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JRF

Un blog reaccionario

«Verum, Bonum, Pulchrum»

Avance sobre un próximo libro V

por | 15 Mar 2024 | Libros

Esta es la 5ª entrega del libro «Franco sin adjetivos», que espero resulte de interés.

La II República (3ª parte)

El 26 de septiembre de 1934, tres miembros de la CEDA se incorporaron al nuevo ejecutivo, presidido por Alejandro Lerroux. Los partidos de izquierda reaccionaron violentamente, decididos a no tolerarlo. El 5 de octubre desencadenaron la “huelga general revolucionaria”, que había sido cuidadosamente preparada desde el 27 de enero, momento en el que el Comité Nacional de UGT votó abrumadoramente a favor del abandono de la vía parlamentaria al socialismo y reemplazarla por un movimiento revolucionario[1].

El 5 de octubre, el Partido Socialista declaró la huelga general revolucionaria en toda España[2] como protesta por el nuevo gobierno, para volcar la situación en su favor[3]. El 6 de octubre de 1934, el presidente de la Generalidad de Cataluña, Lluís Companys, proclamó el Estado Catalán dentro de una sedicente “República Federal Española”.

El ya mencionado día 5 de octubre, el gobierno de Alejandro Lerroux no cedió frente a la intentona revolucionaria, que consideró el inicio de una guerra civil. Como Gil-Robles no confiaba en el jefe del Estado Mayor[4], solicitó a Lerroux recurriera a otros militares para sofocar la rebelión. El ministro de la Guerra, Diego Hidalgo, eligió a los generales Manuel Goded y Francisco Franco para defender la legalidad republicana desde Madrid.

La primera actuación consistió en traer tropas de la Legión y de los Regulares, destinadas en África, por tratarse de militares profesionales, ampliamente fogueados en la lucha contra las tribus rifeñas y, por tanto, de mayor eficacia.

A partir de ahí, las tropas republicanas se desplegaron por cuatro frentes. El primero que entró en acción (el propio día 5) fue el frente sur. Las tropas del gobierno entraron a través del Puerto de Pajares al mando de los generales Carlos Bosch primero y Amado Balmes después. El día 7 se activó el frente norte, al desembarcar en Gijón legionarios y regulares comandados por el teniente coronel Juan Yagüe. El tercer frente en activarse fue el occidental, con tropas provenientes de Galicia, comandadas por el general Eduardo López Ochoa. El frente del este fue abierto con una columna procedente de Bilbao (teniente coronel José Solchaga).

Las tropas leales del frente oeste ocuparon de inmediato la fábrica de armas de Trubia. Las procedentes del este fueron detenidas por blindados cerca de Oviedo, ya casi cercada. Al conocer el Comité Revolucionario Provincial el estado de los combates[5], ordenó la retirada de la capital y huyó. Bajo un nuevo Comité, los combates continuaron durante los dos días siguientes. Finalmente, el 13 de octubre, Oviedo fue totalmente ocupada por las tropas gubernamentales. Los insurrectos se retiraron a las cuencas mineras. Allí se constituyó el tercer Comité Revolucionario Provincial, bajo Belarmino Tomás[6]. El día 15, tras perder Mieres, los insurrectos pidieron negociar la rendición con López Ochoa[7], al frente del Ejército. Los términos del acuerdo fueron aceptados con dificultades por las asambleas de mineros; algunos escondieron las armas y otros huyeron al monte. La rendición del último reducto subversivo tuvo lugar el día 18 [8]. Ese mismo día 18 de octubre de 1934 finalizó el golpe de estado socialista en Asturias[9].

La intentona revolucionaria[10] estuvo bien preparada y armada, pero fue en vano. Sus consecuencias fueron extraordinariamente leves para los revolucionarios con significación política. El 16 de febrero de 1935 se celebró un Consejo de Guerra contra dos diputados socialistas implicados, Teodomiro Menéndez y Ramón González Peña[11], 17 miembros de los comités revolucionarios y dos sujetos más. Hubo sentencias de muerte para todos ellos, pero Alcalá-Zamora las conmutó, salvo dos[12]. Francisco Largo Caballero e Indalecio Prieto[13] se libraron, el primero mintiendo en su enjuiciamiento[14] y el segundo, huyendo a Francia[15].

