El 9 de julio de 1962, Franco recibió a tres representantes del llamado Movimiento Europeo, que había celebrado en Múnich su IV Congreso entre los días 5 y 8 de junio.
Los recibió para decirles que sí, que España debía ajustar sus formas políticas a las prevalecientes en el resto de Europa, pero que esto sería después y no antes de que se la hubiera admitido en el seno de la Comunidad Económica Europea. La transición se haría desde dentro, evolutivamente.
Para entender el contexto, estamos hablando del conocido como “Contubernio de Múnich”, al que acudieron varios opositores al régimen[1], entre los que se encontraban Dionisio Ridruejo y José María Gil-Robles. Los asistentes al Contubernio habían firmado un manifiesto proponiendo suspender cualquier clase de relación con el régimen de Franco hasta que éste mutara y permitiera la existencia de los partidos políticos de la República, así como pretendiendo condicionar el acceso de España al Mercado Común.
El gobierno español había reaccionado rápidamente. El mismo 8 de junio, mediante decreto-ley, suspendió por un plazo de 2 años las garantías del Artículo 14 del Fuero de los Españoles[2] y envió al exilio[3] a políticos que habían participado en el Contubernio.
[1] De hecho, todos los habituales, incluidos democristianos, salvo representantes del partido comunista de España.
[2] Derecho a la libre residencia.
[3] Franco les dio a elegir entre el confinamiento o el exilio.
