Vean cómo relata el libro «Franco sin adjetivos” lo acontecido en el mes de mayo de 1931 en España:
“Entre el 13 y el 22 de mayo[1], tras los incendios y su inacción, el gobierno provisional aprobó medidas adicionales para apuntalar el castigo a la iglesia.
Ésta, que había reaccionado con gran prudencia a los incendios sufridos, criticó con dureza estas nuevas medidas, fundamentalmente la retirada de los crucifijos de las aulas. El Nuncio declaró que no se había respetado el Concordato, lo que reducía a la ilegalidad las medidas adoptadas. La Santa Sede negó el placet al nuevo embajador de España, Luis de Zulueta. El 3 de junio, el cardenal Segura, desde Roma, declaró en una pastoral “la penosísima impresión que les habían producido ciertas disposiciones gubernativas y los agravios que había padecido la Iglesia”. La reacción de la prensa socialista fue declarar estas palabras como una “intromisión intolerable”. El gobierno provisional pidió al Vaticano que el cardenal Segura no volviese a España. El cardenal volvió a España el 11 de junio. Fue detenido el 14 de junio y expulsado.”
[1] De 1931, nota del autor
