Esta es la VIII entrega resumida del libro «Franco sin adjetivos», que espero resulte de interés.
5. La Guerra Civil (I)
El golpe de Estado había fracasado en Madrid, Barcelona, Valencia y Bilbao, así como en los principales centros industriales. España se dirigía a una guerra civil.
Inmediatamente comenzaron los juicios sumarísimos y los fusilamientos. En la zona republicana, los generales Fanjul, Fernández Burriel, García-Aldave, Goded, Milans del Bosch y Patxot fueron fusilados por sublevarse. Los frentepopulistas asesinaron a cuantos identificaban como enemigos. Sacerdotes y frailes fueron especialmente perseguidos. En las grandes ciudades se generalizaron los paseos[1].
En Madrid, los milicianos produjeron una masacre en el Cuartel de la Montaña, inmediatamente después del Alzamiento. El 19 de julio de 1936, el general Joaquín Fanjul Goñi, sin mando de tropas, pero encargado del Alzamiento en Madrid, entró vestido de civil en el Cuartel de la Montaña. En su interior había unos 1.200 hombres, de los que unos 140 eran oficiales. Esperaba refuerzos de las guarniciones de Campamento, Getafe y Cuatro Vientos, que nunca llegaron. Esa misma tarde, el cuartel fue rodeado por tropas del ejército de la República, guardias de asalto y milicias frentepopulistas. A las dos de la madrugada del día 20 se desencadenó el primer ataque importante contra el cuartel. Se produjo un tiroteo continuo, con esporádicos bombardeos de artillería. Al amanecer del día 20, dos aviones procedentes de Getafe y Cuatro Vientos bombardearon el cuartel. A las ocho y media de la tarde fracasó una salida para tratar de unirse a las fuerzas de Campamento. Los defensores se rindieron, tras sufrir unas 500 bajas.
Los asaltantes rojos entraron en el recinto, llevando a cabo una matanza sobre hombres desarmados. Al menos 130 defensores fueron asesinados in situ. Fanjul fue hecho prisionero y conducido a la cárcel Modelo. El 15 de agosto de 1936 tuvo lugar la vista del juicio sumarísimo. Fanjul fue fusilado el 17 de agosto de 1936. Su hijo José Ignacio, teniente médico, fue asesinado el 23 de agosto en la Cárcel Modelo por milicianos afectos a la causa republicana.
Para librar la guerra ya desencadenada, el Frente Popular contaba con muchos más recursos[2] de todo tipo, salvo efectivos militares[3]. La República recibió numerosos voluntarios encuadrados en las Brigadas Internacionales[4], así como una gigantesca ayuda de la URSS en todos los sectores de armamento, material, numerosos militares en activo de las tres armas y miembros de la NKVD[5]. Contribuyeron a impedir que Franco se apoderara de Madrid[6]. A continuación, Hitler y Mussolini enviaron también combatientes, que se integraron en el ejército nacional.
Francia y la URSS eran aliados del Frente Popular y la Gran Bretaña estaba al margen. Así, Franco acudió a Alemania e Italia para obtener armas[7]. En los primeros compases de la guerra, Franco sólo disponía del 25% de la anticuada fuerza aérea española. El mismo 19, Franco envió a Luis Antonio Bolín a Lisboa para informar a Sanjurjo de la situación. El 19 de julio, el gobierno destituyó a Franco. El 20 de julio, el avión que trasladaba al general Sanjurjo a Pamplona se estrelló en Estoril. Sanjurjo, encargado de liderar el golpe de Estado, murió.
Franco tenía dificultades para trasladar las tropas del Ejército de África[8] y sus pertrechos a la Península[9]. El general Kindelán[10] le propuso organizar un puente aéreo, pero fue insuficiente. El 5 de agosto, Franco consiguió transportar 8.000 soldados. En los tres meses siguientes, 868 vuelos trasladaron 14.000 hombres, 44 piezas de artillería y 500 Tm. de pertrechos. Fue una estrategia militar innovadora que aumentó el prestigio de Franco[11].
El 22 de agosto, la cárcel Modelo (Madrid) fue asaltada por las turbas izquierdistas, que asesinaron a la mayoría de los internos políticos[12]. Éstos lo eran en su condición de sospechosos de congeniar con los alzados. A las 16:00 horas de ese día 22, los reos comunes, buscando su salida, incendiaron parte de la cárcel, acusando del hecho a los presos políticos.
Los milicianos de la CNT hicieron correr por Madrid el rumor de que se estaba produciendo una fuga general de la prisión, aprovechando el incendio. Las turbas hicieron acto de presencia, exigiendo el asesinato de los presos “fascistas”. Previamente, liberaron a los presos comunes y empezaron a disparar contra el patio desde edificios colindantes.
