema volatilidad de los precios de los alimentos”.

De nuevo, esta Meta comienza definiéndose como la recomendación sugerida para la anterior.

La mayor parte de los productos alimentarios que se echan en falta en los informes bienintencionados de las agencias y organismos internaciones son bienes maduros que compiten en los mercados en base a precio y volumen, lo que suele llevar a los productores a posiciones competitivas muy débiles.

Curiosamente este tipo de productos forman parte de la dieta habitual de todas las personas y consiguientemente los grandes estados son altamente dependientes de ellos. Las reacciones más frecuentes por parte de los grandes mercados son, por una parte, buscar el autoabastecimiento, primando la producción local, mientras procuran desarrollar su producción en países con economías débiles para adquirirlos en condiciones ventajosas en precio y volumen.

Muchos de estos países, deslumbrados por los volúmenes de ingresos que pueden conseguir explotando simplemente lo que la naturaleza les ha dado, se pliegan a atender las necesidades de los grandes mercados en unas condiciones ineficientes para ellos.

Estas situaciones suelen ir acompañadas para los productores de unas condiciones estructurales marcadas por el monocultivo y la carencia de estrategias de desarrollo estructural. Es muy fácil encontrar ejemplos de este tipo (2).

La solución a este tipo de situaciones siempre se va a basar en cambiar el marco competitivo. Como indicábamos en la Meta anterior, la idea es definir esta situación como transitoria, garantizando el autoabastecimiento mientras se buscan alternativas basadas en el desarrollo de bienes o servicios en los que la posición estratégica del país sea altamente competitiva. También en este caso es fácil encontrar casos de éxito (3) como es el caso de Holanda.

Autor del artículo

<a href="https://joseramonferrandis.es" target="_blank">José-Ramón Ferrandis</a>

José-Ramón Ferrandis

Nacido en Valencia (España) en 1951. Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense. Técnico Comercial y Economista del Estado. Salvo posiciones en Madrid, destinado sucesivamente en Ceuta (España), Moscú (URSS), Washington (EE. UU.), Moscú (Rusia) y Riad (Arabia Saudita). Profesor de Análisis Riesgo País, Análisis de tendencias y Mercados internacionales. Analista. Escritor (Globalización y Generación de Riqueza, África es así, Crimen de Estado). Áreas de especialización referidas a su trayectoria. Con el blog espera poder compartir experiencias y divulgar análisis sobre asuntos de interés general, empezando por el clima y terminando por la Geopolítica; sin dejar de lado la situación de España. Lo completará publicando semanalmente la Carta de los martes, que tiene 4 años de existencia.