El 1 de julio de 1936, en las Cortes, el diputado socialista Ángel Galarza[1] afirmó que el uso de la violencia era legítimo “contra quien utilizaba el escaño para erigirse en jefe del fascismo y quiere terminar con el Parlamento y con los partidos”.
Dolores Ibárruri vociferaba “¡Hay que arrastrarlos!». Julián Cortés Cavanillas, ex vicesecretario general de Renovación Española, visitó el 10 de julio a Calvo Sotelo para advertirle sobre un plan de asesinato que un agente suyo infiltrado en las filas del PSOE había descubierto.
[1] “Pensando en S.S. encuentro justificado todo, incluso el atentado que le prive de la vida”.