A las 19:00, un grupo de milicianos de filiación anarquista, comunista y socialista entró y se hizo con el control[13].
Durante la madrugada siguiente comenzó el asesinato sistemático de conocidos políticos y militares que habían sido hacinados allí tras su detención. Los crímenes se efectuaron en dos fases y acabaron con 70 de los presos políticos.
La reputación del gobierno republicano resultó grave y negativamente afectada[14] por la masacre de la Cárcel Modelo.
El presidente Giral dimitió a primeros de septiembre. Azaña, a pesar de considerar a los sindicatos como los mayores responsables del desorden imperante, aceptó como presidente del gobierno a Largo Caballero[15], líder de la UGT, al frente de un gabinete formado por socialistas, republicanos, comunistas y el PNV.
Con sus tropas situadas en Maqueda[16], Franco decidió desviar efectivos para liberar el Alcázar de Toledo, un foco de heroica resistencia nacional donde en los primeros días de la sublevación se habían refugiado guardias civiles y falangistas con sus familias[17], ofreciendo una resistencia numantina[18]. Las tropas de Franco los liberaron el 27 de septiembre, convirtiendo esta liberación en una leyenda[19].
Muerto Sanjurjo, Mola propuso a la Junta de Defensa establecer un mando supremo, considerando a Franco el más indicado para ocuparlo[20]. Franco fue designado jefe de Gobierno el 28 de septiembre de 1936[21].
Por entonces, Franco tenía 43 años y era uno de los militares más prestigiosos del Ejército[22]. Fue elevado, el 1 de octubre de 1936, a la jefatura del Estado de la España nacional[23] en la Junta Técnica que tendría vigencia hasta el 30 de enero de 1938.
Franco dirigió la guerra con criterios conservadores, muy alejados de la guerra rápida que propugnaban sobre el papel las doctrinas estratégicas más avanzadas de su época[24]. La unidad nacional contrastaba con los enfrentamientos que desangraban al bando leal a la República; la disciplina, profesionalidad y motivación de sus fuerzas eran el polo opuesto de la politización y voluntarismo de las fuerzas armadas frentepopulistas.
[1] El término paseos se refiere al secuestro de individuos por parte de un piquete de hombres armados para fusilarlos al poco, sin más trámite, en las cunetas o en calles apartadas. Solían producirse avanzada la noche.
[2] Véase cómo se expresaba Indalecio Prieto el 9 de agosto de 1936 (texto resumido): “Una guerra no es simplemente heroísmo. Si la guerra, cual dijo Napoleón, se gana principalmente a base de dinero, dinero y dinero, la superioridad financiera del Estado es evidente. Con los recursos financieros totalmente en manos del Gobierno; con los recursos industriales de la nación, también totalmente en poder del Gobierno, podría ascender hasta la esfera de lo legendario el valor heroico de quienes impetuosamente se han lanzado en armas contra la República, y aun así, serían inevitable, inexorable, fatalmente vencidos”. (“Los mitos de la guerra civil”, Pío Moa. La Esfera de los Libros).
[3] Los aproximadamente ciento treinta mil soldados del ejército y la Guardia Civil (ésta, con 35.000 hombres, constituía un tercio del total), se dividieron casi a la par entre sublevados y republicanos. La aviación y la flota quedaron con la República. El territorio republicano era superior en extensión. Se trataba de las zonas de España más urbanas, más industrializadas y sindicalizadas, las que contaban con las explotaciones de agricultura intensiva. La República tenía en su poder los nudos de comunicaciones más importantes. En su territorio, albergaba 14 millones de los 25 millones de personas que había en España. El gobierno controlaba la capital política, Madrid, y la económica, Barcelona, así como los recursos financieros del Tesoro y del Banco de España. Durante la guerra, la plantilla de jefes y oficiales del bando nacional fue creciendo hasta alcanzar los 14.104 efectivos el 1 de abril de 1939; sensu contrario, de los 7.624 mandos que quedaron en la zona republicana, la cifra se fue reduciendo hasta 4.771. Las razones fueron el pase al bando rival de muchos jefes y oficiales durante la guerra, el fusilamiento de 1.729 de ellos y el encarcelamiento de una cifra similar. En el bando sublevado fueron fusilados o expulsados del Ejército 258 militares.
[4] Voluntarios reclutados por la Internacional comunista, procedentes de hasta 53 países, integradas por obreros y un escaso número de intelectuales. Su filiación era muy mayoritariamente comunista. Su número es incierto, pues oscila entre 35.000 y 70.000 en total, según las distintas fuentes, a lo largo de toda la guerra.
