Durante la noche del 12 de julio, se habían concentrado en el cuartel de la Guardia de Asalto de Pontejos varios policías compañeros de Castillo, paisanos pertenecientes a las milicias socialistas, muchos de ellos miembros de La Motorizada[1], y el capitán de la Guardia Civil Fernando Condés Romero[2], amigo de Castillo. Solicitaron al ministro de la Gobernación, Juan Moles, autorización para detener a falangistas. El ministro accedió. En las primeras horas de la madrugada del día 13 de julio, varias camionetas policiales salieron de Pontejos. En la nº 17 iba un grupo de guardias de asalto y milicianos (es decir, miembros de las milicias) socialistas como Luis Cuenca Estevas[3]. La autoridad era Condés.
En primer lugar se dirigieron a la residencia del líder del partido Renovación Española, Antonio Goicoechea, que no era falangista, quien no se encontraba en su domicilio. Fueron después a la vivienda de Gil-Robles, que tampoco era falangista, pero Gil-Robles estaba fuera. A continuación, se dirigieron a la vivienda del jefe de la oposición, José Calvo Sotelo, quien tampoco era falangista. A las 03:00, llegados al domicilio de Calvo Sotelo, tras cortar el teléfono, se llevaron al político sin que su escolta se opusiera[4]. A unos doscientos metros del portal, Luis Cuenca[5], militante socialista y guardaespaldas de Indalecio Prieto, disparó dos veces en la nuca a Calvo Sotelo, matándolo. Arrojaron el cadáver en la puerta del Cementerio del Este.
A las ocho y media de la mañana, Condés se presentó en la sede del PSOE, donde informó del asesinato al diputado y vicesecretario de la comisión ejecutiva del PSOE, Juan Simeón Vidarte. En torno a las 12:00, Cuenca, Condés y demás integrantes del grupo de asesinos de Calvo Sotelo fueron detenidos por la policía. En el entierro de Calvo Sotelo, el 14 de julio, hubo cinco muertos y más de treinta heridos entre los asistentes, enfrentados con la policía.
El crimen tuvo el efecto de una declaración de guerra. Carlistas, falangistas, monárquicos y en general los partidos conservadores obviaron sus discrepancias. Muchos militares, que dudaban acerca de si participar en la conspiración militar organizada por el general Emilio Mola, se decidieron: la policía, junto con pistoleros del PSOE, había asesinado al jefe más conspicuo de la oposición. El gobierno era cómplice.
[1] La Motorizada era una milicia de los socialistas madrileños creada en marzo de 1936 bajo la tapadera de un club deportivo denominado Júpiter Sporting Madrileño. Castillo era uno de sus instructores.
[2] Quien iba vestido de paisano.
[3] La camioneta número 17, del Cuerpo de Asalto, estaba conducida por el guardia Orencio Bayo Cambronero. Viajaban en ella Victoriano Cuenca, persona de absoluta confianza de Indalecio Prieto; José del Rey Hernández, guardia del cuerpo de Guardias de Asalto, adscrito a la escolta personal de la diputado socialista Margarita Nelken, y 7 guardias de asalto más. Los acompañaba Federico Coello García, estudiante del último curso de Medicina, afiliado al PSOE, muy próximo a Indalecio Prieto, que prestaba asistencia médica a Victoriano Cuenca; otros dos hombres de confianza de Indalecio Prieto cerraban la lista de socialistas, miembros de las juventudes de ese partido: Santiago Garcés y Francisco Ordóñez. Al mando, en el mismo vehículo, vestido de paisano, iba el Capitán de la Guardia Civil Fernando Condés. En total, 14 hombres.
[4] El 29 de junio de 1936, el director general de Seguridad, José Alonso Mallol, llamó al policía Lorenzo Victoriano Aguirre Sánchez y le pidió que cambiara la escolta de Calvo Sotelo, “demasiado afecta» al diputado. Los nuevos escoltas tenían instrucciones de Alonso Mallol de no protegerle en caso de atentado, sino de simular que lo hacían si era en un lugar céntrico. Si el atentado era en un descampado y no tuviera éxito, debían rematarlo. De hecho, Calvo Sotelo se quejó al ministro de la Gobernación, Juan Moles, de que sus escoltas (Rodolfo Serrano de la Parte y José Garriga Pato), le infundían sospechas.
[5] Tras el crimen, Cuenca habló con Julián Zugazagoitia, editor del diario El Socialista. Zugazagoitia quedó horrorizado por lo que le contó Cuenca y declaró: “Ese atentado es la guerra”.
