Mucho después de las elecciones de finales de 1933, que ganó la CEDA, Alejandro Lerroux, que no era de la CEDA, organizó un nuevo gobierno. Fue el 26 de septiembre de 1934. A ese gobierno se incorporaron por primera vez tres miembros de la CEDA.
Los partidos de izquierda reaccionaron violentamente, decididos a no tolerarlo. El 5 de octubre, el Partido Socialista Obrero Español declaró la “huelga general revolucionaria” en toda España[1], que había sido cuidadosamente preparada desde el 27 de enero, momento en el que el Comité Nacional de UGT había votado abrumadoramente a favor del abandono de la vía parlamentaria al socialismo y su reemplazo por un movimiento revolucionario[2]. Habían perdido las elecciones de 1933, pero eso nunca disuade al PSOE[3].
El gobierno de Alejandro Lerroux no cedió frente a la intentona revolucionaria, que consideró el inicio de una guerra civil. Como Gil-Robles no confiaba en el jefe del Estado Mayor[4], solicitó a Lerroux recurriera a otros militares para sofocar la rebelión. El ministro de la Guerra, Diego Hidalgo, eligió a los generales Manuel Goded y Francisco Franco para defender la legalidad republicana desde Madrid.
[1] La declaró el día 4 para que entrara en vigor el día 5.
[2] Auspiciado por Largo Caballero frente a Julián Besteiro, ambos del PSOE.
[3] Recuerden la frase de su fundador, Pablo Iglesias Posse, que consta en el Diario de Sesiones de las Cortes del 5 de mayo de 1910: “El partido que yo aquí represento aspira a concluir con los antagonismos sociales … esta aspiración lleva consigo la supresión de la magistratura, la supresión de la iglesia, la supresión del ejército… Este partido está en la legalidad mientras la legalidad le permita adquirir lo que necesita; fuera de la legalidad cuando ella no le permita realizar sus aspiraciones.” Eran así, son así, serán así. Salvo que se les ponga en su sitio.
[4] General Carlos Masquelet, conocido por sus buenas relaciones con el PSOE y sus simpatías por Azaña. Masquelet fue nombrado ministro del Ejército tras las elecciones de febrero de 1936. Desde esa posición desplazó a Franco a Canarias.
