Querido lector, no es esta la primera vez que vamos a hablar del poder que el consumidor final de productos (bienes o servicios) tiene a su disposición para lograr objetivos que podrían parecer impensables. Lo hemos hecho hace poco aquí https://joseramonferrandis.es/la-ue-destruye-su-propia-base-productiva/ al hablar de la opción de no adquirir neumáticos de origen o procedencia china y lo haremos hoy con algo mucho más accesible, cotidiano y sencillo, pero cuya observancia puede suponer un impacto de primera magnitud en la protección de las explotaciones agrarias españolas y de los intereses generales de España.
Me refiero al consumo de frutas y hortalizas procedentes de Marruecos[1], cuya competencia (desleal, vaya por delante) supone una carga enorme sobre productores y consumidores españoles. He dicho desleal. Lo es, tanto desde el punto de vista comercial (es decir, económico) como fitosanitario. Lo explico.
La Unión Europea (UE), por razones que poco tienen que ver con el bienestar de los ciudadanos de los países miembros y mucho con sus veleidades geopolíticas, ha suscrito un Acuerdo o Convenio preferencial con Marruecos[2]. Una de las áreas que permite facilidades extraordinarias a ese país norteafricano es la exportación sin aranceles de productos agropecuarios a la UE, que suponen una competencia brutal para los productos equivalentes españoles, tanto en España como en el resto de la UE[3]. Así las cosas, Marruecos se beneficia y España pierde, pues las producciones de ambos son muy similares y las de Marruecos tienen menor coste final. Si usted, lector, se pregunta para qué está la Tarifa Exterior Común[4], que se supone protege a los países de la UE de las importaciones provenientes de terceros países, la cosa nos llevaría unos cuantos días de debate, pero en el caso que nos ocupa ha desparecido: no hay protección.
Pero el problema no se detiene ahí. La UE aplica con carácter estricto normas relativas a productos fitosanitarios o agroquímicos[5] utilizados en el interior de la UE, cuya aplicación es necesaria para combatir las plagas que afectan a las cosechas o potenciar éstas. Sin embargo, las producciones procedentes de terceros países no son controladas, y ello se hace deliberadamente. El porqué es ignoto, pero las ventajas para el extranjero sobre el comunitario son patentes[6].
Además, las restricciones energéticas y el alza de precios consiguiente que afecta al sistema productivo en la UE afectan gravemente a los costes y por ende, a los precios finales. A eso cabe añadir las dificultades de disponibilidad de agua que el propio gobierno español hace gravitar sobre las producciones de, por ejemplo, el sureste español. Por supuesto, la UE es, además, campeona mundial en todo tipo de obstáculos administrativos a la producción, como nos demostraba el llamado “Informe Draghi”[7], que ya ha cumplido un añito.
La suma de estos elementos es la que permite calificar de desleal la competencia marroquí[8].
Pero usted, consumidor, puede revertir ese estado de cosas con facilidad. Tenga en cuenta que los precios de los productos en los lineales de los establecimientos de venta apenas difieren por origen, dado que el sistema de intermediación tiende a igualar los precios finales, así que la solución que propongo no tendrá costes extra para usted, o apenas. Y hay una gran ventaja en consumir español: usted y su familia quedarán preservados de la posibilidad de desarrollar diversas enfermedades graves y hasta letales como consecuencia de la ingesta de productos químicos que soportan las producciones extracomunitarias[9].
En su mano está ayudar a España, preservar su salud y la de los suyos, contrarrestar las políticas destructivas de la Unión Europea y eliminar algo de las excesivas transferencias de renta que el gobierno de España y la UE realizan en beneficio del vecino del sur, a costa nuestra. Es muy fácil: en las bandejas de producto viene el origen. Si no es así, en las cestas que los contienen. Y si no lo ve, pregunte[10]. Cuando tenga la información, compre el producto producido en España, que es sano. Y no compre producto extranjero, que puede emponzoñar tanto a usted como a su familia.
