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JRF

Un blog reaccionario

«Verum, Bonum, Pulchrum»

La “Gota Fría” de 2024 sobre Valencia (3)

por | 18 Nov 2025 | Cambio climático, Países / Áreas geográficas

  1. Análisis

Las Gotas Frías son recurrentes en el área de Valencia. Han ocurrido siempre, ocurren ahora y seguirán haciéndolo en el futuro. Sabiendo esto, ¿por qué no se han tomado medidas para evitar un desastre anunciado, más allá de las que se arbitraron en 1958 durante el régimen de Francisco Franco, que han revelado su idoneidad?

Para encontrar la explicación hay que remontarse al gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, que llegó a la Moncloa a lomos del atentado del 11M de 2004 en Madrid, cuando nada lo hacía prever. En 2005 derogó el Plan Hidrológico Nacional, preparado por el anterior gobierno de José María Aznar, que contaba con financiación de la Unión Europea y estaba aprobado desde el año 2001. El plan Hidrológico Nacional no sólo contemplaba la creación de las infraestructuras necesarias para regular las avenidas en el Levante español, sino que preveía la conexión intercuencas, lo que posibilitaba transferir agua duce sobrante desde el Ebro hasta los ríos del Este y Sur mediterráneo, fundamentalmente Júcar y Segura, para potenciar el riego y la horticultura intensiva.

El gobierno del PSOE paralizó los procedimientos asociados a la puesta en funcionamiento del Plan Hidrológico e impidió la construcción de la presa de Cheste, el establecimiento de una nueva red de transvases, la canalización de los barrancos de desagüe existentes y las interconexiones diseñadas para comunicarlos, lo que en su conjunto hubiera mejorado sustancialmente la preparación de las cuencas para hacer frente a las riadas que sin duda acontecerían. Esa presa aguas arriba de Cheste, en el barranco del Poyo, hubiera sido fundamental para laminar las avenidas de 2024 y evitar los catastróficos daños humanos y materiales al cabo materializados.

Cuando el PSOE perdió el gobierno ante el PP de Rajoy en 2011, éste tampoco desarrolló los trabajos necesarios para recuperar los planes suspendidos por Rodríguez Zapatero. Como todo puede empeorar, la Ley 5/2018 de Protección de la Huerta antes mencionada hizo imposible la tradicional limpieza de los cauces, creando el caldo de cultivo para incrementar la mortalidad de la riada de octubre de 2024.

Ese es el marco objetivo en el que se han dado los hechos de finales de octubre de 2024, pero a esa referencia hay que añadir la letal dinámica de desinformación en que las instituciones encargadas de coordinar actuaciones incurrieron cuando las lluvias abocaron al rápido crecimiento de ríos y barrancos. A pesar de las grandes precipitaciones que se midieron aguas arriba, las poblaciones que se encontraban aguas abajo, donde en algunos casos no había caído una gota de lluvia, no fueron avisadas a tiempo de las avenidas que se aproximaban a gran velocidad, desbordando los cauces.

Esa inacción culposa pilló desprevenidos a los habitantes de las poblaciones situadas en zonas inundables, muchos de los cuales optaron por intentar sacar sus vehículos de los garajes subterráneos en que se hallaban o por ponerlos a salvo escapando de los primeros desbordamientos visibles. Fue un error fatal, que abocó a muchos de esos conductores a una muerte terrible que simplemente con información podía haberse evitado.

Pero hay más. Cuando las inundaciones de ese mes de octubre de 2024 tuvieron lugar, el gobierno socialista en España (dirigido por Pedro Sánchez Pérez-Castejón) impidió que llegara la ayuda internacional a los damnificados y apenas proporcionó medios de apoyo, como bomberos, policía y ejército, prohibiendo expresamente a estos últimos acudir en auxilio de las poblaciones afectadas. Ello posibilitó una mayor mortandad inmediata y el posterior debilitamiento de la salud general de la población y del estado de las infraestructuras afectadas. Y lo hizo por cálculo político, para poder culpar de los hechos al gobierno autonómico, que era del otro principal partido del sistema, el Partido Popular.

Fue un juego inicuo cuyo objetivo era ganar posicionamiento en el arco político vigente. El gobierno del Estado antepuso sus objetivos de poder a su obligación de velar por el bien de los ciudadanos y ayudar a la población a superar los problemas derivados de la inepcia de éste y anteriores gobiernos, fundamentalmente socialistas. Esta forma de actuar constituyó el cierre del círculo que maximizó los daños contra la población.

Es necesario insistir en que el gobierno de la Nación respondió tarde o de forma negligente, desde luego, pero sobre todo, lo hizo con dolo.  Hubo una cadena de órdenes para abrir presas sin previo aviso para minimizar la posibilidad de rotura y hubo órdenes para negar el rescate después de la catástrofe. Se condenó institucionalmente a una larga agonía durante semanas a miles de españoles, cuya única ayuda provino de la población circundante. Y como colofón, casi tres meses después del desastre (es decir, a mediados de enero de 2025), el gobierno no había solicitado a la Comisión Europea acceder al fondo de solidaridad previsto para hacer frente a los efectos de las catástrofes. Su dotación excede de los 1.500 millones de euros para toda la Unión, pero está a disposición de quienes lo precisen. No lo había solicitado, pero había dicho reiteradas veces que sí lo había hecho. Ya saben, “si quieren ayuda, que la pidan”.

