El 18 de octubre de 2025 se cumplen 91 años de la finalización de la intentona terrorista de 1934 encabezada por el PSOE, que sólo arraigó (por dos semanas) en Asturias. Antecedentes y consecuencias están tratados ampliamente en el libro “Franco sin adjetivos”[1], del que extraigo un breve relato de lo acontecido.
“El ya mencionado día 5 de octubre, el gobierno de Alejandro Lerroux no cedió frente a la intentona revolucionaria, que consideró el inicio de una guerra civil. Como Gil-Robles no confiaba en el jefe del Estado Mayor[2], solicitó a Lerroux recurriera a otros militares para sofocar la rebelión. El ministro de la Guerra, Diego Hidalgo, eligió a los generales Manuel Goded y Francisco Franco para defender la legalidad republicana desde Madrid.
La primera actuación consistió en traer tropas de la Legión y de los Regulares, destinadas en África, por tratarse de militares profesionales, ampliamente fogueados en la lucha contra las tribus rifeñas y, por tanto, de mayor eficacia.
A partir de ahí, las tropas republicanas se desplegaron por cuatro frentes. El primero que entró en acción (el propio día 5) fue el frente sur. Las tropas del gobierno entraron a través del Puerto de Pajares al mando de los generales Carlos Bosch primero y Amado Balmes después. El día 7 se activó el frente norte, al desembarcar en Gijón legionarios y regulares comandados por el teniente coronel Juan Yagüe. El tercer frente en activarse fue el occidental, con tropas provenientes de Galicia, comandadas por el general Eduardo López Ochoa. El frente del este fue abierto con una columna procedente de Bilbao (teniente coronel José Solchaga).
El frente sur de los alzados estaba compuesto por 3.000 mineros y obreros del metal que debían haber marchado hacia Oviedo, pero permanecieron en el frente porque los mineros de León nunca aparecieron para sumarse al alzamiento. Detuvieron al ejército gubernativo durante todo el día 10. Sólo el día 11 pudieron las tropas avanzar hacia Mieres. En el frente norte, los rebeldes aguantaron hasta el mismo día 10, fecha en el que las tropas de Yagüe comenzaron la marcha sobre Oviedo.
Las tropas leales del frente oeste ocuparon de inmediato la fábrica de armas de Trubia. Las procedentes del este fueron detenidas por blindados cerca de Oviedo, ya casi cercada. Al conocer el Comité Revolucionario Provincial el estado de los combates[3], ordenó la retirada de la capital y huyó. Bajo un nuevo Comité, los combates continuaron durante los dos días siguientes. Finalmente, el 13 de octubre, Oviedo fue totalmente ocupada por las tropas gubernamentales. Los insurrectos se retiraron a las cuencas mineras. Allí se constituyó el tercer Comité Revolucionario Provincial, bajo Belarmino Tomás[4]. El día 15, tras perder Mieres, los insurrectos pidieron negociar la rendición con López Ochoa[5], al frente del Ejército. Los términos del acuerdo fueron aceptados con dificultades por las asambleas de mineros; algunos escondieron las armas y otros huyeron al monte. La rendición del último reducto subversivo tuvo lugar el día 18 [6]. Ese mismo día 18 de octubre de 1934 finalizó el golpe de estado socialista en Asturias[7].
La intentona revolucionaria[8] estuvo bien preparada y armada, pero fue en vano. Sus consecuencias fueron extraordinariamente leves para los revolucionarios con significación política. El 16 de febrero de 1935 se celebró un consejo de guerra contra dos diputados socialistas implicados, Teodomiro Menéndez y Ramón González Peña[9], 17 miembros de los comités revolucionarios y dos sujetos más. Hubo sentencias de muerte para todos ellos, pero Alcalá-Zamora las conmutó, salvo dos[10]. Francisco Largo Caballero e Indalecio Prieto[11] se libraron, el primero mintiendo en su enjuiciamiento[12] y el segundo, huyendo a Francia[13].