Según Gregorio Marañón, la sublevación de Asturias en octubre de 1934 fue un intento en toda regla de ejecutar el plan comunista de conquistar España[16]. Para Claudio Sánchez-Albornoz, fue el final de la II República: «La revolución de octubre – lo he dicho y lo he escrito muchas veces – acabó con la República. Ella y la vehementia cordis que ya Plinio atribuía a los españoles«[17]. Para Gerald Brennan[18], la revolución de Asturias fue la primera batalla de la Guerra Civil.[19]

 El político republicano Salvador de Madariaga afirmó: ”El alzamiento de 1934 es imperdonable. La decisión presidencial de llamar al poder a la CEDA era inatacable, inevitable y hasta debida desde hacía ya tiempo”.[20] En opinión de Julián Marías,[21] la revolución de octubre fue desastrosa y sirvió para acabar con la República: «La República murió entonces. Fue la negación de la democracia, el no aceptar el resultado de unas elecciones limpísimas.»[22] Juan Negrín criticó severamente el estallido de 1934[23]. Manuel Portela Valladares[24] lo denunció. Hasta José Maldonado, presidente de la República en el exilio, lo consideró un error[25].

[1] Auspiciado por Largo Caballero frente a Julián Besteiro, ambos del PSOE.

[2] La declaró el día 4 para que entrara en vigor el día 5.

[3] A la vista de su derrota en las elecciones.

[4] General Carlos Masquelet, conocido por sus buenas relaciones con el PSOE y sus simpatías por Azaña. Masquelet fue nombrado ministro del Ejército tras las elecciones de febrero de 1936. Desde esa posición desplazó a Franco a Canarias.

[5] Unido al fracaso del movimiento revolucionario en el resto de España, incluida Cataluña.

[6] Belarmino Tomás Álvarez fue un sindicalista y político socialista. Así se dirigía a los facciosos al final de la intentona de 1934: “¡Camaradas! ¡Soldados rojos! …. Pero hemos sido derrotados solo por un tiempo. Todo lo que podemos decir es que, en el resto de las provincias de España, los trabajadores no han sabido cumplir con su deber y no nos han ayudado … Todo cuanto podemos hacer es concertar la paz. Pero esto no significa que abandonemos la lucha de clases. Nuestra rendición de hoy no será más que un alto en el camino, que nos servirá para corregir nuestros errores y para prepararnos para la próxima batalla, que habrá de terminar en la victoria final de los explotados”.

[7] López Ochoa dirigió la represión posterior, hecho por lo que fue imputado tras febrero de 1936. Fue encarcelado y posteriormente asesinado. Contra Franco no se incoó procedimiento alguno.

[8] El mismo día de la rendición (18 de octubre de 1934) el Comité Provincial Revolucionario de Asturias se despedía de los trabajadores con estas palabras anunciadoras de un segundo acto: “El 5 del mes en curso comenzó la insurrección gloriosa del proletariado contra la burguesía; después de probada la capacidad revolucionaria de las masas obreras para los objetivos de Gobierno, ofreciendo ataque y defensa ponderadas, estimamos necesaria una tregua en la lucha, deponiendo las armas en evitación de mayores males. (…) Esta retirada nuestra la consideramos honrosa por inevitable. (…) Es un alto en el camino, un paréntesis, un descanso reparador después de tanto surménage. Nosotros, camaradas, os recordamos esta frase histórica: Al proletariado se le puede derrotar; pero jamás vencer. ¡Todos al trabajo y a continuar luchando por el triunfo!” (J. Arrarás, Historia de la segunda república española, Madrid 1969, II, pp. 640, 641).

[9] Único lugar donde arraigó. Duró exactamente 14 días.

[10] Que no sólo tuvo lugar en Asturias, sino en 26 provincias, aunque los sucesos más graves se produjeran allí, además de en Cataluña, Madrid y País Vasco. De acuerdo con los cálculos de Stanley Payne, murieron en torno a 1.300 alzados, de los cuales los de Asturias predominan (1.100), con 107 en Cataluña, 80 en las Vascongadas y 34 en Madrid. Entre soldados y fuerzas del orden murieron unas 450 personas. Docenas de sacerdotes fueron asesinados por el hecho de serlo.

[11] El coro socialista internacional alzó la voz, sobre todo en Francia.

[12] Ninguno de ellos tenía significación política alguna.