[5] “Los trabajadores de la Unión Soviética sólo cumplen con su deber prestando ayuda a las masas revolucionarias de España. Ellos se dan perfectamente cuenta de que la liberación de España del yugo fascista reaccionario no es una tarea privada de los españoles, sino una tarea común de toda la humanidad progresista y de vanguardia. ¡Salud, hermanos! Firmado: Stalin. (del libro “Hasta el último maravedí o Las orejas de oro”, Boris Cimorra, Ediciones del Orto, 2014, Madrid, página 43).
[6] La ayuda soviética a la República comenzó a materializarse en septiembre de 1936.
[7] Cosa que obtuvo, a pesar de las escas posibilidades de vencer que se le atribuían, tanto por parte de Alemania como por el lado de Italia.
[8] El Ejército de África era muy pequeño (unos 25.000 hombres), pero, a diferencia de las tropas de la República, muy bien entrenado y con alta moral de combate.
[9] Antes de su llegada a Tetuán se habían transportado unos pocos cientos de combatientes a Cádiz y Algeciras.
[10] Fundador de la aviación española y participante en la sublevación, que se hallaba en Cádiz.
[11] Y supuso eliminar los cuellos de botella de los primeros días del Alzamiento, críticos en hombres y material.
[12] La cárcel Modelo albergaba tanto presos políticos como comunes.
[13] El director general de Seguridad, diputado de Izquierda Republicana Manuel Muñoz, así como algo más tarde el propio ministro de la Gobernación, general Sebastián Pozas, estuvieron presentes sin actuar en absoluto. Muñoz, el último de los dos en hacerlo, abandonó la prisión al anochecer.
[14] Poco pudo hacer en este caso el esfuerzo conjunto de Komintern y Profintern (sindicalista, desaparecida en 1937) que desde finales de julio de 1936 lanzaron desde París la labor de propaganda sobre la guerra de España, dirigida por Willi Münzemberg y por Arthur Koestler.
[15] Quedan pocas dudas sobre la condición sanguinaria de Largo Caballero, quien buscaba desatar una guerra civil para así laminar completamente a las organizaciones de derechas. Tenía una alta opinión de sí mismo, como revela un intercambio de cartas con Stalin, que tuvo lugar en 1937. Éste se hallaba preocupado por el que entendía excesivo tono revolucionario de la dialéctica que utilizaba Largo Caballero, la cual podía enajenar voluntades de segmentos de la población no identificados con ella, granjeando su desafección. La idea era reforzar un cierto reconocimiento del parlamentarismo. El líder del PSOE no se mostró de acuerdo y respondió así a Stalin, por escrito: “La institución parlamentaria, entre nosotros (los socialistas), incluso entre los republicanos, no tiene partidarios entusiastas”. Así enmendó Largo Caballero la plana al líder comunista soviético.
[16] Población cercana a Madrid (74 kilómetros) y a Toledo (40 kilómetros).
[17] Los defensores eran 690 hombres de la Guardia Civil, unos 410 soldados de la guarnición de Toledo, ocho cadetes de la Academia de Infantería, uno de la de Artillería y 110 civiles, falangistas en su mayoría, acompañados de sus familias. Su armamento era muy escaso, consistente en 1.200 fusiles y mosquetones, dos piezas de artillería de montaña de 7 cm. (con 50 proyectiles), 13 ametralladoras Hotchkiss de 7 mm, 13 fusiles ametralladores de la misma marca y calibre y dos morteros de 50 mm. con 50 proyectiles, además de 250 granadas de mano Laffite, 25 granadas de mano incendiarias y 200 petardos pequeños de trilita.
[18] Murieron 90 de los defensores, en tanto 555 resultaron heridos como consecuencia de los miles de proyectiles, 1.500 bombas de mano y más de 2.000 cargas explosivas, provenientes de los 30 ataques aéreos, 8 asaltos de infantería y 3 minas, lanzadas contra los defensores del Alcázar.
[19] Franco era perfectamente consciente del retraso que supondría tal decisión, más política que militar. Para los nacionales españoles, Toledo representaba una prioridad ética, una obligación moral.
[20] El puente aéreo del Estrecho fue decisivo para el futuro del Alzamiento; la liberación del Alcázar de Toledo, un timbre de gloria. Ambas actuaciones propulsaron a Franco al liderazgo del Alzamiento.
[21] Previamente, el 24 de julio de 1936, quedó constituida la Junta de Defensa Nacional, que duraría hasta el 1 de octubre de 1936. Estaba presidida por el general de División D. Miguel Cabanellas Ferrer.
[22] Era militar, no líder de un partido o movimiento.
[23] Y sustituyó la bandera tricolor por la rojigualda de la Monarquía.
[24] Doctrina que exigía un alto nivel de motorización de las tropas, elemento éste casi por completo ausente en la práctica.