Su poder es enorme; úselo en beneficio propio.
[1] Ahora es Marruecos, antes fue la República Sudafricana, o MERCOSUR, como han podido leer aquí https://joseramonferrandis.es/llevamos-anos-con-esto-y-cosas-parecidas/ . La afrenta es permanente.
[2] No sólo con Marruecos. Vean esta selección del texto cuyo enlace sigue: ”A nivel comercial los avances han sido importantes habiendo entrado en vigor Acuerdos de Asociación con Argelia, Egipto, Jordania, Israel, Líbano, Marruecos, Autoridad Palestina y Túnez. Estos Acuerdos de Asociación contienen un pilar comercial que establece un régimen preferencial recíproco y asimétrico a favor de los socios mediterráneos de la UE.” https://comercio.gob.es/PoliticaComercialUE/AcuerdosComerciales/Paginas/Marruecos.aspx
[3] Quizá se pregunte el lector por qué ocurre esto. La respuesta está tanto en la composición de la UE, con países absolutamente diferentes entre sí, que tienen producciones agrarias muy dispares, como en el muy escaso peso de España en el proceso de toma de decisiones en el seno de la UE. Los bajos precios marroquíes en producciones hortofrutícolas, sumadas a los costes de transporte, suponen a priori ventajas para los consumidores de toda la UE del norte, que son mayoría y que, si no lo fueran, Alemania y Francia, a través de la Comisión, decidirían. Si esas producciones no soportan impuestos (aranceles) a su entrada en el espacio económico europeo, compiten contra los españoles, que pierden mercado dentro de España y dentro de la UE.
[4] España redujo sus aranceles a las exportaciones de los restantes países del Mercado Común Europeo hacia España al tiempo que los países miembros del mismo reducían los suyos a España, en el bien entendido que, cuando el proceso llegara a su fin y ambos sistemas arancelarios fueran cero, sería el Arancel o Tarifa Exterior Común la que nos defendería de las exportaciones de terceros. Pues ya ven. No sólo desmantelamos sectores enteros de la industria y la agricultura españolas por exigencia de (fundamentalmente) Francia y Alemania (las negociaciones de acceso del gobierno del PSOE fueron penosas para los intereses de España), sino que quedamos expuestos a las decisiones de un Mercado Común que, al devenir Unión Europea, cambió finalidades y enloqueció de ínfulas imperialistas, que pagamos los ciudadanos vía impuestos. Pero esa es otra historia.
[5] Acaricidas, fertilizantes, fungicidas, herbicidas, insecticidas, nematicidas, rodenticidas, …
[6] Los controles en frontera a los productos importados son irrelevantes en términos porcentuales, rondando el 3% de los envíos.
[7] https://joseramonferrandis.es/llamar-a-draghi-para-que-todo-siga-igual/
[8] Y de otros muchos países, pero nos centramos en este por su importancia.
[9] Si la UE reduce extraordinariamente la presencia de los productos que deben soportar las cosechas es por los riesgos que la ingesta de mínimas proporciones de esos químicos provoca en el organismo a largo plazo. Los productos marroquíes vienen cargados de productos tóxicos con porcentajes que pueden ser cien veces mayores que los techos exigidos a los productores españoles, pues la UE permite su entrada. Por lo tanto, hay que librarse de los productos alimenticios que contienen los pesticidas, herbicidas y otros productos dañinos para la salud. Por razones sanitarias. Pueden ustedes encontrar información concreta en muchos lugares. https://edatv.news/politica/los-alimentos-marruecos-con-mas-contaminantes-vendidos-supermercados-espana ; https://sevilla.abc.es/agronoma/noticias/cultivos/sandia/normas-fitosanitarias-andaluza-marroqui/ ; https://www.20minutos.es/noticia/5160199/0/sandias-toxicas-multa-marruecos-riesgos-metomilo/ ; https://noticiasciudadanas.com/frutas-y-verduras-de-marruecos/ …
[10] Si le engañan, no vuelva a comprar en ese lugar.