Es muy ilustrativo contrastar las actuaciones oficiales acontecidas en esta Gota Fría de 2024 con lo realizado por las autoridades que se encontraban al frente de la administración del Estado cuando tuvo lugar una muy anterior Gota Fría de alcance análogamente destructivo, que no fue el derivado de la rotura de la presa de Tous, sino muy anterior. Como van a ver, la comparación no favorece en absoluto al gobierno socialista encabezado por el presidente Sánchez.

Veamos lo que aconteció a mediados del Siglo XX en la misma zona geográfica tras unas precipitaciones catastróficas similares.

Francisco Franco, jefe del Estado y asimismo jefe del Gobierno, que el 14 de octubre de 1957 se encontraba de visita oficial en Barcelona, apenas supo de la catástrofe que había tenido lugar en Valencia, bajó en automóvil hacia la capital del Turia. Durante el trayecto ordenó que los camiones pesados que acababan de terminar los trabajos portuarios de la base militar conjunta de Rota fueran a Valencia (con autorización de los EE. UU., quien los había proporcionado) para efectuar labores inmediatas de desescombro.

Paralelamente, ordenó desplegar numerosas unidades del ejército para llevar alimentos y agua a la población, retirar despojos y limpiar el barro; no las retiró hasta que hubieron terminado el trabajo. Acogió a las familias que habían perdido su casa, ubicándolas en instalaciones dedicadas a ese fin. Y finalmente, ordenó diseñar un plan de desvío del río Turia, creando desde cero un nuevo cauce de casi 12 kilómetros de longitud para evitar que inundaciones similares a la que acababa de sufrir la ciudad de Valencia pudieran producir análogos efectos en el futuro. Y lo consiguió, como hemos podido apreciar 67 años después. Gobernar es prever y actuar.

En 2024, sin embargo, desde la perspectiva de la gestión relacionada con la Gota Fría, la descoordinación y el enfrentamiento prevalecieron antes, durante y después de las inundaciones. Los choques interpartidistas tuvieron lugar desde el primer momento, aprovechando que las instituciones implicadas en las labores de rescate se hallaban en diferentes manos, hablando desde la perspectiva del enfoque político partidista.

Ese conflicto evidenció que el proceso de descomposición de la unidad del Estado español para fragmentarlo en 17 comunidades a la manera de reinos de Taifas interrumpe siempre la línea de mando y genera disfunciones que, a veces, como en este caso, desencadena consecuencias irreparables.

Si a eso se suma la completa politización de las instituciones y de los organismos encargados de hacer frente a la gestión técnica de las áreas en que se halla la resolución de los problemas, hecho que aboca a nombramientos de personas sin formación en puestos directivos, el desastre sólo espera que las circunstancias lo desencadenen. Y como bien sabemos, las circunstancias hicieron acto de presencia con fuerza.

A finales de octubre de 2024, la Naturaleza, que opera de manera cíclica, posibilitó la irrupción de lluvias torrenciales que provocaron una catástrofe. Ya había pasado antes, con una cadencia media típica de una vez cada 25 años, y sin duda alguna, volverá a pasar. El gobierno actual no está tomando medidas para evitar las consecuencias de una nueva “Gota Fría”, aun a sabiendas de que éstas recaerán nuevamente sobre la población de la zona: sabe que no le corresponderá hacerles frente y que las consecuencias no caerán sobre él.

Es inevitable concluir que a quienes ocupan los puestos de mando no les importa la suerte que corran los ciudadanos a su cargo. Los políticos en el poder no están en él para procurar el bien común sino el suyo propio. Se han alzado con el santo y la limosna.

Autor del artículo

<a href="https://joseramonferrandis.es" target="_blank">José-Ramón Ferrandis</a>

José-Ramón Ferrandis

Nacido en Valencia (España) en 1951. Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense. Técnico Comercial y Economista del Estado. Salvo posiciones en Madrid, destinado sucesivamente en Ceuta (España), Moscú (URSS), Washington (EE. UU.), Moscú (Rusia) y Riad (Arabia Saudita). Profesor de Análisis Riesgo País, Análisis de tendencias y Mercados internacionales. Analista. Escritor (Globalización y Generación de Riqueza, África es así, Crimen de Estado). Áreas de especialización referidas a su trayectoria. Con el blog espera poder compartir experiencias y divulgar análisis sobre asuntos de interés general, empezando por el clima y terminando por la Geopolítica; sin dejar de lado la situación de España. Lo completará publicando semanalmente la Carta de los martes, que tiene 4 años de existencia.