[13] Indalecio Prieto se declaró culpable de lo ocurrido, pero sólo en una conferencia pronunciada en el Círculo Cultural “Pablo Iglesias” de México, DF, el 1 de mayo de 1942.

[14] De lo que se ufanaba en su libro “Mis recuerdos. Cartas a un amigo”.

[15] En España quedaron los más de 1.300 muertos que costó la llamada revolución de Asturias.

[16]Gregorio Marañón, (Obras completas, Tomo IV, Madrid, 1968, página 378).

[17] Claudio Sánchez-Albornoz, Mi testamento histórico-político, Editorial Planeta, Barcelona 1975, pág. 44.

[18] Así como para Pío Moa.

[19] “En el 34, las izquierdas (PSOE, ERC y anarquistas) se alzaron contra un gobierno legítimo de la República, bajo la justificación de un peligro fascista inexistente; y en el 36 la derecha se rebeló contra un gobierno que desató la revolución al repartir las armas entre las masas de los sindicatos y partidos de izquierdas”.

[20] “El argumento de que José María Gil-Robles intentaba destruir la Constitución para instaurar el fascismo era a la vez hipócrita y falso. Hipócrita, porque todo el mundo sabía que los socialistas de Largo Caballero estaban arrastrando a los demás a una rebelión contra la Constitución de 1931 sin consideración alguna para lo que se proponía o no Gil-Robles; y, por otra parte, a la vista está que el presidente Companys y la Generalitat entera violaron también la Constitución. ¿Con qué fe vamos a aceptar como heroicos defensores de la República de 1931, contra sus enemigos más o menos ilusorios de la derecha, a aquellos que para defenderla la destruían? …. “España. Ensayo de historia contemporánea”. Espasa-Calpe, Madrid, 1979, pág. 362”.

[21] Julián Marías fue un filósofo y ensayista español. Doctor en Filosofía por la Universidad de Madrid, conferenciante en muchos países europeos y americanos y profesor en distintas universidades de Estados Unidos. Fue miembro de la Real Academia Española y senador por designación real. Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades.

[22] Diario La Nueva España, 6 de junio de 1996, pág. 54.

[23] Según testimonio de Mariano Ansó, diputado socialista y amigo de Negrín, éste afirmó: “Nunca cometeré una deserción, y menos frente al enemigo; pero mi opinión era y es contraria a la absurda y nefasta revolución asturiana, justamente derrotada por la ley republicana. Entonces cumplí con mi doloroso deber, cargando, con una parte de responsabilidad que nunca contraje”. (Yo fui ministro de Negrín, Editorial Planeta, Barcelona, 1976, página 151).

[24] Presidente de gobierno de la II República. “La Revolución no fue, pues, consecuencia de la crisis política, sino que estaba preparada de antes; y por lo tanto aquellas notas que amenazaban con ella sirvieron de pretexto o de santo y seña para lanzarla. Y no podía ser de otra manera porque sin aquella preparación no se concebiría, de la noche a la mañana, el movimiento revolucionario”. Manuel Portela Valladares, «Memorias». (Alianza Editorial, Madrid 1988, página 138).

[25] «Si en España había una democracia no era legítimo que se preparara una subversión y es un error frente a una República democrática preparar una revolución social, que desde el principio está condenada al fracaso» (Diario La Voz de Asturias, 5 octubre 1984, pág. 30.)

Autor del artículo

<a href="https://joseramonferrandis.es" target="_blank">José-Ramón Ferrandis</a>

José-Ramón Ferrandis

Nacido en Valencia (España) en 1951. Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense. Técnico Comercial y Economista del Estado. Salvo posiciones en Madrid, destinado sucesivamente en Ceuta (España), Moscú (URSS), Washington (EE. UU.), Moscú (Rusia) y Riad (Arabia Saudita). Profesor de Análisis Riesgo País, Análisis de tendencias y Mercados internacionales. Analista. Escritor (Globalización y Generación de Riqueza, África es así, Crimen de Estado). Áreas de especialización referidas a su trayectoria. Con el blog espera poder compartir experiencias y divulgar análisis sobre asuntos de interés general, empezando por el clima y terminando por la Geopolítica; sin dejar de lado la situación de España. Lo completará publicando semanalmente la Carta de los martes, que tiene 4 años de existencia.