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JRF

Un blog reaccionario

«Verum, Bonum, Pulchrum»

Dios existe

por | 23 Sep 2022 | Otros artículos

En 2012 fue publicado el último libro de Anthony Flew[1].

Antony Flew fue un famoso ateo británico que, según iba sopesando los argumentos en favor y en contra de la existencia de Dios, se decantó finalmente por la hipótesis del creyente. No lo hizo por fe, sino convencido por la razón. Fue un proceso de transformación, que relata con detalle en el libro mencionado.

Para apoyar su tesis, Flew reprodujo una conocida anécdota, que tuvo lugar en torno a su último debate público[2]. Participaron el científico israelí Gerald Schroeder, el filósofo escocés John Haldane, y el propio Flew. El simposio se pudo resumir en que los desarrollos de la ciencia moderna parecían apuntar a una Inteligencia más alta. Podría decirse que, de todos los descubrimientos de la ciencia moderna, el mayor era Dios. Para Flew, el giro personal se debía casi enteramente a las investigaciones sobre el ADN. Para entender la casi increíble complejidad de las estructuras que son necesarias para producir vida, alguna inteligencia ha debido participar en el ensamblamiento de esos elementos extraordinariamente diversos. Asombra la enorme complejidad del número de elementos y la enorme sutileza de las formas en que cooperan. La probabilidad de que todos esos elementos hayan podido encontrarse por casualidad en el momento adecuado es simplemente minúscula.

A Flew le impresionó especialmente la meticulosa refutación de Schroeder de lo que llamó “el teorema del mono”, que todos nosotros hemos leído probablemente alguna vez. “Esta idea defiende la posibilidad de que la vida surja por azar recurriendo a la analogía de un grupo de monos que aporrean durante mucho tiempo los teclados de unos ordenadores y terminan escribiendo un soneto de (Willliam) Shakespeare.

Schroeder se refirió en primer lugar a un experimento realizado por el British National Council of Arts. Se introdujo un ordenador en una jaula con seis monos. Después de torturar su teclado durante un mes, los monos produjeron cincuenta páginas mecanografiadas, pero ni una sola palabra. Schroeder señaló que los monos ni siquiera habían conseguido acertar con las palabras más cortas del idioma inglés, que contienen una sola letra (a o i). A es una palabra solo si va flanqueada por dos espacios en blanco. Si tenemos en cuenta que el teclado del ordenador contiene treinta caracteres (las veintiséis letras y otros símbolos), la probabilidad de conseguir una palabra de una sola letra es de 30 veces 30 veces 30, es decir, de una entre 27.000. Schroeder aplicó a continuación el cálculo de probabilidades al soneto de Shakespeare. «¿Cuál es la probabilidad de conseguir por azar un soneto de Shakespeare?», preguntó. Y continuó: Todos los sonetos tienen la misma extensión. Constan de catorce versos. Escogí el soneto cuyo primer verso recordaba de memoria: Shall I compare thee to a summer’s day?[3]. Conté el número de letras; resulta que hay 488 letras en ese soneto. ¿Cuál es la probabilidad de obtener las 488 letras en la secuencia correcta – como en Shall I compare thee to a summer’s day – tecleando al azar? Es preciso multiplicar 26 por sí mismo 488 veces: 26 elevado a la 488ª potencia. Dicho de otra forma, en base 10, 10 elevado a 690.

El número de partículas del universo —no el número de granos de arena, sino el de protones, electrones y neutrones— es de 10 elevado a 80. Diez elevado a 80 es un 1 seguido de 80 ceros. Diez elevado a 690 es un 1 seguido de 690 ceros. No hay bastantes partículas en todo el universo para agotar las apuestas, es decir, los ensayos necesarios para escribir el soneto por casualidad. El universo se queda corto en un factor de 10 elevado a 600[4].

Si tomáramos todo el universo y lo convirtiéramos en chips de ordenador – olvidémonos de los monos – cada uno de los cuales pesara la millonésima parte de un gramo, y cada chip fuera capaz de hacer 488 intentos a una velocidad de un millón de veces por segundo; si transformáramos todas las partículas del universo en tales microchips y estos chips escribieran letras al azar un millón de veces por segundo, el número de intentos que habría habido tiempo de realizar desde el principio de los tiempos habría sido de 10 elevado a 90. De nuevo, nos estaríamos quedando cortos por un factor de 10 elevado a 600. Nunca se podrá conseguir un soneto por casualidad.

El universo tendría que ser 10 elevado a 600 veces más grande de lo que es. Y, sin embargo, la gente cree que los monos pueden conseguirlo. Si el teorema de los monos no funciona para un solo soneto, es simplemente absurdo sugerir que algo mucho más difícil que escribir un soneto, como es la aparición de la vida, pueda haberse producido por casualidad”.

Madrid, 23.9.2022

[1] Murió en 2010

[2] Habido en la New York University, en mayo de 2004

[3] ¿Te compararé con un día de verano?

[4] 610, para ser exactos.

Autor del artículo

<a href="https://joseramonferrandis.es" target="_blank">José-Ramón Ferrandis</a>

José-Ramón Ferrandis

Nacido en Valencia (España) en 1951. Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense. Técnico Comercial y Economista del Estado. Salvo posiciones en Madrid, destinado sucesivamente en Ceuta (España), Moscú (URSS), Washington (EE. UU.), Moscú (Rusia) y Riad (Arabia Saudita). Profesor de Análisis Riesgo País, Análisis de tendencias y Mercados internacionales. Analista. Escritor (Globalización y Generación de Riqueza, África es así, Crimen de Estado). Áreas de especialización referidas a su trayectoria. Con el blog espera poder compartir experiencias y divulgar análisis sobre asuntos de interés general, empezando por el clima y terminando por la Geopolítica; sin dejar de lado la situación de España. Lo completará publicando semanalmente la Carta de los martes, que tiene 4 años de existencia.