Hace mucho tiempo que no había noticias del agujero de ozono. Usted, lector, probablemente lo recuerde. Se nos había asegurado que, gracias al Protocolo de Montreal de 1987, el agujero de ozono se cerraría a no mucho tardar.
Ha caído en mis manos un artículo de Steve Goreham[1] que pone sobre aviso: no ha ocurrido lo que estaba previsto. El agujero de ozono no se está cerrando. Les cuento.
Empecemos por el principio. El ozono es un gas con tres átomos de oxígeno (O3). El 90% está en la estratosfera, es decir, entre 10 y 50 kilómetros de altura[2]. Su concentración varía según la época del año. La capa de ozono es importante porque bloquea los rayos ultravioleta, protegiendo la superficie de la Tierra de esa radiación. Su adelgazamiento o desaparición puede aumentar la frecuencia de cánceres de piel, cataratas y desórdenes del sistema inmunitario.
En 1974, los doctores Mario Molina y Sherwood Rowland (Universidad de California) publicaron un estudio[3] en el que alertaban sobre la creciente destrucción de la capa de ozono estratosférica por las emisiones de clorofluorocarbonos (CFC) en la industria[4].
En 1983, investigadores del Natural Environment Research Council (British Antarctic Survey[5]) descubrieron un adelgazamiento de la capa de ozono sobre la Antártida que tenía lugar durante los meses de agosto, septiembre y octubre, al que denominaron el “agujero de ozono”. El hallazgo parecía confirmar la teoría de Molina y Rowland, quienes recibieron el Premio Nobel de Química por ello en 1995.
Como consecuencia de todo lo anterior y para resolver el problema de raíz, en 1987, 29 países y la Comunidad Europea firmaron un acuerdo, conocido por “Protocolo de Montreal”, que pretendía lograr la eliminación de las emisiones mundiales de sustancias que agotan la capa de ozono. Lo han ratificado todos los países miembros de la ONU.
A raíz de esa firma, producción y consumo de CFCs comenzaron a reducirse rápidamente. En 2005, el consumo de estos productos químicos se había reducido un 90%. En 2015, científicos de la NASA predijeron[6] que el agujero de ozono se cerraría un 50% en 2020. Otros científicos anunciaron que el fenómeno no desparecería hasta 2040 o más tarde[7].
En 2024, según la Agencia Europea de Medio Ambiente, la reducción de la producción de CFCs habría llegado al 99%, pero el agujero sobre la Antártida persiste. Datos de la National Aeronautics and Space Administration muestran que el área afectada era más o menos la misma que durante los últimos 30 años. Vean la evolución de los CFCs (rojo) y de la superficie del agujero (azul).

https://www.masterresource.org/ozone-standards/scientists-vs-ozone-layer-data/
En otoño de 2024, la NASA informó[8] que el agujero de ozono había alcanzado 23 millones de kilómetros cuadrados. Como en 1995, vaya. Y los CFCs ya han sido suprimidos, luego no parece que el agujero de ozono haya sido causado por las actividades humanas, pues el cese en la utilización de CFCs no ha logrado efecto alguno. Durante la década de los años 80´, Du Pont Chemical intentó convencer a los científicos del momento de que el CFC nada tenía que ver con el agujero de ozono. Fue en vano. ¿Qué va a saber una empresa fabricante, con todo su ánimo de lucro?
La probabilidad de que el agujero de ozono haya sido causado por factores naturales crece. El Protocolo de Montreal ha sido un fiasco. Otro más. Los intervencionistas actúan siguiendo la receta de Franklin Delano Roosevelt tras el Crack de 1929 en los EE. UU. A pesar de que el mercado se había recuperado francamente y de que el paro había descendido a niveles habituales, “Había que hacer algo”. Llegó el New Deal. Y la crisis se extendió hasta 1941.
[1] Steve Goreham es ponente sobre energía, medio ambiente y políticas públicas. Es autor de cuatro libros sobre energía, cambio climático, sostenibilidad y políticas públicas. https://www.masterresource.org/ozone-standards/scientists-vs-ozone-layer-data/
[2] A eso se llama la “capa de ozono”.
[3] “Stratospheric sink for chlorofluoromethanes: chlorine atom-catalysed destruction of ozone” https://www.nature.com/articles/249810a0 De acuerdo con su hipótesis, los CFCs procedentes de la industria suben hasta la estratosfera, donde la radiación ultravioleta descompone las moléculas de CFCs, liberando átomos de clorina. La clorina actúa como catalizador para descomponer las moléculas de ozono en oxígeno, reduciendo la concentración de ozono.
[4] Los CFCs se utilizan en pulverizadores para líquidos, refrigeración y espumas aislantes.
[5] “Large losses of total ozone in Antarctica reveal seasonal ClOx/NOx interaction”.
[6] https://www.express.co.uk/news/science/613084/Ozone-recovery-shock-Nasa-says-hole-in-Ozone-Layer-should-be-half-closed-by-2020
[7]https://espo.nasa.gov/attrex/content/Inorganic_chlorine_variability_in_the_Antarctic_vortex_and_implications_for_ozone_recovery
[8] https://ozonewatch.gsfc.nasa.gov/statistics/annual_data.html
