En los últimos años 40 (entre 1947 y 1948) se desencadenó la conocida como “Guerra Fría” entre los antiguos aliados contra la Alemania nacional socialista. La amenaza del Ejército Rojo en Centroeuropa[1] facilitó el acercamiento de las potencias occidentales al régimen de Franco, el cual había mantenido su posición sin concesión alguna desde el primer momento. Estados Unidos, preocupado por el expansionismo soviético, el triunfo del maoísmo en China y la Guerra de Corea, cambió de tercio. A primeros de febrero de 1948, el almirante Forrest Sherman, jefe de las fuerzas operativas navales de la VI Flota estadounidense, visitó España. Aunque se trató formalmente de una visita privada, se entrevistó con altos mandos de la marina española.
En los primeros meses de 1949, cuatro países de Iberoamérica (Bolivia, Brasil, Colombia y Perú) presentaron en la ONU una moción para revocar la decisión de 1946. Polonia y la URSS se opusieron, sólo para ser derrotados el 7 de mayo[2]. La Guerra Fría era un hecho, patentizado en 1948 con el bloqueo de Berlín Occidental y desde 1950 por la invasión y subsiguiente Guerra de Corea, que comenzó el 25 de junio de 1950[3].
Finalmente, el 4 de noviembre de 1950, la Asamblea General de Naciones Unidas, mediante la Resolución A/RES/386(V), derogó[4] la resolución de 1946 que imponía romper relaciones diplomáticas con España[5]. El 27 de diciembre, Estados Unidos envió un embajador, Stanton Griffis. EE. UU. intentó incorporar España a la OTAN, pero la oposición de Gran Bretaña lo impidió.
[1] El régimen soviético había instalado regímenes comunistas totalmente afines en Bulgaria, Hungría, Polonia y Rumanía. Cuando lo hizo en Checoslovaquia (1948) ya no quedó duda alguna. Antes, a raíz de los intentos comunistas de hacerse violentamente con el poder en Grecia, el presidente Truman empezó a mover ficha: era el principio de la Doctrina Truman de contención del comunismo (12 de marzo de 1947).
[2] De manera estrepitosa: 6 votos a favor, 40 en contra y 7 abstenciones.
[3] Uno de los efectos inmediatos para España consistió en la autorización por el Congreso norteamericano de una línea de crédito de hasta 62 millones de dólares.
[4] La votación se sustanció con 39 votos a favor, 10 en contra y 12 abstenciones. Los votos en contra fueron los de Bielorrusia, Checoslovaquia, Guatemala, Israel, México, Polonia, Ucraina, URSS, Uruguay y Yugoslavia. Obsérvese que dos miembros de la URSS disponían de voto propio.
[5] Franco se permitió entonces efectuar uno de los pocos comentarios valorativos que se le recuerdan: “Son ellos quienes han cambiado, no nosotros”.
