Nada más terminar la Guerra Civil, el gobierno de Franco estableció un régimen de racionamiento para muchos productos alimenticios básicos y otros no alimenticios de primera necesidad. Con todo, el racionamiento no alcanzaba para cubrir las necesidades alimenticias básicas de la población[1], por lo que se vivieron años de hambre.
Fueron tiempos difíciles. Los años más duros fueron, lógicamente 1940 y 1941, más en la zona que había controlado el Frente Popular, donde los destrozos económicos y sociales habían sido enormes. Se estima que en España murieron de hambre en torno a 3.000 personas entre 1939 y 1947. En Grecia, la cifra estimada fue de 300.000. Cifras superiores a la española fueron las de Países Bajos, Francia y, sobre todo, las muy superiores de Alemania Occidental[2] (entre 1945 y 1948, fundamentalmente).
Un hecho vino a cambiar la situación para siempre. El 30 de octubre de 1946[3], España y Argentina firmaron un Acuerdo de Comercio y Pagos, que amparaba dos créditos[4]: uno revolving de 350 millones de pesos por tres años, con dos de ampliación en caso de convenirlo las partes y un tipo de interés del 2,75% anual. Otro de 400 millones de pesos en términos concesionales[5]. Ambos eran para pagar importaciones procedentes de Argentina[6].
Las cantidades de productos argentinos garantizadas eran 400.000 toneladas de trigo en 1947 y 300.000 toneladas en 1948, sujetas a la restricción de que los excedentes exportables de trigo argentino no fueran inferiores a 2,6 millones de toneladas[7]. Acuerdos similares cubrieron las ventas de maíz. Argentina se comprometió a exportar a España al menos 120.000 toneladas de maíz en 1947 y 100.000 toneladas en 1948. Además, hasta 1951, España podría importar gran cantidad de alimentos como carne, aceites comestibles[8], legumbres, huevos y otros.
España, a su vez, se comprometía a enviar a la Argentina cada año, hasta 1951, un mínimo de 15.000 toneladas de hierro, 5.000 toneladas de planchas de hierro, 5.000 toneladas de plomo, 8.000 toneladas de corcho y sus productos, 2.000 toneladas de aceitunas, 600 toneladas de papel de cigarrillos y el 15% de su excedente exportable de aceite de oliva[9].
Como consecuencia, durante 1946 y 1947, las exportaciones argentinas a España ascendieron a 137 millones y 312 millones de pesos respectivamente, mientras que las importaciones argentinas de España en esos dos años oscilaron en torno a 30 millones y 95 millones de pesos, respectivamente[10].
[1] En general, las zonas costeras y de clima más templado, en un entorno acusadamente agrario, tenían mucho mejores perspectivas de subsistencia. Las zonas del interior y las industriales dependían mucho más de las cartillas, del mercado negro y de la consiguiente corrupción.
[2] De la zona ocupada por el Ejército Rojo no hay datos. La mortandad tuvo que seguir las pautas de un ocupante deseoso de venganza
[3] Con carácter previo, el 30 de abril de 1946, Argentina había suscrito con España un préstamo de 30 millones de pesos para adquirir trigo argentino.
[4] España quedó al margen del Plan Marshall, una amplia estrategia de ayuda financiera (90 % donaciones y 10 % créditos a bajo tipo de interés y largo plazo de devolución) que el gobierno norteamericano dispuso a partir de 1948 para la recuperación de los países que habían sido teatro de la II Guerra Mundial en Occidente. La ayuda argentina fue anterior al Plan Marshall.
[5] A devolver en 25 años,
[6] 400.000 Tm. de trigo, 120.000 Tm. de maíz, 8.000 Tm. de aceites comestibles, 16.000 Tm. de tortas oleaginosas, 25.000 Tm. de carne (vacuno), 10.000 Tm. de lentejas y 50.000 cajones de huevos.
[7] En el bienio 1949-1950, España pudo adquirir suficiente trigo argentino como para cubrir en torno al 90% de la demanda. Dato procedente del libro “Un salvavidas para Franco: la ayuda económica argentina a la España franquista (1946-1949)”. Raanan Rein Departamento de Historia, Universidad de Tel Aviv, Israel (1991).
[8] Como dato relevante, entre octubre y diciembre de 1946, Argentina se comprometió a vender a España 24.000 toneladas de aceites comestibles para cubrir la demanda interna hasta la llegada al mercado de la cosecha nacional de aceituna.
[9] Se comprometía asimismo a vender a la Argentina productos textiles y de madera, zinc y mercurio, maquinaria agrícola e industrial, motores eléctricos y combustible, máquinas de coser, de escribir y otros productos manufacturados. También acordó construir barcos para la Argentina en sus astilleros, como oferta general comparativa con otros suministradores.
[10] Datos del valor y volumen en toneladas del comercio en 1947 y 1948, en Manuel Torres Martínez y otros, “Las relaciones comerciales entre España e Hispanoamérica”, Madrid, 1952, pp. 41-43.