La revolución de Asturias es una de las referencias históricas del Siglo XX español. La mayoría de los historiadores entiende que se trató del primer intento socialista de implantar violentamente la dictadura del proletariado en España. Muchos de ellos afirman que la guerra del 34 y la del 36 son parte del mismo proceso: la guerra civil empezó en 1934 y se reanudó en 1936.”
[1] https://www.sndeditores.com/libro/francisco-franco-sin-adjetivos_158908/
[2] General Carlos Masquelet, conocido por sus buenas relaciones con el PSOE y sus simpatías por Azaña. Masquelet fue nombrado ministro del Ejército tras las elecciones de febrero de 1936. Desde esa posición desplazó a Franco a Canarias.
[3] Unido al fracaso del movimiento revolucionario en el resto de España, incluida Cataluña.
[4] Belarmino Tomás Álvarez fue un sindicalista y político socialista. Así se dirigía a los facciosos al final de la intentona de 1934: “¡Camaradas! ¡Soldados rojos! …. Pero hemos sido derrotados solo por un tiempo. Todo lo que podemos decir es que, en el resto de las provincias de España, los trabajadores no han sabido cumplir con su deber y no nos han ayudado … Todo cuanto podemos hacer es concertar la paz. Pero esto no significa que abandonemos la lucha de clases. Nuestra rendición de hoy no será más que un alto en el camino, que nos servirá para corregir nuestros errores y para prepararnos para la próxima batalla, que habrá de terminar en la victoria final de los explotados”.
[5] López Ochoa dirigió la represión posterior, hecho por lo que fue imputado tras febrero de 1936. Fue encarcelado y posteriormente asesinado. Contra Franco no se incoó procedimiento alguno.
[6] El mismo día de la rendición (18 de octubre de 1934) el Comité Provincial Revolucionario de Asturias se despedía de los trabajadores con estas palabras anunciadoras de un segundo acto: “El 5 del mes en curso comenzó la insurrección gloriosa del proletariado contra la burguesía; después de probada la capacidad revolucionaria de las masas obreras para los objetivos de Gobierno, ofreciendo ataque y defensa ponderadas, estimamos necesaria una tregua en la lucha, deponiendo las armas en evitación de mayores males. (…) Esta retirada nuestra la consideramos honrosa por inevitable. (…) Es un alto en el camino, un paréntesis, un descanso reparador después de tanto surménage. Nosotros, camaradas, os recordamos esta frase histórica: Al proletariado se le puede derrotar; pero jamás vencer. ¡Todos al trabajo y a continuar luchando por el triunfo!” (J. Arrarás, Historia de la segunda república española, Madrid 1969, II, pp. 640, 641).
[7] Único lugar donde arraigó. Duró exactamente 14 días.
[8] Que no sólo tuvo lugar en Asturias, sino en 26 provincias, aunque los sucesos más graves se produjeran allí, además de en Cataluña, Madrid y País Vasco. De acuerdo con los cálculos de Stanley Payne, murieron en torno a 1.300 alzados, de los cuales los de Asturias predominan (1.100), con 107 en Cataluña, 80 en las Vascongadas y 34 en Madrid. Entre soldados y fuerzas del orden murieron unas 450 personas. Docenas de sacerdotes fueron asesinados por el hecho de serlo.
[9] El coro socialista internacional alzó la voz, sobre todo en Francia.
[10] Ninguno de ellos tenía significación política alguna.
[11] Indalecio Prieto se declaró culpable de lo ocurrido, pero sólo en una conferencia pronunciada en el Círculo Cultural “Pablo Iglesias” de México, DF, el 1 de mayo de 1942.
[12] De lo que se ufanaba en su libro “Mis recuerdos. Cartas a un amigo”.
[13] En España quedaron los más de 1.300 muertos que costó la llamada revolución de Asturias.
