Franco hizo caso en todo momento a los expertos económicos[1] y España lanzó el de 28 de julio de 1959[2] un Plan de Estabilización[3] que fue el fundamento de su vertiginoso desarrollo económico[4], con antecedentes en Alemania (1948) y en Japón (1952), efectuados gracias a la apertura económica y a políticas liberales de gestión económica.
Para sintetizar, el Plan de Estabilización tenía tres objetivos principales: apertura, liberalización y racionalización. Se trataba de lograr el equilibrio interno y externo, de sentar las bases de un desarrollo sano y duradero y finalmente, pero de importancia no sólo económica, de reinsertar a España en el entorno institucional internacional.
Para lograr el equilibrio externo se organizó un nuevo arancel, se liberalizó progresivamente el comercio exterior, se unificaron los tipos de cambio[5] y se liberalizaron los movimientos de capitales.
Para lograr el equilibrio interno se estableció una nueva política fiscal (elevando los precios de los servicios públicos y de los monopolios pero, sobre todo, reestructurando la fiscalidad), se diseñó y aplicó una nueva política monetaria (el Banco de España ganó cuotas de poder y cesó la pignoración automática de la deuda pública; se liberalizó y expandió el crédito y se modificaron los tipos de interés) y una nueva política comercial (se liberalizaron las importaciones, poniendo fin a la contingentación y la bilateralización; se establecieron depósitos a la importación).
El Plan fue un completo éxito y dio pie al llamado “milagro español”. El Plan fue elaborado por un equipo de economistas de Presidencia del Gobierno, con la participación de los asimismo economistas Juan Sardá y Enrique Fuentes Quintana. Y desde luego, intervinieron en su diseño de manera sustancial técnicos del Fondo Monetario Internacional (FMI)[6] y del Banco Mundial (BM)[7], así como de la OECE.
El Plan incorporaba dos elementos complementarios. Uno de ellos era un modelo de estabilización[8] y el segundo estaba conformado por un ulterior proceso de liberalización. Durante toda la década de los 60, nuestra década (larga) prodigiosa, como ya sabemos, España creció a un fortísimo ritmo medio del 7% anual[9]. Las cuatro patas de ese crecimiento fueron la inversión extranjera directa[10], el turismo[11], las remesas de los emigrantes[12] y los fondos procedentes del FMI y el BM[13].
[1] No sólo; desde el primer momento fue plenamente consciente de la situación y respaldó absolutamente las medidas a adoptar.
[2] Fue aprobado por el gobierno por Decreto Ley, el 21.7.1959 y refrendado por las Cortes el 28 de julio.
[3] Que, como veremos, tuvo lugar con la inducción y supervisión del FMI.
[4] Desarrollo que no sólo fue económico y comercial. Supuso un giro importantísimo en los planteamientos sociales y políticos del régimen, algo que el propio Franco intuía.
[5] El tipo único se fijó en 42 pesetas/$.
[6]El Gobierno había solicitado formalmente su ingreso en el FMI y en el BM en enero de 1958. Ingresó en ambos organismos gemelos el 15.9.1958. Sendas misiones del BM y del FMI llegaron a Madrid en octubre de 1958 y en febrero de 1959. Con posterioridad, el 24.3.1960, España ingresó en la Corporación Financiera Internacional, otra institución del grupo Banco Mundial. El 18 de octubre de ese mismo año entró en la tercera, la Asociación Internacional de Desarrollo.
[7] El Banco Mundial era por entonces una sola institución, no las cinco que hoy conforman el Grupo: se trataba del BIRF, es decir, Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento.
[8] Devaluación de la peseta para ganar competitividad en las exportaciones, reducción de la masa monetaria y elevación de los tipos de interés para acotar y minimizar la inflación, congelación del gasto público con ese mismo fin (y paralelamente, reducir el déficit público), liberalización de importaciones al objeto de modernizar el sistema productivo y recepción de créditos en divisas para financiar los procesos de internacionalización.
[9] Entre 1961 y 1974, España obtuvo un crecimiento medio del 6,7 %, cuando en esos mismos años la media de crecimiento en la UE era del 4,1 %. Para lograr el máximo desarrollo económico y social es necesario mantener una clara separación de los poderes del Estado y reforzar la fortaleza de las instituciones, sin interferencias de los partidos políticos y del poder ejecutivo.
[10] Que confiaba en el extraordinario “buen gobierno” del Régimen, caracterizado, grosso modo, por el Imperio de la Ley, la estabilidad institucional y política, un profundo respeto a la propiedad privada, notable facilidad de acceso a bienes y capitales y completa seguridad contractual. La Inversión Extranjera Directa proporciona los capitales, el saber hacer, los modernos métodos de gestión y el crecimiento de la producción y de productividad que puede empujar hacia arriba a cualquier economía que la reciba. España lo hizo.
[11] Los 6 millones de turistas en 1960 llegaron a ser 30 millones en 1975. Ello cambió la estructura económica en muchas zonas, sobre todo las costeras.
[12] Que se desplazaron sobre todo a Europa occidental y central, de manera perfectamente coordinada. Los procesos de modernización en la economía, principalmente agraria, habían sacado del mercado productivo a las pequeñas unidades agrarias del campo español. Una vez en sus países de acogida, los emigrantes enviaron a España sistemáticamente fuertes remesas agregadas de capitales como fruto de su ahorro. Habiendo sido ingresados en parte en el sistema bancario, esos fondos constituyeron las bases para la capitalización de multitud de pequeñas empresas y autónomos cuando los otrora emigrantes volvieron a España.
[13] En un entorno de seguridad jurídica y estabilidad política, con salarios bajos y presión impositiva escasa.
