El 23 de octubre de 1940 tuvo lugar en Hendaya una reunión que marcó la Historia de España para los siguientes años. Franco, junto con Serrano Suñer[1], se entrevistó con Hitler[2]. Éste quería que España entrara en guerra para inclinar el estado de cosas a su favor y creía que Franco se lo debía por los favores que Alemania le hizo durante la Guerra Civil.[3] Con ese fin, recorrió una gran parte de una Europa en guerra y detuvo su tren privado en la estación de Hendaya. No consiguió su pretensión, pues Franco eludió comprometerse, a pesar de las presiones recibidas y de la oferta de asaltar Gibraltar y de cederlo a España.
Para no enfrentarse directamente con Hitler, utilizó una doble táctica: pedir lo que Hitler no podía darle y posponer la decisión hasta ver mejor el curso de los acontecimientos. ¿Qué no podía dar la Alemania nazi a España? Armas modernas en abundancia y variedad[4] (de las que carecía el Ejército español), alimentos en cantidades enormes[5] (que escaseaban en España y no sobraban en Alemania), derivados del petróleo que España no producía y finalmente, vastos territorios de las colonias francesas en el Norte de África, que estaban bajo el control de la Francia de Pétain[6].

El jefe del Estado español, Francisco Franco, mirando a Adolfo Hitler, líder del Tercer Reich, en el encuentro de la estación de Hendaya.
[1] Más Von Ribbentrop y los dos intérpretes, Tovar y Schmidt.
[2] Se sabe que el tren que acercaba a Franco desde San Sebastián llegó a la estación de Hendaya una hora más tarde que los trenes de Hitler y Von Ribbentrop, es decir, una hora más tarde de la prevista.
[3] Ambos comentarían la reunión despectivamente. Hitler dijo: “con estos tipos no hay nada que hacer”, y que “preferiría que me sacasen tres o cuatro muelas antes que volver a conversar con Franco”, a quien tildó de “latino charlatán” (Schmidt). Se sentía defraudado.
[4] Sobre todo, artillería pesada para defender las costas.
[5] Cien mil toneladas de trigo, inmediatamente.
[6] En mayo de 1940 se produjo la derrota de Francia. Pétain, que en ese momento era embajador en Madrid, volvió a Francia para constituir el gobierno y negociar con Alemania. Franco mantuvo la condición de no beligerante de España y trató de presionar sobre los mandos alemanes para que no endureciesen la posición contra la Francia derrotada. Logró que las tropas del Protectorado permaneciesen en él y que Tánger conservara (bajo gobierno español) su carácter internacional. Posteriormente, Franco se reunió con Pétain en Montpellier, donde recibió un baño de masas, que recordaban su amistad con Francia y su condición de Comendador de la Legión de Honor.
