Hoy, 28 de julio de 2025, celebramos el sexagésimo sexto aniversario de un hecho sin precedentes en España.
Se ha impuesto la especie de que el “Plan de Estabilización” firmado por el jefe del gobierno y del Estado, Francisco Franco, el 28 de julio de 1959 supuso el inicio del vertiginoso crecimiento que España experimentó durante los siguientes tres lustros, aproximadamente. Pero no es así. Bastaría con reflexionar sobre el término “Estabilización”, que en puridad se aplica a lo que está inestable o desestabilizado, para reparar en ello. Y es que la economía española por aquél entonces estaba en una difícil situación.
El Plan de Estabilización estableció las bases para que ese crecimiento tuviera lugar, pero en sí mismo, fue una purga de gran envergadura. El lector puede conocer los antecedentes completos y la enorme amplitud de los cambios introducidos en el libro “Franco sin adjetivos”. https://www.sndeditores.com/libro/francisco-franco-sin-adjetivos_158908/ cuyo capítulo 7 está plenamente dedicado a la transformación económica experimentada por España entre 1939 y 1975.
Extraigo un par de párrafos referidos al antedicho “Plan de Estabilización”.
“Establecidas las bases institucionales y resuelto temporalmente el problema de caja, la situación económica requería un cambio profundo[1]. Franco hizo caso en todo momento a los expertos económicos[2] y España lanzó el de 28 de julio de 1959[3] un Plan de Estabilización[4] que fue el fundamento de su vertiginoso desarrollo económico[5], con antecedentes en Alemania (1948) y en Japón (1952), efectuados gracias a la apertura económica y a políticas liberales de gestión económica.
Para sintetizar, el Plan de Estabilización tenía tres objetivos principales: apertura, liberalización y racionalización. Se trataba de lograr el equilibrio interno y externo, de sentar las bases de un desarrollo sano y duradero y finalmente, pero de importancia no sólo económica, de reinsertar a España en el entorno institucional internacional.”
[1] La necesidad de dar un giro copernicano se derivaba, como ya sabemos, del agotamiento del modelo anterior. La política de autarquía generalmente prevaleciente hasta entonces, que había dado considerablemente buenos resultados desde el final de la Guerra Civil hasta mediados de los años 50s, ya resultaba inoperante.
[2] No sólo; desde el primer momento fue plenamente consciente de la situación y respaldó absolutamente las medidas a adoptar.
[3] Fue aprobado por el gobierno por Decreto Ley, el 21.7.1959 y refrendado por las Cortes el 28 de julio.
[4] Que, como veremos, tuvo lugar con la inducción y supervisión del FMI.
[5] Desarrollo que no sólo fue económico y comercial. Supuso un giro importantísimo en los planteamientos sociales y políticos del régimen, algo que el propio Franco intuía.
